miércoles, 2 de noviembre de 2011

Review 'Mientras duermes', de Jaume Balagueró

El lobo está en casa
Jaume Balagueró sabe perfilar a un monstruo humano, obsesivo y pérfido, logrando que el espectador cree un vínculo insano en el seguimiento de sus oscuras hazañas vecinales.
A lo largo de la historia cinematográfica, el miedo ha tenido tantas mutaciones que a veces es complicado reconocerlo. El miedo desafía los espacios y las certezas de lo que uno está viendo y viene a confrontar la realidad cuando ese terror anida dentro del hogar de cada uno, identificando y unificando esa intimidad que compartimos en nuestra privacidad que no aparenta ninguna amenaza. Sin embargo, es donde el ser humano es más vulnerable, por lo que una amenaza en el territorio propio debilita y termina por anular cualquier tipo de inmunidad. El miedo a la invasión de nuestro espacio personal o de nuestra propiedad puede ser el contexto salvaje en el que cuestionar la fragilidad.
Eso es lo que parece sugerir Jaume Balagueró con esta turbadora fábula que confecciona desde su inicio, con una voz en off taciturna y desolada, a un monstruo confeccionado a través de la envidia, sumido en una constante crisis que provoca en él una irreversible desazón por ser infeliz, que tienta cada día al suicidio por llevar una vida vacía y de frustración. ‘Mientras duermes’ presenta y se sostiene, casi de forma unilateral, en uno de los mayores hijos de puta que haya dado el cine en mucho tiempo; un enfermo obsesivo que opera quirúrgicamente en la vida privada de sus vecinos, pero que también expone un hombre solitario y oscuro cuya descripción psicológica resulta angustiosa e incluso conmovedora.
La octava película de Balagueró (la quinta en solitario) asume con delineación patógena la senda del guión de Alberto Marini para escarbar con frialdad en la presentación y desarrollo de este personaje; desde su metodismo a la hora de configurar sus pasos, su día a día y oscura rutina, hasta llegar a crear una especie de ‘feedback’, un vínculo insano entre el espectador y el personaje con el seguimiento de sus hazañas vecinales. Se trata, por tanto, de un ejercicio de manipulación, de reciprocidad por parte de un público que se mete en la piel del lobo y llega a desear que sus conquistas se consumen, agazapados debajo de una cama esperando que llegue el momento para actuar y hacer el mal. En ese sentido, Balagueró sabe perfilar a su alimaña para que todo resulte creíble y que el odio a la representación de la bondad y de la felicidad que simboliza esa vecina del 5º B pizpireta y radiante que es Clara, siempre con su sempiterna sonrisa a pesar de los males que le aquejan provocados por su aterrador portero, lleguen a molestar. Sin necesidad de falsas excusas ni cortadas, aquí el antihéroe es un ogro que se alimenta del dolor ajeno para sentirse vivo, como un vampiro que subsiste cuanto más sufrimiento y angustia existe a su alrededor y que aspira a que los demás sepan lo que es sufrir tal y como sufre él.
Con el talento visual que le da un extenso bagaje en el género, en esta ocasión el director ilerdense sigue investigando los caminos del mal en estado puro, si bien se aleja sutilmente del terror clásico y de las fórmulas tan bien urdidas que había mostrado en su impecable filmografía adscrita al género. Aquí no existe el efecto, el susto provocado por ese momento inesperado con golpe sonoro, ni la recreación sensacionalista del terror. A Balagueró le interesa ir consumando su manifiesto mediante las emociones, a través del desaguisado psicológico y metódico de su desequilibrado personaje, creando una atmósfera concreta y reconocible, controlando su puesta en escena para que todo resulte eficaz.
En ‘Mientras duermes’, no obstante, no abunda un excedente de originalidad. No cuenta una historia que no hayamos podido ver a lo largo de los últimos años en multitud de ocasiones. Sin embargo, bajo ese manto de obviedad se esconden algunos de los temas interesantes más interesantes de esta obra de Balagueró, porque el miedo está desglosado en varios frentes; no sólo en la idea demoníaca de ese portero que disfruta haciendo el mal a sus semejantes, si no en el propio temor autoasumido a ser normal de éste, a sentirse tan sólo y despojado de humanidad que ve imposibilitada una conducta estandarizada dentro de un colectivo. De ahí que César disfrute gozosamente al narrar su problemática a una anciana de un centro hospitalario de la que el espectador puede sospechar que es su atormentada madre, pero a su vez que tampoco tenga un vínculo con este monstruo más allá de ser víctima de sus oscuros planes vitales.
A ‘Mientras duermes’ se le perdona incluso alguna falta a la verosimilitud, de ingenuidad a algunos resquicios o dobleces en los movimientos de las acciones, a algunos personajes que sirven de excusa como circunloquio para justificar algún giro argumental o de las causas y efectos que producen algunos de los momentos más confusos del filme. No importa. Balagueró consuma una muestra impoluta de terror cotidiano que juega astutamente con la sensación de angustia intensa que atrapa y acojona desde las entrañas de ese portero que se deleita con macabra y enfermiza obsesión por hacer daño a sus vecinos y cuyo objetivo final es la progresiva destrucción de una felicidad manchada de espeluznante horror en un plano final desolador. Es el colofón para que nociones como seguridad y estabilidad queden destrozadas por la perturbada e inquitante intención de un cineasta desprovisto de complejos a la hora de hablar del lado más oscuro del ser humano. Y sí, lo de Luis Tosar empieza a dar miedo con tanto desbordante talento, ejerciendo su función con una capacidad interpretativa tan absolutamente dotada para la excelencia que casi sobran los elogios y los cumplidos. Está simplemente brutal.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011
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