jueves, 11 de febrero de 2010

Review 'Up in the Air (Up in the Air)', de Jason Reitman

Víctimas sacrificadas y verdugos damnificados
Jason Reitman ahonda de nuevo en los problemas de nuestra sociedad con una insolente mirada al escenario económico imperante en el mundo hoy en día, así como en sus contracciones, en sus causas y en sus efectos.
En los tiempos que corren son necesarias visiones perspectivistas sobre la actual situación socioeconómica que atraviesa el mundo. ‘Up in the air’ se ajusta a esa vocación crítica que tiene como fondo reflejar la recesión internacional, la crisis como afianzamiento de una idea desilusionada de la América sumida en la crisis económica. Se consolida así la idea de una radiología neocapitalista como sórdida evaluación a la política empresarial que siguen sin escrúpulos las multinacionales en relación a su ablución laboral, el mismo movimiento de deshumanización que siguen sin contemplaciones algunas grandes empresas que buscan el beneficio económico por encima del social.
El tercer largometraje de Jason Reitman es la adaptación de una novela de Walter Kim, firmando el guión junto a Sheldon Turner, para seguir este proceso crítico a través de un individuo llamado Ryan Bingham, modelo representante del ascetismo y alineamiento posmoderno que corporeiza la figura del ejecutivo como símbolo de individualista que persevera en su ambigüedad moral, itinerante e independiente. Este personaje pasa 320 fuera de casa, 240 días al año volando, cargado con un ligero y pormenorizado equipaje que impida que pierda tiempo en sus trayectos. Es obsesivo en su proceder y diestro profesional a la hora de hacer que la pesadilla de cualquier aeropuerto se haya convertido en un modo de vida tan gratificante como artificial. El avión es la forma de evadirse de la realidad de su trabajo, que no es otro que despedir con corrección, asepsia y eficacia a trabajadores de otras empresas. Parece feliz, lejos de ataduras ni compromisos afectivos. En tiempos de crisis económica y reducción de plantillas, su carrera asciende. Sin embargo, su vida se ve salpicada con dos problemas inesperados; primero, Alex Goran (Vera Farmiga), una ejecutiva de la que se enamora y con la que comparte filosofía de vida. Segundo, Natalie Keener (Anna Kendrick), jovencita idealista con ganas de avanzar profesionalmente que trata de implantar el sistema de despidos ‘on-line’.
De primeras, el personaje al que George Clooney aplica un talento excepcional (posiblemente, el mejor trabajo de su carrera), desmonta cualquier teoría de empatía con el público. Es un hijo de puta sin escrúpulos, un profesional que no conoce el sentimiento de culpa y que, de manera mecánica, imparte una charla bajo el título ‘¿Cuánto pesa tu vida?’ sobre metafóricas mochilas y lo prioritario en la vida de cada persona, sobre el peso que hay que soportar cuantas más responsabilidades, amigos, familia haya. Su falso sentido de compasión cuando despide a las personas es eficaz y brillante. Pero lo cierto, es que Bingham es encantador, seductor y verosímil en sus pautas. Un representante del libre mercado que despacha a hombres y mujeres de sus puestos de trabajo prometiendo una nueva oportunidad para reorganizar su vida, el despido como una alternativa del cambio, el ‘outsourcing’ como alternativa a la crisis.
Dentro de este entorno, Reitman sopesa con acierto esos efectos devastadores de los métodos de flexibilización que llevan consigo el recorte laboral, así como la banalidad y la tramoya que encierra la cultura de los recursos humanos. El fracaso de la estructura empresarial se deja entrever en los testimonios de personas anónimas que han perdido sus trabajos durante la crisis y sus reacciones ante esos despidos. ‘Up in the air’ pretende investigar el escenario económico imperante en el mundo hoy en día, así como sus contracciones, sus causas y efectos que dan como consecuencia una parte responsable y otra de víctimas que son despedidas no por su ineficacia, sino por la representación de un problema para la empresa que deviene en daño colateral. Fácil solución de la deflación de desembolso logístico y de personal que, por si fuera poco, encuentra un aliado para su optimización en los despidos a través de videoconferencia. Así de cruel.
Jason Reitman es un narrador de prodigiosa sutileza a la hora de transformar el cinismo del guión en imágenes. Su breve, pero interesante obra, se posiciona cerca del ámbito didáctico ilusoriamente aleccionador. Aquí, como en sus dos filmes anteriores (‘Gracias por fumar’ y ‘Juno’) no concede una visión única ante lo que propone como dilema, bifurcando la alternativa sobre el papel; bien sea la posibilidad de fumar o no, de ser madre o interrumpir el embarazo o, en esta ocasión aceptar la realidad o plantearse entrar en la catalogación social bien entendida de familia y felicidad arbitraria. En el cine de Reitman hay espacio para disponer de una diatriba socialmente amable o políticamente correcta que sirva como vía de escape o alternativa a las vicisitudes de sus personajes más o menos ‘outsiders’. La imagen de ese feliz y perfecto personaje que irradia Bingham va consumiéndose cuando se rompe parte de la analogía que existe entre Alex y él, cuando se conocen y contraen una relación sin compromiso, de relación esporádica aceptada por ambos como paréntesis en su día a día profesional. De repente, comienza a entrar en una especie de crisis de identidad, de valoraciones familiares en una eventual búsqueda espiritual que puede ofrecer la estabilidad, que deja un lapso para mirar al pasado, incluso para recapacitar sobre los pilares sentimentales de la sociedad occidental.
Sin embargo, lo que podría ser como un edulcorado e inteligente manifiesto la idea de una catarsis familiar, de la pareja o del seguimiento de los deseos de normalización del mundo a través del amor, se reconduce hacia un discurso mucho más contundente con dos momentos de indudable validez; la de esa amante que asume su dualidad sin renuncias, que le reprocha su amago de sinceridad que adultera sus dogmas y su frívolo estilo de vida o la de ese instante de duda del cuñado de Bingham, destinado a una unidad familiar de la que duda y acaba convencido por la cautivadora arenga del ejecutivo charlatán. Mucho más sutil se percibe ese efecto boomerang de las contradicciones de sus personajes, cuando el novio de Natalie la abandona por sms, que viene a ser lo mismo que despedir por videoconferencia, de forma pusilánime y cobarde. ‘Up in the air’, en último término, advierte de cómo el uso de la informática llega a deshumanizar a las personas.
El filme de Reitman propone así una representación idealista de la responsabilidad del ejecutivo, que no es más que una falsa capa de inmadurez, del dilema que se bifurca otros problemas de madurez y económico. El de una persona solitaria que no tiene más aspiraciones en la vida que las de acumular puntos con sus billetes de embarque para conseguir una tarjeta de privilegios de los llamados ‘happy few’ de American Airlnes al viajero que acopie un abrumante número de kilómetros viajados. Un tipo, en definitiva, que escapa a la realidad viviendo, como indica su título, en las nubes. Reitman logra un ambicioso fresco actual, donde abundan los diálogos brillantes, en un manejo de agilidad y ritmo. Y lo que es más importante, evitando caer en los tópicos, pero utilizándolos como excusa para fortalecer el discurso final de deshumanización y competencia salvaje. Es muy fácil ir despidiendo gente, pero también lo es reconocer un vacío interno de carencias familiares y sentimentales.
La conclusión podría ser que incluso aquellos depredadores pueden ser también víctimas. Sería lo lógico, si Reitman no propusiera ese final abierto que formula la justificación de una triste dependencia a la evasión y el autoengaño. O, abriendo otra disyuntiva, la de una privilegiada situación de albedrío, de aceptación de un estilo de vida que se alimenta de la razón de ser del personaje de Bingham, la de un hombre aceptando su huída de la realidad una vez atendidas sus respuestas al no enfrentarse al vacío que representa esa “mochila” de su vida.
En cualquier caso, ‘Up in the air’ es un filme de impecable trascendencia, valiosamente sarcástico y descomunalmente inteligente, que utiliza el humor cínico en contraposición del drama, sabiendo aunar brillantez y profundidad en su estudio sobre las relaciones humanas, sobre todo miedo al compromiso y un panegírico bastante cruel sobre la soledad de los huevos modelos profesionales que parecen regir el mundo de hoy.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2010
PRÓXIMA REVIEW: 'La Carretera (The Road)', de John Hillcoat.