viernes, 5 de agosto de 2011

Review 'Green Lantern: Linterna Verde (Green Lantern)', de Martin Campbell

El franquiciado del ‘fast film’
Green Lantern (Linterna Verde)’ sigue los estándares de la ejecución actual de adaptaciones de cómic casi a rajatabla, desvaneciendo su oportunidad de ofrecer algo nuevo al espectador.
Echando un vistazo a la cartelera y a los futuros estrenos, no se puede evitar comparar tanta adaptación cinematográfica llegada del mundo del cómic con la comida rápida, el franquiciado y la globalización. Hollywood ha encontrado un modelo económico que ha variado, como en otros sectores sociales, los estándares de calidad y hábitos de consumo. Parece ser que esta moda funciona y el cine ha encontrado en los tebeos un filón inacabable que sobrelleva una explotación radial que al final vuelve sobre sí misma. Tanto es así que, como suele ser habitual (aunque no siempre), en las franquicias se antepone la comercialidad de sus productos a la calidad final. Con esta agorera entradilla y paralelismo ‘cinematográfico-alimenticio’ podría definirse ‘Green Lantern (Linterna Verde)’, ya que se corresponde a ese saco taquillero en el que caen las cada día más olvidables propuestas que se suceden dentro de este subgénero tan solidificado en el cine contemporáneo con profusión de secuelas y ‘reboots’ de todo tipo y condición.
La voz en off avanza, casi mecánicamente, lo que vamos a ver: una comunidad galáctica que congrega fuerzas defensoras de la paz y el equilibrio, inmersas en un universo compuesto por más de tres mil sectores que recluta héroes para aprovechar la energía verde esmeralda para defender la justicia a través del cosmos con voluntad y arrojo. Uno de ellos, el primer humano de todos, será elegido para frenar a una perniciosa fuerza conocida como Parallax, que ha iniciado una operación de coacción con el objetivo de devastar la ecuanimidad del orden intergaláctico. Se inicia así una reinterpretación de las aventuras creadas Bill Finger y Martin Nodell para DC Cómics, abstrayendo la mitología de 1940 para experimentar con ella dentro de la complejidad de este universo dentro del planeta OA. Los planteamientos originan una reiteración conceptual y argumental que ya empieza a resultar cansina; el héroe comienza siendo un arrogante, un “viva la vida”, un playboy que podría equipararse al cínico Tony Stark de ‘Iron Man’, traumatizado por la muerte de su padre que cayó antes sus ojos y tan descreído que se ha convertido en un kamikaze del vuelo sin miedo a nada. Forjado en el arquetipo, su elección como nuevo miembro de un equipo élite de centinelas celestiales gracias a un anillo que le confiere súper poderes es la coartada para emprender un viaje a la transformación de ese despreciativo piloto en mejor persona, más vulnerable y honesto con sus actos.
Es este trasfondo humano el que vertebra al luminoso personaje, pero enseguida cualquier grado de ambigüedad queda disuelto por la abrupta evolución de su personalidad hacia un acartonado titán y salvador que se toma demasiado en serio así mismo, como la película en sí, contrastando con la propuesta inicial del gamberro que duda sobre su cimentación como héroe. Su postiza falta de pretensiones y pura diversión tiene un desequilibrio que echa de menos irrupciones de un humor autocrítico que llegan en momentos impresivibles, haciendo que la ‘space opera’ épica carezca de cualquier tipo de consecuencia en su fondo discursivo sobre la tenacidad y el recelo.
A ‘Green Lantern (Linterna Verde)’ le falta algo locura ‘kitsch’ y le sobra disparidad y una afectación visual que reduce a un espectáculo simplista toda la genealogía de este superhéroe enmascarado. No evita con ello ser otro entretenimiento que busca la enésima variación de la analogía que se establece entre Linterna Verde y toda la estirpe que lleva consigo el sello de la DC o el universo Marvel. Al espectador avezado, todo esto le suena a clonación y no puede sentir un vacío como si el mismísimo Parallax le aspirara su alma como ocurre en el filme. Tampoco ayudan sus efectos especiales de saturación colorista, que la acercan más a una función animada de atiborrada luminosidad antes que a una apuesta por el condimento de credibilidad superheroica. Aquí eso da lo mismo. Lo que en un principio es un propósito como el acercamiento luminiscente a la visualidad intencional de cualquier ‘Superman’, antes que apostar por una asumida y engreída lobreguez de cualquier ‘Batman’ de Nolan, termina por enflaquecer su estética refulgente al tono de cualquier episodio de la televisiva ‘Smalville’.
Y poco puede hacer su director, Martin Campbell, por impedirlo. Máxime, cuando sus secuencias de acción poseen un elegante clasicismo y están resueltas como ejemplo modélico de la lección aprendida dentro una carrera fraguada en el cine de género. Es una pena que no consiga soslayar la previsibilidad que desabastece de sustancia la narración y sus imágenes. Tampoco se aprovecha el encanto que Ryan Reynolds ha demostrado en películas anteriores (‘Buried’, ‘Adventureland’ o ‘Paper Man’), estando aquí falto de carisma y por debajo de ese equivalente personaje, antítesis cercano en conflicto, al personaje de Peter Sarsgaard Hector Hammond, ese ‘mad doctor’ hermanado al John Merrin de ‘El hombre elefante’ y de grandes nombres como Tim Robbins, Angela Basset o Mark Strong. ‘Green Lantern (Linterna Verde)’ sigue los estándares de la ejecución actual de adaptaciones de cómic casi a rajatabla, aunque tampoco es para afirmar que es espantosa, sólo por esa colisión colorista que divide a los villanos, con afinidad hacia el amarillo que representa la mancha de la maldad, contra el de los héroes, simbolizados con el color verde de la voluntad y la esperanza.
En esta moda inacabable, una película como ‘Green Lantern’ hace reflexionar sobre la necesidad de explotar una tendencia hasta el agotamiento. Las adaptaciones de cómics en Hollywood van por ése camino de extenuación, en la búsqueda de la rentabilidad entendida como producto de venta o como marca de diseño más allá de su excelencia como obra cinematográfica. En ése sentido, una película tan desastrosa como ‘Jonah Hex’ (obviamente, otra adaptación de cómic) poseía más valía de riesgo que esta película que, por si fuera poco, en sus créditos finales revela claramente que el personaje noble se convierte en un villano para un futuro episodio. Y lo más chocante de todo es que, contra todo pronóstico, incita a seguir al héroe glauco en su transformación al lado oscuro. La gran industria del entretenimiento sabe ejercer a la perfección sus manivelas de manipulación.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011