jueves, 18 de junio de 2009

Review 'Terminator Salvation (Terminator Salvation)'

Un nuevo reseteo del sistema
McG hace alarde de una masturbatoria esencia del abultado ‘exploit’ visual para componer una tercera parte que se aleja argumentalmente de sus predecesoras, pero con un nulo condimento dramático y enflaquecido por su grandilocuencia.
Hace ahora veinticinco años que James Cameron apostó por un filme de serie B que revolucionaría la ciencia ficción del momento. La idea era bien sencilla; un ‘cyborg’ sin piedad es enviado desde el futuro para acabar con la vida de Sarah Connor, madre del futuro líder de los rebeldes para impedir que éste nazca. En su camino se cruzará un soldado transportado a su vez desde el mismo tiempo para evitar que el impasible robot logre su objetivo. El sentido del espectáculo y el ritmo trepidante con el que Cameron supo dotar una historia más allá de sus limitaciones presupuestarias convirtieron ‘Terminator’ en un clásico instantáneo y el nacimiento de una estrella comercial como Arnold Schwarzenegger.
El filme tendría, como consecuencia de su éxito, su propio autohomenaje en una descomunal superproducción seis años después en una secuela que, repitiendo su fórmula argumental, desglosó una de las obras más insurgentes e innovadoras del cine moderno. Cameron creaba un imposible ‘tour’ de force en una pesadilla tecnológica en un presente dominado por el futuro en el que no sólo es una de las cumbres del género, sino que dejó en la memoria del aficionado algunos conceptos como el de esa inteligencia artificial del futuro llamada Skynet que toma el control de toda la red global e intenta aniquilar la raza humana en resistencia bajo las órdenes de John Connor. Pasando de puntillas una tercera e innecesaria parte dirigida con pulso por Jonathan Mostow y que supuso el testimonio de la efímera caducidad del concepto de secuela creada como ‘blockbuster’ de rápido consumo, llega este acontecimiento dirigido por el ostentoso McG. Un producto tan superfluo como su tercera entrega.
‘Terminator Salvation’ no tiene ningún reparo en mostrarse desde sus primeros fotogramas como un escandaloso producto de sofisticación y fuegos artificiales a lo bestia, otro ‘blockbuster’ hipertrofiado por su propia estela de grandeza, por la masturbatoria esencia del abultado ‘exploit’ visual, de sus modales fílmicos que pretenden (y a veces consiguen) conmemorar cierta parte del espectáculo pirotécnico de su génesis, en su fascinación por la acción adrenalítica, sin freno y sin perder la cadencia. McG relativiza la grandeza de sus predecesoras y agita los elementos con alarde de suntuosidad excesiva, en un revisionismo que profesa tanto su responsabilidad de entretenimiento con respecto al espectador como con una sonrojante carencia de ambición por todos los costados del filme.
Se presenta como un filme bélico, alejado de los defectos acumulativos de ‘Terminator 3: La Rebelión de las máquinas’ en lo que respecta a esas estructuras guionísticas equivalentes a sus dos primeras partes. Aquí se deja a un lado la triste autoparodia que hacía de su personaje Schwarzenegger (rol “casi” olvidado) y la misma retahíla de ‘cyborgs’ intentando matar y defender, respectivamente, a John Connor. Para la ocasión se procura, al menos sobre el papel, recuperar la novedad, el sentido del ritmo y saber adaptarse a una evolución de una saga que deja demasiados recuerdos como para intentar imitarlas. Si por algo se caracteriza la nueva entrega de ‘Terminator’ es por su disonancia respecto a la saga, respetando las ofrendas, dando un paso adelante y ejecutar así un cambio de rumbo hacia otra dimensión de la historia. Pero por mucho que se esté narrando el presente de John Connor y del mundo después del Juicio Final, la sensación que deja es la de una reiterativa función que ya hemos muchas veces en el cine reciente; desde ciudades desérticas absorbidas por los enormes ‘terminators’, persecuciones imposibles en moto o helicópteros que sucumben a fuerzas tecnificadas hasta ésa atmósfera retrofuturista con tonos ocres, de luminiscencia oscura y sucia gracias al trabajo de Shane Hurlbut.
El argumento tampoco varia en exceso y todo lo que se cuenta es reconocible por el seguidor. John Connor continúa siendo el líder de la resistencia rebelde de los humanos contra Skynet y su genocidio y planes de ocupación de un mundo infestado de máquinas cibernéticas. Además, la supervivencia afecta a Kyle Reese, el mismo personaje al que dio vida en 1984 Michael Biehn y que es el padre de Connor y a un nuevo ‘cyborg’ enviado desde el pasado para infiltrarse entre los humanos y servir al líder rebelde en bandeja. A partir de ahí, las ofrendas y los guiños a los seguidores incondicionales son constantes. No sólo en reminiscencias reconocibles como ese radiocassete (hablamos del año 2018) donde se escucha la voz de Sarah Connor con la instrucción a su hijo llamado a ser el salvador de la Tierra, sino también en la mítica frase “Volveré” en boca de Christian Bale, la nostálgica canción de fondo ‘You could be mine’, de Guns N’ Roses o un clímax final con “cameo” especial en un entorno ya visitado anteriormente.
A lo largo de las más de dos horas de metraje McG insiste una y otra vez en exhibir su grandilocuencia a través de ataques bélicos, de persecuciones a toda caña y en una triste revelación visual de la guerra entre los humanos y robots que todo ‘fan’ de la serie esperaba ver y que en ‘Terminator Salvation’ es mucho menos acojonante de cómo la describió en apenas dos planos Cameron en su segunda entrega. Tampoco sabe aprovechar el nulo condimento dramático de la cinta, en un seguimiento de personajes empequeñecidos por la situación y por su pasado o futuro, que van de aquí a allá vacíos de sensaciones emocionales. Se insiste en dar vueltas en torno al dilema del ser robotizado con corazón humano, un nuevo ‘cyborg’ con el rostro de Sam Worthington que busca su verdadera naturaleza sumido en una trágica crisis de identidad. Algo que enflaquece su discurso cuando uno recuerda aquel T-800 junto al pequeño John Connor humanizando a su protector y estableciendo un vínculo filopaternal emotivo.
Del mismo modo, se desperdician también algunas cuestiones en referencia a la viabilidad de las nuevas tecnologías, de la propia ‘cyborg-cultura’, del juego de tiempos que se han sucedido para dejar un presente alterado en el que el protagonista busca a su padre mucho más joven que él o esa esencia distópica que ha recorrido cada fotograma de la saga que ya advertía sobre la dependencia tecnológica y la deshumanización. Se vende como una fábula post-apocalíptica sobre la resistencia y la redención que suscita, torpemente, una introversión sobre las segundas oportunidades. El inefable dúo Brancato y Ferris se ha dado cuenta de que la única forma de formular un éxito rentable es olvidarse de la construcción de sus personajes, del drama sustituido por un cúmulo de secuencias llenas de artillería digitalizada y efectismos a cada cual más imposible.
‘Terminator Salvation’ es, a fin de cuentas, una divertida película veraniega de acción, sin más. Una obra de estruendo visual con la que el estilo de McG se fusiona por momentos al puro videojuego de consola de última generación, plagada de incontinencia y énfasis por lo rimbombante que busca más el ejercicio de puro ruido que se apoya en su excelente diseño de producción para brindar un filme olvidable que se predispone dentro de la saga como una entrega de transición como adelanto visual de lo que está por venir. “El futuro no está escrito”, decía Sarah Connor. Lamentablemente, para la serie de ‘Terminator’ parece que sí lo está.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2009
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