viernes, 1 de julio de 2011

Review 'Resacón 2 ¡Ahora en Tailandia! (The Hangover Part II)', de Todd Phillips

Cuando la secuela es un ‘remake’ de conveniencia
Todd Phillips y sus guionistas se autoplagian en una secuela carente de sorpresas e innovación que sigue la fórmula narrativa de su predecesora sin perder el sentido del humor atrevido y políticamente incorrecto.
Cuando en la azotea de un rascacielos Phil (Bradley Cooper) dice “ha vuelto a pasar”, nadie se imagina que se está admitiendo, a modo casi de ‘spoiler’, que la película que está a punto de ver el espectador es casi idéntica a la anterior. La fórmula de ‘Resacón en Las Vegas’ supuso un acierto en varios frentes; primero, como resurgimiento de un género cómico que, si bien seguía los conceptos comunes de lo que se ha dado en llamar ‘Nueva Comedia Americana’, supo sobreponer la diversión y la comedia en estado puro a los austeros entresijos morales y existenciales de sus bases. Y segundo, en la fruición de un ritmo de acción formidable, donde los giros constantes sobre la hipótesis acerca del paradero de uno de los integrantes de una fiesta loca dejaron el desmadre con un tipo de situaciones dipsomaniacas identificables y llevadas al extremo con genial histrionismo demencial.
‘Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia!’ recurre a una idéntica fórmula, la de monumental y amnésica resaca que provoca otra incógnita movida por una elipsis total que obliga a la reconstrucción del puzzle provocado por la ingestión involuntaria de una mezcla de alcaloides que desembocan en una noche de brutal juerga que sume en el olvido posterior a todos los integrantes de esta parranda sacada de contexto. Doug, Alan y Phil viajan a Tailandia para asistir a la boda de su colega Stu. Sin embargo, esta vez no pierden a Doug, que permanece ajeno al lío (y gracias) en su hotel, sino al hermano pequeño de la novia, el protegido del padre y un virtuoso de la medicina y el chelo. Tampoco falta en el sarao el gángster afeminado y loco llamado Mr. Chow (Ken Jeong), centro de las pesquisas de su primera parte.
De entrada, la gran decepción viene provocada por la paulatina falta de innovación, por esa constante réplica de facilidad poco trabajada, donde el guión fusila la estructura de su predecesora narrando con exactitud los mismos pasos que abren la recapitulación sobre las convulsiones noctívagas de este grupo de amigos. Todd Phillips, en complicidad con unos guionistas que no se han esforzado mucho, ha confeccionado un ‘remake’ asiático de la primera entrega, con los mismos pliegos, obteniendo un ‘fast food’ a modo de remedo. Lo malo es ya no tiene tanta gracia un humor más acartonado. Al menos no se pierde la eficacia grosera y temeraria asignada a lo que el público va a esperar del filme. En analogía narrativa, las dos entregas se alinearían casi a la perfección.
En ‘Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia!’ no hay sorpresas que vayan aportando frescura al desarrollo, ni novedades que dinamiten las expectativas más básicas y previsibles. Algo que termina por derivar en la triste extinción de la carcajada que da como consecuencia que la diversión se resienta en una limitación de sus objetivos. A pesar de ello, Phillips no pierde de vista el tono gamberro, pasado de rosca y explícitamente desinhibido, sin obviar la vulgaridad, entroncando su humor al anverso de la corrección política. Aquí no faltan alusiones a penetraciones transexuales, el tigre se sustituye por un mono capuchino que ejerce de camello y fuma como un carretero y hay ‘gags’ en torno al robo de un monje budista en silla de ruedas en voto de silencio, a dos mantones rusos, al dueño de una barra americana que quiere colocar una UCI, un salón de tatuajes que profanan la piel de chavales de nueve años o un dedo desmembrado con un anillo que pertenece al desaparecido.
Sin embargo, en esta ocasión el trasfondo de falta de madurez, de crisis existencial y abandono a la irresponsabilidad sólo se sostiene en Alan (Galifianakis), esa especie de oligofrénico carente de afecto y salido de una familia adinerada, que protagoniza un ‘flashback’ fascinante donde tiene acceso a ciertas partes de la noche olvidada y donde se ve a sí mismo y a los demás como niños envueltos en una noche de farra. Phillips intenta fascinar con su juego de trilero, mostrándose firme a la hora de dirigir acción y no dejar que la comedia decaiga en ningún momento. Sin embargo, sólo lo logra a veces, salpicado por aquellos destellos que en su predecesora eran una constante sorpresa. La lástima, por tanto, es que en esta ocasión toda esa retahíla de barrabasadas innombrables del ‘slideshow’ fotográfico de créditos finales se convierta en lo más divertido de la película. Es decir, que todo aquello que se exhibe en él deriva en lo más loco. Y lo que fue la guinda a una abrasiva e inmoderada despedida de soltero increíblemente satisfactoria, aquí es el culmen que hace preguntarse al espectador por qué ha tenido que perderse lo mejor de la noche.
Por supuesto, lo mejor de la película es, de nuevo, el trío protagonista, versión americana suburbana de ‘The three stoges’. Aunque esta vez Zach Galifianakis ejerza una poderosa fuerza sobre sus dos partenaires, Ed Helms y Bradley Cooper. La estrategia se queda en un simple ‘dejà vú’ cuya reincidencia dentro de una sórdida noche se debilita dentro de su propia excentricidad, sin llegar a resultar del todo gratificante y donde el encadenando de ‘set pieces’ con ‘slapsticks’ y demás excesos no llega a cuajar hasta devenir en apagado facsímil. Todo está tan forzado como la aparición final de un acabado Mike Tyson en plan estelar cantándose un ‘hip-hop’. Y lo más irónico de todo es que se desarrolle Bangkok, ciudad que es la cuna de las imitaciones baratas, simbolismo perfecto para definir una comedia como ‘Resacón 2: ¡Ahora en Tailandia!’, una obviedad innecesaria que no consigue sus objetivos. Al menos, si es que pensaron más allá de la recaudación final.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011