viernes, 30 de septiembre de 2005

Review 'Obaba'

“Quiero decir que…”
Montxo Armendáriz adapta la premiada novela de Atxaga ‘Obabakoak’ con la sensibilidad y languidez necesaria, pero sin el espíritu necesario de sus designios.
La noticia del día del día en cuanto al panorama cinematográfico se refiere ha sido, al menos en el entorno nacional, la selección de ‘Obaba’, de Montxo Armendáriz, para representar a España en el proceso de selección para la candidatura a la mejor película de habla no inglesa a los próximos Oscar 2005. Después de verla ayer (me duele no poder decir que en el festival de Donosti), tiene uno la sensación de que han hecho lo correcto, al menos con las otras dos rivales; ‘Princesas’, de Fernando León de Aranoa y ‘Ninette’, de José Luis Garci.
Es ‘Obaba’ otra extraña composición habitual en el último cine de Armendáriz, una fábula rural y atávica, de recuerdos infantiles y juveniles, de intrahistoria con regusto a nostalgia, de mitología tan fascinante como deliciosamente caduca que, sin embargo, tropieza con un desequilibrio no esperado, ésta vez anclado en el juego de tiempos que ha elegido el cineasta navarro para adaptar una novela como ‘Obabakoak’, de Bernardo Atxaga. Y es que esa mirada pretendidamente diáfana del presente, incorporada en una actriz tan poco creíble como Bárbara Lennie (y su odiosa muletilla verbal que titula la crítica) dando vida la estudiante de cine Lurdes que vive los misterios de Obaba a través de su cámara acapara los peores momentos de un filme descompensado, con infranqueables trabas en el acercamiento a las historias a las que nos acerca Armendáriz creadas anteriormente por Atxaga. En cambio, y en contigüidad temática y perceptiva de películas como ‘Tasio’, ‘Secretos del corazón’ (filme que le sirvió al director para representar a España en los Oscar de 1997) o 'Silencio Roto', Armendáriz sabe extraer los matices y la fragilidad de la memoria perdida y la creación de un universo dotado de la magia recogida directamente del espectro humano inherente a la obra de Atxaga. La mirada personal de ambos autores es pareja en la belleza de sus creaciones, de corte pausado e intimista, más que coral unificadora de un sentimiento de aproximación vital entre sus personajes.
Atxaga es un poeta obsesionado por el placer de las palabras, su selección de vocabulario es asombrosa por la afectividad con las que las maneja. Desde la cuidada anotación de términos de la naturaleza, unido al contraste de este vocabulario casi rural con un vocabulario topificado por el uso en las grandes ciudades, Montxo Armendáriz ha aprovechado ese clima poético de especiales características, el de los valores sensoriales, para volver a recrear un filme que bucea en la tradición rural y humilde, arraigada a los cantos metafóricos de una colectividad donde cada componente tiene voz propia, silenciosa e introspectiva, dejando ver una negativa oscilación entre el conformismo y carente de la fascinación necesaria en la propuesta de un extraño viajante a un hábitat tan especial, donde los personajes desprenden tanta tropelía hermosa alrededor de sus personalidades, pero que no se fragua en su acercamiento a lo desconocido, exceptuando en la entrañable maestra interpretada por Pilar López de Ayala que contiene tanto las lágrimas por su soledad como su apasionada sexualidad. De hecho, la mejor adaptación de la obra de Atxaga.
Viaje entre lo real y lo onírico, donde relumbran su sigilo, su realista misterio en torno a la fabulación con respecto a los lagartos, sus sentimientos apolillados por el tiempo que anhela una emoción muchas veces estéril, pero embellecida por aquello de lo que se habla y, sobre todo, de cómo se refleja en pantalla, ‘Obaba’ es un espacio imaginario que simboliza la pequeña aldea ficticia con una universalización del ser humano, llena de sinecuras rítmicas, falta de fuerza emotiva en su conjunto, pero a la vez con ése entrañable y personal estilo que Armendáriz propugna con su vinculación a la mirada intimista y rural que consuma cuando indaga en la sima de unos personajes que, bajo su mirada sentimental y quejumbrosa, esconcen una historia que merece ser contada y que esta última película suya muestra tan sólo a medias.
Miguel Á. Refoyo © 2005