miércoles, enero 31, 2007

Review 'Rocky Balboa'

A golpe de nostalgia
Lejos de la indulgencia con la recuperación de una saga, Stallone brinda la oportunidad de decir la última palabra a uno de sus personajes más iconográficos en un filme inesperadamente melancólico y enérgico.
Que Sylvester Stallone se haya vuelto a poner los guantes y subir a un ring dando vida a uno de sus personajes más célebres puede parecer, a simple vista, un denodado intento por reverdecer viejos éxitos. La gloria hace años que le dio la espalda. Pero en ‘Rocky Balboa’ se aleja de la secuela fácil, del oportunismo de saldo que muchos esperaban, convenciendo en su virtuosa apuesta por la palpitación y las motivaciones de un personaje que todavía tenía una última palabra que decir. Sylvester Stallone encamina este último viaje de Balboa hacia la desnudez emocional, la misma que ha concebido en una película que se presenta como la retirada definitiva de un mito del celuloide.
La nobleza de este aventurado desafío radica en la vinculación de la historiografía de Rocky Balboa con la nostalgia, exponiendo al que fuera indiscutible (anti)héroe como un abnegado hombre consumido en sus propios recuerdos, que no ha terminado de cicatrizar sus heridas internas (su esposa ha muerto y su hijo no quiere saber nada de él). Un hombre que vive del pasado y provoca compasión contando diariamente sus anécdotas de boxeador a los clientes de ‘Adrian’s’, el humilde restaurante que regenta. Pese a ello, sigue siendo una celebridad que aún posee un tenue fulgor en el presente, pues Balboa sigue siendo esa vieja leyenda con la que hacerse una foto si alguien se tropieza con él. El paso del tiempo no pasa en balde. Ni para el personaje, ni para Stallone, que parece no perder de viste en ningún momento esta actitud dentro de su entregada narración.
El boxeo ya no es lo que era, como el cine comercial del momento. Hollywood está viciado y agriado por el ostracismo de las productivas formulas actuales, por lo que ‘Rocky Balboa’ podría verse como un ejercicio de añoranza hacia una genealogía cinematográfica sofocada en el recuerdo, en la memoria de aquel cine de los 80 en el que Stallone era un dispositivo infalible para la taquilla. Y lo cierto es que, tanto en su guión sostenido en la simplicidad como detrás de la simple apariencia, el objetivo del filme va más allá del combate final de este viejo boxeador, ya que comprende, con contención, una perfecta representación de los propósitos de Stallone por intentar ofrecer un poco de toda aquella esencia perdida, de “dejar salir esa bestia” que el mismo Stallone llevaba dentro, como su rol, consiguiendo una película entrañable como adeudo para aquellos seguidores que no han olvidado su apagada estrella. Y parece ser que, haciendo caso a las cifras, muchos siguen siendo aquellos que echan de menos este tipo de cine y que aprecian, sobre todo, al propio Stallone, como limitado actor (aunque aquí esté en más de una ocasión más que brillante) más que como el director y guionista que una vez llegó a ganar un Oscar.
Treinta años después, ‘Rocky Balboa’, con un tono mucho más íntimo, certifica con una nobleza fuera de toda duda aquello que le convirtió en una parábola del crédito de superación que otorga la humildad, donde no faltan valores morales y el riesgo de luchar por lo que uno cree, desde la tradicional apostura del drama clásico hasta ahondar en el esfuerzo y pesar de sus personajes (como Paulie -Burt Young-), que ha aceptado la vejez de un modo más convencional), a través de su aburrida cotidianidad, de su apesadumbrada melancolía, de su desastrosa relación paterno-filial, de sus anhelos por volver a boxear. Stallone recupera, desde la dignidad, el respeto y el cariño a su personaje, el carisma del boxeador y su particular idiosincrasia, sin evitar el inapelable paso del tiempo.
Rocky vuelve a subirse al ring, arrastrando artrosis en su cuello, consciente de sus limitaciones, pero manteniendo un cuerpo aún con algo de potencia para combatir contra el campeón mundial de los pesados, en simbolismo de la pugna con el cine actual, lleno de efectos especiales, como ese combate virtual que incita a Rocky a meterse en un improbable pugilato de exhibición.
Sin grandes novedades, resulta meritorio de qué forma ha resucitado Stallone a su púgil en ‘Rocky Balboa’, haciendo emocionar a la platea en la apoteosis en ese ‘Gonna fly now’ de Bill Conti que rememora una época, una genealogía pugilística fílmica de una saga que, con todos sus errores, integran en su esencia algunos de los mejores momentos de cine de boxeo de la Historia, incluso saliéndose de esa delimitación. Stallone, además, solventa con cognición el impedimento de asentar el sentimentalismo en el boxeo.
No se trata de propagar un estilo, ni siquiera de enfatizar un guión bastante medido (algo desaprovechado en su último tramo), tampoco de ver la buena forma en que se encuentra su protagonista (aunque sea anabolizado), ni como un testimonio de poder por parte de Stallone. Se trata simplemente de la recuperación de un viejo compañero de viaje existencial al que el espectador no ha olvidado tras treinta años. De un icono que, en el ocaso, sigue ejerciendo identificación para con el público, la del honesto boxeador medio sonado que, en un alarde de humanidad, quiere ofrecer su última y trascendental lección.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

martes, enero 30, 2007

Curioso 'meme' literario

Un ‘meme’ es lo mismo que una cadena, pequeños cuestionarios a modo de preguntas o pequeños retos que se van enlazando paulatinamente hasta perder su sentido de respuestas y vínculos inconsecuentes. Cada ‘meme’ nace con la iniciativa de conocer un poco más a los autores que pueblan la blogesfera. Nunca he entendido la querencia por este tipo de juegos, pero me uno a ellos con alegría inmediata, respondiendo sin oponerme, porque, en el fondo, así me siento “uno más” cuando se forma parte de la cadena.
Como en la única ocasión en la que participé en un ‘meme’, la proposición de cadena me ha llegado a través de David Fernández, creador de esa imprescindible weblog que es ‘Aquí huele a azufre’.
El eslabón tiene el siguiente propósito:
1. Coge el libro más cercano que tengas, estés donde estés.
2. Lo abres por la página 123.
3. Buscas la quinta frase (que no línea).
4. Y escribes las tres frases que le sigan en tu blog.
5. Por último nominas a cinco personas para que hagan este juego.
>>Te equivocaste mamá. No había nadie. Sólo estabas imaginando.
>>Ahora no pueden hacernos daño mamá, estamos demasiado lejos para que nos encuentren.
>>Si no los vigilas siempre... siempre..., pueden venir a buscarte y encontrarte. Siempre están ahí, André... sólo que no puedes verlos.
‘Sed de sangre’.
(Robert McCammon).
Por supuesto, escindo la cadena y eximo a las cinco personas que me corresponden a seguir con esto, pero invitando a quien quiera a seguirla. Es divertido.

lunes, enero 29, 2007

XXI Premios Goya: Mejorando, pero...

Cuando hace dos años, en una horrenda y desventurada Gala de los premios de la Academia de las Ciencias y las Artes de Televisión (ATV), el imprevisible José Corbacho tiró a la basura de forma simbólica la propia gala, aludiendo a que, de vez en cuando, hay que hacer un poco de ‘autocrítica’, debía tener asumido que presentar y dirigir una ceremonia como los Goya no es una empresa sencilla. Pues bien, Corbacho cumplió, pero no convenció. Su gala fue insulsa, rácana en espectáculo e imaginación. Sólo en alguno de los ‘sketchs’ parodiando las películas nominadas (en especial el sensacional de ‘Volver’) dejaron la impronta de estar ante algo un poco sugestivo.
El exceso de protagonismo concedido en todo momento a su propia figura fue el desliz más reseñable de, eso sí, una gala más amena que sus antecesoras. Un listón muy fácil de superar para el humorista catalán. Así, la gala, determinando su esencia a la fugacidad y la prontitud, transcurrió sin mucho margen para la concesión de ninguna novedad destacada. Empero, si por algo sorprendió Corbacho, por supuesto dejando a un lado sus escandalosos trajes y su carencia en el medido guión de sus míticos ‘hachazos’ (sustituidos por una amortiguada corrección política bastante vergonzosa), fue por esa inmoral depilación de cejas digna de esteticien de barrio.
Lo de que Pedro Almodóvar no se lleva bien con los Goya ha pasado a mejor vida. A su ausencia más que sospechosa en los Globos de Oro, llegó su exilio voluntario de unos premios que han cambiado la tradición de martirizarle despóticamente por la de otorgarle sin miramientos estatuillas inmerecidas. Si Corbacho no estuvo a la altura esperada (o al menos no a la que se espera de un ‘showman’ tan insurrecto como él), menos lo estuvo un palmarés repugnantemente parcial y arbitrario, indulgente y previsible. La voluntad de repartir ‘justamente’ todos los premios para que nadie fuera el gran derrotado es un oprobio a la ecuanimidad. Así, ‘Volver’ ganó cinco premios, ‘El laberinto del Fauno’ siete, ‘Alatriste’ tres, los mismos que ‘AzulOscuroCasiNegro’ o ese único Goya para ‘Salvador’, el de mejor guión adaptado… Y todos tan contentos.
Es lógico que, tras la decepción de no ver la película de Almodóvar nominada a los Oscars, no se le otorgara la cortesía de desagraviarle en su propio país. Tampoco hubiera sido "justificable" para la Academia premiar una película considerada ‘mexicana’ antes que ensalzar la reincidencia de Peeeedro en su temática endogámica; la rancia nostalgia geográfica, los vínculos familiares de tres generaciones de mujeres que simbolizan la veneración del director manchego a la feminidad y a la maternidad. Hasta en eso, el cine español sigue estancado en sus complacientes previsiones. También el trabajo de Penélope Cruz debía ser subrayado, ya que es (y puede que sea) la mejor interpretación de la actriz en toda su carrera.
Por lo demás, sobre el escenario desfilaron las estrellas más ‘guapas’ de nuestro cine, en su gran mayoría actrices de nuevo cuño con mermadas dotes interpretativas pero con atractivos dotes físicos (caso de Verónica Sánchez, Natalia Verbeke, Kirá Miró, María Valverde, Elena Anaya -que lució un ridículo modelito…-), completándose esta tendencia con otros ciudadanos del mundo del cine faltos de carisma para sostener una presentación decente, como el caso de Ray Loriga o Isabel Coixet.
Tampoco ayudó mucho la nueva presidenta de la Academia, Ángeles González-Sinde, que aburrió a las ovejas con su vetusta historia del cine español y su insulsez innata, situando su estúpida fábula en la Prehistoria, en las cavernas paleolíticas de pinturas rupestres, con sus coletillas inadmisibles para una guionista de su supuesta talla como “se lo juro por Dios” o “el tío de la linterna”… Hasta un párvulo de primaria puede redactar mejor una historia de semejante calado. Se echa de menos a aquella Marisa Paredes tirándose un vaso de agua encima mientras hablaba a la platea o a la grandísima Aitana Sánchez-Gijón, capaz de llenar un escenario con su simple presencia.
Corbacho estuvo fino cuando lanzó una de las pocas ‘puyas’ que le caracterizan, en el instante en que Dani Martín y Najwa Nimri, como si la cosa no fuera con ellos, oyeron de boca del maestro de ceremonias que se dejaran de tanto “tabaco de la risa”, sin saber (o sabiendo) que el premio a la mejor canción recaería en esa tipeja indigna que es Bebe (saliendo con una cámara de vídeo y demostrando, una vez, su encrespante descompostura).
También quedó claro cómo y de qué manera se la suda a la Academia el mundo del cortometraje. Si la semana pasada descubrimos que los cortos de Javier Fesser y Borja Cobeaga, nominados al Oscar en este apartado, no estaban en la incomprensible lista de candidatos al mejor corto de ficción de los Goya, el hecho de repartir a la vez el premio de esta categoría junto a los de mejor corto de animación y corto documental y hacer coincidir a los ganadores apiñados alrededor del atril, estorbándose unos a otros y víctimas de otro número de protagonismo de Corbacho y Santi Millán, deja claro que la fuente de talento es meada y escupida claramente por los que ya se consideran importantes, dentro y fuera de los premios. Otro desliz de guión que suponía la finalización de un particular ‘running gag’ al que se unió otro de similar corte por parte de Santiago Segura, el único que da siempre un poco de gracia a estos premios.
La cara de Ray Loriga cuando abrió el sobre de mejor guión adaptado y no leyó el nombre de Díaz Yanes por ‘Alatriste’ sino el de Luis Ascarazo por ‘Salvador’ también fue de lo más divertido. También resulto cuanto menos curioso que Antonio de la Torre, Quim Gutiérrez y Daniel Sánchez Arévalo agradecieran de una forma poética y hermosa, pero tan similar en su fondo y contenido que pareciera que el propio director hubiera escrito los tres discursos. Todo lo contrario que el singular agradecimiento de Carlos Benpar en plan ‘cherokee’ por su excelente documental 'Cineastas en acción'.
Como dijo el propio Corbacho “los espejos sirven para que cada uno se vea reflejado en ellos como quiera”. Una frase que sirve como metáfora condescendiente con la gala, con los premios, incluso con el propio cine español.
LO MEJOR:
- La presencia de todos y cada uno de los miembros candidatos a ‘El Laberinto del Fauno’; desde Guillermo Del Toro, a Guillermo Navarro, pasando por los actores, en especial esa niña ‘monstruo’, bilingüe y que da un poco de grima que es Ivana Baquero, creada para orar, agradecer premios y promocionar películas como nadie.
- La parodia de ‘Volver’ y ese primer falso premio en el que Corbacho disparó contra un supuesto ganador que se iba a extender en su discurso de agradecimiento.
- El maestro Juan Diego, compartiendo el premio con Juan Diego Botto.
- Un emocionado Tadeo Villalba (aunque viene siendo lo de siempre).
- Los vestidos y la elegancia de Verónica Echegui y Viggo Mortensen, respectivamente.
- Las ovaciones que recibió en todo momento Daniel Sánchez-Arévalo, el mismo que merecen los nuevos directores españoles con sus interesantes nuevas propuestas.
LO PEOR:
- La ignominiosa decisión de emitir la ceremonia con 30 minutos de retraso si esta vez no hubo teta de Paz Vega a lo Janet Jackson.
- La ausencia de Almodóvar.
- Corbacho cantando ‘Soy minero’ y piropeando a la Ministra Carmen Calvo, ensalzando su belleza, cuando es más fea que Picio.
- El vestido de la presidenta González-Sinde, diseño de David Delfín con frases del escritor Raymon Carver. Se nota que no lo tuvo en cuenta antes de redactar su discurso de los Goya.
- Que no hubiera ‘clips’ audiovisuales como los del año pasado.
- El dominio protagónico de Julio Fernández cuando Filmax recibe un premio, dejando al director de la película a un lado.

domingo, enero 28, 2007

Un paréntesis musical: La Tigresa de Oriente

Hace relativamente poco, gracias a la blogoesfera, descubrimos, con cierto estupor y algo de consternación, a Sotok, extraño artista con un ‘temazo’ debajo del brazo destinado a monopolizar la atención de los cazadores de momentos ‘freaks’ dentro de Internet. Poco después, sentimos la vergüenza ajena en nuestra propia carne de la mano del inigualable Delfín Quishpe, un ecuatoriano que tortura los oídos con una descomunal y espeluznante asimetría armónica.
Siguiendo sus pasos, con la emoción contenida de un momento sin igual, llega la ex maquilladora peruana Judith Bustos, más conocida artísticamente como La Tigresa de Oriente, una imposible mezcla de voquible musical de Tamara-Ámbar-Yurena y el físico a medio camino entre Aramis Fuster, Las Supremas de Móstoles y Reggina DoSantos, nos trae el sorprendente ‘hit’ ritmo de ‘cumbia selvática’ ‘Nuevo Amanecer’, la banda sonora de esta semana.

viernes, enero 26, 2007

Review 'The Prestige'

Ambivalencia, venganza e ilusionismo
Christopher Nolan adapta la novela de Chritopher Priest ofreciendo un ‘tour de force’ de venganza, ambición e ilusionismo en un filme muy sobresaliente.
En sus primeras palabras en ‘off’, Cutter, el personaje que interpreta Michael Caine, alecciona sobre los claves de cualquier espectáculo de magia a Jess, una niña que, a la postre, será un personaje silencioso y cardinal dentro de la historia; primero, con la ‘promesa’, como la normalización de la alquimia, mostrar la magia como algo cotidiano. Segundo, ‘el giro’, una alteración imposible de lo ordinario en algo sorprendente y asombroso, como la esencia misma del filme del brillante Christopher Nolan. Por último, como desenlace de la función, llega la parte más importante del truco, ‘el prestigio’, la alucinación que aporta el hipnotismo y la emoción del público, el acto final que arranca el aplauso y deja con la boca abierta.
Por supuesto, esta compilación utilizada como definición de la magia puede situarse como una analogía universal del proceso de la escritura aristotélica, de la narrativa clásica, fraccionada en un ‘know-how’ de sobra conocido (planteamiento, nudo y desenlace). Así, como en la literatura y en el cine, la metodología de la magia no difiere mucho de los propósitos de estos dos artes. No obstante, el ejercicio estructural de Nolan se segmenta y encadena sus mecanismos como subconsciente del ilusionismo aplicado al cine. Al igual que en la restante obra del cineasta, aquí Nolan lleva la experimentación de tiempos, elipsis y puntos de giros al extremo, donde no falta esa magnífica armonía de retroacción y progresión, de cambios de disposiciones, de acción llena de perturbadora inventiva donde la alteración se vuelve primordial.
Por esta razón, ‘The Prestige’ no pierde esa particular sensación oscilante del cine del director, donde el desequilibrio, el juego de tiempos, de voces en ‘off’, de cambios de rumbo narrativo, aportan, paradójicamente, el beneficio de un contrapeso que hace que sus filmes funcionen como juegos de espejos, de dobles identidades, aquí simbolizado en las dos caras de una misma moneda.
Respecto a la novela de Christopher Priest, Christopher y Jonathan Nolan han procedido fielmente en una impecable adaptación de ingeniosa rigurosidad, simplificando la historia del libro, sustrayendo aquello verdaderamente importante para el duplo consanguíneo firmantes del guión: la fábula de obsesión y envidias de dos magos cuyas venganzas no tienen sentido si no es por su sempiterna pugna por mejorar sus respectivos ‘prestigios’. Dos magos antagonistas que desencadenan una vehemente rivalidad que induce al deseo insaciable por desenmascarar los secretos del otro, enfrentando ciencia, clasicismo, amistad, ambición y venganza en un laberinto de oscuras y peligrosas pretensiones.
En este sentido, la película, en sí, es un gran truco de sabio prestidigitador, que maneja sus elementos como efectos de alquimia a muchos niveles, en los que la variabilidad de los tiempos y la modificación a la que somete su narración responde, en cierta medida, a un enigmático y misterioso juego, siguiendo los pasos de sus personajes, para concluir su camino en un final (un ‘prestigio’) que se asemeja a los trucos de los personajes Angier y Borden.
De esta manera, la intriga dramática de ‘The Prestige’ se sostiene sobre una virtuosa capacidad metafórica para la poética fantacientífica, sin enfatizar en sus elementos futuristas (anticipativos en la actualidad –la clonación y sus riesgos-), que dan como consecuencia un auténtico espectáculo de ilusionismo ambientado con gran habilidad en la Inglaterra de finales del siglo XIX, una época en la que la ciencia empezaba a aniquilar la credulidad del espectador, haciendo del ilusionista el último resquicio y propósito para la magia. Una época donde el cine estaba a punto de convertirse en el gran truco final del ilusionismo y en la que inventores como Nikola Tesla y Thomas Edison también se disputaban bajo la envidia y la rivalidad un hueco destacado en la Historia.
‘The prestige’ posee una fascinación especial, de intrincado y elaborado engranaje medular, sustentado en la importancia que sugiere la reiteración de sus claves en su análisis sobre los misterios de la moral humana, que emplea con igual suerte una interesante disertación sobre la ambivalencia humana, la dualidad de dos caracteres contrastados, diferenciados por la clase social a la que pertenecen y por aquello a lo que aspiran, pero asemejados en objetivos y metas profesionales. Pero, a medida que avanza la acción, se comprueba la diferencia que les separa.
Mientras uno ansía la revelación de los trucos de su oponente para ser el mejor mago (memorables los sofisticados ‘gadgets’ de Angier contra la desmedida inventiva y afán de superación de Borden) que le lleva a jugar a ser Dios y tropezando con un cruel destino que le hace fenecer en cada función, el otro terminará luchando por un único objetivo, la pequeña Jess, dejando bajo la manga su ‘as’ escondido, el secreto que un mago jamás puede ni debe revelar y que dará como resultado ese final sorpresivo que es producto de un cálculo medido.
Sin embargo, ‘The Prestige’, a pesar de temporizar todos sus elementos en función de ese inesperado desenlace, funciona como obra escapista donde juega un papel fundamental la omnisciencia de la mano ilusionista del realizador, que descubre su ‘verdad’ final en innumerables ocasiones durante la función, con un proceso intangible y oculto. Todo está a la vista. No hay engaños sin anticipación, porque la verdad es manifestada a lo largo del metraje en varias ocasiones. Incógnitas llenas de respuestas que el filme de Nolan instiga en el espectador una vez acabado el filme. Surtido de matices y sinecuras narrativas, ‘The prestige’ es un filme, en ese aspecto, equivalente (salvando las distancias) a ‘La huella’ de Joseph L. Mankiewicz.
Una película capaz de anular la soberana importancia de unos personajes femeninos (los de Scarlett Johansson, Rebecca Hall y Piper Perabo) que pueden parecer imperceptivos pero que, dentro del relato, tienen una importancia vital para desvelar incógnitas y desenmascarar la entidad y secretos de ese truco final, apoyándose en una narración en primera persona falsificada, la de esos dos personajes que relatan subjetivamente su historia a través de un duelo interpretativo entre unos magníficos Hugh Jackman y Cristian Bale, dominados por una desnivelada rivalidad, donde los secretos mágicos, la ciencia y, sobre todo, el artificio, permiten a Nolan convertir su película en un gran truco, un gran ‘prestigio’ que se sirve de todos los ardides que admite la narración cinematográfica, poniendo en evidencia que éste es todavía un medio para ello.
‘The Prestige’ es, sin lugar a dudas, la primera gran película de 2007.

jueves, enero 25, 2007

Las nominaciones de las frambuesas

Con tanta excitación latina de las nominaciones de los Oscar casi nos olvidamos. Si ‘Babel’, ‘The Departed’ o ‘El laberinto del Fauno’ han sido las grandes beneficiadas en la lotería que suponen las nominaciones de los Oscar, también se han dado a conocer los ‘Anti-Oscar’, los célebres Golden Raspberry Awards, más conocidos por todos como ‘razzies’, que castigan con acertada precisión a los peores trabajos cinematográficos del año, con grandes dosis de humor e sarcasmo.
‘Instinto básico 2’ y ‘Pequeño pero matón’ han sido las grandes agraciadas del año en el reverso oscuro y sedicioso de estos malintencionados premios. Como candidatas a peor película han sido nominadas ‘Instinto básico 2’, ‘Bloodrayne’, ‘La joven del agua’, ‘Pequeño pero matón’ y ‘Wicker man’. La reprobación anual ha recaído este año, con bastante saña, en M. Night Shyamalan y su fábula moral de ninfas provenientes de Mundos Azules, al que le han caído menciones como candidato a peor director, guionista y actor de reparto en esta cinta que, siendo coherentes, no tiene nada que hacer contra la segunda parte de la novelista cachonda Catherine Tramell que interpreta, sin mucha fortuna (como todo en el filme), Sharon Stone en ‘Instinto Básico 2’.
He aquí la lista completa.

¿Eastwood en 'Indiana Jones'?

Vale, de momento es sólo un rumor. Pero ¡menudo rumor! También soy consciente de que, a estas alturas, infinidad de blogs que merecen la pena más que este ya se habrán hecho eco del mismo.
La cosa es que la noticia se ha extendido como la pólvora. Ahora que ya sabemos que el rodaje del año es, definitivamente y ningún oponente, la cuarta entrega de Indiana Jones, toda habladuría que salta a la palestra se trascendentaliza como una referencia de atención masiva. Según JoBlo, Sean Connery podría volver a dar vida al Dr. Jones, el entrañable padre de Indy. Hasta ahí, todo bien. Lo sorprendente es la posible participación en esta nueva aventura del célebre arqueólogo interpretado por Harrison Ford del mismísimo Clint Eastwood.
Suena imposible, como un sueño del que cualquier cinéfilo aficionado a la saga no quisiera despertar. Lo cierto es que conociendo el dato que vincula a ambos, dado que Spielberg ha producido el díptico sobre Iwo Jima a Eastwood las conjeturas se han disparado. Soñar es gratis, amigos.
PD: En la foto, sobra un elemento de la ecuación.

martes, enero 23, 2007

Nominaciones con acento español

Esta misma tarde se han hecho públicas las nominaciones a los Oscar, los candidatos que, desde hoy, serán aspirantes a la estatuilla dorada diseñada por Cedric Gibbons en 1928. Dentro de lo esperado, ha habido pocas sorpresas. ‘Babel’, ‘Infiltrados’, el filme musical ‘Dreamgirls’, la más independiente ‘Pequeña Miss Sunshine’, ‘Children of Men’ (aunque en categorías menores)… han conseguido que su título haya sido mencionado en varios apartados. La grata sorpresa ha llegado de la mano de ‘El laberinto del Fauno’, de Guillermo del Toro, que ha cosechado la increíble cifra de seis nominaciones para la noche del 25 de febrero (película extranjera, guión original, mejor partitura -excelente reconocimiento al trabajo de Javier Navarrete-, mejor fotografía, mejor dirección artística y mejor maquillaje).
Todas las quinielas apuntaban a ‘Volver’ como indiscutible película aspirante a una categoría en que Pedro Almodóvar ha liderado con alguna de sus últimas películas, con un trabajo que ha rehusado a la transformación y ha reincidido en su temática endogámica; a la nostalgia geográfica, a los vínculos familiares de tres generaciones de mujeres que simbolizan la veneración del director manchego a la femineidad y a la maternidad. Y claro, como es un poco más de lo mismo, la Academia de Hollywood, lejos de la complacencia, ha preferido optar por otros aires en la categoría de mejor película de habla no inglesa y la ha dejado fuera. Ante la decepción del personal y justamente si atendemos a la coherencia.
Un hecho que no es óbice para que ésta haya reconocido el esforzado trabajo de Penélope Cruz en el filme de Almodóvar, siendo nominada a mejor actriz principal, primera vez en la historia del cine español en que una intérprete nacional opta a tan distinguido (y a la vez intrascendente) galardón. Aunque si echamos un vistazo a los premios internacionales y de la crítica, Helen Mirren podría ser la que, como apuntarán erróneamente los parciales medios españoles, “le arrebatará el Oscar a Pe”. Por lo tanto, el cine español está de enhorabuena. Ya no sólo por lo que toca del ‘Fauno’ del Del Toro sino además, por esa doble alegría del cine en pequeño formato, ya que los cortometrajes españoles ‘Binta y la gran idea’, de Javier Fesser y ‘Éramos Pocos’, de Borja Cobeaga, han sido elegidos candidatos en la categoría de mejor cortometraje de ficción. La gala de la 79ª edición de los Oscar que, como cada año, se celebrará en el teatro Kodak de Los Ángeles tendrá, este año más que nunca, un marcado acento hispano. Por cierto, que presentará el acto Ellen DeGeneres y después de la lección de profesionalidad y humor de Jon Stewart lo tiene ciertamente complicado.
De entre las nominaciones destacan, el triplete afroamericano compuesto por Will Smith, por ‘The Pursuit of Happyness’ y Forest Whitaker, por ‘The Last King of Scotland’ en la categoría de mejor actor y Eddie Murphy, como secundario por ‘Dreamgirls’. Este año, como hace cinco entregas, también podría ser una ‘Black Power Night’. Clint Eastwood defiende seis candidaturas con sus dos películas bélicas ‘Cartas desde Iwo Jima’ (cuatro –incluida mejor película y mejor dirección-) y ‘Banderas de nuestros padres’ (dos candidaturas).
¿Será éste el año en que Scorsese gane como mejor director y le den el premio al artefacto creado para estos premios ‘Babel’? ¿Y si gana Guillermo del Toro el premio a la mejor película extranjera y además se lleva el de guión? ¿O será Paul Haggis de nuevo el hijo predilecto y mimado este año en este apartado? Y una pregunta… ¿La Academia española potenciará merecidamente ‘El laberinto del Fauno’ ahora que ‘Volver’ no tiene nada que hacer el los Oscar?

sábado, enero 20, 2007

Absurda Suma de Parecidos (VII)

Con ese espantoso look "me ha chupado la cabeza una vaca" y su irritante estilo de humor irónico y sarcástico, Eva Hache, pasada de vueltas en su autocomplaciente humor y algo de prepotencia que tan bien funcionaba en los reportajes de calle para ‘La Noche de Fuentes & Cía.’ pero que no soporta su liderazgo en un ‘late night’, tiene últimamente un fuerte aire lésbico y un tanto varonil que recuerda a la abanderada del ‘gay power’ femenino estadounidense Ellen DeGeneres.
Si a eso, lo unimos a esos ojos de sapo heredados de un mito cómico de la talla de Marty Feldman, tenemos una cierta analogía fisonómica que sirve para recuperar esta absurda sección bastante olvidada en el Abismo.

viernes, enero 19, 2007

Cambio climático

En el magnífico documental ‘An Inconvenient Truth’, el ex-vicepresidente norteamericano Al Gore muestra con cierta fortuna un contundente y preocupante retrato de la situación del planeta, que, cada día más, está a merced de los devastadores efectos del cambio climático. Un planeta amenazado por el calentamiento global que provoca las exorbitantes emisiones de CO2 añadidos a otros gases con efecto invernadero por parte de la acción del hombre.
Estudios más recientes indican que en los últimos años se está produciendo una alarmante subida de la temperatura media en la Tierra. Yo, en mi caso, lo noto. Antes los inviernos eran fríos y poco menos que aviesos para una ciudad como Salamanca. Ahora no. Sólo se puede disfrutar del crudo invierno unos pocos días. El problema es preocupante. El riesgo está en que la subida de la temperatura, de la inconstancia atmosférica, más allá de que pueda venir dada por la diversidad de factores que afectan al clima que afectan a la variabilidad natural, proceda, como es el caso, del peligroso aumento del efecto invernadero provocado por la actividad humana.
Y es que la cosa no es motivo de disertaciones baladíes. Como ejemplo de este peligro que se cierne sobre nuestras cabezas sólo hay que echarle un vistazo a estas imágenes para saber cómo está variando el clima, de qué manera donde antes había frío e imágenes invernales en la actualidad los gélidos paisajes se están transformando en demenciales imágenes casi primaverales.
Como diría aquel sabio cortometrajista “quizás deberíamos reflexionar”.

miércoles, enero 17, 2007

Review 'Marie Antoinette'

Un capricho excesivamente caro
Tras la magnífica ‘Lost in translation’, Sofia Coppola compone un autocomplaciente antojo sobre las correrías de un personaje tan extravagante como fue María Antonieta en un trabajo tan insípido como olvidable.
Después de su interesante debut adaptando a Jeffrey Eugenides en ‘Las vírgenes suicidas’ y dando una de las películas más entrañables y primorosas de los últimos años con ‘Lost in Translation’, cinta que la catapultó al éxito dejando todas las miradas puestas en su siguiente proyecto, Sofia Coppola ha regresado con ‘María Antonieta’ a sus mundos de soledad, de identificación juvenil con las inquietudes de cualquier adolescente sin importar la época, con la intención de reiterar su (a veces descompensada) armonía sobre lo explícito y lo implícito, tratando de no perder ni un ápice de esa almidonada delicadeza estética que la hijísima de Francis Ford ha venido laqueando en su corta filmografía.
Para su tercer filme, Coppola tenía claro que la ambición de su proyecto tenía que superar las expectativas propias y ajenas, por eso se ha lanzado sin concesiones a adaptar la vida de María Antonieta Josefa Juana de Habsburgo-Lorena, de María Antonieta, personaje histórico incongruente y caprichoso, con el que la propia directora parece identificarse a juzgar por el resultado de este aparatoso proyecto. Casada por las realezas de Austria y Francia con el futuro rey Luis XVI, la ingenua María Antonieta se vio inmersa con 14 años en la lujosa corte francesa, plagada de conspiraciones, decadencia y escándalos, un entorno de hipocresía y banalidad al que la joven se acostumbró en seguida sin intuir el funesto final que le depararía el destino.
Coppola, de una forma consciente e intencional, hace caso omiso a cualquier efemérides de la época, dejando a un lado el historicismo que rodeó al personaje para centrar su visión sobre el símbolo de extravagancia que personificó la delfina y posterior reina de Francia. Para la realizadora y guionista la peculiaridad de este viaje por los aposentos de palacio viene dada por centrarse en el aspecto humano, en la tumultuosa frivolidad de la corte francesa que rodea a María Antonieta y que, a su vez, la aísla, convirtiéndola en un icono de incomprensión, en una inadaptada de su tiempo, a la que sólo parece satisfacer el champán, los pasteles, los zapatos, el lujo y despilfarrar el dinero público en frivolidades de lo más absurdo.
‘María Antonieta’ presenta así un personaje insensible a la realidad política y social, una mujer que vive en una burbuja de superficialidad y que no comprende en ningún momento su posición más allá del lujoso boato de su alrededor. Y es lo que Coppola, sabedora de la insipidez de esta premisa, superpone a su verdadero objetivo, que no es otro que el de hacer ver que el caprichoso personaje no está muy lejos de la juventud actual, como anticipo de lo que sería el siglo XXI, donde trascienden de forma imperante los chismes, la puerilidad de palacio, la crónica rosa, la moda y demás insubstancialidades por encima de la política, la cultura o el arte. Una arriesgada propuesta que marca una, a priori, interesante, pero no consumada, mirada moderna sobre un contexto histórico que tampoco consigue equilibra.
¿Cuál es el problema entonces? Pues que ‘María Antonieta’ además de ser un capricho muy costoso, no cuenta absolutamente nada. Durante hora y media, lo único que parece interesar es si María Antonieta folla o no folla con Luis Augusto y así gratificar a los dos reinos a los que pertenece. Es un filme, por tanto, que podría equipararse a un precioso envoltorio de caramelo muy llamativo en cuyo interior no se esconde más que un decepcionante regusto a ausencia. Este opulento artefacto generado por el antojo de una cineasta acostumbrada a conferir cierta importancia a los miedos adolescentes y el despertar al mundo adulto, logra que su extravagancia no deje de parecer en ningún momento un gran anuncio de ‘salva-slips’, de ilógica y continua celebración, donde, eso sí, la mixtura de rock actual, los matices históricos, las grafías palaciegas y el trasfondo más o menos proporcionado compensen en cierta medida tanto estimulo visual y escenográfico.
Porque si algo destaca este ineficaz y aburridísimo filme es la portentosa puesta en escena, los lujosos vestidos y la delicada estética que Coppola conoce y maneja tan elegantemente. La cineasta pretende, con esa evocación escenográfica de minucioso detalle y parsimonia ambiental, evidenciar de qué modo la gente de la corte de Versalles desconocía el mundo exterior y cómo la soledad decadente de la monarquía francesa irrumpió en forma de masa cabreada que ansiaba guillotinar a los reyes como sublevación a su indisciplina, pero sin ritmo y desarrollo lógico que proponga cierto rédito de interés.
El ímpetu escénico de Coppola por la sobrecarga formal, transformada en esnobista y contagiada de esa actitud de superficialidad, se autocomplace tanto con la fascinación liberal de la época que olvida por completo que hay una historia que narrar, dejando tan sólo intuir la manipulación a la que María Antonieta de estaba sometida por su familia austriaca, pero falseando la historia, sin mostrar los nombramientos ni destituciones de ministros por caprichos de la Reina o sus enfrentamientos con los éstos por sus malversaciones y aires de grandeza, otorgándole, por si fuera poco, un adulterado heroísmo que hace que el personaje, en su primer acto de madurez, siga fiel a su marido para quedarse en Versalles, cuando en realidad la verdadera María Antonieta intentó convencer al Luis XVI para dejar la corte y huir de forma pusilánime. ‘María Antonieta’, en ese aspecto, obvia cualquier compromiso con la historia.
A Coppola sólo le interesa, casi como identificación propia, el carácter antojadizo del rol, la frivolidad, la alegría, las joyas, las infidelidades de alcoba (ridícula subtrama de adulterio con el Conde Von Fersen), la gilipollez y el lujo, que encuentra en la interpretación de Kirsten Dunst una isla de dignidad a tanto melindre barato. ‘María Antonieta’ es, en definitiva, un cóctel de modernidad presuntuosa con afán de trasgresión, tan vacua como estrambótica, que la directora de la maravillosa ‘Lost in Translation’ se podía haber ahorrado.

Refoworld (I)

En el desabrigo de una habitación desnuda de muebles (por ahora) y con algo de eco debido a esta carestía mobiliaria se instala el nuevo centro de operaciones de Refoworld, como una atalaya de M.A.D. particular, una Fortaleza Cloudrunner, un espacio propio donde poder proteger el destino de Eternia y los secretos de este nuevo e ilusionante Castillo Grayskull.
Este es mi despachito, la oficina en la que encontrar el silencio y la concordia necesaria para llevar a cabo mis propósitos creadores y profesionales. Con el tiempo se llenará de libros, cómics, revistas, carpetas, pósters, guiones, aderezos cinematográficos y de otras índoles, documentos y demás objetos necesarios para sobrellevar cualquier operación multimedia con el nuevo equipo proveído de todo lujo de novedades para el trabajo y, porqué no, para el ocio.

martes, enero 16, 2007

Nuevas aventuras de Vinalia Trippers

“En 1996, ya a las puertas del nuevo milenio, una cápsula disidente de escritores partimos hacia el espacio exterior en una nave llamada Vinalia Trippers. Durante casi una década sobrevolamos los más oscuros rincones de nuestra galaxia, reclutando aquí y allá, en arriesgados descensos, a muchos hermanos periddos. La tripulación fue creciendo y la nave avanzando, convirtiéndose en un referente de la prensa alternativa del fin de siglo. Ahora, tras diez años de singladura, nuestra nave regresa al planeta tierra cargada de nuevos tripulantes e increíbles aventuras que narrar. Más de 80 autores, escritores, videocreadores, ilustradores, cantautores, diseñadores y poetas, celebran hoy con nosotros este décimo aniversario de Vinalia Trippers, ofreciendo al lector, en forma de relato breve, la posibilidad de conocer los discursos alternativos más sugerentes del país.
Damas y caballeros, aseguren sus equipajes y prepárense para las emociones fuertes.
La tripulación regresa a casa”.
Es el texto que encabeza ‘Tripulantes (Nuevas Aventuras de Vinalia Trppers)’, un libro-disco editado por Vicente Muñoz Álvarez y David González que se puso a la venta ayer mismo, día 15 de enero, y en cuyas páginas se incluyen trabajos de gente que, en cierta medida, ha marcado la forma de pensar y parir algo de arte con calidad y creatividad de alguna que otra generación de notable y destacada influencia; peña como Miguel Ángel Martín (que firma además la portada), Hernán Migoya, Nacho Abad, Antonio Orihuela, José Ángel Barrueco o el ínclito Rubén Lardín, una de las mejores plumas de este país, son algunos de los 80 navegantes que componen esta tripulación.
Lardín aporta con un pequeño escrito (titulado ‘El magnate del pop’) su destacada participación. Desde este Abismo y desde muchos otros, amigo Lardín, regresa de una maldita vez a la blogoesfera con tu mitológica blog ‘El misterio de los intervalos de silencio’. Desde su desaparición, este entorno binario adolece de un adalid que nos muestre el camino del buen hacer.

Los Globitos

Qué enrollada es la prensa extranjera en Hollywood. Qué enrollados los Globos de Oro de Oro de este año.
Cuando la autocomplaciente ‘Babel’ gana el premio a la mejor película de 2006, la mejor serie de comedia o musical en televisión es ‘Betty, la fea’ (en su versión yanqui) y Clint Eastwood es laureado como director de la mejor película de habla no inglesa con ‘Letters form Iwo Jima’, el plantel de premios que se puede dar en los Oscar puede ser de lo más grotesco.
Todo ello, por supuesto, haciendo presagiar el enésimo desaire por parte de la Academia a Scorsese, que ha ganado el Globo a mejor director del año y que, en consecuencia, volverá a estar nominado a la preciada estatuilla, partir como uno de los favoritos e irse a casa con la misma cara de perdedor que todos los años.
La lista, por si a alguien le interesa, aquí.

miércoles, enero 10, 2007

Review 'Babel'

“Por ello se la llamó Babel, porque allí confundió Yahveh la lengua de todos los habitantes de la Tierra y los dispersó por toda la superficie”.
(Génesis 11:1-9.).
Un exceso de tragedia multilingüe
'Babel' cierra la "Trilogía del dolor' incidiendo en los mismos parámetros que sus predecesoras, perdiendo así toda capacidad de sorpresa
Tras ‘Amores Perros’ y ’21 gramos’, el director Alejandro González Iñárritu regresa a un terreno que conoce bien, a esa especie de género propio que reitera su discurso narrativo en la tradición discursiva sociopolítica, mediante los habituales y brillantes ejercicios de crítica social y denuncia que cierra su “Trilogía del Dolor’ con esta última cinta titulada ‘Babel’. Iñárritu se empeña en ofrecer una visión de paráfrasis visual sumida en el desaliento y la violencia, en el fondo destructivo y agónico de un mundo insondable y radical, repitiendo junto a su habitual coguionista Guillermo Arriaga, cómplice de su redundancia temática, la escalofriante metamorfosis que genera en el ser humano el dolor y la aflicción.
‘Babel’, al igual que sus dos anteriores cintas, vuelve a la búsqueda de pilares que sustenten la fragilidad de unas vidas impregnadas de pesimismo hallado en el trágico destino de un inesperado accidente que les une en una especie de fatal ‘efecto mariposa’. En este caso, unos niños que disparan un rifle sin prever las consecuencias de su acto, un matrimonio de turistas estadounidenses en crisis de vacaciones en Marruecos, la encargada mexicana de sus hijos y una hermética e introvertida adolescente sordomuda que soporta la incomprensión de los que le rodean en Tokio. Cuatro historias que entrelazan el mundo. Un mundo en el que las comunicaciones más que unir segregan a los seres humanos en un pozo de indiferencia y egoísmo.
‘Babel’ está rodada en tres continentes y en cuatro idiomas, una atalaya filológica que sirve a Iñárritu para indagar en lo personal y en lo político, para describir, con su habitual énfasis por lograr el máximo realismo, las barreras que separan a los seres humanos. Evoca así ese mundo multilingüe que provoca malentendidos y que fragmenta la Humanidad dentro de una globalización que transmite el virus de una soledad paradójica donde la sociedad no es más que un evolutivo monstruo de comunicaciones instantáneas, donde todo está comunicado, excepto las personas y sus culturas.
Iñárritu, mediante su abrumante y ataviado estilo lleno de furia y sin abandonar esa peculiar disposición estética narrativa de sus anteriores filmes, reincide en sus aciertos como realizador, en su perfeccionista pulso narrativo, en su espléndido montaje y en esa característica dinámica de planificación utilizando para la trama general una forzada cisura cronológica del tiempo. Sin embargo, incurre en sus más desacreditados vicios; la manipulación épica y emocional, la avidez de realismo trágico y la desorientación psicológica de dimensiones universales devenida en el manejo de una fatalidad caprichosa que vapulea a unos personajes sitiados (interior y exteriormente) y sumidos en la imposibilidad de digerir su propio destino que son unidos por la desesperación.
Bordeando la gratuidad de tanto dolor, pero sabiendo evitar la sensiblería emocional, Iñárritu (y, por extensión Arriaga) sigue abusando del dramatismo para cimentar y unir unas historias subrayadas por la grandeza de sus actores, que son los encargados de recrear con intensidad esa conmoción de frenesí dramático que buscan los autores. En este caso, unos fantásticos Brad Pitt, Cate Blanchett, Adriana Barraza, Rinko Kikuchi, Kôji Yakusho y los intérpretes no profesionales; Mohamed Ait Lahcen, Ali Hamadi y Mustapha Amhita, que aportan la transparente realidad que no se consolida con la pulcritud formal y belleza estética del cineasta en sus historias caracterizadas por el desequilibrio y la dilatación de algunas de ellas hasta la profusión argumental.
El resultado es una interesante reflexión sobre los prejuicios y temores presentes entre las diversas culturas, la incapacidad para aceptar las múltiples similitudes, la indiferencia, la búsqueda del contacto humano y, por supuesto, la enorme distancia que subyacen entre los países desarrollados y el tercer mundo.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2007

martes, enero 09, 2007

No time, no post

No tengo tiempo.
Nada. Ni un mísero minuto de relax. Obstruido, sin acceso a esta ventana de inmunidad mental y liberadora que es el Abismo. Y todo, por la coacción a la uno se somete cuando entrega su tiempo a una sola labor. La base de operaciones Refoworld está tomando forma, convirtiéndose en un cómodo y armonioso espacio de limpieza y desinfección absoluta gracias a los esfuerzos sobrehumanos de mi madre, que capitanea las labores de depuración e higiene dentro del nuevo piso.
Me encantaría ir mostrando el proceso, en imágenes, del incremento de pequeñas posesiones que vamos adquiriendo; la nueva televisión, el insigne y nuevo ordenador, las estanterías y muebles que estamos montando… Pero es imposible porque la cámara digital murió hace tiempo.
Aún así, prometo haceros un catálogo tipo IKEA de la nueva vivienda.

SS.MM.

Sus majestades los Reyes Magos se pasaron por el nuevo piso y dejaron unos agasajos festivos que reconfortaron mi ímpetu acumulativo de recuerdos nostálgicos y ciertamente ‘freaks’; una camiseta oficial del Athletic de Bilbao totalmente customizada y las figuras parlanchinas (bueno, sólo una) articuladas de Jay y Silent Bob de 12”.

viernes, enero 05, 2007

La película que cambió para siempre mi vida...

Durante todos estos años lo he sabido. Lo supe siempre. Esa ha sido la película que más me marcó.
Yo tenía tan sólo siete años y estaba enganchadísimo al cine gracias a Mari Carmen, mi madre, y a su empeño en volverme un ‘freakie’, a su ímpetu porque no perdiera ninguno de los ciclos que pasaban por La 2, en hacerme comprender lo vital que es el Séptimo Arte en esta vida. Era la época de mis primeras películas de Hitchcock, Welles, Hawks, Wilder y, sobre todo, de John Ford y sus westerns que yo luego reproducía con mi Fuerte Grand de Comansi con indios y vaqueros, pero subvirtiendo las tramas. Los aborígenes eran los héroes. Siempre era así, ganaban los indios…
Esto… vale, a lo que voy. Por aquel entonces había alucinado mucho con ‘Cristal Oscuro’, de Jim Henson. De hecho, con cada película que veía semanalmente en el cine. De entre todas, en aquel año 1982, descubrí la magia, encontré mi vocación, mi sueño... Encontré la película de mi infancia en ‘E.T. El Extraterrestre’. Y llegó, como no podía ser de otra manera, de la mano de Steven Spielberg. Las primeras notas musicales me hicieron sentir que estaba ante algo grande, ante una fantasía que me marcaría profundamente. Las inquietantes notas de John Williams y unas formas entre la maleza de un profundo bosque eran sólo el principio de una aventura inolvidable.
Y de repente... ¡una nave espacial! Enorme y esférica. Encajado en la butaca, sin respirar, se intuía lo que parecía ser un fulgor de lo que parecían ser pequeños corazones latentes. Tras esto, unos coches irrumpieron tras los árboles mientras la tensión aumentaba ¿Qué estaba sucediendo? El sonido de unas llaves colgadas en un pantalón definían un personaje amenazador. La nave, precipitadamente, se pierdía en el espacio ante su exposición a los ojos del ser humano. Sin embargo, habían dejado una de esas formas en el bosque. Por primera vez, el extraterrestre es mostrado de forma indefinida, asustado y perdido. Tras aquéllo, una pequeña casa residencial... Con siete años yo estaba acojonado, emocionado, sintiendo el cine como nunca antes lo había vivido en una sala cinematográfica.
‘E.T. el extraterrestre’ supuso para mí el primer encuentro con la sensación de haber visto algo irrepetible. Todo fue multidimensional, se enaltecía, se hacía enorme, conmovedor, provocando en aquel pequeño sensaciones que nunca había experimentado en una sala grande. Allí estaba Elliot (Henry Thomas), un niño como yo, con el gran sueño de todo chaval... Tras una amistad ganada por unos caramelos, Elliot tenía un extraterrestre en su habitación, explicándole la vida, la existencia, con sus juguetes; “esto es una hucha, para meter dinero, tiene forma de cacahuete, pero no se come...”, “estos son caramelos (y allí estaban los inmortales expendedores de PEZ), los caramelos sí se comen...”, “esto es comida ¿ves? los peces se comen la comida, el tiburón se comen a los peces, pero nadie se come al tiburón...”. Entonces empieza la simbiosis. Sólo con un bostezo te hacía entender que aquel ser viscoso y feo se había convertido en el alma del niño. En realidad, en nuestra propia alma. La historia me conmovió tanto que lloré. Era la primera vez que una película me hacía llorar. Me dejé llevar, sentía que estaba dentro de la película, que aquello me estaba pasando.
De súbito, sin saber muy bien porqué, tenía una madre preciosa llamada Mary (Dee Wallace), mi padre estaba en México, con otra mujer llamada Sally y le echaba de menos. Nunca le había visto, pero le echaba de menos. Y tampoco podía explicar la razón de tener dos nuevos hermanos; mi protector y mejor amigo, Michael (Robert MacNaughton) y mi hermana pequeña, la dulce Gertie (Drew Barrymore)... Todo era nuevo para mí. Posteriormente la he visto tantas veces que acabé por aprenderme cada frase, cada diálogo. Después de muchos años, la estudié plano a plano, llorando la nostalgia, echando de menos aquella época de películas comerciales, de cine de los 80. Desde entonces, ‘E.T.’ vive en mí. Como dice Elliot en la película “...él vino a mí..., él vino a mí...”. Yo, como una generación de críos, creo que esas palabras nos pertenecen y las hacemos nuestras.
Hace cuatro años, la reedición veinte años después me ha enfrentó de nuevo a aquel niño que soñaba con ser como Spielberg. Como tantos otros muchos, que siempre lo soñaremos de forma absurda e inconsecuente. Sentado de nuevo en una butaca de cine, después de verla tantas veces en mi VHS, me enfrenté a mi infancia, a mis mejores recuerdos. No sabía qué pasaría. Hacía mucho que no veía la película. Seguía manteniendo intacto el recuerdo, las frases, el desarrollo, cada movimiento de cámara y angulación… Y estar de nuevo viviendo todo aquello, me hizo volver a mi niñez.
Cuando Elliot tira la bola de béisbol al cobertizo empecé a rejuvenecer. Como en aquel mítico episodio de ‘En los límites de la realidad’ escrito por Richard Matheson fui haciéndome más y más pequeño hasta recuperar mis añorados siete años. Con estupefacción, comprobé que la ropa me quedaba grande, las gafas no me valían y no me importó porque no las necesitaba. El flequillo me caía por mis ojos llenos de lágrimas. Allí volvía a estar, con las piernas colgando en la butaca y con la boca abierta. Y volví a ser niño. Volví a ser feliz. Sentí cosas que de ninguna otra forma puedo volver a concebir.
La melancolía me invadió por completo. No pude evitar llorar varias veces en el transcurso de las dos horas que dura la película. Era una parte fundamental de mi vida, allí estaba la clave de mis sueños, de mi esperanza, de la magia que nunca volví a encontrar y tanto he buscado. Los dos hermanos en el garaje cogen una camisa. “Huele a papá...” dice Elliot. Michael la toma, la huele y dice “Old Spice, brisa marina...”. Elliot cruza el bosque mirando como anochece y le dice a E.T. que no van a llegar, y llega ese momento especial y personal que uno tiene en un pedestal de privilegio y memoria dentro de la historia del Séptimo Arte. En efecto, amigos; la bicicleta empieza a elevarse lentamente hacia el cielo y se abre paso sobre una llanura, surcando mágicamente la noche a través de una enorme luna llena. Elliot mira hacia abajo y suelta una carcajada, entre el miedo y la emoción, y ambos dibujan imagen vital para muchos de los que ahora ya no creen en la magia cinematográfica. Un plano nunca antes imaginado por nadie.
Aquel momento, las dos horas de hace cuatro años, fueron una catarsis de lágrimas que me llenaron otra vez de entelequia, de vida, de cine. Lloré como nunca había llorado antes. Cuando E.T. ve la televisión y reproduce ‘El hombre tranquilo’, de John Ford haciendo que Elliot actúe análogamente. O el segmento de la obra que describe a todos los niños de corazón, los que nunca envejecerán, simbolizados en la obra de James M. Barrie... ese libro que, desde muy pequeño, marcó mi concepción de la vida determinando lo que soy. Aquel fragmento...
- Mira, Wendy, cuando el primer bebé se rió por primera vez, su risa se rompió en mil pedazos y éstos se esparcieron por todo el mundo y ése fue el origen de las hadas. Y así, debería haber un hada por cada niño y por cada niña.
Era una conversación aburrida. Pero a ella, que no conocía mucho mundo, le gustaba.
- ¿Debería? ¿Es que no hay?
- No. Mira, los niños de hoy saben tantas cosas que dejan pronto de creer en las hadas y cada vez que un niño dice “no creo en las hadas”, algún hada cae muerta...
- ¿Eso se podría curar si todos creyéramos en las Hadas a partir de ahora?
Y entonces Mary le dice a Gertie siguiendo con la narración “¿...Crees en las hadas? Rápido di: sí creo” y la pequeña, excitada, dice “sí creo, sí creo...”. Y la madre le contesta “Entonces batid palmas...” y madre e hija aplauden al unísono. Mientras, E.T., tras curarle milagrosamente el dedo ensangrentado a Elliot, mira escondido a través del armario. Y ambos empiezan a quedarse dormidos... Es imposible, hoy en día, evitar añorar, de echar de menos aquellos tiempos, aquélla película. En el momento en que E.T. observa a un niño disfrazado de Yoda y se encamina hacia él “...mi casa... mi casa...”.
En el bosque, después de haber llamado, por fin, a su planeta... Elliot llora porque no quiere que se vaya y E.T. intenta con su dedo luminoso curarle. Y, a partir de ahí, el drama, el sufrimiento ¿Por qué Spielberg me hacía eso? ¿Por qué perdían a E.T.? Elliot llega a casa con una fiebre terrible y su madre le reprende. Elliot mira a Michael y le dice que si está allí... Michael niega y le pregunta “¿Dónde está?” Elliot dice “Tienes que encontrarlo, Mike, en el bosque, en el claro de la colina, tienes que encontrarlo...” y medio corazón se te queda en la película, porque la sientes, porque un niño de siete años no puede soportar tanto dolor y tristeza.
E.T. llega enfermo, descolorido... La última vez que la vi, todavía me ha seguido impactando la secuencia en la que Mary llega a la cocina y suelta la taza de café, cuando Elliot le dice “...mamá... nos estamos muriendo” y E.T. grita como puede “mamaaaaa...”. Luego la acción entre en conjunción y sincronía con el drama. Los hombres de la NASA como amenaza. Un niño que no tiene padre, no tiene amigos, necesita algo que se está yendo, Elliot está muriendo por dentro por primera vez en su vida... Y es cuando llega el éxtasis de la emoción, del drama humano. E.T. acaba de morir.
GERTIE
Mamá-- ¿puedo desear que vuelva?
MARY (empezando a llorar)
Sí, hija mía.
GERTIE (llorando)
Lo deseo--
MARY (aferrándose a su hija)
Yo también, cariño--
O el monólogo de Elliot, arropado con una toalla blanca, ante la cápsula de E.T. recién fallecido...
ELLIOT
Mira lo que te han hecho--Me da tanta pena.
Debes estar muerto, porque yo no sé cómo sentirme. Ya no puedo sentir nada-- Ahora irás a otra parte. Yo creeré en ti toda mi vida-- todos los días.
E.T. te quiero--
Esta última frase la llevaré conmigo, en mi corazón. Porque hasta día de hoy no la he olvidado. Ha dado sentido a muchas cosas. Luego llegaba la magistral persecución con las bicis, el nuevo vuelo y el final, el desenlace, el esperado ‘happy end’. Ver esta película es reencontrarse con un parte olvidada de nuestro pasado. Por lo menos en mi caso, es una de las experiencias fílmicas que me hacen recuperar a aquel niño soñador que todos llevamos dentro. Sé que el texto ha sido extenso, incluso algunos habrán dejado la lectura a la mitad, pero a buen seguro que aquellos que hayan tenido en la cabeza la inmortal música de John Williams habrán disfrutado algo este nostálgico recuerdo de un freakie que echa de menos ser pequeño, aunque sea una vez más. En el año en que se cumplen veinticinco años, un cuarto de siglo, no es tarde para que todo aquel que quiera, remonte el vuelo en bici con ese extraterrestre.
Yo, por mi parte, sigo amando esta película porque, hace muchos años, me ofreció mucho más de lo que suele dar un filme. Nunca le estaré a Spielberg y a Melissa Mathison lo suficientemente agradecido por darme aquello. ‘E.T. el extraterrestre’ ha dejado de ser una película para convertirse en un sentimiento.
Un abrazo para tod@s y recordad: “Sed buenos... Estaré aquí mismo”.
FELIZ DÍA DE REYES

jueves, enero 04, 2007

Semana de limpieza

La minuciosa limpieza y saneamiento de la nueva vivienda que hará en breve las veces de páramo de independencia, está siendo dominante, casi tiránica, por lo que el tiempo se revoca totalmente para hacer cualquier otra cosa que no sea la apagada dedicación profesional y, sobre todo, las tareas típicas de estas fechas festivas; que si buscar regalos, que si no se encuentra eso que haga feliz a todos…
Como consecuencia, la quietud involuntaria del Abismo. Y eso que todavía queda la mudanza.
En cualquier caso, mañana prometo un regalo de Reyes en forma de mítico 'post' para nostálgicos. Estad atentos a este espacio porque merecerá la pena.
P.D.: Gracias por tu inmenso esfuerzo e inabarcable energía, mamá.
P.D.2: Hubiera puesto una foto del proceso, pero se me ha estropeado la cámara.
P.D.3: Un consejo; jamás os compréis una cámara digital Kodak, es execrable inmundicia tecnológica.