domingo, 26 de febrero de 2006

Manías absurdas

El amigo David F.F., de ‘Aquí huele a azufre’, me emplazaba hace poco a seguir una de esas inagotables cadenas que suceden improbables respuestas por parte de quienes responden y atienden a este pasatiempo ideal para momentos de ocio lúdico. Como hoy domingo, por ejemplo.
Se trata de ‘5 manías ocultas’ representativas de aspectos recónditos y, porqué no decirlo, bastante superfluos, que envuelven cualquier personalidad. Manías que, en mi caso, como no podía ser de otro modo, carecen de lógica y van contra de cualquier regla y doctrina habida y por haber.
Mis nada extravagantes manías pensadas de forma inmediata son las siguientes:
1.- Leer mientras cago
Sí, amigos. Esta extraña e ibérica afición de praxis lectora en el excusado no responde a una manía ‘literaria-escatológica’, si no al énfasis educativo que me lleva a devorar libros, revistas, cómics e incluso catálogos de venta de grandes centros comerciales en cuanto tengo un lapso de tiempo libre. Puede resultar desagradable, pero es que es así. No puedo defecar si no leo. Qué le voy a hacer.
2.- Camisas de cuadros / camisetas negras
Es la más reconocida característica dentro de mi anacrónica vestimenta. En mi armario se acopian todo tipo de camisas de cuadros, de colores, estilos y condición. Las camisetas negras, con motivos de culto o carteles de películas o cómics es otra de esas filias que he ido desarrollando a lo largo de los años. Anclado en los 80, mi atuendo ha seguido inmutable resistiendo a las efímeras modas de tonalidades y estilos. Qué triste.
3.- Carnet de conducir
No tengo carnet de conducir. Y tampoco, rebasada ya la treintena, veo la necesidad y/o posibilidad de sacármelo. Hitchcock decía que no conducía porque así evitaba tener ningún tipo de contacto con agentes de policía. En mi caso se dio coincidencia en un veredicto cabalista en distintas épocas por parte de dos presuntos leedores de cartas que se empeñaron en jugar a la quiromancia conmigo y llegaron a la conclusión, en plan oráculo absurdo, de que yo moriría conduciendo un coche. Menos mal que nunca me ha llamado la atención el mudo automovilístico.
4.- El frío
Adoro el frío. Me encanta la sensación de aterimiento gélido, el vaho que se exhala en los helados días de invierno, la sensación térmica que provoca témpanos de hielo con cada gota de agua. Desde pequeño me ha gustado el frío, la niebla, la precipitación en forma de temporal. No sé porqué extraña razón. La única ventaja que le veo al verano y el calor en contra del invierno es la posibilidad de ir a todos los sitios en pantalón corto. Otra de esas prendas que me fascina.
5.- Demencia cinematográfica
Últimamente me he descubierto, con estupefacción, pensando introspectivamente en medio de algunas de las películas que veo, cómo filmaría yo algunas de las secuencias que pasan por mis ojos durante la proyección; “Esto lo filmaría de tal manera”, “una grúa aquí sería resolutiva” o “yo eliminaría ese plano e introduciría un travelling con ‘steady’”… son algo normal en mi desvarío cinematográfico. También llevo años apuntando en un cuaderno planos y secuencias que me llaman la atención de clásicos y no-clásicos. Es incoherente y absurdo. Como yo mismo.
Ahora se supone que debería elegir cinco personas con blog para seguir con esta cadena. Pero os voy a ahorrar el trago.

No hay comentarios :

Publicar un comentario