viernes, 19 de noviembre de 2010

Review 'Agnosia (Agnosia)', de Eugenio Mira

Cruel y pesimista fábula sobre la manipulación y la percepción
El segundo filme de Eugenio Mira, antes que un ‘thriller’ o una cinta de corte fantástico, es un drama romántico que asume sus (muchos) riesgos, enturbiado por un cariz misterioso e ilusionista en una historia acerca de una mujer engañada constantemente por sus propios sentidos y por la gente que le rodea.
Parece que el director Eugenio Mira no quiere encajar en ninguna rancia etiqueta que pueda representar una nueva promesa, salvo honrosas excepciones (que las hay), del panorama nacional del momento. Su ‘opera prima’ ‘The Birthday’ fue todo un ‘shock’ para los pocos espectadores que tuvieron la suerte de apreciar sus virtudes y se convirtió, con toda lógica, en película maldita y cine de culto instantáneo. El primer y arriesgado proyecto de Mira fue concebido fuera de los parámetros industriales, erigido desde una mirada conceptual al cine de los 80 más comercial, referenciando los tópicos y singularidades de la nostalgia de una serie de ‘blockbusters’ capitales y que, como todo punto de riesgo, casi suicida, logró alejarse de lo convencional. Con su segundo título, ‘Agnosia’ Mira no escapa a esta definición de ‘rara avis’, ya que tampoco es fácil catalogarla en un género concreto, pues escapa a cualquier inventario establecido. De esta forma, el cineasta alicantino prosigue su carrera con un segundo largometraje ajeno a las modas, con otra cinta arriesgada y extraña que no responder a lo esperado por el público.
No se trata de un ‘thriller’, ni de una cinta de corte fantástico, aunque tenga componentes fantásticos (más cercanos al ilusionismo que a lo paranormal) con los que juega para llevar el suspense al espectador. ‘Agnosia’ está ambientada en la Barcelona del siglo XIX y narra la historia de Joana Prats (muy adecuada Bárbara Goenaga), una joven heredera afectada por la enfermedad del título, una misteriosa dolencia neuropsicológica que distorsiona los estímulos sensoriales de la persona. Es el resultado de una lesión del cerebro que, aunque no afecta a ojos y oídos, provoca que la mente no sea capaz de interpretar los estímulos que se reciben a través de ellos. Toda la sugerente trama de enfermedad sensorial y posible curación deja espacio a un complot industrial que sirve de excusa para ir describiendo la desigual lucha de dos hombres por el amor de la misma mujer, alzándose esta parte como motor del lenguaje narrativo que esconde la trama.
‘Agnosia’ se sitúa en las antípodas formales y de propósitos de ‘The Birthday’, aunque comparte con aquélla una quebradiza línea de contingencia genérica, buscando un provocado efecto de ambigüedad en sus planteamientos. Es una lástima que el espectador prejuzgue o tenga una idea preconcebida de lo que va a encontrarse, puesto que no se trata de una película de corte fantástico. Tal vez en esencia, sí lo sea, pero no motivada por una ejecución que deriva su atención hacia cualquier fenómeno inmaterial para realzar el suspense dentro de un ‘thriller’ pasional, pero lo que realmente se propaga es el drama romántico. El hallazgo de un secreto familiar por el que una malintencionada empresaria alemana pone en marcha un complejo secuestro para conseguir esta valiosa información, no es más que el subterfugio que se utiliza para indagar en la relación de su prometido Carles (Eduardo Noriega en muy baja forma actoral) y Vicent, un antiguo empleado de la mansión familiar enamorado de ella (esforzado Félix Gómez).
Esta historia de conspiración está confeccionada para auspiciar la complicidad muda del espectador, que asume el engaño más allá de la realidad fabricada en torno al personaje principal y con la que el director y su guionista, Antonio Trashorras, quieren involucrar al público para que se sienta partícipe dentro del armazón, donde sus roles protagónicos son víctimas y verdugos de las pesquisas de espionaje que urden los villanos de la función, la empresaria bávara Prevert (Martina Gedeck) y el médico de la familia, el oscuro Meissner (el siempre icónico Jack Taylor). La fábula vendría a ser una reformulación del cuento de princesa encerrada en un castillo que aquí es engañada constantemente por sus propios sentidos y por la gente que le rodea.
‘Agnosia’ se centra en la percepción, en la subjetividad que deroga la identidad bajo la fingimiento de un hombre obligado a sonsacar un secreto que termina por desembocar en un amor sincero y romántico. Es también el enfrenamiento antagónico con el que se busca la correspondencia de un amor compartido; Vicent contiene esa ternura con la que acomete su forzada misión de averiguar una hermética fórmula que conoce la víctima desvalida ante el mundo. Por su parte, Carles, no soporta su falta de afectación, la de un hombre que ama por encima de todo a su protegida y prometida, pero que no sabe expresarlo. Un triángulo amoroso inmerso, sin quererlo, en una confabulación empresarial que les supera, donde la ética empresarial ya no tiene sentido y los valores de competencia desaparecen en pleno desarrollo industrial de la Barcelona de finales del Siglo XIX.
Sin embargo, en ‘Agnosia’ destella más esa paradoja cruel que pone la enfermedad de Joana delante de un padre dedicado a las ópticas telescópicas muy avanzadas a su tiempo que, sin embargo, no puede hacer nada porque su hija recupere la normalidad ocular y sensorial que al hecho de situar a una persona que se ve obligada a cuestionar su realidad a diario en una situación de manipulación. La historia se sumerge así en una cruel maquinación que utiliza a la chica como un conejo de indias, destacando por encima de cualquier localización la doble secuencia de aislamiento de Joana en una umbrosa habitación en la que se anulan los colores por un lóbrego negro del satén, obligando al espectador a entender el metafórico punto de vista de la joven, de la que se han ido dejando subliminales imágenes borrosas donde los rostros son irreconocibles y las voces son interpretadas por palabras y el significado que hay detrás de ellas. Mira se muestra perspicaz al no abusar de esta disposición visual, puesto que aunque es el mecanismo óptico el que evidencia el recelo y la ansiedad de Joana y el módulo fantástico dentro de la historia, la sobriedad a la hora de dosificar este enfoque subjetivo hace que el cineasta condense el interés en los que la rodean, tejiendo con ello la tela de araña en la que se convierte la historia.
Si bien es cierto que el artefacto no logra una conjunción total y adecuada de intriga y romance, también lo es que, en el fondo, ‘Agnosia’ no deja de ser un folletín compuesto por las líneas argumentales no muy lejanas a las de un serial dramático decimonónico, pero Mira (y en extensión, Trashorras) han conseguido adaptarlas a algo mucho más oscuro y de gran riqueza fílmica, aunque se desaprovechen muchos aspectos en su aire de suficiencia multigenérica dentro del catálogo referencial que se urde dentro de la trama. Estamos pues ante un enredo (algo confuso y enmarañado, dirán algunos) donde el drama gótico se ve enturbiado por un cariz misterioso e ilusionista que deja una bella y extraña historia de amor y espionaje configurado como un ejemplo fascinante de cine contracorriente. Tanto en ‘The Birthday’ como aquí, Eugenio Mira se muestra coherente con la búsqueda de una apariencia adecuada a la atmósfera y al desarrollo de la propuesta, atendiendo al detallismo con suma elegancia formal, mostrando un dominio de los dispositivos artísticos del filme, en perfecta combinación de esos tonos lumínicos a cargo de un siempre inspirado Unax Mendía, de la imponente escenografía y de la melancólica musicalización (aunque en ocasiones este apartado deje cierto regusto de omnipresencia innecesaria). Interesa, sobre todo, que el estilo de narración se acomode a un cuento con voluntad clasicista que bebe de los instintos literarios con los que está confeccionado un guión discutible pero coherente con sus convulsiones y giros.
Todo al servicio, muy bien resuelto, del audaz discurso personal de Mira, que se muestra ajeno a cualquier maniqueísmo, definiendo un estilo propio, identificable, con la autenticidad de unas intenciones intachables con la historia que narra. Al contrario que en su obra debut, la intención sensorial se recubre de poética intrínseca (esté conseguida o no), en función de la belleza visual sublimada por un engranaje atmosférico que otorga el impresionante trabajo de Javier Alvariño en el diseño de producción, sabiendo recrear con exactitud detallista la composición y representación del marco geográfico, urbano y arquitectónico de la Barcelona del Siglo XIX con unos medios que poco o nada tienen que ver con lo ostentoso. Más bien, lo contrario. El resultado rebela unas intenciones a medio camino entre el ‘steampunk’ y el barroquismo, pero bien equilibrado en el realismo de sus objetivos estéticos.
Poco hay que reprocharle a una película con el empeño de heterogeneidad diletante como ‘Agnosia’. Tal vez una pérdida simbólica, por lo arduo de la empresa, a la hora de dotar de trascendencia sincera el melodrama emocional que persigue su autor, consciente de que el esteticismo es importante por encima del apasionado esmero de no perder la emoción de sus tránsitos sentimentales, así como una subtrama de espionaje corporativo un tanto extravagante, con ingenieros catalanes que venden lentes estroboscópicas a sus acólitos alemanes. Se trata de una fábula cruel y pesimista que no pierde de vista ese marco de fondo caracterizado por revueltas y convulsiones obreras y sociales, en pleno estallido de la conmoción de vocación y auge industrial, que evoca calles concurridas junto a callejones que esconden oscuros chantajes en los que no faltan fumaderos de opio y prostíbulos de mala muerte. La ambición que atesora la cinta puede ser vista como un error o un lastre en el entramado visual que se erige sobre una consecución más moderada que la grandeza codiciada que persigue, quizás porque no se desarrollen con demasiada cohesión todos los elementos para que alcance todo el potencial que atesora en su esencia.
No obstante, nadie puede acusar a Mira de falta de honestidad con respecto a la historia y a su compromiso de desbordante talento visual, con un manejo preciso de una planificación admirable que se amplifica en un fascinante final operístico, cargado de dramatismo y compleja escenificación de ese acto de sacrificio de los dos personajes masculinos que delimita una hermosa consumación fatal para un triángulo de amor imposible. ‘Agnosia’ termina por ser una película absorbente e hipnótica, donde el amor y las mentiras se confabulan en un ambiguo estadio genérico, en el que la intersección temporal permite que coexistan tanto ‘thriller’, como romance aciago junto al modernismo científico de descubrimientos y experimentos médicos en el que el mundo de apariencias tiene tanto poder como para poder deformar la realidad a través de los sentimientos.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
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