jueves, 28 de diciembre de 2006

Inocentada ferpecta

“Nosotros sabíamos que era una verdadera fanática de los fenómenos paranormales y dijimos “vale, vamos a juntar un crimen y un fenómeno paranormal por el mismo precio, sólo para ella”. Pero llevamos la broma demasiado lejos y se puso a morir. En cada broma había un gancho, por lo general un amigo del embromado, alguien en quien podía confiar, que le llevaba al lugar elegido; un restaurante, una agencia de publicidad, lo que fuera. En este caso el primer escenario era la consulta de un dentista en el barrio de Salamanca.
Una amiga de Margarita Landi le pide que la acompañe al dentista porque le da pánico ir sola. Quedan directamente en la consulta, calle tal, piso cual. Elegimos el barrio de Salamanca porque la consulta tenía que estar decorada en el más puro estilo años 50, como si el tiempo se hubiera detenido, ahora verás porqué, y resultar verosímil. No se podía montar esa broma en un edificio moderno. Y la ambientación debía de ser muy sutil, porque incluso había revistas de la época, pero ella no tenía que vedas en seguida.
Llega la Landi y resulta que su amiga no está allí. Pregunta, y el dentista, que es un vejete cascarrabias, le dice que ya debería haber llegado, que se le va a pasar el turno. La dejamos sola en la sala de espera y cuando está a punto de fijarse en las revistas aparece una mujer vestida como Amparo Rivelles que cruza por su lado y le dice “Tenga mucho cuidado, porque aquí morí yo”. Antes de que la Landi tenga tiempo de reaccionar, la mujer misteriosa se esfuma por una puerta y por la otra entra el portero (otro actor, claro) diciendo que su amiga está abajo y que no se atreve a subir. Sacamos a la Landi de allí con ese pretexto y es el momento en el que, en menos de diez minutos, un equipo de cincuenta tíos ha de transformar la consulta en un estudio de diseño de los 90. El espacio era una caja, de la que llegamos a cambiar incluso el suelo y el techo; un trabajo de altísima artesanía.
La Landi convence a su amiga de que suban juntas al dentista, llaman a la puerta y se encuentran con el estudio de diseño. Y el que abre la puerta es el mismo actor al que antes habíamos caracterizado de viejo dentista y que ahora resulta ser su nieto. Pero la Landi no le da tiempo para que suelte su monólogo. Dice Perdone, creo que nos hemos equivocado de piso y sube al siguiente. En el piso de arriba hay otra actriz, una anciana que le dice “Sí, hubo un dentista en el piso de abajo, pero de esto hace más de veinte años. Su nieto se quedó el local. Por cierto... ¿Usted no es Margarita Landi?”. Entonces la vieja le dice que ella también es una apasionada de las historias de crímenes y que en la consulta de ese dentista hubo un terrible asesinato en los años 50. "Ya verá, espere un momento. Por algún lado debo tener los recortes". La Landi pica el anzuelo y la vieja vuelve con un falso recorte de periódico en el que aparece la mujer que le había dicho “aquí me morí”, tendida en el suelo de la consulta, en un charco de sangre y con un cuchillo clavado en el pecho.
No te puedes imaginar la cara de la Landi al reconocer a la mujer de la foto.
Estábamos viéndolo y escuchándolo todo por el monitor y dábamos saltos. “¡Increíble, se lo ha tragado!”. Pero fue mucho más que tragárselo. Durante la conversación con la vieja habíamos vuelto a cambiar la decoración de la casa, de modo que cuando bajan y llaman de nuevo aparece otra vez la consulta de los años 50. En ese momento, Margarita Landi se da cuenta de que tiene ante sus narices lo que ha estado persiguiendo toda su vida: Un verdadero fenómeno paranormal. Cada vez más excitada, le explica a su amiga que han entrado en una falla espacio-temporal.
“¿Pero no te das cuenta? ¡Estamos en los años 50! Mira, mira a tu alrededor; la decoración, esas revistas...” ...Ahí era donde teníamos que haber acabado la broma. Y ahí fue donde nos pasamos, porque hicimos aparecer a la mujer asesinada como un fantasma cubierto de sangre. La Landi, enloquecida, empieza a gritarle al fantasma: “¿Qué quieres de mí? ¿Qué quieres de mí?”. La amiga, que tenía que decirle que ella no veía nada de nada, se queda muda e intenta calmada. Yo me pongo a gritar por el walkie: “¡Venga, fuera, cortamos! ¡Paradlo ya!”.
El fantasma da media vuelta y sale con el ramo de flores y el emblema de «Inocente, Inocente»... y a la Landi le da el ataque. Empezó a rugir “¡HIJOS:DE PUTA! ¡HIJOS DE LA GRAN PUTA!” como si estuviera poseída. No hubo forma de calmada. Se encerró en el lavabo y tardó más de una hora en salir. Nos quería matar a todos. Lo habíamos planeado como un “Twilight Zone” a la madrileña y acabó siendo un mal rollo alucinante.
Historia de Álex de la Iglesia.
Extracto del libro ‘La bestia anda suelta’.
Autor: Marcos Ordóñez .
Editorial: Glénat.
Año: 1997.