martes, 19 de octubre de 2010

Controversia 'A Serbian Film' o el problema de no distinguir realidad y ficción

Confundir la realidad y la ficción siempre ha provocado que la ignorancia prevalezca sobre la sensatez. Es también un acto de indisciplina, un error bastante normalizado en las corrientes de opinión que salpican los segmentos catódicos. Como decía en un texto a raíz de mi cortometraje ‘El límite’ hace años, está generalizada una equivocación respecto a la narración visual y los efectos que puede provocar cierto tipo de violencia cuando se reconoce y define en un marco textual susceptible de respaldar un empirismo simultáneo, que se hace común tanto al sujeto creador como al espectador en relación al choque que supone explicitar un acto violento, consintiendo la superficie antropológica y cultural de la relación de cualquier sujeto con la intertextualidad de la violencia en un núcleo que nos va a dar una aproximación de lo real y lo ficticio, de la crueldad o salvajismo y su representación.
El radical y provocador filme de Srdjan Spasojevic ‘A Serbian Film’ ha generado una polémica bastante arcaica y gratuita en cuanto a su contenido (no menos gratuito), suscitando un débil debate respecto a las imágenes que en ella se pueden ver. La controversia se enflaquece cuando desde una grada televisiva en la que se opina de todo se confunde ficción con la realidad, equiparando dos percepciones diametralmente opuestas. Sólo un ignaro, alguien indocumentado de verbo fácil que no tiene ni idea de cómo funciona el lenguaje cinematográfico y la narrativa de ficción es capaz de confundir una película con el tema representado, en este caso pornografía pedófila o como podrían ser otras parafilias de patrones sexuales de índole enfermo. No es un tema nuevo, ni mucho menos. Hace décadas el Género ‘Mondo’ de mano de gente como Umberto Lenzi y su explícita ‘El paese del sesso selvaggio’ o Ruggero Deodato con ‘Holocausto Caníbal’ representaron esa especie de ‘snuff’ recreado para una pantalla.
El tratamiento visual que se da al espectador de una imagen de ficción sobre una imagen documental o real ofrece un perturbador espectáculo cinematográfico, pleno de violencia y crueldad, que suscita la curiosidad morbosa o repugnante de una situación que no es cómoda a la hora de contemplar, promoviendo una mezcla de repulsión y malestar. Podemos negar la existencia de la realidad, del mal como amenaza, como parte de la Humanidad y el lado más oscuro y siniestro que albergan algunas personas. Negando la realidad, esa repulsa hacia el miedo, se provoca que cerremos los ojos ante lo que sucede a nuestro alrededor. Si ‘A Serbian Film’ ha sido proyectada en Sitges es porque, evidentemente, es una película de terror explícito, insisto DE TERROR, que busca, más allá de su calidad como obra artística, provocar una reacción de pánico en el espectador utilizando ciertos elementos de la realidad que no resultan muy gratificantes, como tampoco lo es ver un secuestro, un asesinato, una agresión, una violación o un desmembramiento, por poner otros ejemplos. Estoy convencido de que se han proyectado muchas y peores aberraciones en cuanto a contenido como a calidad.
A mí me dan más miedo las reacciones y argumentos de los contertulios de ‘Las mañanas de Cuatro’ que el gratuito y provocador efectismo que ha llevado al señor Spasojevic a reflejar las barrabasadas y truculentos actos que se exhiben en su película. Su intención era ofender y desagradar. Y parece que lo ha conseguido. El contraste demuestra una categórica verdad que todos sospechamos y conocemos; que los contertulios opinan de todo expectorando engolados argumentos sin tener mucha idea de nada. Lo escribo así por dejar una frase adecuada al respeto y el decoro. Y máxime, cuando molesta escuchar esa pretensión por dictar y prohibir desde su posición de tribuna popular el excepcional trabajo de Angel Sala, director de uno de los mejores festivales que tenemos en este país que, para colmo, está especializado en géneros cruentos, espeluznantes y muchas veces violentos como es el fantástico y el terror. Aberraciones y atrocidades vemos y escuchamos todos los días en televisión. Y nadie dice nada. Ojo al rechazo calificador de Antonio San José, indignado porque una película de ficción retrata ciertos hechos que se producen en la triste realidad que nos rodea. Y para quitar un poco de hierro al asunto, Concha García Campoy aboga e incide en señalar que todos los que comparten la mesa “son muy abiertos”, concluyendo que “nos estamos poniendo muy calentitos” para zanjar un tema para el que un comentario como éste resulta muy poco adecuado. Ya que estamos sacando las cosas de contexto…
¿La segunda parte del debate con ‘El ciempiés humano’, de Tom Six?