jueves, 13 de agosto de 2009

Sylvester Stallone, homenajeado en la Mostra de Venecia

Es muy divertido como los mitos a los que se vapulean constantemente pueden erigirse como agasajados en festivales de mucho prestigio. Héroes por un día. Que un personaje como Sylvester Stallone vaya a ser homenajeado en Venecia con el Premio Gloria Jaeger-LeCoultre en la 66ª edición del Festival Internacional de Cine de Venecia, por su contribución y huella en el universo cinematográfico, es algo que molestará a muchos, pero que satisface a otros tantos que están hartos de ver cómo ofrenda de este tipo siempre va a parar a los mismos, ninguneando a aquéllos que no proceden de los círculos habituales en estos saraos de afectada cultura y trascendencia.
Parece una broma o una parodia. No lo es. Por supuesto, este reconocimiento no ha sido bien visto por la horda crítica, que se ha echado las manos a la cabeza... Pero no hay que llevarse a engaño. El trabajo de toda una vida de este actor, director, escritor y productor merece el mismo reconocimiento o más que anteriores ganadores de este premio; gente de la categoría impuesta de ‘auteurs’ como él de la talla de Abbas Kiarostami, Takeshi Kitano o Agnès Varda. El rostro que dio vida Rambo y a Rocky Balboa siempre ha sido un modélico creador, un trabajador del medio que ha luchado por mantener intacta su estela, motivado por el éxito y la nobleza de sus productos, honesto en todo aquello que ha llevado a cabo. Como en todos los casos, Stallone posee en su filmografía títulos desdeñables, otros que pasarán sin pena ni gloria, pero tiene otros cuantos que, se quiera o no, han hecho que su estrella lleve cuatro décadas ofreciendo cine comercial con distintivo propio, el propio Stallone.
Con su resurrección (concretada en las secuelas de sus dos personajes más carismáticos), “Sly” ha sabido reconvertir sus más poderosos personajes en viejas glorias abnegadas y consumidas en sus propios recuerdos, sin terminar de cicatrizar sus heridas internas. Stallone vincula así la historiografía a su icono y su propia figura con la nostalgia cinéfila sin ningún tipo de complejo. No se trata de retribuir un estilo, que lo tiene, ni enfatizar su trayectoria como guionista, se trata de apreciar el emblema recuperado de ésa estrella de siempre que sigue dando guerra y tocando los huevos a aquéllos que siempre esperaron su despedida como pudo pasar con Arnold Schwarzenegger. El viejo compañero de viaje existencial al que el espectador no ha podido olvidar sigue haciendo cine (se estrena en breve ‘The Expendables’). Y lo que es más, recogiendo importantes premios.