viernes, 27 de mayo de 2011

Review 'El último exorcismo (The last exorcism)', de Daniel Stamm

Del ‘mockumentary’ a la imprecisión
El filme de Daniel Stamm toma el espíritu del falso documental para narrar la historia de un exorcista descreído ante un caso real de posesión, pero echa por tierra sus buenos cimientos para acabar por ser demasiado convencional y previsible.
En la década de los años 70, a rebufo del éxito de ‘El exorcista’, de William Friedkin, cintas de directores de todo tipo y condición como Giulio Petroni, Mario Bava, Alberto de Martino, Sidney Furie o españoles como Amando de Ossorio o Augusto Fernando sucumbieron al facsímil del clásico de terror con posesiones demoníacas. En un periodo en el que el género de terror estaba perdiendo su sentido, la cinta basada en la novela de William Peter Blatty proponía una mixtura entre el género clásico y el drama en su ápice más psicológico. Fue la primera vez en que el ‘splatter’ con vómitos, sangre, cabezas viradas se circunscribían a una película comercial como una baza de inquietud constante, arrastrando al espectador a un cúmulo de sensaciones sin perder una invariable estética y una muy inspirada narración que bebía de la fuente del docudrama, contiguo a la realidad más abrumadora, siguiendo todo el proceso de posesión como si de un documento gráfico se tratara. Después de marcar un antes y un después, las cintas de exorcismos siempre han seguido siendo un buen reclamo para la taquilla y un subgénero que continúa su evolución hasta en los últimos años, desde las polémicas precuelas de Paul Schrader y Renny Harlin sobre la cinta de Friedkin o ‘El exorcismo de Emily Rose’ hasta tener una pequeña eclosión este año con varias cintas sobre el tema; ‘La posesión de Emma Evans’, ‘El rito’ o esta ‘El último exorcismo’ amparan esta revitalización argumental.
‘El último exorcismo’ viene producida por el infame Eli Roth, que brinda su mecenazgo a Daniel Stamm con una especie de adulteración de ficción, realidad y gran parte de ‘mockumentary’, género que el cineasta alemán ya había visitado en su anterior película ‘A Necessary Death’, que narraba las vicisitudes y preliminares de un hombre que tiene todo dispuesto para suicidarse. Aquí, la trama gira en torno a Cotton Marcus, un escéptico sacerdote que ha perdido la fe y está cansado de su labor como pastor de una iglesia y de su trabajo como falso exorcista. A ‘El último exorcismo’ le pesa el lastre de recreación realista de un suceso supuestamente auténtico, puesto que este tipo de narración nerviosa y estilo dentro de elocuencia visual ha perdido mucha de su eficacia a través de la sobreexposición con títulos como ‘Cloverfield’, ‘[REC]’ o ‘Paranormal activity’, por poner algún ejemplo. En realidad, a Stamm parece no importarle mucho este escollo, puesto que la narrativa se va invirtiendo voluntariamente en un producto demasiado estético para que el espectador pueda creer que está ante un documental o empatizar demasiado con los personajes. No arranca mal la disposición dramática del filme, tomándose su tiempo en la presentación del sacerdote, de su familia, su día a día y su reto de poner fin a la mentira que supone su labor como exorcista.
En esta esfera, se dibuja metódico retrato de la encrucijada de un religioso que utiliza las cámaras para demostrar de qué forma funciona la falsedad demoníaca en una joven en medio de la nada, en la Louisiana rural, donde un padre ultrarreligioso y su cínico hijo van creyendo las patrañas del clérigo utilizadas contra el supuesto demonio que posee a su hija. Los métodos de engaño, de manipulación con artefactos de todo tipo que impresionen al que asiste aterrorizado al supuesto exorcismo componen el mejor tramo de la película. La construcción argumental parece avanzar hacia las dudas de cierta ambigüedad sobre un personaje principal que abusa de los inocentes con cuentos de terror y efectos de feria. Por supuesto, el éter malsano que desprende el contexto rural devendrá en el cuestionamiento sobre la autenticidad de la posesión de la joven enfrentada a una posible enajenación mental en la que interfiere un posible caso de incesto.
Pero aunque se presente como una análisis inteligente sobre las creencias y la carencia de fe en un entorno donde ésta se sublima, a Stamm le pueden las ganas de transgredir silenciosamente con trucos de teatro que se quedan al descubierto demasiado pronto. Lo que podría haber sido (y en cierto modo es) una mirada casi antropológica a la America profunda y al ‘white trash’ de ‘rednecks’ supersticiosos que se dejan llevar por sus creencias cercanas al fundamentalismo en una cruzada donde la creencia, el folklore y la manifestación de la pubertad femenina obstruida por el conservadurismo exacerbado, decae en detrimento de un apocado oscurantismo que no cimienta con certidumbre su lucha entre misticismo y el realismo. Hay que destacar sobre todo, los dos grandes hallazgos de la cinta, como son Patrick Fabian dando vida al suspicaz clérigo, pero mucho más a Ashley Bell como la agreste e inocente poseída Nell Sweetzer, cuya composición es digna de elogio, ya que de ella parten los mejores instantes de perturbación psicológica de la historia, con inquietantes miradas a cámaras y estertores gimnásticos de innegable fuerza visual y espeluznante.
‘El último exorcismo’ termina por carecer de realismo, traicionando su ideal originario y terrorífico con el continuo recurso de la oscuridad como factor ineludible para generar intriga, donde prevalece un exceso de montaje y planificación estudiada que se postra a la utilización de sonidos incidentales (e incluso música de piano) ajenos a la situación. Es lo que resta veracidad y dignidad al asunto. Termina por ser demasiado convencional y previsible, cayendo en el pozo del efectismo, pero no por la búsqueda del típico susto o golpe de impresión con sangre o efectos de maquillaje diabólicos, si no porque no evita caer en todo tipo de concesiones a los arquetipos del género, cristalizando como colofón un amago de plagio final a medio camino de ‘La semilla del diablo’ y ‘Blair witch project’, cinta de la que abusa en referencias e incluso en ese giro final que propone una sorpresa que no es tal, puesto que la descripción anticipada resta cualquier turbación en el respetable que no puede explicar ni convencer con este ‘lost footage’ tan ilógico como esperpéntico que tira por tierra las posibilidades a esta cinta de terror satánico.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2011