martes, mayo 31, 2005
Recuperando una de las secciones más abandonadas del Abismo, el SMP (el último análisis fue el de Melendi) vuelvo a la carga con una nueva entrega de este apartado de estúpido análisis televisivo.
No entiendo muy bien el último anuncio de la conocida marca de compresas EVAX. Consideremos la situación: de una charca, como las ranas, emerge nada más y nada menos, que Cecilia Roth, refiriéndonos con su 'españolizada' voz en off a lo de todas las actrices y modelos que proporcionan su imagen para estos ‘spots’, que con estas compresas una chica alcanza, casi como quien dice, la plena felicidad en forma de despreocupación.
No voy a entrar a valorizar el fondo y la forma del anuncio comercial. La cuestión que me inquieta es: ¿Por qué no se puntualiza que el anuncio hace referencia a la línea de EVAX que sigue los pasos de INDASEC, ese ‘salvaslips’ para pérdidas leves que protagonizaba Concha Velasco?
¿Por qué no se detalla? Si la menopausia es una forma natural del hipogonadismo. Y la Roth ya es muy mayorcita como para proclamarse una madurita. Digo yo.
¿Acaso no debería tener el ‘spot’ un perfil estético menos juvenil y sin tanto boato adolescente para vender un producto elaborado para subsanar la incontinencia y la pérdida de estrógeno y progesterona?
A menos de que me equivoque y el anuncio no concierna a este tema. Algo que sería aún más denigrante para la actriz argentina.
Que alguien me lo explique.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 21:42 |


Nuestro gran amigo Woed estaba en lo cierto.
El cartel de la secuela de ‘La matanza de Texas’, de Tobe Hooper, sigue con divertida simetría el original perteneciente al de ‘The Breakfast Club’.
Una curiosa dedicatoria la de Hooper a John Hughes que, al menos yo, desconocía.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 12:57 |


La humildad de unas vidas cruzadas
Jose Cobracho y Juan Cruz aportan con su obra debut una diáfana mirada a unos personajes urdidos bajo una tierna y honesta mirada.
No hace falta ser ni ser escéptico ni pesimista para determinar lo mal que anda el cine español últimamente, identificable en la falta (o carencia, mejor dicho) de buenos títulos en un aciago año en el que la cinematografía nacional ha perdido una inconcebible parte de su audiencia. Nuestro cine está en una profunda crisis. Bien merecida, por otra parte. Es una triste realidad, dada la falta de aptitudes de las películas españolas que se estrenan. Por eso, con la llegada de un filme como ‘Tapas’, que sin ser una obra de esplendorosa sí está a la altura de las circunstancias, es de recibo elogiar la magnífica labor de Jose Corbacho y Juan Cruz al plantearle al espectador una película tan natural y sencilla como comprometida con sus humildes propósitos. Los premios y el reconocimiento acopiados en el reciente festival de cine español de Málaga no son más que la equidad unánime a un filme que, sin grandes alardes de ningún tipo, reúne la calidad suficiente como para merecer ser el mejor filme español en lo que va de este apático 2005, lo cual también trasluce el adverso estado del cine patrio.
Muy al contrario de lo que se pueda pensar debido a la procedencia televisiva de sus directores, ambos procedentes del Terrat, un lenitivo de ocio catódico con sus programas ‘Buenafuente’ y ‘Homo Zapping’, ‘Tapas’ se aleja del humor en forma de ‘gag’ para adentrarse desde su prólogo en el naturalismo urbano, en la realidad de un barrio cualquiera (en este caso L'Hospitalet, distrito común de sus creadores) durante un verano sin definir. A lo largo de su armonioso metraje se entrelazan la vida de siete personas que viven como pueden sus contrariedades, ambiciones, recelos y temores. El dueño del bar de la esquina que se ve abandonado por su mujer, los jóvenes desorientados con ganas de vivir, una torturada alma solitaria necesitada de afecto y una pareja de jubilados que se enfrenta a la muerte reciben por parte de Corbacho y Cruz una necesaria dosis de autenticidad y humanidad que dispensa un agradecido efugio del tópico con el que han sido construidos. La gran virtud de esta ‘opera prima’ reside así en la facilidad de empatía que se establece entre caracteres y público, por encima de cualquier grandilocuencia, de la sencillez de la propuesta sin más pretensión que la de narrar con una equilibrada armonía una historia que sabe fusionar los códigos del drama y la comedia, amparados ambos géneros en un entorno de melancolía, extensivo a su logrado espíritu de fábula agridulce y suburbana.
‘Tapas’ es una íntima aproximación a la sensibilidad de unos personajes creados con sabiduría, con la manifestación realista apuntada en sus diálogos y situaciones, brindando emociones devenidas en el humor, la ternura o el melodrama de animales heridos que sufren y padecen la soledad, la esperanza, el amor o la muerte. Para ello, Cruz y Corbacho modulan bajo la reposada lentitud de los pequeños instantes de estas vidas cruzadas, un ritmo sosegado, paliativo, sin desavenencias formales de ningún tipo, dejando cualquier presunción al margen y consiguiendo en último término que todo fluya en un cauce de cierta esplendidez cinematográfica. Una sencillez expositiva que cuenta con la confabulación de unos intérpretes en estado de gracia; desde la portentosa efectividad de Ángel de Andrés, pasando por la lección de temple de esa magnífica e ignorada actriz como Elvira Mínguez (posiblemente la mejor intérprete española desde hace más de una década), la insuperable calidad de la pareja de veteranos formada por María Galiana y Alberto de Mendoza, llegando a la frescura de Darío Paso, Rubén Ochandiano y Alberto Jo Lee.
Todos los elementos parecen concordar para el éxito de esta pequeña comedia que, si bien tiene algún que otro error (incluir excesivos y reconocibles ‘cameos’ televisivos que distraen la atención del espectador o los habituales y justificables en un debut), desde la simplicidad y la honestidad de su escasa ambición, alcanza la finalidad de llegar al público mediante la valiosa recreación de las preocupaciones e ilusiones de unos personajes con vida que comparten un espacio y ansiedades de distinta tipografía.
Miguel Á. Refoyo © 2005
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:05 |


lunes, mayo 30, 2005
El antes y el ahora.
Dos décadas no es nada.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 15:58 |


Película de culto para una generación que se postra ante su áurea de filme referencial, ‘El Club de los cinco (The breakfast club)’ -que tuvo su especial en el Abismo- es una obra entrañable que supo definir el estado de una progenitura adolescente descaminada en su desconcierto, en la pérdida de la ilusión y la apatía por conseguir las metas existenciales.
La mejor película del tótem cinematográfico de John Hughes, paladín de las ‘teenager movies’ de los 80, es noticia gracias a ese coliseo multimedia que es la muchas veces insubstancial cadena MTV. El canal tiene planeado reunir a sus protagonistas en sus premios anuales que conforman una de las galas más sugestivas, entretenidas y vistosas de la televisión americana con motivo de las dos décadas que tiene esta imprescindible película.
Así, a excepción de Emilio Estevez, que no ha confirmado su asistencia, Molly Ringwald, ese mito inolvidable que es Ally Sheedy, Anthony Michael Hall y Judd Nelson rememorarán viejos tiempos cumpliendo un imprescindible homenaje a esa cinta que tanto nos ha marcado el próximo 9 de junio.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 13:43 |


domingo, mayo 29, 2005
Imaginad por un momento a John Rambo, el ex boina verde estigmatizado por la Guerra de Vietnam y que tan bien simbolizó la doctrina de la Era Reagan durante los 80, readaptado a la sociedad, en la América actual. Rambo tendría una familia. Una mujer y una hija incluso. A pesar de estar retirado de la vida militar, su condición de versado combatiente a un nivel sobrehumano le implica a una colaboración esporádica con el Ejército.
Alejado en las afueras de las grandes ciudades, un buen día Rambo se ve obligado a volver a la lucha, cuando un grupo de racistas cismáticos secuestran a la hija de un Indio Navajo a la que deberá rescatar, imponiendo su ley e impartiendo la justicia como sólo él sabe hacerlo.
Podría ser el ‘plotline’, el argumento, vaya, de la cuarta parte de ‘Rambo’, uno de los proyectos que Silvester Stallone lleva manejando hace años.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:39 |


Wieden & Kennedy fue la responsable de este anuncio dirigido por Fincher bajo el título ‘Karma Instant (Versión 1)’, visualización deportiva de la letra de la archiconocida canción de John Lennon para la multinacional ‘Nike’, una de las marcas que más dinero invierte en sus campañas de publicidad, cuidando particularmente sus anuncios televisivos.
De nuevo la estética oscurantista, las panorámicas claustrofóbicas de tonalidades ocres, maceradas de una inquietante acuosidad, es el contrapunto perfecto para enhebrar ese trasfondo deportivo y de superación que se percibe en un anuncio definido por su optimismo sensorial.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:25 |


sábado, mayo 28, 2005
Una de las modas más actuales y turbias que han emergido en la civilización moderna, en este espacio social que nos mueve a inventar maneras de simplificar el ostracismo que nos rodea, es el ‘tunning’, esa inextricable afición que se fundamenta en la customización de una de las preciadas posesiones del ser humano: su automóvil.
Una nueva filosofía de vida que supone un peldaño entre el pret-a-porter, la estética hortera y el deseo de expresar la individualidad rayana en el ridículo, personalizando y transformando los vehículos, acción derivada por la fantasía de aquellos enardecidos que buscan una novedosa forma de expresión automovilística.
Lo que muchos no saben, es que más allá de esta incomprensible tendencia a la ornamental chocarrería, hay otro tipo de influencias sobre el movimiento del automóvil entendido incluso como arte contemporáneo, tipificando esta corriente con una excepcional personalidad, creando curiosos coches de museo. Un ‘tunning’ muy disímil al que estamos acostumbrados a ver.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 15:56 |


Un programa sin ritmo, sin gracia, de inexistente humor basado en la estulticia de unas pretensiones perdidas en una sucesión de ‘sketchs’ de laxa consistencia.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 14:40 |


viernes, mayo 27, 2005
Una espléndida impronta del mejor ‘gore’.
El, hasta ahora, debutante Zack Snyder recuperó, hace menos de un año, la pureza más genérica del ‘gore’ en un ‘remake’ superando al original de George A. Romero.
Cuando en 1969 George A. Romero se sirvió de las obras literarias ‘Soy leyenda’, de Richard Matheson y de la desconocidísima obra de culto de Sidney Salkow y Ubaldo Ragona ‘The last man on Earth’ para crear la obra maestra ‘La noche de los muertos vivientes’, nadie podía imaginar que aquella cinta se convertiría en una de las películas más influyentes del cine contemporáneo. Y más teniendo en cuenta que originó un género tan difícil como postergado: el ‘gore’, el terror sangriento, el 'splatter’ basado en los efectos de casquería y en el exceso de vísceras. Su planteamiento estético y formal, supuso la destrucción de los expirantes cánones del cine de terror de la época. Una obra maestra que trocó las estructuras vigentes del terror y le dio una nueva perspectiva a este sublime subgénero, haciendo que el propio arte no volviera a ser el mismo jamás. Romero afianzó su propia leyenda cerrando una irregular pero sugestiva trilogía al ofrecer dos películas más como ‘Zombie’ y ‘El día de los muertos’ (a la espera de 'Land of Dead').
Cuando el ‘splatter’ actual se había diezmado a producciones de terror ‘teenager’, compuestas por una laxa propensión al esteticismo del nuevo ‘body count gore’ resucitado por Wes Craven y Kevin Williamson en sus sagas ‘Scream’ y ‘Sé lo que hicisteis el último verano’, por el reajuste ‘soft’ de fórmulas funcionales como en las recientes ‘Jeepers Creepers’, ‘Km. 666’, ‘La casa de los 1.000 cadáveres’, la revisitación del cine de zombies de Danny Boyle en la excelente ‘28 días después’ (con la que ‘Amanecer de los muertos’ comparte unos zombies que corren, son ágiles y atacan con gran ferocidad) y el ‘remake’ de ‘La Matanza de Texas’, se permitió descubrir un evento casi imposible de encontrar en el Séptimo Arte: que uno de estos ‘remakes’ supere con creces la versión original. La segunda parte de la trilogía de Romero ‘Zombie’ es el fundamento sobre el que se basa esta nueva versión titulada ‘Amanecer de los muertos’ que, mucho más allá de la simple clonación, ofrece una de las mejores muestras de cine ‘gore’ de los últimos años, superando a su predecesora y acopiando las mejores virtudes de la primera cinta de la saga de los zombies, fusionándola con la apuesta del mejor cine de acción y terror que se pueda esperar en una película como esta.
Zack Snyder realizó un excelente y prometedor debut que narra cómo una inexplicable plaga ha diezmado la población del planeta, convirtiendo a los muertos en zombies que buscan carne y sangre humana para sobrevivir. En Wisconsin, un grupo de supervivientes compuesto por una enfermera, un estoico policía, un vendedor de equipos electrónicos y un chico duro de la calle con su embarazada esposa busca refugio en una fortaleza típica del final del siglo XX, un centro comercial abandonado donde deberán aprender no sólo a protegerse de las hordas de zombies sino también a coexistir como el último reducto de la humanidad.
Partiendo de esta premisa, dos cosas tiene en común este ‘Amanecer de los muertos’ con la original; la invasión de zombies y la presencia de un gran centro comercial como un alcázar de refugio de los protagonistas, que sigue metaforizando el consumismo y el centro de recreo vacuo e intrascendente de la sociedad moderna. Por lo demás, esta nueva versión del clásico de Romero promueve una situación totalmente infrecuente en el cine comercial de Hollywood. Y ahí basa sus mejores virtudes, en su etiqueta de cinta comercial atípica, como ofrenda al mejor cine ‘gore’, sin excusas ni engaños, brindando una diletante película de género donde el suspense, el terror en estado puro y una abundante dosis de violencia en la que no se escamita la profusión de mutilaciones, vísceras y mucha hemoglobina realizada con un potente estilo visual y sobresaliente capacidad narrativa. La eficacia que convierte esta versión en una ‘rara avis’ dentro del cine de terror actual es su alto componente radical, disoluto y respetuoso con los dispositivos genéricos ricos en lecturas y camuflados en la sangre fácil y la acción de infrenable ritmo que arranca con uno de los más feroces y enérgicos prólogos vistos en muchos años y que concluye con uno de esos epílogos que dejan al espectador anclado en la butaca.
Bajo esa aparente inocuidad, Snyder dignifica su propuesta con una nueva visión del discurso del cine de ‘muertos vivientes’. Si las antecesoras se centraban en una sociedad descompuesta representada en la alienación y deshumanización de un grupo de personas que, bajo presión (las tribus amenazantes), se contagiaban de odio entre ellos convirtiéndolos en su propia amenaza, en esta más que estupenda ‘Amancer de los muertos’ la amenaza real está fuera, como un simbolismo del miedo y terror actual norteamericano. Por eso, no es extraño que las primeras imágenes que ofrece en formato televisivo sean musulmanes rezando o las guerras que asolan nuestra conciencia colectiva. Los protagonistas de esta nueva visión de ‘Zombie’ son héroes que intentan sobrevivir, manteniéndose unidos ante el peligro exterior.
Los tiempos han cambiado y por eso la probidad de esta nueva ‘cult movie’ reside en haber sabido subvertir el género a su propio estilo, dejando que la ilusoria película vital y optimista que se desarrolla no pueda tener un final más inesperado, apocalíptico y descorazonador como el que tiene. Además, la autocrítica sigue siendo la mejor herramienta de este tipo de cine, sabiendo reflejar en todo momento la estupidez yanqui, significada en el egoísta encargado de seguridad que acaba dando su vida por el grupo, en la amante de los animales que pone en peligro a sus compañeros por un estúpido perrito o en la obsesión familiar del cabeza de una nueva familia interracial. Pero si por algo destaca este aspecto cínico de la sociedad de masas es la malévola secuencia en la que, bajo las notas del ‘Down With The Sickness’ de Richard Cheese, se sustituye la felicidad por todo aquello que encuentra el grupo en el centro comercial (sexo, amor, comida, diversión, diálogo y un humorístico e inhumano juego de tiro al blanco) que ejemplifica el vacío de la actual cultura moderna. El centro comercial se convierte así en el máximo representante de la decadencia capitalista. Por ello, no deja de ser irónico que los zombies se encaminen en masa hacia este recinto por “un instinto, ya que este lugar era muy importante en sus vidas”, como dice uno de los protagonistas.
El guionista James Gunn apuesta por inventar más personajes que en la original, algo que dificulta el desarrollo de cada uno de los protagonistas. Y esto, que podría verse como un error que impide esa transformación de los roles, se transforma aquí en acierto al ceñirse exclusivamente a la acción sin pausa, a la frenética cadencia de las situaciones que se encadenan en un ambiente claustrofóbico donde la desesperación y la locura son paliadas con unos personajes que siempre toman decisiones con sentido común. Algo inusual en el cine de terror. Aquí no hay bondad, ni maldad. Hay miedo. Un elemento clave para entender ‘Amanecer de los muertos’. La infección de los zombies no es la deshumanización, sino el pánico que ahonda en nuestras conciencias en esta época de desconfianza y maldad, de guerras y de desatención por parte de Gobiernos infieles y autocráticos que reinan el mundo. Para ello, basta destacar el momento en que se aleja el helicóptero de las fuerzas armadas cuando ven a los desolados protagonistas en lo alto de la azotea del centro comercial. Dejándolos solos y al amparo de su suerte.
Por todo lo demás, ‘Amanecer de los muertos’ es una plétora de habilidades en la que predomina un intuitivo sentido visual que consigue con su perfecta planificación aprovechar al máximo el impacto de las múltiples escenas de acción a unos niveles de estética y violencia pocas veces apreciables en un género que ha resucitado con este ‘remake’ no exento de momentos de humor bastante cínicos y divertidos. Así, se pueden contemplar escenas de vísceras y destrucción de zombies con lujo de detalle y con una gama cromática en la sangre que cambia gradualmente con el avance de la película (roja y fluida para la primera fase, seca y marrón para la segunda, negra y aceitosa para su final).
La capacidad de Snyder como cineasta hace que su debut tras las cámaras sea celebrado como todo un hallazgo que retoma, homenajea y hasta supera aquellas monstruosas producciones de hace décadas. Incluso permitiéndose divertimentos referenciales como los cameos de Ken Foree, Scott H. Reiniger y Tom Savini (quienes aparecieron en la primera versión de la película rodada en 1978) o utilizar de forma astuta el nombre de la actriz original Gaylen Ross como nombre de una tienda. La acertada elección de actores (donde hay que subrayar a la estupendísima Sarah Polley), el impresionante y detallado uso de unos efectos especiales espectaculares, el equilibrio formal y la brillante puesta en escena están soberbiamente ensambladas para componer una sinfonía de sangre y vísceras convertidas en una de las películas mas interesantes del año. Y no sólo para el más exquisito ‘gore-hound’.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:30 |


Como si de un homenaje o propio descubrimiento del cineasta Kevin Smith se tratase, aquí llega esta especie del Buddy-Christ de la infravalorada 'Dogma': el Jesucristo colega.
Se trata de unas figuritas que representan diversas acciones enrolladas y fraternas con unos niños que juegan devotamente con el Señor al football americano, al baloncesto, al ‘soccer’ (nuestro fútbol de toda la vida) y al béisbol.
Se acabaron, por tanto, esas rancias cruces del histórico patíbulo con un Cristo mártir, crucificado y doliente.
Cristo mola. Es guay. Y es lo que simbolizan estas pequeñas e ingeniosas esculturas de ornamento católico.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 04:12 |


Cuando mi generación veía cada tarde ‘Barrio Sésamo’ y descubría a Epi y a Blas discutiendo periódicamente con razonamientos que carecían a menudo de toda lógica, sobre todo en aquellos ‘sketchs’ donde Epi no dejaba dormir a Blas por alguna chorrada, se intuía un fuerte vínculo más allá de la simple amistad. Aunque es posible que sólo los malpensantes se inclinaran hacia esta teoría, no profundizábamos muchos en tal cuestión. Ni siquiera nos lo planteábamos. Nos daba igual.
Pasó lo mismo con el aberrante programa de los ‘Teletubbies’, cuando en 1999 el reverendo Jerry Falwell tildó de gay al personaje de Tinky-Winky por su color, sus ademanes y mohines afeminados. Es algo normal este tipo de suspicacias, sin ir más lejos con Batman y Robin, Smithers y el Señor Burns, algún que otro Pitufo y hace poco al animado Bob Esponja, personajes ficticios que han sido difamados por impulsar conductas homosexuales entre sus espectadores más pequeños.
La discordia se ha suscitado debido a un polémico episodio de la incomprensiblemente exitosa ‘Los Lunnis’, que el pasado 18 de mayo proyectó en la Primera de TVE, a las 08.30 AM, concretamente, cómo dos hombres contraían matrimonio. Eran imágenes de 'Telelunnis', el demencial espacio informativo dedicado a enseñar a los infantes cómo es el mundo de los adultos. Ese día tocaba el embarazoso tema "Bodas diferentes", donde también se vio el enlace entre una española y un chavalón sudanés, como otro ejemplo.
La pregunta ha sido inminente: ¿es necesario que a los menores se les enseñe qué es el matrimonio entre gays?
Desde la tele pública han manifestado que la noticia fue dada con clara intención sociopedagógica “nada agresiva y ni se ha incitado a la homosexualidad, ni se recreaban en ello, ni nada por el estilo, se mencionaba muy de pasada y no tiene ninguna connotación negativa”, pero hay otros sectores que se han llevado las manos a la cabeza porque los niños han visto a dos hombres en un contexto de afectividad amorosa y exponen que por la misma vía habría que ofrecer a un niño imágenes de una paliza de un hombre a una mujer para prevenir de los riesgos del maltrato o de un drogadicto inyectándose heroína y muriendo de sobredosis para advertir sobre el peligro de la droga. Estos últimos en una posición claramente extremista y conservadora.
Lo que no queda claro con todo ello es si en realidad el contenido promueve la tolerancia o se proponen partidistas ideologías como forma de educar instrumentalizando al niño para su mejor adaptación a esta sociedad que nos ha tocado vivir.
La discordia está abierta.
Más peligrosos son para los más pequeños los atentados contra el lenguaje que perpetra el infame Míchel con sus disparatados compilaciones de estolidez verbal. Juzgad esta frase que soltó antes de la final de la Copa de Europa: “Benítez llegó al Liverpool y lo españolizó para construir un sólido equipo y lo ha construido de tal manera que está andando por el techo de sus cimientos, por la buhardilla, como quien dice, haciendo gala de su buen hacer en el equipo inglés”.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:17 |


jueves, mayo 26, 2005
Ay… venal ambicioso, cuánto banquillo vas tener que chupar, amigo Santiago.
Suerte, en cualquier caso.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:42 |


Parece ser que, según rumores, se solidifica el proyecto de adaptar la exitosa serie ‘Friends’ a la gran pantalla.
El incentivo de los seis actores protagonistas, de todos conocidos, es su avidez por exagerar su ya de por sí inflado patrimonio. Así, en caso de llevarse a cabo tan innecesario proyecto, tanto Schwimmer, Aniston, Cox-Arquette, Kudrow, LeBlanc y Perry percibirían 10 millones de dólares cada uno.
¿Qué sentido tiene recrear las aventuras de ‘Friends’ en formato cine cuando todos y cada uno de ellos han demostrado ser veneno para la taquilla cinematográfica?
Próximamente, en The Digital Spy, que es la fuente de esta etérea noticia de sobremesa.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 14:25 |


Phil Spector, célebre productor musical pionero de la revolución musical de los 70 con su sistema de grabación ‘Wall of Sound’, paladín de mitos musicales como George Harrison, Los Ramones y The Beach Boys y uno de los responsables de la ruptura definitiva de The Beatles, ha saltado a las noticias internacionales por su imputación como asesino de la actriz Lana Clarkson.
Su excentricidad y culpabilidad, casi demostrable, quedan patentes aquí.
Significativo o no, no hay que pasar la oportunidad de mostrar uno de los ‘looks’ más innovadores desde que Don King se transformara en un efigie de la moda capilar más que el ‘manager’ pugilístico más célebre de los pesos pesados.
Lo que daría Eduard Punset por esa imagen mezcla de los mejores tiempos de Art Garfunkel y el más puro ‘afro’ de la ‘Baaadassss Cinema’.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 03:20 |


Impresionante partido.
A veces el anodino fútbol brinda intervalos deportivos enfatizados en la memoria del llamado deporte rey. Ha sido un partido oscilante con ráfagas de buen juego en las que se han marcado los seis goles de la disputa de la Copa de Europa. Tres goles, en apenas cinco minutos, de Gerrard, Smicer y Xabi Alonso, han permitido al Liverpool de Rafa Benítez llegar a la prórroga con la suficiente sangre fría para plantarse en los penalties y ganar un partido que ni el más optimista de los ‘reds’ de Anfield podía llegar a soñar.
El equipo del entrenador español ha buscado la gesta en Estambul cuando tenían todo en contra y han devuelto el sueño europeo a un conjunto que se ha merecido la gloria ante un Milan pletórico, que se presentaba con el aroma y el perfil de favorito. Máxime tras los tres goles conseguidos en la primera parte por Maldini y Crespo por partido doble. El equipo de Ancelotti ha bregado como un equipo contrastado, con la obligación de ganar, pero tropezó con un Liverpool que supo explotar unos prodigiosos minutos de inspiración, terminando por igualar un partido que los italianos daban por ganado.
Lo más lúcido ha venido dado por una primera mitad desbordada en el juego de contraataque, con un iluminado Kaká y un Crespo mortífero que hicieron presagiar un absoluto dominio para la escuadra milanista. Pero la garra de los ‘reds’, capitaneados por un colosal Gerrard, le han sabido dar la vuelta a un enfrentamiento que se antojaba poco menos que como una misión imposible. El héroe del partido, sin duda alguna, fue Dudek, no sólo por detener dos penas máximas en la tanda de penaltis, sino por salvar a su equipo con dos paradas inverosímiles a sendos remates de Shevchenko tan sólo un minuto antes de la lotería de los penalties.
Noche de fútbol para recordar, ya que quisiéramos o no, estábamos incentivados por el equipo extranjero más español de Europa de la mano de un Benítez que ha dado al club inglés su quinto título de la máxima competición continental 21 años después de la última vez que levantaron este importante trofeo.
Ahora cabe esperar que la UEFA otorgue la posibilidad de poder defender el título al equipo campeón, una injusticia que podría darse si no se cambian sus arcaicas normas.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:43 |


miércoles, mayo 25, 2005
Tradicionales juglares, arlequines, histriones disfrazados, la providencia del juego en forma de naipe. Es, cómo no, el joker, la carta designada para dar suerte, el comodín trasunto del bromista, del polichinela y resultado quizás en la baraja moderna de la inquietante figura del bufón.
El comodín o joker venimos entendiéndolo como el mágico naipe que reemplaza a cualquier otra carta, pero por ejemplo en el Paigo Poker, el Joker no es un verdadero comodín y tiene reglas específicas, ya que esta carta sólo actúa como comodín para completar una jugada “Straight” o “Flush”si se trata cartas de la misma figura.
En cualquier caso, el Joker, denominación tomada por el esperpéntico y más mortal enemigo de Batman, payaso del crimen que congrega la crueldad del psicópata con el humor negro del histrión que representa, es un símbolo de fortuna, que representa el iconográfico fatum positivo. Todo esto viene a cuento por el propio espacio en la web de esta bufonesca figura, en Dotpattern, con una colección de 75 cartas del preciado comodín.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:27 |


La secuencia al azar de hoy es una de las más ilustres que se recuerdan en la prodigiosa filmografía de uno de los genios del pensamiento moderno como lo es Allen Stewart Konigsberg. En efecto, Woody Allen, el gran filósofo de la era moderna, que ha logrado con sus satíricas descripciones de neuróticos personajes urbanos, obsesionados por el amor y la muerte, alcanzar un imposible vergel de omnisciencia fílmica y de pensamiento en toda regla.
En ‘Annie Hall’, Alvy Singer, un cómico neoyorquino judío con predilección a psicoanalizarse aguarda en la cola del cine junto a su gran amor, Annie Hall, una joven rebelde algo ‘hippie’ aspirante a cantante y de problemática personalidad. Mientras ambos departen sobre sus problemas de sueño y del egoísmo al que esto conlleva, una conversación de alguien que está detrás de ellos toma un discontinuo protagonismo, percibiendo que el sujeto discurre ampulosamente sobre Fellini y ‘La Estrada’, haciendo una glosa acerca de Julieta Massina y aludiendo al ‘Satiricón’. Alvy no puede evitar escuchar sus observaciones consecutivas sobre Samuel Beckett y Marshall McLuhan, lo que acaba por enervarle ante tanta prosopopeya letrada. Singer termina por perder los nervios e increparle: “¿No le da vergüenza pontificar sobre McLuhan?”, interpela.
El hombre se acredita como ejecutivo que escribe para una revista intelectual, subrayando un carpetovetónico artículo llamado 'Mozart, James Joyce y la sodomía'.
En ese momento, Alvy Singer afierra el brazo del propio Marshall McLuhan en persona y le pregunta si ha atendido a la jactanciosa monserga del individuo sobre él.
McLuhan le desaprueba diciendo “He oído lo que decía y usted no sabe nada sobre mi obra. En su boca mis frases suenan a falacia”.
Singer se dirige a cámara y expone al espectador: “Ojalá la vida siempre fuera así”.
Una de las secuencias más categóricas y geniales en el cine de Woody Allen y la ambición de muchos de nosotros que daríamos lo que fuera por vivir una situación similar con los que pretendidamente creen saberlo todo cuando en realidad no son más que engreídos sabios y culturetas.
‘Annie Hall’ es una de las mejores obras de Allen, autopsia de una relación sentimental e insondable deliberación en clave cómica sobre la naturaleza de las relaciones personales en las que el enamoramiento, la confianza entre la pareja, la convivencia, la dolorosa ruptura y el reencuentro. Una cinta que consiguió cuatro Oscars: mejor película, mejor director, mejor guión original y mejor actriz principal (espléndida Diane Keaton) y que tiene en su estructura narrativa uno de los mejores hallazgos del filme, combinando tiempos y situaciones, realidad e ilusión por medio de esta prodigiosa exploración sentimental, el tránsito que se produce del encanto, la pasión, las dudas, al desencuentro en esta inolvidable relación afectiva.
Una obra de cabecera protagonizada por ese antihéroe torpe y atolondrado que basa sus pilares en el egoísmo, la neurosis, el judaísmo y la vida sexual en pareja.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:12 |


martes, mayo 24, 2005
El arquitecto finlandés Matti Suuronen diseñó esta casa OVNI, concebida como vivienda, en 1968, inicialmente para ser empleada como una cabaña o casa de verano de las familias más pudientes, pero progresivamente asequibles a todas las familias del mundo. Hoy en día nos resulta casi grotesca la visión que se tenía por entonces de las décadas circunscritas a partir de 2000. El entonces denominado futuro. Una idea que se esconde detrás del diseño, reflejando el crédulo optimismo de los años 70.
La tecnología como utopía para la felicidad y la moda futurista como signo de lo ‘cool’, un mundo visto desde entonces como una ostentosa época donde el ocio y las comodidades iban a ser la panacea de toda la humanidad, avivadas por escenarios estilizados cuyo contenido visual contenían una irresistible condición ‘pulp’.
Cuando hoy artistas como Mariko Mori reivindican este tipo de ideas como moderno, comprobamos que la innovación sigue siendo una regresión al pasado para trasladar grafías que acaben imponiendo ese término que mueve el mundo: la nostalgia.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 21:14 |


La semana pasada se cumplió un año de la despedida de ‘Friends’, la ‘sitcom’ más exitosa y célebre de los últimos años. Hubo una suntuosa profusión de boato en su despedida, una resonancia estratosférica en un ente mediático que no dudó en calificarla a la ligera como “la mejor comedia de situación de la historia de la televisión”. La memorable serie de los seis amigos neoyorquinos merecía todos esos honores. No obstante, el calificativo tan ponderativo era patrimonial de una ‘sitcom’ como es ‘Frasier’. A modo personal esta serie ha logrado lo que ninguna otra: formar parte de mi vida y sufragarme con su ironía y humor un apoyo inmensurable en varias etapas de mi vida (una prueba de guión de un episodio de esta serie me proporcionó mi primer –y único- trabajo como guionista de televisión). Una serie que alcanza el mito de la magnificencia, la prosapia de una fantasía imposible de igualar, la de las grandes series, aquéllas que permanecen vivas en la memoria colectiva, encomiadas por todo el que echa un vistazo atrás en el tiempo y recuerda con nostalgia un esplendor catódico insuperable.
Evidentemente ‘Friends’ también se circunscribe a esta genealogía, pero sus incondicionales y valedores son tantos y tan heterogéneos que les dejo a ellos las adulaciones ensalzadoras que bien se ha ganado. Sin embargo, el pasado año, por estas mismas fechas, ‘Frasier’ también dio por finalizada su andadura televisiva, sólo una semana después de que lo hiciera la serie creada por David Crane y Marta Kaufman, con medio mundo lamentando su conclusión. No hubo miradas de aflicción para ‘Frasier’. La CBS se gastó un exorbitante dineral en el adiós de David Schwimmer, Matthew Perry, Lisa Kudrow, Courtney Cox, Jennifer Aniston y Matt LeBlanc, mientras que la NBC dispuso apenas de dos anuncios especiales para la clausura de esta mítica serie. La despedida de ‘Frasier’ no fue tan profusamente anunciada como la de ‘Friends’, un hecho que inicialmente enfadó a sus protagonistas pero que posteriormente consideraron y justificaron con la elegancia y la honestidad con la que han liderado la televisión americana durante una década. “No hemos querido dejarnos llevar por nuestras propias emociones. La serie no necesita una gran fiesta para decir adiós porque nos quedamos con el cariño del público que nos echará de menos", declaró el genial David Hyde Pierce.
Durante sus 264 episodios ubicados en 11 temporadas, ‘Frasier’ acumuló un total de 31 premios Emmy y tres Globos de Oro, todo un récord en el azaroso universo de la pequeña pantalla, consecuciones que alzaron a esta imponderable serie a la prestigiosa gloria de los fastos de las 625 líneas. Una cita obligatoria e ineludible para todos los amantes de la televisión inteligente, del genio sin fin, de la lucidez lúdica que en cada episodio definía su propia razón de ser: articular mediante el humor la sofisticación de sus personajes ‘snob’ con situaciones afines a cualquier espectador, desplegando mediante sus ‘gags’ y optimizados argumentos un sólido pero alterable retrato de Frasier Crane, el entrañable urbanita acomodado de mediana edad depositario de una nulidad exacerbada en cuestiones existenciales y familiares, incapaz de resolver sus problemas sin la ayuda de su padre, Martin, su hermano Niles (posiblemente el mejor personaje creado jamás para una teleserie), Daphne, la fisioterapeuta inglesa de su padre y Roz, la amiga y productora del programa radiofónico de Frasier.
‘Frasier’ atesoró durante su existencia un sentido del humor inagotable y estudiado, que la convirtió en la auténtica esencia de su éxito para hacer de ella un clásico de la pequeña pantalla en Estados Unidos y en el resto del mundo, una comedia que durante once años hizo que el 35 % de los estadounidenses no conocieran un mundo sin ‘Frasier’. Como algunos de nosotros, que aún lloran el final de nuestra serie favorita. Hay que reconocer que dos décadas junto a Kelsey Grammer (antes uno de los secundarios habituales de ‘Cheers’ –otra serie de cabecera-) son muchos años. Frasier Crane, ese arrebatador psiquiatra con problemas propios de neurasténico nació en 1984, en la tercera temporada del citado clásico. Uno de los momentos más emotivos que he vivido frente a un televisor fue cuando se produjo esa despedida con el episodio de una hora de duración titulado ‘Adiós Seattle’. Un momento aciago tener que despedirse Grammer, David Hyde Pierce, Jane Leeves, John Mahoney y Peri Gilpin. Así como del revoltoso y entrañable terrier Moose (o Eddie, como queráis).
‘Frasier’ ha sido una serie que puede presumir de haber ofrecido opulencia en su máxima expresión de la refinada ironía, de una particular elegancia sin perder su perfilada perspectiva de la cultura. Frasier y los suyos son algo más que simples personajes televisivos. Frasier y los suyos se convirtieron en aliados de la diversión, en miembros de nuestros mejores recuerdos, en relamidos compañeros a los que nunca olvidaremos.
Sentado en el Café Nervosa, añoro escuchar la KACL y su máxima de cierre: “Que disfruten de una buena salud mental”.
Y eso mismo os deseo.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:27 |


lunes, mayo 23, 2005
Los temidos y bizantinos ‘tops’ (también llamados 'rankings') han sido siempre uno de los inmemoriales recursos más esgrimidos por el mundo del sensacionalismo periodístico para rellenar espacios cuando existe el temido estiaje de ideas o noticias, las típicas encuestas que nadie evalúa y que vienen muy bien . Un poco como lo que ha acontecido en este apático lunes.
Elaborar uno de estos nuevos y absurdos catálogos es la excusa que ha seguido la revista cinematográfica ‘Film Critic’, que ha seleccionado las 100 mejores voces (o más carismáticas) dentro de la historia del cine.
El ‘Top 10’ de esta lista es el siguiente.
10. Peter Sellers
9. Holly Hunter
8. John Wayne
7. Al Pacino
6. Marilyn Monroe
5. Jack Nicholson
4. James Earl Jones
3. Christopher Walken
2. Orson Welles
1. Clint Eastwood
Algunos de ellos, evidentemente, son deudores de pertenecer a este zócalo de grandes voces, de cuerdas vocales solemnes e inconfundibles. Pero como diría Anson “No están todas las son, pero son todas las que están”. Por ejemplo, Arnold Schwarzenegger se encuentra en el puesto 99 de una lista de 100. Impensable si recordamos aquello de “I’ll be back” o sus soflamas políticas de corte algo fascistoide.
También hubiera sido imperioso ver entre estos diez destacados a actores de poderosas cuerdas vocales como Sean Connery, Jeremy Irons, Bette Davis, R. Lee Ermey, Gregory Peck, Harrison Ford o Frank Oz.
Superficialidad ante todo, debido a que se trata de estrellas hollywoodienses. Porque todos sabemos que si hubiera que elegir una voz como la más mitológica dentro del Séptimo Arte, en su cómputo global, sería la de Pepe Isbert.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:30 |


Los hermanos Dardenne han vuelto a ganar la Palma de Oro del prestigioso festival de cine de Cannes por su última película ‘L’Enfant’. Hace seis años ‘Rosetta’ obtuvo el preciado galardón y además se llevó el premio de interpretación femenina. Hay que destacar asimismo que Jim Jarmusch ha ganado el Gran Premio del Jurado por su nueva película 'Broken Flowers', que le ha unido al totémico Bill Murray, mientras que Michael Haneke ha sido reconocido como Mejor Director por ‘Oculto’.
Hasta que llegue a nuestras pantallas la nueva Palma de Oro, se me presenta una excepcional oportunidad para hablar de su anterior máximo premio en Cannes. Una de esas películas que permanece imperecedero en la memoria del que la ve. Una obra maestra sin paliativos. Si hay algo que define ‘Rosetta’ es su condición de arriesgada, depositaria de una fascinación e irrevocabilidad pocas veces vista en una película. Esta espléndida película de los Dardenne despliega una historia radical y valiente, real como la vida misma, empapada de un verismo cruel, siempre auténtico, centrada en el inclemente día a día de una joven asfixiada por un entorno amenazador y opresivo, recurriendo a la iracundia para defender un empleo que sirve como purga a las pobres y patéticas condiciones de vida que le ha tocado vivir.
‘Rosetta’ se podría encuadrar en el cine social europeo (con el problema laboral como telón de fondo), reflejo del sufrimiento obrero de las personas más desfavorecidas socialmente, del luchador que diariamente intenta salvar los obstáculos que le pone la vida. Pero muy al contrario de lo que se pueda pensar en un primer momento, la inmejorable ‘Rosetta’ no incluye entre líneas ningún tipo de mensaje compasivo circunscrito a la emotividad del espectador. En ‘Rosetta’ el público está obligado a sufrir y padecer las contrariedades que traumatizan a la joven protagonista interpretada por una magistral y sublime Émilie Dequenne, llevándole constantemente a sus espaldas, como si de una segunda piel se tratara, sin despegar ni un solo plano de la película la sincera cámara al hombro que la persigue, como si el espectador estuviera obligado a respirar la misma amargura que asedia a la chica. El resultado de todo este comprometido y magnífico ejercicio cinematográfico es la aproximación más honesta y humana al sufrimiento de una persona que se ha visto en los últimos años, a la pugna que mantiene con su hábitat para sobrevivir (las espléndidas secuencias de la pesca con botella y sus argucias para salvaguardar las únicas botas que tiene), para vivir dignamente y poder trabajar como catarsis a esa inclemencia vital que padece el personaje principal constantemente.
Los ojos de esta criatura acorralada y doliente miran incólumes la vida, la sociedad moderna aparentemente en desarrollo, que engloba otras comunidades paralelas subdesarrolladas y desamparadas como la que en este filme se muestra. Un submundo en el que la violencia, la traición y la aflicción imperan en las vidas de gente que apesadumbra a la protagonista. Si una virtud (de las muchas que tiene) destaca en esta rotunda obra maestra, es la perspectiva de los Dardenne para describir el mundo en el que vive Rosetta, sin efectismos, de forma pura, sin compasión, como si de un grito de furia y desespero se tratara, conjugando arte y documental, vida y cine.
‘Rosetta’ es por tanto una película necesaria, que se hace inmensa por la sencillez, por la ternura con la que está contada. Y esa modestia y humildad la convirtieron en una película necesaria que, después de los años, se ha solidificado como una obra maestra.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:17 |


domingo, mayo 22, 2005
El segundo spot de David Fincher que pasa por los videoposts del Abismo pertenece a una campaña para la marca deportiva Adidas, concretamente en su línea de zapatillas que lleva como título 'Adidas Legs'.
Es curioso cómo la estética, el espacio telúrico, la atmósfera futurista y el contenido ‘’cyborg’ de fondo invoca tenuemente a esa joya del videoclip que es ‘All is full of love’, creado milimétricamente por Chris Cunningham para la islandesa Björk.
La afectación sofisticada, la opacidad fotográfica y esa oscilación que sustenta el estudio de las zapatillas supone un más que reconocible estilo en este anuncio televisivo de uno de nuestros directores favoritos.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:16 |


sábado, mayo 21, 2005
Después de una semana galáctica tan reconfortante como agotadora (creo que voy necesitando urgentemente unas vacaciones blogueras), hoy me he hecho eco de la espeluznante ebriedad demostrada en público por la insufrible Avril Lavigne el otro día con sus amiguitas, en plena fiesta de plétoras dipsomaníacas, de “beberse hasta el agua de los floreros”, para entendernos.
Hizo muecas, blasfemó como sólo lo puede hacer un ejercitado odre, berreó y arrojó saliva en forma de esputos a las cámaras que la filmaban. Espectáculo que divulga lo bien que se lo pasan los jóvenes hoy en día.
Una noticia sin una relevante importancia, pero simpática, al fin y al cabo.
Y ahora si me lo permitís, os dejo, que he quedado con varias amistades para patrocinar una buena y merecida punición al hígado en una delirante y multitudinaria barbacoa que ha organizado mi amiga Feli en su enorme ático situado en una zona privilegiada de esta ciudad, dando así por inaugurado el verano 2005 con una fiesta que promete una imperecedera noche de beodez y diversión sin freno.
Y ríase la Lavigne esta.
Podéis descargar el vídeo de la borrachera de la cantante (vía Pinkshines) aquí.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:54 |


Admirable culminación galáctica
En su desenlace espacial, Lucas no escatima ingenio al ofrendar una rotunda película en la que no falta la perfección técnica ni la dramaturgia épica en un final apotéosico.
En su desenlace espacial, Lucas no escatima ingenio al ofrendar una rotunda película en la que no falta la perfección técnica ni la dramaturgia épica en un final apotéosico.
Nunca antes una película de cine fue tan esperada. Y George Lucas parece no haber decepcionado a nadie. A pesar de la intransigencia de algunos desencantados de la Nueva Saga que acometieron contra la supuesta asimetría conceptual de sus dos anteriores episodios, ‘La Venganza de los Sith’ logra la gesta de adscribirse a la mitología de la magia cinematográfica. Convertida desde su estreno en la mejor película de esta nueva continuación, sólo cabe inclinarse ante el genio y alabar esta obra de prodigiosidad épica, de restitución de los mecanismos que hicieron que las cintas de la Primera Trilogía pasaran a la Historia del cine con letras de oro. La película devuelve, en gran parte, un segmento genérico al propio cine. Desde que las letras azafranadas se pierden al final de la pantalla al compás de los acordes de un John Williams (que logra epatar imagen y música durante todo el filme), la emoción y la expectación invaden a un espectador entregado a que la imaginación se desborde en forma de ignotas imágenes y dejarse llevar por sentimientos reencontrados que finalizan un puzzle que el espectador conoce de antemano. Estamos por tanto ante una obra felizmente llevada, con voluntad y cariño por la historia, apreciando las imágenes de un director inspirado, que se encomienda a esa preparación del instruido público para narrar su apoteósico desenlace con convicción, con la sabiduría suficiente en el arte del entretenimiento y el espectáculo sin cortapisas.
La historia comienza donde acabó el segundo episodio, ahora con Anakin y Obi-Wan en misión de rescate del Canciller Palpatine, que ha sido secuestrado por el Conde Dooku y el malvado Grievous (un predecesor robotizado de Vader). Es nada más y nada menos que el comienzo de la peligrosa aproximación de Anakin a Palpatine (Darth Sidious). En el Consejo Jedi, tanto Mace Windu como Yoda observan la avidez de poder del engreído Anakin, más cercano al Lado Oscuro que a la Fuerza. El final de las Guerras Clon se acerca y el poder de Palpatine es total para llegar a su objetivo: convertir su coliseo político en un Imperio que le otorgue plenos poderes. Por su parte, Padmé está embarazada del joven Jedi, que en un entorno onírico profetiza su muerte. Para salvarla, no dudará en caer en el Reverso Tenebroso y procurar su resguardo, hundiéndose de paso en su propia codicia, en su odio interno que le hará rechazar todo aquello que le alzó a la condición de “Elegido”.
La epopeya de esta última parte se mueve en este argumento de consabido desenlace con agilidad entre la mitología y los sueños, entre la aventura y la ilusión, proclamando con su visualidad y narrativa su índole de excepción cinematográfica, porque a pesar de su condición tecnológica y revolucionaria ‘La Venganza de los Sith’ está movida por un sentimiento de cine clásico, de la ‘space opera’ comprendida en la primeriza e idolatrada trilogía. En este sentido, Lucas integra con maestría la revolución infográfica en una fantástica historia épica que sustenta su interés en la fuerza de la tragedia griega que narra.
Existe, como novedad, un comprometido trasfondo político que se puede malinterpretar hoy en día, debido a la puntualizada actualidad de los gobiernos modernos, donde subversivamente la democracia se convierte en dictadura, alentando del peligro de los extremismos. George Lucas ya había descubierto en su anterior Saga la forma de instauración del miedo como sustento de una manipulación que conlleva a una fácil autocracia, la del emperador Darth Sidious, que prometió guiar la galaxia hacia la paz y obtuvo el poder absoluto sin ninguna oposición en un embozado proceso golpista, propiciando la caída de la República y la proclamación del Imperio. Un hecho que conducido al día de hoy, puede verse como una metáfora del Gobierno estadounidense, haciendo ver lo fácil que es caer en el absolutismo con la consiguiente restricción de libertades.
La paz, el diálogo, la libertad, agitadores separatistas y el relativismo de todos los conceptos jalonan un discurso que no es más que la evocación política de la gloria de arcaicos imperios. O así hay que asumirlo para disfrutar el filme en condiciones idóneas, porque actualizando este discurso político se estaría restando la necesaria intemporalidad que ha tenido la saga durante sus tres décadas de existencia.
‘La venganza de los Sith’ es, más allá de doctrinas, una oscura introspección sobre la manipulación, un esperado y diligente encuentro con un ‘doppelgänge’ que representa el lado oscuro de un hombre insobornable transmutado en un ser tenebroso, lleno de miedo y de ira. Nos encontramos con un Anakin que ha evolucionado su ego hasta la consecución de lo que él cree la verdad absoluta. Pero a pesar de ello, el joven Jedi es débil por ése temor, está coartado por todo lo que le rodea y no es libre de lo que hace porque fundamenta sus acciones en el miedo, en el temor a perder lo que ama, el recelo de no llegar a ser todo lo poderoso que él ansía. Un hombre que codicia excesivamente la superioridad y sacrifica sus ideas, su especial naturaleza y hasta su alma por conseguirlo.
Lucas ha logrado un perfecto engranaje interno que desglosa un meritorio progreso emocional y aventurero en una trama con ecos shakesperianos, erigida sobre un mirífico tono amargo y sombrío, sin aparentes concesiones a la puerilidad a lo largo del tortuoso tránsito del bien al mal de Anakin Skywalker. Este apasionante tercer episodio es un viaje por el lado oscuro de la lasitud humana, de la corrupción a la que conlleva el poder y la codicia, un épico tratado sobre la tentación, el amor, el sacrificio, la redención, el fatúm y la maniquea y eterna pugna entre La Fuerza y el Lado Oscuro.
Asimismo ‘La venganza de los Sith’ exhibe todas las virtudes y defectos de los filmes de George Lucas. Tal vez lo más ominoso y perjudicial de esta substanciosa consumación galáctica venga derivado de algunas partes del guión que Lucas, como guionista, no ha dudado en atemperar con frases y diálogos que resultan reprensibles, sobre todo cuando los protagonizan Anakin y Padmé (melifluos y enfáticos, demasiado artificiales) o en la inerte seducción del primero por parte del Lado Oscuro, justificada en un descontextualizado romanticismo trágico.
Tal vez se esperaba algún incentivo más en la transformación del joven Jedi en el siniestro Darth Vader, resolviendo la significativa vicisitud con una súbita inversión: de ser un leal aunque arrogante Jedi al servicio de la República a ser el sumiso Lord Vader a las órdenes de Palpatine y proceder a ejecutar Jedis infantiles sin piedad ni corazón en una secuencia (a tres bandas entre Anakin, Mace y Palpatine) poco verosímil. Adolece de osadía, le falta fuerza. Hay algo que resulta excesivamente endémico en este tramo argumental. Tampoco se exterioriza una gran dirección de actores, aunque Hayden Christensen despliegue una interesante dualidad de tortuosa hondura y el histrionismo de Ian McDiarmid comulgue bien con su rol. Por su parte Ewan McGregor, Natalie Portman o Samuel L. Jackson parece cumplir su misión con un comedimiento excesivamente atenuada.
No obstante, Lucas es más inteligente que nunca y sabe acopiar todo lo bueno de las anteriores películas y sustraer lo negativo a una mínima expresión. Así ‘La venganza de los Sith’ es, como se esperaba, muy oscura, melancólica en su fondo, siniestra y tortuosamente tétrica, impregnada con una hábil magnitud del espectáculo, sabiendo tributar con el clásico dinamismo de la esencia dramática, con la necesaria ambigüedad de la Saga y el cauterizante ritmo que destilan sus gloriosos duelos con espadas láser, sus batallas espaciales, sus persecuciones y deslealtades, traiciones y la esperanza final de pureza antropológica genuinamente ‘starwarsiana’. Una conmemoración sin precedentes de efectos digitales tan perfectos que continúan luciendo por debajo de la trama, lo que supone a este final de fiesta cinematográfica un auténtico espectáculo visual.
Lo que es indiscutible es que Lucas ha permanecido fiel a su visión, yuxtaponiendo elementos que pertenecen a la memoria colectiva y que tienen como nexo de unión de ambas trilogías la prometeica resurrección de Anakin Skywalker convertido en Darth Vader, corroído por la ira y encumbrado como el Señor del mal, consumada la traición y entregado a su adverso destino en Lado Oscuro, génesis de la tiranía y el Imperio. Ése núcleo añade a su trascendencia la aniquilación de los Jedi, el exilio de Yoda y Obi-Wan, la proclamación del Imperio en el Senado y el nacimiento de Luke y Leia, articulado todo ello en su nivel estético, donde el film responde a los prefacios visuales de la cinta inicial con la aparición de prototipos de cazas ‘Tie’ y ‘X-Wing’, con la fugaz aparición de Chewbacca, el Coronel Moff Tarkin e incluso del Halcón Milenario o la creación de una desnuda Estrella de la Muerte nos dejan un contexto familiar. Lo nuevo y lo tradicional cohabitan en la historia; Kashyyyk (el mundo de los Wookies) o el trágico Mustafar (el planeta volcánico donde Anakin lucha con Obi Wan) se hermanan al regreso a lugares comunes de la talla de Alderaan, Coruscant o Naboo.
Sin embargo, el mayor aliciente de la historia es la citada metamorfosis de Anakin en Darth Vader. La idea capital de esta nueva trilogía, donde el relato sublima el nacimiento del Mal. Y es que esta nueva trilogía gravita en función de ésa sola idea. Una clave que revela a Vader en un instante funesto y triste, no como el nacimiento del villano más carismático de la Historia del cine, sino como la muerte del Jedi al que hemos seguido a lo largo de estas tres cintas en un magistral plano de subjetivización desde la perspectiva del propio Darth Vader, dentro del casco oscuro. El espectador le ha visto anteriormente en su idiosincrasia externa. Sólo restaba verle por dentro.
‘La venganza de los Sith’ es una estruendosa miscelánea sincopada de maravillosas y espectaculares imágenes que se amplifican con una incontenida emoción generacional, un tributo a la saga que, aún siendo parte de la misma, se cierra con un halo de melancolía, con esa metafórica esperanza en un maravilloso atardecer de Tatooine, una de las primeras imágenes que veamos en el ‘Episodio IV: Una Nueva Esperanza’. Está a la altura de las circunstancias y supone una de las mejores películas de este apático 2005.
Miguel Á. Refoyo © 2005
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:35 |


viernes, mayo 20, 2005
He llegado tan sólo cinco minutos antes de que empezara la proyección. No he divisado a ningún ‘freak’ o ‘geek’ o demás proselitistas de la Saga de Lucas disfrazados o con aspavientos adoradores que llamaran la atención, pero en el ambiente había emoción en forma de dilucidaciones con claro contenido galáctico, de impaciencia significada con palabras de expectativa, de gestos nerviosos y de sonrisas cómplices. Todos sabíamos que era un día especial. Pero como vengo diciendo aquí, absurdamente especial, porque desproveyendo el delirio infantiloide, todo el estreno y lo que engloba es de lo más banal.
Como siempre (soy un estrafalario alienado fílmico –es decir, que prefiero ir solo al cine-) he asistido como el huraño misántropo que soy sin compañía alguna. Y he tenido suerte. A mi derecha, dos jóvenes nada agraciadas que no han hablado casi en toda la película, sigilosas y prudentes con sus imperceptibles comentarios. A mi derecha, una pequeña niña asceta bastante redicha, de unos 12 años de edad, que no ha dudado en hablar consigo misma de Jack Kirby en el trailer de ‘Los 4 fantásticos’, mencionar a H.G. Welles cuando ha visto el de ‘La Guerra de los Mundos’ o echarse las manos a la cara y vivir intensamente la experiencia. Reconozco que me ha dado miedo su precocidad de esperpento cultural. El único defecto de la criatura celestial ha sido la inicial y engorrosa extravagancia de soplar las palomitas antes de comérselas. Una vez consumido este insufrible pábulo comercial, la pequeña monstruita no ha dado un ruido. Tan sólo para aplaudir y disfrutar como la que más en toda la sala.
Tras varios trailers (los dos mencionados, la infausta nueva versión de ‘La pantera rosa’, ‘Adivina quién’… y alguno que otro anuncio), todos hemos contenido la respiración durante el logotipo de la 20th Century Fox y y el de Lucas Ltd. para promover una portentosa ovación que hemos tenido el privilegio de emprender los muchachos de la fila de atrás y un servidor junto a mi pequeña gregaria ‘freak’ para leer atentos la letanía de la leyenda de letras doradas perdiéndose al fondo de la pantalla acompañada de la inconmensurable partitura de John Williams. La opinión que emitiré del filme es otra historia…
Llevo toda la tarde estructurando la crítica, porque a buen seguro que será dilatada y sesuda. Tampoco he querido urgir en su escritura, ya que he salido enardecido por el aluvión de emociones que he experimentado dentro de la sala. Y escribir en caliente comporta el riesgo del desacierto. Y aunque he advertido algún inexcusable desliz en este tercer episodio, sólo puedo avanzar lo que todos han venido haciendo hasta el día de hoy: es la mejor película de esta segunda trilogía. Una gran película. Sí, una de las mejores de este apático 2005.
Mañana (y dando por concluida esta semana galáctica –supongo el tedio que habrán sportado los lectores a los que no les guste la Saga ‘Star Wars’-) consumaré todas mis reflexiones acerca de este ‘Star Wars. Episodio III: La venganza de los Sith’ con la prolongada crítica que algunos estáis esperando y poder volver así a la soporífera cotidianidad del Abismo, que ya va siendo hora.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:28 |


jueves, mayo 19, 2005
Sólo faltan 15 minutos para que empiece la sesión.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:41 |


George Lucas y su fascinante universo 'Star Wars'
Ya queda menos, amigos. Muy poco. Tan sólo unas horas para asistir al mayor acontecimiento cinematográfico de los últimos tiempos. Las generaciones que vivieron la revolución del cine de Ciencia-Ficción hace ahora 28 años están a punto de ver recompensada tan larga espera, de volver a sentir la apoteosis de la diversión galáctica más inolvidable que jamás haya ofrecido el cine en toda su Historia. Ha llegado la hora de dejar la doctrina, la estética llana, el dramatismo y una visión existencialista del cine defendido por los aburridos y resignados intelectualoides del ‘arte’ por la concepción última de éste: la creación de sueños y la diversión basada en el grandioso espectáculo sólo al alcance de aquellos que han sabido ver en esta Saga ‘Star Wars’ una forma de cambio radical en las estructuras cinematográficas con la irrupción del ‘Episodio IV: La Guerra de las Galaxias’. Una generación que creció bajo el influjo de un mundo creado por el mito cinematográfico George Lucas, que ofrendaría al Séptimo Arte con un sentido drásticamente diferente, confiriendo a la noción de diversión que todos tenían hasta la fecha un aire distinto, combinando la fábula sociopolítica futurista con unos efectos especiales que se configurarían como el inicio de una conmoción digital que desde entonces (y gracias a la todopoderosa ILM del propio Lucas) no ha parado de evolucionar. Mañana se estrena ‘Episodio III: La venganza de los Sith’, película que a nueve días de su 'premiere' ya había vendido más de 100.000 entradas sólo en España. Nadie quiere perderse la complacencia que supondrá ver la transformación de Anakin Skywalker en Lord Darth Vader.
Desde que Lucas estrenará en 1977 la primera (en realidad cuarta) entrega de esta legendaria saga, no sólo le otorgó una nueva dimensión estética y conceptual al género, sino que irrumpió de tal manera en la iconografía cinematográfica colectiva que se convirtió en una auténtica y genuina seña de identidad generacional pasando a formar parte de la cultura popular internacional, adquiriendo adeptos allá por donde se estrenara la utopía galáctica. Tras las dos entregas ‘Episodio I: La Amenaza Fantasma’ y ‘Episodio II: El ataque de los clones’, nos encontramos en esta finalización de la Saga con una nueva fiebre de proporciones ciclópeas, de características que superan cualquier precedente. La imaginación de éste director perfeccionista y singular que es George Lucas ha servido para que a lo largo de estas dos décadas el fenómeno ‘Star Wars’ se haya extendido a generaciones posteriores a las que soñaron con este universo espacial cuando todavía eran unos adolescentes, acudiendo una y otra vez al cine para disfrutar con una experiencia que desde entonces no se ha repetido en una sala de cine.
Bajo la oscuridad de un sueño planetario, tan sólo acompañado por el reflejo luminoso del proyector, millones de personas alucinaron con las aventuras del ingenuo Luke Skywalker, el mercenario Han Solo, su peludo amigo Chewbacca, la sensual Princesa Leia y los simpáticos ‘droides’ Rd2-D2 y C3-Po. Los ‘fans’ y espectadores recuerdan aquella frase con letras azules sobreimpresionadas sobre fondo negro que servía como prólogo de la trilogía “Hace mucho tiempo. En una galaxia lejana, muy lejana...” (dejando ver la intencionalidad de Lucas por contar su trilogía en forma de cuento) como una de las máximas más representativas de su cultura visual, de una visión colectiva que marcó las vidas de sus espectadores para siempre. La iconografía particular que ha creado George Lucas bajo la vasta sombra de su odisea en forma de trilogías puede analizarse hoy en día como una auténtica gesta histórica.
Además de acrecentar su mitología sin cesar desde su apertura sin ver erosionada por el tiempo su trascendencia proverbial, la Saga ‘Star Wars’ ha creado auténticas efigies dentro del Séptimo Arte. Por eso no es de extrañar que el siniestro casco negro de Darth Vader (alegoría perfecta del Lado Oscuro de la Fuerza y que veremos nacer en ‘La venganza de los Sith’) posea un poder tan brutal equiparable al símbolo de Coca-Cola, los aros de los Juegos Olímpicos o la Estatua de la Libertad.
La experiencia al borde de la contemplación que vivieron los que ahora tienen entre los treinta y los cuarenta años se recuerda materializada en muñecos, naves, gorras, camisetas, tazas... con motivos ‘starwarsianos’. Y es que, si por algo se caracterizó la millonaria Lucasfilms fue por incluir en el contrato con la Fox la disposición de los beneficios de explotación del ‘merchandaising’, término que cambió su sentido con la saga galáctica gracias a los más de 500.000 millones de las antiguas pesetas que se han logrado con la venta de todos los productos relacionados con ‘La Guerra de las Galaxias’ (beneficios fílmicos aparte). George Lucas ha montado a su alrededor un imperio de fantasía, un mundo de rentabilidad que ha alimentado la nostalgia de los millones de seguidores de la Fuerza y del Reverso Tenebroso, confiriendo a la temática legendaria de Lucas una dimensión equiparable a toda una religión seguida por los más acérrimos defensores de la Saga más seguida del cine contemporáneo.
Desde el mismo instante en que todos los seguidores de la soberbia Trilogía Galáctica supieron que Lucas comenzaba a preparar el prólogo de su fantasía sideral allá por 1997, se disparó la rumorología, la conmoción y sobre todo, un sentimiento de satisfacción y alivio ante lo que iba a ser la puntilla perfecta para el fin del milenio en cuanto al mundo del celuloide se refiere. No sólo por recuperar una historia iconográfica e inmortal, sino por el retorno tras las cámaras de uno de los realizadores más carismáticos del cine moderno. En dos décadas donde los ‘blockbusters’ (ésas películas destinadas a dinamitar las taquillas) han brillado por su total defecto, se echaba de menos el espectáculo del cine comercial al que dieron sentido gente como el propio Lucas o Steven Spielberg (que estrena ‘La Guerra de los Mundos’ este próximo verano). Con esta nueva trilogía Lucas ha reinventado el cine de fantasía, recuperando una forma de ver (y sentir) el cine, como si de contar un cuento se tratara. El tímido visionario progenitor de la entronizada Odisea Espacial sigue reivindicando un sentido escapista en sus películas, dejando para los anales otra Trilogía, con una nueva ofrenda para todos los millones de espectadores que han rendido culto a su Epopeya Fantástica.
Pueden ser ciertas las críticas que ha tachado esta nueva trilogía de excesivamente tecnificada, protagonizada por los efectos especiales antepuestos a los personajes, pero no cabe duda de que la infografía, ‘animatronics’ y secuencias retocadas por ordenador son necesarias para la historia que se ha contado. Toda la técnica ha sido la consecuencia, no la causa. George Lucas ha logrado junto John Knoll y su equipo darle la vuelta al concepto de tecnología conocido hasta el momento. La ILM ha obtenido una meta casi imposible de representar. La imaginación ilimitada de Lucas ha tenido en la informática su mejor y mayor aliado. Esta nueva saga ha dejado una perfección visual capaz de sacudir cualquier principio cinematográfico. Y es que todo es posible en la privilegiada mente del director de ‘THX 1138’.Parece que el nuevo y anhelado episodio del Imperio de George Lucas no ha decepcionado a nadie, ni siquiera a aquellos que un principio parecían predestinados a ultrajarlo. ‘La venganza de los Sith’ aterriza en las carteleras españolas para emprender la última hazaña que acapara todas las miradas. La historia del bautismo de Lord Vader ha sido elogiada incluso por los críticos más exigentes. De la película más esperada de la saga ‘Star Wars: La venganza de los Sith’ se ha dicho que ha cerrado de manera perfecta la trilogía. Y no sólo eso, sino que la señalan como la mejor de las últimas producciones estadounidenses de los últimos años. Hace sombra al primer y segundo episodio, no obstante también existen nostálgicos expertos que aseguran que no está a la altura de la vieja trilogía.
Para esta tercera película que supone la finalización de la segunda (y según cuenta Lucas la última) trilogía galáctica, el joven Jedi Anakin Skywalker tomará una decisión trascendental. Forzado a elegir entre perder a su amada o vender el alma a cambio del poder de salvarla, Anakin sucumbirá a la persuasiva tentación del lado oscuro de la Fuerza. Cuál es exactamente la decisión de Anakin, por qué la toma, y cómo le conduce a vestir la apocalíptica panoplia negra con un casco que incorpora un sistema que le hace respirar artificialmente han sido las incógnitas sobre las que ha gravitado la leyenda de la anterior trilogía y que aquí se desvelan. Después de casi 30 años de espera y especulaciones, los amantes de la saga conocerán la verdad el próximo jueves y descubrirán así cómo el heroico jedi (destinado, según la profecía, a ser “el Elegido”, el único ser capaz de dar equilibrio a la Fuerza y asegurar la paz en toda la Galaxia) se transforma en el aterrador Darth Vader, la mano derecha del Emperador.
Ya ha llegado por tanto el espectáculo con mayúsculas, la diversión, la espectacularidad visual, la infancia perdida, la lucha entre el Imperio del Mal y los Jedis... Con esta tercera parte de la trilogía se acaba el renacimiento de una mitología que durante casi treinta años ha seguido constante en nuestra retina colectiva creciendo constantemente. Es la hora de desempolvar los viejos sueños infantiles, de dejarse llevar por la magia del cine, de asistir a una proyección con el designio de descubrir algo que todavía no se ha visto hasta el momento.
Ha llegado el momento de la conclusión de la Segunda Trilogía.
PD: Me siento como un niño, amigos. Y eso, en esta época, es muy difícil de sentir.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:06 |


miércoles, mayo 18, 2005
Un Woxter DivX-600.
Digamos que, a partir del día de hoy, mis horizontes audiovisuales se han multiplicado hasta unos límites que me estremecen.
Sólo pensar hasta qué punto voy a envilecer mis ojos con cientos de filmes se reaviva aún más mi enfermiza cinefilia. El Divx abre nuevas puertas a mi descolocada erudicción cinematográfica.
Incluso incluye dos entradas de micrófono para karaoke. Una opción que utilizaré, sin duda alguna, para dar rienda suelta a mi naturaleza de rapsoda cantarín.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:43 |


El otro día asistí a un concierto de los Psycho Loosers, un grupo salmantino de ‘punkrock’ con el que tenía un prolongado débito y había que corresponder dada mi amistad con los tres componentes de esta terna que irradia envidiable frescura en unos temas inmersos en la vena más ‘psychoteenager’ del punk. Su último disco, de autoría muy cuidada y vistosa, ‘Yo fui un perdedor adolescente’, representa su progresiva evolución en la línea musical que han explorado desde que emergieran como grupo hace ya algunos años.
Ajenos a modas obtusas y engomadas a cánones impuestos, los Psycho Loosers (sólo con el nombre se puede hacer uno a la idea de por dónde van los tiros) representan una ventana a la libertad creativa y musical, un grupo de ‘punkrock’ con un estilo desvergonzado y de carácter eufórico, alegre, basado en elementales cadencias musicales y divertidas letras que tienen como inspiración una temática hermanada a los grotescos argumentos de míticas ‘slasher movies’, género ‘gore’, de adolescentes perdedores que explotan contra la sociedad alzando su insurrecto grito en forma de masacre, sin perder de vista referencias a películas de culto, como queda claro en ‘Braindead’ o ‘Ultracuerpos’, títulos de dos canciones con contenido fantaterrorífico.
Influidos inevitablemente por Los Ramones o The Queers, Psycho Loosers beben de otras fuentes declaradas como NOFX, Green Day, Beatnik Ternmites o Sonic Dolls. Este trío de entusiastas del punk que son Jorge L. Casanueva, Pablo Charro y Patricia López Parada (musa y gran amiga, única presencia femenina de 'El Límite') se basan en una idea muy simple de la música: el puro divertimento edificado sobre dos pilares inexcusables en el género: letras divertidas y guitarra, bajo y batería distorsionados con cierto toque gamberro pero adicionando a su música un sutil barniz melódico. Por cierto, que Patricia (“Paty Critter” para los amigos) es mi musa interpretativa, que aparece como estupenda actriz en ‘El límite’ y que posee los más sugerentes y hermosos ojos de estos confines.
A pesar de su irreverente velocidad primigenia, la potencia y la frescura que derrochan en directo atesora un punto de vandalismo melódico y espoleado por las ganas de tocar en vivo, de un descerebrado entusiasmo ‘teenager’ que desprenden estos ‘punkrockers’ imberbes llenos de ilusión y que suponen un aire de incontinencia musical en el apagado panorama musical de esta ciudad con sus pegadizas melodías pasadas de revoluciones, idóneo para epicúreos seguidores del ‘punk rock’ más efervescente.
Aquí tenéis un videoclip dirigido por mi gran amigo Eli Martín, creador a su vez de genialidades ‘gore’.
A buen seguro que cuando Jorgito Casanueva (mítico creador del ‘fanzine’ de culto ‘Mondo Puto’) lea estas líneas, se encargará de promocionarse en los Ecos del Abismo como es debido.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:28 |


Esta absurda fiebre 'starwarsiana' afecta incluso a aquellos allegados más íntimos del gran George Lucas que ya han disfrutado de una sesión especial de ése filme tan esperado.
Jeff Kleiser uno de los mejores técnicos de efectos especiales más importantes del universo ILM y John Lasseter, el gurú de la animación digital y fundador de ‘Pixar’, luchan en este vídeo doméstico con dos cucharas a modo de sable láser tras ver ‘Star Wars: Episodio III’ en el rancho de Lucas hace poco menos de un mes.
El mítico duelo tuvo lugar tras la proyección exclusiva de ‘La venganza de los Sith’ a una trientena de privilegiados que la vieron como quien dice "en familia". Seguro que esto estará ampliado en los extras de los dvd’s especiales que preparará el bueno de Georgie próximamente.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 13:00 |


martes, mayo 17, 2005
En esta semana galáctica uno está ávido de emociones, de esa clausura de la nueva trilogía. Para atenuar la espera no hay mejor que escuchar la partitura que ha escrito John Williams para la ocasión, el compositor que ha marcado nuestra generación con una música acomodada más allá de los designios visuales que han enaltecido a gente como George Lucas o Steven Spielberg (por citar a sus dos grandes paladines).
Imaginar por un instante cualquier episodio de ‘Star Wars’ sin la música incidental de Williams es inconcebible, ya que este preceptor de la música como espectáculo dentro de la propia película supuso en los 70 el engarce sinfónico para la reconquista de la solemnidad musical en el entorno cinematográfico entendido como pilar trascendental de la imagen. Maestro de ‘leit-motives’ que perdurarán en nuestra memoria colectiva por siempre jamás, Williams sigue estableciéndose como un renovador e impulsor del cine comercial, desplegando en cada nueva partitura una sorprendente inspiración fuera de toda duda.
En ‘Star Wars. Episodio III’: La venganza de los Sith’ envuelve la historia en la necesaria lobreguez de la conversión de Anakin en Darth Vader, logrando una música sentenciosa, oscura y pesimista, que vigoriza con sus notas el sentido de la épica ‘starwarsiana’ como nunca. Si (como dicen), este último episodio es el mejor desde ‘El Imperio Contraataca’, es equitativo distinguir esta enorme banda sonora como uno de sus mayores aciertos en los últimos años. En especial la remarcada delectación que, a modo personal, producen temas como la poética ‘Anakin’s Betrayal’, la oscura ‘Anakin’s Dark Deeds’ y el imponente ‘Enter Darth Vader’.
El resarcimiento sinfónico de las bandas sonoras del cine americano moderno tienen uno de sus mayores impulsores, el génesis, en este maestro, el único capaz de recrear la banda sonora como un dispositivo plenario, perfectamente ensamblado con las imágenes en movimiento y favoreciendo la profundización dramática en la línea argumental a través de sus partituras. John Williams ha dicho de su último trabajo: “La finalización de la Saga de George tiene el contorno de las grandes historias humanas, en las cuales la gente logra cosas maravillosas en medio de las cosas terribles que les suceden”.
Comparado en varias ocasiones con Wagner por la fuerza de sus notas, el gran John Williams quedará como el compositor de nuestra infancia, compositor de la música que ha sonado tantas veces en nuestros sueños.
Todo este post estaba desplegado en función a que Gran Faro había colgado un link con la viabilidad de obtener la música de ‘La venganza de los Sith’. Pero la fugacidad ha vuelto a destronar a los intereses internautas y creo que no funciona. Lástima.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 21:05 |


Hasta hace una semana, la imagen de Natalie Portman era un subrepticio secreto ilusorio, casi imposible de ver debido a las exigencias del rodaje de ‘V de Vendetta’, de James McTeigue. Una furtiva imagen dio la vuelta al mundo exhibiendo la dulce belleza de la Portman con su cabeza rapada.
El multitudinario estreno en Cannes ha dejado ver de cerca lo hermosa que está la joven actriz con ese pelo rasurado que ya comenté aquí, resplandeciente y orgullosa de su interpretación como Padmé Amidala en la última cinta de George Lucas, que supone la finalización del segundo ciclo ‘Star Wars’ , saga que le ha perseguido y enriquecido a lo largo de su vida.
Viéndola con el pelo corto sólo puedo ratificar los perturbadores sofocones de alto voltaje que dan al observarla.
Qué exquisitez para la vista, oiga.
Aquí promulgo mi devoción a esta intérprete y os dejo unas instantáneas de la presentación de ‘La venganza de los Sith’ en el incomparable marco de Cannes.
Reconozco que es un post de lo más frívolo. Pero ¡qué demonios!...
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:42 |


lunes, mayo 16, 2005
Después de dejar para los anales de historia una de las frases más inteligentes y brillantes del año (aquélla de “Tengo que correr como un negro para poder vivir como un blanco”), Samuel Eto’o tiene nuevo cántico qua ha crispado los ánimos en la absurda rivalidad que propaga este deporte llamado fútbol.
Durante la apoteosis por la celebración del título del Barça, en la ofrenda y vítores individuales de los jugadores a la afición barcelonista que se había congregado en el Camp Nou, Eto'o agarró el micrófono y en un arrebato de euforia antimadridista sorprendió a todo el mundo al incitar a entonar el salmo culé que horas antes había ensayado en el autobús descapotable que recorrió las calles de la ciudad condal: “Madrid, cabrón, saluda al campeón”.
La exaltación de la solemnidad que viene dada por ganar un título estádeterminada por varias razones. Ahora sabemos cuál es la mezcla explosiva (fiesta post-título y un micrófono) que hay que alejar de este ejemplar futbolista. Eso sí, dentro del campo, que luego se berrean rimas por las que hay que pedir perdón y justificarlas. Lo habrá aprendido de Luis Aragonés. Disculparse supone para ambos una solución efectiva y autolenitiva al zaherimiento provocativo. Errónea actitud la del camerunés, ya que supone un desafío en el antagónico papel de dos ciudades que llegan a odiarse por el siempre prosaico fútbol. Luego Eto'o se quejará de intransigencia, de racismo, de violencia... En ocasiones hay que saber acallar los instintos y saber disfrutar de las victorias con respeto, obviando rencores pasados. El fútbol desata mucha carroña pedestre, lo peor de las personas. Si encima vamos fomentándolo, vamos mal.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 17:52 |


La evolución cinematográfica de un género indefinible
Donald E. Westlake, uno de los literatos más importantes de la novela contemporánea pronunció un acertado precepto sobre el género negro bastante acertado: “Tanto el cine como la novela negra llevan muertas más de tres décadas, pero no tiene importancia. La poesía murió hace cientos de años y siempre habrá poetas”. La razón de ello es que ese cine tan difícil de definir que establece su concepto cardinal en torno a la lucha contra universo del crimen poblado de gángsteres donde los contraventores de la sociedad transgreden el orden legal, el detective subordinado a las tensiones de un entorno corrupto y la hermosa ‘femme fatale’, atractiva y seductora que juega peligrosamente en el límite de la turbiedad ha pasado a ser, en la actualidad, el recuerdo nostálgico de un legendario territorio dominado por su propio espíritu.
El cine negro se ha mitificado dando como consecuencia alguna que otra revisitación moderna. Dada su genuina estirpe hoy en día es casi imposible resucitarlo, debido a su ensambladura a una época concreta del cine y a la sociedad yanqui, ya que estamos ante un género inexorable, crítico y enraizado a una realidad concreta ocasionada en un lapso de tiempo delimitado en la cultura norteamericana. Es por ello que a pesar de que algunos títulos modernos (más cercanos al ‘thriller’ que al verdadero cine negro) apuntan a unos propósitos nostálgicos y no tanto a la ideología legítima de sus designios genéricos.
Nadie se pone de acuerdo en el origen de este género, mientras algunos lo sitúan en la literatura desencantada de la postguerra, de un feroz escepticismo expresionista, otros lo se remontan al cine de Von Sternberg. También se ha utilizado hasta la profusión la expresión ‘film noir’ acuñada por el francés Nino Frank a mediados los cuarenta. Mucho se ha debatido acerca de sus límites, o de la importancia que atesoran la noche y la ciudad, de la vulnerabilidad del bien y el mal, reflejados de una manera fortuita, sin una aparente relación al origen social o la riqueza, del uso del claroscuro, de unas características identificables que fomentaron un modelo genérico evolutivo hasta transformarse en un movimiento imprescindible dentro de los géneros cinematográficos. La confusión entre esplendor y decadencia, de apatía y derrota reflejados en modelos de antihéroes de la novelas de Raymond Chandler, Dashiell Hammett, Cornell Woolrich o James M. Cain responden a una doctrina intencionalmente descriptiva, emocional y de sensaciones. El género de cine negro es un estilo, poesía visual rodeada de ambientes nocturnos, calles húmedas donde circulan coches pregoneros de muerte y entre las sombras se adivinan siluetas con sombrero y gabardina.
Ciudad, noche y opacidad conjugadas en favor de una misteriosa e intrigante trama criminal determinada en un periodo que incorporó una serie de reconocibles imágenes a una realidad social existente en una época específica. Más allá de los múltiples estudios, que disponen el nacimiento del género en el subgénero policiaco de películas como 'El enemigo público', de William Wellman en 1931 a la que siguieron cintas como 'Hampa dorada', de Mervyn LeRoy o 'Scarface', de Howard Hawks, el inicio viene dado, casi por quórum, en uno de los pilares que sustentan la historia del ‘noir’: la obra maestra 'El halcón maltés', de John Huston, en 1941, justo en el momento en que estalla la II Guerra Mundial. Le seguirían películas como 'Historia de un detective', de Edward Dmytryk, 'El sueño eterno', de Howard Hawks, 'Perdición', de Billy Wilder, 'Forajidos', de Robert Siodmak y 'Sed de mal', de Orson Welles. Tras este periodo (en el faltan obras clave obviadas por falta de espacio) transitan filmes situados entre la Gran Depresión y la posguerra, lapso en el que muchos historiadores han delimitado el género como tal.
El cine negro, según estas premisas, equivaldría a lo que realmente simboliza; un estado de ánimo que se vislumbra ante una época de crisis sociopolítica o moral que se va extendiendo a lo largo de los años ulteriores, ofreciendo una libertad genérica más libre a abrir los límites de cualquier categoría, pasando del expresionismo al barroquismo casi minimalista, en el que la dosis de violencia y fascinación erótica se hicieron más evidentes, como queda de manifiesto en filmes como 'Al rojo vivo', de Raoul Walsh, 'La jungla de asfalto', de John Huston o 'La casa de bambú', de Samuel Fuller. Una época en la que hay que destacar directores como Fritz Lang, Otto Preminger, Budd Boetticher, Jacques Tourneur o Alfred Hitchcock, entre muchos otros.
A principios de los 60 el clasicismo puro se va perdiendo, contagiándose hacia una difusión más radical, abandonando el compromiso de sus orígenes para desembocar en los 70, donde impera un regusto melancólico por las bases del género, pero con una circunstancia de imbricación entre el ‘film noir’ y la reflexión metafísica o la fábula moral y renunciando al crepuscular movimiento clásico, pervirtiéndolo, en un sentido etimológico. Desde 'Klute', de Alan J. Pakula, 'Chinatown', de Polanski, 'Fuego en el cuerpo', de Kasdan o 'Blade Runner', de Ridley Scott hasta los nuevos homenajes definidos en 'Muerte entre las flores' y 'El gran Lebowski', ambas de Joel Coen, 'La última seducción', de Peter Berg y el ‘revival’ más logrado 'L.A. Confidential', de Curtis Hanson. Cintas modernas que no son más que un nostálgico retorno al pasado, un mero revisionismo que responde más al homenaje que a la creación de verdadero cine negro.
La evolución del cine policiaco ha sido subordinada por la anexión de elementos de misterio y acción, dando lugar al más actual ‘thriller’, que se identifica por su expresión híbrida, albergando elementos naturales de otros géneros. Sin embargo, para establecer la entidad de este orden conviene atender al momento en que se dio nombre al género. Actualmente, los factores subyacentes al cine negro parecen ser la ausencia de censura en la industria, un desengaño popularizado por la pérdida de valores morales y el estado de la sociedad, la política y el sueño americano.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:50 |


domingo, mayo 15, 2005
La carrera publicitaria de David Fincher marcó también una pauta premonitoria de lo que iba a ser su excelente filmografía. De todos es sabido la evolución de Fincher en el mundo del videoclip con heterogéneos trabajos para Madonna, Sting, Rolling Stones, Michael Jackson, Aerosmith, George Michael, Iggy Pop, The Wallflowers, Billy Idol, Steve Winwood, The Motels y A Perfect Circle, los cuales se pueden ver en la exposición ‘Video Killed the radio-star’, antológica recopilación de más de 200 vídeos clips en el DA2 de Salamanca.
Con este videopost inauguro el repaso a estos anuncios publicitarios de un precursor de realidades imaginadas, de zonas oscuras y sombrías, preceptor del horror cotidiano y los sueños afrentados por una espeluznante realidad. Un director entusiasta y metódico que ha sabido desmarcarse de cualquier etiqueta y desplegando una estética visual que inscribe su pretensión narrativa en un entorno refractario donde la opulencia visual se superpone a cualquier otro ámbito.
Este primer anuncio de Coca-Cola, titulado 'The Arquettes', tal vez sea el más anodino de toda la colección que iréis viendo en el Abismo. Un spot efectivo y lineal, con un juego de equívoco en el que la Mónica de ‘Friends’, Courtney Cox-Arquette, trampea y usurpa la bebida a su marido David Arquette al darse cuenta de que sólo queda una botella de este refresco.
Funcional, pero entretenido. Sin muchos alardes de técnica, planificación o suntuosidad.
Pero es sólo el principio. Tenéis que ver los que este cineasta confeccionó para Nike o Adidas.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:50 |


sábado, mayo 14, 2005
A las 18:19 de hoy, un amigo o amiga de Ecuador se convertía en el visitante número 50.000.
Gracias a todos una vez más por seguir confiando en el Abismo para llenar vuestros momentos de absurdo hastío en disposición de perder el tiempo con este desordenado weblog.
Y ahora me voy a celebrarlo con un exceso impúdico de ingestión alcohólica.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:26 |


Existen trascendentales acontecimientos en la vida que agravian y laceran partes de una pequeña e insignificante existencia. Que te roben una gran suma de dinero, suspender un examen muy importante, tener un gatillazo, que la chica de la que estás enamorado te sugiera que seáis sólo amigos. Resumiento, sentir la derrota en cualquier extensión, índole o condición. Pero existe una putada superlativa, de las que provocan ganas de destrozar lo primero que tengas a mano: perder datos de incontable valor del disco duro de tu ordenado.
Habitualmente nos solemos lamentar postreramente, olvidando que la precaución y el barrunto de posibles problemas son elementales en el universo binario. “Tengo que guardar todos mis textos en un CD cada mes”, recuerdo haber prometido cuando en otra ocasión estuve a punto de ver cómo todos mis años de trabajo estuvieron a punto de extinguirse en una malévola computadora. Pues bien, ha vuelto a suceder, y no por un problema informático esta vez, si no por mi propia condición de patán, de irracional insensato, de gilipollas manazas, en dos palabras. Borré media carpeta de documentos trascendentales escritos durantes media vida al pasar los datos a mi flamate nuevo disco de 80 Gigabytes.
Afortunadamente, no es tan grave como parece. Tengo uno de esos cd’s grabados con todo lo importante, lo malo es que data de hace casi un año, por lo que el protervo dilema consiste en que parte de esos escritos se han perdido para siempre. Gracias a que almaceno cada mail que sale y entra de este ordenador he podido (en un vehemente y agotador proceso) recuperar varios de los datos extraviados; reportajes, críticas, dossieres, columnas… No obstante, lo doloroso y trágico ha sido no poder rescatar los dos guiones de largometraje que tenía en pleno desarrollo de escritura (‘El último reloj’ y ‘La sombra en el espejo’ –este último bastante adelantado-) o el extenso dossier que estaba a punto de acabar para mi próximo corto en 35 mm. ‘El Reencuentro’. Tribulación, catástrofe, aflicción, drama… Llamadlo como queráis, pero es bastante atroz cuando le toca a uno franquear estas penitencias técnicas.
Toca lamentarse y asimilar la lección para evitarla en el futuro. Toca empezar de cero todo el trabajo que llevaba componiendo en estos cinco últimos meses e intentar salvaguardar lo que felizmente no ha sido destruido por el infortunio. Hubiera dado todos los vídeos, la música y fotos que he bajado de la red en los instantes de ostracismo por los siete u ocho documentos malogrados.
En fin.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 17:59 |


viernes, mayo 13, 2005
Es la noticia del día: John Carpenter vuelve a la carga.
Ardía en deseos de poder avanzar algún día una buena nueva de este calibre. Huérfanos de la magia del gran Maestro desde que hace cuatro años presentara 'Fantasmas de Marte', Carpenter dirigirá ‘The 13th Apostol’, un ‘thriller’ escrito por Paul Margoli (uno de los guionistas de muchos de los episodios de ‘McGiver’) y que tratará sobre un sardónico detective que, con la ayuda de un ‘broker’ de bolsa que descubre el pastel, intentará resolver un caso de varios y cruentos asesinatos que reúnen como única pista un extraño juego internauta levado a cabo por múltiples sospechosos.
Es una gran noticia, ya que somos muchos los que esperan impacientes la nueva película del gran genio, John Carpenter, un cineasta de integridad intachable, de lealtad a sí mismo, independientemente de las bogas perecederas que surjan.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:51 |


jueves, mayo 12, 2005
Retrographix le dedica una colección a la inigualable Marilyn.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:30 |


Los eventos deportivos a veces tienen un ingrato cariz, la otra cara del deporte, la menos amable, de derrota, el descalabro en forma de latigazo colectivo a los que profesan un apego a los colores de determinado equipo.
Ayer la ilusión de poder ver al fin al Athletic en una final de Copa tras dos décadas de estiaje hizo espolear mi atención a la radio, tras ese deprimente espectáculo político que es el soporífero ‘Debate sobre el estado de la Nación’, para escuchar los últimos minutos de la semifinal de la Copa del Rey entre el Athletic Club y el Betis.
En buena hora, ya que en cuanto lo sintonicé el arrebato de enfervorecimiento llegó en forma de tanda de penaltis, imaginando a cada jugar lanzando la pena máxima y viéndome con unos buenos litros de kalimtxo en el Bar Serantes, para celebrar como es debido el acontecimiento. Pero mi ligereza a la hora vitorear a mi equipo se truncó con un fatídico penalti lanzando por Santi Ezquerro, malogrando la gloria en esa ruleta rusa que te endiosa o te hunde en la más miserable de las zozobras, en el desengaño de los miles de seguidores de la Catedral y del resto de España que creíamos en la victoria rojiblanca.
Siempre queda el consuelo de decir que el Athletic Club ha vuelto a mostrar dignidad también en la derrota, lo que dará opción a preparar ulteriores citas desde el convencimiento de que alguna vez la alegría será completa, pero no es suficiente. Todos los sabemos.
Ayer, escuchando la radio, sabiendo que el Betis (precisamente el equipo al que profesa adhesión mi progenitor –bien se rió de mí-) se ha llevado la final futbolística en la lotería, en una rifa casi siempre inicua que le suele dar la victoria a aquellos que menos han bregado por vencer.
El 22 de junio de 2002 Joaquín falló el penalti que hubiera situado a la selección española en las semifinales de una Copa del Mundo. Ayer tuvo que meterlo. En fin, que como se bien dice en estos casos se le queda a uno “cara de gilipollas”.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 18:04 |


No escribo desde hace dos días. Os habréis dado cuenta.
La razón es bien sencilla: Mi ordenador está en una fase algo crítica y estoy intentando (vía terceros) subsanar los errores para poder proseguir con esta afición bloguera y diaria.
No hay nada tan inquietante y frustrante como se te estropee el puñetero ordenador. Es terrorífico. Pero al menos tengo la seguridad de mantener todo mi historial creativo fuera de peligro, por lo que lo consideraré un mal menor.
Lamento no poder seguir la dinámica del Abismo a la que os he malacostumbrado, pero hasta la optimización del sistema me temo que será difícil que no podrá volver a postear nada por aquí. Me fastidia observar este blog imbuido por una quietud inhabitual que me provoca espasmos de terror, que me deja en un estado de acojone total, indefenso a mi destino que en breve volverá a la profusión de escritura.
Por ello os pido perdón.
Supongo que esta tarde o mañana a más tardar, todo volverá a su normalidad. Así que permaneced en sintonía. Esto no ha hecho más que empezar.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 11:16 |


martes, mayo 10, 2005
"Me llamo Evey, Evey Hammond. No soy nadie especial. No como usted. Todo el mundo es especial. Todo el mundo es un héroe, un amante, un bufón, un villano. Todo el mundo. Todo el mundo tiene una historia que contar. Incluso Evey Hammond".
Son las primeras palabras del personaje que interpretará Natalie Portman. Lo extraordinario es saber de qué guisa aparecerá una de las actrices jóvenes más capaces de Hollywood. Tras los complejos postizos y peinados a los que se ha visto sometida en la trilogía de ‘Star Wars’ y el radical cambio de imagen en ‘Closer’, la pequeña Portman ha radicalizado su ‘look’ en ‘V de Vendetta’, la adaptación del cómic book de Alan Moore y David Lloyd.
Uno de mis fetiches femeninos son las chicas de pelo muy corto, rapado, como bien expliqué en una de aquellas absurdas cavilaciones que ya expuse hace tiempo en el Abismo. No quiero imaginarme el sofocón que voy a sacar una vez que salga de ver esta enésima adaptación de un cómic.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 20:18 |


Curioso duplicado original
Alexander MacKendrick, Penrose Tennyson, Robert Hamer o Charles Chricton fueron algunos de los preceptores de la comedia Ealing, famosa compañía de Basil Dean que nació para ofrecer un tipo de comedia que mezclara psicología, humor negro, realismo y discreto nacionalismo y ofreciera retratos corrosivos y vitriólicos de una Inglaterra en crisis. Películas que describieron Gran Bretaña y el carácter británico y que tiene como estandarte más reconocido ‘El quinteto de la muerte’, de MacKendrick. Curiosamente, la más americana de entre todas las producciones de la famosa productora inglesa. Mucho se ha hablado desde su estreno de la nueva ‘Ladykillers’, y casi todo bastante injusto. La versión que estrenaron los Coen no pretendió caer en el vicio del plagio legal, el llamado ‘remake’, sino que, como no podía ser de otra manera, la sociedad ‘hyphenate’ formada por Ethan y Joel Coen llevó la historia a su universo de revisión y puesta al día de los viejos géneros clásicos. Algo que ya viene siendo una marca de fábrica.
Los Coen siempre se han caracterizado por su elegancia y pulcritud visual, moral y formal que les aparta aparentemente de la parodia, permitiéndoles desarrollar el género sin cuestionarlo y lograr así sus míticas y sutiles estilizaciones de los formatos más ortodoxos: ya sea el thriller, el drama, el cine (bowling) ‘noir’ o la ‘screwball comedy’. En ‘Ladykillers’ recuperaron (pese a que no se les reconozca) ese tono cínico que habían perdido en su anterior e infumable cinta ‘Crueldad Intolerable’, cuya indiscutible posmodernidad artística propia de los Coen se impuso como reclamo de ‘qualité’ en contraposición de su habitual sinceridad. Es cierto también que esta nueva versión del clásico de Mackendrick no aguanta una exhaustiva comparación, pero ‘Ladykillers’ no deja de ser por ello un fresco renovado del espíritu de estos hermanos imprescindibles en el cine moderno.
Los Coen lograron fabricar una pequeña cinta que, aunque no tuvo la capacidad de sugerencia o la finura en el retrato de los personajes del filme de la Ealing, sí encontró una acertada narrativa en el fondo visual, en el preciosismo estético de calculada exactitud que amplificó la ambición creativa, muy miniaturista, de la historia. Aspecto éste del que carecía el clásico de la productora británica. También se sustituyó el decorado de vetusto sabor gótico por una escenografía con tonalidades coloristas de inequívoco regusto de cómic. Una delimitación del espacio, donde el escenario, Mississippi, sirvió a los Coen para desplegar sus más conocidas excentricidades.
Fue por tanto, el regreso de los Coen al territorio sureño, a la América Profunda, el entorno ideal para situar allí, a ritmo de ‘gospel’ espiritual y ‘hip hop’ la desordenada y humorística aventura de un inverosímil quinteto formado por un pedante profesor, un ‘topo’, un experto en demoliciones, un general especializado en túneles y un forzudo medio subnormal que planean robar el Bandit Queen, un casino flotante del Mississippi. Tras alquilar un cuarto como base de operaciones, el grupo se hará pasar equipo por una banda musical. Pero antes tendrán que enfrentarse a una venerable y oronda abuelita de férrea voluntad y fiel a la memoria de su marido fallecido. La historia apenas cambió respecto a la de MacKendrick, pero es curioso de qué manera encajó el argumento en el delirante cosmos de los Coen. ‘Ladykillers’ rescató las mejores y más aplaudidas directrices de su cine. Como por ejemplo, la añorada ridiculización de sus personajes, la imagen icónica de unos roles que se mueven en esa cáustica y peculiar propensión a la estupidez que hace cuestionar la lógica que les mueve a sus acciones. Una característica basada en la ambigüedad moral y la imbecilidad inconsciente de la perversidad de unos antihéroes que traspasan el límite de la maldad para mostrarse entrañables.
Y no es la única pauta que se echaba de menos en el cine de los Coen. También hay espacio en ése aire satírico para emplazar la trama en el ‘cartoon’, en el más puro ‘slapstick’ de los Avery, Clampett o Freleng, aprovechando el final de ‘El quinteto de la muerte’ para sazonar las muertes con el más absurdo y ridículo tópico del cinismo, dotándolas de una violencia oscura y grotesca que sigue siendo el motor de la acción ‘coeniana’, subvertida en el odio y la envidia, en la moralidad de doble fondo que es explicitada desde un punto de vista sarcástico y caricaturesco y en la antítesis de la bondad y la maldad envueltas en el dislate. De ahí que uno de los mejores logros de esta cinta sea el duelo interpretativo de un Tom Hanks histriónico y desmelenado (homenaje al Alec Guiness del original) y la maravillosa Irma P. Hall que protagonizan los mejores momentos de esplendor, de gran farsa guiñolesca.
El espectador (más desprejuiciado, eso sí) se encontró ante una película ‘puramente Coen’, donde su clave fue transformar un ‘british film’ en lo que mejor saben hacer: una ‘americanada’ de banalidad extrema, plagada de referentes infraculturales elevados por su precisión estética a la categoría de modelos. Un factor que fue clave en sus mejores obras. Se nota mucho la influencia confesa de gente como John Waters, Paul Bartel y David Lynch, al que rindieron homenaje con el gato Piñones saliendo corriendo con un dedo recién amputado en la boca. ‘Ladykillers’ restableció la metatextualidad que estaban perdiendo los Coen, regresando para ello a su universo de feísmo, a la apoteosis del horterismo excéntrico que no es más que una destructiva visión de la mediocridad yanqui, llena de contradicciones y burlas a una nación de profundidades insoldables.
Pero no fue sólo eso, sino que volvieron a la intrascendencia de las situaciones y de los diálogos que dieron un cariz de locura determinante en su filmografía y que aquí tiene su cúlmen en imprescindibles ‘gags’ de crueldad identificativa en el cine de los Coen, como un perro que muere asfixiado con una máscara de gas, el cuadro del difunto marido de la protagonista y sus gestos ante las situaciones o las disputas entre sus protagonistas. Y sobre todo, ese detallismo irónico de situaciones aburridas de un entorno en el que nunca pasa nada.
‘Ladykillers’ es (hoy en día) una película excesiva y harto difícil de denfender, pero con un infrenable ritmo, de contundencia visual e hilaridad narrativa que soporta sus pilares en lo hiperbólico de sus situaciones al borde del colapso y que encuentra en ésa celeridad la mejor virtud en una cinta que si bien adolece de la contundencia de anteriores trabajos, reaviva la integridad de los Coen al ofrecer su sincretismo a la hora de amoldar cualquier género a su exclusiva visión cinematográfica. La pregunta es ¿se trata sólo de una divagación estética y una pretendida búsqueda de nuevas formas narrativas y visuales o nos encontramos ante una conversión radical hacia un nuevo tipo de genialidad ‘autoparódica’ del propio cine de estos hermanos revolucionarios? Lo cierto es que viendo ‘Ladykillers’ surgió una sensación de un ‘autohomenaje’ a su impecable filmografía, con situaciones grotescas, personajes tremendamente ‘freaks’ y una alteración de la lógica argumental, reconocible exclusivamente en el cine de los Coen.
A todo esto se unen las constantes novedosas referencias a Edgard A. Poe, presente en los estudiados y malévolos planos contrapicados que evocan un anunciado anatema, siempre constante sobre las cabezas del grupo de ladrones en una narración circular que impone su metáfora en los cuervos, en la lobreguez moral de sus protagonistas y que termina, como no podía ser de otra forma, en el vertedero que muestra el destino de los inquilinos de la pobre anciana que, inocente y religiosa, acaba por llevarse el suculento botín robado por los incompetentes ladrones. A pesar de ser una película que habla sobre la codicia, la ambición y la incapacidad para llevar un delito a buen puerto, un viaje a un lodo moral que acabará por engullirlos a todos, ‘Ladykillers’ es sencillamente, al igual que su antecesora, un cuento moral bastante surreal y absurdo sobre la imperfección del ser humano.
Para la carrera de los Coen ‘Ladykillers’ no fue, como todo el mundo aseguró, un trabajo menor en su filmografía. Tan sólo supuso una película inesperada, que contuvo en sus líneas la misma apoteosis de transgresión genérica con una soterrada militancia ideológica que permanece incorrupta y que incidió, como en sus mejores cintas (no está tan lejos como parece de ‘El gran Lebowski’, 'Barton Fink' o ‘Fargo’), en un delimitado y conocido universo estético y crítico.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:03 |


lunes, mayo 09, 2005
Martha Vineyard se dedica a la fotografía, pero en una prosapia insólita, poco frecuente como es el inexplorado mundo de los cementerios de coches clásicos.
Ancestrales automóviles interfectos, oxidados por el paso del tiempo, que presentan un otoñal pergeño de antigüedad embellecido por el hábitat en el que reposan estos vetustos hierros viejos que un día fueron símbolo del progreso de la humanidad.
Un museo perdido que evidencia un extraña belleza muy atractiva a la vista.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 17:26 |


Posiblemente, dentro del mortecino y apático panorama de cine norteamericano, tan proclive últimamente al ‘remake’ y la adaptación de cómics como recurso comercial, hay un nombre que con sólo cinco películas estrenadas (‘Cómo ser John Malkovich’, ‘Adaptación’, ‘Human Nature’, ‘Confesiones de una mente peligrosa’ y ‘Eternal sunshine of spotless mind’, Charlie Kaufman es el guionista del momento, el escritor de historias más aclamado en Hollywood. Enigmático y arcano, apenas permite que le fotografíen y casi no concede entrevistas, se ha convertido en lo que él quería: un autentico misterio. Todas sus historias muestran dos dispositivos continuos que las hacen características; preocupación por el tema de la identidad y la fijación de indagar en la línea que delimita la dicotomía de realidad y ficción, los mecanismos de la fantasía.
Desde la época de William Goldman o Waldo Salt hace décadas, el fulgurante estrellato de Joe Eszterhas a principios de los 90, la capacidad creadora de David Mamet o la fascinante trayectoria de David Koepp, ninguna carrera guionística había despertado tanta curiosidad e interés como la de este revolucionario escritor nacido en Massapequa, Nueva York, en 1958. Charlie Kaufman parece haber encontrado así a sus medias naranjas creativas en Spike Jonze y Michel Gondry pasando a ser, junto con otros jóvenes realizadores como Ben Stiller, los Farrelly, Alexander Payne y Wes Anderson una generación de cineastas que reflejan, con su cine cínico y atrevido, la parte más miserable del ser humano y los condicionamientos más estúpidos de la sociedad que nos rodea. Kaufman comenzó a trabajar a principios de los 90 como periodista y más tarde como guionista en ‘Búscate la vida’, una de las ‘sitcoms’ de culto más antológicas de la historia catódica. Junto a Chris Elliott, protagonista, productor y coguionista, desarrolló una línea cómica en la que el despropósito surreal, la escatología, la violencia y el humor negro se unían en una imposible amalgama de historias en la vida de un infantil y lerdo hombre calvo y gordo que vivía con sus padres y trabajaba como repartidor de periódicos.
Charlie Kaufman es la representación perfecta del escritor apocado y tímido, delgado y bajito con el pelo ensortijado que tan bien sabe reflejar en sus personajes; ‘outsiders’ perdedores que confluyen en una histriónica y mordaz disertación sobre las circunstancias que determinan la angustia de los caracteres en medio del convulsionado entorno social. A medio camino entre la genialidad y la autocomplacencia, Kaufman utiliza siempre recursos imposibles en la narrativa cinematográfica surtiendo sus historias con complejos puzzles psicológicos llevados al extremo, excediendo todo tipo de combinaciones narrativas y demostrando así un inaudito signo transgresor donde el metalenguaje alcanza una rara cúspide de innovación y eficiencia.
Tras un periplo televisivo en series fundamentalmente cómicas como ‘Mis problemas con Larry’, ‘Ned & Stacey’ y ‘The Dana Garvey Show’, el guionista encuentra su ampuloso debut en la gran pantalla con ‘Cómo ser John Malkovich’, cinta que pasó a ser para el cine de principios de esta década lo que ‘Pulp Fiction’, de Tarantino fue para los 90: una auténtica revolución prodigiosa que obtenía el ‘más difícil todavía’. Un ejemplo de genialidad del absurdo en el que la exaltación de los poderes imaginativos fue unánime por toda la crítica del mundo. Postmoderna, carente cualquier pretendida originalidad, la ‘opera prima’ de Spike Jonze supuso una nueva revisión del clásico de Lewis Carrol ‘Alicia en el País de las maravillas’, desafiando a su vez cualquier límite impuesto hasta la fecha para llevarlo hasta la frontera del paroxismo.
Una característica a la que no es ajena la brillante ‘Adaptation’, la segunda película del támdem ‘Kaufman/Jonze’, que supone una feroz sátira a un Hollywood donde el propio Charlie Kaufman se convierte en dos personajes inventados metamorfoseados en Doctor Jeckyll y Mr. Hyde que transforman en ficción sus propios ideales creativos, aquello que se pretende como autor y en lo factible que da dinero, una realidad que envuelve la falta de ideas originales y en la disposición a la que conlleva la comercialidad en el cine. Todo ello en una enloquecida fórmula de ‘película sobre una película que trata sobre otra película’.
Tal vez ‘Human nature’ sea su historia más irregular, una parodia filosófica que recupera la figura del ‘buen salvaje’, un hombre localizado en la selva sin ningún conocimiento de la sociedad y la civilización que crea situaciones de desconcierto en el en sus propios educadores y en él mismo. Un acercamiento ‘darwinista’ algo que no llega a funcionar y se convierte en una desacertada indagación dentro del fárrago de los instintos que dominan al ser humano. Fue el primer trabajo en que Kaufman y Michel Gondry trabajaran juntos.
El debut como director del actor George Clooney contó con otro brillante guión de Kaufman. ‘Confesiones de una mente maravillosa’ convoca una portentosa equidad entre comedia y drama en una película incómoda sobre el controvertido productor televisivo Chuck Barris, que supuestamente dedicaba su tiempo libre a actuar como agente secreto al servicio de la CIA en la época de la guerra fría que encubre una dura crítica a la televisión, a la inexistencia de valores éticos y morales que predominan en la caja tonta desde hace décadas.
Su segunda película junto a Gondry supone uno de sus mejores guiones (ganador del Oscar 2004), ‘Eternal Sungihne of spotless mind’ es una profundización en la fragmentación y desglose del guión, la gran condición que hace inmensa la perspectiva narrativa de este genio (que recuerda a lo que algunos han venido a llamar ‘maze-cinema’), una experimentación llena de puntos de giros retroactivos (y a su vez progresivos), de acción minada con un ingenio inquieto y amenazante, dejando el carácter y el pensamiento alterados por el tiempo, por la fugacidad de los sentimientos que, con los recuerdos y la añoranza, mutan, acreditando que dentro del amor existe lo ilógico. Pero más allá de jugar con la afasia temporal, con la deconstrucción narrativa, la gran virtud de esta magistral película es que, en su intención no está la originalidad sino el propósito de contar una historia que muestra la verdadera naturaleza del amor, concibiendo su destino e inevitabilidad, su sentido de la injusticia y la predestinación.
Para Charlie Kaufman lo importante de un guión es “establecer a toda costa un diálogo con el espectador y que este siga reflexionando sobre lo que ha visto al terminar la proyección, por eso dejamos abiertos muchos caminos a la interpretación”. Todo un genio de nuestros días.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:54 |


domingo, mayo 08, 2005
Acostumbrados a aludir la ‘cultura basura’ con tono peyorativo, cuando en realidad somos nosotros quienes la componemos, esta semana volví a revisar ese necesario libro de libro Jordi Costa que es ‘Mondo Bulldog’ y que retrata, de forma axiomática y veraz, toda esa mugre abisal que es glorificada por el ser humano. El concepto de ‘cultura basura’, ése vocablo de difícil catalogación, está empezando a tomar una acepción errónea, ya que todos aquellos que desbaratan cualquier opción cultural con ineptitud lacerante están, en último término, haciendo un mal uso de la verdadera importancia que debería tener una cultura colectiva de la que, incomprensiblemente, ellos forman parte.
El autor catalán reproduce, de un modo meritorio y ágil, un estudio ameno y certero sobre este difícil concepto que convive diariamente con nuestra sociedad. Se manejan términos como ‘trash’, ‘basura’, ‘psicotrónico’... y hasta el momento nadie se había preocupado de hacer una definición más o menos utilitaria, de enfocar todos ésos conceptos hacia un compendio legible, y Costa lo hace magníficamente. Todo ése universo abisal, de texturas polimórficas, de ‘supuesta’ confrontación con las reglas impuestas de la estética y el arte está encaminado a la destrucción de las radiofórmulas, las ideas preconcebidas por el tipo docto, de lo protegido culturalmente. En este libro de culto se ampara a los ‘freaks’, a las rarezas, a la propia mitología personal que cada lector puede encontrar en sus páginas. Cuando el célebre artista Marcel Duchamp acuñó un nuevo sentido del arte recreando de forma artística un urinario, logró cristalizar su propio pensamiento divergente, de forma premeditada, para lograr exponer una obra paradigmática de esta proba cultura.
La heterogeneidad que envuelve a la ‘cultura basura’, ésa libertad sin límites, es la que encomia un universo en el que se acalla al dictador del gusto, al autócrata instaurador de modas efímeras, de una ‘basura’ aceptada. Y son precisamente ellos los que imponen un desprecio hacia lo ‘trash’, evidenciado como el signo de la decadencia intelectual de Occidente. Lo que Costa defiende con su galería de ‘freaks’ y deliciosa mugre es la necesidad del distanciamiento de huir de las lecturas frontales impuestas, de la libertad que supone elegir una dialéctica distinta a la preconcebida por la cultura establecida. Como decía el magistral John Waters “hay que tener buen gusto para apreciar el mal gusto”. Como la idea de perfección está democratizada ‘Mondo Bulldog’ salió a la calle hace ya algunos años como un manifiesto necesario, casi fundamental.
Es la hora de ponderar la ‘caspa’, de conocer nuevas metas artísticas, de dejarse llevar por todo aquello que resulta deliciosamente ‘bizarro’. El célebre Ed Wood, el lóbrego videoadicto Ernesto, la ciencia del ‘chulopiscinismo’, Cañita Brava, La Rata de Antequera, la carpa Juanita, el peligroso mundo de la ‘telebasura’, el Dioni, Chiquito o John Holmes son algunos de los protagonistas de este emocionante viaje por la cloaca de la ‘subcultura’, del universo ‘cochambroso’, de la maravillosa orbe que compone la cultura ‘basura’. Un libro lleno de matices, de encantadoras anécdotas, de asombrosos viajes a los entrañables (y muy humanos) cosmos insondables de esta cultura opcional a la tiránica cultura estética de la perfección impuesta. Fue todo un hallazgo de potencial en un mundo literario obstinado en repetir los mismos temas una y otra vez.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:18 |


"Sus Altezas Reales los Príncipes de Asturias tienen la gran alegría de anunciar que esperan el nacimiento de su primer hijo para el próximo mes de noviembre. Sus Majestades los Reyes desean con este motivo sumarse a la gran alegría de este feliz anuncio. Palacio de la Zarzuela, 8 de mayo de 2005".
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 11:23 |


sábado, mayo 07, 2005
Bueno, pues aquí tenemos otra de esas absurdas novedades que ofrece el perfeccionamiento de estos ‘chismes’ llamados weblogs.
Se trata de los ‘videoposts’, pequeñas ventanas en las que en vez de verter introspecciones, pensamientos y demás paranoias en forma de palabras, podemos advertir al fulano de turno directamente en imagen y movimiento (pudiendo extender esto a noticias o vídeos de cualquier índole), en una suerte de posts hablados que, sinceramente, me parecen una supina gilipollez, pero con el aburrimiento de no saber muy bien qué escribir esta tarde, he creado uno en forma de saludo para que comprobéis que existo, tengo rostro y voz, ridiculizándome un poco más y optando por el retraído saludo comunal a los lectores del Abismo.
Como diría el Sabio “no te acostarás sin aprender algo nuevo”.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 19:26 |


Poco considerada por nadie como una de las mejores películas de la década de los 90, ‘State of Grace (El clan de los irlandeses)’ supuso una readaptación de la etnia de películas de gángsteres con un específico código propio, desertando de los tópicos que han plasmado en sus mejores cintas Scorsese, Coppola o Michael Cimino.
Siguiendo una estructura clásica del cine de género, ‘State of Grace’ va fraguando una tragedia íntimamente irlandesa, sistematizando en su materia argumental todo tipo de identificables situaciones patibularias como vendettas, traiciones, ajustes de cuentas y demás actividades mafiosas en un cosmos que se mueve entre la lealtad de la familia en el barrio de ‘Hell’s Kitchen’ y la felonía respaldada en el arribismo criminal.
‘State of Grace’ es una película que se acerca a los límites de la excelsitud por medio de una prodigiosa dirección por parte de Phil Joanou, donde los tiempos, los silencios, el parsimonioso devenir de los hechos se ajustan a una historia melancólica y triste, otoñal y destructivamente profética que explora los pecados de los suburbios bajo esa historia del hijo pródigo que vuelve a casa de incógnito, convertido en agente de policía, con la misión de involucrarse en un grupo irlandés dirigido por un viejo amigo y delatar al grupo de personas que un día fueron su familia, sin saber que las apostasías germinan en la codicia del adalid de la delincuencia barriobajera.
La secuencia al azar de hoy corresponde a uno de los mejores momentos de funerales de la historia del cine moderno. En este protocolario evento céltico, con el repudio por la confidencia de su posición de policía de la bella Kathleen (brillante Robin Wright), Terry Noonan un increíble Sean Penn) se acerca al ataúd de su mejor amigo Jackie (deliciosamente histriónico Gary Oldman), asesinado la noche anterior, para concederle una botella de whisky irlandés.
Noonan ha visto cómo el capo del grupo, Frankie (Ed Harris, como siempre fantástico) ha matado a su propio hermano, siguiendo su impúdica pleitesía al mafioso Borelli (el fallecido Joe Viterelli) para progresar en su triste ascensión en el imperio del hampa.
- ¿No sabes dónde estuve ayer? Estuve en el muelle 84. Sé lo que pasó. – dice impasible Noonan.
- No sería muy inteligente que tú y yo nos enfrentáramos ahora ¿no crees?
– le dice Frankie al descubrir que alguien sabe que ha vendido a su hermano cual Judas con abrazo incluido.
- ¿Inteligente? ¿Quieres ver lo inteligente que eres?
En ese momento, uno de los más determinantes de la película y uno de los más brillantes del cine de género, Noonan le deja la placa de policía soltando un sepulcral “Fíjate qué inteligente eres” ante la absorta mirada de Frankie.
‘State of Grace’ lo tiene casi todo; unas interpretaciones cargadas de profundidad y talento, una puesta en escena sobria y bien llevada por Joanou, la preciosa y apagada fotografía de Jordan Cronenweth, la frugal partitura de Ennio Morricone y un guión de Dennis McIntyre que recuerda a la poética obra de John Millington Synge.
Una virtuosa y ejemplar pieza que supuso y supone una obra de impecable calidad que poca gente (o nadie, diría yo) se molesta en reivindicar.
Desde el Abismo, dignifico con esta sección una de mis películas favoritas.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:07 |


viernes, mayo 06, 2005
Parece que es irrevocable: dejo atrás una larga, acerba, febril e inmunda gripe. Me siento refortalecido por mi estado de hombre salubre que emprendo hoy mismo. Un día me he dejado más de un bostezo y varios bufidos viendo ‘El Reino de los Cielos’, filme aglutinador de un público formado por bisoñas jovencitas con vientre descubierto exhibiendo piercing que no han parado de berrear y gemir cada vez que salía en la pantalla un insulso actor de la talla de Orlando Bloom. No os alarméis, os dejaré aquí la crítica semanal de esta ostentosa y excesiva película de Ridley Scott.
Por otro lado, me aterrorizaría vivir en Texas. Ya no sólo porque es el estado de los USA que engendró a un heraldo del Anticristo como es George W. Bush, si no por el escenario de conservadorismo fascista intransigente que se respira en un contexto de interdicción e hipócrita proceder pudibundo. Ahora resulta que las sugerentes ‘cheerleaders’ pueden verse obligadas a la cuadratura del círculo, es decir, que las animadoras deportivas deberán someterse a las estrictas normas éticas y no volverán a ser reclamo ante los aficionados. O si lo son, tapaditas y sin convulsiones que inciten a la concupiscencia. Las complejas coreografías se verán enturbiadas porque un cabrón llamado Rick Parry (gobernador y aval del Senado) ha decidido, con apoyo de Bush, empezar a guillotinar libertades. Justo dos semanas después de que Jeff Bush ratificara una ley en la que todo el mundo en California puede (y debe) llevar un arma para defensa personal. Ranciedad humana y espiritual en forma de totalitarismo.
Además de conocer que los obispos solicitan a los ciudadanos “rectitud moral” ante el matrimonio ‘gay’ (tal vez la misma que consagran algunos de ellos cuando consuman la pederastia) al que señalan como “falso matrimonio”, el otra vez presidente laborista Tony Blair, perteneciente en realidad a la tecnocracia británica más descarada, ha vuelto a obtener la mayoría absoluta, pero ha dejado una frase mucho mejor para los anales asegurando que podía hacer el amor “cinco veces en una noche” (sin sacarla o no, no lo sabemos).
Por último, Robert Wise y Abel Ferrara protagonizarán las retrospectivas del 53er Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que se celebrará del 15 al 24 de septiembre y que contará, si nada lo impide, con mi habitual presencia en un certamen que tendrá a Hitchcock como motivo de su cartel, rindiendo homenaje al gran maestro 25 años después de su muerte.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 21:39 |


Las peligrosas aristas de la pasión
Chabrol se sumerge de nuevo en una pasional y oscura historia de amor circunscrita a la ironía y cinismo con el que muestra el entorno de la burguesía
En ‘La dama de honor’ encontramos a Philippe (Benoit Magimel) un chico joven que vive con su madre y hermanas una existencia de lo más apacible y con futuro más que prometedor que le permitirán salir de la mediocridad social en la que vive. En la boda de una de ellas, Philippe conoce a Senta (convulsiva, carnal y sensual Laura Smet), una de las damas de honor y amiga de la familia. Ambos inician una relación pasional y sexual que les llevará a plantearse cometer una macabra prueba de amor. Es la premisa de la última cinta del veterano e incombustible Claude Chabrol, donde el director francés desgrana una vez más algunos bajo su cínica perspectiva los más recónditos vicios humanos de una condición social que conoce bien, disociando tras la ordinaria vida burguesa las miserables en la que apenas concurren las virtudes un espacio que define la degradación moral de sus personajes, con ese perverso e ingrávido toque de las últimas películas de este rejuvenecido cineasta.
‘La dama de honor’ adapta la novela de Ruth Rendell ‘Amores que matan’, una historia en la que el amor es llevado al límite y la pasión se subvierte en una arriesgada muestra de excentricismo sexual. Chabrol, reflexivo con lo deteriorado de la trama que representa en el género negro, desatiende el texto principal y deja a un lado la exploración del suspense para centrarse en sus personajes, en su psicología y pensamientos infectados por un amor irracional y enfermizo y, de paso, retratar su acomodaticia vida en el entorno familiar y social. Si bien es cierto que la historia juguetea en todo momento con el ‘thriller’ y el drama romántico sazonado de un humor negro ya habitual en el incombustible Chabrol, también lo es que el realizador galo se inclina hacia el cinismo que provoca la materia moralmente cuestionables, sin juzgar a unos roles dispuestos a cometer cualquier delito sin deliberar las derivaciones inmediatas.
Con un ritmo cadencial, acompasado por su virtuoso manejo de la cámara, Chabrol confiere a su película una insólita lección de ‘tempo narrativo’ desarrollando lentamente su tópica historia de amor a primera vista, ajustada a la más oscura vertiente que enarbola una siniestra y enfermiza fábula de pasión que desea ser el único fin y meta de una vida, la entrega total en cuerpo y alma, sin preguntas, sin reproches ni sospechas, hasta llegar a un sacrificio letal que compromete la integridad física y ética del individuo. La pericia de Chabrol en la instauración del círculo francoburgués viene dado por un catálogo de sucesos, guiños y comentarios inscritos en una insustancial apariencia, necesaria en último término para que germine esa disparatada pasión que conlleva al absurdo de cometer un crimen, precisamente donde reside el mal que todos llevamos dentro, en la aceptación de lo establecida como norma básica, instituyendo una necesidad de romperla con el mínimo cambio que se presente. En este caso, un amor pasional irrefrenable. Especialista en la exploración psicológica de sus personajes, Chabrol no pierde de vista la impagable percepción adquirida de mantener al espectador en tensión sin necesidad de efectismos, cuidando la elegancia de cualquier variación ya sea visual o argumental.
Y aunque se deje en el tintero una profusión menos sutil a la hora de profundizar en los enigmas pasados de Senta y algunas inexplicables reacciones de Philippe, para Chabrol la relación perturbadora y fuera de control es el centro de una película en la que no irradia esa contingencia genérica del ‘thriller’ al uso, sino un acercamiento al drama romántico en su faceta más cruel y desgarradora. Chabrol manifiesta ser un maestro en el descubrimiento de promisorias actrices con la elección de Benoit Magimel como voluble enamorado, pero sobre todo con Laura Smet, una deslumbrante y perturbadora actriz francesa (descubierta por el público en la maldita ‘Le corps impatients’), que le da a su personaje un halo de ensoñación apabullante y que es, a todas luces, lo más sobresaliente de una ya de por sí estupenda película.
Un análisis sobre la debilidad humana que, más allá de la ‘femme fatale’ al uso, formula la inusual figura de un súcubo psíquico y físico convertido aquí, de nuevo, en uno de los elementos naturales del cine de su director: la tentación y el amor representado en un envenenado aguijón que conlleva al sometimiento más perturbador circunscrito, cómo no, en la burguesía representativa de los defectos sociales y humanos dentro del cine del gran Chabrol.
Un grato ejercicio de estilo en la destaca la brillante fotografía fría y adusta del gran Eduardo Serra, que envuelve a la historia en un tono creciente de conminación, ambiente perfecto para que Chabrol articule un metódico filme sobre el fondo humano y ético de sus desencaminados personajes con un pesimista enfoque del amor en entornos reconocibles en su ya extensa filmografía.
Miguel Á. Refoyo © 2005
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:31 |


jueves, mayo 05, 2005
Impresionante link.
El payasito Ginesito es el nuevo ídolo, el alegre ‘clown’ de la exaltación jubilosa de los cumpleaños, fiestas y demás celebraciones. Un mítico payaso capaz de entusiasmar con sus antológicas canciones ‘Palomitas de Alcobendas’, ‘El caracol de Torrejón’ o el ‘hit’ ‘¿Por que somos tan limpios?’.
Ginesito es un excéntrico pantomimo de barrio que se ha ganado un hueco en el corazón de los más ‘freakies’. Está esperando que le llames para cantar y felicitarte en tu próxima conmemoración.
Además te invita a participar en su concurso de chistes y vende ‘on-line’ su exitoso álbum en formatos CD y Cassete.
Un fenómeno de masas, sin duda alguna.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:14 |


Una muestra en forma de catálogo de Pin-ups de la ‘Collection KJA’.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 14:35 |


Tengo que asumirlo. No puedo permanecer más con este sosegado tono circunspecto e impasible ante el acontecimiento fílmico del año. Lo reconozco, estoy algo inquieto por el inminente estreno de ‘Episodio III. La venganza de los Sith’. Me descubro como un ‘starwarsiano’ de pro, un ‘freakie’ de las Galaxias, seguidor irredento de la Saga creada por George Lucas. Tal vez no tanto como los Alvariño, ni como los que tunean su CPU con emblemáticas carcasas, pero lo soy.
Estoy tan enardecido que ayer acudí raudo y veloz, como un risueño chiquillo de 30 años, a la taquilla de mi cine más cercano a por mi entrada para el estreno mundial. No había colas, ni ningún émulo del Primer Gran Gilipollas, Jeff Tweiten, nuestro amigo "Superfan 1138", pero sí es cierto que se percibe una sensación de deliciosa expectación, consciente del ‘in crescendo’ de la nueva trilogía, con una disposición hacia la oscuridad macabra de la metamorfosis de Anakin en nuestro amado Lord Darth Vader.
Ya queda menos. Sólo dos semanas. Un breve lapso que servirá para concurrir humanamente a una de las mayores coyunturas 'colectivocinematográficas del año', o de los últimos tiempos si hacemos caso a los comentarios de Kevin Smith. Las sensaciones acumuladas por el cierre de esta nueva trilogía son postivas. Tal vez sea cierto que hasta el momento esté siendo algo irregular, pero somos conscientes de que al menos el gran Lucas ha intentado devolver, en gran parte, un segmento conceptual al propio cine. Desde que las letras azafranadas se pierden al final de la pantalla al compás de los acordes de John Williams, la emoción y la expectación han invadido a un espectador entregado a que su imaginación se desborde en forma de imágenes inexploradas y se ha dejado llevar por la magia, el espectáculo, la fantasía y la ilusión de las grandes producciones que en las últimas décadas han decaído hasta el fango del aburrimiento.
Las generaciones que vivimos la revolución de ‘Star Wars’ podemos ver recompensada tan larga espera, volver a sentir el arrebato de la diversión galáctica más inmemorial que jamás haya ofrecido el cine. Ha llegado la hora de abandonar la doctrina, la estética llana, el dramatismo y una visión existencialista del cine defendido por los aburridos y resignados intelectualoides del ‘arte’ por la concepción última de éste: la creación de sueños y la diversión basada en el grandioso espectáculo (da igual que esté más digitalizado que nunca).
En el fondo, no he podido evitar el estúpido entusiasmo de volver a ver emerger en la gran pantalla el casco negro de Darth Vader (alegoría perfecta del Lado Oscuro de la Fuerza) poseedor de un poder tan brutal equiparable al símbolo de Coca-Cola, los aros de los Juegos Olímpicos o la Estatua de la Libertad.
Ya tengo mi salvoconducto para asistir a un imprescindible evento que este año no tiene parangón en su conquista de las taquillas de todo el mundo. Los nostálgicos esperamos no salir desencantados. Al menos yo sigo siendo imperturbable valedor de las dos primeras precuelas de las Saga, por lo que aguardo con esperanza el día 19.
Vuelve a ser la Era de la nueva ‘Star Wars’, el milenio de la Nueva Trilogía. Darth Vader esta a punto de hacer sonar su asfixiado eco en forma de metálico resuello.
¿No la oís ya?
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:04 |


miércoles, mayo 04, 2005
Casualidad, sincronización, conspiración…
Hay algún que otro indicio insinúa que la CIA tenía informes confidenciales que vaticinaban un inminente ataque terrorista a la nación más poderosa (y desde entonces segura) antes del 11 de Septiembre de 2001. Ni George W. Bush (que leía ‘Mi mascota la cabra’ cuando le dieron la trágica noticia), ni su administración, ni los poderes judiciales, ni el ejército podían imaginar lo que sucedió aquella fatídica mañana en el World Tarde Center. El ex asesor de seguridad nacional y la Secretaria de Estado de USA Condoleeza Rice afirmaron que era imposible prever la tragedia.
Pero ante las palabras de Bush “Nadie en el gobierno hubiera imaginado tal ataque" (declaraciones recogidas el 17 mayo de 2002 en las noticias de la CBS), queda la sombra de la duda ¿Por qué? Os preguntaréis. Pues porque tal catástrofe se podía haber evitado. Hay una fuente inescrutable e infalible que siempre presagia lo que sobreviene en la historia reciente de la Humanidad. Se trata, nada más y nada menos que de Hollywood y sus proféticas películas.
A lo largo de los últimos años, diversos filmes han divulgado pequeñas señales a modo de admonición que nadie supo ver en su momento. Podría haberse evitado si se hubiera tenido en cuenta el nivel subliminal de algunas de las producciones estadounidenses antes del trági8camente célebre ‘9/11 S’.
En Iluminati, la web de las conspiraciones, publican un sorprendente archivo de imágenes que evidencian estas sospechas.
Sí, yo también lo he pensado. La gente pierde mucho el tiempo, amigos.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 22:21 |


El otrora ministro falangista aficionado a los baños radiactivos en Palomares y refractario archienemigo del preservativo y el mundo moderno Manuel Fraga vuelve (como hace cuatro años) a ofrendar su particular apología al Photoshop en su nuevo cartel electoral para la campaña por Presidencia de la Xunta de Galicia tras 263 años (bueno, en realidad 15) al frente de la misma.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 14:25 |


La secuencia de hoy corresponde a uno de esos clásicos inextinguibles del cine negro, una lección a muchos niveles; estética, argumental, interpretativa, visual, de dualidades de moral (más propensas al cainitismo), de tipologías antihéroicas y éticas y en último término del cine en su esfera más dilatada. ‘The killers (Forajidos)’ se inscribe en un incomparable nivel dentro del terreno de la dramaturgia, de la puesta en escena y del sugerente poder de la imagen.
Pete Lund/ Ole Anderson/ “El Sueco” (Burt Lancaster) después de recibir su última paliza sobre ‘ring’ (tiene fraccionada la mano y aún así ha conseguido pelear) asiste a una fiesta con su novia Lily Harmond (después Lubinsky –Virginia Christine-) a la fiesta de Jake, el libertino propietario de un restaurante donde se reúne la peor calaña de la ciudad. Ella parece remisa a disfrutar de la velada, pero “El Sueco” se obstina. Lou Tingle toca el piano apartado en un rincón. Junto a él, una misteriosa dama llamada Kitty Collins (Ava Gardner) canta unas estrofas que rezan “Cuanto más sé del amor, menos lo conozco…”. Cuando “El Sueco” ve por primera vez a Kitty todo se derrumba, las miradas se suspenden como si fueran ‘ralentís’, la tensión se hace insostenible, la conversación es, como no podía ser de otro modo, radical.
“El Sueco” quiere impresionarla afirmando que es boxeador. Tras él, Lily atestigua haber visto todos sus combates y la pragmática respuesta de Kitty es demoledora: “No soportaría que alguien pegara a la persona a la que amo”. Esto deja al boxeador hipnotizado, aceptando su condición de perdedor voluble y sometiéndose sin rémoras a una mujer que se intuye egoísta, frívola, pero irresistiblemente hermosa y atrayente. No es la única vez que admita el aciago destino por culpa de su enamoramiento, ya que por ella ingresa en prisión encubriendo el robo de un broche del que se hace responsable y por ella ha estado a punto de suicidarse.
En el inicio de la película observamos cómo dos esbirros acribillan al Sueco distinguiendo su lasitud a seguir esquivando la muerte, cansado de huir del recuerdo, de la traición provocada por una de las mujeres más bellas que ha tenido este mundo (y hablo del mundo real, oh... Ava, divina Ava). Y en su recuerdo, un pañuelo verde bordado con unas arpas doradas.
Nunca el ‘flashback’ fue tan sutil y estuvo tan bien llevado bajo la investigación de James Reardon (Edmond O’Brien) y jamás (a excepción de ‘Rashomon’, de Kurosawa) la disparidad de puntos de vista de un mismo acontecimiento fue tan atenuante y dialécticamente vistosa y cinematográfica.
‘The killers’ es una profunda obra maestra que merece un visionado de vez en cuando, para saber hasta qué nivel un director puede hacer magistral una excelente historia.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 01:05 |


martes, mayo 03, 2005
No es ni pudoroso ni ético mantener una improcedente actitud de euforia e hilaridad hacia el fracaso ajeno. Pero hay derrotas que producen satisfacción sólo por ver ciertas caras de decepción e infortunio.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:07 |


Buena noticia, pues. La trayectoria festivalera de ‘El límite’ parece seguir su lenta pero segura difusión por toda España y parte del extranjero.
La próxima cita de nuestro cortometraje tendrá lugar en unas tierras en las que estaba deseando que se disfrutara este nuestro tercer proyecto, nada menos que en Bilbao.
El Festival de Cortos Caos cumple tres años y hemos sido seleccionados entre los finalistas de 230 cortos recibidos. Un festival con propósitos divertidamente partisanos que tiene como especial novedad este año la sección la muestra ‘Eastpak: soy bizarro... ¿y qué?’ que unido a sus secciones de cine, vídeo y animación consagran la oportunidad de disfrutar de toda una galería de festejo en pequeño formato.
Para los lectores y amigos de Bilbao:
‘El límite’ se proyectará en el CAOS CLUB, c/Simón Bolivar 10, Bilbao. Metro: Indautxu, salida Dr. Areilza, el próximo lunes 9 de mayo a las 20:00 horas junto a estos otros cortos.
La lista de la sección oficial de este año aquí.
Todo un honor.
¡Aupa Athletic!
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 17:25 |


‘Made in USA’
Michael Bay propone un panegírico triunfalista y heroico bajo una historia de amor a tres bandas que acaba por resultar artera y empalagosa.
Creador de pirotécnicos artefactos cinematográficos compuestos por una falsa adrenalina elaborada con acción y suntuosidad pretenciosa fundamentada en la más descarada comercialidad, Michael Bay presentó su tercera obra después de dos ‘reliquias’ de nuestro tiempo como ‘Bad Boys’, ‘La Roca’ o ‘Armageddon’ y posteriormente con ‘Bad Boys II’.
El presuntuoso y teorizante cineasta reanudó con ‘Pearl Harbor’ en su particular ‘tour de force’ con el cine espectáculo, con los fuegos artificiales encarecidos por su sobrevalorada autoestima y su encopetado sentido de un cine asentado en los monumentales pilares que suponen las desmedidas cifras que se manejaron en esta deleznable cinta. ‘Pearl Harbor’ no fue más que otra nueva vuelta de tuerca para la petulante demostración del omnipotente imperio de Hollywood y su potestad a la hora de crear hegemónicos filmes con aspiraciones comerciales. Otro imposible vuelco económico para someter al espectador a una enorme ceremonia de grandiosidad y sortilegio digitalizado.
La nueva odisea de Michael Bay se empecinó en recrear uno de los acontecimientos bélicos más importantes de los anales de la historia reciente. Concretamente el sucedido el 7 de diciembre de 1941, cuando 183 bombarderos a las órdenes del comandante Mitsuo Fuchina surcaron los aires para poner en jaque al ejército norteamericanos que se instruía entre Ford Island y Battleship Row. Más de 3.200 militares yanquis murieron en uno de los ataques más importantes de la II Guerra Mundial. Bay aprovechó el evento para incluir entre este trágico suceso la paupérrima historia de amor entre Rafe McCawley (Ben Affleck) y la enfermera Evelyn Stewart (Kate Beckinsale), relación que se ve alterada cuando él desaparece luchando en las filas del Escuadrón del Águila Británica. La chica, destrozada por su aparente pérdida, caerá rápidamente en los brazos de su mejor amigo, Danny Walker (Josh Harnett).
Pero esta roñosa trama amorosa no deja de ser una burda excusa que el guionista Randall Wallace no desperdicia para subvertir este lamentable amorío a tres bandas y hacer apología triunfalista, que es de lo que realmente va este despilfarro comercial. Así, se narra durante más de tres horas cómo y de qué forma el ejército norteamericano despertó de su letargo para demostrar al mundo que era el país más poderoso de los 5 continentes, un acto que intentan refrendar en celuloide Jerry Bruckheimer y Michael Bay al pretender engrandecer con dinero y grandilocuencia esta prescindible, insustancial y empalagosa historia de amor.
Bajo los planos llenos de glamour fotografiados por John Schwartzman se encuentra uno de los manifiestos más triunfalistas y arrogantes de un género tan difícil como lo es el cine bélico. El autoelogio nacionalista, la loa heroica a los veteranos que sobrevivieron a Pearl Harbor y la apología yanqui en su objetivo final convierten a esta superproducción en un emblema acerca del valor y la integridad norteamericana. Así, no es casual que el ataque japonés nunca se vea desde arriba, sino desde la visión de sufrimiento de los militares de la bahía y menos lo es ese acto milagroso que pone en pie al inválido presidente Roosvelt para demostrar que se puede obrar lo inverosímil. O que el héroe de la historia sea una especie de providencia invencible salvaguardado por el amor y el idealismo. Tampoco es casual la vacuidad de la historia del más que correcto Cuba Gooding Jr. si al final se puede expresar que fue el primer afroamericano condecorado o que la sangre de los protagonistas para una trasfusión se vierta en botellas de Coca-Cola, el más imperialista de todos los símbolos estadounidenses.
El discurso ideológico del filme de Bay fluye por un indolente conformismo idealista colmado de aparatosa subversividad visual reiterada en las esperadas barras y estrellas hasta llegar a los continuos contrapicados de ensalzamiento hacia el ídolo representado en un poco carismático Affleck. Alegorías sublimadas que alcanzan el propósito perseguido por los productores de este costoso juguete: la creación de un símbolo fílmico por y para el homenaje nacionalista.
Pearl Harbor’ despliega, eso sí, una puesta en escena y un diseño visual impresionante, enormemente estudiado y delimitado en busca del impacto sensorial (amaneceres, momentos románticos y bélicos). Todo ello le sirve a Bay para, con su descarada petulancia artística, arrastrar el peso de una función que se asienta en la osadía técnica, en los abrumantes efectos digitales que rodean un melodrama de tintes clásicos que ambiciona exhibir el verdadero espíritu del cine bélico. Algo que se consigue durante breves instantes en la apoteósica y larguísima secuencia del ataque nipón inundada de espectáculo crudo y enfervorecido, diligente y suntuoso.
A pesar de una mínima autocrítica personificada en el personaje de Dan Aykroyd, el circo bélico de Michael Bay no se acerca (ni de coña, vamos) a la flagrancia de los Fuller, Milestone, Sandrich o G. Hutton y menos a la intencionalidad gigantesca de maestros que dejaron su huella en el género como Ford, Hawks, Kubrick, Coppola, Malick o Spielberg. Bay aleja el género a un terreno de directrices bien diferentes encaminadas a la taquilla y al ombliguismo de un director tan envanecido como trivial. La música de Hans Zimmer, autoplagiándose bajo las mínimas variaciones de ‘La delgada línea roja’ y el ‘off’ de Evelyn recordando que bajo el Pacífico aún reposan los restos de los 1.400 americanos que se hundieron con el buque Arizona cierran un filme tan pretencioso como atronador resultando, en último término, un entretenimiento que resulta ser un aburrimiento demasiado artificioso para el dineral que invirtieron en la que en su día fue la cinta más cara de los fastos del cine contemporáneo.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:46 |


lunes, mayo 02, 2005
Edward Runci fue un genovés nacido en 1921 que vio cómo su vida se transformó de mostrar sus dibujos realizados en el pueblo costero de Catania, en Sicilia, a ser un dibujante de éxito con sus ‘pin ups’, exponiendo su primera colección tras la guerra en 1945.
Se le comparó a Gil Elvgren y no tardó en triunfar en Hollywood como retratista e ilustrador de las más importantes revistas.
La especialidad de Runci siempre fueron las sexualmente féminas rubias de los años 50, muchas veces a modo de réplica de Marilyn Monroe, pero predominando su trazo a la hora de de esbozar complejos vestidos de seda y otros textiles.
Aquí tenéis su biografía y una galería.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 23:01 |


Estaba claro que era más que difícil que Memphis tuviera alguna posibilidad contra Phoenix, el mejor equipo de la NBA esta temporada.
Pau Gasol y los suyos han caído eliminados a las primeras de cambio en los playoffs, rendidos ante el parcial de 4-0 de unos Suns sustentados en unos fantásticos Steve Nash, Joe Johnson y Shawn Marion (a los que hay que añadir a los imprescindibles Stoudemire y Richardson).
115-123 ha sido el último marcador de los Memphis esta temporada. A pesar de los 28 puntos del español, los Grizzlies nada han podido hacer ante el vendaval de juego del conjunto dirigido por Mike D'Antoni.
La NBA se ha quedado sin su embajador español. A partir de ahora, habrá que disfrutar del juego de los demás equipos y corear aquello de “I love this game”.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 13:15 |


El pasado viernes se cumplían veinticinco años de la muerte del iconográfico Sir Alfred Hitchcock uno de los cineastas más admirados de la Historia del Cine, que aún en nuestros días sigue estando más vivo que nunca a través de una filmografía repleta de obras maestras que perduran imborrables en la memoria colectiva. Nacido en Londres en 1899, el joven Hitchcock debutó como ingeniero en la Compañía telegráfica Hanley y más tarde entra en la sucursal londinense de la firma de Hollywood Famous Players Lasky, donde trabajó como diseñador de subtítulos para las películas mudas.
Tras una breve estancia en la UFA, que le ayudaría a descubrir la obra de Paul Leni y Fritz Lang, llegaron sus primeros tanteos como cineasta con ‘Number 13’, película que no llegó a terminar, ‘Always tell your life’ que ni siquiera firmó como director y ‘The pleasure garden’, su primera película. Su particular y genuino estilo empezó a dar evidentes signos de desbordante talento con ‘El enemigo de las rubias’ y sobre todo con ‘La muchacha de Londres’. Hitchcock se formó aceptando las más dispares obras para instruirse y es ‘Blackmail’ la obra más carismática del primer cine sonoro británico. David O. Selznick sería el hombre que le llevara a Estados Unidos, donde comienza a trabajar en una serie propia serie para televisión. Desde entonces la máquina creadora nunca paró, deleitando y suspendiendo la tensión de muchos de sus filmes irrepetibles.
Lo cierto es que Hitchcock desarrolla su verdadera personalidad cinéfila a través de investigaciones formales de distinta índole, cuyos éxitos utilizaría para transmitir una perspectiva del cine única, no por sus temas o sus mensajes, sino por una estructura narrativa fascinante y una realización basada en la capacidad de relatar por medio de las imágenes. En último término, el cine de Hitchcock se ha convertido en un egregio arte porque busca (al fin y al cabo) el puro entretenimiento, para después pasar a jugar con negativas que desembocan en una traducción cimentada en la libertad de acción ‘in crescendo’ utilizando el mítico suspense como excusa o pretexto.
En cuanto a esa intriga, el Gran Maestro siempre fue coherente consigo mismo y con el espectador, dotando a sus personajes con la identificación, confiriéndoles una dimensión dotada de privilegiados análisis y, sobre todo, tomando la condición del suspense para contravenir cualquier tópico acerca del género. Para Hitchcock el cine se tenía que centrar en sus instantes dramáticos (es célebre aquella frase “el drama es la vida despojada de sus momentos aburridos”) en el que hasta el romanticismo desaparece en su final (como en ‘Vértigo’) en pos de una postura ante el cine como provocador erudito.
El hecho de que el cineasta británico no le diera importancia a la evolución de su carrera coincide precisamente con su perspectiva acerca de la maldad oculta en un halo de abstracción e incluso de abyección, como si quisiera exhumar el aplomo malintencionado con el que se pueden invertir los valores. Tampoco deviene una catarsis personal a través de sus filmes (su misoginia, obsesión y frustración) sino que nos dejó contemplar una evolución pesimista de su visión del cine (‘Crimen perfecto’, ‘Topaz’, ‘La trama’…). Siempre quiso dirigir comedias, pero no hubo suerte, a pesar de poseer ese humor británico mordaz y camuflado, válido para esa poco reconocida ‘Pero... ¿quién mató a Harry?’.
El Hitchcock más conocido era un genio, un clásico de nuestro siglo, especulando con un cine en el que la estilística y la temática se estiban formando una sola. Su práctica de montaje rayano en la perfección nos hace ver al perfeccionista que buscó siempre la cúspide visual. Se le puede considerar como un creador avanzado a su tiempo, un visionario de percepción cinematográfica propia e inconfundible, donde la figura del cineasta ante su obra no desaparece, pero tampoco se toma como un elemento demiúrgico. Su discernimiento creativo progenitor de obsesiones particulares se caracterizó por dotar a sus protagonistas femeninas de un carácter frío (signo de frigidez, no de independencia) que no hacían vislumbrar un fulgor puritano, sino todo lo contrario, de ahí esos exhaustivos diagnósticos (en este Abismo dedicaré algún reportaje a ellas) sobre todas sus rubias más memorables: Grace Kelly, Tippi Hedren, Janet Leight, Kim Novak
El cine de Hitchcock es anexo al sentido ‘freudiano’ del discurso (visible en el epílogo de ‘Psicosis’) en el que abundan referencias a Kafka o Chesterton, que bifurca el análisis de los dobles juegos establecidos sobre la puesta en escena y su trascendencia (‘Encadenados’, ‘Atormentada’, ‘La ventana indiscreta’, ‘Vértigo’ o ‘Marnie, la ladrona’). Como conclusión (y dejando de analizar sus ‘McGuffins’, la teatralidad de alguna de sus obras maestras, el espectáculo, el erotismo, la muerte, el sexo, el espionaje, sus intencionados ‘cameos’, la planificación… con la excusa de desglosarlo como bien se merece) cabe significar la vasta sombra de Hitchcock como una de las personalidades más ciclópeas que ha tenido el cine jamás.
El director ‘maestro de maestros’ ha legado una irrepetible leyenda en la que todos los espectadores tienen cabida. Sólo hay que ver (o revisar) una película suya para entrar en su fascinante universo. Hace un cuarto de siglo que el gran Hitchcock nos dejó, pero legando una obra que nadie superará. Desde aquí este pequeño alusión a su muerte como pequeño homenaje.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:39 |


domingo, mayo 01, 2005
Sean visitantes de otros planetas o refulgentes luminares, cosmonaves, periquitos o canarios, dirigibles, luminiscencias etéreas, extravagantes celajes producto de algún estimulante lisérgico o estrellas fugaces, los ovnis, las naves galácticas y siderales, aunque no exista ninguna certidumbre científica válida que suscriba esta presunción, han sido cuestión de estudio y de creencia congénita al ser humano.
A pesar de que la mayor parte de los científicos aceptan la viabilidad de la existencia de vida inteligente en otros planetas del universo, hasta el momento es todo especulación. O eso, o el Ovni, como tal, serían un ente proteiforme que se adapta a las necesidades emocionales de quien lo percibe.
Sea como fuere, está claro que el fenómeno ufológico es tan fascinante que a veces necesitamos creer.
Os dejo un link con una galería de fotos de Ovnis de Black Vault.
¿Realidad, ficción, fotomontajes? ¿Llegaremos algún día a conocer la verdad?
Próximamente en su espacio astral más cercano.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 16:58 |


"‘Star Wars: Episodio III. La Venganza de los Sith’ es, simplemente, alucinante. Es la precuela que aquellos que odian ‘La Amenaza Fantasma’ estaban esperando y si no opinan de esta forma, es que están mintiendo. Todo lo oscura como lo fuera ‘El Imperio Contraataca', esta película es mil veces más tenebrosa”.
Kevin Smith dixit (y pixie).
Quien quiera leer más sobre la finalización de la saga de George Lucas, aquí os dejo el enlace. No obstante hay que advertir que trae consigo muchos 'spoilers'.
Con esta efímera pesquisa internauta me voy a derrumbar sobre el tálamo tras haber sufrido a lo largo de toda esta aciaga y fatídica jornada una escandalosa fiebre producto de una gripe que me ha cogido fuertemente.
Buenas noches, amigos. Hasta mañana (espero).
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 00:42 |


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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