viernes, abril 09, 2010
La grandeza de un actor
Scott Cooper narra una historia de tipos cansados en la derrota autoinfligida, que asumen su naturaleza para describir a ese viejo ‘cowboy’ al que Jeff Bridges interpreta de forma magistral, la auténtica vida y espíritu de esta cinta.
Jeff Bridges lleva décadas personificando con acierto y audacia al eterno perdedor, al ‘loser’ hastiado, a ese hombre cansado, sin ganas de seguir luchando y que ha perdido sus sueños refugiado en una botella de alcohol, fumando compulsivamente o en la desidia con la que ve pasar el mundo. Bridges ha dado vida, a lo largo de su extensa filmografía, a ese boxeador llamado Ernie que aprende a desaprovechar su oportunidad como su acabado preceptor, al gran pianista prematuramente derrotado Jack Baker, al locutor que provoca suicidios Jack Lucas, al ex presidiario y mal padre Jack Kelson, al superviviente de un trágico vuelo Max Klein, al fumado entrañable adicto a los bolos Jeffrey “El Nota” Lebowski, al padre negligente y cadáver Noah o a ese esperpéntico alto mando del ejército creador de un equipo capaz de matar cabras con sólo mirarlas Bill Django.
Toda esta incuestionable raigambre de personajes fracasados tiene el sugerente rostro de uno de los actores más estupendos del cine contemporáneo. Bridges hace suyo un rol extremo, otro de estos perdedores irredentos, víctima de sí mismo, perdulario de carreteras que vive al límite de su salud y su estigma de mártir. “Bad” Blake, cantante de country alcohólico en declive, tiene una oportunidad para la redención cuando conoce a una joven madre que le admira y se siente atraída por él. ‘Crazy Heart’ es la enésima muestra del gran talento de Bridges, un currante de la interpretación cuyo tonelaje atesora una versatilidad y grosor actoral que no restan a su potencial como tipo duro, golpeado por el drama escondido bajo esa voz ronca y expresiva.
En su época dorada, Blake hubiera venido a ser una evocación musical de figuras del género como Lefty Frizzell o Hank Williams. O más característicamente, a David Allan Coe o Merle Haggard. Evoca con ello a la figura de un resignado que vive inadaptado a los nuevos tiempos, anclado en su propio mito. Y a la vez asumiendo su evidente decadencia bajo el abrigo de una botella de whisky o de su adicción compulsiva al tabaco, por mucho daño que éstos vicios puedan hacerle. Es su estilo de vida, sin marcha atrás. Y lo más gratificante, en la película de Scott Cooper en ningún momento se juega con el sentimentalismo o la tristeza, tampoco con la compasión respecto al personaje. El actor es la auténtica vida y espíritu de esta obra. Sin él, no pasaría de ser un drama con innegables aciertos destinada a perderse en el olvido.
Bridges se transforma, una vez más, en ese desdichado con alma de castigado, perfilando la que es una de las mejores interpretaciones de su loable carrera; despojado de artificios emocionales, dejándose la piel en su personificación del cantante country olvidado, jugando con su carisma e inteligencia para lograr el milagro de esconder, en su portentosa recreación, todos y cada uno de los defectos estereotípicos del filme. Palidecen así las convincentes interpretaciones de aquellos que le rodean; desde una improbable amante con el bello rostro de Maggie Gyllenhaal, al aprendiz incondicional que triunfa en los escenarios Colin Farrell o el gran Robert Duvall, que apoya y alecciona a Blake en un rol que recuerda al personaje de Duvall en ‘Gracias y favores’, de Bruce Beresford, película con la que ‘Crazy Heart’ tiene tantos puntos en común.
Esa arcaica fábula moral de estrella y maestro del ‘country’ que vive su ocaso en la recóndita celebridad mínima para parejas maduras que son los únicos que recuerdan sus canciones no es nada nuevo. Pero hay un par de secuencias, casi consecutivas, que reflejan la degradación del personaje de Blake; primero, aquella en que vacía un bidón lleno de orina al salir de su todoterreno Silverado. Y otra, la que le sitúa totalmente alcoholizado delante de un grupo de seguidores en Pueblo, Colorado, para, en el momento de cantar uno de sus ‘hits’ más conocidos y dedicado al matrimonio del hombre que le ha regalado una botella de ‘bourbon’, salir a vomitarlo todo y volver dando tumbos para corear el final de su canción. Al día siguiente, Blake se despierta con esa ‘groupie’ añeja a la que dejar en la cuneta.
Scott Cooper sabe evadir con agudeza la previsibilidad en el naturalismo de sus personajes, que se mueven con lógica y vitalidad, llevados por su forma de ser, por sus impulsos e instintos. Es un filme funcional, con una evolución mucho más volátil y antojadiza que sólida. No obstante, no rehúsa el aliento de clasicismo melodramático que envuelve una historia, que agradece la fotografía simple y cruda de Barry Markowitz. Lo que más predomina en ‘Crazy Heart’ es la honestidad con la que ‘anti-épica’ de claroscuros, de tonalidad agridulce que va desgranando sus piezas en este viaje de autenticidad traslúcida hacia esa falsa catarsis de un personaje ahogado por la sombra de su pasado.
‘Crazy Heart’ nunca sucumbe al cliché de los que, cansados en la derrota autoinfligida, asumen su naturaleza. Describe como ese viejo ‘cowboy’ en busca de su destino tiene que afrontar un par de cosas antes de volver a escupir sangre. A pesar de lo que parezca, no es otro drama de segundas oportunidades y epifanías de última hora, sino que se centra más en la dignidad de una forma de vida, de no traicionarse a sí mismo cuando ha elegido su camino por mucho que se humanicen los sentimientos. Si bien es cierto que es una poderosa historia de redención, también lo es que se trata de una historia que no se aventura a describir aquello de lo que su protagonista necesita ser redimido Y esto, dentro de una cinta de bajo presupuesto que gira en torno del imprevisible perdedor de todas las batallas, ya es un logro a destacar.
El ‘country’ sigue siendo uno de los vestigios que representan lo más profundo de Estados Unidos y las historias de viejas glorias en decadencia una de sus grandes alegorías, por mucho que haya hermosas mujeres que reembolsen la iluminación para escribir nuevas canciones que suenan con la contundencia de las notas de Townes Van Zandt y Stephen Bruton.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
PRÓXIMA REVIEW: 'Furia de titanes', de Louis Leterrier.
Engendrado por MIGUEL Á. REFOYO ‘REFO’ a las 08:15 |


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