martes, 22 de febrero de 2005

Identificación con Miles Raymond

Puede que haya sido el día gris, oscuro, lluvioso y triste que había hoy en la ciudad. Todo parecía apagado, sin vida, desprovisto de importancia. Todo ha estado inmerso en una afonía de sonidos, de palabras, de substancia. Tal vez esta absurda entropía en la que estoy cayendo sea la culpable. Esta tarde me he acercado a ver ‘Sideways’, la última de Alexander Payne y ha fomentado dentro de mí una trascendencia que hacía tiempo no me transmitía un filme. Yo diría que nunca antes. Tampoco lo recuerdo. No digo que no me haya gustado. Todo lo contrario, me parecido increíblemente fascinante, verdadera, diáfana y simple, con varios dictámenes vitales que el cine rara vez te puede originar, pero que está ahí, en novelas o guiones (en este caso adaptados) delatados como preciosas gemas, descubiertas como la gran parte de la verdad que rodea nuestras vidas.
Me he sentido extraño y absurdo al verme reflejado en la pantalla. Payne ha descrito a un tipo como yo, con la misma personalidad, con el mismo sentido de vida, con los mismos miedos, con la misma realidad. Me he autodefinido… no, mejor, me he mimetizado en Miles Raymond (con el reemplazo de su pasión por el vino por el cine), ése entrañable tipo confuso, repleto de vacilaciones, que se sabe perdedor y ahoga sus miserias en el vino cuando algo no va bien. Me he sorprendido a mí mismo actuando de la misma manera en que Miles ha llevado a cabo su momento en soledad con Maya (cuánta belleza ha adquirido Virginia Madsen con los años), del mismo modo en el que me desenvuelvo cuando una chica me gusta y hay todo tipo de posibilidades, pero que, como en la película, resultan ser ilusorias certidumbres, siguiendo ese triste protocolo de nervios y sonrisas fingidas, de miradas sinceras devueltas en otros términos. Algo parecido a lo de Charlie Kaufman con Amelia Kavan en 'Adpatation'. Me he visto a mí mismo con esa inepta y refractaria esperanza infructífera que jamás se cumple, sabiendo a qué se refiere cuando alude a la insignificancia de la que habla a Jack mirando al horizonte del mar, en una hermosa y tranquila bahía. Me he delatado como cómplice de mentiras, como un irrisorio fulano susceptible de sí mismo, intimidado ante los grandes retos. También en ese cerco de vino en la camisa equivalente a la sangre de los errores de Jack, encubiertos en la mentira y la hipocresía. La dura realidad en cualquiera de los dos casos.
Esta tarde me he visto, desde hace mucho tiempo, reflejado en la gran pantalla.
Si alguien que está ahí, fuera del Abismo, quiere saber cómo soy, sólo tiene que acercarse a ver ‘Sideways’ y me reconocerá en el personaje que compone el prodigioso Paul Giamatti, ése tipo con barba, que se está quedando calvo y que aspira a ser escritor o ambiciona ser algo. Simétricamente exacto a mí. ‘Sideways’ es otra lección existencialista y real de la vida de algunos cuantos concedida por el maestro de la carcajada desabrida, desde la ominosa comedia que ahonda en la tribulación más insondable de cualquiera de nosotros, mostrándola como lo que es la vida: una puta comedia en la que hay que reírse de los fracasos y ubicar la vida con expectativas. Alexander Payne desciende al desencanto como nadie, esta vez sin tanta mordacidad, pero con ese poso agridulce de ironía frente a la vida.
No digo que esta cinta sea de lo mejor que he visto últimamente (aunque podría), sólo que esa extraña filiación con Miles me ha hecho y hará reflexionar sobre muchas cosas. Y eso, en el cine actual, es un logro impagable.
Por otra parte, mañana se presenta ‘El límite’ en el II Festival Patanegra de Guijuelo. Una ilusoria buena noticia, pero me he quedado sin mi trozo de fomento envanecido, mis cinco minutos de ridícula gloria ante los medios salmantinos. Ya ves tú. Todo porque el temporal ha impedido venir a más cortometrajistas al certamen a exponer sus trabajos. Y lo divertido de todo es que por la tarde no tengo a nadie que me suba al pueblo charro a presentarlo. Tenía previsto hacer una especie de ridículo breviario sobre un día en el festival. Si puedo acudir a presentarlo lo reflejaré aquí. Eso sí, ojalá que el sábado me provean con un grato mensaje devenido de la noticia de un premio. Aunque, siendo sinceros, lo veo muy difícil.
De todos los modos, seguiré informando.