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domingo, octubre 31, 2004
No quepo en mí de gozo. La alegría que me he llevado ha sido mayúscula al enterarme de que uno de los juegos que más ha marcado mi vida, el mítico y grandioso 'Pc Fútbol' ha regresado cuatro años después del cierre de 'Dinamic'. Desde 'Pc Fútbol 2001' el 'fanfreak' ha esperado la continuación del juego más deseado por todos los amantes del género. El mejor mánager de fútbol ha regresado, y lo hace con suculentas novedades que no dejarán a sus seguidores indiferentes. Ha vuelto el mito. A pesar de que mis allegados disfrutan horrores con el 'Pro Evolution Soccer' (del cual no voy a negar que es el mejor juego de arcade de fútbol), este juego no representa el concepto que yo tengo del mejor juego futbolítistico. El juego, como decía Stanley Kubrick, siempre se demuestra desde la estrategia. El que gana un combate es fuerte, el que vence antes decombatir es poderoso. La verdadera sabiduría es vencer sin combatir, desde el exterior. Sin necesidad de jugar. Y eso te lo ofrece sólo este juego (que tuvo un digno remedo, pero insfuciente, el Total Manager del FIFA de EA Sports). Y ahí es donde radica su grandeza . No metes goles espectaculares, no ves la interacción de faltas, penalties, acción y juego. Pero te ofrece algo mejor: la posibilidad de desarrollar el mandato desde el banquillo, en tiempo real, aportando tu intuición, el ingenio del 'trainer', lo mejor del fútbol, dando órdenes a los jugadores para que realicen las tácticas convenientes o marquen al hombre adecuado. Eso es el juego. Y a partir del 19 de noviembre... volveré a caer en sus redes.
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Bueno amigos, ya es Halloween, ya ha llegado la noche de la brujas, la de disfrazarse, la de ver películas de terror y contar escabrosos cuentos a la luz de una hoguera. Es la hora, en definitiva, de aprovechar cualquier excusa para salir de fiesta. Muchos pensaréis que la noche del 31 de octubre proviene de la globalización yanqui y la expansión de sus costumbres al resto del mundo. Pues no es así. Muchos autores consideran que era la festividad principal de los celtas. Era el momento en que los druitas recogían las bayas del muerdago depositado en los troncos y en las ramas de las encinas y robles. Esta noche era conocida como ‘Nos Galan-gaeaf’, noche de las calendas de invierno, ya que el año celta se dividía en dos estaciones, la de invierno y la de verano. En la víspera del primero de noviembre se encendían hogueras y a esta fiesta acudían todos los miembros del poblado y se celebraba una asamblea en la que intervenían tanto los hombres como las mujeres. Se sacrificaban animales con el fin de aprovisionarse para el invierno y era una de las pocas ocasiones en que los druitas tenían autorización para comer carne de cerdo y beber vino en abundancia (por lo que esta noche, para seguir esta simpática tradición deberéis mamaros). Todos encendían velas y el sentimiento de proximidad con los difuntos era tal que cualquier ser vivo -se decía- podía descender con ellos al mundo de los muertos. La creencia generalizada era que en la noche del 31 de octubre los muertos entraban en comunicación con los vivos en una especie de confusión cósmica (y no son palabras de Carlos Jesús), lo que ha generado multitud de leyendas al respecto. Un eco desvaído de aquellas veladas, se encuentra actualmente en la famosa noche de Halloween que hemos importado de USA. Aunque parezca lo contrario, Halloween no es una fiesta genuina de allí, queridos amigos. La palabra Halloween es la forma moderna inglesa del antiguo ‘All-hallow even’. Los primeros colonos ingleses e irlandeses que llegaron, trajeron sus tradiciones a su nueva patria, entre ellas la festividad del día de la brujas, que se celebra esta misma noche. Los hogares se adornan con siniestras calabazas vacías con una vela encendida en su interior recortadas con formas de monstruos. Las personas se disfrazan y los niños van de casa en casa pidiendo golosinas. Hoy hay que dar sustos, gastar bromas pesadas y casos extremos dejarse llevar por la enajenación mental que todos tenemos en nuestro fondo más oscuro. Yo saldré esta noche con un hacha en busca de almas cándidas... ¡¡¡TENED CUIDADO pues!!!!
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Allen Stewart Konigsberg, nacido en 1935, se ha convertido, con el paso de los años, en un clásico del cine contemporáneo y en el referente cómico más importante de las tres últimas décadas. Escritor, actor y director, el cineasta más típicamente neoyorquino del Séptimo Arte se ha caracterizado a lo largo de su dilatada filmografía por reiterar una y otra vez sus fobias, exorcizar sus fantasmas de hipocondríaco y vencer sus miedos a través de cintas memorables y poco convencionales. El genio de Manhattan abrió el pasado festival de San Sebastián con ‘Melinda & Melinda’, una demostración de que su cita anual con el cine (lleva tiempo rodando una película por año) no responde a una imposición autoral, sino a un gran momento de creatividad que parece no tener fin. Tanto es así que Woody Allen aporta con este filme una historia que, a priori, parece reunir las características fundamentales de su cine en una magistral composición donde sus personajes habituales vuelven a circunscribirse en un cosmos de relaciones heterosexuales llenas de trabas e imprevistos, unificando encuentros y desencuentros y tipificando lo que responde a aquello que se espera de esta nueva y fructífera etapa como realizador y guionista.  Sin embargo, ‘Melinda & Melinda’ es diferente, arriesgada, y ofrece algo que en sus últimas películas no había dejado ver y que pocas veces ha ofrecido en su filmografía. A través de los ojos de cuatro intelectuales neoyorquinos, Allen juega con el drama y la comedia en un juego de espejos totalmente prodigioso, logrando una oculta lección de la narración cinematográfica en cuanto argumento se refiere. Allen lanza cuatro datos en la vida de una chica de la que todos han oído hablar y, partiendo desde esas visiones de filósofos de café que se aburren, crea dos historias acerca de la misma mujer, pero con dos destinos en manos del generador según sea el cristal con el que la describe. Con esta pauta bipolar, el drama del mejor Allen reflexivo y trascendental se asocia a la comedia que ha venido manejando en los últimos años. Una combinación sorprendente y alucinante. Esta apasionante mezcla otorga al gran maestro la posibilidad de desafiar el metalenguaje genérico en dos argumentos que se desarrollan con los mismos elementos narrativos en cuanto a giros de guión, pero disolviendo la historia en función de lo optimista de la comedia romántica y lo trágico del melodrama. Con todo esto, Woody Allen demuestra que sus películas anuales pueden llegar mucho más allá del estado de brillantez al que estamos acostumbrados. Y es que la doble Melinda de Allen es una obra de trascendencia intachable que se sitúa a la cabeza de sus mejores trabajos de los últimos diez años. Una pequeña joya.  A estas alturas, se podría decir que Woody Allen es un género propio con una genealogía de personajes que abarcan una diversa carrera personal, a menudo autobiográfica, donde ha sabido combinar un desbordante sentido del humor con su visión catastrofista de la vida. Creador de satíricas descripciones de neuróticos personajes urbanos, obsesionados por el amor y la muerte. La increíble Radha Mitchell, Chlöe Sevigny, Will Ferrell, Amanda Peet y Chiwtel Ejofor están maravillosos, todos. PD: Por cierto, en USA se estrena en ¡Marzo de 2005! Lo que tienen que esperar los yanquis para ver a Woody ¿no?
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sábado, octubre 30, 2004
El número 297 de El Víbora abre con una muy triste noticia, aunque esperada. Era un secreto a voces, pero el número 299-300 de la revista será un especial, el de la despedida. Tras 25 años de vida, El Víbora cierra definitivamente sus páginas. Hace poco, el número 289 de la publicación tituló en su portada en rojo ‘¿El fin?’, un grito al cielo que para sus incondicionales y gran parte de la plantilla. Tenía toda la apariencia de que así fuera. Y así ha sido. ‘El Víbora’ fue el escaparate y lanzadera para todo el movimiento ‘underground’ de los primeros ochenta, el que mezclaba la innovación con el sarcasmo, el descaro y la locura. Una revista de culto que dejará un hueco muy grande. Recuerdo los grandes momentos que he pasado con esta revista, lo autores que he descubierto gracias a ella y los buenos momentos leyendo sus páginas. Nunca le agradeceré lo suficiente a Jose 'Jimbo' que me descubriera su existencia allá por los 80. Miguel Ángel Martín, Mauro Entrialgo, Paco Alcázar, Carlo Hart, Laperla & Kosinski, Álvarez Rabo en cuanto a nacionales o en su faceta internacional con Peter Bagge, Ralf König, Daniel Clowes, Robert Crumb, Evan Dorkin, Gilbert Shelton, Vuillemin, Tanino Liberatore... Saber que ya no estará ahí en el kiosko más, es algo terrible para todos sus seguidores. Es una noticia muy triste, amigos.
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¿Sabiáis que Burton C. Bell de Fear Factory fue encagado de un cine, que Chris Cornell fue camarero con delantal en un restaurante de Seattle, que Greg Graffin, el vocalista de los Bad Religion, ejerció que de profesor de Paleontología en la Cornell University, que el vozarrón de Rammstein Till Linderman participó en las Olimpiadas de Atlanta representando a Alemania y que Bruce Dickinson, el añorado ex de Iron Maiden fue capitán del equipo inglés de esgrima? Pues es cierto.
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Por primera vez se proyectó 'El límite' con público. Y está mal que yo lo diga, pero queridos amigos, fue un todo un éxito. Ante más de un centenar de personas, en el Salón de Actos de Caja España, pudo verse nuestro trabajo por primer vez en pantalla grande. Allí estaba el gran Ángel González Quesada para acompañarme en tan importante tesitura. Los nervios nunca han sido un tema que me haya preocupado, porque no tengo miedo escénico. Es más, tengo un morro de la hostia y una oratoria de sofista. Pero había algo cierto, y es que, por dentro, estaba algo acojonado por la reacción que suscitara en los asistentes al evento. En esos momentos pensé: "¿y si no les gusta? ¿y si dicen que no es bueno?... No sería capaz de soportar un fracaso como ese".Antes que 'El límite' proyectaron un cortometraje titulado 'Debajo de la mesa', de Óscar Royuela, un engendro fetichista sobre un joven que recuerda la procedencia de su obsesión por los pies femeninos que tuvo origen en los masajes en los quesos de su atractiva (bastante bruta la actriz, por cierto) familiar. Un chorrada absurda y sinsentido que tiene como reclamo la voz en Off del simpar Pablo Motos. Llego la hora de presentar nuestro corto y no tuve mayores problemas al soltar un breve 'speech' que dejó a la platea con la sensación habitual de "qué chaval más majo" o "qué gilipollas" que suelo dar a la gente desconocida. La visión del proyecto en una muy digna pantalla, con la potencia de la estética creada por Quike Santiago y el sonido (acojonante) sonando a todo volumen me dieron una sensación de que poder y de satisfacción que pocas veces había sentido. El corto funciona. Eso se percibe en que cuando se desarrolla 'El límite' la respiración se corta, la tensión llena la sala y los nervios se hacen visibles en todos los espectadores. Dos tandas de sonoros aplausos, una al finalizar el corto y otro tras los créditos dieron fe del éxito, ya que fue el único trabajo al que el público (al que no conocía de nada) aplaudió en dos ocasiones. Luego pudimos soportar a un fulano metrosexual que narró un inacabable cuento de desesperación vital y argumental tremendista. Muy denso. Aburrido. Imanol Uribe llegó, mostró su enorme y descomunal barriga, y le entregó el Premio de la Juventud a la ganadora de la Espiga de Oro, 'Hierro 3' ('Bin-jip'), de Kim Ki-duk, que recogió alguien de prensa del propio festival y el premio de la juventud de la sección Punto de Encuentro, que ni me enteré. La velada acabó con el curioso cortometraje 'Mus', de Patxi Amezcúa, la historia de cuatro amigos que juegan al mus y que ven alterada la tarde cuando en la cazadora de uno de ellos aparece una navaja manchada de sangre que levanta las sospechas. Un corto cojonudo, sí señor. Presentar 'El límite' en la SEMINCI ha sido una experiencia fantástica. Ahora sólo queda que Salamanca haga lo mismo en breve. Una cosa más: ¿hay en España alguna ciudad tan horrorosa como Valladolid? Lo siento, me caen muy bien los pucelanos porque tengo muy buenos amigos vallisoletanos y son buena gente.
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Nota de prensa: Editorial Planeta DeAgostini informa a todos sus lectores que, a partir del día 1 de Enero de 2005, dejará de editar y publicar en España los cómics de Marvel Comics. De igual forma, Editorial Planeta DeAgostini quiere aprovechar esta ocasión para reconocer y agradecer a todos los lectores, los colaboradores, los proveedores industriales y la distribución vuestro apoyo durante más de 20 años. Barcelona, octubre de 2004. PD: La pregunta es... ¿Qué hacemos ahora?
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jueves, octubre 28, 2004
Costeau, Papá Pitufo y ArafatTodos sabemos que el pobre Arafat, célebre líder palestino, está jodido de la salud. Pero viéndolo en la televisión esta tarde se me ha presentado una nueva oportunidad de abrir el segundo capítulo de esta sección tan innecesaria como divertida. ¿No os parecido Yasser en pijama azul con ese gorro tan extraño un perveso cruce de personalidades entre... Jacques Yves Costeau y Papá Pitufo? A mí sí.
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Cuando veo la televisión, suelo analizarla, juzgarla, odiarla y amarla. Todo al mismo tiempo. Pero uno de mis ‘hobbies’ más conocidos, una de las cosas que más me gusta cuando me siento embodado delante de una pantalla, es la de engullir publicidad. Cuantos más anuncios mejor. Muchas veces tengo esa extraña sensación, anormal y del todo ilógica, de creer que lo mejor de la tele son los anuncios publicitarios, los ‘spots’, que llaman los modernos y la gente del mundillo. De esta malsana e inverosímil directriz es de donde se extrae mi predisposición a un ejercicio catódico enrevesadamente absurdo: el de estudiar y observar un universo tan apasionante como, a veces, indigno que es el Siniestro Mundo Publicitario (SPM). En este primer capítulo voy a analizar (de soslayo, tampoco es plan de hacer sesudos estudios) un par de anuncios que están en todo momento cruzando transitoriamente delante nuestros ojos, lanzando mensajes subversivos e intencionados y que, como objetivo máximo, buscan provocar algún tipo de reacción en un espectador que, durante estos lapsos, es tratado como comprador potencial. Un hecho, nunca hay que olvidar y que todos asumimos cuando en vez de ‘zappear’ (el mayor enemigo de la diversión publicitaria), nos dejamos transportar por híbridas estrategias publicitarias en forma de pequeñas minas visuales que estallan con desigual éxito en nuestro cerebro. Ahí voy con los dos de hoy: 1.- Toallitas Charmin O no lo entendido muy bien, o no sé exactamente qué me están vendiendo. Vamos a ello. En pantalla aparece una mano que se echa una especie de pomada en la palma de la mano. Tras esto, una familia, ubicada en un aséptico váter (donde todos, curiosamente, se sientan) explica que con el papel higiénico no se logra quitar el rastro desagradable del ungüento y que con la utilización de las toallitas Charmin además de quedar más limpio, te queda un céfiro ambiental de confortable olor. Ahora lo que yo digo: ¿La mancha de pomada esta ejemplifica la mancha de restos de excrementos que quedan en la palma de la mano? Si es así ¿de qué profusa y descomunal manera caga esta familia para lograr mancharse la palma de la mano de semejante manera? Yo imagino que el anunciante debe pensar que la gente es muy regular a la hora de deponer sus excrementos (tanto o más que José Coronado), pero hasta tal punto... .- Conclusión: las toallitas Charmin son especiales para la gente que cague en cantidades industriales o, directamente (y ahí viene el desprecio subversivo), para gordos a los que no le entre el culo en el retrete. Una falta de tacto, en cualquier modo. 2.- Barritas nutritivas Flink Cuando estudié la asignatura de publicidad, concretamente en el tema ‘Intencionalidad’, había un apartado que explicaba cómo existe un procedimiento de venta publicitaria que es la de ahondar en el espectador con una canción, una imagen feísta, una cara horrible, en definitiva, algo que llamara la atención del espectador de forma seminegativa para que se quede con la marca de tu producto, en un propósito algo inquietante. Una fórmula arriesgada, pero infalible para recordar algo. Esto es lo que sucede con la puta canción de Flink que, por si fuera poco, es pegadiza. El anuncio logra que una canción ridícula suene en tu cabeza como una sintonía malévola y, cuando estás a punto de olvidarla, ves el anuncio y te entras ganas de comer barritas Flink y de seguir cantando la horrorosa canción. El anuncio no tiene desperdicio. Empieza, directamente, con una erección trempera, de esas matinales en la que la tienes como una barra de acero. Primer simbolismo, la barrita es una imagen chocolateada de un falo, un miembro, un ‘muñeco calvo’, un… bueno, da igual. Bien, pues sólo es el principio. Durante todo el ‘spot’ vemos y escuchamos (a través de la canción del ‘rastas’ fumeta que canta con una guitarra acompañado de un freakie que toca las maracas) cómo el jovenzuelo, ante un pibón descomunal recién salido de las páginas de un Penthouse, se siente triste y no quiere ni comer, ni bailar, ni reír, ni jugar... Ni siquiera mantener relaciones sexuales con semejante diosa del sexo (que vaya escotazo que luce). Está desganado, abatido. Todo porqué, pues por que el chaval echa de menos su barrita. Es decir, que echa de menos masturbarse, que es lo que le llena en esta vida. .- Conclusión: Las barritas Flink son un producto exclusivamente para ‘pajeros recalcitrantes’.
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miércoles, octubre 27, 2004
'El límite', ese cortometrajillo que hemos hecho con dedicación y esfuerzo, paciencia (aunque no hay palabras para definir todo lo que hemos pasado) y tesón podría ser que... el próximo viernes día 29 de octubre pudiera ser que se proyectase en el prestigioso Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI), durante el acto de clausura que tiene como evento la Entrega del Premio de la Juventud, junto a cortos ganadores de otros festivales como el de Medina del Campo, en el Salón de Actos de Caja España (Fuente Dorada, 6). Podría ser... Hay un 85 % de posibilidades de que se dé este auténtico pelotazo increíble. El corto está enviado y espero la confirmación... Update: ¡CONFIRMADO! 'El límite' estará en la gala de clausura del Premio de la Juventud en SEMINCI.
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Sorprendente, asombroso y alucinante es el hecho de encender la televisión en horario de ‘prime time’ nocturno y comprobar cómo una profesional recupera el divertimento cultural, el sosiego que da atender atento a una entrevista, ver cómo en una mesa no hay subproductos humanos escupiéndose afrentas e insultos, berreando y jurando en arameo, sino que hay artistas, con personalidad y trabajos que promocionar que departen sobre muchos temas profesionales y personales en un ambiente relajado y distraído. Sorprende cómo y de qué manera está estructurado el nuevo, y desde este momento, apoteósico programa de Julia Otero ‘Las cerezas’. Hacía años que un espacio de entretenimiento en horario de máxima audiencia no sentaba tan bien en esta era de estulticia e incultura, de prensa rosa tan dada a encumbrar, como muy señala Moncho Alpuente, residuos tóxicos humanos (y encima reciclables), que se ganan su fama por difamar, adulterar la realidad o prostituirse con el único objetivo de salir en la televisión. ‘Las cerezas’, estructuralmente en proceso de crecimiento, a la espera de la oportunidad que se ha ganado más que de sobra con su primer capítulo, promete que las noches de los martes sean un punto de referencia en esta ilusionante estapa de televisión de calidad. Julia Otero, una de las grandes profesionales de nuestro país, ha hecho posible que un ex presidente de España y un ex president de la Generalitat dialoguen de todo menos de política, le ha dado la merecida oportunidad al mejor atleta de las pasadas Olimpiadas para dar su grito de auxilio pidiendo un ‘sponsor’ que le permita seguir en el más alto nivel y ha demostrado que en una mesa se puede entrevistar a varias personas a la vez, concediendo su espacio de protagonismo a todos y cada uno de ellos para, tras hablar de sus trabajos, trivializar todos juntos acerca de temáticas diversas, siempre con el humor y el guiño al entretenimiento que durante toda su impecable carrera ha seguido la periodista gallega. En una era de idiotización e imbecilidad catódica destinada a mentes empobrecidas por la estolidez (ayer sólo había que recurrir de nuevo a Telecinco para comprobar la abismal diferencia de ambos programas -el de Julia y el de Xavier-), ‘Las Cerezas’ nace como espacio de ocio e interés real por personajes que verdaderamente tienen algo que contar, con sólidas carreras y personalidades que cautivan o, al menos, sugestionan para no cambiar de cadena. En una era en la que cualquier ser miserable y rastrero tiene su esfera de celebridad por abrirse de piernas, insultar y calumniar, jugar con temas tan serios como el maltrato, asesinar animales y dejar tras de sí amantes ambiciosas (putas, en general), el programa de Julia Otero es, desde su presentación, una panacea televisiva, un páramo de buen gusto, corrección (con espacio para la crítica ácida imparcial y socarrona), interés, formación, calidad y, sobre todo, amenidad. Un hecho que parecía casi imposible en la televisión actual.
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martes, octubre 26, 2004
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Ciudadano 1: Estaban muy guapas las dos, muy guapas. Y muy elegantes. Ciudadana 2: Muy simpáticas, muy guapas, muy cercanas, muy... acogedoras. Ciudadano 3: Mire, estoy hasta nervioso porque he visto a la Reina y la Princesa Leticia. Ciudadana 4: Como todos los años. Le he dicho "Buenos días, Majestad" y ella me ha dicho "¿qué tal Señora Teresa?" y yo le he dicho "aquí, a donar" y luego le he dicho "hasta el año que viene si Dios quiere". Ciudadana 5: A Leticia le dicho que tenga mucha suerte. Ciudadano 6: Llevamos aquí 3 horas, pero ha valido la pena. Yo a veces pienso que los adjetivos 'redneck' y 'nerd' vienen mejor a muchos españolitos de a pie que a los paletos norteamericanos. ¡¡La DEEP SPAIN... Amigos!!
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Bueno amigos y amigas que sufrís este weblog día a día. Ya tenemos una fecha de exhibción en Sección Oficial (qué bien suena) para 'El límite' en Murcia Joven 2004. Por si alguien de Murcia o cercnías puede pasarse a ver el cortometraje. Martes, 2 de noviembre de 2004. A las 21:30 horas (junto a otros 4 finalistas -proyectan el nuestro el último, cosa que me gusta-). Aula de Cultura de Cajamurcia. Gran Vïa, 23. Esperemos que haya suerte y nos caiga algo. No sé, o la pedrea en Navidad. Por cierto ¿alguien sabe por qué se llama pedrea a los premios pequeños en dicho sorteo? Podéis descargar el programa al completo AQUÍ.
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Todos los rostros de ‘La Bestia’ Dotado con una aptitud visual desbordante en la cinematografía española, Álex de la Iglesia es el único cineasta español capaz de convertir el espectáculo en puro arte. Ante unos últimos años en los que el buen cine español está brillando por una mediocridad insólita en la última ola de producciones nacionales, el cineasta vasco Álex de la Iglesia sigue aportando notables películas que se muestran como un auténtico privilegio. Gran precursor de la otrora floreciente nueva etapa de nuestro cine, la trayectoria de este indómito innovador de formas artísticas, dentro de una pequeña industria como la que nos representa, ha dado como consecuencia una de las obras más personales y dinámicas vistas a lo largo de nuestra cinematografía. El cine de Alex de la Iglesia, abrumante y enérgico, perfilado bajo unos conceptos artísticos solemnes, se define por una cuidada estética que procede de las múltiples y novedosas influencias que construyen un universo propio, privativo de los grandes talentos cinematográficos, hilvanando la espectacularidad de sus potentes imágenes con una función estética que hace de su cine un flujo de emociones contrapuestas, creando un sentido del ritmo que escapa al propio discernimiento del espectador. Los inicios Tras su conocido paso por el mundo del cómic periodístico con ‘La cosa de la ría’, publicadas sus tiras cómicas en ‘El Correo’ y en ‘La Gaceta’, la evolución visual del realizador se forjaría en el medio catódico trabajando para la cadena vasca ETB gracias a Javier Amancio y el programa ‘Detrás del Sirimiri’, de Antxón Urrusolo. La biota televisiva, explosiva y condensadora de cultura y ámbitos abisales, capaz mezclar lo más sublime del arte con las disciplinas más mugrientas, educaron gran parte de la preponderancia cinematográfica del director. Era la época de ‘Los Morguens’, de la actividad frenética de los que hoy son miembros indispensables de un grupo artístico formado en conjunto en pos de unas inquietudes estéticas comunes. Álex de la Iglesia, Enrique Urbizu, Jorge Guerricaechavarría, José L. Arrizabálaga, Biaffra, Detritus o Pablo Berger, todos ellos partícipes de una generación que nació en movimientos culturales alternativos al amparo de fanzines como ‘No’ o las enloquecidas representaciones bilbaínas de la galería ‘Safi’.  Su irrupción en el cine llega gracias a Enrique Urbizu, con su revolucionaria película de cine negro ‘Todo por la pasta’, donde Álex trabajó como director artístico, una faceta que repetiría en ‘Mama’, de Pablo Berger, en el que reinaba ya una rebeldía e imaginación oculta en nuestra tradición fílmica, deudora de los grandes maestros de la serie B americana e hispana y que supuso la antítesis de lo que sería el trasfondo de su opera prima. La dirección artística se ha convertido, además, en uno de los rasgos que caracterizan su cine: el meticuloso cuidado de ambientes, la superposición del entorno para que el contexto se dirija hacia la intencionalidad del argumento. Antes de dar el obligado salto al cortometraje, el futuro director acomete un nuevo trabajo como decorador en el corto de ciencia-ficción. A partir de este instante, los acontecimientos se precipitan y, junto a su inseparable Jorge Guerricaechevarría (principal artífice de su corriente argumental coherente, cínica y eximia), rueda, en 1991, ‘Mirindas asesinas’, cinta cumbre dentro de este formato que se ha consolidado, con el paso de los años, como una auténtica obra de culto. En aquélla, su personaje principal, Tubullar Killer, un menudo hombre desquiciado, representa, por primera vez, el tipo de papel que más se adapta a la filosofía violenta y apoteósica de De la Iglesia. El tipo pequeño, condicionalmente miserable, que se enfrenta a una cotidianidad que se le escapa de las manos, rasgo explícito que aprovechó para analizar, en breves y fugaces ráfagas de genialidad, la locura del individuo paranoico, una representación perfecta del ‘psychokiller’ español, del asesino en serie por arrebato, como en la raigambre nacional que asola a la España profunda. El debut y el primer gran clásico Pedro Almodóvar puso de manifiesto su perspicacia como productor al promover la primera película del realizador bilbaíno. Percibiendo un descomunal talento de futuro, el cineasta manchego le proporciona el vehículo definitivo al estrellato. Álex de la Iglesia lograría un éxito rotundo con su primer largometraje, ‘Acción Mutante’, una película arriesgada, desigual por su incipiente intrascendencia, pero magnífica en los objetivos transgresivos que impusieron una nueva definición del cine español. Las aventuras de los terroristas mutantes de la nave ‘Virgen del Carmen’ abrieron una nueva perspectiva a otros jóvenes directores que vieron en esta ‘ópera prima’ la conducta irreverente y gamberra de su creador, que abrió puertas inauditas para la concesión de nuevas historias. Original e innovadora son los adjetivos que adornan un debut cinematográfico que sirvió como base para el desarrollo de su posterior filmografía y a la que seguiría el extraño trabajo 'Marbella Antivicio', un juego interactivo que, por aquel, entonces, fue todo un éxito.  Con el apoyo del público y el beneplácito de una crítica poco habituada a la estética que asignó De la Iglesia con ‘Acción Mutante’, su segunda incursión para la gran pantalla significó la que sería obra cumbre del nuevo cine nacional y el glorificado impulso para la evolución sin límites de la creatividad de uno de los pocos visionarios que han existido en nuestro país. ‘El día de la Bestia’ se convirtió en una de las películas más taquilleras de la historia del cine español con una impactante historia que supuso para el realizador el origen del concepto fílmico y argumental que ha hecho de su perspectiva un auténtico preceptor de la espectacularidad convertida en arte, adoptando formatos inauditos y vinculando las raíces norteamericanas del cine a la más ibérica tradición de hacer películas en España. El talento narrativo ostensible en ‘El día de la bestia’ nos dejó ver la intencionalidad revulsiva en un producto a medio camino entre el cine de género y cine de autor. Las tribulaciones del visionario padre Berriartúa y sus cábalas sobre la llegada del Anticristo servirían al cineasta para proponer nuevos caminos de autoría en los que el ritmo, imparable y sobreseído de cualquier lastre argumental, se apoyaba en una extraordinaria labor de montaje de la mano de Teresa Font.  Un delirante e insano viaje a un universo de maldad y superstición que congregaba en su fondo narrativo y estético una aproximación a un extraño cómic, en el que la mixtura entre el misticismo y el urbanismo transigían cualquier precepto en una cinta de culto que ha pasado a la historia del cine español. Su abrupto y sombrío sentido del humor, la química entre los entonces desconocidos Álex Angulo y Santiago Segura y una visión bruna y apocalíptica de un Madrid irreconocible, hicieron de la voluntad transgresora de Álex la mejor baza para la excelente comercialidad del filme. La ratificación de un director dispuesto a comenzar una revolución personal en contra del ostracismo y la genealogía más rancia de los cineastas acomodados en el cine fácil, costumbrista y posbélico al que nos tenían acostumbrados. Diversidad y ambicioso riesgo Tras el éxito de ‘El día de la bestia’, edita su primera y enloquecida novela bajo el sello Planeta ‘Payasos en la lavadora’, perturbación de la desequilibrada mente de un poeta que, enajenado por un mala crítica, aborda un confuso y tenebroso viaje a los infiernos de la paranoia en busca de venganza. El cineasta no sólo lograba recrear un ambiente sórdido y caótico que hace que el personaje protagonista de la novela, Juan Carlos Satrústegi, resultara infaliblemente desagradable, sino que además supo dotar su primera obra literaria de una complejidad metafísica digna de los grandes clásicos de la filosofía. Una retrospección a un universo personal, lúgubre, incómodo y a veces ciertamente brusco en una historia frívola e inmunda con una buena dosis de ironía malsana.  Solicitado por Hollywood para engrosar la lista de directores europeos que fracasan en erróneas superproducciones que buscan la fácil aquiescencia del ‘mainstream’ popular, rechazaría proyectos como ‘Alien Resurrection’ y ‘El Zorro’ para encauzar la que sería su tercera y ambiciosa película: ‘Perdita Durango’, un filme con carácter de superproducción para un filme nacional, rodada con 8 millones de dólares, que supuso la turbulenta y difícil ofensiva al mercado internacional sin miedo a sentirse limitada ante superproducciones americanas. Pensada por el productor Andrés Vicente Gómez para ser dirigida por Bigas Luna, Alex de la Iglesia retomó el proyecto contribuyendo con su pericia a mostrar una realización intachable, llena de virtudes y solvencia, derrochando ingenio y personalidad en una producción llena de furia, de ritmo endiablado en el que la subversión fronteriza de la adaptación de Barry Gifford pusieron el punto de partida a un itinerario infernal, lleno de una acerba idiosincrasia en el que los contrapuntos del límite que separa Estados Unidos y México dispensaron un contexto de violencia y locura, de credos mal entendidos y de desahogos de narcotráfico. Las escenas de acción, memorables, patentizan la destreza del ilusionista visual y la solvencia de un Javier Bardem en estado de gracia y la fuerza explosiva de Rosie Pérez hicieron que Álex se consolidara, con mucho, como el realizador español más importante de su generación. La adaptación de la novela de Gifford, una historia llena de lirismo agresivo que convoca una romántica y violenta cinta de amor loco es, hasta el momento, dada su espectacular dirección y consecución, la mejor contribución de De la Iglesia a su particular cosmos de frenesí e intemperancia. Su trama incomoda y colérica, en la que dos personajes están condenados a colisionar el uno contra el otro, resulta eficaz y convincente. Una historia de amor y acción en un lugar tan nigromántico como lo es la frontera de México, que aprovechó para hacer, de paso, una satírica visión de la reaccionaria sociedad americana frente a la devoción de sus medianeros chicanos por los ritos del tipo ‘palo mayombe’. Recuerda De la Iglesia a propósito de la historia de Gifford: “Como siempre, la realidad era mucho más bestial que la ficción asegura en el citado libro. Romeo se inspira en Adolfo Constanzo, el líder de una secta narcosatánica. La banda estaba compuesta por mexicanos y afrocubanos que practicaban rituales sangrientos y adoraban al orisha Changó, rey del trueno y dueño de la virilidad (...) Constanzo creía tener el poder y la impunidad de Dios y arrasó con todo lo que se encontraba a su paso junto a una mestiza texana llamada Sara Aldrete”. Una pequeña obra maestra sin concesiones que yuxtapuso una soberbia ‘road-movie’ de espectáculo pirotécnico con un corroborado talento imponente lleno de una fuerza totalmente alentadora. El maestro del humor negro  La muy esperada cuarta irrupción de Álex de la Iglesia en el mundo del largometraje ‘Muertos de risa’, obra sólida e impoluta a la vez que archimaldita, encuentra la primera de sus numerosas virtudes en la capacidad de riesgo para contar un terrible drama humano en forma de chiste con muy mala hostia, muy digna por la valentía con la que De la Iglesia se atrevió a narrar una historia harto compleja, que no se muestra conformista en ninguno de sus elementos estructurales, siguiendo siempre una libertad arraigada al principio por el cual ‘Muertos de risa’ existe: conexionar el humor negro más descarriado con la mejor tradición nacional. En esta obra, De la Iglesia y Guerricaechevarría crean a dos humoristas que triunfan en el mundo del espectáculo a pesar de un espeluznante hecho; cuanto más triunfan más se odian, más rencillas de rencor envuelve su relación personal, que hace engrandecer la profesional. Un diligente De la Iglesia se vuelve a lanzar a la difícil aventura del humor negro y supera el reto con nota, exponiendo no sólo una historia decidida y compleja, sino, además, brutal metáfora del tiempo que vivimos en la detractada transición, una época indeleble, unida a la tradición española, un cambio brusco de nuestra historia que cambió España para siempre (al igual que la pareja de cómicos a lo largo de la cinta). Muy influenciada en parte del guión de Neil Simon para la espléndida película ‘The sunshine boys’, de Hebert Ross, ‘Muertos de risa’ nos muestra de qué oscuras formas funciona el odio, de la necesidad que confiere un sentimiento paralelo, pero a la vez contrapuesto, al amor. El cineasta vasco pule y depura lo que tan sólo fueron unas pinceladas de boato artístico de ‘El día de la bestia’, consistente en un viaje a la España más profunda y lúgubre, repleta de iracundia, en esta ocasión con un retroceso temporal a la España más angosta empapada de un sentimiento que asocia acrimonia y nostalgia (como la memoria sentimental de la televisión, siempre constante y presente en la ideología cinematográfica del ingenio del director de ‘Mirindas asesinas’). Otro aspecto a destacar, la fenomenal partitura que ha creado para la ocasión Roque Baños, que se acerca más que nunca a la inolvidable maestría de Miguel Ansíns Arbó, todo un maestro de la composición musical allá por los 60, muy inspirada en la música que imbuyó el neorrealismo de Fellini o De Sica. Sin embargo, la crítica y parte del gran público no vio en esta sutil convocatoria a los grandes clásicos de nuestro cine una alternativa a la obra de Álex y es considerada, desde su estreno, como la cinta réproba de su director. Aún así ‘Muertos de risa’ es, decididamente, una obra de excepción, inusual, extraña... que consolida a su cineasta como el único director capaz de revivir el mejor cine español de la historia, lo que le ha convertido en el más directo heredero de los grandes maestros del humor negro, un género tan complicado como eficaz y efectivo que tiene en este filme su modélico ejemplo. Terror vecinal como afianzamiento de estilo  Siguiendo por estas lindes, Alex de la Iglesia presentó ‘La Comunidad’, una película de ‘terror vecinal’ que combinó el suspense claustrofóbico con la acción doméstica para la cual una inusual unión de furibundos y unánimes halagos de crítica y público precedieron un sínodo que ha acabado por afianzar la figura del cineasta español contemporáneo más meritorio de una generación destinada a cambiar el rumbo de nuestra prosapia cinematográfica, alcanzando con esta magnífica cinta coral cumbres de talento infranqueables, irrepetibles, llenas de furia narrativa, como nunca antes se había visto en nuestro cine. Turbia, macerada de un humor negro agresivamente perverso, la tenebrosa línea de este largometraje se deja ver desde un prólogo en el que los créditos iniciales de Juan Gatti (muy influidos por Saul Bass) sirven de banderizo prólogo para la excelente fábula que se avecina. Moviéndose a la sombra de Hitchcock y Polanski, De la Iglesia encuentra en este oscuro sortilegio el terreno idóneo para desplegar todo su arsenal y estruendoso potencial visual, narrativamente sublime. La trama se centra en la terrorífica fortuna de una agente inmobiliaria que, tras encontrar 300 millones de pesetas ocultos en el apartamento de un muerto, debe enfrentarse a la ira y sordidez de los miembros de una extravagante comunidad de vecinos.  ‘La Comunidad’ expone, por tanto, un insondable análisis de la codicia, de la envidia y el egoísmo, seccionando de forma solemne cada parte que forma el vecindario. La lograda estética que impera en la película deviene por la intención oscurantista de De la Iglesia por obtener un ambiente claustrofóbico y bruno, de locura, de una inusual insania de andar por casa, aportando a su propia iconografía sus mejores y más conseguidos monstruos. Engendros con bata de guatiné y zapatillas de albardín. Devastadora y terriblemente violenta, ‘La Comunidad’ se descubre como un portento de nuestro cine, una poderosa muestra de fuerza incorruptible en el que el creador de ‘El día de la bestia’ solaza con precisión un puzzle de situaciones y ‘gags’ fríos, maliciosos y descojonantes para constituir un producto final que supone una nueva vuelta de tuerca a la sorprendente carrera de este ilusionista de la imagen. Cierto es que todos y cada uno de los maravillosos secundarios (Antuña, Asquerino, Bonilla, Manver, Gracia, el impresionante Gutiérrez Caba...) hacen de ‘La comunidad’ un catálogo de maestría interpretativa, pero la magnanimidad corresponde a una Carmen Maura soberbia, lucida, extraordinaria... El talento de la actriz acapara la pantalla, con el lucimiento de una presencia imponente (inolvidable es el tercer acto con Terele Pávez en las cuadrigas de Carrera de San Jerónimo –referente al monte Rushmore ‘hitchcokniano’-), realizando una interpretación para la que se acaban los elogios. La Maura está imponderable. La batuta embrutecida de Álex de la Iglesia, bajo los suntuosos y ‘elfmanianos’ acordes de Roque Baños, dinamiza una odisea de violencia y profundidad artística en la que el pulso narrativo, diligente, vehemente y truculento golpea al espectador con guiños sardónicos al cine clásico y moderno, recreando su propia épica visual y conceptual del espectáculo. Un atípico ‘western’  Su penúltima película, ‘800 Balas’, primera película que el mismo De la Iglesia produce con la creación de ‘Pánico Films’, define un universo propio, un estilo inconfundible, siempre delirante e ineludible, diligente e inconformista, que se perfila bajo unos conceptos artísticos enfáticos, definidos por una calculada estética y una forma de ver cine más personal que transgresora. ‘800 Balas’ toma como génesis el ‘spaghetti western’ para narrar la vida de unos especialistas de aquél subgénero que malviven en el desierto de Tabernas, Almería, con un espectáculo del Oeste para turistas. Es la excusa perfecta para que De la Iglesia vuelva a poner de manifiesto su imponderable intencionalidad, en la que el resultado final es un producto a medio camino entre el cine de género y cine de autor. En este espacio, el realizador desmitifica los conceptos genéricos del ‘western’ y los subvierte a su antojo para recrear una particular visión del débil fondo que permanece oculto en el ser humano, como la traición, la amistad, el desafío y la muerte de personajes que son fruto de la nostalgia, del triste recuerdo del cine del Oeste que se hizo en nuestro país en los años 60 y 70. Un entorno aplicado nunca como homenaje aquel cine que hizo famoso Sergio Leone, sino para entronizar al antihéroe, al perdedor que determina el protagonista favorito del cineasta.  Como viene siendo habitual en su filmografía, el potencial de la película reside de nuevo en un sólido guión (compartido con su inseparable Jorge Guerricaechevarría) en el que los personajes se anteponen a la acción, formando una nueva y entrañable galería de ‘freaks’ que pasan a engrosar la mítica colección de perdedores de un director que aborda los dramas humanos como comedias del absurdo, con un humor negro depravado, aprovechado en esta ocasión para nacionalizar y escarnecer el heroísmo y la prioridad del ‘western’ clásico por un propósito de ruptura, de libertad absoluta, una falta de respeto a la circunspección, a las formas establecidas, una brutal metáfora sobre la diversión como actitud ante cualquier problema y de supervivencia ante el fracaso ante la máxima de que ‘cualquier norma está para transgredirla’. En esta actitud de rebeldía, De la Iglesia juega a transformar un drama humano lleno de oscuridad y desdicha en una divertidísima comedia dónde lo épico y legendario se anticipa a la terrible realidad que viven unos seres entrañables y llenos de vida. ‘800 Balas’ es, por tanto, el colérico recorrido a través de las vidas de pequeños tipos, condicionalmente miserables, que se subsisten en una cotidianidad anacrónica, anclados en un pasado que les descubre ridículos, pero que extrapola su condición de mezquinos para divertirse y romper los esquemas, para vivir de la única forma en que fueron felices. Sobre este inexorable soporte, ‘800 Balas’ se presenta una síntesis de solemnidad y picaresca, de ritualidad e ignominia, de fatalismo y escepticismo, de exaltación y desengaño, pero sobre todo, de farsa y tragedia. Conceptos antagónicos que otorgan la necesaria maestría de uno de las ofrendas más memorables que se recuerden en nuestro cine a la gente anónima que se dedica al difícil mundo del celuloide. Un sincero y honesto homenaje a los buenos, feos y malos que un día vivieron la gloria de Almería. Con un inicio un tanto esquemático e irregular, ‘800 Balas’ va elevando su espectáculo a lo largo de un metraje que incrementa su ritmo hasta construirse en una sólida obra llena de un ingenio que Álex de la Iglesia dilata con una desbordante honestidad hasta alcanzar un final lleno de espectacularidad, donde el director puede desplegar sus habituales arsenales de estruendosa potencial visual, allí donde la narrativa fílmica se vuelve prodigiosa. El nuevo y esperado viaje  Un universo, el de Álex de la Iglesia que está compuesto, en su esencia (a excepción de ‘Perdita Durango’), por viajes a la España más profunda y lúgubre, repleta de iracundia, constantemente narrados con un sentimiento que asocia acrimonia y nostalgia. Y ‘Crimen Ferpecto’ no es una excepción a esa genealogía, ya que en ésta, es, según su autor, “una gran bofetada a ese tipo de gente que se cree que puede triunfar, que tienen una meta, que creen en la leche de soja y que se ven derrotados por las ridículas ideas de los que verdaderamente conquistan el éxito, siempre salidas de absurdas mentalidades que les convierten en payasos”. Con un correoso y malintencionado humor, De la Iglesia advierte con ‘Crimen Ferpecto’ (tal vez la comedia más pura de toda su filmografía) esa exigencia de honestidad que todos aspiran a tener, pero que en el fondo es ficticia, porque todo ser humano tiene fisuras y comete errores que los conviertan en frágiles, miserables y llenos de defectos. El juego sintáctico del título de la última maravilla de Álex de la Iglesia es un homenaje a la película de Hitchcock, pero también a Luis Buñuel, a su oscuro mundo de maniquíes y crímenes planificados. Para el cineasta vasco "pedir una perfección social genera locura y la sensación de que todo lo que nos rodea nos define es un crimen social”. En esta comedia a modo de cruel reflexión moral, De la Iglesia vuelve a jugar con conceptos que han definido un estilo argumental que ha significado la excepción de la evolución hacia un cine personal dentro del actual cine español: un cine de antihéroes, de pequeños perdedores que se ven desbordados por una historia que les supera, repartiendo ácidas e hilarantes críticas a diversos estratos de la sociedad (en ‘Crimen Ferpecto’ a la cotidianidad aburrida de la familia, la normalidad idiotizante o los ‘mass media’ de la telebasura). Una idea que se reconvierte, como bien apunta el director de ‘800 balas’, “en el pánico a ser normal, un imbécil más entre miles de imbéciles, con una vida mediocre y ñoña, llena de niños y cortinas a juego con el sofá. Descubrir que el Infierno existe y que el Demonio es pequeño, feo y lleva faja y sujetador color crema”. 
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lunes, octubre 25, 2004
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El corto, como medio de instrucción para el difícil camino al largometraje, sigue siendo la única forma de disciplina conductiva para mostrar las futuras y nuevas formas de estilos y miradas que generan prometedores talentos en el mundo del cine. En los cortometrajes actuales, en su gran mayoría, se tiende a delimitar la importancia del contenido a la comedia, género que la mayoría de los cortometrajistas elige como vía de desplegar sus ideas, o al efecto formal o giro argumental que tanto daño está haciendo a la narrativa cinematográfica actual. El riesgo del drama, del más oscuro objetivo desplegado en el terror y del compromiso con la novedad o la dificultad de contar algo nuevo son elementos que empiezan a escasear en un mundo que se ha multiplicado con el paso de los años y que, gracias a la digitalización del medio, ha acrecentado el número de obras y formatos, dando una proliferación de diversas miradas y personalidades en los miles de realizadores que sueñan con dirigir cine. Una destacada muestra de este género de corta duración es ‘Escarnio’, de Raúl Cerezo, una obra de cámara, de cuidada estética y de logros que van mucho más allá del mero aprendizaje cinético que tiene la dirección y la puesta en escena de un guión. Para la ocasión, Cerezo ha optado por la adaptación de un texto ajeno, materializado en la adaptación del cuento ‘La gallina degollada’, de Horacio Quiroga, uno de los escritores latinoamericanos menos comprendidos en su época, pero que en la actualidad se presenta más que contemporáneo, ya que su carrera literaria se compone de una narrativa actualizada con el paso de los años, debido, fundamentalmente, a la parvedad de un tiempo delimitado y de una idiosincrasia o geografía específica. Es en esa universalidad, casi siempre en el lado más torvo y profundo de la psique humana, donde se sitúa este pequeño e inquietante cuento que el joven cortometrajista lanza como su trabajo más importante hasta el momento. Tomando el punto de partida y el final del extraordinario cuento, Cerezo narra la historia de un matrimonio que espera con ilusión tener descendencia. Pero no todo es como se pensaba, ya que los trillizos de la pareja quedan sesgados mentalmente y sumidos en la anormalidad debido a una extraña enfermedad. Mientras el padre les cuida, la madre les repudia. Con la llegada de una bella hija sana que crece feliz junto a sus padres, los tres hijos enfermos, depreciados por sus progenitores, son recluidos en casa de la hermana de la madre. El recuerdo de esta tía decapitando una gallina para una comida, desencadenará un trágico desenlace que tiene como consecuencia la curiosidad por lo prohibido y el resultado de la crueldad más egoísta. Respecto al relato de Quiroga, los firmantes del guión, el propio Cerezo y Ángeles G. Rivera, se han tomado algunas licencias para acomodar la trama a sus propios objetivos argumentales y escénicos. Así, los cuatro niños ‘idiotas’ (llamados así en la obra del escritor), se transforman en trillizos para agilizar la trama o la inclusión de la referencia al libro infantial de ‘Ricitos de Oro y los 3 ositos’, para el paralelismo de la niña y esos tres peligrosos hermanos. También es importante la figura del oscuro y mefistofélico médico en la acción, un misterioso pozo, el oso de peluche como clave para atraer la curiosidad de la niña por los hermanos y la sordera de la hermana como la inevitable excusa de la tragedia. Tal vez en estos cambios, influye el peso de percibir que la irracionalidad bestial de los ‘idiotas’ viene dada además de por la obsesión de una imagen, de un degollamiento animal (en este caso una gallina, resuelta con gran resolución visual por parte de Cerezo), a causa la incomprensión del acto, subversivamente diabólica y cruel, en una venganza oculta por la atención que les ha quitado su hermana, que dan a la acción una oscura legitimidad para el fratricidio y que en el corto no se percibe debido al repentino alejamiento de los niños deficientes de su familia. Aún así, la fidelidad al espíritu del relato no se pierde en ningún momento, algo de agradecer al realizador y co-guionista.  ‘Escarnio’ es una oscura fábula sobre el rechazo, la humillación y el desconsuelo, sobre la ambición de la perfección y el maltrato a la anormalidad. Pero también sobre la enfermedad y el defecto humano, ya que física o psíquicamente todos los personajes, menos la niña idealizada en la pureza inocente, están sumidos en la malformación. La gran virtud de este ejercicio visual y guionístico vienen dado por dos razones. La primera se fundamente en el riesgo que se ha tomado al plasmar una historia no exenta de conflictividad a la hora de llevarla a imagen, abordando un cortometraje difícil de digerir, posicionándose en unos designios visuales que se entroncan con el idealismo genérico al que está encaminado el cortometraje. El segundo gran hallazgo es la cuidada fotografía de Álvaro Germán Vilela y su conseguido acabado visual, que juega con el avance de la historia para cambiar de tonalidades, apostando por la variedad de una gama cromática que va ‘in crescendo en una pretendida narración de predilección atmosférica (mucho más conseguida a partir de la aparición de Bertita, la niña pequeña). Tal vez se eche de menos la explicitación de la crueldad final y su asociación inherente al cuento de Quiroga, ya que en vez de ver a la niña gritando y pidiendo auxilio mientras sus hermanos ‘idiotas’ la arrastran hacia la muerte siguiendo el mismo ritual que con la gallina, se centra en la suavización de la imagen explícita en pos de la elipsis y la sugerencia. Lo que menos convence, de todos modos, se sitúa en el apartado interpretativo que, dada la excesiva frialdad de los rostros de Ignacio Gijón y Belén Ponce de León con sus hieráticas composiciones, no logran transmitir la fuerza que tienen los personajes. Si a esto, unimos una evidente apatía en la dirección artística, en los interiores vacíos que sufrirán los que tengan el ‘horror vacui’ artístico (otra cosa es que el director lo haya querido así bajo una intención de desconocida índole), ‘Escarnio’ recoge pequeñas irregularidades que se encubren, sin embargo, en los muchos logros que esconde una ennegrecida y obsesiva historia, de una crueldad transparente, dirigida con buen pulso e ilusión contagiosa por parte de Raúl Cerezo. ‘Escarnio’ es, por tanto, un paso evolutivo hacia algo más grande, de más empaque, conformándose como un más que digno cortometraje en el alicaído y formulista universo del cine en pequeño formato. PD: Vamos, que me ha gustado.
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domingo, octubre 24, 2004
Gracias a 'Un toque de azufre', la más que interesante weblog del gran Antonio Trashorras he leido una noticia que me ha inquietado. Y es que según 'Estilismo.com' los hombres que no se afeitan diariamente no sólo disfrutan menos del sexo (algo, que, en mi caso, es totalmente cierto), sino que también tienen un 70% más de probabilidades de sufrir un derrame cerebral. Esta noticia tan extravagante se basa un estudio que han llevado a cabo científicos de la Universidad de Bristol (Reino Unido), que estudiaron a 2.438 hombres para averiguar la relación entre el afeitado, las enfermedades coronarias y los derrames cerebrales. Durante los 20 años que duró el estudio, se produjeron 835 muertes, sobre todo entre aquellos que menos se afeitaban. Aunque en el elevado número de fallecimientos también tuvieron que ver el tabaquismo y el pobre estilo de vida de los hombres que no se afeitaban todos los días, estos factores no explicaban el aumento de las apoplejías. Los hombres con barba tienen menos probabilidad de casarse y, normalmente, ejercen profesiones en las que no se exige buena presencia. Asimismo, tienen menos orgasmos y, cuando se excitan suelen ser periodos breves, además de sufrir de angina o crisis de espasmo coronario. Shah Ebrahim, del departamento de medicina social, explicó que la baja frecuencia de orgasmo en los hombres que no se afeitan regularmente podría ser porque tenían concentraciones bajas de testosterona.Una de las causas señaladas para explicar el mayor riesgo de derrames cerebrales o infartos de miocardio es que las concentraciones de las hormonas sexuales circulantes en el cuerpo podrían influir en el proceso de formación del ateroma, una placa de grasa que se deposita en las arterias. ¿Me lo creo o qué hago? Ains...
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Es el lema que Telecinco lanza para apoyar, cada mes, a entidades y ONG's que luchan contra las injusticias en el mundo. Entre estas organizaciones se encuentran el Instituto de la Mujer, Save the Children y Fundación Mujeres Themis y bla, bla, bla... A lo que voy. No sé si habéis visto el anuncio de este mes dedicado a denunciar los casos de violencia doméstica y ofrecer pautas de actuación a los espectadores que conozcan alguna situación de malos tratos en su entorno. Pues bien, lo que podría ser un mensaje serio, de alcance y demás, queda oscurecido por lo absurdo del 'spot'. Evidentemente no por lo que dicen, que es cosa muy grave, si no por la forma en cómo está rodado el anuncio. Analicemos: vemos un rostro conocido y cercano, muy atractivo y deseable como el de Carme Chaparro, la presentadora de Informativos Telecinco (ahora el fin de semana). Cuando se retira, intuimos que hay una fila detrás de ella. Y así es. Queda el plano con Carmen Machi y seguidamente sale la sugerente Alicia Borrachero. Hasta aquí todo perfecto. Las tres sueltan su eslogan "Un maltratador es fuerte si lucha uno contra uno. Pero si luchamos 40 millones contra uno la cosa cambia. Si eres testigo de un caso de malos tratos no te conviertas en cómplice. Denúncialo. Juntos podemos acabar con esto" y todos tan contentos. Ahora bien, lo divertido (o triste) de la situación es ver el ninguneo que le hacen al resto de la enorme fila. Ninguna sola mujer habla. Lo más descojonante de todo es la cara de la pobre señora que se queda detrás de Machi que no sabe muy bien qué decir y hace un gesto de afirmación, como asustada, acojonada ante un director que sólo ha querido que salgan bien las tres famosillas de turno. Podéis verlo aquí, que no tiene desperdicio. Creo que es lo más risible de la tele en estos momentos. Lo que yo digo es: ¿No sería más eficaz que salieran mujeres que han tenido la valentía de denunciar los malos tratos? ¿Vende más la imagen de una presentadora y dos actrices?
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Justo hoy, hace una década que nos quedamos sin Raúl Juliá, uno de esos actores que ha dejado una huella imborable en el cine contemporáneo. Fue Orson Bean quien motivó al actor de origen puertoriqueño a que probara suerte en USA. Suguiendo este consejo Raúl llegó a ser muy reconocido en Broadway. 'The Cuban Thing', Othello (con la participó en el Festival de Shakespeare de Nueva York a lo largo de 16 años), la comedia 'Two Gentlemen of Verona', con la que en 1971 obtuvo su primera nominación al premio Tony. 'Where's Charlie?', 'The Threepenny Ophera' y 'Nine' fueron sus trabajos más aplaudidos en las tablas. Pero todos le recordaremos por su gran éxito en1985 cuando interpretó a Valentin Arregui en la película 'El Beso de la Mujer Araña', de Héctor Babenco, junto a William Hurt, Sonia Braga, José Lewgoy, Milton Gonçalves y Miriam Pires. 'Corazonada', de Coppola, 'Conexión Tequila', de Robert Towne (una de mis película malditas más adoradas), 'El principiante', de Eastwood, 'La Peste' o su papel más comercial como Gomez Addams en las dos partes de 'La familia Adams' fueron algunos de sus trabajos más conocidos. Por otra parte, su contribución a causas humanitarias fue invaluable. Juliá tenía la firme convicción de que el hambre podía exterminarse en el mundo y eso le impulsó a apoyar organizaciones como The Hunger Project.
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Latre, J.T. Walsh y RickmanTumbado el en sofá con resaca abundante y pocas ganas de hacer nada, he zapeado y he visto un buen rato 'El negociador', la entretenida película de F. Gary Gray. Pues bien, me he dado cuenta de que uno de esos secundarios de lujo, J.T. Walsh (que murió hace ya seis años) sumado al parecido que tiene a un Carlos Latre cada vez más gordo, son iguales al otro secundario e impresionante actor Alan Rickman. ¿No? PD: Lo sé, lo sé. Es una chorrada.
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Acabo de leer que tras 34 años de minucioso trabajo, científicos de la más prestigiosa universidad agraria de Perú han dedicido, por consenso común, imagino, crear una nueva opción culinaria para la exportación que esperan conquistará al mundo: el súper conejillo de indias. Cuando yo era pequeño iba a un parque llamado Alamedilla a darle 'Gusanitos' a estos pequeños y tiernos animalillos y nunca pensé que fuera un 'petit grand plat'. Y es que parece ser que apesar de que en casi todo el mundo los conejillos de indias sólo se usan como mascotas de niños tipo Heidi (con coleretes montañeros incluidos) o crueles experimentos famacéuticos y de vivisección, en las montañas de Perú los campesinos los crían desde tiempos inmemoriales para servir como aquí comemos pollo. Se calcula que unos 65 millones de los peludos y simpáticos animalillos van a parar anualmente, sin pelos pero a veces sí con patas y cabeza, a las mesas peruanas. Y ya unos mil súper conejillos, llamados 'cuy' en Perú, se están exportando semanalmente a Estados Unidos, Japón y algunos países europeos donde hay grandes concentraciones de emigrantes peruanos. A mí me han entrado ganas de comer un bicho de estos. Precisamente, el otro día en La 2 vi un documental de estos en el que una rubia atractiva recorre el mundo en busca de nuevas culturas y abrir una ventana al conocimiento de otros lugares (parezco Kay Rush en 'Nosolomusica') y el 'cuy' era como un manjar, con una pinta más que apetitosa y con su salsa y todo. Será cuestión de cogerles el gusto. Los nuevos animales son casi dos veces más grandes que los hamsters a los que estamos acostumbrados y pesan poco más de un kilo de jugosa carne, con un alto contenido de proteínas y es baja en grasas y colesterol. También he leido, documéntandome sobre el tema, of course, que tener uno de estos animales como mascota significa contar con un amigo tranquilo y cariñoso. Aunque al principio se suele mostrar tímido e incluso reacio al contacto con las personas, en cuanto coge confianza es muy sociable. Para ganar su confianza es aconsejable que al menos durante las primeras semanas, sea siempre una misma persona quien lo cuide. Después, cuando esté bien cebado y le hayas cogido cariño, le asestas un cuchillazo en el cuello, lo pelas, lo sazonas y a la cazuela. Así de fácil. ¡Bon apetit!
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sábado, octubre 23, 2004
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La Comisión Europea inició ayer su campaña antitabaco de mayor impacto con la presentación de una selección de 42 fotografías de choque para incorporar a las cajetillas de cigarrillos. Más cerca del ultragore, la náusea, el impacto desapacible, de una frialdad heladora, las fotos muestran espantosos tumores de garganta, dentaduras carcomidas, pulmones devastados, pacientes entubados, cadáveres en la morgue, operaciones a corazón abierto, niños con respiración asistida y pieles cancerígenas. Y no sólo eso, sino que van acompañadas de mensajes como "los fumadores mueren prematuramente", "fumar puede provocar una muerte lenta y dolorosa" y "fumar causa cáncer mortal de pulmón". Ya era hora de mostrarles a los que fuman de qué manera actúa el tabaco en sus vidas. El fumar no es el símbolo de un vaquero en la estepa yanqui mientras unas reses corretean alrededor de su caballo. No. Fumar provoca el envejecimiento de la piel, enfermedades crónicas y la muerte. ¿Qué se va a dejar de consumir tabaco? Claro que no. Pero el hecho es que las imágenes acojonan por sí solas. Lo malo de esta campaña es que a España, de momento, no llega porque Ministerio de Sanidad, regentado por Elena Salgado dice que la medida será objeto de debate dentro de la estrategia global del Gobierno contra el tabaquismo, que culminará con una norma, a mediados del 2005. A ver si va a ser ‘politicamente incorrecto’.
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Sí, amigos. Por fin llegó el esperado estreno de 'Crimen Ferpecto', posiblemente, la mejor película española de este año y una de las mejores realizadas por el gran y magnánimo Álex de la Iglesia. Podréis volver a leer la crítica que escribí cuando vi la película en 'Fotofilm' en Madrid el pasado 1 de septiembre. pichando aquí, especialmente editada para la ocasión. "...En un magistral retrato de la condición humana, la superficialidad, la sociedad de consumo, la belleza y la maldad, Álex de la Iglesia hace que las situaciones más normales se vayan transformando, irremediablemente, en surreales pesadillas. Pesadillas salpicadas de imágenes oníricas y alucinógenas (fantasma incluido) que avanzan en la desesperación de un hombre que tiene en la venganza la única salida...".  Por cierto, 'Crimen Ferpecto' supone mi estreno, mi primera experiencia, en el maravilloso (y fatigante) mundo del 'extra cinematográfico', esos humanoides que, en pequeños retazos visuales, llenan y hacen bulto detrás de los protagonistas. Una lección empírica de cómo sufrir la peor de las borracheras engarzadas a la peor de las rescacas. Sin dormir, empalmando una de las noches más divertidas y amiguetiles del año, me maquillaron ante la supervisión de Pepe Quetglás y me uní al 'Foro de la Bestia' para pasar uno de los calvarios más hilarantes, absurdos y divertidos que he tenido la ocasión de sufrir. Inolvidable. Sobre todo, la gran y mítica frase que, en boca del increíble Adolfo 'Orvil', en medio del fragor de 'clowns', dejó un momento para enmarcar: "¡Queremos ver a Kresta!".  De esta guisa aparezco en el último plano, en una panorámica ascendente de grúa que cierra la película. Fijaos bien en el payaso de amarillo que más baila, que más vivaz parece y que más saltos da. Ése soy yo. Entre el cuadro 'clown' que hacen una fila doble como paseillo para Lourdes (genial Mónica Cervera), cuando Rafael (el personaje de Willy Toledo) se encamina hacia la alfombra rojo en la Calle Preciados. Seguro que me distinguís. Mi recomendación es evidente y palmaria: ¡Id a ver esta película! Podeís disfrutar de una entrevista a Álex de la Iglesia y un dossier del mítico cineasta publicados en El Mundo.
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viernes, octubre 22, 2004
Ayer se vivió uno de los momentos más vergonzantes que yo he tenido la desgracia de presenciar en televisión. Me dispuse a ver 'Lo + Plus’ con la intención de disfrutar de la promoción en del carismático y tomético Álex de la Iglesia y Guillermo Toledo con motivo del estreno hoy mismo en toda España de su nueva y maravillosa comedia ‘Crimen Ferpecto’. Pues bien, los chicos ‘pluseros’ tuvieron a bien conceder una miserable entrevista de tan sólo 15 minutos, una de las más cortas que yo recuerde cuando han llevado a un cineasta de peso (y no lo digo por Álex) para vender su última película. Es algo que parece normal en esta nueva temporada, tan dada a diversificar contenidos, como ya hicieran en una de las primeras etapas, cuando todavía estaba el nunca bien ponderado Máximo Pradera y que supone un paso atrás debido a lo errático y descompensado con se materializa el experimento. Sin embargo, resulta bastante paradójico, que la entrevista que le hicieron a Amenábar, Bardem y la Rueda supusiera el total del programa, como si hasta entonces nadie supiera muy bien que se estrenaba la película sobre Ramón Sanpedro. Más que nada por las dos semanas incesantes de bombardeo mediático que hicieron que hasta la abuela que no iba al cine desde los tiempos de Paco Martínez Soria desempolvara su monedero para descubrir que el cine es en color y ‘muy original’ en manos de Alejandrito (de ahí que esté Las preguntas son: ¿alguien ha visto o se enterado de esa más que correcta película de terror que es ‘Hipnos’? ¿Alguien sabe que es el debut tras las cámaras del joven David Carreras? ¿ Cristina Brondo, increíble actriz –la revelación del año-, ha tenido las mismas oportunidades del imperfecto trabajo de Belén Rueda para darse a conocer al público? Es más ¿se le está dando promoción al cine español? La respuesta es evidente; Si no eres Pedro Almodóvar o Amenábar (curioso el cariño que ambos se tienen), no. Lo peor de todo no ha sido la sonrojante deflación temporal a la que se han visto sometidos Álex y Willy, ambos poseedores de unas intachables carreras cinematográficas, con experiencias que compartir, anécdotas divertidas que narrar y dictámenes prácticos sobre su profesión, como digo, en un tono solaz e instructivo que estaba siendo de lo más divertido. Lo más vergonzoso, la mayor de las soflamas demostradas por esta tendencia absurda hacia la futilidad catódica, ha sido comprobar a aquellos a los que le han dedicado el resto (casi la gran parte) del programa: me refiero a los supuestamente ‘guapos’ Pablo Martín y Jorge Fernández, dos individuos que lo máximo que han hecho en sus intrascendentes vidas ha sido resultar atractivos a un grupo de mujeres de mentalidad baladí que gustan de la superficialidad más chabacana. Dos tipos ridículos, nulos, cuyo único logro en esta vida ha sido ser elegidos Mister España, importantísimo título que otorga un trabajo de por vida. Dos mindunis, en definitiva, que únicamente por posar y cultivar su imagen se han ganado un puesto en una profesión de la que muchos tenemos el título y una brillante formación, pero seguimos en Paro viendo como estos mugrientos especimenes siguen abarrotando programas de televisión con una sonrisa fingida de gigoló de lujo. Ya sé que estos pobres diablos no tienen la culpa de haber reducido el tiempo del director y el actor de ‘Crimen Ferpecto’, sino la elección ha sido de los responsable de ‘Lo + Plus’.  Lo más triste de todo esto fue, que a lo largo de la extensa entrevista, los dos ex misters no aportaron nada interesante, ningún punto de vista válido, ni siquiera algo que mereciera la pena escuchar. Se dedicaron a arengar sobre su condición de ‘metrosexual’ (uno de los temas más profundamente trascendentales del último año), del ejercicio y el tiempo que invertían para tener su abdomen como una tabla de planchar, de las cremas que se echaban para estar más atractivos, de las melindres que colman en sus frondosas cabelleras y chorradas de este calibre. Por si fuera poco, tuvieron a bien intentar resultar ingeniosos y perspicaces comparando la imagen del presidente Zapatero con la de Garbamel (qué triste reflexión). Eso sí, hablando con una perfecta dicción de clase particular. También dejaron joyas acerca de que en su infancia, ambos querían ser indios (sic.). Perfectos ellos en su exterior, fatuos y vanidosos en el fondo, ostentando que bajo su cara bonita se esconde un cerebro que está rodeado por una fina membrana de mierda e imbecilidad. Ello, oye, me hizo pensar en lo desagradable que resulta ser perfecto. Lo mucho que odio seguir las imbecilidades de miles de idiotas que se creen la voz de la sociedad a favor de la imagen y la estética. No quiero hacer ejercicio o llevar una vida sana. No quiero estar al servicio de la apariencia de esta nueva moda inscrita en la subnormalidad moldeada a través de un narcisismo galopante y escandaloso. Odio la perfección. Quiero estar gordo, quiero emborracharme, quiero ser libre y no estar atado a la imagen. Quiero quedarme calvo y disfrutar como un cosaco de la vida. Hay que tener muchos defectos para ser humanos, ya que las virtudes forman parte de la pequeña bondad de los errores que se cometen. Sólo así se aprende a ser humilde. En conclusión: quiero ser feliz, aunque no pueda ni sepa cómo. A todo esto, saco a colación el tema más polémico de la semana, el que más hojas ha llenado los periódicos, más palabras se han escupido por los expertos tertulianos que dicen saber de todo y no tienen ni puta idea de nada y que más reportajes ha emitido la televisión: es, como no podía ser de otra manera, la polémica de las ‘mujeres florero’ que Hugo Boos ha utilizado vilmente en el ‘Masters Series de Madrid’ como escaparate de su marca, disponiendo de modelos para un beneficio de lucro y comercial. Ha sido bastante ridículo ver a tías explosivas correr torpemente detrás de las pelotas de tenis, más preocupadas no llamar la atención que por hacer bien un trabajo que se les queda grande y para el que no están preparadas.  Estoy de acuerdo con Ángeles Álvarez y Soledad Murillo cuando han afirmado que estas chicas tan monas ofrecen una visión discriminatoria de las mujeres, que aparecen como simples objetos de decoración y divertimento. Claro que sí. Las modelos se deberían dedicar al siempre controvertible mundo de la moda, a lucir los trajes y tendencias. Ése es su trabajo y es lo que mejor hacen, porque se han preparado para ello y sacrifican su vida en pos de una labor sufrida y pocas veces reconocida. Hay que defenderlas en su terreno, pero no cuando pretenden acaparar, usurparles el puesto a los chavales que se dejan la infancia y el dinero en su sueño de llegar a dedicarse al mundo del tenis. Las madres de los niños recogepelotas están indignadas. Y no es para menos. Y que nadie me venga con que, por ejemplo (como se ha llegado a oír) las ‘Cheerleaders’ también son vejadas por su utilización degradante porque NO. Son bailarinas profesionales que entrenan sus coreografías tanto o más que cualquier jugador de la NBA. Lo que hay que procurar es que cada uno se dedique a lo suyo y dejarse de rollos estéticos. O si no ¿vosotros creéis que a mí me darían una oportunidad para desfilar con ropa Calvin Klein? Pues entonces. Ya está bien de tanto intrusismo.
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jueves, octubre 21, 2004
Gil Cates será el encargado de dirigir la próxima 77ª ceremonia de los Oscar© que tendrá lugar el 27 de Febrero de 2005 en el Kodak Theatre. Él mismo ha sido el encargado de anunciar que el cómico Chris Rock será el presentador de la ceremonia. Gates ha dicho "Siempre me hace reír y siempre tiene algo interesante que decir. Chris representa lo mejor de la nueva generación de comediantes". Y yo me pregunto que dónde está la puta gracia de este cómico tan sobreactuado y autocomplaciente con sus gilipolleces. Billy Crystal vuelve a dejarnos con las ganas de volver a disfrutar de su 'show'. Mala suerte para los que estamos ya desencantados con esta ceremonia tan futil y absurda. Pero he de reconocer que siempre pico y me la trago.
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miércoles, octubre 20, 2004
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Como muchas veces en esta vida, la realidad supera o iguala a la ficción. De eso, no cabe duda. El último ejemplo, se da en la película 'Eternal Sunshine of The Spotless Mind', de Michel Gondry, ya que ha aparecido algo que muchos podrían llamar 'acojonante'. La noticia tiene que ver con una nueva y revolucionaria píldora que borra recuerdos. La misma se traga inmediatamente después de sufrir una experiencia aterradora, y el efecto de la pastilla logra reducir el riesgo de sufrir lo que se conoce como estrés post traumático. El estudio forma parte de un promisorio pero controvertido campo de investigaciones que busca modificar, o borrar de ser posible, el impacto de los recuerdos dolorosos, concepto bautizado "olvido terapéutico". Los investigadores aseguran que pastillas de este tipo podrían prevenir o servir para tratar a soldados que deben hacer frente a los horrores de la guerra, víctimas de la tortura en recuperación y otros que hayan vivido experiencias graves, devastadoras desde el punto de vista psicológico. Roger Pitman, profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard, estudia esta droga llamada propranolol, que bloquea la acción de las hormonas del estrés que graban recuerdos en el cerebro. Los resultados fueron tan promisorios como para que los investigadores ya estén pensando en realizar más estudios en otros países, como Canadá e Israel. De todos modos, hasta ahora, las investigaciones mostraron que los efectos emocionales de los recuerdos se pueden mitigar pero no borrar. Yo eliminaría de mis recuerdos el día que la chica que me gustaba Cristina Alegre prefirió un aparato de vídeo a salir conmigo, o la zorra de Silvia, o a Mayte... No sé por qué pero ahora sólo recuerdo los malos momentos con féminas que me han puteado. ¿Por qué será que estos temas son los menos trascendentales, pero a su vez los que más nos marcan? ¿Vosotros qué borrariáis?
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Entre el espectáculo comercial y la artesanía autoral Guillermo del Toro ha conseguido lo impensable: adaptar un cómic a una superproducción sin perder su constante estilo ‘artesanal’. Al contrario que Marvel y DC Comics, la Dark Horse Comics ha confiado siempre en historias algo más arriesgadas y oscuras, ofreciendo al lector nuevos enfoques en las aventuras de superhéroes. El respeto de esta importante editorial por los derechos de los creadores es ya una leyenda en el Noveno Arte, y por ello procura atraer a los mayores talentos de la industria que no quieren ver su trabajo diluido o prostituido por las grandes firmas. En este sentido, resulta sorprendente que esta iniciativa tan loable y deferente con el autor haya tenido una extraña concordancia con la traslación del cómic a la gran pantalla en ‘Hellboy’, debido, en su totalidad, al respeto de Guillermo del Toro por el personaje y por su trabajo codo a codo con el creador de la criatura, el mítico Mike Mignola. La sumisión ante el espíritu del cómic por la película se ha llevado con una escrupulosidad intachable, no sólo en el apartado estético y gráfico, sino en el argumental y narrativo, al acatar la personalidad de sus extravagantes personajes y sus relaciones humanas en un mundo apocalíptico e insondable. Un aspecto éste último en el que, al igual que en las páginas tebeísticas, la melancolía característica de los cómics de Mignola se cimienta en lo oculto y lóbrego, pero también en la sensibilidad y tristeza moderada por un humor socarrón que identifican al demonio rojo.  Sin embargo, la mayor virtud de ‘Hellboy’, paradójicamente, es que su aproximación al mito creado por Mignola es menos ultraortodoxa de lo que se podría haber esperado. Y es ahí donde entra el potencial avasallador y cinematográfico de Guillermo del Toro, el mejor exponente de ‘autor’ moderno dentro de un género fantaterrorífico que abusa de la caótica y funcional directriz de los efectos especiales como reclamo, buscando el efecto comercial más que el artístico, donde sólo Bryan Singer y Sam Raimi han salido indemnes de la maquinaria lucrativa de las grandes productoras que han abordado la adaptación de un cómic. En contraste con la última moda por ver estas publicaciones llevadas a la gran pantalla, convertidas en un constante prototipo endémico que se fragmenta bajo la inmutable negligencia de los directores y guionistas que lo llevan a cabo, ‘Hellboy’ puede considerarse una excepción, fundamentalmente porque Del Toro es, por méritos propios, uno de los escasos realizadores postmodernos capacitados para conjugar la línea lúdica y aparentemente superficial de la ‘serie B’ con un sorprendente nivel de autoría en una superproducción de Hollywood. Todo, porque el cineasta mexicano ha equiparado de forma constante y valientemente la homogeneidad entre el cine de autor y el cine de género. De esta reflexión se extrae la dinámica e impetuosa percepción visual y narrativa de un realizador capaz de cultivar con un gran talento de artesano una mezcla ‘kamikaze’ de cine fantástico, terror gótico y ciencia ficción, jugando con estos conceptos que adquieren su mayor potencial cuando se consuma con referencias a la cultura popular, al ‘pulp’, a la órbita del gótico y a los cómics de aventuras.  En ‘Hellboy’, Del Toro equilibra con precisión esas exigencias que impone el cine comercial y masivo adoptando una personal mirada con sello de autoría y control sobre el producto. Algo inimaginable en la industria hollywoodiense, con la excepción de Peter Jackson. Si bien es cierto que el cómic de Mignola es más oscuro, terrorífico y depresivo, Del Toro recoge en su película lo mejor de este antihéroe que no es más que un sardónico cúmulo de tradiciones genéricas; como la temática de la literatura fantástica, la serie B de terror, los relatos de ‘mad doctors’ y una visión gótica de la vida. En este sentido, tanto Del Toro como Mignola han dejado claro un entendimiento afín por el buen resultado de la adaptación del cómic. Para ello, en ‘Hellboy’, todo está estudiado al milímetro, ya que la ambientación, la estética atenuada (y en contraposición, de vivos colores), la luz, el vestuario y la narrativa del realizador azteca se corresponden con cualquier viñeta del dibujante americano. La accesibilidad de los conceptos de Mignola, la energía de sus personajes cinematográficos y el entusiasmo de la dirección hacen no sólo hacen que esta película vaya más allá del ambicioso encargo hollywoodiense, sino que se convierte en una atmosférica y apasionante experiencia circunscrita al cine de aventuras creado con brillantez, divertimento y con una falta de pretensiones que acrecienta una película que se revela como la mejor adaptación de un cómic en una era de tediosos formulismos.  Ya desde el prólogo, extraído de la serie ‘Semilla de destrucción’ de ‘Hellboy’, en la neblinosa Escocia, donde los nazis convocan las monstruosas entidades Ogdru Jahad, los siete Dioses del Caos, para el apocalíptico nacimiento de una bestia que ayude a Hitler pero que termina cayendo en manos de los aliados, Del Toro asume totalmente la condición de una adaptación ‘tebeística’ diferente y propia. Aunque resulte espectacular, el desenlace de esta pequeña pieza de artesanía y su encadenamiento con el comienzo de la historia, ya situado en la actualidad, hace percibir una quietud y un equilibrio enfocado más al tono ambiental y a la profundización de los personajes que al abuso de los efectos especiales o secuencias de acción y lucha. Y eso es de agradecer, porque los seguidores del cómic saben que ‘Hellboy’ no es un tebeo de acción y para su adaptación al cine se han sacrificado ciertos elementos de frenetismo y ritmo típicos del género para centrarse en cosas más importantes. Con estos elementos, la cinta se debate permanentemente entre dos corrientes contrapuestas que adquieren una conseguida armonía; la de la mejor tradición del cine de ciencia ficción y aventuras y la del melodrama romántico de personajes que luchan contra el destino, donde una extraña historia de amor presenta a una pareja a la que les une la necesidad de ser aceptados y que se sienten solos e incomprendidos, pero que aman pasionalmente y sufren con la pérdida de seres queridos. La índole de constante contradicción de antihéroes que no se aceptan así mismos como mutantes, ya no por su aspecto físico, sino por los defectos internos que poseen (Hellboy no se admite físicamente, Abe Sapiens es torpe pese a su inteligencia y Liz vive angustiada por su peligrosa condición), conlleva a una reflexión sobre la anormalidad y el rechazo que la sociedad tiene ante ellos.  Un hecho que, si bien tiene su reciente paradigma en las dos partes de ‘X-Men’ de Bryan Singer, en ‘Hellboy’ resulta más sutil, más cercano. Y pese en ésta se apele en algunos instantes a resoluciones esquemáticas, no hay que olvidar nunca que se trata de un cómic que, como casi todos, se sustenta en una historia básica pero efectiva: enamoramiento, traumas no resueltos, ataques de celos, sarcásticos comentarios y una confrontación homérica entre el Bien y el Mal, dualidad antagónica en la que si se recurre a la naturaleza del propio personaje de Mignola, resulta mucho más interesante si cabe. Es ‘Hellboy’ asimismo un filme de gran belleza estética que mezcla el goticismo más oscuro y tradicional con el cómic y la pintura oscurantista, fotografiada espléndidamente por Guillermo Navarro, que da a la película un tono taciturno, pero a la vez de una fuerte viveza visual. En este apasionante universo donde la pátina cotidiana (y a veces humorística), el terror y la encontrada trascendencia argumental, es donde Guillermo del Toro se granjea la admiración del público con su impronta personal, transformando cualquier tópico del género en su más enérgica arma para su objetivo final: un sólido producto de entretenimiento de calidad. Además, Del Toro sosiega el terror y la violencia referencial de H.P Lovecraft, presente como gran influencia en el cómic de Mike Mignola, a la hora de inspirar los monstruos y fenómenos paranormales que recuerdan a los célebres ‘Mitos de Cthulhu’, para adaptarlos a su mundo idiosincrásico, al cosmos ‘deltoriano’, inundando de correlativos guiños a su obra: insectos, mutantes, barrocos mecanismos de relojería, entes flotando en botes de formol y la inquebrantable disposición a desarrollar las acciones en mundos subterráneos, donde no podía faltar una secuencia en el metro. Hay que destacar también en ‘Hellboy’, de entre sus múltiples logros, la energética y socarrona labor de Ron Perlman como protagonista, el esplendido trabajo de John Hurt como el profesor Broom y, sobre todo, la apagada belleza de una Selma Blair que demuestra su vena más dramática y loable, digna de las mejores actrices del momento. Adjetivos ponderativos que se extienden a la prodigiosa partitura de Marco Beltrami, digno heredero de Jerry Goldsmith, que ha conseguido un ‘score’ muy por encima de lo que estamos acostumbrados a escuchar en este tipo de películas de aventuras. Por último, a pesar de ser un espectáculo comercial enfocado a satisfacer las exigencias de un determinado tipo de público acostumbrado a otro tipo de adaptaciones de cómics, así como al espectador con ganas de entretenimiento en estado puro, ‘Hellboy’ es una fantástica película erigida como ejemplo a seguir a la hora de llevar a cabo esta inagotable moda por la traslación de héroes del cómic a la pantalla. Del Toro ha conseguido, pese a sus algunos mínimos defectos (el excesivo metraje y unos malignos secundarios un tanto abandonados), empatar perfectamente sus obsesiones personales de autor comprometido con su obra con el universo mágico del mejor ‘Hellboy’ de Mignola. Miguel Á. Refoyo © 2004
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martes, octubre 19, 2004
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La revista estadounidense Esquire publica este mes su clasificación anual de las mujeres vivas más sensuales, que en esta ocasión está encabezada por la actriz Angelina Jolie, de 29 años. Y es que es normal. Esos labios cárnicos y empalagosos, edulcorados, llamativos, reales y llenos de sugerente sexualidad, esos ojos felinos verdes e intensos y esa figura de diosa mitológica han sido motivos suficientes para haberla convertido en una mujer inalcanzable. La pequeña Angie sigue estando ahí, con su colección de cuchillos, sus escandalosos tatuajes, manías improcedentes y una filiación altruista por ayudar a los más desfavorecidos. Ayyy... Angelina, Angelina, Angelina... Tras ella figuran la también actriz Halle Berry y la zorrilla, que diga... la cantante, Britney Spears (no sé porqué razón), según informa la cadena de noticias CNN. Otras favoritas han sido Charlize Theron, Jennifer Aniston y Beyoncè. Los tiempos cambian, pero yo sigo estando enamorado de Michelle Pfeiffer y de Jennifer Beals. Ya véis cómo son las cosas.
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Bueno amigos, esta noticia sí que me hace ilusión transmitírosla, ya no sólo por estar seleccionados en el prestigioso Festival Internacional de Cine de Catalunya (Sitges), y porque éste sea un festival que valora en su profundidad el compromiso que tiene por el género al que se vincula. Me siento satisfecho de nuestro trabajo porque ayer, Juanma Pastor, de la sección de Brigadoom, me llamó para pedirme la ficha de inscripción y escuché las melodiosas notas compuestas por Darío Palomo para 'El Límite' de fondo. Al preguntarle sobre si le había gustado el cortometraje, sus palabras sonaron como piropos halagadores al decirme “es de lo mejor que hemos visto en mucho tiempo en la sección”. Por lo que doblemente contento. Bueno, poco a poco, vamos estando presentes en festivales. Y todos ellos de prestigio. Murcia Joven 2004, el International Latino Film Festival de Los Ángeles (en USA) y desde hoy, en Sitges'04.
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De nuevo recurro a la blog de QT ( Quentin Tarantino) para desvelar o indagar un tema que se me antoja más que interesante. Lo cierto es que, como apunté hace unos días, la rumorología apunta a promover un rotundo desmentido de la veracidad de esta weblog que, en principio, se viene diciendo que es del director de ‘Pulp Fiction’. El último gran capítulo ha sido el interés que ha despertado un personaje para una nueva película de este genio de nuestro siglo. Una historia sobre un hombre que, parece ser, no existe. Tommy ‘Two Toes’ Trialdo era uno de los objetivos demandados por QT para adaptar su vida en la gran pantalla y así lo hizo saber en esta fraudulenta ‘weblog’. Pero ¿quién es Tommy Trialdo? Parece ser que el amigo ‘Two Toes’ (‘Dos dedos del pie’ en su libre traducción al castellano) es llamado así porque en 1979 durante de sus operaciones en el cartel de Miami, recibió un disparo en el pie que le hizo perder varios dedos en su huída hacia Luisiana. Bien, Tommy fue uno de los más importantes jeques de la droga y la mafia allá por los años 80. Trialdo era un ‘gángster’ con todas las de la ley. Creció en el Bronx y, cual Callogero en ‘Una historia del Bronx’, de Chazz Palmintieri, pronto empezó a coquetear con los entornos corruptos y malhechores de la mafia. Todo porque cuando era pequeño vio cómo el magnate de la mafia Donald Finichelli, más conocido como ‘La garra’, violó a su madre delante de él como pago de las deudas de su padre, un pobre panadero acosado por el poderoso delincuente que acabaría acosado por los matones de Finichelli recibiendo cuatro tiros en la cabeza, un hecho que marcaría a ‘Two toes’. Convencido de su futuro, se vengó del gran capo infiltrándose en su banda hasta que logró asesinarle con un cuchillo de carnicero. Acto que acabó por darle renombre y levantar ante su figura una nueva banda que amedrentaría a toda la ciudad. ¿No os suena a la trama de ‘Donnie Brasco’? Cuenta esta leyenda que Trialdo estuvo en la cárcel durante cuatro años por tráfico de drogas. Según su propia weblog, insinúa que Henry Hill, el autor de ‘Godfellas’, de Scorsese, le menciona en su novela. El tipo asegura que existía antes de la muerte propagada por la blog de QT. Si eso es cierto, hasta pudo colaborar con Joseph Massino, uno de los más conocidos gángsteres de la era moderna. En su weblog, Trialdo suelta a los pocos días de presentarse al público que ha recibido un mail, curiosamente, de QT, interesándose por su vida para adaptarla al cine. ‘Two Toes’ asevera que un guión sobre su vida escrito por Brian Hedgeland en 1995, ha estado dando vueltas por las mesas de los ejecutivos más importantes de Hollywood y que gente tan trascendental como Steven Spielberg y, sobre todo, Brian De Palma, se interesaron hace tiempo por el proyecto. Casualmente, Trialdo, según cuenta el que se supone que es Tarantino, ha muerto el pasado 27 de septiembre, asesinado mientras daba un discurso contra la violencia en las pandillas de los más bajos fondos neoyorquinos y el riesgo que contrae trabajar en el lado oscuro de la ley, reinsertado ya en la sociedad trabajando al amparo de las buenas conciencias. Describe el sospechoso QT que lo han matado para evitar próximas comparecencias judiciales y que no largara así más de la cuenta. Lo que ha despertado las sospechas sobre la falsedad de esta cinematográfica historia ha sido que por ninguna parte aparece una referencia a Tommy ‘Two Toes’ Trialdo. En internet no hay noticias sobre su muerte, ni su nombre figura en ningún obituario. Además, los internautas más avispados ya se han dado cuenta de que se trata de una misma persona que escribe desde el mismo lugar y tiene cibercostumbres bastante arraigada a una forma de ser; como abrirse una cuenta en yahoo.com, por ejemplo. De todos modos, hasta la revista TIME se ha hecho eco de esta weblog y confirma lo que muchos pensábamos, como que es tan inteligente y se acerca tanto a la figura de Tarantino, que éste, en persona, ha dicho estar agradecido con el juego y la especulación que ha levantado la web entre sus seguidores. Si a todo esto, añadimos que el que dice ser el agente de QT es el que escribe lo que el cineasta le va comentando no coincide con el que es su agente en realidad, Mike Simpson, de William Morris, estamos ante el fraudulento desglose de información inventada por una mente timadora y falsaria, eso sí, muy prodigiosa. Por tanto, el veredicto de la weblog QT es que se ha demostrado su falsedad, amigos. Con lo bonito que era imaginar al novio de Sofia Coppola tecleando para sus seguidores internautas.
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domingo, octubre 17, 2004
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Ir de boda es un evento al que asisto con gran congoja e inquietud. Tener que ir de traje, corbata, chaleco y ponerme zapatos es un acto que, el menos en mi caso, me aterra. Siento pánico y opresión mental y física (mi enorme figura empieza a hacerme sentir a veces como un enorme salchichón o cualquier otro embutido). Aunque la congoja llega meses antes, cuando te llega la invitación y piensas que debes soltar una pasta que no tienes. Aún así, reconozco que soy fan de las bodas. Ayer asistí a una. Y no una boda cualquiera, de esas cargadas de tópicos, de mujeres vestidas de caramelos envueltos en papel de regalo con bolsos futuristas o de hombres con cara de angustia porque les duelen los zapatos. Qué va. Nada de eso, amigos. Ni siquiera se cumplió el ritual de la buena organización de situar a un idiota en cada mesa. No fue así porque ni siquiera había idiotas. Bueno, estaba yo, pero me supe comportar. Una boda de lujo, al más puro estilo imperial. A mí me rebasó tanto glamour y lujo, entre oropel y cantidades ingentes de calidad en todos los detalles de una celebración de este tipo. Una ceremonia original y guionizada por los propios novios (Curro y María José, desde ayer marido y mujer) y con proclamas sociopolíticas en sus discursos (impagable cómo le colaron al cura el rechazo a ‘las guerras preventivas’) fue el comienzo de una tarde llena de excesos. Con dos autobuses nos dirigimos a la ‘Carpa del Jardín del Páramo’, exquisito lugar de celebraciones sólo al alcance de los elegidos, y empezamos a engullir jamón ibérico como si fuéramos niños somalíes de vacaciones en Guijuelo. Tanto comí jamón de guijuelo que en una ocasión en que una bella camarera (qué guapas eran todas, coño), tuve que hacer un gesto de oposición antipática ante la visión de más pernil. Pero es que no sólo había ibéricos, no. Una retahíla de entrantes a modo de cóctel se fraguaron en mi boca en una sensación extraordinaria de sabores indescriptibles (langostinos rebozados con almendras, setas, gulas, tigres, cigalas, fués de todo tipo y condición, faisán, gambas de todas las clases, pulpo, codorniz, toda clase de quesos…). Una odisea para un tragaldabas intemperante como yo. Vinos de reserva, traídos en cajas en las que pone ‘extremadamente frágil’ y cerveza en cantidades que ni vistas en fiestas medievales hicieron que nos sentáramos a comer con una sensación de lleno total. Pobres de nosotros, porque quedaba lo mejor de la noche. A quién le guste el marisco sabrá la sensibilidad orgásmica que provoca comer bogavante, enorme, como sacado de una foto que no puedes creer que sea de un crustáceo real, sino digitalizado y agrandado pro alguna técnica visual. Como Homer Simpson en el episodio de ‘Tenacitas’ ¡Lo mejor, amigos, es que se podía repetir! Y así lo hice. Tras esta fiesta para mi estómago, llegó una de las experiencias más devastadoramente felices que he tenido en mi vida al comer un medallón de ternera sangrante con cebollitas glaseadas…Ummm… Apasionante experiencia que desembocó en unos postres de todo tipo que hicieron que mi chaleco disparase los botones como si fuera una A-KA 47. Después un ‘Chibas’ y un purazo cubano que me hicieron sentir como Orson Welles. Ahora ya sé porqué los gordos los están cada vez más. Y luego baile con bebidas alcoholizantes necesarias para levantar la moral y la vitalidad energética sustentada en la inhibición más desatada, de ésa que te hace bailar, hacer el ridículo con una flor en la oreja o bailar hasta con la tía abuela venida de los confines perdidos de la estepa ibérica. Posiblemente ayer fue la mejor boda a la que asistido nunca, de un mecanismo de relojería en la que nada salió mal. Una pena que no llevara la cámara digital para hacer unas fotos que colgar aquí. Qué gran festín y qué gran noche la de aquel día. Enhorabuena a los recién casados. PD: por cierto, Bernie, que sí existe la palabra infinitud.
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sábado, octubre 16, 2004
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Crónicas marcianas pierde en un año 267.000 telespectadores Ocho años en pantalla, falta de renovación en los contenidos y una buena oferta de la competencia han provocado que 'Crónicas marcianas' ya no sea el líder indiscutible de las madrugadas televisivas. Según datos de Sofres, el show de Sardà ha perdido en un año 267.000 espectadores y más de cinco puntos de cuota de pantalla. 'Dos rombos' (TVE-1) y 'Aquí no hay quien viva' (Antena 3), entre otros espacios, le están quitando cada día más espectadores. Y es que no me extraña. Sardá, cual mercenario, ha hecho de su 'late show' un ejemplo de indecencia paulatinamente mugrienta, la peor basura de los fastos modernos catódicos. El éxito de Sardá no ha residido en su calidad indiscutible o en su titánica capacidad para arrastrar masas. El éxito de 'Crónicas' se ha solidificado en el hecho de que ningún programa se ha atrevido a tocarle los cojones, a quitarle audiencia. Y el espectador, apático ante tanto deshecho visual, lo ha seguido como un espacio de desconexión, de 'stand by' entre el cansancio laboral y el conformismo más insultante. Pero eso no es todo, si a Máximo Pradera no le dejaron ganarle la partida con 'Maldita la hora', el futuro de Sardá parece bastante oscuro (o no). Andreu Buenafuente desembarca en enero y Julia Otero y el Gran Wyoming también pueden darle guerra. Los martes, la tendencia al alza de 'La granja', que supera los dos millones y medio en la franja en que coinciden, y los monólogos de 'El club de la comedia', donde el Gran Wyoming consigue que 970.000 espectadores estén despiertos a partir de la una de la madrugada, suponen una competencia cada vez más peligrosa. El mejor día de Sardá y sus esbirros es el lunes ¿Por qué? Pues de nuevo por la incultura generalista que hace que lo mejor que hay en la televisión en estos momentos, que son las aventuras de Jack Bauer y la UAT en la serie '24' no consiga hacerle sombra. Mientras la serie se queda en un 15,8% y un millón escaso de espectadores, Sardà alcanza las cifras del 2003. Todos los lunes de octubre ha rondado, o superado, los dos millones y el 37,8% de share. Cuánto hay que aprender. De cualquier modo, el hecho de que Sardá pierda audiencia es una muy buena noticia para todos. Si no, al tiempo.
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Cuando en la cartelera existe la oportunidad de ver una película de Tony Scott está claro que se sabe lo que se va a ver. Cuando Tony estrena, hay que ver su nueva invitación al visual mundo estético de efusión y diligencia que nos va a otorgar. Es uno de los mejores directores que hay sólo por una razón: siempre ha sido muy honesto con lo su filmografía y concepto del cine. Nunca ha variado, ha seguido evolucionando en un estilo algo postmodernista lleno de estilos divergentes con una visión siempre enfocada a la acción y la violencia que ahora se eleva a un arte sólo concebible por el pequeño de los hermanos Scott. Comparando a Tony con Ridley, el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio. Tony lo tuvo claro desde el principio. Mientras que Tony progresó en su estética narrativa con películas de componentes cercanas al espectáculo, Ridley realizó obras maestras necesarias para el cine, pero perdió el norte tal vez por su excesivo manierismo megalómano. Fui a ver ‘Man on fire’ (aquí traducido como ‘El fuego de la venganza’ para darle empaque), una reconstrucción embellecida y dilatada sobre la venganza de un guardaespaldas ante el secuestro de una pequeña niña con la que ha establecido un vínculo emocional semipaternal. Todo ello en el México más cruel y sanguinario, más corrupto y actual. Desarrollaría una enorme crítica analítica como suelo hacer habitualmente, pero me voy a recrear en un aspecto memorable del filme. Ya no es el propio Tony y su apabullante manera de mezclar formatos, de escupir virulentamente imágenes de un modo casi estroboscópico, ni de la capacidad de Denzel Washington como el gran mito interpretativo en que se ha convertido, capaz de hacer soberbio cualquier trabajo o de la asombrosa y heterogénea partitura de ese gran compositor que es Henry Gregson-Williams, uno de mis músicos favoritos. Lo voy a hacer con esa pequeña niña prodigio que es Dakota Fanning, el descubrimiento más sensacional de Hollywood en los últimos años. Una actriz de una década de edad y varios años en el gran imperio del oropel, a un nivel interpretativo que se me antoja inalcanzable para una niña tan pequeña. Su carisma, naturalidad y procedimientos dramáticos invocan a la Tatum O’Neal de ‘Luna de papel’, a la Linda Blair de ‘El Exorcista’, a la nunca recordada y memorable Victoire Thivisol de ‘Ponette’, de Jacques Doillon.  Hannah Dakota Fanning tiene diez años, nació en Conyers, Georgia, un suburbio de Atlanta y es experta nadadora, habla perfectamente español, da clases de ballet, piano y está aprendiendo a montar a caballo. ‘Urgencias’, ‘Ally McBeal’, ‘Malcolm’, ‘Friends’, ‘Spin City’, ‘C.S.I.’, ‘Mad Tv.’ son algunas de las series que han contado con esta diminuta intérprete de asombrosa genialidad. Hasta Oprah Winfrey y Jay Leno la han tenido en sus respectivos programas. Desde su acojonante demostración de dramatismo exarcebado en la lacrimógena ‘Yo soy Sam’, junto a Michelle Pfeiffer y Sean Penn hasta ese entrañable personaje de Pita Ramos de la película de Tony Scott, la carrera de la prometedora Fanning ha tenido en una nueva versión de ‘Hansel y Gretel’, ‘Sweet home Alabama’ y el cuento del Dr. Seuss ‘El gato’ el bagaje necesario para demostrar su enorme potencial como actriz. Pero lo bueno está por llega: Rodrigo García (‘Cosas que diría con solo mirarla’) la tiene en su nuevo drama femenino y coral ‘Nine Lives’, trabajará junto a De Niro en ‘Hide & Seek’, de John Polson, será la protagonista absoluta de ‘Dreamer’, de John Gatlin y formará parte de un reparto excelente encabezado por Patricia Clarksson y Chris Cooper en ‘Conquistadora’, de Harbin Brown. Cuentan que Steven Spielberg conoció a Fannigan en el reestreno de ‘E.T.’ y el Midas de Hollywood quedó hechizado de su encanto. Así, lo nuevo de la pequeña Dakota está junto a Tom Cruise en la adaptación de ‘La guerra de los mundos’, el ambicioso trabajo de Spielberg que precederá a la cuarta entrega de Indiana Jones. Después de esto Dakota Fanning tendrá en sus manos el futuro de una actriz que augura los mejores testimonios actorales del nuevo Hollywood. Sencillamente magistral.
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viernes, octubre 15, 2004
Y siguen apareciendo ‘spots’ con hermosas señoritas que decoran mis más libidinosos deseos y son las fantasías más suculentas de una perturbada y pervertida mentalidad como la mía. Si la semana pasada era Scarlett Johansson con el anuncio de ‘Eternity Moment’, de Calvin Klein , esta semana no sé si habéis visto a la codiciada musa de ébano Beyoncé Knowles anunciar la fresca fragancia 'True Star' que dicen que está inspirada en ella. Lo cierto es que resulta totalmente hechizadora la canción que se canta a ‘capella’ de la canción 'Wishing on a star', de Rose Royce. Y es que Beyoncé podría considerarse la mujer perfecta ¿no creéis? Por cierto, que Tommy Hilfiger que es el fulano que la ha contratado para su campaña fue acusado hace unos años de racismo y promover una imagen estilo de apariencia y falsedad de la sociedad americana. Todo mentira, ya que el diseñador es un foco de rumores cual diana mediática en el mundo de la moda. Ains... qué mujer.
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 Que Michael Jackson es el ‘freak’ (en cuanto al concepto más ‘todbrowniniano’ se refiere) más descomunal que ha dado la historia de la Humanidad, nadie lo niega. Su vida y obra dan una muestra de lo mejor y lo más fascinante y lo peor y más repugnante que puede llegar a hacer un ser humano. Aún así, ‘Jacko’ inspira compasión. O de este modo le ven muchos de sus acérrimos seguidores, que le adoran y defienden de sus coqueteos con la pederastia, su zoofilia no reconocida con el chimpancé Bubbles, sus amagos de lanzamiento de bebé a través de un balcón o sus infinitas operaciones de rostro parecen salidas de un relato de Poe. Su vida, entre el escándalo, la excentricidad más enfermiza y la gloria musical de coreografías inimitables le otorgaron un hueco en el Olimpo de la Historia, que él se ha encargado de ir dilatando con discos y bataholas de libertinaje sexual, de bulos, de querellas y controversias. Lo de ‘Peter Pan’ ya no cuela. Y la imagen envejecida del personaje de James M. Barrie no vende. Su ‘Neverland’ pierde credibilidad y ya es arriesgado para los infantes ir a dormir con el monstruo caracterizado por el mismo en un simio salido de la película de Schaffner. No sé porqué me vienen a la cabeza Maculay Culkin, los Criss Cross, antes a Corey Feldman y algún niño prodigio en su cama, saltando con palomitas llenas de alguna sustancia somnífera. Y detrás de ellos, Michael, acechando como un lobo mientras se desplaza bailando el ‘moonwalk’.  En el panorama musical, otra de las bestias negras más polémicas de los últimos tiempos, Eminem, ese conejito blanco con malas pulgas, ese rapero de alma negra que exhibe la cara de un niño a punto de hacer la primera comunión con un subvertido carácter de hijo de puta de reformatorio ha querido retratar la vida del ‘intocable’ Jackson en su último vídeo del single ‘Just Lose it’ (siempre es recuerrente la palabra ‘looser’ en la genealogía poética del de Detroit). Y, como era lo buscado, ha levantado la polémica. A Jackson le han devuelto la moneda, pero ridiculizándole y parodiándole. Eminem se burla de ‘Jacko’ recorriendo sus momentos más ridículos, como cuando se le quemó el pelo durante un spot de Pepsi (bajo las notas del ‘Billie Jean’), perdiendo la nariz durante un concierto por tanta cirugía plástica y, la gota que colma el vaso, la estrofa “ven, niño, siéntate sobre mis rodillas. Adivina quién trae un nuevo rap...” con Marshall Bruce Mathers III (que así se llama Eminem –por cierto, pasado mañana es su cumpleaños-) caracterizado de Jackson, sentado en una cama, mientras unos tiernos infantes dan saltos de alegría sobre la colcha. Michael Jackson está muy enfadado, fíjaté, y considera que Eminem se ha extralimitado, dice que es irrespetuoso y ofensivo. Tal vez lo sea, pero las risas que me he pasado viéndolo no me las quita nadie. Lo cierto es que, a estas alturas, la figura de Michael Jackson se ha convertido en una pantomima, en un títere ridículo manejado única y exclusivamente por su biografía llena de abusos en todos los sentidos. Un hazmerreír mundial devorado por su pasado y las chorradas incomprensibles que ha cometido a lo largo de su vida.
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jueves, octubre 14, 2004
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“¡¡Scooootie!!” que gritaría el nunca bien ponderado Andrés Montes se ha ido y no volverá nunca a jugar a aquel deporte que tantas horas llenó mi vida. El deporte que he amado y amaré hasta que me muera. Uno de los mejores jugadores que ha tenido nunca la NBA cuelga las botas para siempre. Y la lástima es que, para los de mi generación, este hecho tan intrascendente para lo mayoría de los mortales, nos hace sentir mucho más viejos, huérfanos de mitos que ya no existen. Y es que cuando descubrimos el universo de la magia y el espectáculo baloncescístico de las grandes leyendas, Scottie Pippen acababa de llegar como ‘rookie’. Y el otro día, sin que nadie nos avisara, Scottie Pippen se fue, después de 17 temporadas compitiendo al más alto nivel. A los 39 años, en el día de apertura de los campos de entrenamientos de los Chicago Bulls, el equipo de su vida y, porqué no decirlo, de la nuestra. Tal vez el gran escollo de Pippen haya sido jugar a la sombra del único deportista de todos los tiempos que se merece el denominador de Dios: Michael Jordan. Pero sabe el bueno de Michael ‘Air’ que si no hubiera sido por el apoyo espiritual y técnico de Scottie, no hubiera ganado títulos y no sería tan grande como es. Y en una competición de alto ‘standing’ como lo es la NBA, los títulos son primordiales. Así, grandes estrellas como Kart Malone, Charles Barkley, Ewing, Mullin y demás figuras totémicas que compusieron el único y genuino ‘Dream Team’ de cualquier disciplina se pueden situar por debajo de Pippen. Es una lástima, pero la cultura que nos ha tocado vivir, con una inagotable pasión por la condecoración, la distinción y el título como única manera de comparar y contrastar absolutamente todo, hicieron de Pippen un injusto escudero de Jordan, un valuarte necesario, sí, pero siempre a la sombra del genio. En una nación que construye y destruye ídolos a una velocidad inagotable, Pippen aunque fuera visto como deportista segundón, obvió cualquier percepción y, por méritos propios, entró en la gloria con un juego y unas habilidades que pocas veces se volverán a ver en una cancha de baloncesto. Hoy en día, nadie se acuerda de que la leyenda acerca de que Jordan era un individualista, excelente anotador y de juego inaccesible era cierta. Su creciente omnipresencia en el campo de juego, llegó después, cuando tuvo la ayuda de un equipo. Hasta que llegó Pippen, Jordan no jugó con un equipo, porque ningún compañero estaba a su altura. Los Bulls empezaron a ganar títulos cuando el binomio incomparable ‘Jordan-Pippen’ empezó a funcionar como duplo, como invencible pareja sobre los que el club levantó un conjunto de necesidades puestas al servicio de dos jugadores. Por eso, decir Michael Jordan como ganador de seis anillos de Campeón del Mundo con los Bulls, es también decir Scottie Pippen. Porque sin él, la magnificencia del 23 de Chicago hubiera seguido siendo individualista. Y ahí reside la grandeza de este hombre: haber contribuido a la mitología desde la sombra, desde un segundo plano, dedicándose a hacer lo que mejor sabía: jugar en equipo, un baloncesto puro y espectacular de un irrepetible gregario destapado como auténtica estrella. Después de 11 temporadas de gloria en los Bulls, a los que llegó en 1987 procedente de Seattle, equipo que le había elegido en el número 5 del 'draft', Pippen, se fue a los Houston Rockets, donde coincidió con Olajuwon y Barkley. De todas formas, su paso por la franquicia texana fue efímero, ya que el año siguiente se marchó a los Portland T. Blazers, escuadra con la que no pudo llegar a la final de la NBA tras toparse en dos ocasiones consecutivas con los Lakers de Shaquille O'Neal y Kobe Bryant. Pippen, veterano y sabedor de que sus días habían pasado a la historia y sin el suficiente potencial para llevar un equipo a sus espaldas, volvió a casa, para disfrutar de la última temporada con los suyos, con el club que le hizo grande. Así, con la camiseta de los Bulls brindó su experiencia a los jóvenes que forman el equipo y dar sus últimos minutos de baloncesto, aunque las lesiones apenas le permitieron disputar 23 partidos. Pippen se marcha así con siete menciones en el mejor equipo defensivo de la NBA, una designación como MVP del All-Star en 1994, partido que jugó en siete ocasiones.  Recuerdo un momento mágico, dos de esos retazos visuales que no tienen que ver con el Séptimo Arte pero que han marcado un momento mágico, casi cinematográficos: cuando en 1995 Pippen levantó su pie con el logo de Michael en sus ‘Air Jordan’ y le indicó a su mejor amigo con el dedo que volviera. Un mes después, Jordan volvió contra los Indiana Pacers vistiendo la camiseta de los Bulls y el número 45 a la espalda. O aquella final en la que Jordan jugó un partido con fiebre a punto de desmayarse cayendo en los brazos de Scottie. O Pippen destrozado de la espalda, dándolo todo en una final. Dos momentos míticos, os lo aseguro. De los mejores que he vivido en mi miserable vida. Como en cualquier secuencia de 'Butch Cassidy and the Sundance Kid', como Mezzo y Pirus en el mundo del cómic. Sus números son de envidia: 17 temporadas en la mejor liga del Mundo, 16,1 puntos de promedio por partido, 6,4 rebotes y 5,2 asistencias en 1.178 partidos. Con 208 partidos disputados en la fase final, figura en segundo lugar en este apartado tras Kareem Abdul-Jabbar, que tiene 237 como récord. Además, ganó la recordada medalla de oro con el 'Dream Team' en los Juegos Olímpicos de Barcelona' 92 y fue elegido uno de los mejores cincuenta jugadores de la historia de la NBA en 1996. Los Bulls honrarán a esta gran figura, uno de los mejores jugadores de todos los tiempos, con la retirada del número 33 en la próxima temporada, que lucirá en el United Center junto al 23 de su inseparable Michael Jordan. Scottie, me has hecho sentir un poco más viejo, porque has traido a mi memoria tantos buenos recuerdos que no he podido por más que dedicarte estas líneas desde lo más profundo de mi corazón.
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Sí, amigos. He vuelto.
¿No creeriáis que me había olvidado de esta 'nuestra página'? Dos días después, aquí estoy de nuevo, dispuesto a luchar contra los demonios de la red, a guerrear con la única arma de la palabra y la memoria, la noticia, el freakismo, el recuerdo, la añoranza y la sabiduría abisal de las culturas perdidas. No he podido reencontrarme con la weblog por varias razones. La primera y más importante, porque en mi titánico conflicto con mi ordenador he optado por la solución más paupérrima y soez (pero a la vez más eficaz) contra los problemas de este invento del Demonio Gates llamado 'Windows Xp': lo he reinstalado. Tras muchos dolores de cabeza, de agujeros y aristas en mi sistema de fácil indecencia para los virus, ahora empiezo de cero. Todo va rápido y mi sonrilla se refleja en la pantalla, pero reconozco que estoy harto de instalar programas y meter claves (falsas, por supuesto). Con el estreno de 'El límite': noticias. No del todo buenas. Hablé con los propietarios de Van Dyck, el cine donde se iba (y ya hablo en pretérito) a estrenar. Me dijeron, con un trato envidiable y cercano, que o bien llevo el proyector y el equipo de sonido o no se estrena en cine comercial. Así que, ante el dineral que llevo gastado en este proyecto al que he denominado 'Hijo Tonto', está tomada la decisión de retrasar la 'premiere' hasta noviembre y buscar alternativas. Como el inmenso Teatro de Caja Duero (que sería el estreno soñado debido a la injente cantidad de público que es capaz de albergar) o la siempre socorrida y segura Filmoteca de Castilla y León, con un estreno bastante íntimo que ofrece la posibilidad de no someter el tiempo, pudiendo dar incluso una 'charla-coloquio' sobre el proyecto. Como noticia laboral, voy a entrar en negociaciones con una cadena de ámbito local para ver si se puede hacer algo de calidad con alguno de sus programas. Así que seguiré informando. Lo importante es que he vuelto. Y con ganas... como podréis apreciar en breve.
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martes, octubre 12, 2004
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Sidious: Lord Vader... Vader: Yes? Sidious: Rise. Bajo la respiración mecánica de Darth Vader, estas son las tres frases que podremos escuchar tras uno de los diálogos de Alec Guiness sobre los Jedis y las palabras de Anakin cayó en el Lado Oscuro, mientras la pantalla se salpica de imágenes ya vistas para estallar en una nueva orgía visual galáctica e inédita... Los 'freakies lucasianos' de 'Star Wars' ya están al borde del ataque al corazón con la inminente llegada del primer trailer del 'Episodio III'. Y es que mucho se ha especulado sobre este capítulo final que se estrenará en mayo de 2005. En realidad, como todo lo que hace George Lucas como cineasta y magnate del entretenimiento. De momento, ya hay una descripción más que detallada ('spoiler' demoledor donde los haya) del primer trailer que se estrena en noviembre. No se sabe si es real o forma parte de la rumorología 'starwarsiana', pero ahí está, en Theforce.net, para los que no puedan esperar más. Si queréis también hay alguna que otra imagen.
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Hay éxitos que están predestinados a ser un bombazo en la taquilla. Este viernes se estrena ‘Super Size me’, del el ex presentador de la MTV Morgan Spurlock. Un documental de éxito garantizado antes de su realización. La historia, acorde con los tiempos de experimentación sociológica que corren, apoyados en los ‘realities’ televisivos, comprueba el efecto dinamitador que tiene la comida rápida en la sociedad de consumo moderna. Spurlock se hace examinar por tres especialistas que le declaran totalmente sano. El reto y gran atractivo comercial, de ínfulas de protagonismo y trascendencia, está en ver cómo el propio Spurlock se presta como conejillo de indias para su propio experimento. Así, a lo largo de un mes reducidos a 96 minutos de metraje, el público observa cómo el director convertido en héroe bufonesco e indisciplinado se alimentará única y exclusivamente a base de comida rápida procedente de McDonald's. Utilizando el cinismo y aparición excesiva en pantalla del Michael Moore de 'Bowling for Columbine' y otras técnicas documentales del orondo cineasta de gorra y barba, como la utilización de microhistorias de dibujos animados y una forma atractiva y vivaz, Spurlock hace partícipe al público de su decadencia física atiborrándose de comida de la cadena de ‘fast food’. El resultado: doce kilos en un mes, donde los niveles de colesterol del cineasta aumentaron cuantiosamente y su hígado sufrió las devastadoras consecuencias que representa esta comida, también válida como traslación a la expansión nociva de este tipo de restaurantes, de la americanización globalizadora de un país idolatrado y patrono de las modas alimenticias y de cualquier índole. Para ello, el intrépido realizador, sabedor en todo momento del alcance de su proyecto, bromea y mina con humor un tema que actualmente preocupa demsiado, clarificando puntualmente su tesis sobre la comida basura que viene a afirmar que Estados Unidos es culpable de no ofrecer soluciones a otro problema más. Un país que se escuda en una preponderancia que la hacen intocable y más, en el sector alimenticio que, según reflexiona Spurlock, mueve a las masas más que el mismísimo Gobierno. Sin embargo, ‘Super Size me’, a pesar de resultar un documental comercial más que divertido, también esconde una maquiavélica manipulación en la que el fin justifica los medios. Por lo que no hay que olvidar que el experimento de Spurlock nació para ganar dinero con su aparente denuncia. Tanto es así, que ya ha recaudado 6,1 millones de dólares, todo un éxito teniendo en cuenta su coste (65.000 dólares) y el hecho de que, durante su estreno, sólo se proyectase en 200 salas. Y como he escuchado a dietistas españoles es muy maniqueo y demagogo ya que a la pregunta ¿qué pasaría si en vez de un McDonald's se recurriera a un típico bar de barrio con suculentos pinchos de chistorra, panceta, croquetas, callos a la madrileñas, bravas y demás? Pues lo mismo. Si queréis disfrutar y reíros a mandíbula batiente 'Super Size Me' es la mejor opción. Eso sí, a pesar de su corta duración, el documento de Spurlock, en su final, se hace largo. Aún así, es de lo más recomendable. Por cierto, con la película le coges asco al McDonald's (yo personalmente sólo encuentro delicioso el helado), pero sales con ganas de comer un buen pincho moruno con una caña bien fría. Reivindicando lo español.
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lunes, octubre 11, 2004
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No podía dejar la que ha sido una de las noticias del día. Todos los periódicos han amanecido incluyendo en sus páginas que el actor que dio vida a Superman ha muerto, ayer, a los 52 años. Después de pasar 9 sin poder casi moverse. Lo cierto es que nunca me gustó Christopher Reeve. No me gustaba la imagen de Superman. Y no sé explicar por qué. Por nada en concreto y por todo en general. Siempre me cayó mal. Christopher Reeve nunca tuvo carisma y, lo peor de todo, era mal actor. Pero malo, malo. No tenía gestos, ni provocaba ningún tipo de sugestión en pantalla. Era demasiado soso y no sabía dramatizar ni resultar gracioso. Un palo, vamos. Fue una pena lo de su accidente después de que John Carpenter le resucitara de la televisión en el más que digno 'remake' 'El pueblo de los malditos'. Pero ello no quita el que se pueda decir que como intérprete no valió nunca mucho. Su carrera no dejó de ser mediocre. Exceptuando alguna otra película destacable como 'El reportero de la calle 42', la cosa no pasó de vivir de Clark Kent y el recuerdo. Por cierto, que recuerdo que cuando sufrió el accidente Linda Blair (sí, sí, la niña de 'El Exorcista') le pusó a parir y fue muy polémica, ya que el actor que era muy alto y por entonces pesaba una barbaridad no encontraba caballos a su medida, haciendo daño a muchos equinos y probándolos para seguir montando. Puede parecer una defensa animal a lo Brigitte Bardott, pero lo dijo cuando a ella, de adolescente, le pisó un caballo el adbodmen y nunca pudo tener hijos. Eso, y que Reeve nunca le cayó muy bien fueron la causa de las declaraciones. A ver si algún día lo estudio mejor y lo cuento aquí. Que no tenía desperdicio. A lo que voy es que por mucho que sufriera, por muy buena persona que fuera y por lo muchó que luchó, no le hizo ser un mito cinematográfico más allá del personaje que le hizo famoso. Eso sí, que descanse en paz.
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Como viene siendo habitual en todo el proceso de esta jodida pesadilla que se llama 'El límite', las cosas vuelven a tornarse en un camino de rosas en el que ni Heidi se imaginaría sentirse más feliz. Este largo viaje está siendo como ir agarrado de la mano de Espinete y Don Pimpón, catando canciones de los Fraggle, mientras los Pitufos y los Osos Gommi corean y saltan divertidos en un mundo de caramelo y piruleta. Tras los famosos episodios: ‘No hacemos el corto’, ‘Se retrasa el proyecto’, ‘Igual nos quedamos sin cámara’, ‘Se nos ha caído el techo y casi matamos a alguien’ y el mejor de muchos otros, ‘Tardamos año y medio en la postproducción’ (con aquel mítico capítulo en el que tras 5 meses pudimos sonorizar -sin contar la gente que ha entrado y ha salido del proyecto por la puerta de atrás con la consiguiente pérdida de tiempo-), ahora llega la esperada nueva temporada de esta ‘sticom’ metistofélica con el primer episodio titulado ‘Peligra el estreno’, el cual promete risas, situaciones divertidas y aplausos sin fin. Los mejores ‘gags’ están, sin duda, en estos nuevos y esperados capítulos. La nueva temporada de la serie comienza con el capítulo en el que Refo, ese ‘nerd’ desgarbado de barbas que ha pasado a la condición de ‘looser’ por méritos propios, parece que, al fin, va estrenar una obrita cinematográfica. Pero no. Para que la audiencia siga las desventuras del joven, las cosas se complicarán hasta límites insospechados. La serie ‘El límite y Refo contra el mundo’ dio comienzo hace ya tres años y medio en una telecomedia (no ha estado nominada en ninguna ocasión a los Emmy) que se ríe, en clave de humor negro, de un pobre pardillo que quiere ser guionista y director de cine. En esta temporada nos esperan muchas risas a costa de un personaje que, a base de los fracasos que azotan la vida de su infortunado protagonista, se ha hecho entrañable y querido para la audiencia debido a tanta mala suerte. Tal vez ahí resida el éxito. Sí, amigos. Así es. Se dice que cada día se aprende algo nuevo, o una forma de contrariedad diferente, diría yo. La de hoy se llama: ‘el sistema RAC de los proyectores no es compatible con el adaptador de DVD y no podemos utilizar los altavoces de la pantalla, sólo los de ambiente’. Parece que suena bien y sofisticadamente tecnológico. Pero la verdad es que se trata de una putada tremenda. Por eso, se abre otro paréntesis (el 65º) en nuestro simpático culebrón artístico. Así que lo del día 21 de octubre queda pendiente hasta nuevo aviso. Os mantendré informados. Lo siento, otra vez, por la expectación levantada por el estreno del cortometraje. Un saludo a todos. PD: Por cierto, tengo una noticia que daros. En exclusiva. Sin paliativos. Pensada desde hace ya mucho tiempo que llevo pensando mucho tiempo. Y es que, a partir de ahora, me voy a dedicar a la ‘performance’ bizarra y transgresiva a lo más puro David Nebreda. Por lo menos, la inmediatez de lo que algunos llaman arte se podrá incluso ver desde esta weblog. Tengo una muy buena pensada que sigue los pasos de Bob Flannagan. Los que me conocen bien saben de lo que soy capaz.
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Ya iba siendo hora. Tanto juego de fútbol, mucho realismo. Mucha rivalidad entre Konami (Iss Pro Evolution) y EA Sports (FIFA) –que, por cierto, están a punto de lanzar las ediciones de 2005 para sus juegos multitudinarios-. Pero faltaba algo. Y no es precisamente que los jugadores se vayan a un lupanar tras el partido o que se enfaden con el entrenador porque se cambien. Mucho mejor. El juego argentino ‘Fútbol Deluxe’, que se ha puesto a la venta en Argentina incorpora unas serie de pautas que harán este juego el más fiel al fútbol de verdad. ¿Cuáles son estas pautas? Según Santiago Siri, su creador “sufre los mismos problemas que la sociedad: violencia, corrupción, manejos turbios”, pero además, se podrá intimidar a los jugadores, insultar al árbitro e incluso Siri prometió para un próximo desarrollo la posibilidad de que los dirigentes ‘amañen’ los partidos. Además, los jugadores están autorizados a tomar sustancias prohibidas para que su rendimiento mejore. 'Fútbol Deluxe', que por ahora sólo está a la venta en Argentina al precio de unos 10 dólares, llegará el próximo año a España, Gran Bretaña y Estados Unidos. A esto lo llamo yo REALIDAD en el fútbol.
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domingo, octubre 10, 2004
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Mirando webs para el post anterior, me he hecho eco de una noticia aparecida en Twitchfilm. En ésta se dice que el personaje de Go-Go Yubari (el rol que más me pone sexualmente y que considero el mejor de esa obra maestra que componen las dos partes de 'Kill Bill') tendrá continuidad con una película centrada en una hermana gemela de Go-Go que dirigirá el incombustible (y uno de los mejores directores asiáticos del momento) Takeshi Miike. Tarantino le ha autorizado a hacerlo. Así que ya me estoy frotando. Las manos, se entiende. Por cierto, que mirando páginas para el post anterior y demás, según Chiaki Kuriyama, la Takako Chigusa de 'Battle Royale', esa gran película de Kinji Fukasaku. Ya estoy deseando de que salga en DVD una buena edición de la película (con las dos partes).
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Mi gran amigo Álex Alonso, el insigne "Dr. Spooky", fue el que me puso sobre la pista hace un par de meses de la supuesta weblog de Quentin Tarantino. Desde entonces, he estado varios días (y noches) analizando el contenido de la misma y, según nos quieren seguir vendiendo, se supone que es real. Aunque haya muchos que todavía no lo crean. Existen muchos elementos que pueden hacer pensar al más ingenuo que se trata del director de ‘Kill Bill’: de esta apasionante página se extraen jugosos posts sobre su egomanía, su animadversión hacia Roger Avary, detalles de sus películas que sabemos que sólo puede saber el que escribe o anécdotas sobre su nueva película ‘Unglorius bastards’, ‘Hell Ride’, con Michael Madsen y Larry Bishop e incluso se desvela y confiesa la posibilidad de recuperar el proyecto de ‘The Vega Brothers’. Si añadimos además las glosas de un expectorante incansable de palabras y panegíricos sobre cine y el medio, sus gustos por el ‘pulp’ y la serie B y todas aquellas inquietudes por las que se ha convertido en un líder de masas y en el padre putativo de una generación que le fanatiza y le venera, tal vez conjeturemos con la posilidad de que puede tratarse de él. También ha comentado esa posibilidad de una futura tercera parte de las aventuras de Beatrix Kiddo, es decir, de su musa Uma Thurman como ‘La Novia’ reconvertida en ‘La Madre’. Una de las cosas que llama la atención es su fulminante tecnofobia, ejemplificada en uno de sus posts más polémicos (reitero, si es que es él quien escribe) donde responde con bastante sorna cuando le preguntan por la trilogía de ‘El Señor de los Anillos’. No es amigo ni de las monumentales secuencias de pelea, ni de su aire tecnológico, acusando a Peter Jackson de haber creado un ambiente pixelado en sus películas, hasta llegar a decir que “hasta su Nintendo tiene mejores gráficos”. Creando amigos, Quentin. Por otra parte, resulta interesante de qué manera nos podemos sumergir en la mente de este trascendente creador. Como digo, no sé si es real o no. Todo apunta a que sí. Lo apasionante de todo es que si es falso, el creador y posteador de esta fabulosa weblog debería dedicarse a emular a Tarantino. En uno de sus últimos posts, anuncia que está trabajando con el ‘stuff’ de su página oficial donde afianzara este weblog para desvelar la autenticidad del mismo en www.quentintarantino.com (cuyo dominio, como podéis comprobar, no funciona). En cualquier caso, él mismo ya se está dando de cuenta de que muchos seguidores no se lo creen mucho, por lo que el genio cineasta se muestra bastante molesto y ofendido ante las dudas generadas. Como dice él mismo “no se reconoce el esfuerzo que está invitiendo en la blog”. La pregunta es ¿nos lo creemos o no?
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Echando la vista atrás, y viendo cómo la publicidad nos sigue vendiendo belleza, fantasía y quimeras que nunca llegaremos a tener por mucho dinero que tengamos, recuerdo un anuncio en concreto, aquel de un ‘aftershave’ (Brummel, creo que era) en el que el hombretón, trajeado y bien afeitado, por supuesto, seducía a una imponente jaquetona que caía sexualmente atraída por el macho en cuestión de unos segundos. Siempre he tenido sueños recurrentes con este ‘spot’. Con la posibilidad de que un día, bajo mi olor a procacidad y a pollo frito, una espectacular ‘playmate’ se arrodillara ante mí y me hiciera sentir otra vez un muchachote apetecible y lujurioso. Pero la realidad siempre ha sido y será bien distinta, ajena a una ensoñación publicitaria que ha terminado por convertirse en un bulo, en una falacia caritativa prometida en productos presentados por la irrealidad educativa, por el engaño moderno de algo que no existe. Me refiero a que, cuando diariamente subo en el ascensor hacia mi arcaica y mefítica casa-museo, suelo coincidir con la vieja ochentona del segundo, mentalmente fósil y que habla eternamente de la meteorología (lo más patético que existe en la relación interpersonal), a la casera que me ofrece polvorones rancios o al individuo del quinto que me mira mal, con una tensión y un odio que apenas se soporta, por lo que he terminado haciéndome a la idea de que el fulano me pueda algún día apuñalar, en cualquier momento. Luego está la simpática vecina que te acribilla a preguntas personales, en realidad su simpatía no es más que la excusa para sonsacarte tu privacidad o su antagonista, la tipeja que te suelta, con una facilidad inconmensurable, su vida en tres minutos. Seguro que a vosotros también os pasa en vuestros ascensores. Yo quiero a una chica Playboy que deje caer un guante o que me invite a su grandiosa ‘limousine’. Todo esto se acabó, amigos. Ya no más coloquios estólidos. Me contaba el otro día un amigo que esta lacra comunicacional entre humanos se corregirá mediante la técnica. Como todo en esta vida. Sin dolor, de forma rápida y digitalizada. Se trata de un proyecto desarrollado en Zaragoza por un empresario emprendedor que pretende sustituir la plática fungosa de ascensor por medio de una emisión de información diferida. A través de pantallas de cristal líquido instaladas en el interior de la cabina, el usuario podrá conocer todo tipo de información vía Internet sobre los más diversos temas de actualidad. Así, en vez de aguantar a la vieja que te da la barrila sobre su vida, podemos ver el ‘Bombonazo del día’ o leer el correo electrónico. Todo ello, con un microprocesador parlante que no te preguntará qué tal la te va la vida o te dirá que te ‘conoce desde que eras así’. Este microprocesador tiene un termómetro, reloj, calculadora y euro-conversor parlante equipado con tarjeta Smart. El empresario Jean Paul Bastiaans, director de ‘Centybel’ ha desarrollado este sistema que permite la emisión, desde un centro servidor de información, de diferentes mensajes en ascensores comunitarios. Además, el sistema (denominado PubliMPD) controla y detecta las posibles alarmas que se produzcan y se establece una comunicación directa entre el ascensor y un centro de alarmas. En estos casos, la programación de mensajes queda interrumpida para actuar como un servicio On-Line. ¿Quién me iba a decir que algún día la tecnología iba a ser beneficiosa para la salud (al menos comunitaria)?
Se acabó, por tanto, cualquier tipo de tensión vecinal...
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sábado, octubre 09, 2004
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‘Diarios de motocicleta’, de Walter Salles, es una película de perfecta conexión que conjuga una estimulada síntesis de las anotaciones que tomó el joven Ernesto Guevara durante su viaje por Latinoamérica, que son la materia de fondo que alimenta el excelente guión mostrado en este apasionante periplo. El filme de Walter Salles define con exactitud, en breves pinceladas, a sus personajes principales, Guevara y su inseparable Alberto Granado, como burgueses argentinos con ganas de aventuras en una vieja Norton a la que llaman ‘La poderosa’ para meterse de lleno en el trayecto vital que será el apogeo de su conocimiento acerca del verdadero sentido de la vida. Bajo un estilo llano y honesto, sin caídas en la prosopopeya y en los subrayados a los que se presta obviamente la figura de Gael García Bernal, el espectador tiende a asociar sus rasgos a los del icono universal en que acabó convirtiéndose el personaje que el actor mexicano edifica con sensacional naturalidad y talento. Tal vez lo mejor de esta magnífica cinta sea la capacidad de extraer anotaciones no sólo de un relato y una atmósfera determinada, sino de algo más y de gran calado, de los problemas sociales que vivió Ernesto en su viaje siguen vigentes en la totalidad de los lugares menos privilegiados de toda Latinoamérica y que le transformaron en el idealista y revolucionario Ché.
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viernes, octubre 08, 2004
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El descubridor de Jim Carrey o de Adam Sandler, el gran genio del humor, el gran 'crack' del 'Saturday Night Live' se ha ido para siempre. El cómico de los ojos saltones que mejor ha sabido reírse de sí mismo la palmó antes de ayer con 82 años de edad. Yo siempre le recordaré por una película simpática llamada 'Regreso a la escuela' con los no menos míticos Keith Gordon y Robert Downey Jr. Aunque también le vimos en 'Little Nicky' haciendo del Demonio, en 'Todo por mi chica' o en 'Asesinos natos'. Pero la verdad es que sus mejores logros los consiguió encima de un escenario en el 'stand up - comedy', donde ha sido y será uno de los grandes. Una reverencia estés dónde estés, Rodney.
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No digáis que no es un encanto... La verdad es que esta chica se está ganando un hueco muy grande en Hollywood por su desbordante talento. Qué puedo decir de ella. Verla en la televisión cada día como la imagen de Calvin Klein es un placer para la vista. Ay... Scarlett...
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Llevado por un impulso (no sé muy bien a qué ha respondido) he decidido darle una nueva oportunidad al cine español en el que últimamente tan poco creo. Y he ido a ver 'Hipnos', la nueva producción de terror del decadente cine español. Ya en su comienzo se percibe un diseño de producción realmente ambicioso, deslumbrante, con efectos digitales insertados en un accidente de un camión cisterna incluido y una fotografía en la que abundan unos incandescentes claroscuros que indican por dónde van a ir los derroteros de la cinta. Comenzada la trama y desarrollada la historia, el debut tras las cámaras de David Carreras, ‘Hipnos’, abarca muchas, tal vez demasiadas, similitudes con la forma de rodar de Jaume Balagueró. Un efecto que con el transcurso de la película se convierte en una especie de remedo estilístico e intencional creado por el director de ‘Los sin nombre’. Todo muy alemán y exprexionista. Basada en la novela homónima de Javier Azpeitia y adaptada para el cine por Juanma Ruiz Córdoba y el propio director la historia empieza con una doctora, Beatriz Vargas, que llega a una clínica privada, un psiquiátrico de renombre donde conoce el caso de la niña angustiada por su pasado. Un día después, la niña aparece muerta. Un enigmático paciente sumido que dice ser policía y un enfermo mental que dibuja suicidios introduce a Beatriz en un laberinto del que resulta imposible escapar. Realidad y ficción comienzan a confundirse en la mente cada vez más inestable de un joven doctora que comenzará a poner duda su propia memoria que la llevará a un final (oh! sorpresa) imprevisible y pesadillesco. O al menos, eso es lo que quiere Carreras hacer creer al público. Pero ante esto, uno tiene la sensación haber vivido muchas veces esta misma película.  A partir de esa aparentemente interesante trama ‘Hipnos’ está creada para la farsa, para el efecto, para jugar con el espectador. Alguien curtido en el género verá en seguida por dónde pretende llevarnos el tal Carreras, porque resulta una película muy, muy tramposa, que basa todos sus pilares en un giro final, en una treta y/o artimaña con un único fin: sorprender al espectador por medio de una historia exclusivamente desplegada por ese final artero y malévolo, fullero y embaucador. Y esta estrategia, conformada en lo que Ana Campoy llamaría ‘Guión con estructura Omega’, no funciona en absoluto por su descarada intención de artificio. Es eficaz, eso sí. Y los elementos del ‘thriller’ y de terror están bien utilizados, por lo que hay que reconocer que, aunque llega a ser extenuante, la asepsia blanca e higiénica que rodea muchos de sus planos (aquellos que corresponden al tratamiento de Beatriz), la fotografía y la planificación, todo ello, funciona a la perfección para crear esa confusión mental y curiosidad en el espectador. La historia conllevará al publico a caer en la trampa, porque está todo correctamente hilado. Aunque trascurrida la primera hora, el interés se vaya diluyendo en la espera de su final explicativo. Empero, hay cosas de la puesta en escena que chirrían, como una cortina roja que es para matar al director artístico –a menos que haya querido homenajear subversivamente a David Lynch- y algunos acabados formales y decorativos que no empañan el gran trabajo de atmósfera y luz creada para la ocasión por Xavi Gimenez. Si a todo esto, añadimos algunos símbolos argumentales bastante tópicos y flojos, laxos de sentido y cierta tendencia al susto fácil e impactante, nos encontramos antes una película bienintencionada pero irregular. Tanto, que hay que reprocharle a su director los descarados plagios al modernismo visual que ha robado sin pudor al cine de Aronofsky, Fincher y demás congéneres, lo que hace que el resultado carezca totalmente de personalidad. Lo mejor: Cristina Brondo. Está espectacular. No sólo porque lo hace muy bien y es lo que más vale del filme, sino porque su rostro cercano y bello y esos ojos negros de una intensidad arrebatadora llenan la pantalla. Sus sugerentes desnudos, sus cambios de imagen constante y el gran trabajo interpretativo que realiza la convierten en una de las escasas realidades más que prometedoras (ya lo fue en películas como ‘Aunque tú no lo sepas’, ‘Una casa de locos’ y 'Lola vende cá') dentro del ámbito actoral dentro cine español. También destaca en este apartado Natalia Sanchez, Demian Bichir, Feodor Atkine y Carlos Lasarte, acertado reparto de secundarios. Un cine español que buscando caminos que no encuentra, palpando a ciegas en una industria que sólo busca comercialidad y que cuando no lo hace, reformula en otras recetas tan trilladas que no terminan por cuajar. Lamentablemente, con productos como ‘Hipnos’ no se va a ninguna parte, como mucho a la imitación estilizada. Y eso, no es nada loable. Miguel Á. Refoyo © 2004
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jueves, octubre 07, 2004
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Con el deterioro temporal de mi ordenador (que todo sea dicho parece que funciona a las mil maravillas), casi se me olvida comentar una de las noticias más curiosas acaecidas en el mundo del arte. Y es que en la I Bienal de Sevilla se ha armado la gorda (y no es que haya ido Sara Montiel ni nada parecido) sino por la impactante imagen de tres chavalines ahorcados en lo alto de un árbol. Lo cierto es que se trata en realidad de muñecos que representan el montaje escultórico de la última obra de Maurizio Cattelan. Según Cattelan, su obra tiene como objetivo "contar la tensión que existe en la realidad. Una especie de reflexión sobre la violencia que podemos encontrar en cualquier lado y una señal para respetar la infancia". Al igual que el pasado abril, en la Plaza 24 de Mayo de Milán, Cattelan expuso esta misma obra e hizo que varios hombres y mujeres de edad avanzada se sientieran tanincómodos que algunos sufrieron ataques de pánico (o igual no, esto me lo invento para darle amarillismo a la noticia) en Sevilla no ha sentado nada bien. No es la primera vez que este rocambolesco artista irrita al mundo. Todos recuerdan como en la Bienal del Arte de Venecia en 2001 causó el estupor general con una una obra todavía más jocosa y, para mí, mucho más descojonante que los críos colgados: la del Papa Juan Pablo II derribado (como el Black Hawk) por un enorme meteorito. Una obra llamada 'La novena hora'. Lo cojonudo de todo es que a alguien le gustó, pues fue vendida por un millón de dólares. El artista se pregunta en esa obra "cómo puede ser la sociedad tan hipócrita que se sorprende por un muñeco colgado de un palo" cuando "nos encontramos a diario imágenes fantasmagóricas" de niños que mueren o que son víctimas de guerras o de otras situaciones. Las palabras de Cattelan ante su posición de arte que fulmica todos los cánones éticos dejan muy claro que la intención del hombrito es transgredir. Y encima piensa lo siguiente: P: ¿Cuál es para usted el objetivo del arte? R: La palabra “objetivo” me hace pensar en disparar. Los blancos no me interesan. Prefiero los errores. P: ¿En qué pensaba cuando clavó las manos de aquel chico (otra escandalosa obra suya, "Charlie no surfea", de 1997) a su pupitre escolar? R: Me preguntaba qué dolería más: un lápiz ensartado en una mano o repetir primer grado. Para los que se lo pregunten. Sí, los bomberos bajaron los muñecos de esta sofisticada y extraña obra de arte. Pero para vuestra sorpresa, cuenta con el apoyo consistorial para exhibir parte de esta polémica escultura por lo que han dejado a un chaval colgado en un poste.
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Los monstruos innombrables Shyamalan ofrece con ‘El bosque’ un cuento moral, una de sus mejores películas con una historia de múltiples lecturas que analiza el miedo a lo desconocido y al progreso. El cine de M. Night Shyamalan se construye sobre unas sólidas bases que tienen su sentido en una estética visual y perceptiva transformada en sentimiento elevado a un nivel de frialdad y distanciamiento capaz de articular con sus imágenes un universo de contundencia autoral, de sugestiva puesta en escena con fundamento, con un constante componente ideológico y/o teológico que, esgrimido con géneros como el ‘fantastique’ y el cine de terror, le han descubierto como uno de los cineastas más sugerentes y visionarios del último cine de Hollywood. Sus historias humanistas, tormentosas y a veces enfermizas, desprenden de su finalidad global un discurso reconocible que apunta al análisis de la sociedad moderna, dibujando para ello temores donde el liberalismo político, el racionalismo, la moralidad y la autocensura reflejan el pánico a lo desconocido, recurriendo en todo momento a la sugerencia visual y argumental para enjuiciar subversivamente el relativismo moderno, la falta de cánones morales, el creciente progreso y la falta de creencia en lo trascendente, más allá del ámbito terrenal. Esa máxima, unida a la ambigüedad, el enigmatismo naturalista y al prodigioso manejo de los mecanismos del suspense con que Shyamalan envuelve sus filmes, son el precedente de ‘El bosque’, un teorema más ideológico que argumental que recoge mucho de lo mejor de ‘Los primeros amigos’, ‘El sexto sentido’ o ‘El protegido’ y poco de lo peor de la laxa teología de su obra más superflua hasta el momento, ‘Señales’. En ése sentido, el cineasta de origen hindú parece haber adoptado la directriz de la alegoría narrativa para ir más allá en su discurso argumental. Así, en sus tres últimas películas ha dejado claro que los humanos son los muertos, que el superhéroes son creaciones de los más pérfidos villanos sin entrañas y que todo Apocalipsis respalda un renacimiento interior. Metáforas inigualables, diáfanas, esquemáticas y universales para transcribir un mundo desamparado que el espectador puede interpretar mediante la poética fílmica y deliberada del director. La acción de ‘El bosque’ se sitúa en un pequeño pueblo llamado Convington (Pennsylvania), aparentemente a finales del S.XIX, situado en medio de un paraje natural de increíble belleza. Un idílico entorno que contrasta poderosamente con la actitud de los lugareños, que viven atemorizados por ‘criaturas de las que no se habla’, entes demoníacos con los que mantienen un pacto de respeto, pero que limitan la vida de sus vecinos impidiéndoles salir de la alienada villa. Cuando un joven aldeano, Lucius Hunt, propone atravesar esos límites para conseguir medicinas que alivien su precaria situación médica, se producirá un cambió en la existencia de todos los habitantes del pueblo. Bajo esta, a priori intrascendente propuesta que, según su director, se basa en los principios temáticos de ‘Cumbres borrascosas’, la novela de Emily Brontë y en el clásico ‘King Kong’, dirigido por Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper, por la ambientación de época y la atmósfera opresiva, y la amenaza impuesta que viven los nativos de la Isla de la Calavera, respectivamente, ‘El bosque’ va más allá de cualquier especulación baladí de aquellos que han intentado empequeñecer el portentoso trabajo de guión y dirección de Shyamalan. Sobre el argumento, también planean turbiamente los atentados del 11-S contra las Torres Gemelas de Nueva York, aunque no sea ese el camino a seguir para analizar un filme repleto de virtudes.  ‘El bosque’ fundamenta su existencia en una aldea que aboga al cada vez más extinguido valor de comunidad, que vive en perfecta armonía, sólo quebrantada por un miedo a unos seres que habitan mas allá de sus fronteras y que parecen establecer el bien y el mal. Para H.P. Lovecraft el miedo funcionaba en varios niveles, pero el primordial estaba basado en el respeto hacia lo desconocido. El temor a lo oculto, a lo amenazante. Y eso es, en principio, la clave para seguir la historia, a los personajes circunscritos a un ambiente de paz y concordia. Pero si algo se asume con este dictamen, es que el miedo, del mismo modo, atenaza e inmoviliza, algo que se incrementa a lo largo de ‘El bosque’. Y es en su premeditada acrimonia, donde Shyamalan sitúa una enfermiza parábola que se puede leer de diversas formas, en una multilectura que acaba, irremediablemente, en un concienzudo examen aislacionista y antiprogreso simbolizado en un pueblo busca infructuosamente aislarse de la traición, la violencia, los intereses económicos y la dependencia de lo material de una sociedad que cada vez es más amenazante. Algunos críticos americanos han querido ver en ‘El bosque’ una crítica a la política de manipulación basada en el miedo y en la estafa que ha ejercido el gobierno de George W. Bush o simplemente como un panfleto pro-demócrata de cara a las próximas elecciones. Justificar la mentira como vehículo para la consecución de un bien común, aún cuando exista la posibilidad de que ese bien sea una patraña, un fantasma de una mente trastornada podría apuntar a esa obsesión de un Ozymandias presidencial por unir a una comunidad infundando el miedo a costa de una amenaza que no es. Bien podría serlo. Pero no es así. Y no es así porque la intención del cineasta es conformar una historia sustentada en tres factores primordiales para entender este gran filme; uno, lo que temáticamente vienen dando sus películas, que giran alrededor de decisiones éticas radicales y trascendentales.  Otra que apunta a que sólo el amor es el motor que mueve el mundo, que no conoce de mentiras ni de miedos y que es capaz de enfrentarse a ellos con bravura para descubrir la verdad. Y, por último, la universalización de su mensaje hacia algo mucho más simple: el miedo de la sociedad ante los misterios que encierra el progreso y sus consecuencias en el mundo. Shyamalan acepta con su consiguiente estilización simbólica que su último y apasionante filme se preste a múltiples y variadas interpretaciones. Por ello, su última película es oportuna y comprometida, fiel al estilo de un realizador más preocupado por hacer partícipe al espectador de los sentimientos de sus personajes que de hacer verosímiles las historias fantásticas que protagonizan. De ahí que el terror se sitúe en la carga emocional en los protagonistas, mientras que en el suspense, que tan bien maneja el director de ‘Señales’, se concentra en las situaciones. Tal vez algo que se le achaque a ‘El bosque’ sea la falta de concreción y de explicaciones enfáticas en pantalla sobre las respuestas que se supone que tendría que dar Shyamalan una vez puntualizado ese ‘giro’ (in)esperado por todos, al que recurre como síntesis de la sugerencia y aquí nunca es utilizado como ‘efecto sorpresa’. Si bien es cierto que quedan algunas incógnitas sin aclarar dentro del pánico creado en la pequeña aldea, Shyamalan es consciente de que su público es lo suficientemente inteligente para dejarse llevar por su imaginación y extraer de la poesía y las sensaciones una historia inclasificable que injustamente promete miedo y que termina brindando una película ponderable en todos los sentidos.  ‘El bosque’ es una película con tono denso, doliente, de contradicciones paradójicas, que manifiesta todo este juego de tensiones contrapuestas en su personaje principal, una ciega que sea la que pueda atravesar el bosque maldito, la que no tenga miedo a la hora de enfrentarse a las supuestas criaturas y la única que, por amor, sea capaz de traspasar los límites fronterizos. Todo llevado por el romanticismo, por el amor como único sentimiento ante un contexto frío y distante. También que el mal esté representado en un esquizoide tarado (presentado como el falso ‘tonto del pueblo’) que, inteligentemente, ha descubierto el gran secreto y lo utiliza con poder e intimidación sobre sus conciudadanos, provocando el caos, destruyendo la lógica de miedo impuesta por el Consejo. Un Consejo formado por hombres y mujeres que no han nacido en la aldea y vienen de fuera, donde los personajes de Hurt y Weaver, son incapaces de manifestar sus sentimientos y poseen una caja negra que oculta el gran secreto que todos esconden. También lo es la contradicción de la razón de una fábula intimatoria como fruto del amor y la necesidad de aislar a los lugareños del Mal de la sociedad, fusionados en un microcosmos creado y financiado para y por una libertad que, en realidad, es una alienación eogísta. Unos miembros regidores que son capaces de dejar morir a los suyos con tal de no enfrentarse a los fantasmas sociales que les recluyeron para siempre. No se trata, por tanto, de hacer pasar miedo al espectador, sino de de reflexionar sobre cómo funciona el miedo y cómo éste afecta a nuestras vidas.  Una cinta oscura y pesimista, nada autocomplaciente, que empieza con el entierro de un niño muerto por causas que, una vez sabidas, se deducen de las horribles consecuencias provinentes del experimento al que ha sido sometida la aldea. La cinta también acaba de una forma pesimista e imprevisible, pero a la vez tan realista que uno no puede más que aceptar los acontecimientos. Es ahí donde la atmósfera tiene un protagonismo especial, donde Roger Deakins, habitual de los hermanos Coen extrae un naturalismo en la línea de John Alcott, donde abundan los cielos nublados, que provocan que el filme tenga ese éter desapacible, un aspecto frío y distante. Como importante es el recurso cromático simbolizado en la prohibición del rojo –el color de la vida y la sangre- o el amarillo -como defensa de los miedos-. Colores todos ellos que la protagonista ciega, evidentemente, no puede ver, pero sí percibir, desoyendo las órdenes cuando su corazón lo dicta. Sobresalientes son también las interpretaciones de los protagonistas Bryce Dallas Howard (con un lanzamiento al estrellato más que sorprendente –está increíble-), la sutilidad de Joaquin Phoenix en el papel de timorato retraído, así como los siempre extraordinarios William Hurt, Sigourney Weaver y Brendan Gleeson. Sin embargo, en este apartado, no encaja la sobreactuación maniquea e inesperada de un Adrien Brody que juega tanto con los aspavientos y la mueca que termina por resultar sofocante. Dando un paso más en su estilizada evolución fílmica y cinematográfica, Shyamalan ofrece un ejercicio de relectura estilística, siguiendo los esquemas propios del terror con ese giro sorpresivo (que aquí no es tal) que tanto proliferaban en la obra de Rod Serling y Ray Bradbury (al que se acude por la similitud de su relato ‘Bosque Mitago’ con esta película), constituyendo una experiencia cinematográfica absorbente. La dirección de Shyamalan, su puesta en escena emocional recubierta de sencillez y su minimalismo visual atienden de nuevo a sus restricciones en las que no existe la necesidad de mostrar, sino de sugerir con un particular y sutil pulso narrativo, ejemplificado en el ‘ralentí’ que se produce cuando el público tiene la oportunidad de ver por primera vez a una de las criaturas. Apoyado en una prodigiosa partitura de James Newton Howard (la mejor en años) ‘El Bosque’ es insinuante antes que terrorífica, claustrofóbica y alegórica antes que misteriosa y, sobre todo es una obra llena de poesía y emotividad que deja la sensiblería a un lado para tratar con pasión una historia de amor y tragedia. Una poderosa y angustiosa película que, tras la fallida ‘Señales’, encauza la brillante trayectoria de uno de los nuevos genios del cine norteamericano. Miguel Á. Refoyo © 2004
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Muchas veces lo he pensado. Pero nunca lo digo debido a que suena a una actitud derrotista y de víctima. Hoy es diferente y lanzo la pregunta que tanto me martiriza: ¿De qué me vale escribir? A veces creo que de y para nada. Considero que intentar evolucionar, mejorar y adquirir un estilo es tan difícil y sufrido que, en casi todas las ocasiones, no es justificable tanto esfuerzo. Y no lo es porque para la mayoría de la gente no es más que algo inapreciable. No se valora un trabajo bien hecho. Les da igual. He tenido que oír cosas como que al no recibir remuneración económica por mi entregado esfuerzo a la escritura 'me estoy tocando los cojones en casa'. Es más, se atreven, osadamente, a sugerirme que deje la holgazanería para trabajar de una vez. Se me levanta la sangre y, de paso, la mala hostia. Me gustaría ver a todo el que ‘amigablemente’ me da consejos sobre mi vida 6 ó 7 horas delante de la pantalla, tecleando y haciendo un buen trabajo literario. Nadie valora lo que mi cerebro y capacidad crea. Nadie sabe reconocer que llega a ser agotador, que consume energías y que requiere un esfuerzo que no se puede medir de ningún modo. Escribir es uno de los trabajos menos reconocidos (y sumisos) que existe. Y no descubro nada. Si estás en el anonimato trabajando y dejándote la piel en cada palabra, tu vida en cada párrafo y tu esfuerzo en cada diálogo con sus puntos y comas de por medio, da lo mismo que seas bueno, malo, mediocre o trabajes prostituyendo tu talento por escribir para los demás. Rellenar es lo que interesa. Y la rapidez. Si escribes rápido para alguien mejor que mejor. Total, no van a apreciar su calidad. O si mandas al periódico un texto en el que has invertido seis horas de tu vida y en la redacción tienen a bien cortarlo, lo cortan, sin dar explicación alguna, mutilando tus creaciones para sus intereses efímeros de que cuanto antes esté y menos problemas dé, mejor. Me dan ganas de cagarme en el periodismo. Bueno, qué coño, que me cago en él.
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miércoles, octubre 06, 2004
Esta mañana he ido a Tribuna de Salamanca (su página web os dará una idea de qué calidad estamos hablando), el periódico en el que se supone que colaboro y/o trabajo como redactor y crítico de cine. Tras coger tres miserables cheques de Caja Duero que suman entre los tres menos de 200 euros (correspondientes al pago de tres meses de trabajo) y saludar con aire risueño y siempre muy simpático a las dos personas que conozco y que han seguido trabajando allí después de los años, he ido a la Biblioteca Torrente Ballester, un mundo literario y cultural al alcance de mis manos que hacía que no pisaba varios meses. El olor a cultura ha despertado de nuevo mi interés por embarcarme en una nueva aventura literaria, una de esas gestas que recordar como algo mítico dentro de este año que empieza a terminar peor de lo que empezó (rara frase al más puro estilo galimatías circunloquial). En fin, una vez allí, he ido directo al ordenador, esperando que el libro que me quiero comprar desde hace tiempo estuviera disponible en alguna estantería perdida, esperándome, queriendo que acariciara su portada, que abriera su mundo y me introdujera en sus páginas compartiendo espacio y tiempo con sus protagosnistas. Mi objeto de deseo es 'Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay', ganador del Pulitzer escrito por Michael Chabon (que ha estado en el guión de 'Spiderman 2'). Y allí estaba, entre muchas nomenclaturas de 'CH'. Cuando lo he cogido he oido una voz que me ha dicho "por fin, Refo, por fin". Un cosquilleo especial me ha recorrido el cuello. La historia se centra en Joe Kavalier, un joven artista judío entrenado en las artes del escapismo del maestro Houdini, que acaba de conseguir su mayor proeza: ha huido de la Praga ocupada por los nazis. Su objetivo es triunfar en América, ganar dinero rápidamente, y así poder liberar a su familia de las garras del imperio nazi. Joe se traslada hasta el barrio de Brooklyn, Nueva York, donde vive su primo Sammy Clay. Desde el primer momento, los dos chicos entablan amistad y se lanzan al mercado incipiente del cómic, creando un superhéroe judío que viajará hasta Europa para luchar contra Hitler. En la alucinante recreación del Nueva York de los años cuarenta que ilumina la historia caben el amor, los celos, la bohemia, las reflexiones sobre la creación y toda una serie de elementos que recuerdan el glamouroso mundo de Michael Chabon, un mundo que nunca deja de ser tierno y divertido. De Chabon he leido 'Los misterios de Pittsburg', pero no 'Un mundo modelo', que me quedé con bastantes ganas. Eso sí, he visto (como muchos de vosotros, esa gran película que es 'Jóvenes prodigiosos'). De todos modos, siempre resulta estimulante el lenguaje y la inventiva de Chabon. Me han dicho que disfrutaré tanto como con 'Submundo', de Don DeLillo, por lo que he empezado a leer con muchas ganas. Con todo esto ¿quién no cae rendido ante las solemnes y acojonantes 600 páginas que tiene el enorme libro?
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Que te toquen el ordenador es como te toquen un poco los cojones, como que un individuo encapuchado vestido de negro se meta en tu habitación y en tu cama y le empiece a magrear lascivamente el cuerpo a tu mujer, como que un infecto ladrón que huele a aceite y a bocadillo caduco de atún conduzca tu coche, como que un amigo gorrón se acerque a tu casa con la excusa de que llueve y se quede tres años viviendo a tu costa. Todo esto viene a cuento porque me han arreglado el ordenador, sí. Pero a qué precio. Ahora puedo escribir, y no sé si sentirme bien con ello o no. Porque no veo las cosas como antes. No es que me haya vuelto pesimista ni me haya alienado en contra de nadie ni de nada. No tengo ningún sentimiento de ningún tipo hacia la vida. Pero no veo igual las cosas, sobre todo circunscritas a mi ordenador. Y más cuando hablo de este programa llamado Word tan necesario para los inútiles que perdemos el tiempo escribiendo y desarrollando la capacidad retórica para nada. No lo veo igual, lo veo a menos resolución, como en un 486 chungo y barato de segunda mano. Como si me hubiera tomado seis cervezas y escribiera con ‘el puntillo’. Y no encuentro el problema porque parece que todo está como antes. Por mucho que intento encontrar el problema, no lo encuentro. Al menos, eso es lo que me dice el puto ordenador y el nunca bien ponderado XP. El pardal gañán de prácticas que estuvo hurgando en mi pequeño cerebro mecánico estuvo ‘toqueteando’ la BIOS y demás hasta que logró acceder a mi disco duro. Dijo que todo iba bien, que estaba arreglado Y como yo estaba tan acojonado porque veía peligrar años de mi vida perdidos en un disco duro dañado, me puse tan contento. Pero ahora lo no lo estoy, aunque pueda estar escribiendo estas líneas. También me dejó sin programas en el inicio, alegando que me daría mayor velocidad, como si yo quisiera ganar un premio en la fórmula Nascar e hizo esas cosas que se supone que hace todo buen técnico informático cuando trabaja y te mira con sonrisa cínica y te dice entre sonrisillas “pues esto está jodido…”, para al microsegundo decirte “que noooo, que es broma”. Me estoy dejando los ojos en un monitor que se ha vuelto ajeno, enemigo de mi placidez cuando escribía. Esto no es una obsesión mía, porque os aseguro que me mareo yme entran nauseas ¿habrán puesto un filtro estroboscópico para destruirme? No lo sé. Sólo sé que no es lo mismo. Seguiré intentando que todo vuelva a su cauce. Pero, como dicen los inocentes de corazón y los débiles de espíritu: hoy estoy JODIDO. PD: Si alguien propone alguna solución fiable, que me lo diga. O tendré que llamar al típico gordo de barbas rojizas que va en silla de ruedas y viste camisa de cuadros rojos mientras come patatas fritas y ‘Doritos’ y bebe Pepsi que tanto abunda en las películas yanquis.
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lunes, octubre 04, 2004
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Por 'Mujercitas'. Por 'El Danubio rojo'. Por 'La dinastia de los Forsyte'. Por 'El gran Houdini'. Por 'La coraza negra'. Por 'Los Vikingos'. Por 'Words and music'. Por 'Fearless Fagan'. Por 'Mi hermana Elena'. Por 'Vacaciones sin novia'. Por 'Colorado Jim'. Por 'Un beso para Birdie'. Por 'Sed de mal'. Por 'Psicosis'. Por 'Esclavos del pecado'. Por 'El detective'. Por 'Harper, investigador privado'. Por 'La Niebla'. Y, sobre todo, por la colosal hija que nos has dejado...
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domingo, octubre 03, 2004
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Aquí Refo, desde un Lifebook B110 de Fujitsu, extraño entorno que me ha sacado de la cotidianidad y que me sume en una preocupación extrema. No hay nada tan inquietante y frustrante como se te estropee el ordenador. De repente, tengo un nudo en la garganta porque mi CPU (creo que su disco duro, en concreto) ha tenido un pequeño accidente mecánico y no responde. Está en coma, imbuido por una quietud que me provoca espasmos de terror, que me deja en un estado de acojone total, indefenso a mi destino que ahora está en un disco que no sé si volverá a leer mi vida. Sí, amigos. Toda mi vida, mi creación y mi obra está en este momento en manos de la providencia oscura de un disco duro en coma. Y no, no hago copias de seguridad. No aprendo lecciones vitales. Soy así de ridículo. Mañana sabré el alcance de la lesión computerizada de mi ordenador. Espero no tener que asistir a una de esas empresas que te cobran un ojo de la cara por recuperar los datos de un disco dañado. Espero no perder 10 años de mi vida en forma de bytes, así que rezaré. Tengo miedo.
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sábado, octubre 02, 2004
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Gang Bang: El récord sexual PARA MAYORES DE 18 AÑOS: Este post tiene, como salta a la vista lo buena que está Jasmine, alto voltaje sexual (gráfico y lingüistico). Los frágiles de espíritu, muy católicos, retrasados intelectuales, integrantes del OPUS DEI y demás gremios con alergia al sexo, que NO SIGAN LEYENDO. Queda advertido.No quisiera que pasara más tiempo sin narrar una historia que ha pasado con letras de oro a las arcas de mi tan amado cine X, género vilipendiado, visto a una mano y que ha dado obras de culto, maravillas físicas imposibles de volver a ver y estrellas a la altura de cualquier astro o estrella del firmamento hollywoodiense ¡Qué grandes momentos privados me ha dado el cine más sicalíptico! Me reivindico como un gran seguidor, consumista y amante del porno. Y además, aprovecho que esta semana se ha celebrado el XII Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona (FICEB) para tratar, por primera vez 'Un mundo desde el abismo', el tema. Fue hace varios de años, cuando John T. Bone, uno de los directores/actores más ‘dotados’ del cine porno logró la gesta definitiva en el vídeo sexual más irreverente y atrevido de la historia. El libro Guiness recogió la hazaña, miles de portadas acapararon el acontecimiento e incluso (el por entonces de moda) Pepe Navarro nos trajo a la protagonista de nuestra narración cotidiana y amena a través de la pequeña pantalla (en el más que añorado 'Esta noche cruzamos el Mississippi') a todos los rincones de España. Era (y sigue siendo) una diosa, sorprendente y descomunal portento que dejó a todos con la baba en las comisuras de los labios y alguna parte del cuerpo más dura que un domo de hormigón. Muchos sabrán a que me refiero, la hermosa y escultural Jasmine St. Claire, que preparó su sugerente cuerpazo moreno para acoger dentro de él al mayor ‘Gang Bang’ (modalidad sexual consistente en aplacar las ansias del mayor número de hombres posibles en el menor tiempo posible) de la historia del porno. Algo imposible de olvidar. Tumbada en un colchón azul en el interior de una nave a las afueras de Los Ángeles, Jasmine fue batiendo récords, montándoselo con hombre tras hombre, con dos a la vez, con tres y hasta cuatro y cinco, hasta llegar a la friolera de 300.  Tres centenares de machos yanquis llenos de pelos y sin afietar, con barrigas prominentes, fibrosos atletas, 'rednecks' zoofílicos, padres averonzados y hasta chavalines de 16 años haciéndose hombres para perder su virginidad. Todos sedientos de carne de ‘starlette’ hicieron cola (amenizados, eso sí, con señoritas que ‘preparaban’ a estos competidores antes de embestir a Jasmine) para contribuir a una de las marcas que por entonces parecían insuperables en el libro de los Récords. Además, como 'showman' de lujo, Ron Jeremy, el rey del antierotismo, el peludo de bigote más famoso de la historia del porno, narrando el épico récord y haciendo entrevistas reporteriles al más puro estilo CQC. Todo viene a cuento porque el otro día tuve el ‘placer’ de revisar tan codiciado DVD titulado ‘La mayor orgía del mundo’ y quedé sorprendido de la evolución de un número imposible, de la constancia aguerrida de Jasmine, que casi no abarcaba dándolo todo con manos y demás cavidades, mostrando una resistencia inhumana que pocas veces se podrá tener la oportunidad de ver. Luego llegaron más ‘felatrices’ que lograron superar la marca ostentada por Jasmine. Pero ninguna era tan bella. Ninguna tenía su carisma. Hasta el momento, sigue siendo una demostración de afán y superación femenina que constatan la grandeza de una mujer que ha pasado a la historia: Jasmine St. Claire, todo un espectáculo.  Y ya que estoy con el tema sexuarrrl y guarreridas varias, aunque en otra dimensión totalemente diferente, mucho más ética y moral, quiero destcar ese programa llamado ‘Dos rombos’ que dirige y presenta la siempre comunicativa (qué gran mujer) Lorena Berdún programa dedicado al sexo, de carácter divulgativo pero con el entretenimiento propio de un espacio nocturno de televisión. La Berdún, que es una de las mejores presentadoras que hay en la televisión actual, presenta un programa ameno, sencillo y muy divertido que trata temas como el siempre mitificado tamaño del miembro viril (yo siempre le he tenido mucho respeto a mi descomunal 'muñeco calvo' como para medirlo) y de los mitos, confusiones que hay en torno a este asunto tan normalizado como es el sexo (el ‘seso’ que dicen los mayores) y juguetes que hay en el mercado para el disfrute femenino y masculino. También van famosillos como Imanol Arias, Victoria Abril y Maribel Verdú (pronto sacarán a Jorge Sanz, como si lo viera) para que cuenten experiencias y hablen de sexo con la Berdún ¿Os imagináis a José María Aznar o a Zapatero contando cuándo se peló su primera ‘gallarda’, cuándo se desvirgó o qué postura le gusta cuando se lo hace con su esposa –en el primer caso un atentado contra la imaginación-? Lorena Berdún, además, aseguró durante la presentación de su nuevo programa hace unas semanas que en España en hábitos sexuales se está avanzando y que la edad de iniciación en el sexo se ha adelantado. “Los chicos (se incian en el sexo) a los 16 años y las chicas a los 17 ó 18 años”. Yo creo que la frase de mi conservador abuelo "estos chavales de ahora aprenden antes a follar que a hablar" viene a cuento de todo esto. Os dejo, ya puestos (y bien puestos), en enlace a MIKIWAY Channel, una curiosa, muy documentada y mítica página sobre el temilla este cachondón y pornográfico. Un tema que siempre formará parte de mi vida debido a mi oscuro pasado en la indutria del ocio a una mano escribiendo en una página de estas características. Ay, el sexo... que estoy hoy de un cochino...
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Esta noche creo que es el primer viernes de un fin de semana que no salgo a disfrutar de unas buenas cervezas. Es algo que puede parecer normal. Pero no. Me he venido abajo. No sé muy bien por qué. Igual tengo algún síndrome alcohólico, vete a saber. O simplemente porque no me hago a la idea de que estoy aquí, aburrido, bajo el tedio de una velada en la que las estudiantas universitarias han llenado con su belleza y ganas de juergas a todos los bares salmantinos, con algarabía en el bullicio de recintos llenos de alcohol y fiesta. Y yo aquí, solo, ahogando mis patéticas penas escribiendo críticas de cine, lanzando pensamientos intrascendentes, reflexionando vagamente sobre temas en los que nadie piensa y crispado porque mientras unos se lo pasan bien perdiendo neuronas, yo las estoy ahorrando, por primera vez desde hace mucho tiempo, para verter aquí ideas de un pobre neurasténico. Creo que veré episodios me quedan por ver de '24', una serie de la que es imperante hablar en esta weblog y a esperar que mañana mis noches vuelvan a su cauce y se me vea pulular (y nunca mejor dicho) por los bares más infectos del submundo charro y poder contar aquí mis borracheras míticas y surreales. Hasta mañana por tanto.
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viernes, octubre 01, 2004
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Roberto Benigni, el payaso más soplapollas que ha tenido el cine europeo que nos llenó de azúcar y diversión optimista los campos de concetración nazis con su melíflua 'La vida es bella', y que se dio una más escandalosa... cómo decirlo... ¿hostia? con su inédita y costosísima 'Pinoccio' (que aquí en España ni siquiera -gracias a Dios- hemos llegado a ver) promete volver a la carga. Por si no hubiera tenido poco con su 'oscarizada' película sobre lo optimista de Austwitz y lo 'guay' que se lo podía llegar a pasar uno en estos sumideros de torturas, el director, bufón y actor italiano ha anunciado 'El tigre y la nieve', que se desarrollará en Irak en marzo de 2003, cuando empezó la campaña militar de la coalición liderada por Estados Unidos. Por si no hubiera tenido poco, Benigni augura otra comedia, donde interpretará a un poeta que llega a Irak sin planearlo y lo sorprenden los eventos. Y claro, también tendremos a Nicoletta Braschi. ¿Habrá visto 'Turtles can fly', de Bahman Ghobadi? Pues debería para ver cómo se hace una película impactante sobre la guerra con niños y sabiendo de qué se habla.
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Viendo que las dos películas que más me han gustado este año han sido ‘Lost in translation’ y ‘Eternal sunshine of the splotess mind’ pienso en qué me estará pasando. Porqué esa predisposición tan proclive hacia la comedia tristona romántica, hacia el sentimiento que trata sobre el amor eterno, sobre la sensación de estar enamorado. Siempre me ha gustado, claro. Imaginar la vida y el amor en el cine es fácil porque en su vena más optimista (más si hablamos de la comedia romántica) todo es esperanzador y venturoso. En la vida real, por supuesto, no. Puede ser que yo, desde la posición del misántropo que renunció hace tiempo al amor, debido fundamentalmente a que las muy pocas mujeres a las que he amado (siempre secretamente) no me han correspondido, quiera pensar que sigo esperando a la mujer de mi vida, que está ahí, en algún sitio, esperándome. Qué estúpido ¿verdad? No creo en toda esa la poesía lírica. Decía un señor francés llamado Ruwet que el amor puede ser interpretado como una vasta perífrasis sobre un solo enunciado: el "te quiero", pero también puede ser una pérdida de tiempo porque en realidad esta mentira sólo conlleva a un solo término, una paráfrasis de la otra: el "yo sufro". No quiero estar enamorado, porque el enamorado está mermado de capacidades temporales y reales. Un enamorado es un alienado (el amor es un síntoma), un subversivo en estado puro, es la forma misma del nomadismo errático. A su vez, también es la forma más complaciente del asentamiento, recitador hueco del guión de la mitología social: me enamoro, me caso, soy fiel, le doy hijos a mi mujer. A un lado o a otro, a liberales o conservadores, a revolucionarios o reformistas, el enamorado es completamente inútil. O así por lo menos es aceptado de un modo consecuente el que se enamora. Un enamorado es algo así como un fantasma, como un espectro que baja la guardia cuando está con su amada o piensa en ella, pero también es un criadero de sentimientos, un titán capaz de originar gestas por amor. O no, porque anacrónicamente, el enamorado descansa en la melancolía, siempre vulnerable esperando el reencuentro, a estar solo con ella. Él está en medio de una catástrof. El mundo se derrumba y él está afligido por la rebeldía del latir de un corazón que le corresponde. He ahí al enamorado, un incremento de lo privado, de lo no generalizable, especie de militante del anticompromiso y figura antipolítica. Lo que más sustancioso de todo ello es, sin duda alguna, el mal de amores, Según leí una vez, este término es ‘wertheriano’. Una máquina narrativa dolorosa, con final infeliz, entre un ser narcisista y otro obsesivo. El objeto amado se pierde, se enclaustra, juega a la indiferencia, aparece y desaparece en un horizonte imposible. Es impenetrable y hermoso. Es irreal. Eso es el amor, amigos. Mientras, del otro lado, la otra pieza de esa máquina asfixiante es la que sufre y llora. Esta máquina es animofágica. La belleza de la otra, mágica crueldad, parece alimentarse y crecer de la propia energía, del espíritu. Por eso no quiero enamorarme. Por eso no creo en el amor. Viendo ‘Eternal sunshine of the splotess mind’ uno se da cuenta de que el amor o el haber estado enamorado sólo funciona si alguien te ha correspondido alguna vez. Por eso, no creo. O sí, quiero creer. O no. No sé. No. Sí. Bueno, no... Vaya gilipollez que me ha salido. Creo que voy a pedirle a los enfermeros que me pongan la camisa esa blanca que me impide mover los brazos, me den mis pastillas y me lleven a esa habitación tan cómoda que tiene las paredes acolchadas. Si en realidad la película que más me ha gustado han sido los dos volúmenes de ‘Kill Bill’ ¿será eso que me ha entrado instinto maternal como a Uma, o en mi caso, paternal? ¿o simplemente, es que el ‘spaghetti western’ y la violencia forman tanto parte de mi vida que se han convertido en mí mismo? Id a saber.
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La deconstructiva naturaleza del amor Kaufman y Gondry componen una magistral y compleja fábula romántica que tiene en el juego de tiempos su mayor virtud narrativa. Cuenta Charlie Kaufman que Michel Gondry le contó la idea de ‘Eternal sunshine of the splotess mind’ suponiendo qué pasaría si un buen día se encontrara una tarjeta en el buzón que dijera que ha sido borrado de la memoria de alguien. El guionista en seguida recurrió a un poema de Alexander Pope que comienza con los versos “¡Qué felices son los inocentes! Olvidando el mundo, y por éste olvidados. Brillo eterno de una mente inmaculada. Cada plegaria aceptada y con cada una, una renuncia”. Con esta premisa, la precisa y brillante maquinaria de Kaufman erigió una comedia oscura y triste fundamentada en el olvido como sentimiento del amor perdido y muchas veces añorado. Joel es un hombre tímido, retraído y depresivo que un buen día decide improvisar su jornada escapándose en un tren que no le llevará a su trabajo, sino a un pueblecito ribereño. En una solitaria playa, camina y reflexiona, ahogando su melancólica existencia en sus propios pensamientos. En el camino de vuelta conoce a la extraña e hiperactiva Clementine, una joven de la que se enamora al instante. En este punto, cuando han pasado más de veinte minutos de proyección, aparecen los títulos de créditos y comienza la película. Es entonces cuando lo ideal se transforma en insoportable y las diferencias que atraían a la pareja se rompen. Al poco tiempo, Joel descubre que Clementine ha acudido a la consulta de un médico que se dedica a borrar los recuerdos de su relación. Joel decide someterse al mismo lavado de cerebro, pero a medida que ella desaparece de su geodesia emocional, vuelve a enamorarse de ella en un laberinto recuerdos que indican que, a pesar del triste final de su relación, ha sido la mujer de su vida.  El elemento de ciencia ficción o pseudoficción que supone que una empresa ( Lacuna Inc.) borre por un sencillo proceso los recuerdos de una persona, pasan instantáneamente a un trasfondo de credibilidad cuando el verdadero hilo narrativo de la película emerge a la superficie de las profundidades narrativas con las que Kaufman y Gondry plantean un intenso melodrama obsesivo, personal e íntima que fragua su interés en el sugerente término de intentar solucionar en sueños lo que uno no fue capaz de arreglar en la realidad. Una historia de corazones rotos que interpela sobre la vida, el amor, la memoria y el olvido, entendiendo que el amor es lo único por lo que vale la pena haber vivido. Para encubrir este viejo tema del amor, los creadores recurren a la dimensión de la conciencia, a un puzzle de situaciones contrapuestas, jugando arriesgadamente en el filo, enalteciendo su imprescindible visión con una capacidad de sorpresa inquietante. Como viene siendo habitual en sus creaciones, ‘Eternal Sunshine…’ es Charlie Kaufman en estado puro. Una nueva profundización en la fragmentación y desglose del guión, la gran condición que hace inmensa la perspectiva narrativa de este genio (que recuerda a lo que algunos han venido a llamar ‘maze-cinema’, seguido por otros cineastas modernos como Christopher Nolan o Gaspar Noé), una experimentación llena de puntos de giros retroactivos (y a su vez progresivos), de acción minada con un ingenio inquieto y amenazante, dejando el carácter y el pensamiento alterados por el tiempo, por la fugacidad de los sentimientos que, con los recuerdos y la añoranza, mutan, acreditando que dentro del amor existe lo ilógico. Pero más allá de jugar con la afasia temporal, con la deconstrucción narrativa, la gran virtud de esta magistral película es que, en su intención no está la originalidad sino el propósito de contar una historia que muestra la verdadera naturaleza del amor, concibiendo su destino e inevitabilidad, su sentido de la injusticia y la predestinación.  Contrariamente a lo que se pueda pensar, debido a lo intrincado de su disposición argumental casi perfecta, la coherencia es absoluta, pese a desenvolverse en distintos tiempos, realidades y dimensiones, ocurriendo la mayor parte de la cinta dentro del cerebro de Joel, de sus recuerdos, de sus deseos. Con una planificación narrativa de compleja construcción y portentoso efecto formal, Kaufman subvierte los designios del género entrelazando los indicios descriptivos de su magnífico guión hacia atrás. Por tanto, la entidad, la habilidad y la sorpresa de este excelente filme consisten en detallar el final en su prodigioso prólogo para, mediante los recuerdos de Joel, desvelar su significado. Lo el guionista está haciendo, en definitiva, es reunir una asombrosa conjunción de virtudes como perspectiva del misterio que abarcan los deseos internos, los más gratos recuerdos, los sueños y una realidad transformada en onírica, circunscrita a una solución médica que hace desvanecer los recuerdos del pasado en unas horas. Como dijo Armand Salacrou “Un hombre sin recuerdos es un hombre perdido”, y en ése terreno es donde Gondry y Kaufman construyen un hilo conductor que juega con el espacio y el tiempo, construyendo y deconstruyendo una historia que sólo puede ser entendida por la subjetividad del espectador. Es ‘Eternal Sunshine…’ una película de muchas lecturas que apela a continuidad espontánea a medida que la historia profundiza en su complejidad. Y es que nunca fue tan cierto que el sentido de una película está en los ojos del que mira, del que siente de una manera u otra lo que está viendo. Kaufman sumerge al público en sus laberínticos paisajes ficticios, pesimistas y psicológicos, pero ampliando el recorrido al sugerir una historia teñida de intelectualismo existencial y emocional que obliga al espectador a cuestionarse acerca de la vida, del pasado, del presente y el futuro en un viaje de recuerdos que atormentan, pero sin los cuales la felicidad, en casi todos los casos fugaz y frágil, no tendría sentido. Se trata, por tanto, de la película más humana de este genio del guión y una historia escrita en un lenguaje de emociones y no sólo de reflexiones e imágenes.  Este drama cómico o comedia dramática sobre las dificultades que acarrea el amor y la vida en pareja esgrime conscientemente conceptos que procuran llegar al interior de un desenamorado, pretendiendo así entender las insondables dudas y preguntas del corazón, aquéllas que hacen amar, tolerar, aceptar, aprender a perdonar, las que vuelven vulnerables a los enamorados que, a pesar de saber que la pasión es una etapa y que lo efímero muchas veces se convierte en rutina insoportable, tiene su valor en la segunda oportunidad, en el instante en que el alma se desnuda, volviendo a nacer, encontrando de nuevo el amor, reflejado todo ello en imágenes y secuencias pretéritas que van cobrando sentido según avanza la acción en el presente, retrocediendo en los recuerdos del pasado. Un efecto de originalidad temporal que nunca devora el peso de sus protagonistas. Y aunque ‘Eternal sunshine…’ se construya bajo unos personajes ambiguos y enigmáticos, solitarios e incomprendidos (característicos la espectacular carrera de Kaufman), aflora su genialidad a través de la imaginería visual de Michel Gondry, que se adapta al portentoso guión de Kaufamn y lo hermana a la perspectiva de su cosmos gráfico, traduciendo visualmente, de forma dinámica y sencilla, el desdoblamiento de universos paralelos que propone el guionista, aportando lo necesario para narrar esta difícil y hermosa oda al romanticismo donde la memoria y fragilidad quedan simbolizadas por la continua contraposición de los libros, dibujos y recuerdos, alegorías de la subsistencia de la memoria, y, por otra parte, la nieve, alusión al gélido olvido, a la limpieza de recuerdos que son utilizados para revelar que mientras Joel y Clementine observan las constelaciones sobre el río helado, mientras escapan al proceso de limpieza de memoria que ellos han solicitado, los ecos del mundo real repite los mismos errores. En todo este fascinante recorrido por la desbordante capacidad argumental de la película, aportan un embrujo fuera de lo común un Jim Carrey, en su mejor papel, que vuelve a demostrar su pulso dramático, su contención de gestos y muecas, para ofrecer una lección de interpretación, como ya lo hiciera en ‘The Majestic’ y ‘The Truman Show’. Igualmente en estado de gracia se muestra esa asombrosa actriz que es Kate Winslet que, pese a lo irritante e imprevisible de su personaje, consigue traspasar la pantalla con una dulzura y un magnetismo que desarman cualquier (e incomprensible) prejuicio que se tenga ante la protagonista de ‘Titanic’, una de las mejore actrices que ha dado el cine contemporáneo. En este apartado artístico los secundarios, espectadores inconscientes del drama de amor de los protagonistas, Elijah Wood, Kirtsen Dunst y, sobre todo, Tom Wilkinson y el camaleónico Mark Ruffalo, merecen todos los elogios de un trabajo excepcional. Con todo ello, bajo la mirada oculta de una Nueva York fría y melancólica, la nueva película de Gondry, ambigua, sutil y sencilla en su complejidad, supone un poema visual al amor. Pero no un amor encauzado al romanticismo entristecido, sino recurriendo al amor desquiciado e impulsivo, que susurra nostalgia y pesimismo, pero que encuentra en su extraño final una ventana a la esperanza, a la creencia en el destino como vía de la indescifrable felicidad. Una película dedicada al eterno brillo de las mentes inmaculadas (las que evoca el título original), aquéllas que entenderán que no se puede esquivar el amor, aunque no se recuerde ni siquiera de quién se está enamorado o por qué se quiere estarlo. Miguel Á. Refoyo © 2004
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