jueves, 8 de diciembre de 2011

Andy Warhol, la simpleza como lucidez

A estas alturas Andy Warhol es al arte lo que John Casavettes pudiera ser al cine, un artista que hizo de sí mismo su mejor lanzamiento y se erigió en un símbolo icónico para una época concreta que marcara con su obra artística ajena a las modas. Por su forma de ser, de actuar y de concebir el arte, Warhol se convirtió en una de las figuras más carismáticas del arte contemporáneo y en el mago de una generación de artistas que creció bajo su basta sombra, bajo la sombra del rey del ‘pop art’. Un famoso vídeo de King Evans para la televisión americana se centraba en la vida y en la forma de ser de este Warhol logró con su obra cambiar el concepto del arte hasta entonces visto, provocando una revolución estética con sus series miméticas de retratos de cromatismos saturados. Aunque acabara copiándose a sí mismo una y otra vez en las páginas de la mediocre revista Interview, Warhol tuvo una época gloriosa dentro del arte neoyorquino, y por extensión, en un entorno global en el que arte y la industria realzaron su figura en el siempre exigente universo de las artes plásticas. Fue un artista innovador, un pensador estrambótico que contestaba a las preguntas con monosílabos, convirtiendo el cultivo de la simpleza en un soberbio ejercicio de lucidez.
Warhol no era como los demás, era diferente, raro, extraño… con un lenguaje parco en palabras que casi se veía reflejado en sus obras. Su concepción del mundo era la de un lugar caótico en el que para salir adelante uno tenía que inventarse una realidad propia. Una imaginería sin límites que plasmó su concepto de artista multidisciplinar y mediático en cada obra que creó. Un artista conceptual, creyente de la interactividad del espectador. Según Victor Bookis “El serigrafiar una foto de Marilyn era algo demasiado sencillo, pero una vez visto te quedabas mirándolo y te dabas cuenta de que era grandioso”. La evolución de Warhol, desde su infancia hasta la gloria que alcanzó con sus creaciones ‘pop’ pasando a se el abanderado de una vanguardia inventada sobre la superficialidad y sencillez casi infantil en sus obras como prolífico hombre de arte; dibujante, grafista, fotógrafo, cineasta, productor musical, empresario y, por último, estrella mediática.
Pasó de ser ilustrador a convertirse en un mito gracias a un bote de sopa Campbell, una botella de Coca-cola o una foto de Elvis que pasaron a ser simples objetos a iconos, en parte por que la gente al tener estas cosas tan alcance de la mano nunca había sabido mirar y Warhol ideó un concepto artístico donde la trascendencia carecía de cualquier de importancia asentada en la trivialidad cotidiana y consumista de los objetos que nos rodean. Pocos artistas de este siglo han tenido del extraño magnetismo con el que Warhol concentraba lo industrial y lo artesanal con sus mezclas y reproducciones sucesivas. Este observador silencioso creó en un estudio de la 47th East de Nueva York la que sería mitológica The Factory, una galería de artistas que entraban y salían según fuera el interés. Los jóvenes valores de cualquier rama de la cultura desfilarían por allí, gente que quería crear cosas con polivalentes acercamientos a esferas interpretativas del arte opuestas a lo concebido hasta el momento. De todo ello, Warhol desclavaba el talento y la inspiración para sus cuadros. Sin olvidar las canciones de la mítica y legendaria The Velvet Underground de Lou Reed o de las películas de un solo plano fijo, el la consecución radical de una idea y locura entregada al realismo cotidiano con ‘Sueños’ y ‘Las chicas de Chelsea’, así como su contundente vertiente ‘underground’ que destilaron filmes como ‘Trash’, ‘Flesh’ o ‘Heat’ rodadas con una Boxel de 16 mm.
Sus obras pronto empezaron a suscitar el interés de gente con inquietudes artísticas diferentes. El marchante Ivan Karp en 1961, con sólo ver una obra basada en Dick Tracy, fichó a Andy Warhol, que por aquel entonces defendía su obra con la simpleza de reproducir una y otra vez serigrafías de cereales Kellog’s, botellas de refrescos, jabones, sus propias fotografias y cualquier objeto rutinario. Con la ayuda de Gerard Malanga, Warhol aterrizó en los años sesenta como una estrella. Era considerado como un padrino de un movimiento inclasificable caracterizado por buscar la verdad en la sencillez del entorno. Y aunque para ciertos sectores de la sociedad Andy Warhol era un provocador y un demente o para otros fuera tratado como una providencia. Sobre todo en círculos burgueses, siempre acompañado de un séquito de grotescos intelectuales y pensadores bohemios del Upper East Side o estrellas a las que él mismo dio la fama y entre las que destacaban musas como Edie Sedgwick, Susan Bottomly, la mítica Ultra Violet, Viva o Candy Darling. Warhol revolucionó con su ideal no sólo el arte, sino otras disciplinas como la música, cuando la mencionada Velvet Underground de John Cale y Lou Reed le contrata como manager en una época donde la banda generó canciones que provocaban con sus temas escabrosos acerca de del sadomasoquismo (‘Venus in furs’), tediosas fiestas (‘All tomorrow’s parties’) o la autodestrucción (‘Heroin’). Una senda abierta por Warhol que inspiró al artista mediante la figura de la cantante alemana Nico.
En 1968 Valerie Solanas, una feminista que había formado parte de la Factory, intentó asesinarle disparándole varias veces. Justo dos días antes del magnicidio de John F. Kennedy. El metalenguaje de Warhol para denunciar situaciones sociales norteamericanas como su ‘Silla eléctrica’, sus serigrafías de Kennedy o del ‘Blaxploitation’ que irrumpió como grito social por parte de los afroamericanos fue diluyéndose y la obra del gran totém del ‘pop art’ se fue apagando a medida que avanzaban los años. Al igual que se creó a sí mismo también se fue extinguiendo al seguir los mismos caminos que le habían popularizado, limitándose, entre otras cosas a cotillear en revistas lamentables y a reírse de las chorradas que soltaba Truman Capote cuando se emborrachaban. Creó la revista Interview y en sus últimos años se dedicó a crear absurdos cuadros de encargo o aparecer en fiestas del Sudio 54 y relacionarse con otros artistas emergentes como Jean-Michel Basquiat, Keith Haring o Francesco Clemente.
Los “15 minutos de fama a los que todo el mundo tiene derecho” (según manifestaba en diversas ocasiones) duraron en su caso varios años. Unos años en los que supo crear arte de la vulgaridad que nos rodea y que con sus pupilos de la mítica Factory nadaron contra viento y marea en el mundo artístico y que, por azar de la vida o por sus ganas de hacer algo diferente, pasaron a la historia como uno de las pocos exponentes lúcidos en una década llena de utopías de buenas intenciones, de revoluciones que al final no sirvieron para nada. Warhol dijo una vez “lo que ves es lo que hay” y es lo que define su esencia artística. Su fama manifestó lo que había; sopas, refrescos, mitos del celuloide, cantantes... Es lo que dejo Warhol con su obra. Vendría a ser el prototipo de artista que llegara a corroborar que “todo lo que está es arte y el arte es para quien lo encuentra” y su arte fue eso: simplicidad. Un verdadero icono que nunca perderá su intensidad.