viernes, septiembre 29, 2006
Recién terminado el pertinente visionado de ‘Deadwood’ (excepcional serie de la que habrá que explayarse un día de estos) y antes de comenzar la otoñal bizarría maratoniana de tragarme series de gran calado fenomenológico como la segunda temporada de ‘Lost’, la quinta de ‘24’, ‘Prison Break’, iniciarme en ‘The Shield’ y ubicarme como se merece en ‘Curb Your Enthusiasm’, de Larry David, ha captado toda mi atención el tardío descubrimiento de ‘Scrubs’, serie creada por Bill Lawrence para la NBC, donde ese subgénero de ‘hospitales’ se afronta desde una perspectiva distinta, en la que el humor negro se mezcla con las interrelaciones, la deontología profesional y algo de edulcorada moraleja a través de la voz en off de su principal bastión, el joven doctor interino, un médico residente llamado John Dorian (interpretado por Zach Braff –que ya sorprendió en su debut cinematográfico 'Garden State'-).
‘Scrubs’ juega en mucho terrenos, sabiendo operar dentro de los géneros en que podría clasficarse, lo que convierte a esta creación televisiva en una serie inclasificable. ‘Scrubs’ aborda sin complejos la genuina ‘sitcom’, el drama circunspecto, la seriedad de contenido clínico, el surrealismo alucinatorio y la excentricidad de muchos de sus personajes, que escapan al estereotipo con gran facilidad desde el primer episodio; el compañero de facultad, de trabajo y de piso, un cirujano llamado Turk, la dubitativa Elliot Reid (qué descubrimiento Sarah Chalke), el infame Dr. Bob Celso y ese anticipo de Jerry House que es el sarcástico y despreciativo Dr. Cox, sin olvidar a la sosa Carla y a un hosco encargado de la limpieza que odia al protagonista. La serie, dividida en capítulos que apenas alcanza los 20 minutos, transcurre con una perfecta cadencia diligente, que condensa sus tramas sin necesidad de alargarlas hasta la extenuidad ni buscar subterfugios trascendentales, como sucede en otras series de pretenciosa compostura argumental.
Conflictos entre ética y praxis, dudas médicas de comprometida respuesta, escatología, humor cabrón y cínico, planteamientos vitales de fondo humanista, una mirada delineada en la propensión a soñar despierto que tiene Dorian (algo que recuerda, indefectiblemente, a ‘Ally McBeal’) o la diatriba de los hospitales americanos entre el mercantilismo y la justicia moral son sólo algunos de los elementos que reúne esta serie que, en ningún momento, recurre a falsarias técnicas de guión o externas (como la utilización de risas enlatadas) para crear un submundo alucinógeno donde el divertimento y la reflexión tienen cabida.
Nunca es tarde para descubrir esta pequeña maravilla catódica.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 12:59 |


<< Principal

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
ARCHIVO

- septiembre 2004
- octubre 2004
- noviembre 2004
- diciembre 2004
- enero 2005
- febrero 2005
- marzo 2005
- abril 2005
- mayo 2005
- junio 2005
- julio 2005
- agosto 2005
- septiembre 2005
- octubre 2005
- noviembre 2005
- diciembre 2005
- enero 2006
- febrero 2006
- marzo 2006
- abril 2006
- mayo 2006
- junio 2006
- julio 2006
- agosto 2006
- septiembre 2006
- octubre 2006
- noviembre 2006
- diciembre 2006
- enero 2007
- febrero 2007
- marzo 2007
- abril 2007
- mayo 2007
- junio 2007
- julio 2007
- agosto 2007
- septiembre 2007
- octubre 2007
- noviembre 2007
- diciembre 2007
- enero 2008
- febrero 2008
- marzo 2008
- abril 2008
- mayo 2008
- junio 2008
- julio 2008
- agosto 2008
- septiembre 2008
- octubre 2008
- noviembre 2008
- diciembre 2008
- enero 2009
- febrero 2009
- marzo 2009
- abril 2009
- mayo 2009
- junio 2009
- julio 2009

refoyo.com


overlook

MIGUEL . REFOYO ‘REFO’
MYRIAN TRUJILLANO

© 2004 - 2009


parental      rating