sábado, 17 de febrero de 2007

La tapa de yogurt

Este yogurt caduca hoy mismo. Lo que me ha recordado, por la fecha, que hoy también es mi cumpleaños.
Se dice que el número de años vividos determina el número y calidad de las experiencias y hábitos que afectan de forma directa a nuestro modo y riqueza de cumplir años. Esta actividad es la primera de otras que irán programándose para abordar cómo podemos pensar, sentir y comportarnos, con el fin de lograr la calidad de vida deseable. La calidad de vida a cualquier edad del ciclo vital está asociada a aspectos normativos y no-normativos que inciden en la persona (físicos, psicológicos y sociales), por lo que debemos atender a todos ellos para afrontar el natural proceso de envejecimiento, saludablemente.
¿A quién le importa esta sarta de gilipolleces cuando a uno ya ha dejado de importarle cumplir años?
En este momento, en el momento de cumplir los 32, habiendo pasado la tercera década sin ningún atisbo de crisis, me he dado cuenta de que el tiempo parece haberse parado, poco menos que en los 25, pues aquello que rodea mi vida (en lo personal, en lo creativo, en lo vital y en lo físico) está encauzado en la tranquilidad e indiferencia que concede el desprejuicio. Todo ello, pese a tener menos pelo, más barriga, encontrar alguna que otra cana (sobre todo en la barba) y padecer algún achaque hace años imaginable. Como decía en este mismo Abismo el año pasado, lo verdaderamente importante es cumplir años con alegría, empezando a asumir que los cumpleaños son una fiesta, una progresión de peldaños hacia el conocimiento de uno mismo, hacia la sabiduría y el respeto por la vida y el acercamiento a la felicidad.
Tengo 32 años, pero estoy hecho un chaval que vive la vida como si tuviera 18, conservando la misma ilusión por todo y aprovechando los momentos de diversión como si fueran los últimos.
Resumido en una sola frase: “Me lo tomo con calma”.
Porque yo lo valgo.