lunes, 22 de septiembre de 2008

‘Death Magnetic’, de Metallica: El despertar del gigante dormido

Hacía tiempo que se venía rumoreando que el nuevo disco de Metallica ‘Death Magnetic’ iba a recuperar parte del espíritu perdido de los viejos tiempos, dejando a un lado el enmohecimiento y la adulteración musical de uno de los grupos más importantes de la Historia de la música. Si bien es cierto que la marcha de Jason Newsted, bajista inolvidable con el que el grupo de Los Ángeles confeccionó sus obras maestras, la experimentación sin rumbo en pos del ‘mainstream’ comercial y de un criticado último disco ‘St. Anger’, parece que la banda ha querido dejar de reinventarse así misma y desplegar aquellos efluvios del ‘trash metal’ de los 80, cuando los chicos de Metallica eran soberanos en una época de descubrimientos épicos en el mundo del rock. No es una entelequia nostálgica, ni un deseo de fan arraigado a los viejos modelos. Está claro que este nuevo ‘Death Magnetic’ es una ofrenda sensorial y reverencial a sus tres mejores discos, ‘Master of Puppets’, ‘Ride the Lightning’ y especialmente ‘...And Justice for All’, la Santa Trinidad que hizo de Metallica la leyenda que es.
El hálito de antaño ha vuelto y no hace falta más que una primera toma de contacto con el disco para que estos cabrones le pongan a uno la carne de gallina, en una redención sin concesiones, en la vuelta a un estilo de un disco que se apoya casi exclusivamente en la camaradería que se da entre ese coloso de la guitarra que es Kirk Hammet, los ‘riffs’ de un James Hetfield que retoma su esperado dinamismo vocal, la depurada fuerza de Rob Trujillo y los revitalizantes golpes de batería en ocho tiempos del polémico Lars Ulrich. La producción de Rick Rubin (su mano está detrás de discos de Danzig, Red Hot Chili Peppers, Slayer, Rage Against the Machine o System of a Down) parece haber acabado con el ostracismo desfasado que inculcó Bob Rock, el hombre que fue minando la potencia de un grupo que tras más de una década parecía ser la sombra de lo que fueron. No es un disco perfecto, en absoluto, pero sí acumula temas como ‘That was just your life’, la prodigiosa ‘Broken, Beat and Scarred’, ‘All nightmare long’ o ‘My apocalypse’, suficientemente poderosos como para dejarse llevar hacia la loa ponderativa. Metallica se aleja del crepúsculo al que estaban avocados y que dejó para la posteridad esa triste genialidad a modo de documental ‘Some kind of monster’ y brindan al aficionado más escéptico un álbum que es, desde ya mismo, uno de los imprescindibles de este 2008.