martes, 5 de octubre de 2010

Review 'El Gran Vázquez', de Óscar Aibar

El mito del dibujante canalla y seductor
Óscar Aibar retrata en una antifábula agridulce la vida y miseria de Manuel Vázquez desde una doble faceta; la de uno de los mejores y más creativos dibujantes de cómics y la de un jeta vividor, sutilizando el contexto histórico en el que se desarrolla y dejando ver una época dorada del cómic español con cierta mirada nostálgica y sombría.
En la tradición española, la picaresca es un género típicamente arraigado a la cultura popular, admitiendo una ventajosa identificación con una crónica específica. ‘El Gran Vázquez’ pertenecería a esta raigambre por la consecución de ese entrañable personaje tunante e indigno, aprovechado y polígamo que era Manuel Vázquez, todo un icono de esta estirpe de personajes carentes de ética que, además de ser uno de los más representativos e icónicos autores de cómics de la historia nacional, fue un brillante estafador en la mejor tradición del canalla seductor popularizado por la literatura o el cine. Óscar Aibar somete a la leyenda de aquel creador de tiras cómicas antológicas protagonizadas por Anacleto, la Familia Cebolleta o las Hermanas Gilda, entre otras, dentro de un contexto histórico reconocible como fue segunda generación de la editorial Bruguera, donde se dieron cita algunos de los autores más importantes del cómic patrimonial; el propio Vázquez, Cifré, Escobar, Ibáñez, Peñarroya o Conti.
Y lo hace desde la identificación afectiva con las artimañas de caradura de un Vázquez que es presentado sin reparos como un moroso de talento innato para la fullería, poseedor de un ingenio que contraviene la moral con una transgresión inadecuada para aquellos años de comedimiento y farsa que fueron el franquismo y su censura. El filme acierta desde el primer instante porque la complicidad con el espectador se va haciendo su mejor aliada, jugando con la anécdota y la contextura por la que se mueven sus personajes en una recreación múltiple y bien encauzada de las muchas leyendas urbanas que circulan sobre la figura de este tipo divertido y controvertible.
Aibar traza un retrato del genio mostrado con admiración, desde el respeto que concilia la doble faceta de su definición como personaje y como ser humano; primero, la de uno de los mejores y más creativos dibujantes de cómics de este país, pero también y sobre todo, la de ese jeta vividor que conmueve en su ingenio y descaro sin ningún tipo de código ético, un individuo egoísta que tenía tras de sí largas de acreedores y era capaz de tener varias familias simultáneamente para ir olvidándolas poco a poco, ajeno a cualquier tipo de responsabilidad. Es, en cierto modo, en este cauce donde ‘El Gran Vázquez’ sale beneficiada con el reconocimiento de su pequeña grandeza: hacer que el un personaje negativo y miserable llegue a resultar tan entrañable para el gran público que vendría a describir sus aventuras como las de un (anti)héroe nacional.
El cineasta catalán no abandona en ningún momento, pese a su exposición colorista y nostálgica a través de la agradecida fotografía de un Mario Montero que despliega una imaginería estética que logra escribir con el mismo color y utilizando una fuente arcana y envejecida una atmósfera concretada en el recuerdo, un espíritu con cierto halo de patetismo, descomponiendo con humor la rutina miserable que universaliza un personaje carismático que sobrevive en esa sociedad definitivamente gris y olvidada como es la del ‘desarrollismo’ español de un franquismo no evidente, que agradece la sutilidad con el que se describe. Es señalar importante cómo Aibar subraya la situación sociocultural en la España de los 60, insistiendo, sin acentuar, la naturalización de esos estamentos sociales dominantes que en el filme están simbolizados con una sórdida melancolía cargada de detallismo. Es así cómo se obtiene esa magnífica caracterización de los desarreglos entre ese personaje déspota, tecnócrata y arribista, al que llena de malvada ternura un grandísimo Álex Ángulo en su confrontación de intenciones de caudillaje con ese director interpretado con la misma excelencia por Enrique Villén. ‘El Gran Vázquez’ es una mezcla genérica que oscila entre muchas aguas, donde reina el humor negro, pero en las que también hay espacios para el drama, el tono romántico, el cine social… una amalgama surrealista donde el esperpento actúa como vehículo existencial de un seductor sinvergüenza que esconde otra leyenda de perdedor sin remedio que llevó su forma de vida hasta el final de sus días, un artista que trabajaba mejor al auspicio de un puticlub que en una mesa de trabajo con horarios establecidos y rígidos.
Lo más gratificante de ‘El Gran Vázquez’ es que se trata de una película genuinamente española, en el mejor y buen sentido del término, que evoca una tipología honesta con la memoria y tradición cinematográfica ibérica, sin condimentos ni aditivos, que condensa sus muchas virtudes en esa perspectiva poco embellecida y algo miserable del mundo del cómic en España con los entresijos de la editorial Bruguera, de sus despóticos contratos que quebrantaban la autoría de los dibujantes subordinados a unas condiciones de trabajo inflexibles o de dibujantes obligados a imitar otros estilos. Aibar atiende con pulso al subconsciente colectivo que crecieron y se desarrollaron culturalmente al amparo de aquellos autores olvidados.
Destaca de este modo la firmeza con la que se dibuja ese tiempo de genios que necesitan una reivindicación, de una época de oro de la que nadie había hablado hasta el momento en los parámetros fílmicos. Por eso, hay que dignificar el talento con el que Aibar se mueve en la dirección y en la lealtad con un excelente guión, sin alardes de ningún tipo, relatando con mirada agridulce ese arquetipo de picaresca perdida en una antifábula agridulce y en el fondo oscura. Pese a que la intención del realizador y guionista es profundizar en las consecuencias de unos actos que son expuestos desde la comedia, se puede percibir cierta inconveniencia al tratar al personaje con excesivo cariño, que termina por perder algo brío en la desmitificación de un hombre que despreciaba el mundo, muy a pesar del esfuerzo por mostrarle sin condescendencia y concluyendo el filme con una mirada ácida y real hacia las consecuencias de su reprochable comportamiento. Aún así, el equilibrio se consigue en ese retrato de la soledad del genio olvidado que se visualiza en esa última secuencia-epílogo en la que mientras Ibañez firma ejemplares de sus más míticos personajes, Vázquez pasea por las Ramblas con una prostituta a la que camela con sus historias pretéritas. O también en la manifestación de amor por los personajes creados por Vázquez, que van emergiendo como figuras de animación a las que nadie hubiera echado en falta si no existieran dentro de la trama, así como alguna que otra persecución policial de tira cómica que desentona en el conjunto.
Aún así, la dilección de Óscar Aibar por este entrañable desgraciado, irreverente y marginal que contravino las normas de la época es una ofrenda que satisfará a los mitómanos de un arte que en nuestro país parece seguir oculto en estanterías polvorientas que almacenan recuerdos generacionales imborrables. Una comedia melancólica y tímidamente cínica que tiene también la suerte de contar con un Santiago Segura muy comedido y esforzado en su recreación del personaje, adecuando su ‘vis cómica’ al rol y haciendo una de sus mejores y más valorables interpretaciones. Su recreación de este singular autor se une al inmejorable apoyo de unos secundarios perfectos como los mencionados Villén y Angulo, acompañados de Mercé Llorens o un Manolo Solo que se mimetiza a la perfección con Ibañez. ‘El Gran Vázquez’ se conforma como una de la más entretenida propuesta del momento y un filme patrio de calidad suficiente para que sus responsables se sientan orgullosos con un aplauso generalizado y merecido a una obra tan entrañable como necesaria en nuestro cine.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
PRÓXIMA REVIEW: 'Buried (Enterrado)', de Rodrigo Cortés.