jueves, 15 de diciembre de 2011

Review 'Un método peligroso (A Dangerous Method), de David Cronenberg

El poder de la perversión dialéctica
Aunque parezca desviarse de su provocadora y morbosa temática, el material psiquiátrico del filme, nutrido de coerciones, masoquismo sexual y efusiones reprimidas, se equipara a los rasgos identificativos del cine de Cronenberg para explorar los límites del ser humano.
La última película de David Cronenberg es, a priori, un cambio de registro, un desviamiento de ese habitual universo que colecciona morbidez y desasosiego tendente a la enfermiza náusea implícita. Sin embargo, ‘Un método peligroso’ revoca esta afirmación y sumerge al espectador en un viraje sutil que, a pesar de vislumbrar una discontinuidad estilística y temática del autor canadiense, no es más que una tentativa de metamorfosis metalingüística, de nuevas vías más arraigadas a una visión digamos académica, pero sin abandonar su obstinación por indagar en las oscuras acequias morales que inundan cuestiones acerca de la naturaleza humana y la obsesiva dualidad encubierta.
Por eso, los textos en los que se basa su última y apasionante cinta; la obra de Christopher Hampton ‘The talking cure’ y ‘A most dangerous method’, de John Kerr, se acomodan como material idóneo para seguir refiriendo algunos de los grandes temas dentro de la obra de Cronenberg como puedan ser la sexualidad, el inconsciente o la represión dentro del aparato social que nos rodea, que a su vez pueden ser considerados como los tres grandes elementos que se erigen como el corpus ideológico de las teorías de Freud.
‘Un método peligroso’ arranca en agosto de 1904, con Sabina Spielrein siendo llevada en carruaje aquejada de neurosis histérica a la Clínica Burghölzli, el Hospital Psiquiátrico de la Universidad de Zurich donde trabaja el Dr. Carl Gustav Jung. Mientras la trata siguiendo el método de curación por la palabra, empleada por primera vez con fines terapéuticas por el Dr. Joseph Breuer, el prometedor psicoterapeuta maneja con vocación freudiana los conceptos de represión como dispositivo de autodefensa hasta lograr unos sorprendentes avances con los que la paciente se convertirá primero en pupila y después en amante. Sus avances serán detonante que abra la relación de Jung mediante un juego epistolar y amistoso con el Dr. Sigmund Freud. Se trata, por tanto de una historia de una relación a tres bandas, un ‘ménage à trois’ intelectual entre las tres mentes privilegiadas que definieron el psicoanálisis conocido como se conoce hoy en día; Jung, Freud y el vértice que forma la propia Spielrein, quien también ejerció gran influencia en el desarrollo de futuras claves psicoanalistas configuran así los roles protagónicos del filme.
En un principio, el guión de Hampton aboga por la relación que se establece entre Jung y Spielrein, del mismo modo que narraba la película de Roberto Faenza de 2002 ‘Prendimi l´anima’, comenzando su relación de colaboración en sus adelantos con test psicológicos por asociación de palabras combinados para medir los registros psicogalvánicos para pasar a la evolución de ambos roles. Ella arrastra un trauma infantil por el castigo paterno y el placer sexual masoquista cuando sentía dolor. Jung, obsesionado con la joven, reprime sus pulsiones, alejando el deseo ante la turbia relación que se fraguará con la joven cuando está a punto de recobrar la cordura total. Entretanto, van consolidando charlas profesionales sobre el inconsciente colectivo y el mito de Sigfrido, por el ambos comparten filia. Es en el momento en que se consuman las obsesiones de Sabina, al reconocer la figura paterna, el encuentro con el tortuoso pero placentero pasado, cuando la degradación sexual se solidifica en placer catártico y se produce la reconciliación de contrarios para Jung azote y desvirgue a Sabina y la cure definitivamente. Con esta forma de perversión es como Jung ejerce de medicina sobre la joven.
Los adelantos son compartidos a medio camino entre entre Zurich y Viena por Jung y su admirado Freud, que comienzan discutiendo sobre la perspectiva conceptual de Freud sobre la libido, sobre la necesidad del psicoanálisis como campo de fuerza y acaban distanciando opiniones y decepciones con distintos puntos de vista sobre la joven aprendiz de Jung. Para éste, la todopoderosa figura del psicoanalista checo se ve decepcionada en un primer momento, tal vez por un prejuicio socioeconómico derivado de su primera visita a la humilde casa de Freud en número 19 de la Berggasse vienesa, identificada con un modo de vida hogareño y rutinario con largos paseos por los jardines del Belvedere. Cronenberg va configurando ambas relaciones con un sentido de la estructura muy accesible al público, regalándole a su vez un destacado detallismo y puesta en escena. En estas conversaciones ambos dialogan sobre Spielrein con gran densidad y retazos bibliográficos de ambas obras científicas y hará que Freud vea una salida a sus avances profesionales en la figura de un terapeuta ario que consume sus teorías más allá de los claustros intelectuales judíos a los que pertenece.
Es cuando la historia toma sus tintes más sugestivos, en la construcción de ese distanciamiento, exponiendo con ello un apasionante tira y afloja de celos profesionales y personales apostados en la diferencia de clases, puesto que Jung reside en una cómoda situación económica y familiar gracias a su matrimonio con una rica heredera, que cultiva sobre una losa de coacción que no es bien vista por Freud. Así como su destronización como figura paterna, como árbitro de la conducta del doctor Jung, que opta por otras vías de investigación alejadas de los preceptos de las teorías sexuales como la mística o la precognición.
Entre medias, entra en escena un componente que transforma las líneas de acción. Se trata de un psicoanalista anarquista, el profesor Otto Gross, enviado a Burghölzli por Freud, que escaldará la liberación sexual de Jung para que éste haga físicos los sentimientos que desarrolla hacia su paciente. Su nihilismo de la “no represión” es otro de los dispositivos de separación entre Freud y Jung, puesto que en base a sus sugerentes exhortaciones comienza a poner en entredicho al maestro, constriñendo la etiología sexual de la neurosis hacia otros campos que van más allá de aquellos límites científicos y racionales. ‘Un método peligroso’ es una historia de dos desamores. El de Jung con Sabina Spielrein, pero también con su mentor, el Dr. Freud, que se materializa en dos momentos clave; con un sueño inconfeso ocultado en el viaje a Estados Unidos, cuando Freud da muestras de su hermetismo deontológico tratando a Jung como si fuera un paciente, hasta la ruptura de relaciones y charlas cuando Jung se obstina en contradecir a Freud durante el Congreso Psicoanalítico de Münich en 1912 y éste cae desplomado como identificación simbólica de la muerte del padre.
En este terreno, es donde Cronenberg más evoca la naturaleza enferma e incisiva de su cine, más allá de alteraciones parasíticas o de cine fantástico, llevando con gran destreza esa perforación en la psique de ambos doctores que evidencia que, por mucho que haya evolucionado el psicoanálisis, las contradicciones en relación al disyunción de ideas de ambos componen un manifiesto bastante desalentador sobre la corriente psiquiátrica que, según las conclusiones que vierte Cronenberg, inutilizan la resolución real de los problemas planteados. Su identidad característica proviene, por el contrario, con la metamorfosis de esa mujer débil que se transforma en una doctora capaz de sugerir al mismísimo Freud la hipótesis relacional entre la sexualidad y el instinto de muerte y superar los sentimientos que experimentó en su infancia hacia su padre y reflejados en el Dr. Jung cuando se va dejándole destrozado en su regazo. Son relaciones avocadas al fracaso, que concretan una de las claves ya visitadas por el cineasta en anteriores filmes: la de la necesidad de enfrentarse con diversos tipos de violencia a otras personas para encontrarse a uno mismo.
Con todo este material psiquiátrico, nutrido de anomalías y coerciones, de masoquismo sexual y efusiones reprimidas, Cronenberg no desaprovecha la ocasión de explorar de los límites humanos con un brío estilizado, muy moderado y maduro, dejando a un lado la simbolización de las habituales alteraciones somáticas y la subversión para realzar su tono convencional, más falsamente cercano, con una historia de un hombre que desafía a su maestro y a sus instintos. ‘Un método peligroso’ es la cinta más dialéctica de su autor, en la que la palabra es tan fundamental como las imágenes, subrayando sus disertaciones discursivas que cobran un valor protagónico por encima de una atmósfera que no resulta en absoluto malsana, pero sí viciada de una abyección ‘cronenbergiana’ escondida tras las palabras del guión y sin dejarse coartar por las restricciones de la época en la transcurre el drama. Una cinta fraguada en diálogos con resentimiento, reconcomidos con una violencia latente que nunca llega a estallar y donde las pulsiones potenciales se atenazan bajo la aparente calma con la que se van dirimiendo los conflictos de egos y lucha conceptual que atraviesa transversalmente la narración.
Sin embargo, a Cronenberg le pesa demasiado la tendencia del guión de Hampton hacia un vitriolo romántico, desdibujando la gran potencialidad enferma y psicoanalítica que encierra el texto muy dulcificado por el guionista de ‘Las amistades peligrosas’. Aunque hay que reconocer que ese sondeo al enrevesado mundo de la psique humana no evita que se tracen nexos de unión con sus anteriores y celebradas invectivas mucho más morbosas y oscuras como ‘Inseparables’, ‘M. Butterfly’, ‘Crash’ o ‘Spider’. A Cronenberg este punto de vista sobre la culpa sexual como germen de zozobra psicológica le interesa. Y mucho. El fracaso de la relación entre Jung y Freud no es otra que la de profetizar el inicio de una guerra, de la disección de Europa y del sistema cultural del occidente judeo-cristiano. Es la forma que tiene de lanzar una mirada cínica y crítica hacia los vicios y amoralidad de la sociedad burguesa de principios del Siglo XX a punto de materializar una era de conflictos y revoluciones de todo tipo y demostrar así la raíz de la hipocresía, las limitaciones y los convencionalismos que terminan por establecer complejos y traumas que asolan a los personajes.
En lo artístico, hay destacar la fuerza ponderativa de ese actor de moda que es Michael Fassbender o el carisma de un Viggo Mortensen con pocas líneas que hacen echarle de menos cuando no está en pantalla, al igual que el efímero lujo al que invita Vincent Cassel o la sutil importancia que despliega ese pilar terrenal que es Emma Jung, con los rasgos de una fantástica Sarah Gadon. Pero sería injusto no elogiar, al menos en intención y en arrojo, el trabajo de Keira Knightley y su construcción y evolución de su personaje a pesar de los espasmos con los que nos deleita en los comienzos del metraje, siendo capaz de hacer crucial su credibilidad como paciente reconvertida en psicoanalista. ‘Un método peligroso’ es una película que aborda cuestiones que se entretejen entre la pasión y la consciencia, el deseo y la razón, el cuerpo y la mente que Cronenberg aprovecha con elegancia entrever la perturbación que anida reposada en cada fotograma de un cine intelectualmente estimulante.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011