sábado, 17 de octubre de 2009

Muere Andrés Montes, se apagó el Soul de alta calidad

Ha sido un palo. Una noticia inesperada y triste. El fallecimiento de Andrés Montes deja huérfano el lugar de una especie de narrador deportivo como nunca antes había existido. Era único, entrañable, capaz de condensar experiencia y libertad a partes iguales. Siempre evidenció con sus testimoniales retransmisiones un apego por lo diferente, un estilo propio e inimitable, la demostración profesional gracias a sus innegables aptitudes de ‘showman’ en aquellos partidos de la NBA que nunca volverán, así como en otros programas como ‘Generación +’ y ‘ACB +’ y sus más que controvertibles exposiciones de los partidos de fútbol de La Sexta. Como comentarista fue un ‘jugón’, como él mismo diría. Y desde este momento triste ya no nos quedan ganas de demostrar porqué “todos los jugones sonríen igual” ¿No?
No nos quedan ganas de sonreír. La desaparición de este mito del periodismo innovador deja un serio hueco dentro del aburrido campo de los comentaristas deportivos. Echando la vista atrás, recuerdo lo mucho que me costó adaptarme a las particulares retransmisiones de Canal + por parte de Andrés Montes. Como toda una generación de locos del basket NBA, me acostumbré en exceso a Ramon Trecet, al que considero padre de una generación de adictos a este deporte. El cambio fue brusco y difícil. Hay que reconocerlo. Pero poco a poco, Montes fue cuajando como un digno legatario de Trecet, muy discordante a estas formas establecidas, sin traicionarse así mismo, siendo consciente de que en su particularidad estaba su éxito, con su idiosincrásico estilo, su forma de narrar, de colocar unos motes divertidos, de hacer espectáculo con su voz y de la siempre acertada visión de un compañero de faena irrepetible como era (y es) el mítico Antoni Daimiel. Su complicidad resultó una alternativa más que digna. La NBA volvía a tener una seña de identidad en aquéllas antológicas retransmisiones de un dúo que permanecerá inmortal en la memoria de los aficionados. Su momento ‘El Gourmet Culinario’, uno de los ‘hits’ más legendarios de Youtube, sigue siendo uno esos instantes televisivos más imperecederos de cuantos han poblado la historia de este duplo de periodistas que hacen añorar aquellos comentarios baloncestísticos como el que tuvo lugar el 14 de Junio en el Delta Center de Utah, con la consecución del que fue último anillo de Michael Jordan.
La heterogeneidad, la invención, el desparpajo y la humildad de aquel pequeño gran hombre que supo esquivar sus limitaciones con la cercanía de su voz, con la espontaneidad de un hombre cordial y cercano con respecto al público, simbolizaron lo mejor de un locutor muy diferente, totalmente inigualable. En la final del Eurobasket 2009 de Polonia disputada hace apenas un mes, en el estadio Hala Oliwia, Montes se despedía con la noble elegancia que siempre le ha caracterizado: “Yo me despido de todos ustedes. Es mi última retransmisión con La Sexta y voy a decir lo mismo que decía hace tres años y pico, cuando vine a aquí: La vida puede ser maravillosa. Un saludo, amigos”. Terminó tu contrato y la cadena de Milikito decidió no renovarte alegando “motivos de reestructuración”. Un error, sin duda alguna.
Su final marca un trágico desenlace de casualidades inoportunas. Con su agria despedida, sin avisar, improvisada e injusta, el mundo del deporte pierde a uno de sus cronistas más inverosímiles, más carismáticos y bienquistos. Sin él, se pierde gran parte de la capacidad de un mito de la locución que era capaz de exasperar como de hacer reír, emocionar, gritar o aplaudir. El hombre que definía a Jordan con las coplas “aerolínea Jordan, del vuelo número 23” y “Es muy facil, si lo intentas”, que llamaba a Pau Gasol “E.T.” y a Latrell Sprewell “Melodía de seducción”, que redefinió los tapones como “pinchos de merluza” y hacía vibrar con cada triple con ése “ratatatatá” se ha ido para siempre. Y lo ha hecho dejando un sabor amargo, de abatimiento por parte de aquéllos que aprendimos a amar sus discordantes narraciones, su actitud contracorriente. Andrés deja un hueco muy grande que llenar. Te echaremos de menos. Y no sabes cuánto.