domingo, octubre 31, 2004

Ha vuelto...

No quepo en mí de gozo. La alegría que me he llevado ha sido mayúscula al enterarme de que uno de los juegos que más ha marcado mi vida, el mítico y grandioso 'Pc Fútbol' ha regresado cuatro años después del cierre de 'Dinamic'. Desde 'Pc Fútbol 2001' el 'fanfreak' ha esperado la continuación del juego más deseado por todos los amantes del género. El mejor mánager de fútbol ha regresado, y lo hace con suculentas novedades que no dejarán a sus seguidores indiferentes.
Ha vuelto el mito.
A pesar de que mis allegados disfrutan horrores con el 'Pro Evolution Soccer' (del cual no voy a negar que es el mejor juego de arcade de fútbol), este juego no representa el concepto que yo tengo del mejor juego futbolítistico. El juego, como decía Stanley Kubrick, siempre se demuestra desde la estrategia. El que gana un combate es fuerte, el que vence antes decombatir es poderoso. La verdadera sabiduría es vencer sin combatir, desde el exterior. Sin necesidad de jugar. Y eso te lo ofrece sólo este juego (que tuvo un digno remedo, pero insfuciente, el Total Manager del FIFA de EA Sports).
Y ahí es donde radica su grandeza . No metes goles espectaculares, no ves la interacción de faltas, penalties, acción y juego. Pero te ofrece algo mejor: la posibilidad de desarrollar el mandato desde el banquillo, en tiempo real, aportando tu intuición, el ingenio del 'trainer', lo mejor del fútbol, dando órdenes a los jugadores para que realicen las tácticas convenientes o marquen al hombre adecuado. Eso es el juego.
Y a partir del 19 de noviembre... volveré a caer en sus redes.

¿Truco o Trato?

Bueno amigos, ya es Halloween, ya ha llegado la noche de la brujas, la de disfrazarse, la de ver películas de terror y contar escabrosos cuentos a la luz de una hoguera. Es la hora, en definitiva, de aprovechar cualquier excusa para salir de fiesta.
Muchos pensaréis que la noche del 31 de octubre proviene de la globalización yanqui y la expansión de sus costumbres al resto del mundo. Pues no es así. Muchos autores consideran que era la festividad principal de los celtas. Era el momento en que los druitas recogían las bayas del muerdago depositado en los troncos y en las ramas de las encinas y robles. Esta noche era conocida como ‘Nos Galan-gaeaf’, noche de las calendas de invierno, ya que el año celta se dividía en dos estaciones, la de invierno y la de verano.
En la víspera del primero de noviembre se encendían hogueras y a esta fiesta acudían todos los miembros del poblado y se celebraba una asamblea en la que intervenían tanto los hombres como las mujeres. Se sacrificaban animales con el fin de aprovisionarse para el invierno y era una de las pocas ocasiones en que los druitas tenían autorización para comer carne de cerdo y beber vino en abundancia (por lo que esta noche, para seguir esta simpática tradición deberéis mamaros). Todos encendían velas y el sentimiento de proximidad con los difuntos era tal que cualquier ser vivo -se decía- podía descender con ellos al mundo de los muertos. La creencia generalizada era que en la noche del 31 de octubre los muertos entraban en comunicación con los vivos en una especie de confusión cósmica (y no son palabras de Carlos Jesús), lo que ha generado multitud de leyendas al respecto.
Un eco desvaído de aquellas veladas, se encuentra actualmente en la famosa noche de Halloween que hemos importado de USA. Aunque parezca lo contrario, Halloween no es una fiesta genuina de allí, queridos amigos. La palabra Halloween es la forma moderna inglesa del antiguo ‘All-hallow even’. Los primeros colonos ingleses e irlandeses que llegaron, trajeron sus tradiciones a su nueva patria, entre ellas la festividad del día de la brujas, que se celebra esta misma noche. Los hogares se adornan con siniestras calabazas vacías con una vela encendida en su interior recortadas con formas de monstruos. Las personas se disfrazan y los niños van de casa en casa pidiendo golosinas.
Hoy hay que dar sustos, gastar bromas pesadas y casos extremos dejarse llevar por la enajenación mental que todos tenemos en nuestro fondo más oscuro. Yo saldré esta noche con un hacha en busca de almas cándidas...
¡¡¡TENED CUIDADO pues!!!!

La doble genialidad de Woody Allen

Allen Stewart Konigsberg, nacido en 1935, se ha convertido, con el paso de los años, en un clásico del cine contemporáneo y en el referente cómico más importante de las tres últimas décadas. Escritor, actor y director, el cineasta más típicamente neoyorquino del Séptimo Arte se ha caracterizado a lo largo de su dilatada filmografía por reiterar una y otra vez sus fobias, exorcizar sus fantasmas de hipocondríaco y vencer sus miedos a través de cintas memorables y poco convencionales.
El genio de Manhattan abrió el pasado festival de San Sebastián con ‘Melinda & Melinda’, una demostración de que su cita anual con el cine (lleva tiempo rodando una película por año) no responde a una imposición autoral, sino a un gran momento de creatividad que parece no tener fin. Tanto es así que Woody Allen aporta con este filme una historia que, a priori, parece reunir las características fundamentales de su cine en una magistral composición donde sus personajes habituales vuelven a circunscribirse en un cosmos de relaciones heterosexuales llenas de trabas e imprevistos, unificando encuentros y desencuentros y tipificando lo que responde a aquello que se espera de esta nueva y fructífera etapa como realizador y guionista.
Sin embargo, ‘Melinda & Melinda’ es diferente, arriesgada, y ofrece algo que en sus últimas películas no había dejado ver y que pocas veces ha ofrecido en su filmografía. A través de los ojos de cuatro intelectuales neoyorquinos, Allen juega con el drama y la comedia en un juego de espejos totalmente prodigioso, logrando una oculta lección de la narración cinematográfica en cuanto argumento se refiere. Allen lanza cuatro datos en la vida de una chica de la que todos han oído hablar y, partiendo desde esas visiones de filósofos de café que se aburren, crea dos historias acerca de la misma mujer, pero con dos destinos en manos del generador según sea el cristal con el que la describe. Con esta pauta bipolar, el drama del mejor Allen reflexivo y trascendental se asocia a la comedia que ha venido manejando en los últimos años. Una combinación sorprendente y alucinante.
Esta apasionante mezcla otorga al gran maestro la posibilidad de desafiar el metalenguaje genérico en dos argumentos que se desarrollan con los mismos elementos narrativos en cuanto a giros de guión, pero disolviendo la historia en función de lo optimista de la comedia romántica y lo trágico del melodrama. Con todo esto, Woody Allen demuestra que sus películas anuales pueden llegar mucho más allá del estado de brillantez al que estamos acostumbrados. Y es que la doble Melinda de Allen es una obra de trascendencia intachable que se sitúa a la cabeza de sus mejores trabajos de los últimos diez años. Una pequeña joya.
A estas alturas, se podría decir que Woody Allen es un género propio con una genealogía de personajes que abarcan una diversa carrera personal, a menudo autobiográfica, donde ha sabido combinar un desbordante sentido del humor con su visión catastrofista de la vida. Creador de satíricas descripciones de neuróticos personajes urbanos, obsesionados por el amor y la muerte. La increíble Radha Mitchell, Chlöe Sevigny, Will Ferrell, Amanda Peet y Chiwtel Ejofor están maravillosos, todos.
PD: Por cierto, en USA se estrena en ¡Marzo de 2005! Lo que tienen que esperar los yanquis para ver a Woody ¿no?

sábado, octubre 30, 2004

La muerte de 'El Víbora'

El número 297 de El Víbora abre con una muy triste noticia, aunque esperada. Era un secreto a voces, pero el número 299-300 de la revista será un especial, el de la despedida.
Tras 25 años de vida, El Víbora cierra definitivamente sus páginas. Hace poco, el número 289 de la publicación tituló en su portada en rojo ‘¿El fin?’, un grito al cielo que para sus incondicionales y gran parte de la plantilla. Tenía toda la apariencia de que así fuera. Y así ha sido. ‘El Víbora’ fue el escaparate y lanzadera para todo el movimiento ‘underground’ de los primeros ochenta, el que mezclaba la innovación con el sarcasmo, el descaro y la locura. Una revista de culto que dejará un hueco muy grande.
Recuerdo los grandes momentos que he pasado con esta revista, lo autores que he descubierto gracias a ella y los buenos momentos leyendo sus páginas. Nunca le agradeceré lo suficiente a Jose 'Jimbo' que me descubriera su existencia allá por los 80. Miguel Ángel Martín, Mauro Entrialgo, Paco Alcázar, Carlo Hart, Laperla & Kosinski, Álvarez Rabo en cuanto a nacionales o en su faceta internacional con Peter Bagge, Ralf König, Daniel Clowes, Robert Crumb, Evan Dorkin, Gilbert Shelton, Vuillemin, Tanino Liberatore...
Saber que ya no estará ahí en el kiosko más, es algo terrible para todos sus seguidores.
Es una noticia muy triste, amigos.

La fama cuesta

¿Sabiáis que Burton C. Bell de Fear Factory fue encagado de un cine, que Chris Cornell fue camarero con delantal en un restaurante de Seattle, que Greg Graffin, el vocalista de los Bad Religion, ejerció que de profesor de Paleontología en la Cornell University, que el vozarrón de Rammstein Till Linderman participó en las Olimpiadas de Atlanta representando a Alemania y que Bruce Dickinson, el añorado ex de Iron Maiden fue capitán del equipo inglés de esgrima?
Pues es cierto.

Gran acogida de 'El límite' en SEMINCI

Por primera vez se proyectó 'El límite' con público.
Y está mal que yo lo diga, pero queridos amigos, fue un todo un éxito.
Ante más de un centenar de personas, en el Salón de Actos de Caja España, pudo verse nuestro trabajo por primer vez en pantalla grande. Allí estaba el gran Ángel González Quesada para acompañarme en tan importante tesitura. Los nervios nunca han sido un tema que me haya preocupado, porque no tengo miedo escénico. Es más, tengo un morro de la hostia y una oratoria de sofista. Pero había algo cierto, y es que, por dentro, estaba algo acojonado por la reacción que suscitara en los asistentes al evento. En esos momentos pensé: "¿y si no les gusta? ¿y si dicen que no es bueno?... No sería capaz de soportar un fracaso como ese".
Antes que 'El límite' proyectaron un cortometraje titulado 'Debajo de la mesa', de Óscar Royuela, un engendro fetichista sobre un joven que recuerda la procedencia de su obsesión por los pies femeninos que tuvo origen en los masajes en los quesos de su atractiva (bastante bruta la actriz, por cierto) familiar. Un chorrada absurda y sinsentido que tiene como reclamo la voz en Off del simpar Pablo Motos.
Llego la hora de presentar nuestro corto y no tuve mayores problemas al soltar un breve 'speech' que dejó a la platea con la sensación habitual de "qué chaval más majo" o "qué gilipollas" que suelo dar a la gente desconocida. La visión del proyecto en una muy digna pantalla, con la potencia de la estética creada por Quike Santiago y el sonido (acojonante) sonando a todo volumen me dieron una sensación de que poder y de satisfacción que pocas veces había sentido. El corto funciona. Eso se percibe en que cuando se desarrolla 'El límite' la respiración se corta, la tensión llena la sala y los nervios se hacen visibles en todos los espectadores.
Dos tandas de sonoros aplausos, una al finalizar el corto y otro tras los créditos dieron fe del éxito, ya que fue el único trabajo al que el público (al que no conocía de nada) aplaudió en dos ocasiones.
Luego pudimos soportar a un fulano metrosexual que narró un inacabable cuento de desesperación vital y argumental tremendista. Muy denso. Aburrido. Imanol Uribe llegó, mostró su enorme y descomunal barriga, y le entregó el Premio de la Juventud a la ganadora de la Espiga de Oro, 'Hierro 3' ('Bin-jip'), de Kim Ki-duk, que recogió alguien de prensa del propio festival y el premio de la juventud de la sección Punto de Encuentro, que ni me enteré.
La velada acabó con el curioso cortometraje 'Mus', de Patxi Amezcúa, la historia de cuatro amigos que juegan al mus y que ven alterada la tarde cuando en la cazadora de uno de ellos aparece una navaja manchada de sangre que levanta las sospechas. Un corto cojonudo, sí señor.
Presentar 'El límite' en la SEMINCI ha sido una experiencia fantástica. Ahora sólo queda que Salamanca haga lo mismo en breve.
Una cosa más: ¿hay en España alguna ciudad tan horrorosa como Valladolid? Lo siento, me caen muy bien los pucelanos porque tengo muy buenos amigos vallisoletanos y son buena gente.

La cagamos

Nota de prensa:
Editorial Planeta DeAgostini informa a todos sus lectores que, a partir del día 1 de Enero de 2005, dejará de editar y publicar en España los cómics de Marvel Comics.
De igual forma, Editorial Planeta DeAgostini quiere aprovechar esta ocasión para reconocer y agradecer a todos los lectores, los colaboradores, los proveedores industriales y la distribución vuestro apoyo durante más de 20 años.
Barcelona, octubre de 2004.
PD: La pregunta es... ¿Qué hacemos ahora?

jueves, octubre 28, 2004

Absurdas sumas de parecidos (II)


Costeau, Papá Pitufo y Arafat
Todos sabemos que el pobre Arafat, célebre líder palestino, está jodido de la salud. Pero viéndolo en la televisión esta tarde se me ha presentado una nueva oportunidad de abrir el segundo capítulo de esta sección tan innecesaria como divertida.
¿No os parecido Yasser en pijama azul con ese gorro tan extraño un perveso cruce de personalidades entre... Jacques Yves Costeau y Papá Pitufo?
A mí sí.

Siniestro Mundo Publicitario. El SPM (IV)

Cuando veo la televisión, suelo analizarla, juzgarla, odiarla y amarla. Todo al mismo tiempo. Pero uno de mis ‘hobbies’ más conocidos, una de las cosas que más me gusta cuando me siento embodado delante de una pantalla, es la de engullir publicidad. Cuantos más anuncios mejor. Muchas veces tengo esa extraña sensación, anormal y del todo ilógica, de creer que lo mejor de la tele son los anuncios publicitarios, los ‘spots’, que llaman los modernos y la gente del mundillo.
De esta malsana e inverosímil directriz es de donde se extrae mi predisposición a un ejercicio catódico enrevesadamente absurdo: el de estudiar y observar un universo tan apasionante como, a veces, indigno que es el Siniestro Mundo Publicitario (SPM).
En este primer capítulo voy a analizar (de soslayo, tampoco es plan de hacer sesudos estudios) un par de anuncios que están en todo momento cruzando transitoriamente delante nuestros ojos, lanzando mensajes subversivos e intencionados y que, como objetivo máximo, buscan provocar algún tipo de reacción en un espectador que, durante estos lapsos, es tratado como comprador potencial. Un hecho, nunca hay que olvidar y que todos asumimos cuando en vez de ‘zappear’ (el mayor enemigo de la diversión publicitaria), nos dejamos transportar por híbridas estrategias publicitarias en forma de pequeñas minas visuales que estallan con desigual éxito en nuestro cerebro.
Ahí voy con los dos de hoy:
1.- Toallitas Charmin
O no lo entendido muy bien, o no sé exactamente qué me están vendiendo.
Vamos a ello.
En pantalla aparece una mano que se echa una especie de pomada en la palma de la mano. Tras esto, una familia, ubicada en un aséptico váter (donde todos, curiosamente, se sientan) explica que con el papel higiénico no se logra quitar el rastro desagradable del ungüento y que con la utilización de las toallitas Charmin además de quedar más limpio, te queda un céfiro ambiental de confortable olor.
Ahora lo que yo digo:
¿La mancha de pomada esta ejemplifica la mancha de restos de excrementos que quedan en la palma de la mano?
Si es así ¿de qué profusa y descomunal manera caga esta familia para lograr mancharse la palma de la mano de semejante manera? Yo imagino que el anunciante debe pensar que la gente es muy regular a la hora de deponer sus excrementos (tanto o más que José Coronado), pero hasta tal punto...
.- Conclusión: las toallitas Charmin son especiales para la gente que cague en cantidades industriales o, directamente (y ahí viene el desprecio subversivo), para gordos a los que no le entre el culo en el retrete. Una falta de tacto, en cualquier modo.
2.- Barritas nutritivas Flink
Cuando estudié la asignatura de publicidad, concretamente en el tema ‘Intencionalidad’, había un apartado que explicaba cómo existe un procedimiento de venta publicitaria que es la de ahondar en el espectador con una canción, una imagen feísta, una cara horrible, en definitiva, algo que llamara la atención del espectador de forma seminegativa para que se quede con la marca de tu producto, en un propósito algo inquietante. Una fórmula arriesgada, pero infalible para recordar algo.
Esto es lo que sucede con la puta canción de Flink que, por si fuera poco, es pegadiza. El anuncio logra que una canción ridícula suene en tu cabeza como una sintonía malévola y, cuando estás a punto de olvidarla, ves el anuncio y te entras ganas de comer barritas Flink y de seguir cantando la horrorosa canción.
El anuncio no tiene desperdicio. Empieza, directamente, con una erección trempera, de esas matinales en la que la tienes como una barra de acero. Primer simbolismo, la barrita es una imagen chocolateada de un falo, un miembro, un ‘muñeco calvo’, un… bueno, da igual.
Bien, pues sólo es el principio.
Durante todo el ‘spot’ vemos y escuchamos (a través de la canción del ‘rastas’ fumeta que canta con una guitarra acompañado de un freakie que toca las maracas) cómo el jovenzuelo, ante un pibón descomunal recién salido de las páginas de un Penthouse, se siente triste y no quiere ni comer, ni bailar, ni reír, ni jugar... Ni siquiera mantener relaciones sexuales con semejante diosa del sexo (que vaya escotazo que luce).
Está desganado, abatido. Todo porqué, pues por que el chaval echa de menos su barrita. Es decir, que echa de menos masturbarse, que es lo que le llena en esta vida.
.- Conclusión: Las barritas Flink son un producto exclusivamente para ‘pajeros recalcitrantes’.

miércoles, octubre 27, 2004

Podría ser que...

'El límite', ese cortometrajillo que hemos hecho con dedicación y esfuerzo, paciencia (aunque no hay palabras para definir todo lo que hemos pasado) y tesón podría ser que... el próximo viernes día 29 de octubre pudiera ser que se proyectase en el prestigioso Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI), durante el acto de clausura que tiene como evento la Entrega del Premio de la Juventud, junto a cortos ganadores de otros festivales como el de Medina del Campo, en el Salón de Actos de Caja España (Fuente Dorada, 6).
Podría ser... Hay un 85 % de posibilidades de que se dé este auténtico pelotazo increíble.
El corto está enviado y espero la confirmación...
Update:
¡CONFIRMADO!
'El límite' estará en la gala de clausura del Premio de la Juventud en SEMINCI.

Gracias Julia, por esas deliciosas ‘cerezas’

Sorprendente, asombroso y alucinante es el hecho de encender la televisión en horario de ‘prime time’ nocturno y comprobar cómo una profesional recupera el divertimento cultural, el sosiego que da atender atento a una entrevista, ver cómo en una mesa no hay subproductos humanos escupiéndose afrentas e insultos, berreando y jurando en arameo, sino que hay artistas, con personalidad y trabajos que promocionar que departen sobre muchos temas profesionales y personales en un ambiente relajado y distraído.
Sorprende cómo y de qué manera está estructurado el nuevo, y desde este momento, apoteósico programa de Julia Otero ‘Las cerezas’. Hacía años que un espacio de entretenimiento en horario de máxima audiencia no sentaba tan bien en esta era de estulticia e incultura, de prensa rosa tan dada a encumbrar, como muy señala Moncho Alpuente, residuos tóxicos humanos (y encima reciclables), que se ganan su fama por difamar, adulterar la realidad o prostituirse con el único objetivo de salir en la televisión.
‘Las cerezas’, estructuralmente en proceso de crecimiento, a la espera de la oportunidad que se ha ganado más que de sobra con su primer capítulo, promete que las noches de los martes sean un punto de referencia en esta ilusionante estapa de televisión de calidad. Julia Otero, una de las grandes profesionales de nuestro país, ha hecho posible que un ex presidente de España y un ex president de la Generalitat dialoguen de todo menos de política, le ha dado la merecida oportunidad al mejor atleta de las pasadas Olimpiadas para dar su grito de auxilio pidiendo un ‘sponsor’ que le permita seguir en el más alto nivel y ha demostrado que en una mesa se puede entrevistar a varias personas a la vez, concediendo su espacio de protagonismo a todos y cada uno de ellos para, tras hablar de sus trabajos, trivializar todos juntos acerca de temáticas diversas, siempre con el humor y el guiño al entretenimiento que durante toda su impecable carrera ha seguido la periodista gallega.
En una era de idiotización e imbecilidad catódica destinada a mentes empobrecidas por la estolidez (ayer sólo había que recurrir de nuevo a Telecinco para comprobar la abismal diferencia de ambos programas -el de Julia y el de Xavier-), ‘Las Cerezas’ nace como espacio de ocio e interés real por personajes que verdaderamente tienen algo que contar, con sólidas carreras y personalidades que cautivan o, al menos, sugestionan para no cambiar de cadena.
En una era en la que cualquier ser miserable y rastrero tiene su esfera de celebridad por abrirse de piernas, insultar y calumniar, jugar con temas tan serios como el maltrato, asesinar animales y dejar tras de sí amantes ambiciosas (putas, en general), el programa de Julia Otero es, desde su presentación, una panacea televisiva, un páramo de buen gusto, corrección (con espacio para la crítica ácida imparcial y socarrona), interés, formación, calidad y, sobre todo, amenidad. Un hecho que parecía casi imposible en la televisión actual.

martes, octubre 26, 2004

DEEP SPAIN (I)

Ciudadano 1: Estaban muy guapas las dos, muy guapas. Y muy elegantes.
Ciudadana 2: Muy simpáticas, muy guapas, muy cercanas, muy... acogedoras.
Ciudadano 3: Mire, estoy hasta nervioso porque he visto a la Reina y la Princesa Leticia.
Ciudadana 4: Como todos los años. Le he dicho "Buenos días, Majestad" y ella me ha dicho "¿qué tal Señora Teresa?" y yo le he dicho "aquí, a donar" y luego le he dicho "hasta el año que viene si Dios quiere".
Ciudadana 5: A Leticia le dicho que tenga mucha suerte.
Ciudadano 6: Llevamos aquí 3 horas, pero ha valido la pena.
Yo a veces pienso que los adjetivos 'redneck' y 'nerd' vienen mejor a muchos españolitos de a pie que a los paletos norteamericanos.
¡¡La DEEP SPAIN... Amigos!!

Tenemos fecha en 'Murcia Joven 2004'

Bueno amigos y amigas que sufrís este weblog día a día.
Ya tenemos una fecha de exhibción en Sección Oficial (qué bien suena) para 'El límite' en Murcia Joven 2004. Por si alguien de Murcia o cercnías puede pasarse a ver el cortometraje.
Martes, 2 de noviembre de 2004.
A las 21:30 horas (junto a otros 4 finalistas -proyectan el nuestro el último, cosa que me gusta-).
Aula de Cultura de Cajamurcia. Gran Vïa, 23.
Esperemos que haya suerte y nos caiga algo. No sé, o la pedrea en Navidad.
Por cierto ¿alguien sabe por qué se llama pedrea a los premios pequeños en dicho sorteo?
Podéis descargar el programa al completo AQUÍ.

Mega-Dossier ÁLEX DE LA IGLESIA

Todos los rostros de ‘La Bestia’
Dotado con una aptitud visual desbordante en la cinematografía española, Álex de la Iglesia es el único cineasta español capaz de convertir el espectáculo en puro arte.
Ante unos últimos años en los que el buen cine español está brillando por una mediocridad insólita en la última ola de producciones nacionales, el cineasta vasco Álex de la Iglesia sigue aportando notables películas que se muestran como un auténtico privilegio. Gran precursor de la otrora floreciente nueva etapa de nuestro cine, la trayectoria de este indómito innovador de formas artísticas, dentro de una pequeña industria como la que nos representa, ha dado como consecuencia una de las obras más personales y dinámicas vistas a lo largo de nuestra cinematografía. El cine de Alex de la Iglesia, abrumante y enérgico, perfilado bajo unos conceptos artísticos solemnes, se define por una cuidada estética que procede de las múltiples y novedosas influencias que construyen un universo propio, privativo de los grandes talentos cinematográficos, hilvanando la espectacularidad de sus potentes imágenes con una función estética que hace de su cine un flujo de emociones contrapuestas, creando un sentido del ritmo que escapa al propio discernimiento del espectador.
Los inicios
Tras su conocido paso por el mundo del cómic periodístico con ‘La cosa de la ría’, publicadas sus tiras cómicas en ‘El Correo’ y en ‘La Gaceta’, la evolución visual del realizador se forjaría en el medio catódico trabajando para la cadena vasca ETB gracias a Javier Amancio y el programa ‘Detrás del Sirimiri’, de Antxón Urrusolo. La biota televisiva, explosiva y condensadora de cultura y ámbitos abisales, capaz mezclar lo más sublime del arte con las disciplinas más mugrientas, educaron gran parte de la preponderancia cinematográfica del director. Era la época de ‘Los Morguens’, de la actividad frenética de los que hoy son miembros indispensables de un grupo artístico formado en conjunto en pos de unas inquietudes estéticas comunes. Álex de la Iglesia, Enrique Urbizu, Jorge Guerricaechavarría, José L. Arrizabálaga, Biaffra, Detritus o Pablo Berger, todos ellos partícipes de una generación que nació en movimientos culturales alternativos al amparo de fanzines como ‘No’ o las enloquecidas representaciones bilbaínas de la galería ‘Safi’.
Su irrupción en el cine llega gracias a Enrique Urbizu, con su revolucionaria película de cine negro ‘Todo por la pasta’, donde Álex trabajó como director artístico, una faceta que repetiría en ‘Mama’, de Pablo Berger, en el que reinaba ya una rebeldía e imaginación oculta en nuestra tradición fílmica, deudora de los grandes maestros de la serie B americana e hispana y que supuso la antítesis de lo que sería el trasfondo de su opera prima. La dirección artística se ha convertido, además, en uno de los rasgos que caracterizan su cine: el meticuloso cuidado de ambientes, la superposición del entorno para que el contexto se dirija hacia la intencionalidad del argumento. Antes de dar el obligado salto al cortometraje, el futuro director acomete un nuevo trabajo como decorador en el corto de ciencia-ficción.
A partir de este instante, los acontecimientos se precipitan y, junto a su inseparable Jorge Guerricaechevarría (principal artífice de su corriente argumental coherente, cínica y eximia), rueda, en 1991, ‘Mirindas asesinas’, cinta cumbre dentro de este formato que se ha consolidado, con el paso de los años, como una auténtica obra de culto. En aquélla, su personaje principal, Tubullar Killer, un menudo hombre desquiciado, representa, por primera vez, el tipo de papel que más se adapta a la filosofía violenta y apoteósica de De la Iglesia. El tipo pequeño, condicionalmente miserable, que se enfrenta a una cotidianidad que se le escapa de las manos, rasgo explícito que aprovechó para analizar, en breves y fugaces ráfagas de genialidad, la locura del individuo paranoico, una representación perfecta del ‘psychokiller’ español, del asesino en serie por arrebato, como en la raigambre nacional que asola a la España profunda.
El debut y el primer gran clásico
Pedro Almodóvar puso de manifiesto su perspicacia como productor al promover la primera película del realizador bilbaíno. Percibiendo un descomunal talento de futuro, el cineasta manchego le proporciona el vehículo definitivo al estrellato. Álex de la Iglesia lograría un éxito rotundo con su primer largometraje, ‘Acción Mutante’, una película arriesgada, desigual por su incipiente intrascendencia, pero magnífica en los objetivos transgresivos que impusieron una nueva definición del cine español. Las aventuras de los terroristas mutantes de la nave ‘Virgen del Carmen’ abrieron una nueva perspectiva a otros jóvenes directores que vieron en esta ‘ópera prima’ la conducta irreverente y gamberra de su creador, que abrió puertas inauditas para la concesión de nuevas historias. Original e innovadora son los adjetivos que adornan un debut cinematográfico que sirvió como base para el desarrollo de su posterior filmografía y a la que seguiría el extraño trabajo 'Marbella Antivicio', un juego interactivo que, por aquel, entonces, fue todo un éxito.
Con el apoyo del público y el beneplácito de una crítica poco habituada a la estética que asignó De la Iglesia con ‘Acción Mutante’, su segunda incursión para la gran pantalla significó la que sería obra cumbre del nuevo cine nacional y el glorificado impulso para la evolución sin límites de la creatividad de uno de los pocos visionarios que han existido en nuestro país. ‘El día de la Bestia’ se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia del cine español con una impactante historia que supuso para el realizador el origen del concepto fílmico y argumental que ha hecho de su perspectiva un auténtico preceptor de la espectacularidad convertida en arte, adoptando formatos inauditos y vinculando las raíces norteamericanas del cine a la más ibérica tradición de hacer películas en España. El talento narrativo ostensible en ‘El día de la bestia’ nos dejó ver la intencionalidad revulsiva en un producto a medio camino entre el cine de género y cine de autor. Las tribulaciones del visionario padre Berriartúa y sus cábalas sobre la llegada del Anticristo servirían al cineasta para proponer nuevos caminos de autoría en los que el ritmo, imparable y sobreseído de cualquier lastre argumental, se apoyaba en una extraordinaria labor de montaje de la mano de Teresa Font.
Un delirante e insano viaje a un universo de maldad y superstición que congregaba en su fondo narrativo y estético una aproximación a un extraño cómic, en el que la mixtura entre el misticismo y el urbanismo transigían cualquier precepto en una cinta de culto que ha pasado a la historia del cine español. Su abrupto y sombrío sentido del humor, la química entre los entonces desconocidos Álex Angulo y Santiago Segura y una visión bruna y apocalíptica de un Madrid irreconocible, hicieron de la voluntad transgresora de Álex la mejor baza para la excelente comercialidad del filme. La ratificación de un director dispuesto a comenzar una revolución personal en contra del ostracismo y la genealogía más rancia de los cineastas acomodados en el cine fácil, costumbrista y posbélico al que nos tenían acostumbrados.
Diversidad y ambicioso riesgo
Tras el éxito de ‘El día de la bestia’, edita su primera y enloquecida novela bajo el sello Planeta ‘Payasos en la lavadora’, perturbación de la desequilibrada mente de un poeta que, enajenado por un mala crítica, aborda un confuso y tenebroso viaje a los infiernos de la paranoia en busca de venganza. El cineasta no sólo lograba recrear un ambiente sórdido y caótico que hace que el personaje protagonista de la novela, Juan Carlos Satrústegi, resultara infaliblemente desagradable, sino que además supo dotar su primera obra literaria de una complejidad metafísica digna de los grandes clásicos de la filosofía. Una retrospección a un universo personal, lúgubre, incómodo y a veces ciertamente brusco en una historia frívola e inmunda con una buena dosis de ironía malsana.
Solicitado por Hollywood para engrosar la lista de directores europeos que fracasan en erróneas superproducciones que buscan la fácil aquiescencia del ‘mainstream’ popular, rechazaría proyectos como ‘Alien Resurrection’ y ‘El Zorro’ para encauzar la que sería su tercera y ambiciosa película: ‘Perdita Durango’, un filme con carácter de superproducción para un filme nacional, rodada con 8 millones de dólares, que supuso la turbulenta y difícil ofensiva al mercado internacional sin miedo a sentirse limitada ante superproducciones americanas. Pensada por el productor Andrés Vicente Gómez para ser dirigida por Bigas Luna, Alex de la Iglesia retomó el proyecto contribuyendo con su pericia a mostrar una realización intachable, llena de virtudes y solvencia, derrochando ingenio y personalidad en una producción llena de furia, de ritmo endiablado en el que la subversión fronteriza de la adaptación de Barry Gifford pusieron el punto de partida a un itinerario infernal, lleno de una acerba idiosincrasia en el que los contrapuntos del límite que separa Estados Unidos y México dispensaron un contexto de violencia y locura, de credos mal entendidos y de desahogos de narcotráfico. Las escenas de acción, memorables, patentizan la destreza del ilusionista visual y la solvencia de un Javier Bardem en estado de gracia y la fuerza explosiva de Rosie Pérez hicieron que Álex se consolidara, con mucho, como el realizador español más importante de su generación.
La adaptación de la novela de Gifford, una historia llena de lirismo agresivo que convoca una romántica y violenta cinta de amor loco es, hasta el momento, dada su espectacular dirección y consecución, la mejor contribución de De la Iglesia a su particular cosmos de frenesí e intemperancia. Su trama incomoda y colérica, en la que dos personajes están condenados a colisionar el uno contra el otro, resulta eficaz y convincente. Una historia de amor y acción en un lugar tan nigromántico como lo es la frontera de México, que aprovechó para hacer, de paso, una satírica visión de la reaccionaria sociedad americana frente a la devoción de sus medianeros chicanos por los ritos del tipo ‘palo mayombe’. Recuerda De la Iglesia a propósito de la historia de Gifford: “Como siempre, la realidad era mucho más bestial que la ficción ­asegura en el citado libro­. Romeo se inspira en Adolfo Constanzo, el líder de una secta narcosatánica. La banda estaba compuesta por mexicanos y afrocubanos que practicaban rituales sangrientos y adoraban al orisha Changó, rey del trueno y dueño de la virilidad (...) Constanzo creía tener el poder y la impunidad de Dios y arrasó con todo lo que se encontraba a su paso junto a una mestiza texana llamada Sara Aldrete. Una pequeña obra maestra sin concesiones que yuxtapuso una soberbia ‘road-movie’ de espectáculo pirotécnico con un corroborado talento imponente lleno de una fuerza totalmente alentadora.
El maestro del humor negro
La muy esperada cuarta irrupción de Álex de la Iglesia en el mundo del largometraje ‘Muertos de risa’, obra sólida e impoluta a la vez que archimaldita, encuentra la primera de sus numerosas virtudes en la capacidad de riesgo para contar un terrible drama humano en forma de chiste con muy mala hostia, muy digna por la valentía con la que De la Iglesia se atrevió a narrar una historia harto compleja, que no se muestra conformista en ninguno de sus elementos estructurales, siguiendo siempre una libertad arraigada al principio por el cual ‘Muertos de risa’ existe: conexionar el humor negro más descarriado con la mejor tradición nacional. En esta obra, De la Iglesia y Guerricaechevarría crean a dos humoristas que triunfan en el mundo del espectáculo a pesar de un espeluznante hecho; cuanto más triunfan más se odian, más rencillas de rencor envuelve su relación personal, que hace engrandecer la profesional. Un diligente De la Iglesia se vuelve a lanzar a la difícil aventura del humor negro y supera el reto con nota, exponiendo no sólo una historia decidida y compleja, sino, además, brutal metáfora del tiempo que vivimos en la detractada transición, una época indeleble, unida a la tradición española, un cambio brusco de nuestra historia que cambió España para siempre (al igual que la pareja de cómicos a lo largo de la cinta).
Muy influenciada en parte del guión de Neil Simon para la espléndida película ‘The sunshine boys’, de Hebert Ross, ‘Muertos de risa’ nos muestra de qué oscuras formas funciona el odio, de la necesidad que confiere un sentimiento paralelo, pero a la vez contrapuesto, al amor. El cineasta vasco pule y depura lo que tan sólo fueron unas pinceladas de boato artístico de ‘El día de la bestia’, consistente en un viaje a la España más profunda y lúgubre, repleta de iracundia, en esta ocasión con un retroceso temporal a la España más angosta empapada de un sentimiento que asocia acrimonia y nostalgia (como la memoria sentimental de la televisión, siempre constante y presente en la ideología cinematográfica del ingenio del director de ‘Mirindas asesinas’). Otro aspecto a destacar, la fenomenal partitura que ha creado para la ocasión Roque Baños, que se acerca más que nunca a la inolvidable maestría de Miguel Ansíns Arbó, todo un maestro de la composición musical allá por los 60, muy inspirada en la música que imbuyó el neorrealismo de Fellini o De Sica.
Sin embargo, la crítica y parte del gran público no vio en esta sutil convocatoria a los grandes clásicos de nuestro cine una alternativa a la obra de Álex y es considerada, desde su estreno, como la cinta réproba de su director. Aún así ‘Muertos de risa’ es, decididamente, una obra de excepción, inusual, extraña... que consolida a su cineasta como el único director capaz de revivir el mejor cine español de la historia, lo que le ha convertido en el más directo heredero de los grandes maestros del humor negro, un género tan complicado como eficaz y efectivo que tiene en este filme su modélico ejemplo.
Terror vecinal como afianzamiento de estilo
Siguiendo por estas lindes, Alex de la Iglesia presentó ‘La Comunidad’, una película de ‘terror vecinal’ que combinó el suspense claustrofóbico con la acción doméstica para la cual una inusual unión de furibundos y unánimes halagos de crítica y público precedieron un sínodo que ha acabado por afianzar la figura del cineasta español contemporáneo más meritorio de una generación destinada a cambiar el rumbo de nuestra prosapia cinematográfica, alcanzando con esta magnífica cinta coral cumbres de talento infranqueables, irrepetibles, llenas de furia narrativa, como nunca antes se había visto en nuestro cine. Turbia, macerada de un humor negro agresivamente perverso, la tenebrosa línea de este largometraje se deja ver desde un prólogo en el que los créditos iniciales de Juan Gatti (muy influidos por Saul Bass) sirven de banderizo prólogo para la excelente fábula que se avecina. Moviéndose a la sombra de Hitchcock y Polanski, De la Iglesia encuentra en este oscuro sortilegio el terreno idóneo para desplegar todo su arsenal y estruendoso potencial visual, narrativamente sublime. La trama se centra en la terrorífica fortuna de una agente inmobiliaria que, tras encontrar 300 millones de pesetas ocultos en el apartamento de un muerto, debe enfrentarse a la ira y sordidez de los miembros de una extravagante comunidad de vecinos.
‘La Comunidad’ expone, por tanto, un insondable análisis de la codicia, de la envidia y el egoísmo, seccionando de forma solemne cada parte que forma el vecindario. La lograda estética que impera en la película deviene por la intención oscurantista de De la Iglesia por obtener un ambiente claustrofóbico y bruno, de locura, de una inusual insania de andar por casa, aportando a su propia iconografía sus mejores y más conseguidos monstruos. Engendros con bata de guatiné y zapatillas de albardín. Devastadora y terriblemente violenta, ‘La Comunidad’ se descubre como un portento de nuestro cine, una poderosa muestra de fuerza incorruptible en el que el creador de ‘El día de la bestia’ solaza con precisión un puzzle de situaciones y ‘gags’ fríos, maliciosos y descojonantes para constituir un producto final que supone una nueva vuelta de tuerca a la sorprendente carrera de este ilusionista de la imagen. Cierto es que todos y cada uno de los maravillosos secundarios (Antuña, Asquerino, Bonilla, Manver, Gracia, el impresionante Gutiérrez Caba...) hacen de ‘La comunidad’ un catálogo de maestría interpretativa, pero la magnanimidad corresponde a una Carmen Maura soberbia, lucida, extraordinaria... El talento de la actriz acapara la pantalla, con el lucimiento de una presencia imponente (inolvidable es el tercer acto con Terele Pávez en las cuadrigas de Carrera de San Jerónimo –referente al monte Rushmore ‘hitchcokniano’-), realizando una interpretación para la que se acaban los elogios. La Maura está imponderable. La batuta embrutecida de Álex de la Iglesia, bajo los suntuosos y ‘elfmanianos’ acordes de Roque Baños, dinamiza una odisea de violencia y profundidad artística en la que el pulso narrativo, diligente, vehemente y truculento golpea al espectador con guiños sardónicos al cine clásico y moderno, recreando su propia épica visual y conceptual del espectáculo.
Un atípico ‘western’
Su penúltima película, ‘800 Balas’, primera película que el mismo De la Iglesia produce con la creación de ‘Pánico Films’, define un universo propio, un estilo inconfundible, siempre delirante e ineludible, diligente e inconformista, que se perfila bajo unos conceptos artísticos enfáticos, definidos por una calculada estética y una forma de ver cine más personal que transgresora. ‘800 Balas’ toma como génesis el ‘spaghetti western’ para narrar la vida de unos especialistas de aquél subgénero que malviven en el desierto de Tabernas, Almería, con un espectáculo del Oeste para turistas. Es la excusa perfecta para que De la Iglesia vuelva a poner de manifiesto su imponderable intencionalidad, en la que el resultado final es un producto a medio camino entre el cine de género y cine de autor. En este espacio, el realizador desmitifica los conceptos genéricos del ‘western’ y los subvierte a su antojo para recrear una particular visión del débil fondo que permanece oculto en el ser humano, como la traición, la amistad, el desafío y la muerte de personajes que son fruto de la nostalgia, del triste recuerdo del cine del Oeste que se hizo en nuestro país en los años 60 y 70. Un entorno aplicado nunca como homenaje aquel cine que hizo famoso Sergio Leone, sino para entronizar al antihéroe, al perdedor que determina el protagonista favorito del cineasta.
Como viene siendo habitual en su filmografía, el potencial de la película reside de nuevo en un sólido guión (compartido con su inseparable Jorge Guerricaechevarría) en el que los personajes se anteponen a la acción, formando una nueva y entrañable galería de ‘freaks’ que pasan a engrosar la mítica colección de perdedores de un director que aborda los dramas humanos como comedias del absurdo, con un humor negro depravado, aprovechado en esta ocasión para nacionalizar y escarnecer el heroísmo y la prioridad del ‘western’ clásico por un propósito de ruptura, de libertad absoluta, una falta de respeto a la circunspección, a las formas establecidas, una brutal metáfora sobre la diversión como actitud ante cualquier problema y de supervivencia ante el fracaso ante la máxima de que ‘cualquier norma está para transgredirla’. En esta actitud de rebeldía, De la Iglesia juega a transformar un drama humano lleno de oscuridad y desdicha en una divertidísima comedia dónde lo épico y legendario se anticipa a la terrible realidad que viven unos seres entrañables y llenos de vida.
‘800 Balas’ es, por tanto, el colérico recorrido a través de las vidas de pequeños tipos, condicionalmente miserables, que se subsisten en una cotidianidad anacrónica, anclados en un pasado que les descubre ridículos, pero que extrapola su condición de mezquinos para divertirse y romper los esquemas, para vivir de la única forma en que fueron felices. Sobre este inexorable soporte, ‘800 Balas’ se presenta una síntesis de solemnidad y picaresca, de ritualidad e ignominia, de fatalismo y escepticismo, de exaltación y desengaño, pero sobre todo, de farsa y tragedia. Conceptos antagónicos que otorgan la necesaria maestría de uno de las ofrendas más memorables que se recuerden en nuestro cine a la gente anónima que se dedica al difícil mundo del celuloide. Un sincero y honesto homenaje a los buenos, feos y malos que un día vivieron la gloria de Almería. Con un inicio un tanto esquemático e irregular, ‘800 Balas’ va elevando su espectáculo a lo largo de un metraje que incrementa su ritmo hasta construirse en una sólida obra llena de un ingenio que Álex de la Iglesia dilata con una desbordante honestidad hasta alcanzar un final lleno de espectacularidad, donde el director puede desplegar sus habituales arsenales de estruendosa potencial visual, allí donde la narrativa fílmica se vuelve prodigiosa.
El nuevo y esperado viaje
Un universo, el de Álex de la Iglesia que está compuesto, en su esencia (a excepción de ‘Perdita Durango’), por viajes a la España más profunda y lúgubre, repleta de iracundia, constantemente narrados con un sentimiento que asocia acrimonia y nostalgia. Y ‘Crimen Ferpecto’ no es una excepción a esa genealogía, ya que en ésta, es, según su autor, “una gran bofetada a ese tipo de gente que se cree que puede triunfar, que tienen una meta, que creen en la leche de soja y que se ven derrotados por las ridículas ideas de los que verdaderamente conquistan el éxito, siempre salidas de absurdas mentalidades que les convierten en payasos”. Con un correoso y malintencionado humor, De la Iglesia advierte con ‘Crimen Ferpecto’ (tal vez la comedia más pura de toda su filmografía) esa exigencia de honestidad que todos aspiran a tener, pero que en el fondo es ficticia, porque todo ser humano tiene fisuras y comete errores que los conviertan en frágiles, miserables y llenos de defectos. El juego sintáctico del título de la última maravilla de Álex de la Iglesia es un homenaje a la película de Hitchcock, pero también a Luis Buñuel, a su oscuro mundo de maniquíes y crímenes planificados. Para el cineasta vasco "pedir una perfección social genera locura y la sensación de que todo lo que nos rodea nos define es un crimen social”. En esta comedia a modo de cruel reflexión moral, De la Iglesia vuelve a jugar con conceptos que han definido un estilo argumental que ha significado la excepción de la evolución hacia un cine personal dentro del actual cine español: un cine de antihéroes, de pequeños perdedores que se ven desbordados por una historia que les supera, repartiendo ácidas e hilarantes críticas a diversos estratos de la sociedad (en ‘Crimen Ferpecto’ a la cotidianidad aburrida de la familia, la normalidad idiotizante o los ‘mass media’ de la telebasura). Una idea que se reconvierte, como bien apunta el director de ‘800 balas’, “en el pánico a ser normal, un imbécil más entre miles de imbéciles, con una vida mediocre y ñoña, llena de niños y cortinas a juego con el sofá. Descubrir que el Infierno existe y que el Demonio es pequeño, feo y lleva faja y sujetador color crema”.

lunes, octubre 25, 2004

La crueldad transparente de un cuento terrorífico

El corto, como medio de instrucción para el difícil camino al largometraje, sigue siendo la única forma de disciplina conductiva para mostrar las futuras y nuevas formas de estilos y miradas que generan prometedores talentos en el mundo del cine. En los cortometrajes actuales, en su gran mayoría, se tiende a delimitar la importancia del contenido a la comedia, género que la mayoría de los cortometrajistas elige como vía de desplegar sus ideas, o al efecto formal o giro argumental que tanto daño está haciendo a la narrativa cinematográfica actual. El riesgo del drama, del más oscuro objetivo desplegado en el terror y del compromiso con la novedad o la dificultad de contar algo nuevo son elementos que empiezan a escasear en un mundo que se ha multiplicado con el paso de los años y que, gracias a la digitalización del medio, ha acrecentado el número de obras y formatos, dando una proliferación de diversas miradas y personalidades en los miles de realizadores que sueñan con dirigir cine.
Una destacada muestra de este género de corta duración es ‘Escarnio’, de Raúl Cerezo, una obra de cámara, de cuidada estética y de logros que van mucho más allá del mero aprendizaje cinético que tiene la dirección y la puesta en escena de un guión. Para la ocasión, Cerezo ha optado por la adaptación de un texto ajeno, materializado en la adaptación del cuento ‘La gallina degollada’, de Horacio Quiroga, uno de los escritores latinoamericanos menos comprendidos en su época, pero que en la actualidad se presenta más que contemporáneo, ya que su carrera literaria se compone de una narrativa actualizada con el paso de los años, debido, fundamentalmente, a la parvedad de un tiempo delimitado y de una idiosincrasia o geografía específica. Es en esa universalidad, casi siempre en el lado más torvo y profundo de la psique humana, donde se sitúa este pequeño e inquietante cuento que el joven cortometrajista lanza como su trabajo más importante hasta el momento.
Tomando el punto de partida y el final del extraordinario cuento, Cerezo narra la historia de un matrimonio que espera con ilusión tener descendencia. Pero no todo es como se pensaba, ya que los trillizos de la pareja quedan sesgados mentalmente y sumidos en la anormalidad debido a una extraña enfermedad. Mientras el padre les cuida, la madre les repudia. Con la llegada de una bella hija sana que crece feliz junto a sus padres, los tres hijos enfermos, depreciados por sus progenitores, son recluidos en casa de la hermana de la madre. El recuerdo de esta tía decapitando una gallina para una comida, desencadenará un trágico desenlace que tiene como consecuencia la curiosidad por lo prohibido y el resultado de la crueldad más egoísta.
Respecto al relato de Quiroga, los firmantes del guión, el propio Cerezo y Ángeles G. Rivera, se han tomado algunas licencias para acomodar la trama a sus propios objetivos argumentales y escénicos. Así, los cuatro niños ‘idiotas’ (llamados así en la obra del escritor), se transforman en trillizos para agilizar la trama o la inclusión de la referencia al libro infantial de ‘Ricitos de Oro y los 3 ositos’, para el paralelismo de la niña y esos tres peligrosos hermanos. También es importante la figura del oscuro y mefistofélico médico en la acción, un misterioso pozo, el oso de peluche como clave para atraer la curiosidad de la niña por los hermanos y la sordera de la hermana como la inevitable excusa de la tragedia. Tal vez en estos cambios, influye el peso de percibir que la irracionalidad bestial de los ‘idiotas’ viene dada además de por la obsesión de una imagen, de un degollamiento animal (en este caso una gallina, resuelta con gran resolución visual por parte de Cerezo), a causa la incomprensión del acto, subversivamente diabólica y cruel, en una venganza oculta por la atención que les ha quitado su hermana, que dan a la acción una oscura legitimidad para el fratricidio y que en el corto no se percibe debido al repentino alejamiento de los niños deficientes de su familia. Aún así, la fidelidad al espíritu del relato no se pierde en ningún momento, algo de agradecer al realizador y co-guionista.
‘Escarnio’ es una oscura fábula sobre el rechazo, la humillación y el desconsuelo, sobre la ambición de la perfección y el maltrato a la anormalidad. Pero también sobre la enfermedad y el defecto humano, ya que física o psíquicamente todos los personajes, menos la niña idealizada en la pureza inocente, están sumidos en la malformación. La gran virtud de este ejercicio visual y guionístico vienen dado por dos razones. La primera se fundamente en el riesgo que se ha tomado al plasmar una historia no exenta de conflictividad a la hora de llevarla a imagen, abordando un cortometraje difícil de digerir, posicionándose en unos designios visuales que se entroncan con el idealismo genérico al que está encaminado el cortometraje. El segundo gran hallazgo es la cuidada fotografía de Álvaro Germán Vilela y su conseguido acabado visual, que juega con el avance de la historia para cambiar de tonalidades, apostando por la variedad de una gama cromática que va ‘in crescendo en una pretendida narración de predilección atmosférica (mucho más conseguida a partir de la aparición de Bertita, la niña pequeña).
Tal vez se eche de menos la explicitación de la crueldad final y su asociación inherente al cuento de Quiroga, ya que en vez de ver a la niña gritando y pidiendo auxilio mientras sus hermanos ‘idiotas’ la arrastran hacia la muerte siguiendo el mismo ritual que con la gallina, se centra en la suavización de la imagen explícita en pos de la elipsis y la sugerencia. Lo que menos convence, de todos modos, se sitúa en el apartado interpretativo que, dada la excesiva frialdad de los rostros de Ignacio Gijón y Belén Ponce de León con sus hieráticas composiciones, no logran transmitir la fuerza que tienen los personajes. Si a esto, unimos una evidente apatía en la dirección artística, en los interiores vacíos que sufrirán los que tengan el ‘horror vacui’ artístico (otra cosa es que el director lo haya querido así bajo una intención de desconocida índole), ‘Escarnio’ recoge pequeñas irregularidades que se encubren, sin embargo, en los muchos logros que esconde una ennegrecida y obsesiva historia, de una crueldad transparente, dirigida con buen pulso e ilusión contagiosa por parte de Raúl Cerezo.
‘Escarnio’ es, por tanto, un paso evolutivo hacia algo más grande, de más empaque, conformándose como un más que digno cortometraje en el alicaído y formulista universo del cine en pequeño formato.
PD: Vamos, que me ha gustado.

domingo, octubre 24, 2004

Cuando la barba de tu vecino veas pelar...

Gracias a 'Un toque de azufre', la más que interesante weblog del gran Antonio Trashorras he leido una noticia que me ha inquietado. Y es que según 'Estilismo.com' los hombres que no se afeitan diariamente no sólo disfrutan menos del sexo (algo, que, en mi caso, es totalmente cierto), sino que también tienen un 70% más de probabilidades de sufrir un derrame cerebral.
Esta noticia tan extravagante se basa un estudio que han llevado a cabo científicos de la Universidad de Bristol (Reino Unido), que estudiaron a 2.438 hombres para averiguar la relación entre el afeitado, las enfermedades coronarias y los derrames cerebrales. Durante los 20 años que duró el estudio, se produjeron 835 muertes, sobre todo entre aquellos que menos se afeitaban. Aunque en el elevado número de fallecimientos también tuvieron que ver el tabaquismo y el pobre estilo de vida de los hombres que no se afeitaban todos los días, estos factores no explicaban el aumento de las apoplejías.
Los hombres con barba tienen menos probabilidad de casarse y, normalmente, ejercen profesiones en las que no se exige buena presencia. Asimismo, tienen menos orgasmos y, cuando se excitan suelen ser periodos breves, además de sufrir de angina o crisis de espasmo coronario. Shah Ebrahim, del departamento de medicina social, explicó que la baja frecuencia de orgasmo en los hombres que no se afeitan regularmente podría ser porque tenían concentraciones bajas de testosterona.Una de las causas señaladas para explicar el mayor riesgo de derrames cerebrales o infartos de miocardio es que las concentraciones de las hormonas sexuales circulantes en el cuerpo podrían influir en el proceso de formación del ateroma, una placa de grasa que se deposita en las arterias.
¿Me lo creo o qué hago?
Ains...

SMP (III): 12 meses, 12 causas

Es el lema que Telecinco lanza para apoyar, cada mes, a entidades y ONG's que luchan contra las injusticias en el mundo. Entre estas organizaciones se encuentran el Instituto de la Mujer, Save the Children y Fundación Mujeres Themis y bla, bla, bla...
A lo que voy. No sé si habéis visto el anuncio de este mes dedicado a denunciar los casos de violencia doméstica y ofrecer pautas de actuación a los espectadores que conozcan alguna situación de malos tratos en su entorno. Pues bien, lo que podría ser un mensaje serio, de alcance y demás, queda oscurecido por lo absurdo del 'spot'. Evidentemente no por lo que dicen, que es cosa muy grave, si no por la forma en cómo está rodado el anuncio.
Analicemos: vemos un rostro conocido y cercano, muy atractivo y deseable como el de Carme Chaparro, la presentadora de Informativos Telecinco (ahora el fin de semana). Cuando se retira, intuimos que hay una fila detrás de ella. Y así es. Queda el plano con Carmen Machi y seguidamente sale la sugerente Alicia Borrachero. Hasta aquí todo perfecto. Las tres sueltan su eslogan "Un maltratador es fuerte si lucha uno contra uno. Pero si luchamos 40 millones contra uno la cosa cambia. Si eres testigo de un caso de malos tratos no te conviertas en cómplice. Denúncialo. Juntos podemos acabar con esto" y todos tan contentos.
Ahora bien, lo divertido (o triste) de la situación es ver el ninguneo que le hacen al resto de la enorme fila. Ninguna sola mujer habla. Lo más descojonante de todo es la cara de la pobre señora que se queda detrás de Machi que no sabe muy bien qué decir y hace un gesto de afirmación, como asustada, acojonada ante un director que sólo ha querido que salgan bien las tres famosillas de turno. Podéis verlo aquí, que no tiene desperdicio. Creo que es lo más risible de la tele en estos momentos.
Lo que yo digo es: ¿No sería más eficaz que salieran mujeres que han tenido la valentía de denunciar los malos tratos? ¿Vende más la imagen de una presentadora y dos actrices?

10 años sin Raúl

Justo hoy, hace una década que nos quedamos sin Raúl Juliá, uno de esos actores que ha dejado una huella imborable en el cine contemporáneo. Fue Orson Bean quien motivó al actor de origen puertoriqueño a que probara suerte en USA.
Suguiendo este consejo Raúl llegó a ser muy reconocido en Broadway. 'The Cuban Thing', Othello (con la participó en el Festival de Shakespeare de Nueva York a lo largo de 16 años), la comedia 'Two Gentlemen of Verona', con la que en 1971 obtuvo su primera nominación al premio Tony. 'Where's Charlie?', 'The Threepenny Ophera' y 'Nine' fueron sus trabajos más aplaudidos en las tablas.
Pero todos le recordaremos por su gran éxito en1985 cuando interpretó a Valentin Arregui en la película 'El Beso de la Mujer Araña', de Héctor Babenco, junto a William Hurt, Sonia Braga, José Lewgoy, Milton Gonçalves y Miriam Pires.
'Corazonada', de Coppola, 'Conexión Tequila', de Robert Towne (una de mis película malditas más adoradas), 'El principiante', de Eastwood, 'La Peste' o su papel más comercial como Gomez Addams en las dos partes de 'La familia Adams' fueron algunos de sus trabajos más conocidos.
Por otra parte, su contribución a causas humanitarias fue invaluable. Juliá tenía la firme convicción de que el hambre podía exterminarse en el mundo y eso le impulsó a apoyar organizaciones como The Hunger Project.

Absurdas sumas de parecidos (I)


Latre, J.T. Walsh y Rickman
Tumbado el en sofá con resaca abundante y pocas ganas de hacer nada, he zapeado y he visto un buen rato 'El negociador', la entretenida película de F. Gary Gray.
Pues bien, me he dado cuenta de que uno de esos secundarios de lujo, J.T. Walsh (que murió hace ya seis años) sumado al parecido que tiene a un Carlos Latre cada vez más gordo, son iguales al otro secundario e impresionante actor Alan Rickman.
¿No?
PD: Lo sé, lo sé. Es una chorrada.

Ñam, ñam...

Acabo de leer que tras 34 años de minucioso trabajo, científicos de la más prestigiosa universidad agraria de Perú han dedicido, por consenso común, imagino, crear una nueva opción culinaria para la exportación que esperan conquistará al mundo: el súper conejillo de indias.
Cuando yo era pequeño iba a un parque llamado Alamedilla a darle 'Gusanitos' a estos pequeños y tiernos animalillos y nunca pensé que fuera un 'petit grand plat'.
Y es que parece ser que apesar de que en casi todo el mundo los conejillos de indias sólo se usan como mascotas de niños tipo Heidi (con coleretes montañeros incluidos) o crueles experimentos famacéuticos y de vivisección, en las montañas de Perú los campesinos los crían desde tiempos inmemoriales para servir como aquí comemos pollo.
Se calcula que unos 65 millones de los peludos y simpáticos animalillos van a parar anualmente, sin pelos pero a veces sí con patas y cabeza, a las mesas peruanas. Y ya unos mil súper conejillos, llamados 'cuy' en Perú, se están exportando semanalmente a Estados Unidos, Japón y algunos países europeos donde hay grandes concentraciones de emigrantes peruanos.
A mí me han entrado ganas de comer un bicho de estos. Precisamente, el otro día en La 2 vi un documental de estos en el que una rubia atractiva recorre el mundo en busca de nuevas culturas y abrir una ventana al conocimiento de otros lugares (parezco Kay Rush en 'Nosolomusica') y el 'cuy' era como un manjar, con una pinta más que apetitosa y con su salsa y todo.
Será cuestión de cogerles el gusto. Los nuevos animales son casi dos veces más grandes que los hamsters a los que estamos acostumbrados y pesan poco más de un kilo de jugosa carne, con un alto contenido de proteínas y es baja en grasas y colesterol.
También he leido, documéntandome sobre el tema, of course, que tener uno de estos animales como mascota significa contar con un amigo tranquilo y cariñoso. Aunque al principio se suele mostrar tímido e incluso reacio al contacto con las personas, en cuanto coge confianza es muy sociable. Para ganar su confianza es aconsejable que al menos durante las primeras semanas, sea siempre una misma persona quien lo cuide. Después, cuando esté bien cebado y le hayas cogido cariño, le asestas un cuchillazo en el cuello, lo pelas, lo sazonas y a la cazuela.
Así de fácil.
¡Bon apetit!

sábado, octubre 23, 2004

Fumar nunca fue tan desagradable

La Comisión Europea inició ayer su campaña antitabaco de mayor impacto con la presentación de una selección de 42 fotografías de choque para incorporar a las cajetillas de cigarrillos. Más cerca del ultragore, la náusea, el impacto desapacible, de una frialdad heladora, las fotos muestran espantosos tumores de garganta, dentaduras carcomidas, pulmones devastados, pacientes entubados, cadáveres en la morgue, operaciones a corazón abierto, niños con respiración asistida y pieles cancerígenas. Y no sólo eso, sino que van acompañadas de mensajes como "los fumadores mueren prematuramente", "fumar puede provocar una muerte lenta y dolorosa" y "fumar causa cáncer mortal de pulmón".
Ya era hora de mostrarles a los que fuman de qué manera actúa el tabaco en sus vidas. El fumar no es el símbolo de un vaquero en la estepa yanqui mientras unas reses corretean alrededor de su caballo. No. Fumar provoca el envejecimiento de la piel, enfermedades crónicas y la muerte.
¿Qué se va a dejar de consumir tabaco? Claro que no. Pero el hecho es que las imágenes acojonan por sí solas.
Lo malo de esta campaña es que a España, de momento, no llega porque Ministerio de Sanidad, regentado por Elena Salgado dice que la medida será objeto de debate dentro de la estrategia global del Gobierno contra el tabaquismo, que culminará con una norma, a mediados del 2005.
A ver si va a ser ‘politicamente incorrecto’.

Y por fin se estrenó...

Sí, amigos. Por fin llegó el esperado estreno de 'Crimen Ferpecto', posiblemente, la mejor película española de este año y una de las mejores realizadas por el gran y magnánimo Álex de la Iglesia.
Podréis volver a leer la crítica que escribí cuando vi la película en 'Fotofilm' en Madrid el pasado 1 de septiembre. pichando aquí, especialmente editada para la ocasión.
"...En un magistral retrato de la condición humana, la superficialidad, la sociedad de consumo, la belleza y la maldad, Álex de la Iglesia hace que las situaciones más normales se vayan transformando, irremediablemente, en surreales pesadillas. Pesadillas salpicadas de imágenes oníricas y alucinógenas (fantasma incluido) que avanzan en la desesperación de un hombre que tiene en la venganza la única salida...".
Por cierto, 'Crimen Ferpecto' supone mi estreno, mi primera experiencia, en el maravilloso (y fatigante) mundo del 'extra cinematográfico', esos humanoides que, en pequeños retazos visuales, llenan y hacen bulto detrás de los protagonistas. Una lección empírica de cómo sufrir la peor de las borracheras engarzadas a la peor de las rescacas. Sin dormir, empalmando una de las noches más divertidas y amiguetiles del año, me maquillaron ante la supervisión de Pepe Quetglás y me uní al 'Foro de la Bestia' para pasar uno de los calvarios más hilarantes, absurdos y divertidos que he tenido la ocasión de sufrir. Inolvidable. Sobre todo, la gran y mítica frase que, en boca del increíble Adolfo 'Orvil', en medio del fragor de 'clowns', dejó un momento para enmarcar: "¡Queremos ver a Kresta!".
De esta guisa aparezco en el último plano, en una panorámica ascendente de grúa que cierra la película. Fijaos bien en el payaso de amarillo que más baila, que más vivaz parece y que más saltos da. Ése soy yo. Entre el cuadro 'clown' que hacen una fila doble como paseillo para Lourdes (genial Mónica Cervera), cuando Rafael (el personaje de Willy Toledo) se encamina hacia la alfombra rojo en la Calle Preciados. Seguro que me distinguís.
Mi recomendación es evidente y palmaria: ¡Id a ver esta película!
Podeís disfrutar de una entrevista a Álex de la Iglesia y un dossier del mítico cineasta publicados en El Mundo.

viernes, octubre 22, 2004

Me cago en los guapos y en la perfección

Ayer se vivió uno de los momentos más vergonzantes que yo he tenido la desgracia de presenciar en televisión. Me dispuse a ver 'Lo + Plus’ con la intención de disfrutar de la promoción en del carismático y tomético Álex de la Iglesia y Guillermo Toledo con motivo del estreno hoy mismo en toda España de su nueva y maravillosa comedia ‘Crimen Ferpecto’. Pues bien, los chicos ‘pluseros’ tuvieron a bien conceder una miserable entrevista de tan sólo 15 minutos, una de las más cortas que yo recuerde cuando han llevado a un cineasta de peso (y no lo digo por Álex) para vender su última película.
Es algo que parece normal en esta nueva temporada, tan dada a diversificar contenidos, como ya hicieran en una de las primeras etapas, cuando todavía estaba el nunca bien ponderado Máximo Pradera y que supone un paso atrás debido a lo errático y descompensado con se materializa el experimento. Sin embargo, resulta bastante paradójico, que la entrevista que le hicieron a Amenábar, Bardem y la Rueda supusiera el total del programa, como si hasta entonces nadie supiera muy bien que se estrenaba la película sobre Ramón Sanpedro. Más que nada por las dos semanas incesantes de bombardeo mediático que hicieron que hasta la abuela que no iba al cine desde los tiempos de Paco Martínez Soria desempolvara su monedero para descubrir que el cine es en color y ‘muy original’ en manos de Alejandrito (de ahí que esté
Las preguntas son: ¿alguien ha visto o se enterado de esa más que correcta película de terror que es ‘Hipnos’? ¿Alguien sabe que es el debut tras las cámaras del joven David Carreras? ¿Cristina Brondo, increíble actriz –la revelación del año-, ha tenido las mismas oportunidades del imperfecto trabajo de Belén Rueda para darse a conocer al público? Es más ¿se le está dando promoción al cine español? La respuesta es evidente; Si no eres Pedro Almodóvar o Amenábar (curioso el cariño que ambos se tienen), no.
Lo peor de todo no ha sido la sonrojante deflación temporal a la que se han visto sometidos Álex y Willy, ambos poseedores de unas intachables carreras cinematográficas, con experiencias que compartir, anécdotas divertidas que narrar y dictámenes prácticos sobre su profesión, como digo, en un tono solaz e instructivo que estaba siendo de lo más divertido. Lo más vergonzoso, la mayor de las soflamas demostradas por esta tendencia absurda hacia la futilidad catódica, ha sido comprobar a aquellos a los que le han dedicado el resto (casi la gran parte) del programa: me refiero a los supuestamente ‘guapos’ Pablo Martín y Jorge Fernández, dos individuos que lo máximo que han hecho en sus intrascendentes vidas ha sido resultar atractivos a un grupo de mujeres de mentalidad baladí que gustan de la superficialidad más chabacana. Dos tipos ridículos, nulos, cuyo único logro en esta vida ha sido ser elegidos Mister España, importantísimo título que otorga un trabajo de por vida. Dos mindunis, en definitiva, que únicamente por posar y cultivar su imagen se han ganado un puesto en una profesión de la que muchos tenemos el título y una brillante formación, pero seguimos en Paro viendo como estos mugrientos especimenes siguen abarrotando programas de televisión con una sonrisa fingida de gigoló de lujo. Ya sé que estos pobres diablos no tienen la culpa de haber reducido el tiempo del director y el actor de ‘Crimen Ferpecto’, sino la elección ha sido de los responsable de ‘Lo + Plus’.
Lo más triste de todo esto fue, que a lo largo de la extensa entrevista, los dos ex misters no aportaron nada interesante, ningún punto de vista válido, ni siquiera algo que mereciera la pena escuchar. Se dedicaron a arengar sobre su condición de ‘metrosexual’ (uno de los temas más profundamente trascendentales del último año), del ejercicio y el tiempo que invertían para tener su abdomen como una tabla de planchar, de las cremas que se echaban para estar más atractivos, de las melindres que colman en sus frondosas cabelleras y chorradas de este calibre. Por si fuera poco, tuvieron a bien intentar resultar ingeniosos y perspicaces comparando la imagen del presidente Zapatero con la de Garbamel (qué triste reflexión). Eso sí, hablando con una perfecta dicción de clase particular. También dejaron joyas acerca de que en su infancia, ambos querían ser indios (sic.). Perfectos ellos en su exterior, fatuos y vanidosos en el fondo, ostentando que bajo su cara bonita se esconde un cerebro que está rodeado por una fina membrana de mierda e imbecilidad.
Ello, oye, me hizo pensar en lo desagradable que resulta ser perfecto. Lo mucho que odio seguir las imbecilidades de miles de idiotas que se creen la voz de la sociedad a favor de la imagen y la estética. No quiero hacer ejercicio o llevar una vida sana. No quiero estar al servicio de la apariencia de esta nueva moda inscrita en la subnormalidad moldeada a través de un narcisismo galopante y escandaloso. Odio la perfección. Quiero estar gordo, quiero emborracharme, quiero ser libre y no estar atado a la imagen. Quiero quedarme calvo y disfrutar como un cosaco de la vida. Hay que tener muchos defectos para ser humanos, ya que las virtudes forman parte de la pequeña bondad de los errores que se cometen. Sólo así se aprende a ser humilde. En conclusión: quiero ser feliz, aunque no pueda ni sepa cómo.
A todo esto, saco a colación el tema más polémico de la semana, el que más hojas ha llenado los periódicos, más palabras se han escupido por los expertos tertulianos que dicen saber de todo y no tienen ni puta idea de nada y que más reportajes ha emitido la televisión: es, como no podía ser de otra manera, la polémica de las ‘mujeres florero’ que Hugo Boos ha utilizado vilmente en el ‘Masters Series de Madrid’ como escaparate de su marca, disponiendo de modelos para un beneficio de lucro y comercial. Ha sido bastante ridículo ver a tías explosivas correr torpemente detrás de las pelotas de tenis, más preocupadas no llamar la atención que por hacer bien un trabajo que se les queda grande y para el que no están preparadas.
Estoy de acuerdo con Ángeles Álvarez y Soledad Murillo cuando han afirmado que estas chicas tan monas ofrecen una visión discriminatoria de las mujeres, que aparecen como simples objetos de decoración y divertimento. Claro que sí. Las modelos se deberían dedicar al siempre controvertible mundo de la moda, a lucir los trajes y tendencias. Ése es su trabajo y es lo que mejor hacen, porque se han preparado para ello y sacrifican su vida en pos de una labor sufrida y pocas veces reconocida. Hay que defenderlas en su terreno, pero no cuando pretenden acaparar, usurparles el puesto a los chavales que se dejan la infancia y el dinero en su sueño de llegar a dedicarse al mundo del tenis. Las madres de los niños recogepelotas están indignadas. Y no es para menos. Y que nadie me venga con que, por ejemplo (como se ha llegado a oír) las ‘Cheerleaders’ también son vejadas por su utilización degradante porque NO. Son bailarinas profesionales que entrenan sus coreografías tanto o más que cualquier jugador de la NBA.
Lo que hay que procurar es que cada uno se dedique a lo suyo y dejarse de rollos estéticos.
O si no ¿vosotros creéis que a mí me darían una oportunidad para desfilar con ropa Calvin Klein? Pues entonces.
Ya está bien de tanto intrusismo.

jueves, octubre 21, 2004

El nuevo presentador de los Oscar © goes to...

Gil Cates será el encargado de dirigir la próxima 77ª ceremonia de los Oscar© que tendrá lugar el 27 de Febrero de 2005 en el Kodak Theatre.
Él mismo ha sido el encargado de anunciar que el cómico Chris Rock será el presentador de la ceremonia. Gates ha dicho "Siempre me hace reír y siempre tiene algo interesante que decir. Chris representa lo mejor de la nueva generación de comediantes". Y yo me pregunto que dónde está la puta gracia de este cómico tan sobreactuado y autocomplaciente con sus gilipolleces.
Billy Crystal vuelve a dejarnos con las ganas de volver a disfrutar de su 'show'.
Mala suerte para los que estamos ya desencantados con esta ceremonia tan futil y absurda. Pero he de reconocer que siempre pico y me la trago.

miércoles, octubre 20, 2004

La píldora para borrar los recuerdos dolorosos

Como muchas veces en esta vida, la realidad supera o iguala a la ficción. De eso, no cabe duda.
El último ejemplo, se da en la película 'Eternal Sunshine of The Spotless Mind', de Michel Gondry, ya que ha aparecido algo que muchos podrían llamar 'acojonante'. La noticia tiene que ver con una nueva y revolucionaria píldora que borra recuerdos. La misma se traga inmediatamente después de sufrir una experiencia aterradora, y el efecto de la pastilla logra reducir el riesgo de sufrir lo que se conoce como estrés post traumático.
El estudio forma parte de un promisorio pero controvertido campo de investigaciones que busca modificar, o borrar de ser posible, el impacto de los recuerdos dolorosos, concepto bautizado "olvido terapéutico". Los investigadores aseguran que pastillas de este tipo podrían prevenir o servir para tratar a soldados que deben hacer frente a los horrores de la guerra, víctimas de la tortura en recuperación y otros que hayan vivido experiencias graves, devastadoras desde el punto de vista psicológico.
Roger Pitman, profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard, estudia esta droga llamada propranolol, que bloquea la acción de las hormonas del estrés que graban recuerdos en el cerebro. Los resultados fueron tan promisorios como para que los investigadores ya estén pensando en realizar más estudios en otros países, como Canadá e Israel.
De todos modos, hasta ahora, las investigaciones mostraron que los efectos emocionales de los recuerdos se pueden mitigar pero no borrar.
Yo eliminaría de mis recuerdos el día que la chica que me gustaba Cristina Alegre prefirió un aparato de vídeo a salir conmigo, o la zorra de Silvia, o a Mayte... No sé por qué pero ahora sólo recuerdo los malos momentos con féminas que me han puteado.
¿Por qué será que estos temas son los menos trascendentales, pero a su vez los que más nos marcan?
¿Vosotros qué borrariáis?

Review HELLBOY

Entre el espectáculo comercial y la artesanía autoral
Guillermo del Toro ha conseguido lo impensable: adaptar un cómic a una superproducción sin perder su constante estilo ‘artesanal’.
Al contrario que Marvel y DC Comics, la Dark Horse Comics ha confiado siempre en historias algo más arriesgadas y oscuras, ofreciendo al lector nuevos enfoques en las aventuras de superhéroes. El respeto de esta importante editorial por los derechos de los creadores es ya una leyenda en el Noveno Arte, y por ello procura atraer a los mayores talentos de la industria que no quieren ver su trabajo diluido o prostituido por las grandes firmas. En este sentido, resulta sorprendente que esta iniciativa tan loable y deferente con el autor haya tenido una extraña concordancia con la traslación del cómic a la gran pantalla en ‘Hellboy’, debido, en su totalidad, al respeto de Guillermo del Toro por el personaje y por su trabajo codo a codo con el creador de la criatura, el mítico Mike Mignola.
La sumisión ante el espíritu del cómic por la película se ha llevado con una escrupulosidad intachable, no sólo en el apartado estético y gráfico, sino en el argumental y narrativo, al acatar la personalidad de sus extravagantes personajes y sus relaciones humanas en un mundo apocalíptico e insondable. Un aspecto éste último en el que, al igual que en las páginas tebeísticas, la melancolía característica de los cómics de Mignola se cimienta en lo oculto y lóbrego, pero también en la sensibilidad y tristeza moderada por un humor socarrón que identifican al demonio rojo.
Sin embargo, la mayor virtud de ‘Hellboy’, paradójicamente, es que su aproximación al mito creado por Mignola es menos ultraortodoxa de lo que se podría haber esperado. Y es ahí donde entra el potencial avasallador y cinematográfico de Guillermo del Toro, el mejor exponente de ‘autor’ moderno dentro de un género fantaterrorífico que abusa de la caótica y funcional directriz de los efectos especiales como reclamo, buscando el efecto comercial más que el artístico, donde sólo Bryan Singer y Sam Raimi han salido indemnes de la maquinaria lucrativa de las grandes productoras que han abordado la adaptación de un cómic.
En contraste con la última moda por ver estas publicaciones llevadas a la gran pantalla, convertidas en un constante prototipo endémico que se fragmenta bajo la inmutable negligencia de los directores y guionistas que lo llevan a cabo, ‘Hellboy’ puede considerarse una excepción, fundamentalmente porque Del Toro es, por méritos propios, uno de los escasos realizadores postmodernos capacitados para conjugar la línea lúdica y aparentemente superficial de la ‘serie B’ con un sorprendente nivel de autoría en una superproducción de Hollywood. Todo, porque el cineasta mexicano ha equiparado de forma constante y valientemente la homogeneidad entre el cine de autor y el cine de género. De esta reflexión se extrae la dinámica e impetuosa percepción visual y narrativa de un realizador capaz de cultivar con un gran talento de artesano una mezcla ‘kamikaze’ de cine fantástico, terror gótico y ciencia ficción, jugando con estos conceptos que adquieren su mayor potencial cuando se consuma con referencias a la cultura popular, al ‘pulp’, a la órbita del gótico y a los cómics de aventuras.
En ‘Hellboy’, Del Toro equilibra con precisión esas exigencias que impone el cine comercial y masivo adoptando una personal mirada con sello de autoría y control sobre el producto. Algo inimaginable en la industria hollywoodiense, con la excepción de Peter Jackson. Si bien es cierto que el cómic de Mignola es más oscuro, terrorífico y depresivo, Del Toro recoge en su película lo mejor de este antihéroe que no es más que un sardónico cúmulo de tradiciones genéricas; como la temática de la literatura fantástica, la serie B de terror, los relatos de ‘mad doctors’ y una visión gótica de la vida. En este sentido, tanto Del Toro como Mignola han dejado claro un entendimiento afín por el buen resultado de la adaptación del cómic.
Para ello, en ‘Hellboy’, todo está estudiado al milímetro, ya que la ambientación, la estética atenuada (y en contraposición, de vivos colores), la luz, el vestuario y la narrativa del realizador azteca se corresponden con cualquier viñeta del dibujante americano. La accesibilidad de los conceptos de Mignola, la energía de sus personajes cinematográficos y el entusiasmo de la dirección hacen no sólo hacen que esta película vaya más allá del ambicioso encargo hollywoodiense, sino que se convierte en una atmosférica y apasionante experiencia circunscrita al cine de aventuras creado con brillantez, divertimento y con una falta de pretensiones que acrecienta una película que se revela como la mejor adaptación de un cómic en una era de tediosos formulismos.
Ya desde el prólogo, extraído de la serie ‘Semilla de destrucción’ de ‘Hellboy’, en la neblinosa Escocia, donde los nazis convocan las monstruosas entidades Ogdru Jahad, los siete Dioses del Caos, para el apocalíptico nacimiento de una bestia que ayude a Hitler pero que termina cayendo en manos de los aliados, Del Toro asume totalmente la condición de una adaptación ‘tebeística’ diferente y propia. Aunque resulte espectacular, el desenlace de esta pequeña pieza de artesanía y su encadenamiento con el comienzo de la historia, ya situado en la actualidad, hace percibir una quietud y un equilibrio enfocado más al tono ambiental y a la profundización de los personajes que al abuso de los efectos especiales o secuencias de acción y lucha. Y eso es de agradecer, porque los seguidores del cómic saben que ‘Hellboy’ no es un tebeo de acción y para su adaptación al cine se han sacrificado ciertos elementos de frenetismo y ritmo típicos del género para centrarse en cosas más importantes.
Con estos elementos, la cinta se debate permanentemente entre dos corrientes contrapuestas que adquieren una conseguida armonía; la de la mejor tradición del cine de ciencia ficción y aventuras y la del melodrama romántico de personajes que luchan contra el destino, donde una extraña historia de amor presenta a una pareja a la que les une la necesidad de ser aceptados y que se sienten solos e incomprendidos, pero que aman pasionalmente y sufren con la pérdida de seres queridos. La índole de constante contradicción de antihéroes que no se aceptan así mismos como mutantes, ya no por su aspecto físico, sino por los defectos internos que poseen (Hellboy no se admite físicamente, Abe Sapiens es torpe pese a su inteligencia y Liz vive angustiada por su peligrosa condición), conlleva a una reflexión sobre la anormalidad y el rechazo que la sociedad tiene ante ellos.
Un hecho que, si bien tiene su reciente paradigma en las dos partes de ‘X-Men’ de Bryan Singer, en ‘Hellboy’ resulta más sutil, más cercano. Y pese en ésta se apele en algunos instantes a resoluciones esquemáticas, no hay que olvidar nunca que se trata de un cómic que, como casi todos, se sustenta en una historia básica pero efectiva: enamoramiento, traumas no resueltos, ataques de celos, sarcásticos comentarios y una confrontación homérica entre el Bien y el Mal, dualidad antagónica en la que si se recurre a la naturaleza del propio personaje de Mignola, resulta mucho más interesante si cabe.
Es ‘Hellboy’ asimismo un filme de gran belleza estética que mezcla el goticismo más oscuro y tradicional con el cómic y la pintura oscurantista, fotografiada espléndidamente por Guillermo Navarro, que da a la película un tono taciturno, pero a la vez de una fuerte viveza visual. En este apasionante universo donde la pátina cotidiana (y a veces humorística), el terror y la encontrada trascendencia argumental, es donde Guillermo del Toro se granjea la admiración del público con su impronta personal, transformando cualquier tópico del género en su más enérgica arma para su objetivo final: un sólido producto de entretenimiento de calidad. Además, Del Toro sosiega el terror y la violencia referencial de H.P Lovecraft, presente como gran influencia en el cómic de Mike Mignola, a la hora de inspirar los monstruos y fenómenos paranormales que recuerdan a los célebres ‘Mitos de Cthulhu’, para adaptarlos a su mundo idiosincrásico, al cosmos ‘deltoriano’, inundando de correlativos guiños a su obra: insectos, mutantes, barrocos mecanismos de relojería, entes flotando en botes de formol y la inquebrantable disposición a desarrollar las acciones en mundos subterráneos, donde no podía faltar una secuencia en el metro.
Hay que destacar también en ‘Hellboy’, de entre sus múltiples logros, la energética y socarrona labor de Ron Perlman como protagonista, el esplendido trabajo de John Hurt como el profesor Broom y, sobre todo, la apagada belleza de una Selma Blair que demuestra su vena más dramática y loable, digna de las mejores actrices del momento. Adjetivos ponderativos que se extienden a la prodigiosa partitura de Marco Beltrami, digno heredero de Jerry Goldsmith, que ha conseguido un ‘score’ muy por encima de lo que estamos acostumbrados a escuchar en este tipo de películas de aventuras.
Por último, a pesar de ser un espectáculo comercial enfocado a satisfacer las exigencias de un determinado tipo de público acostumbrado a otro tipo de adaptaciones de cómics, así como al espectador con ganas de entretenimiento en estado puro, ‘Hellboy’ es una fantástica película erigida como ejemplo a seguir a la hora de llevar a cabo esta inagotable moda por la traslación de héroes del cómic a la pantalla. Del Toro ha conseguido, pese a sus algunos mínimos defectos (el excesivo metraje y unos malignos secundarios un tanto abandonados), empatar perfectamente sus obsesiones personales de autor comprometido con su obra con el universo mágico del mejor ‘Hellboy’ de Mignola.
Miguel Á. Refoyo © 2004