jueves, 3 de febrero de 2005

Review 'Closer'

La frialdad y el egoísmo del engaño
El veterano Mike Nichols incide en su visión de la pareja con una cinta que se basa en una perspectiva bastante misántropa, cínica e implacable para hablar del amor.
Lo primero que suele destacarse cuando se habla de ‘Closer’, es el regreso a la dirección cinematográfica del veterano Mike Nichols tras su exitosa etapa en televisión con un retorno al género que tantos buenos títulos ha dado al cine: las tortuosas relaciones de pareja confinadas al drama emocional en títulos como ‘¿Quién tema a Virginia Wolf?', ‘El Graduado’, ‘Conocimiento Carnal’ o ‘Armas de mujer’. Para su vuelta, Nichols ha elegido el drama teatral de Patrick Marber ‘Closer’, estrenada en Londres en 1997 y que cosechó excelentes críticas y varios premios que la encumbraron como uno de los montajes escénicos más importantes de la década. Dan es un escritor de necrológicas que está frustrado por no haber podido ser novelista. De repente un día entra en su vida Alice, una joven camarera que se ha ganado la vida como ‘strepteaser’, un encuentro que supondrá el descubrimiento de la musa que siempre soñó.
Tiempo después de emprender un idilio con la chica, Dan coincidirá con Anna, una fotógrafa con la que mantiene esporádicas pero intensas relaciones. El destino hace que Anna, gracias a una cruel burla internauta, conozca a Larry, un rudo dermatólogo con el acabará casándose. Es el principio de una compleja trama donde estas dos parejas padecerán una serie de encuentros y desencuentros, de uniones y rupturas, combinando en sus encrucijadas sexo, crueldad, engaños y una pasión que les arrastra, indefectiblemente, a descomponerse por culpa del adulterio. Pero más que un drama romántico, ‘Closer’ es una descarnada tesis acerca de la pareja en la actualidad, de sus debilidades, del egoísmo que precede a la tentación exterior que resquebraja aquello que parece sólido y estable, pero que en realidad es una mentira más para la corrupción sentimental, para dejarse llevar a la conformidad que proporciona la siempre simulada felicidad.
Cruda crónica de los complejos dispositivos que ejercen las relaciones sentimentales sobre el ser humano, la última película de Mike Nichols constituye un tentador ejercicio de voyeurismo fílmico que impone al espectador a observar desde primera línea todos los juegos amorosos y un cruel asalto a la privacidad del cuarteto protagonista.
Un certero retrato generacional, donde sus ambiguos personajes, neuróticos, necesitados de afecto pero a la vez adúlteros, enfocan sus miedos a la relación de pareja de un modo corrosivo, egoísta, en cierto aspecto desde una perspectiva de enfermizos idólatras de la farsa del amor estable, que se enamoran y se repudian como amantes frustrados. Una forma de pseudoamor que pierde al que lo padece y le aleja de la persona amada, en lugar de encontrarse con ella. En su postulado sobre la pasión, el matrimonio y la posesión, Patrick Marber aporta magníficos diálogos llenos de dureza, crueles y sexualmente duros, tan directos que parece mentira que estén protagonizados por grandes estrellas convertidos en actores bajo la experta batuta de un Nichols que sabe sacar todo el éxtasis dramático de sus mejores secuencias. Una sorprendente película que supone uno de los pocos prototipos de cine adulto y veraz, que despoja a sus personajes de cualquier artificio y representa el amor, el deseo y el sexo como elementos inherentes a la intensidad y la profundidad del amor, pero que termina por convertirse en una demuestra del vacío y la desesperación a las que conllevan la infidelidad, el duro pago a la traición y a los celos como parte de un individualismo que desmonta cualquier faceta romántica del sentimiento.
Un discurso lleno de cáustica agresividad que expresa sin tapujos y con dureza la confusión y el desorden emocional que el amor provoca en unos personajes que se hieren y se aman en la misma medida y con la misma facilidad. Anna, Dan, Larry y Alice son ególatras, inadaptados que establecen una conexión sometida a sus ansias sentimentales y lujuriosas, manifestadas con una perspectiva bastante misántropa, cínica e implacable, vistas con un deseo y egoísmo propias de la propia naturaleza humana, donde la alienación urbana les afecta en sus relaciones marcadas por la seducción, la felonía, la manipulación y la crueldad, derivando todo ello en una inevitable autodestrucción sentimental. Es la lógica evolución de una serie de idilios que, en su frágil equilibrio, son susceptibles de acusar los efectos de la inestabilidad afectiva. Nichols y Marber parecen querer evidenciar en todo momento que el hombre y la mujer nunca están conformes con lo que tienen, con la felicidad efímera que no saben disfrutar, como autómatas enajenados invadidos por el profundo sentimiento de inseguridad y de angustia.
Así, en un principio Dan escribe necrológicas y Alice aparece en su vida. Ella le sirve de inspiración para que escriba esa novela que tanto ansiaba. Cuando conoce a Anna, Dan decide dejar a Alice, olvidando su fuente de inspiración, destrozando a una joven necesitada de afecto a la que descubriremos poseedora de una fuerte personalidad cuando ejerza de bailarina en un prostíbulo. Anna, por su parte, propone un título para la novela que acaba siendo un fracaso para el periodista, como la vida de éste, volviendo a ser un necrologísta frustrado ante ambas relaciones. Y en ese desarrollo de un argumento enfocado a la crueldad y el sadismo en la pareja, de gente que es incapaz de querer pero expertos en odiar y hacer daño, la utilización del tiempo por parte de Nichols es el gran hallazgo de este excelente filme, dotando de una fascinante elegancia en el uso de sus elipsis temporales, sugiriendo que el tiempo no significa nada en absoluto en las relaciones de pareja.
El único obstáculo que impide considerar ‘Closer’ como una película ciertamente redonda, colmada de lucidez, es la dificultad que se establece a la hora de encontrar una necesaria empatía entre personajes y espectadores que nunca se produce de un modo dramático. El drama pasional planteado abusa en exceso del radicalismo en ciertos factores de la conducta de los protagonistas, llevando muchas veces las situaciones al extremo, desglosando una postura maniquea en la perspectiva de sus conflictos. Y mucha culpa de ello la tiene la persistente utilización de algunos diálogos que, buscando la provocación y la realidad sexual de su contenido, resultan algo inverosímiles. Tanto, como para caer en varias ocasiones en la abstracción teórica al abordar esos continuos intercambios de pareja.
Aunque bien es cierto que es necesario, ya que el sexo encuentra la forzosa importancia para definirse como único universo de las relaciones de pareja, de sus engaños, de la incomunicación y, sobre todo, de la desconfianza. Esto último puede parecer una traba en un drama romántico como es el que se propone, pero analizando la sociedad actual, donde cualquier deseo satisfecho provoca una felicidad perecedera que ambiciona nuevas experiencias, ‘Closer’ simboliza muy bien ese tipo de relación, el amor de la sociedad moderna, basado, fundamentalmente, en algo tan provisorio y mundanal como son las relaciones sexuales. Al fin y al cabo, como bien se explicita dentro del filme, el ser humano sigue siendo un animal. Sólo así es posible aseverar ese instinto final de los personajes masculinos, que acaban utilizando la violencia para dejar en un mínimo espacio a sus femeninos atrapados en una situación que no desean, como reflejo de su debilidad, pero también en la honestidad de sus decisiones y acierto de las mismas.
Historia de negligentes emocionales, incapaces de querer a la persona que les ama pero capacitados para destrozarlas siguiendo el instinto natural de sus deseos, ‘Closer’ alcanza sus mayores logros en la intensidad mostrada por su cuarteto de lujo, donde si bien el omnipresente Jude Law acapara el rol protagonista de idólatra, caprichoso y obsesivo y Julia Roberts se adapta perfectamente a su papel con una contención agradecida, la grandeza interpretativa recae en los dos secundarios (que no son tales) del cuarteto amoroso; por ello, Clive Owen y Natalie Portman se llevan la mejor parte con sus perfectas y complejas composiciones. El primero, dando vida a un hombre rudo e instintivo, sincero al fin y al cabo. Por su parte, Portman ofrece una dádiva interpretativa que mezcla la dulzura y la inocencia con la cognición de saber la gran oportunidad dramática que tiene entre manos. Y la joven Portman no la desaprovecha.
‘Closer’ compone un retrato urbano, perfilado en los ambientes londinenses donde se ubican los caracteres en su particular gradación sentimental, lánguida y pesimista, bajo un estilo narrativo encauzado a la decadencia emocional de los protagonistas que, aunque se excede en lo abrupto y frío de algunos de sus momentos más intensos, nunca decae en el ritmo de su despliegue de talento. En la cinta de Nichols, el amor llega bruscamente, en un accidente físico y se va del mismo modo, pero en una esfera pasional, de desengaño, de choque con la realidad, sin conducirse por un final discursivo ni ofreciendo el tan temido mensaje moral que suelen tener este tipo de dramas en su desenlace. Todo lo contrario, ‘Closer’ es un extraño ‘folie á deux’ a cuatro bandas sin duda interesante, atrevido, y, sobre todo, apasionante.
Miguel Á. Refoyo © 2005