viernes, 29 de julio de 2005

Extra Verano (III): 'Some Kind of Monster', obra de culto documental

La crepuscular visión de una leyenda musical
Hace mucho tiempo que lo tenía en reserva y por fin lo vi hace un par de días. Recuerdo que Eugenio Mira sintetizaba una secuencia del solemne documental ‘Some kind of Monster’ como elucidario de un trabajo visual tan descomunal y megalómano como análogo a lo que se cuenta. Lars Ulrich, miembro fundador de Metallica, uno de los mejores grupos de rock de la historia, arrogante y estúpidamente filosófico en sus fingidos apotegmas, está tumbado en un sofá mirando la obra ‘Profit 1’, del genial Jean Michel-Basquiat. Ulrich, consciente de ser un ignaro artístico, se pregunta porqué el cuadro no tiene la misma cantidad de pinceladas en un extremo que en otro. Atribuye, en su incapacidad de análisis, que la obra puede que no esté “terminada”, comparando el trabajo del cuadro a lo que él siente cuando termina un disco, sobre la posibilidad de que esté o no acabado. Tal vez reflexionando sobre el momento presente de Metallica.
Esta reflexión y muchas más dan un sentido casi antropológico de un grupo inigualable, del proceso creativo, de cómo Metallica como concepto ha absorbido la vida de sus integrantes y ha quedado por encima de ellos, mitificando su magnificencia más allá de los problemas, las disputas y malas rachas del elenco humano que lo constituye. ‘Some Kind of Monster’, el documental de Joe Berlinger y Bruce Sinofsky, es una profundización en la vida de la banda de rock más exitosa de las últimas dos décadas, en un recorrido que transita sobre los problemas personales y profesionales que se produjeron mientras grababan su primer trabajo en estudio tras un paréntesis de cinco años y que daría como consecuencia ‘St. Anger’, el último disco de Metallica hasta el momento. Lo que los directores del documental proveyeron como una ‘obra encomio’ ensalzadora de la leyenda del grupo (tal vez para demostrarse a sí mismos la ostentación de la banda sin uno de sus pilares) se transformó por arte del destino en un excelente e imponderable ‘reality show’ de dos horas y media donde en vez de constatar la magnanimidad de un grupo antológico, el engreído Lars Ulrich, el genuino James Hetfield y el estoico Kirk Hammett (todos guiados en su nuevo disco por el productor y amigo Bob Rock) intentan salvar a toda costa una banda que ha vendido más de 90 millones de álbumes en todo el mundo.
Es un viaje al infierno de unos artistas carcomidos por sus demonios, adicciones y difíciles relaciones durante dos décadas que, evidentemente, han ido haciendo mella en tres hombres que han cambiado la esencia del ‘rock and roll’ por problemas mucho más humanos y maduros como los que se pueden evidenciar en este documental de culto.
Casi tres años de grabación, 1200 horas de imágenes y una portentosa capacidad para armonizar lo trascendente con lo absurdo, la seriedad con la fortuita comicidad de lo problemático, vinculando la gravedad y lo inconsecuente, Berlinger y Sinofsky muestran el valor de un trabajo aceptado por los chicos de Metallica para ofrecer al mundo cómo los trapos sucios y la capacidad de no renunciar a un mito donde ellos están impregnados de una comprensible deidad sirven esta vez para sacar al grupo del insondable ocaso en una nueva etapa de expectativa y furia, cual Ave Fénix procura reverdecer su imagen pública, a pesar de una lasitud encontrada a través de tantos años de convivencia.
El itinerario comienza con la retirada del bajista Jason Newsted de un grupo que abandonó en 2001 tras 15 años en Metallica, funesta eventualidad como punto de partida de una serie inagotable de contrariedades que van en aumento a lo largo de ‘Some Kind of Monster’. Ulrich ha llegado a un momento de autoconvencimiento de gloria musical, subvirtiendo su condición de mortal para convertirse en un infausto sofista del absurdo, adoptando una pose que transforma sus momentos en pantalla en lo mejor del documental, haciéndonos ver que en su circunspecta actitud se oculta un grotesco personaje capaz de llevar a los tribunales a Napster, dejarse llevar por la opinión de un padre sacado de una novela de Hunter S. Thompson o aceptar un careo con Dave Mustaine en el que éste devasta la memoria de Ulrich echándole en cara todo el resentimiento acumulado en veinte años e incluso menospreciar a cualquiera que se le ponga por delante con su ademán despectivo, egoísta y mezquino.
Por su parte, James Hetfield intenta relegar su relevancia dentro del grupo, conocedor de su colapso creativo, yéndose a cazar osos a Rusia, marginando a su familia, a su grupo y a él mismo, lo que da como consecuencia la aceptación de sus problemas con el alcohol y las drogas en un proceso que resulta uno de los puntos clave del documental; la madurez de un hombre que vuelve a la carga sabedor de que las cosas ya no son lo mismo. Un hecho que Kirk Hammet, estoico, silencioso y observador (posiblemente el miembro más coherente del grupo) tiene asumido desde el comienzo de la película, lanzando comentarios envenenados sobre su condición de proscrito como parte fundamental de Metallica (“así me he sentido yo los últimos 15 años” reprocha a Hetfield cuando éste no puede asumir el cargo de líder debido a programa de desintoxicación).
Un grupo herido que, al igual que un matrimonio en crisis, no duda en contratar los servicios de un terapeuta que armonice los continuos enfrentamientos y el momento de tribulación por el que atraviesa el célebre grupo. Del memorable recuerdo de ‘Seek & Destroy’ pasamos a ver a unos veteranos roqueros exponiendo sus problemas ante el psiquiatra Phil Towle, un doctor que cobra 40.000 dólares al mes por seguir la evolución de una maltrecha relación de dos líderes natos como son Hetfield y Ulrich en una lucha de egos inabarcable. Una sombra transformada en una presencia demasiado poderosa, involucrándose incluso en el nuevo disco de Metallica (obviamente, acaban despidiéndole). En ‘Some Kind of Monster’ no hay lugar para la épica, ni para la contemplativa exégesis de la leyenda histórica de Metallica. ‘Some Kind of Monster’ es la demostración de cómo los componentes de una banda consumida por el paso de los años aparca las diferencias, contiene el insulto y la violencia en un superfluo esfuerzo por seguir siendo el mito que todos recuerdan.
Los tres componentes son conscientes de la situación, pero veneran lo que son, contrariamente a que ninguno de los tres disfruta con el proceso creativo como lo hacían antaño. “Analizar y aliviar las tensiones en la banda”, se oye en varias ocasiones de la boca del Dr. Towle. Pero ‘Some Kind of Monster’ no es una película que se sumerja en la psicología de un grupo que lucha por su supervivencia, si no que dejando a un lado esa involuntaria parodia en la que muchas veces caen de forma inconsciente, (sólo hay que escuchar la frase de Ulrich “Tenemos que demostramos que se puede hacer música agresiva sin energía negativa”), representa la peor pesadilla de un grupo de rock que vuelve a la vida cuando la cadena MTV les dedica un homenaje y revela el significativo núcleo de la actual existencia de Metallica: la aceptación de que su actual momento no es más que un negocio, que la alienación de la fama les ha convertido en ‘freaks’ enflaquecidos por una quimera que no es ni de lejos lo que era, trascendenetalizando todo su entorno hasta el paroxismo.
Sólo cuando la cadena MTV les propone ese homenaje, accediendo a la categoría de vendible producto ‘mainstream’ (algo que ya visible desde el LP ‘Load’) y el forzado ‘casting’ del nuevo bajista que encumbra al portentoso ex bajista de los Suicidal Tendences Robert Trujillo (al que le ofrecen, de entrada, un millón de dólares en mano por una continuidad familiar contratada) es cuando los demonios del grupo se hacen patentes: Metallica se ha convertido en un producto comercial, echando de menos los viejos tiempos al recordar varias veces al malogrado bajista Cliff Burton, que sigue estando muy presente en espíritu, llevando a Ulrich y Hetfield a preguntarse “qué haría Cliff si estuviera aquí a la hora de tomar alguna decisión”. La determinación del título del nuevo disco (‘St. Anger’), el fabuloso epílogo con el grupo grabando el nuevo ‘video-clip’ en la prisión de San Quintin (San Francisco) y la reaparición para la nueva gira en el Network Associates Coliseum de los Raiders ante 100.000 personas pretende conferir un halo de magnificencia y honestidad final que no reside en el lanzamiento como tal del disco ‘St. Anger’ y la aparente superación de las adversidades, si no en toda la intencionalidad, a veces consciente, a veces no, con la que los autores del documental se aproximan al proceso creativo de canciones como ‘Frantic’, ‘St. Anger’, ‘All Within My Hands’ o ‘Some kind of monster’. Como analogía queda la auténtica introversión que está subvertida en el mensaje final: mientras Metallica sufre y padece por su condición de leyendas para lanzar su último disco al amparo de la cadena más multitudinaria y de moda de los últimos tiempos, Jason Newsted disfruta en un pequeño teatro tocando con entelequia y sin preocupaciones con su nueva banda ‘Echobrain’.
El caso es que, por mucho que desfallezca Metallica, nadie podrá despojarnos del recuerdo de la epopeya musical que se creó siguiendo los pasos de influencias como Iron Maiden, Misfits, Diamond Head y, por supuesto, los Motorhead. Metallica ha sido uno de los grupos más grandes de la historia de la música con sus míticos temas ‘No Remorse’, ‘Seek&Destroy’, ‘The Four Horsemen’, ‘For Whom The Bell Tolls’, ‘Creeping Death’, ‘Fade To Black’, la impresionante ‘The Call Of Ktulu’, ‘Master Of Puppets’, ‘Welcome Home (Sanitarium)’, ‘Blackened’, ‘Harvester Of Sorrow’, 'One' (posiblemente, mi tema favorito de Metallica), ‘Enter Sandman’, ‘Sad But True’, ‘Nothing Else Matters’...
Sólo viendo ‘Some Kind of Monster’ la pregunta que Ulrich se hace mirando su cuadro de Basquiat tiene sentido: “¿cuándo es necesario que algo acabe? ¿Cuál es el significado de “finalización? ¿Metallica es un grupo acabado?".