martes, 31 de mayo de 2005

Siniestro Mundo Publicitario (IX): Cecilia y sus compresas

Recuperando una de las secciones más abandonadas del Abismo, el SMP (el último análisis fue el de Melendi) vuelvo a la carga con una nueva entrega de este apartado de estúpido análisis televisivo.
No entiendo muy bien el último anuncio de la conocida marca de compresas EVAX. Consideremos la situación: de una charca, como las ranas, emerge nada más y nada menos, que Cecilia Roth, refiriéndonos con su 'españolizada' voz en off a lo de todas las actrices y modelos que proporcionan su imagen para estos ‘spots’, que con estas compresas una chica alcanza, casi como quien dice, la plena felicidad en forma de despreocupación.
No voy a entrar a valorizar el fondo y la forma del anuncio comercial. La cuestión que me inquieta es: ¿Por qué no se puntualiza que el anuncio hace referencia a la línea de EVAX que sigue los pasos de INDASEC, ese ‘salvaslips’ para pérdidas leves que protagonizaba Concha Velasco?
¿Por qué no se detalla? Si la menopausia es una forma natural del hipogonadismo. Y la Roth ya es muy mayorcita como para proclamarse una madurita. Digo yo.
¿Acaso no debería tener el ‘spot’ un perfil estético menos juvenil y sin tanto boato adolescente para vender un producto elaborado para subsanar la incontinencia y la pérdida de estrógeno y progesterona?
A menos de que me equivoque y el anuncio no concierna a este tema. Algo que sería aún más denigrante para la actriz argentina.
Que alguien me lo explique.

Ofrendas cartelísticas

Nuestro gran amigo Woed estaba en lo cierto.
El cartel de la secuela de ‘La matanza de Texas’, de Tobe Hooper, sigue con divertida simetría el original perteneciente al de ‘The Breakfast Club’.
Una curiosa dedicatoria la de Hooper a John Hughes que, al menos yo, desconocía.

Review 'Tapas'

La humildad de unas vidas cruzadas
Jose Cobracho y Juan Cruz aportan con su obra debut una diáfana mirada a unos personajes urdidos bajo una tierna y honesta mirada.
No hace falta ser ni ser escéptico ni pesimista para determinar lo mal que anda el cine español últimamente, identificable en la falta (o carencia, mejor dicho) de buenos títulos en un aciago año en el que la cinematografía nacional ha perdido una inconcebible parte de su audiencia. Nuestro cine está en una profunda crisis. Bien merecida, por otra parte. Es una triste realidad, dada la falta de aptitudes de las películas españolas que se estrenan. Por eso, con la llegada de un filme como ‘Tapas’, que sin ser una obra de esplendorosa sí está a la altura de las circunstancias, es de recibo elogiar la magnífica labor de Jose Corbacho y Juan Cruz al plantearle al espectador una película tan natural y sencilla como comprometida con sus humildes propósitos. Los premios y el reconocimiento acopiados en el reciente festival de cine español de Málaga no son más que la equidad unánime a un filme que, sin grandes alardes de ningún tipo, reúne la calidad suficiente como para merecer ser el mejor filme español en lo que va de este apático 2005, lo cual también trasluce el adverso estado del cine patrio.
Muy al contrario de lo que se pueda pensar debido a la procedencia televisiva de sus directores, ambos procedentes del Terrat, un lenitivo de ocio catódico con sus programas ‘Buenafuente’ y ‘Homo Zapping’, ‘Tapas’ se aleja del humor en forma de ‘gag’ para adentrarse desde su prólogo en el naturalismo urbano, en la realidad de un barrio cualquiera (en este caso L'Hospitalet, distrito común de sus creadores) durante un verano sin definir. A lo largo de su armonioso metraje se entrelazan la vida de siete personas que viven como pueden sus contrariedades, ambiciones, recelos y temores. El dueño del bar de la esquina que se ve abandonado por su mujer, los jóvenes desorientados con ganas de vivir, una torturada alma solitaria necesitada de afecto y una pareja de jubilados que se enfrenta a la muerte reciben por parte de Corbacho y Cruz una necesaria dosis de autenticidad y humanidad que dispensa un agradecido efugio del tópico con el que han sido construidos. La gran virtud de esta ‘opera prima’ reside así en la facilidad de empatía que se establece entre caracteres y público, por encima de cualquier grandilocuencia, de la sencillez de la propuesta sin más pretensión que la de narrar con una equilibrada armonía una historia que sabe fusionar los códigos del drama y la comedia, amparados ambos géneros en un entorno de melancolía, extensivo a su logrado espíritu de fábula agridulce y suburbana.
‘Tapas’ es una íntima aproximación a la sensibilidad de unos personajes creados con sabiduría, con la manifestación realista apuntada en sus diálogos y situaciones, brindando emociones devenidas en el humor, la ternura o el melodrama de animales heridos que sufren y padecen la soledad, la esperanza, el amor o la muerte. Para ello, Cruz y Corbacho modulan bajo la reposada lentitud de los pequeños instantes de estas vidas cruzadas, un ritmo sosegado, paliativo, sin desavenencias formales de ningún tipo, dejando cualquier presunción al margen y consiguiendo en último término que todo fluya en un cauce de cierta esplendidez cinematográfica. Una sencillez expositiva que cuenta con la confabulación de unos intérpretes en estado de gracia; desde la portentosa efectividad de Ángel de Andrés, pasando por la lección de temple de esa magnífica e ignorada actriz como Elvira Mínguez (posiblemente la mejor intérprete española desde hace más de una década), la insuperable calidad de la pareja de veteranos formada por María Galiana y Alberto de Mendoza, llegando a la frescura de Darío Paso, Rubén Ochandiano y Alberto Jo Lee.
Todos los elementos parecen concordar para el éxito de esta pequeña comedia que, si bien tiene algún que otro error (incluir excesivos y reconocibles ‘cameos’ televisivos que distraen la atención del espectador o los habituales y justificables en un debut), desde la simplicidad y la honestidad de su escasa ambición, alcanza la finalidad de llegar al público mediante la valiosa recreación de las preocupaciones e ilusiones de unos personajes con vida que comparten un espacio y ansiedades de distinta tipografía.
Miguel Á. Refoyo © 2005

lunes, 30 de mayo de 2005

Before & After

El antes y el ahora.
Dos décadas no es nada.

Nostalgia

Película de culto para una generación que se postra ante su áurea de filme referencial, ‘El Club de los cinco (The breakfast club)’ -que tuvo su especial en el Abismo- es una obra entrañable que supo definir el estado de una progenitura adolescente descaminada en su desconcierto, en la pérdida de la ilusión y la apatía por conseguir las metas existenciales.
La mejor película del tótem cinematográfico de John Hughes, paladín de las ‘teenager movies’ de los 80, es noticia gracias a ese coliseo multimedia que es la muchas veces insubstancial cadena MTV. El canal tiene planeado reunir a sus protagonistas en sus premios anuales que conforman una de las galas más sugestivas, entretenidas y vistosas de la televisión americana con motivo de las dos décadas que tiene esta imprescindible película.
Así, a excepción de Emilio Estevez, que no ha confirmado su asistencia, Molly Ringwald, ese mito inolvidable que es Ally Sheedy, Anthony Michael Hall y Judd Nelson rememorarán viejos tiempos cumpliendo un imprescindible homenaje a esa cinta que tanto nos ha marcado el próximo 9 de junio.

domingo, 29 de mayo de 2005

¿El regreso de Rambo?

Imaginad por un momento a John Rambo, el ex boina verde estigmatizado por la Guerra de Vietnam y que tan bien simbolizó la doctrina de la Era Reagan durante los 80, readaptado a la sociedad, en la América actual. Rambo tendría una familia. Una mujer y una hija incluso. A pesar de estar retirado de la vida militar, su condición de versado combatiente a un nivel sobrehumano le implica a una colaboración esporádica con el Ejército.
Alejado en las afueras de las grandes ciudades, un buen día Rambo se ve obligado a volver a la lucha, cuando un grupo de racistas cismáticos secuestran a la hija de un Indio Navajo a la que deberá rescatar, imponiendo su ley e impartiendo la justicia como sólo él sabe hacerlo.
Podría ser el ‘plotline’, el argumento, vaya, de la cuarta parte de ‘Rambo’, uno de los proyectos que Silvester Stallone lleva manejando hace años.

David Fincher: Spots Publicitarios (III)

Wieden & Kennedy fue la responsable de este anuncio dirigido por Fincher bajo el título ‘Karma Instant (Versión 1)’, visualización deportiva de la letra de la archiconocida canción de John Lennon para la multinacional ‘Nike’, una de las marcas que más dinero invierte en sus campañas de publicidad, cuidando particularmente sus anuncios televisivos.
De nuevo la estética oscurantista, las panorámicas claustrofóbicas de tonalidades ocres, maceradas de una inquietante acuosidad, es el contrapunto perfecto para enhebrar ese trasfondo deportivo y de superación que se percibe en un anuncio definido por su optimismo sensorial.

sábado, 28 de mayo de 2005

Otro tipo de 'tunning'

Una de las modas más actuales y turbias que han emergido en la civilización moderna, en este espacio social que nos mueve a inventar maneras de simplificar el ostracismo que nos rodea, es el ‘tunning’, esa inextricable afición que se fundamenta en la customización de una de las preciadas posesiones del ser humano: su automóvil.
Una nueva filosofía de vida que supone un peldaño entre el pret-a-porter, la estética hortera y el deseo de expresar la individualidad rayana en el ridículo, personalizando y transformando los vehículos, acción derivada por la fantasía de aquellos enardecidos que buscan una novedosa forma de expresión automovilística.
Lo que muchos no saben, es que más allá de esta incomprensible tendencia a la ornamental chocarrería, hay otro tipo de influencias sobre el movimiento del automóvil entendido incluso como arte contemporáneo, tipificando esta corriente con una excepcional personalidad, creando curiosos coches de museo. Un ‘tunning’ muy disímil al que estamos acostumbrados a ver.

Horroroso

Un programa sin ritmo, sin gracia, de inexistente humor basado en la estulticia de unas pretensiones perdidas en una sucesión de ‘sketchs’ de laxa consistencia.

viernes, 27 de mayo de 2005

Review 'Amanecer de los muertos (Dawn of the Dead)', de Zack Snyder

Una espléndida impronta del mejor ‘gore’.
El, hasta ahora, debutante Zack Snyder recuperó, hace menos de un año, la pureza más genérica del ‘gore’ en un ‘remake’ superando al original de George A. Romero.
Cuando en 1969 George A. Romero se sirvió de las obras literarias ‘Soy leyenda’, de Richard Matheson y de la desconocidísima obra de culto de Sidney Salkow y Ubaldo Ragona ‘The last man on Earth’ para crear la obra maestra ‘La noche de los muertos vivientes’, nadie podía imaginar que aquella cinta se convertiría en una de las películas más influyentes del cine contemporáneo. Y más teniendo en cuenta que originó un género tan difícil como postergado: el ‘gore’, el terror sangriento, el 'splatter’ basado en los efectos de casquería y en el exceso de vísceras. Su planteamiento estético y formal, supuso la destrucción de los expirantes cánones del cine de terror de la época. Una obra maestra que trocó las estructuras vigentes del terror y le dio una nueva perspectiva a este sublime subgénero, haciendo que el propio arte no volviera a ser el mismo jamás. Romero afianzó su propia leyenda cerrando una irregular pero sugestiva trilogía al ofrecer dos películas más como ‘Zombie’ y ‘El día de los muertos’ (a la espera de 'Land of Dead').
Cuando el ‘splatter’ actual se había diezmado a producciones de terror ‘teenager’, compuestas por una laxa propensión al esteticismo del nuevo ‘body count gore’ resucitado por Wes Craven y Kevin Williamson en sus sagas ‘Scream’ y ‘Sé lo que hicisteis el último verano’, por el reajuste ‘soft’ de fórmulas funcionales como en las recientes ‘Jeepers Creepers’, ‘Km. 666’, ‘La casa de los 1.000 cadáveres’, la revisitación del cine de zombies de Danny Boyle en la excelente ‘28 días después’ (con la que ‘Amanecer de los muertos’ comparte unos zombies que corren, son ágiles y atacan con gran ferocidad) y el ‘remake’ de ‘La Matanza de Texas’, se permitió descubrir un evento casi imposible de encontrar en el Séptimo Arte: que uno de estos ‘remakes’ supere con creces la versión original. La segunda parte de la trilogía de Romero ‘Zombie’ es el fundamento sobre el que se basa esta nueva versión titulada ‘Amanecer de los muertos’ que, mucho más allá de la simple clonación, ofrece una de las mejores muestras de cine ‘gore’ de los últimos años, superando a su predecesora y acopiando las mejores virtudes de la primera cinta de la saga de los zombies, fusionándola con la apuesta del mejor cine de acción y terror que se pueda esperar en una película como esta.
Zack Snyder realizó un excelente y prometedor debut que narra cómo una inexplicable plaga ha diezmado la población del planeta, convirtiendo a los muertos en zombies que buscan carne y sangre humana para sobrevivir. En Wisconsin, un grupo de supervivientes compuesto por una enfermera, un estoico policía, un vendedor de equipos electrónicos y un chico duro de la calle con su embarazada esposa busca refugio en una fortaleza típica del final del siglo XX, un centro comercial abandonado donde deberán aprender no sólo a protegerse de las hordas de zombies sino también a coexistir como el último reducto de la humanidad.
Partiendo de esta premisa, dos cosas tiene en común este ‘Amanecer de los muertos’ con la original; la invasión de zombies y la presencia de un gran centro comercial como un alcázar de refugio de los protagonistas, que sigue metaforizando el consumismo y el centro de recreo vacuo e intrascendente de la sociedad moderna. Por lo demás, esta nueva versión del clásico de Romero promueve una situación totalmente infrecuente en el cine comercial de Hollywood. Y ahí basa sus mejores virtudes, en su etiqueta de cinta comercial atípica, como ofrenda al mejor cine ‘gore’, sin excusas ni engaños, brindando una diletante película de género donde el suspense, el terror en estado puro y una abundante dosis de violencia en la que no se escamita la profusión de mutilaciones, vísceras y mucha hemoglobina realizada con un potente estilo visual y sobresaliente capacidad narrativa. La eficacia que convierte esta versión en una ‘rara avis’ dentro del cine de terror actual es su alto componente radical, disoluto y respetuoso con los dispositivos genéricos ricos en lecturas y camuflados en la sangre fácil y la acción de infrenable ritmo que arranca con uno de los más feroces y enérgicos prólogos vistos en muchos años y que concluye con uno de esos epílogos que dejan al espectador anclado en la butaca.
Bajo esa aparente inocuidad, Snyder dignifica su propuesta con una nueva visión del discurso del cine de ‘muertos vivientes’. Si las antecesoras se centraban en una sociedad descompuesta representada en la alienación y deshumanización de un grupo de personas que, bajo presión (las tribus amenazantes), se contagiaban de odio entre ellos convirtiéndolos en su propia amenaza, en esta más que estupenda ‘Amancer de los muertos’ la amenaza real está fuera, como un simbolismo del miedo y terror actual norteamericano. Por eso, no es extraño que las primeras imágenes que ofrece en formato televisivo sean musulmanes rezando o las guerras que asolan nuestra conciencia colectiva. Los protagonistas de esta nueva visión de ‘Zombie’ son héroes que intentan sobrevivir, manteniéndose unidos ante el peligro exterior.
Los tiempos han cambiado y por eso la probidad de esta nueva ‘cult movie’ reside en haber sabido subvertir el género a su propio estilo, dejando que la ilusoria película vital y optimista que se desarrolla no pueda tener un final más inesperado, apocalíptico y descorazonador como el que tiene. Además, la autocrítica sigue siendo la mejor herramienta de este tipo de cine, sabiendo reflejar en todo momento la estupidez yanqui, significada en el egoísta encargado de seguridad que acaba dando su vida por el grupo, en la amante de los animales que pone en peligro a sus compañeros por un estúpido perrito o en la obsesión familiar del cabeza de una nueva familia interracial. Pero si por algo destaca este aspecto cínico de la sociedad de masas es la malévola secuencia en la que, bajo las notas del ‘Down With The Sickness’ de Richard Cheese, se sustituye la felicidad por todo aquello que encuentra el grupo en el centro comercial (sexo, amor, comida, diversión, diálogo y un humorístico e inhumano juego de tiro al blanco) que ejemplifica el vacío de la actual cultura moderna. El centro comercial se convierte así en el máximo representante de la decadencia capitalista. Por ello, no deja de ser irónico que los zombies se encaminen en masa hacia este recinto por “un instinto, ya que este lugar era muy importante en sus vidas”, como dice uno de los protagonistas.
El guionista James Gunn apuesta por inventar más personajes que en la original, algo que dificulta el desarrollo de cada uno de los protagonistas. Y esto, que podría verse como un error que impide esa transformación de los roles, se transforma aquí en acierto al ceñirse exclusivamente a la acción sin pausa, a la frenética cadencia de las situaciones que se encadenan en un ambiente claustrofóbico donde la desesperación y la locura son paliadas con unos personajes que siempre toman decisiones con sentido común. Algo inusual en el cine de terror. Aquí no hay bondad, ni maldad. Hay miedo. Un elemento clave para entender ‘Amanecer de los muertos’. La infección de los zombies no es la deshumanización, sino el pánico que ahonda en nuestras conciencias en esta época de desconfianza y maldad, de guerras y de desatención por parte de Gobiernos infieles y autocráticos que reinan el mundo. Para ello, basta destacar el momento en que se aleja el helicóptero de las fuerzas armadas cuando ven a los desolados protagonistas en lo alto de la azotea del centro comercial. Dejándolos solos y al amparo de su suerte.
Por todo lo demás, ‘Amanecer de los muertos’ es una plétora de habilidades en la que predomina un intuitivo sentido visual que consigue con su perfecta planificación aprovechar al máximo el impacto de las múltiples escenas de acción a unos niveles de estética y violencia pocas veces apreciables en un género que ha resucitado con este ‘remake’ no exento de momentos de humor bastante cínicos y divertidos. Así, se pueden contemplar escenas de vísceras y destrucción de zombies con lujo de detalle y con una gama cromática en la sangre que cambia gradualmente con el avance de la película (roja y fluida para la primera fase, seca y marrón para la segunda, negra y aceitosa para su final).
La capacidad de Snyder como cineasta hace que su debut tras las cámaras sea celebrado como todo un hallazgo que retoma, homenajea y hasta supera aquellas monstruosas producciones de hace décadas. Incluso permitiéndose divertimentos referenciales como los cameos de Ken Foree, Scott H. Reiniger y Tom Savini (quienes aparecieron en la primera versión de la película rodada en 1978) o utilizar de forma astuta el nombre de la actriz original Gaylen Ross como nombre de una tienda. La acertada elección de actores (donde hay que subrayar a la estupendísima Sarah Polley), el impresionante y detallado uso de unos efectos especiales espectaculares, el equilibrio formal y la brillante puesta en escena están soberbiamente ensambladas para componer una sinfonía de sangre y vísceras convertidas en una de las películas mas interesantes del año. Y no sólo para el más exquisito ‘gore-hound’.

Jesucristo es guay

Como si de un homenaje o propio descubrimiento del cineasta Kevin Smith se tratase, aquí llega esta especie del Buddy-Christ de la infravalorada 'Dogma': el Jesucristo colega.
Se trata de unas figuritas que representan diversas acciones enrolladas y fraternas con unos niños que juegan devotamente con el Señor al football americano, al baloncesto, al ‘soccer’ (nuestro fútbol de toda la vida) y al béisbol.
Se acabaron, por tanto, esas rancias cruces del histórico patíbulo con un Cristo mártir, crucificado y doliente.
Cristo mola. Es guay. Y es lo que simbolizan estas pequeñas e ingeniosas esculturas de ornamento católico.

Polémicos Lunnis

Cuando mi generación veía cada tarde ‘Barrio Sésamo’ y descubría a Epi y a Blas discutiendo periódicamente con razonamientos que carecían a menudo de toda lógica, sobre todo en aquellos ‘sketchs’ donde Epi no dejaba dormir a Blas por alguna chorrada, se intuía un fuerte vínculo más allá de la simple amistad. Aunque es posible que sólo los malpensantes se inclinaran hacia esta teoría, no profundizábamos muchos en tal cuestión. Ni siquiera nos lo planteábamos. Nos daba igual.
Pasó lo mismo con el aberrante programa de los ‘Teletubbies’, cuando en 1999 el reverendo Jerry Falwell tildó de gay al personaje de Tinky-Winky por su color, sus ademanes y mohines afeminados. Es algo normal este tipo de suspicacias, sin ir más lejos con Batman y Robin, Smithers y el Señor Burns, algún que otro Pitufo y hace poco al animado Bob Esponja, personajes ficticios que han sido difamados por impulsar conductas homosexuales entre sus espectadores más pequeños.
La discordia se ha suscitado debido a un polémico episodio de la incomprensiblemente exitosa ‘Los Lunnis’, que el pasado 18 de mayo proyectó en la Primera de TVE, a las 08.30 AM, concretamente, cómo dos hombres contraían matrimonio. Eran imágenes de 'Telelunnis', el demencial espacio informativo dedicado a enseñar a los infantes cómo es el mundo de los adultos. Ese día tocaba el embarazoso tema "Bodas diferentes", donde también se vio el enlace entre una española y un chavalón sudanés, como otro ejemplo.
La pregunta ha sido inminente: ¿es necesario que a los menores se les enseñe qué es el matrimonio entre gays?
Desde la tele pública han manifestado que la noticia fue dada con clara intención sociopedagógica “nada agresiva y ni se ha incitado a la homosexualidad, ni se recreaban en ello, ni nada por el estilo, se mencionaba muy de pasada y no tiene ninguna connotación negativa”, pero hay otros sectores que se han llevado las manos a la cabeza porque los niños han visto a dos hombres en un contexto de afectividad amorosa y exponen que por la misma vía habría que ofrecer a un niño imágenes de una paliza de un hombre a una mujer para prevenir de los riesgos del maltrato o de un drogadicto inyectándose heroína y muriendo de sobredosis para advertir sobre el peligro de la droga. Estos últimos en una posición claramente extremista y conservadora.
Lo que no queda claro con todo ello es si en realidad el contenido promueve la tolerancia o se proponen partidistas ideologías como forma de educar instrumentalizando al niño para su mejor adaptación a esta sociedad que nos ha tocado vivir.
La discordia está abierta.
Más peligrosos son para los más pequeños los atentados contra el lenguaje que perpetra el infame Míchel con sus disparatados compilaciones de estolidez verbal. Juzgad esta frase que soltó antes de la final de la Copa de Europa: “Benítez llegó al Liverpool y lo españolizó para construir un sólido equipo y lo ha construido de tal manera que está andando por el techo de sus cimientos, por la buhardilla, como quien dice, haciendo gala de su buen hacer en el equipo inglés”.

jueves, 26 de mayo de 2005

Ambicíón previsora

Ay… venal ambicioso, cuánto banquillo vas tener que chupar, amigo Santiago.
Suerte, en cualquier caso.

Amigos ricos y codiciosos

Parece ser que, según rumores, se solidifica el proyecto de adaptar la exitosa serie ‘Friends’ a la gran pantalla.
El incentivo de los seis actores protagonistas, de todos conocidos, es su avidez por exagerar su ya de por sí inflado patrimonio. Así, en caso de llevarse a cabo tan innecesario proyecto, tanto Schwimmer, Aniston, Cox-Arquette, Kudrow, LeBlanc y Perry percibirían 10 millones de dólares cada uno.
¿Qué sentido tiene recrear las aventuras de ‘Friends’ en formato cine cuando todos y cada uno de ellos han demostrado ser veneno para la taquilla cinematográfica?
Próximamente, en The Digital Spy, que es la fuente de esta etérea noticia de sobremesa.

Anda y que te ondulen...

Phil Spector, célebre productor musical pionero de la revolución musical de los 70 con su sistema de grabación ‘Wall of Sound’, paladín de mitos musicales como George Harrison, Los Ramones y The Beach Boys y uno de los responsables de la ruptura definitiva de The Beatles, ha saltado a las noticias internacionales por su imputación como asesino de la actriz Lana Clarkson.
Su excentricidad y culpabilidad, casi demostrable, quedan patentes aquí.
Significativo o no, no hay que pasar la oportunidad de mostrar uno de los ‘looks’ más innovadores desde que Don King se transformara en un efigie de la moda capilar más que el ‘manager’ pugilístico más célebre de los pesos pesados.
Lo que daría Eduard Punset por esa imagen mezcla de los mejores tiempos de Art Garfunkel y el más puro ‘afro’ de la ‘Baaadassss Cinema’.

La quinta de los 'Reds'

Impresionante partido.
A veces el anodino fútbol brinda intervalos deportivos enfatizados en la memoria del llamado deporte rey. Ha sido un partido oscilante con ráfagas de buen juego en las que se han marcado los seis goles de la disputa de la Copa de Europa. Tres goles, en apenas cinco minutos, de Gerrard, Smicer y Xabi Alonso, han permitido al Liverpool de Rafa Benítez llegar a la prórroga con la suficiente sangre fría para plantarse en los penalties y ganar un partido que ni el más optimista de los ‘reds’ de Anfield podía llegar a soñar.
El equipo del entrenador español ha buscado la gesta en Estambul cuando tenían todo en contra y han devuelto el sueño europeo a un conjunto que se ha merecido la gloria ante un Milan pletórico, que se presentaba con el aroma y el perfil de favorito. Máxime tras los tres goles conseguidos en la primera parte por Maldini y Crespo por partido doble. El equipo de Ancelotti ha bregado como un equipo contrastado, con la obligación de ganar, pero tropezó con un Liverpool que supo explotar unos prodigiosos minutos de inspiración, terminando por igualar un partido que los italianos daban por ganado.
Lo más lúcido ha venido dado por una primera mitad desbordada en el juego de contraataque, con un iluminado Kaká y un Crespo mortífero que hicieron presagiar un absoluto dominio para la escuadra milanista. Pero la garra de los ‘reds’, capitaneados por un colosal Gerrard, le han sabido dar la vuelta a un enfrentamiento que se antojaba poco menos que como una misión imposible. El héroe del partido, sin duda alguna, fue Dudek, no sólo por detener dos penas máximas en la tanda de penaltis, sino por salvar a su equipo con dos paradas inverosímiles a sendos remates de Shevchenko tan sólo un minuto antes de la lotería de los penalties.
Noche de fútbol para recordar, ya que quisiéramos o no, estábamos incentivados por el equipo extranjero más español de Europa de la mano de un Benítez que ha dado al club inglés su quinto título de la máxima competición continental 21 años después de la última vez que levantaron este importante trofeo.
Ahora cabe esperar que la UEFA otorgue la posibilidad de poder defender el título al equipo campeón, una injusticia que podría darse si no se cambian sus arcaicas normas.

miércoles, 25 de mayo de 2005

El símbolo de la fortuna

Tradicionales juglares, arlequines, histriones disfrazados, la providencia del juego en forma de naipe. Es, cómo no, el joker, la carta designada para dar suerte, el comodín trasunto del bromista, del polichinela y resultado quizás en la baraja moderna de la inquietante figura del bufón.
El comodín o joker venimos entendiéndolo como el mágico naipe que reemplaza a cualquier otra carta, pero por ejemplo en el Paigo Poker, el Joker no es un verdadero comodín y tiene reglas específicas, ya que esta carta sólo actúa como comodín para completar una jugada “Straight” o “Flush”si se trata cartas de la misma figura.
En cualquier caso, el Joker, denominación tomada por el esperpéntico y más mortal enemigo de Batman, payaso del crimen que congrega la crueldad del psicópata con el humor negro del histrión que representa, es un símbolo de fortuna, que representa el iconográfico fatum positivo. Todo esto viene a cuento por el propio espacio en la web de esta bufonesca figura, en Dotpattern, con una colección de 75 cartas del preciado comodín.

Una secuencia al azar (VII). 'Annie Hall'. Autopsia de una relación

La secuencia al azar de hoy es una de las más ilustres que se recuerdan en la prodigiosa filmografía de uno de los genios del pensamiento moderno como lo es Allen Stewart Konigsberg. En efecto, Woody Allen, el gran filósofo de la era moderna, que ha logrado con sus satíricas descripciones de neuróticos personajes urbanos, obsesionados por el amor y la muerte, alcanzar un imposible vergel de omnisciencia fílmica y de pensamiento en toda regla.
En ‘Annie Hall’, Alvy Singer, un cómico neoyorquino judío con predilección a psicoanalizarse aguarda en la cola del cine junto a su gran amor, Annie Hall, una joven rebelde algo ‘hippie’ aspirante a cantante y de problemática personalidad. Mientras ambos departen sobre sus problemas de sueño y del egoísmo al que esto conlleva, una conversación de alguien que está detrás de ellos toma un discontinuo protagonismo, percibiendo que el sujeto discurre ampulosamente sobre Fellini y ‘La Estrada’, haciendo una glosa acerca de Julieta Massina y aludiendo al ‘Satiricón’. Alvy no puede evitar escuchar sus observaciones consecutivas sobre Samuel Beckett y Marshall McLuhan, lo que acaba por enervarle ante tanta prosopopeya letrada. Singer termina por perder los nervios e increparle: “¿No le da vergüenza pontificar sobre McLuhan?”, interpela.
El hombre se acredita como ejecutivo que escribe para una revista intelectual, subrayando un carpetovetónico artículo llamado 'Mozart, James Joyce y la sodomía'.
En ese momento, Alvy Singer afierra el brazo del propio Marshall McLuhan en persona y le pregunta si ha atendido a la jactanciosa monserga del individuo sobre él.
McLuhan le desaprueba diciendo “He oído lo que decía y usted no sabe nada sobre mi obra. En su boca mis frases suenan a falacia”.
Singer se dirige a cámara y expone al espectador: “Ojalá la vida siempre fuera así”.
Una de las secuencias más categóricas y geniales en el cine de Woody Allen y la ambición de muchos de nosotros que daríamos lo que fuera por vivir una situación similar con los que pretendidamente creen saberlo todo cuando en realidad no son más que engreídos sabios y culturetas.
‘Annie Hall’ es una de las mejores obras de Allen, autopsia de una relación sentimental e insondable deliberación en clave cómica sobre la naturaleza de las relaciones personales en las que el enamoramiento, la confianza entre la pareja, la convivencia, la dolorosa ruptura y el reencuentro. Una cinta que consiguió cuatro Oscars: mejor película, mejor director, mejor guión original y mejor actriz principal (espléndida Diane Keaton) y que tiene en su estructura narrativa uno de los mejores hallazgos del filme, combinando tiempos y situaciones, realidad e ilusión por medio de esta prodigiosa exploración sentimental, el tránsito que se produce del encanto, la pasión, las dudas, al desencuentro en esta inolvidable relación afectiva.
Una obra de cabecera protagonizada por ese antihéroe torpe y atolondrado que basa sus pilares en el egoísmo, la neurosis, el judaísmo y la vida sexual en pareja.

martes, 24 de mayo de 2005

Casas OVNI 70's

El arquitecto finlandés Matti Suuronen diseñó esta casa OVNI, concebida como vivienda, en 1968, inicialmente para ser empleada como una cabaña o casa de verano de las familias más pudientes, pero progresivamente asequibles a todas las familias del mundo. Hoy en día nos resulta casi grotesca la visión que se tenía por entonces de las décadas circunscritas a partir de 2000. El entonces denominado futuro. Una idea que se esconde detrás del diseño, reflejando el crédulo optimismo de los años 70.
La tecnología como utopía para la felicidad y la moda futurista como signo de lo ‘cool’, un mundo visto desde entonces como una ostentosa época donde el ocio y las comodidades iban a ser la panacea de toda la humanidad, avivadas por escenarios estilizados cuyo contenido visual contenían una irresistible condición ‘pulp’.
Cuando hoy artistas como Mariko Mori reivindican este tipo de ideas como moderno, comprobamos que la innovación sigue siendo una regresión al pasado para trasladar grafías que acaben imponiendo ese término que mueve el mundo: la nostalgia.

Un año sin 'Frasier'

La semana pasada se cumplió un año de la despedida de ‘Friends’, la ‘sitcom’ más exitosa y célebre de los últimos años. Hubo una suntuosa profusión de boato en su despedida, una resonancia estratosférica en un ente mediático que no dudó en calificarla a la ligera como “la mejor comedia de situación de la historia de la televisión”. La memorable serie de los seis amigos neoyorquinos merecía todos esos honores. No obstante, el calificativo tan ponderativo era patrimonial de una ‘sitcom’ como es ‘Frasier’. A modo personal esta serie ha logrado lo que ninguna otra: formar parte de mi vida y sufragarme con su ironía y humor un apoyo inmensurable en varias etapas de mi vida (una prueba de guión de un episodio de esta serie me proporcionó mi primer –y único- trabajo como guionista de televisión). Una serie que alcanza el mito de la magnificencia, la prosapia de una fantasía imposible de igualar, la de las grandes series, aquéllas que permanecen vivas en la memoria colectiva, encomiadas por todo el que echa un vistazo atrás en el tiempo y recuerda con nostalgia un esplendor catódico insuperable.
Evidentemente ‘Friends’ también se circunscribe a esta genealogía, pero sus incondicionales y valedores son tantos y tan heterogéneos que les dejo a ellos las adulaciones ensalzadoras que bien se ha ganado. Sin embargo, el pasado año, por estas mismas fechas, ‘Frasier’ también dio por finalizada su andadura televisiva, sólo una semana después de que lo hiciera la serie creada por David Crane y Marta Kaufman, con medio mundo lamentando su conclusión. No hubo miradas de aflicción para ‘Frasier’. La CBS se gastó un exorbitante dineral en el adiós de David Schwimmer, Matthew Perry, Lisa Kudrow, Courtney Cox, Jennifer Aniston y Matt LeBlanc, mientras que la NBC dispuso apenas de dos anuncios especiales para la clausura de esta mítica serie. La despedida de ‘Frasier’ no fue tan profusamente anunciada como la de ‘Friends’, un hecho que inicialmente enfadó a sus protagonistas pero que posteriormente consideraron y justificaron con la elegancia y la honestidad con la que han liderado la televisión americana durante una década. “No hemos querido dejarnos llevar por nuestras propias emociones. La serie no necesita una gran fiesta para decir adiós porque nos quedamos con el cariño del público que nos echará de menos", declaró el genial David Hyde Pierce.
Durante sus 264 episodios ubicados en 11 temporadas, ‘Frasier’ acumuló un total de 31 premios Emmy y tres Globos de Oro, todo un récord en el azaroso universo de la pequeña pantalla, consecuciones que alzaron a esta imponderable serie a la prestigiosa gloria de los fastos de las 625 líneas. Una cita obligatoria e ineludible para todos los amantes de la televisión inteligente, del genio sin fin, de la lucidez lúdica que en cada episodio definía su propia razón de ser: articular mediante el humor la sofisticación de sus personajes ‘snob’ con situaciones afines a cualquier espectador, desplegando mediante sus ‘gags’ y optimizados argumentos un sólido pero alterable retrato de Frasier Crane, el entrañable urbanita acomodado de mediana edad depositario de una nulidad exacerbada en cuestiones existenciales y familiares, incapaz de resolver sus problemas sin la ayuda de su padre, Martin, su hermano Niles (posiblemente el mejor personaje creado jamás para una teleserie), Daphne, la fisioterapeuta inglesa de su padre y Roz, la amiga y productora del programa radiofónico de Frasier.
‘Frasier’ atesoró durante su existencia un sentido del humor inagotable y estudiado, que la convirtió en la auténtica esencia de su éxito para hacer de ella un clásico de la pequeña pantalla en Estados Unidos y en el resto del mundo, una comedia que durante once años hizo que el 35 % de los estadounidenses no conocieran un mundo sin ‘Frasier’. Como algunos de nosotros, que aún lloran el final de nuestra serie favorita. Hay que reconocer que dos décadas junto a Kelsey Grammer (antes uno de los secundarios habituales de ‘Cheers’ –otra serie de cabecera-) son muchos años. Frasier Crane, ese arrebatador psiquiatra con problemas propios de neurasténico nació en 1984, en la tercera temporada del citado clásico. Uno de los momentos más emotivos que he vivido frente a un televisor fue cuando se produjo esa despedida con el episodio de una hora de duración titulado ‘Adiós Seattle’. Un momento aciago tener que despedirse Grammer, David Hyde Pierce, Jane Leeves, John Mahoney y Peri Gilpin. Así como del revoltoso y entrañable terrier Moose (o Eddie, como queráis).
‘Frasier’ ha sido una serie que puede presumir de haber ofrecido opulencia en su máxima expresión de la refinada ironía, de una particular elegancia sin perder su perfilada perspectiva de la cultura. Frasier y los suyos son algo más que simples personajes televisivos. Frasier y los suyos se convirtieron en aliados de la diversión, en miembros de nuestros mejores recuerdos, en relamidos compañeros a los que nunca olvidaremos.
Sentado en el Café Nervosa, añoro escuchar la KACL y su máxima de cierre: “Que disfruten de una buena salud mental”.
Y eso mismo os deseo.

lunes, 23 de mayo de 2005

Voces de cine

Los temidos y bizantinos ‘tops’ (también llamados 'rankings') han sido siempre uno de los inmemoriales recursos más esgrimidos por el mundo del sensacionalismo periodístico para rellenar espacios cuando existe el temido estiaje de ideas o noticias, las típicas encuestas que nadie evalúa y que vienen muy bien . Un poco como lo que ha acontecido en este apático lunes.
Elaborar uno de estos nuevos y absurdos catálogos es la excusa que ha seguido la revista cinematográfica ‘Film Critic’, que ha seleccionado las 100 mejores voces (o más carismáticas) dentro de la historia del cine.
El ‘Top 10’ de esta lista es el siguiente.
10. Peter Sellers
9. Holly Hunter
8. John Wayne
7. Al Pacino
6. Marilyn Monroe
5. Jack Nicholson
4. James Earl Jones
3. Christopher Walken
2. Orson Welles
1. Clint Eastwood
Algunos de ellos, evidentemente, son deudores de pertenecer a este zócalo de grandes voces, de cuerdas vocales solemnes e inconfundibles. Pero como diría Anson “No están todas las son, pero son todas las que están”. Por ejemplo, Arnold Schwarzenegger se encuentra en el puesto 99 de una lista de 100. Impensable si recordamos aquello de “I’ll be back” o sus soflamas políticas de corte algo fascistoide.
También hubiera sido imperioso ver entre estos diez destacados a actores de poderosas cuerdas vocales como Sean Connery, Jeremy Irons, Bette Davis, R. Lee Ermey, Gregory Peck, Harrison Ford o Frank Oz.
Superficialidad ante todo, debido a que se trata de estrellas hollywoodienses. Porque todos sabemos que si hubiera que elegir una voz como la más mitológica dentro del Séptimo Arte, en su cómputo global, sería la de Pepe Isbert.

Dos hermanos, dos Palmas de Oro

Los hermanos Dardenne han vuelto a ganar la Palma de Oro del prestigioso festival de cine de Cannes por su última película ‘L’Enfant’. Hace seis años ‘Rosetta’ obtuvo el preciado galardón y además se llevó el premio de interpretación femenina. Hay que destacar asimismo que Jim Jarmusch ha ganado el Gran Premio del Jurado por su nueva película 'Broken Flowers', que le ha unido al totémico Bill Murray, mientras que Michael Haneke ha sido reconocido como Mejor Director por ‘Oculto’.
Hasta que llegue a nuestras pantallas la nueva Palma de Oro, se me presenta una excepcional oportunidad para hablar de su anterior máximo premio en Cannes. Una de esas películas que permanece imperecedero en la memoria del que la ve. Una obra maestra sin paliativos. Si hay algo que define ‘Rosetta’ es su condición de arriesgada, depositaria de una fascinación e irrevocabilidad pocas veces vista en una película. Esta espléndida película de los Dardenne despliega una historia radical y valiente, real como la vida misma, empapada de un verismo cruel, siempre auténtico, centrada en el inclemente día a día de una joven asfixiada por un entorno amenazador y opresivo, recurriendo a la iracundia para defender un empleo que sirve como purga a las pobres y patéticas condiciones de vida que le ha tocado vivir.
‘Rosetta’ se podría encuadrar en el cine social europeo (con el problema laboral como telón de fondo), reflejo del sufrimiento obrero de las personas más desfavorecidas socialmente, del luchador que diariamente intenta salvar los obstáculos que le pone la vida. Pero muy al contrario de lo que se pueda pensar en un primer momento, la inmejorable ‘Rosetta’ no incluye entre líneas ningún tipo de mensaje compasivo circunscrito a la emotividad del espectador. En ‘Rosetta’ el público está obligado a sufrir y padecer las contrariedades que traumatizan a la joven protagonista interpretada por una magistral y sublime Émilie Dequenne, llevándole constantemente a sus espaldas, como si de una segunda piel se tratara, sin despegar ni un solo plano de la película la sincera cámara al hombro que la persigue, como si el espectador estuviera obligado a respirar la misma amargura que asedia a la chica. El resultado de todo este comprometido y magnífico ejercicio cinematográfico es la aproximación más honesta y humana al sufrimiento de una persona que se ha visto en los últimos años, a la pugna que mantiene con su hábitat para sobrevivir (las espléndidas secuencias de la pesca con botella y sus argucias para salvaguardar las únicas botas que tiene), para vivir dignamente y poder trabajar como catarsis a esa inclemencia vital que padece el personaje principal constantemente.
Los ojos de esta criatura acorralada y doliente miran incólumes la vida, la sociedad moderna aparentemente en desarrollo, que engloba otras comunidades paralelas subdesarrolladas y desamparadas como la que en este filme se muestra. Un submundo en el que la violencia, la traición y la aflicción imperan en las vidas de gente que apesadumbra a la protagonista. Si una virtud (de las muchas que tiene) destaca en esta rotunda obra maestra, es la perspectiva de los Dardenne para describir el mundo en el que vive Rosetta, sin efectismos, de forma pura, sin compasión, como si de un grito de furia y desespero se tratara, conjugando arte y documental, vida y cine.
‘Rosetta’ es por tanto una película necesaria, que se hace inmensa por la sencillez, por la ternura con la que está contada. Y esa modestia y humildad la convirtieron en una película necesaria que, después de los años, se ha solidificado como una obra maestra.

domingo, 22 de mayo de 2005

David Fincher: Spots Publicitarios (II)

El segundo spot de David Fincher que pasa por los videoposts del Abismo pertenece a una campaña para la marca deportiva Adidas, concretamente en su línea de zapatillas que lleva como título 'Adidas Legs'.
Es curioso cómo la estética, el espacio telúrico, la atmósfera futurista y el contenido ‘’cyborg’ de fondo invoca tenuemente a esa joya del videoclip que es ‘All is full of love’, creado milimétricamente por Chris Cunningham para la islandesa Björk.
La afectación sofisticada, la opacidad fotográfica y esa oscilación que sustenta el estudio de las zapatillas supone un más que reconocible estilo en este anuncio televisivo de uno de nuestros directores favoritos.

sábado, 21 de mayo de 2005

De corgorzas y barbacoas

Después de una semana galáctica tan reconfortante como agotadora (creo que voy necesitando urgentemente unas vacaciones blogueras), hoy me he hecho eco de la espeluznante ebriedad demostrada en público por la insufrible Avril Lavigne el otro día con sus amiguitas, en plena fiesta de plétoras dipsomaníacas, de “beberse hasta el agua de los floreros”, para entendernos.
Hizo muecas, blasfemó como sólo lo puede hacer un ejercitado odre, berreó y arrojó saliva en forma de esputos a las cámaras que la filmaban. Espectáculo que divulga lo bien que se lo pasan los jóvenes hoy en día.
Una noticia sin una relevante importancia, pero simpática, al fin y al cabo.
Y ahora si me lo permitís, os dejo, que he quedado con varias amistades para patrocinar una buena y merecida punición al hígado en una delirante y multitudinaria barbacoa que ha organizado mi amiga Feli en su enorme ático situado en una zona privilegiada de esta ciudad, dando así por inaugurado el verano 2005 con una fiesta que promete una imperecedera noche de beodez y diversión sin freno.
Y ríase la Lavigne esta.
Podéis descargar el vídeo de la borrachera de la cantante (vía Pinkshines) aquí.

Review 'Star Wars. Episode III: The Revenge of the Sith'

Admirable culminación galáctica
En su desenlace espacial, Lucas no escatima ingenio al ofrendar una rotunda película en la que no falta la perfección técnica ni la dramaturgia épica en un final apotéosico.
Nunca antes una película de cine fue tan esperada. Y George Lucas parece no haber decepcionado a nadie. A pesar de la intransigencia de algunos desencantados de la Nueva Saga que acometieron contra la supuesta asimetría conceptual de sus dos anteriores episodios, ‘La Venganza de los Sith’ logra la gesta de adscribirse a la mitología de la magia cinematográfica. Convertida desde su estreno en la mejor película de esta nueva continuación, sólo cabe inclinarse ante el genio y alabar esta obra de prodigiosidad épica, de restitución de los mecanismos que hicieron que las cintas de la Primera Trilogía pasaran a la Historia del cine con letras de oro. La película devuelve, en gran parte, un segmento genérico al propio cine. Desde que las letras azafranadas se pierden al final de la pantalla al compás de los acordes de un John Williams (que logra epatar imagen y música durante todo el filme), la emoción y la expectación invaden a un espectador entregado a que la imaginación se desborde en forma de ignotas imágenes y dejarse llevar por sentimientos reencontrados que finalizan un puzzle que el espectador conoce de antemano. Estamos por tanto ante una obra felizmente llevada, con voluntad y cariño por la historia, apreciando las imágenes de un director inspirado, que se encomienda a esa preparación del instruido público para narrar su apoteósico desenlace con convicción, con la sabiduría suficiente en el arte del entretenimiento y el espectáculo sin cortapisas.
La historia comienza donde acabó el segundo episodio, ahora con Anakin y Obi-Wan en misión de rescate del Canciller Palpatine, que ha sido secuestrado por el Conde Dooku y el malvado Grievous (un predecesor robotizado de Vader). Es nada más y nada menos que el comienzo de la peligrosa aproximación de Anakin a Palpatine (Darth Sidious). En el Consejo Jedi, tanto Mace Windu como Yoda observan la avidez de poder del engreído Anakin, más cercano al Lado Oscuro que a la Fuerza. El final de las Guerras Clon se acerca y el poder de Palpatine es total para llegar a su objetivo: convertir su coliseo político en un Imperio que le otorgue plenos poderes. Por su parte, Padmé está embarazada del joven Jedi, que en un entorno onírico profetiza su muerte. Para salvarla, no dudará en caer en el Reverso Tenebroso y procurar su resguardo, hundiéndose de paso en su propia codicia, en su odio interno que le hará rechazar todo aquello que le alzó a la condición de “Elegido”.
La epopeya de esta última parte se mueve en este argumento de consabido desenlace con agilidad entre la mitología y los sueños, entre la aventura y la ilusión, proclamando con su visualidad y narrativa su índole de excepción cinematográfica, porque a pesar de su condición tecnológica y revolucionaria ‘La Venganza de los Sith’ está movida por un sentimiento de cine clásico, de la ‘space opera’ comprendida en la primeriza e idolatrada trilogía. En este sentido, Lucas integra con maestría la revolución infográfica en una fantástica historia épica que sustenta su interés en la fuerza de la tragedia griega que narra.
Existe, como novedad, un comprometido trasfondo político que se puede malinterpretar hoy en día, debido a la puntualizada actualidad de los gobiernos modernos, donde subversivamente la democracia se convierte en dictadura, alentando del peligro de los extremismos. George Lucas ya había descubierto en su anterior Saga la forma de instauración del miedo como sustento de una manipulación que conlleva a una fácil autocracia, la del emperador Darth Sidious, que prometió guiar la galaxia hacia la paz y obtuvo el poder absoluto sin ninguna oposición en un embozado proceso golpista, propiciando la caída de la República y la proclamación del Imperio. Un hecho que conducido al día de hoy, puede verse como una metáfora del Gobierno estadounidense, haciendo ver lo fácil que es caer en el absolutismo con la consiguiente restricción de libertades.
La paz, el diálogo, la libertad, agitadores separatistas y el relativismo de todos los conceptos jalonan un discurso que no es más que la evocación política de la gloria de arcaicos imperios. O así hay que asumirlo para disfrutar el filme en condiciones idóneas, porque actualizando este discurso político se estaría restando la necesaria intemporalidad que ha tenido la saga durante sus tres décadas de existencia.
‘La venganza de los Sith’ es, más allá de doctrinas, una oscura introspección sobre la manipulación, un esperado y diligente encuentro con un ‘doppelgänge’ que representa el lado oscuro de un hombre insobornable transmutado en un ser tenebroso, lleno de miedo y de ira. Nos encontramos con un Anakin que ha evolucionado su ego hasta la consecución de lo que él cree la verdad absoluta. Pero a pesar de ello, el joven Jedi es débil por ése temor, está coartado por todo lo que le rodea y no es libre de lo que hace porque fundamenta sus acciones en el miedo, en el temor a perder lo que ama, el recelo de no llegar a ser todo lo poderoso que él ansía. Un hombre que codicia excesivamente la superioridad y sacrifica sus ideas, su especial naturaleza y hasta su alma por conseguirlo.
Lucas ha logrado un perfecto engranaje interno que desglosa un meritorio progreso emocional y aventurero en una trama con ecos shakesperianos, erigida sobre un mirífico tono amargo y sombrío, sin aparentes concesiones a la puerilidad a lo largo del tortuoso tránsito del bien al mal de Anakin Skywalker. Este apasionante tercer episodio es un viaje por el lado oscuro de la lasitud humana, de la corrupción a la que conlleva el poder y la codicia, un épico tratado sobre la tentación, el amor, el sacrificio, la redención, el fatúm y la maniquea y eterna pugna entre La Fuerza y el Lado Oscuro.
Asimismo ‘La venganza de los Sith’ exhibe todas las virtudes y defectos de los filmes de George Lucas. Tal vez lo más ominoso y perjudicial de esta substanciosa consumación galáctica venga derivado de algunas partes del guión que Lucas, como guionista, no ha dudado en atemperar con frases y diálogos que resultan reprensibles, sobre todo cuando los protagonizan Anakin y Padmé (melifluos y enfáticos, demasiado artificiales) o en la inerte seducción del primero por parte del Lado Oscuro, justificada en un descontextualizado romanticismo trágico.
Tal vez se esperaba algún incentivo más en la transformación del joven Jedi en el siniestro Darth Vader, resolviendo la significativa vicisitud con una súbita inversión: de ser un leal aunque arrogante Jedi al servicio de la República a ser el sumiso Lord Vader a las órdenes de Palpatine y proceder a ejecutar Jedis infantiles sin piedad ni corazón en una secuencia (a tres bandas entre Anakin, Mace y Palpatine) poco verosímil. Adolece de osadía, le falta fuerza. Hay algo que resulta excesivamente endémico en este tramo argumental. Tampoco se exterioriza una gran dirección de actores, aunque Hayden Christensen despliegue una interesante dualidad de tortuosa hondura y el histrionismo de Ian McDiarmid comulgue bien con su rol. Por su parte Ewan McGregor, Natalie Portman o Samuel L. Jackson parece cumplir su misión con un comedimiento excesivamente atenuada.
No obstante, Lucas es más inteligente que nunca y sabe acopiar todo lo bueno de las anteriores películas y sustraer lo negativo a una mínima expresión. Así ‘La venganza de los Sith’ es, como se esperaba, muy oscura, melancólica en su fondo, siniestra y tortuosamente tétrica, impregnada con una hábil magnitud del espectáculo, sabiendo tributar con el clásico dinamismo de la esencia dramática, con la necesaria ambigüedad de la Saga y el cauterizante ritmo que destilan sus gloriosos duelos con espadas láser, sus batallas espaciales, sus persecuciones y deslealtades, traiciones y la esperanza final de pureza antropológica genuinamente ‘starwarsiana’. Una conmemoración sin precedentes de efectos digitales tan perfectos que continúan luciendo por debajo de la trama, lo que supone a este final de fiesta cinematográfica un auténtico espectáculo visual.
Lo que es indiscutible es que Lucas ha permanecido fiel a su visión, yuxtaponiendo elementos que pertenecen a la memoria colectiva y que tienen como nexo de unión de ambas trilogías la prometeica resurrección de Anakin Skywalker convertido en Darth Vader, corroído por la ira y encumbrado como el Señor del mal, consumada la traición y entregado a su adverso destino en Lado Oscuro, génesis de la tiranía y el Imperio. Ése núcleo añade a su trascendencia la aniquilación de los Jedi, el exilio de Yoda y Obi-Wan, la proclamación del Imperio en el Senado y el nacimiento de Luke y Leia, articulado todo ello en su nivel estético, donde el film responde a los prefacios visuales de la cinta inicial con la aparición de prototipos de cazas ‘Tie’ y ‘X-Wing’, con la fugaz aparición de Chewbacca, el Coronel Moff Tarkin e incluso del Halcón Milenario o la creación de una desnuda Estrella de la Muerte nos dejan un contexto familiar. Lo nuevo y lo tradicional cohabitan en la historia; Kashyyyk (el mundo de los Wookies) o el trágico Mustafar (el planeta volcánico donde Anakin lucha con Obi Wan) se hermanan al regreso a lugares comunes de la talla de Alderaan, Coruscant o Naboo.
Sin embargo, el mayor aliciente de la historia es la citada metamorfosis de Anakin en Darth Vader. La idea capital de esta nueva trilogía, donde el relato sublima el nacimiento del Mal. Y es que esta nueva trilogía gravita en función de ésa sola idea. Una clave que revela a Vader en un instante funesto y triste, no como el nacimiento del villano más carismático de la Historia del cine, sino como la muerte del Jedi al que hemos seguido a lo largo de estas tres cintas en un magistral plano de subjetivización desde la perspectiva del propio Darth Vader, dentro del casco oscuro. El espectador le ha visto anteriormente en su idiosincrasia externa. Sólo restaba verle por dentro.
‘La venganza de los Sith’ es una estruendosa miscelánea sincopada de maravillosas y espectaculares imágenes que se amplifican con una incontenida emoción generacional, un tributo a la saga que, aún siendo parte de la misma, se cierra con un halo de melancolía, con esa metafórica esperanza en un maravilloso atardecer de Tatooine, una de las primeras imágenes que veamos en el ‘Episodio IV: Una Nueva Esperanza’. Está a la altura de las circunstancias y supone una de las mejores películas de este apático 2005.
Miguel Á. Refoyo © 2005

viernes, 20 de mayo de 2005

Premiere: Sensaciones

He llegado tan sólo cinco minutos antes de que empezara la proyección. No he divisado a ningún ‘freak’ o ‘geek’ o demás proselitistas de la Saga de Lucas disfrazados o con aspavientos adoradores que llamaran la atención, pero en el ambiente había emoción en forma de dilucidaciones con claro contenido galáctico, de impaciencia significada con palabras de expectativa, de gestos nerviosos y de sonrisas cómplices. Todos sabíamos que era un día especial. Pero como vengo diciendo aquí, absurdamente especial, porque desproveyendo el delirio infantiloide, todo el estreno y lo que engloba es de lo más banal.
Como siempre (soy un estrafalario alienado fílmico –es decir, que prefiero ir solo al cine-) he asistido como el huraño misántropo que soy sin compañía alguna. Y he tenido suerte. A mi derecha, dos jóvenes nada agraciadas que no han hablado casi en toda la película, sigilosas y prudentes con sus imperceptibles comentarios. A mi derecha, una pequeña niña asceta bastante redicha, de unos 12 años de edad, que no ha dudado en hablar consigo misma de Jack Kirby en el trailer de ‘Los 4 fantásticos’, mencionar a H.G. Welles cuando ha visto el de ‘La Guerra de los Mundos’ o echarse las manos a la cara y vivir intensamente la experiencia. Reconozco que me ha dado miedo su precocidad de esperpento cultural. El único defecto de la criatura celestial ha sido la inicial y engorrosa extravagancia de soplar las palomitas antes de comérselas. Una vez consumido este insufrible pábulo comercial, la pequeña monstruita no ha dado un ruido. Tan sólo para aplaudir y disfrutar como la que más en toda la sala.
Tras varios trailers (los dos mencionados, la infausta nueva versión de ‘La pantera rosa’, ‘Adivina quién’… y alguno que otro anuncio), todos hemos contenido la respiración durante el logotipo de la 20th Century Fox y y el de Lucas Ltd. para promover una portentosa ovación que hemos tenido el privilegio de emprender los muchachos de la fila de atrás y un servidor junto a mi pequeña gregaria ‘freak’ para leer atentos la letanía de la leyenda de letras doradas perdiéndose al fondo de la pantalla acompañada de la inconmensurable partitura de John Williams. La opinión que emitiré del filme es otra historia…
Llevo toda la tarde estructurando la crítica, porque a buen seguro que será dilatada y sesuda. Tampoco he querido urgir en su escritura, ya que he salido enardecido por el aluvión de emociones que he experimentado dentro de la sala. Y escribir en caliente comporta el riesgo del desacierto. Y aunque he advertido algún inexcusable desliz en este tercer episodio, sólo puedo avanzar lo que todos han venido haciendo hasta el día de hoy: es la mejor película de esta segunda trilogía. Una gran película. Sí, una de las mejores de este apático 2005.
Mañana (y dando por concluida esta semana galáctica –supongo el tedio que habrán sportado los lectores a los que no les guste la Saga ‘Star Wars’-) consumaré todas mis reflexiones acerca de este ‘Star Wars. Episodio III: La venganza de los Sith’ con la prolongada crítica que algunos estáis esperando y poder volver así a la soporífera cotidianidad del Abismo, que ya va siendo hora.

jueves, 19 de mayo de 2005

Snack Wars

Sólo faltan 15 minutos para que empiece la sesión.

Ha llegado el momento...

George Lucas y su fascinante universo 'Star Wars'
Ya queda menos, amigos. Muy poco. Tan sólo unas horas para asistir al mayor acontecimiento cinematográfico de los últimos tiempos. Las generaciones que vivieron la revolución del cine de Ciencia-Ficción hace ahora 28 años están a punto de ver recompensada tan larga espera, de volver a sentir la apoteosis de la diversión galáctica más inolvidable que jamás haya ofrecido el cine en toda su Historia. Ha llegado la hora de dejar la doctrina, la estética llana, el dramatismo y una visión existencialista del cine defendido por los aburridos y resignados intelectualoides del ‘arte’ por la concepción última de éste: la creación de sueños y la diversión basada en el grandioso espectáculo sólo al alcance de aquellos que han sabido ver en esta Saga ‘Star Wars’ una forma de cambio radical en las estructuras cinematográficas con la irrupción del ‘Episodio IV: La Guerra de las Galaxias’. Una generación que creció bajo el influjo de un mundo creado por el mito cinematográfico George Lucas, que ofrendaría al Séptimo Arte con un sentido drásticamente diferente, confiriendo a la noción de diversión que todos tenían hasta la fecha un aire distinto, combinando la fábula sociopolítica futurista con unos efectos especiales que se configurarían como el inicio de una conmoción digital que desde entonces (y gracias a la todopoderosa ILM del propio Lucas) no ha parado de evolucionar. Mañana se estrena ‘Episodio III: La venganza de los Sith’, película que a nueve días de su 'premiere' ya había vendido más de 100.000 entradas sólo en España. Nadie quiere perderse la complacencia que supondrá ver la transformación de Anakin Skywalker en Lord Darth Vader.
Desde que Lucas estrenará en 1977 la primera (en realidad cuarta) entrega de esta legendaria saga, no sólo le otorgó una nueva dimensión estética y conceptual al género, sino que irrumpió de tal manera en la iconografía cinematográfica colectiva que se convirtió en una auténtica y genuina seña de identidad generacional pasando a formar parte de la cultura popular internacional, adquiriendo adeptos allá por donde se estrenara la utopía galáctica. Tras las dos entregas ‘Episodio I: La Amenaza Fantasma’ y ‘Episodio II: El ataque de los clones’, nos encontramos en esta finalización de la Saga con una nueva fiebre de proporciones ciclópeas, de características que superan cualquier precedente. La imaginación de éste director perfeccionista y singular que es George Lucas ha servido para que a lo largo de estas dos décadas el fenómeno ‘Star Wars’ se haya extendido a generaciones posteriores a las que soñaron con este universo espacial cuando todavía eran unos adolescentes, acudiendo una y otra vez al cine para disfrutar con una experiencia que desde entonces no se ha repetido en una sala de cine.
Bajo la oscuridad de un sueño planetario, tan sólo acompañado por el reflejo luminoso del proyector, millones de personas alucinaron con las aventuras del ingenuo Luke Skywalker, el mercenario Han Solo, su peludo amigo Chewbacca, la sensual Princesa Leia y los simpáticos ‘droides’ Rd2-D2 y C3-Po. Los ‘fans’ y espectadores recuerdan aquella frase con letras azules sobreimpresionadas sobre fondo negro que servía como prólogo de la trilogía “Hace mucho tiempo. En una galaxia lejana, muy lejana...” (dejando ver la intencionalidad de Lucas por contar su trilogía en forma de cuento) como una de las máximas más representativas de su cultura visual, de una visión colectiva que marcó las vidas de sus espectadores para siempre. La iconografía particular que ha creado George Lucas bajo la vasta sombra de su odisea en forma de trilogías puede analizarse hoy en día como una auténtica gesta histórica.
Además de acrecentar su mitología sin cesar desde su apertura sin ver erosionada por el tiempo su trascendencia proverbial, la Saga ‘Star Wars’ ha creado auténticas efigies dentro del Séptimo Arte. Por eso no es de extrañar que el siniestro casco negro de Darth Vader (alegoría perfecta del Lado Oscuro de la Fuerza y que veremos nacer en ‘La venganza de los Sith’) posea un poder tan brutal equiparable al símbolo de Coca-Cola, los aros de los Juegos Olímpicos o la Estatua de la Libertad.
La experiencia al borde de la contemplación que vivieron los que ahora tienen entre los treinta y los cuarenta años se recuerda materializada en muñecos, naves, gorras, camisetas, tazas... con motivos ‘starwarsianos’. Y es que, si por algo se caracterizó la millonaria Lucasfilms fue por incluir en el contrato con la Fox la disposición de los beneficios de explotación del ‘merchandaising’, término que cambió su sentido con la saga galáctica gracias a los más de 500.000 millones de las antiguas pesetas que se han logrado con la venta de todos los productos relacionados con ‘La Guerra de las Galaxias’ (beneficios fílmicos aparte). George Lucas ha montado a su alrededor un imperio de fantasía, un mundo de rentabilidad que ha alimentado la nostalgia de los millones de seguidores de la Fuerza y del Reverso Tenebroso, confiriendo a la temática legendaria de Lucas una dimensión equiparable a toda una religión seguida por los más acérrimos defensores de la Saga más seguida del cine contemporáneo.
Desde el mismo instante en que todos los seguidores de la soberbia Trilogía Galáctica supieron que Lucas comenzaba a preparar el prólogo de su fantasía sideral allá por 1997, se disparó la rumorología, la conmoción y sobre todo, un sentimiento de satisfacción y alivio ante lo que iba a ser la puntilla perfecta para el fin del milenio en cuanto al mundo del celuloide se refiere. No sólo por recuperar una historia iconográfica e inmortal, sino por el retorno tras las cámaras de uno de los realizadores más carismáticos del cine moderno. En dos décadas donde los ‘blockbusters’ (ésas películas destinadas a dinamitar las taquillas) han brillado por su total defecto, se echaba de menos el espectáculo del cine comercial al que dieron sentido gente como el propio Lucas o Steven Spielberg (que estrena ‘La Guerra de los Mundos’ este próximo verano). Con esta nueva trilogía Lucas ha reinventado el cine de fantasía, recuperando una forma de ver (y sentir) el cine, como si de contar un cuento se tratara. El tímido visionario progenitor de la entronizada Odisea Espacial sigue reivindicando un sentido escapista en sus películas, dejando para los anales otra Trilogía, con una nueva ofrenda para todos los millones de espectadores que han rendido culto a su Epopeya Fantástica.
Pueden ser ciertas las críticas que ha tachado esta nueva trilogía de excesivamente tecnificada, protagonizada por los efectos especiales antepuestos a los personajes, pero no cabe duda de que la infografía, ‘animatronics’ y secuencias retocadas por ordenador son necesarias para la historia que se ha contado. Toda la técnica ha sido la consecuencia, no la causa. George Lucas ha logrado junto John Knoll y su equipo darle la vuelta al concepto de tecnología conocido hasta el momento. La ILM ha obtenido una meta casi imposible de representar. La imaginación ilimitada de Lucas ha tenido en la informática su mejor y mayor aliado. Esta nueva saga ha dejado una perfección visual capaz de sacudir cualquier principio cinematográfico. Y es que todo es posible en la privilegiada mente del director de ‘THX 1138’.Parece que el nuevo y anhelado episodio del Imperio de George Lucas no ha decepcionado a nadie, ni siquiera a aquellos que un principio parecían predestinados a ultrajarlo. ‘La venganza de los Sith’ aterriza en las carteleras españolas para emprender la última hazaña que acapara todas las miradas. La historia del bautismo de Lord Vader ha sido elogiada incluso por los críticos más exigentes. De la película más esperada de la saga ‘Star Wars: La venganza de los Sith’ se ha dicho que ha cerrado de manera perfecta la trilogía. Y no sólo eso, sino que la señalan como la mejor de las últimas producciones estadounidenses de los últimos años. Hace sombra al primer y segundo episodio, no obstante también existen nostálgicos expertos que aseguran que no está a la altura de la vieja trilogía.
Para esta tercera película que supone la finalización de la segunda (y según cuenta Lucas la última) trilogía galáctica, el joven Jedi Anakin Skywalker tomará una decisión trascendental. Forzado a elegir entre perder a su amada o vender el alma a cambio del poder de salvarla, Anakin sucumbirá a la persuasiva tentación del lado oscuro de la Fuerza. Cuál es exactamente la decisión de Anakin, por qué la toma, y cómo le conduce a vestir la apocalíptica panoplia negra con un casco que incorpora un sistema que le hace respirar artificialmente han sido las incógnitas sobre las que ha gravitado la leyenda de la anterior trilogía y que aquí se desvelan. Después de casi 30 años de espera y especulaciones, los amantes de la saga conocerán la verdad el próximo jueves y descubrirán así cómo el heroico jedi (destinado, según la profecía, a ser “el Elegido”, el único ser capaz de dar equilibrio a la Fuerza y asegurar la paz en toda la Galaxia) se transforma en el aterrador Darth Vader, la mano derecha del Emperador.
Ya ha llegado por tanto el espectáculo con mayúsculas, la diversión, la espectacularidad visual, la infancia perdida, la lucha entre el Imperio del Mal y los Jedis... Con esta tercera parte de la trilogía se acaba el renacimiento de una mitología que durante casi treinta años ha seguido constante en nuestra retina colectiva creciendo constantemente. Es la hora de desempolvar los viejos sueños infantiles, de dejarse llevar por la magia del cine, de asistir a una proyección con el designio de descubrir algo que todavía no se ha visto hasta el momento.
Ha llegado el momento de la conclusión de la Segunda Trilogía.
PD: Me siento como un niño, amigos. Y eso, en esta época, es muy difícil de sentir.