miércoles, 28 de enero de 2009

El humor cabrón de 'Putokrio'

“Vendría a ser como una patada en los cojones bien dada”. Esta frase, escogida al azar entre muchas de la cultura popular y que ejerce verbalmente una impresión algo desagradable pero contundente sería la mejor forma de explicar cómo se las gasta el entrañable Jorge Riera en su nueva creación ‘Putokrio’, basado en uno cómic de culto homónimo (autodefinido como kriomix) y hasta el momento uno de sus más reconocidos trabajos en su carrera. Este valenciano, recordado por aportaciones en las añoradas como ‘Kabuki’, ‘Red Infernal’ o ‘La Página Mutante’ y que fue depurando sus bases de provocación mutante, estilo directo y insurgente sentido del humor en cortos como ‘Amanaun, el niño salvaje’ y ‘Charlie busca’, ha vuelto. Y lo hace más salvaje y lapidario que nunca.
La serie de Riera, que verá la luz a través de la web de Adult Swim a partir del próximo mes, es una arriesgada apuesta de animación para adultos y será emitida por la cadena TNT que, a buen seguro, no dejará indiferente a nadie. Fundamentalmente, porque ‘Putokrio’, la serie, es uno de los productos más radicalmente transgresores que se hayan visto en muchísimo tiempo. Inscrita en la radicalidad de su concepción más provocativa (incluso ofensiva, podría decirse), la serie recorre algunas de las obsesiones personales de un creador que asume valiente la vena más macarra y políticamente incorrecta de su mimesis caricaturesca. ‘Putokrio’, que se beneficia del talento y del arte de La Camorra en su diseño y animación, forma parte de la galería de esos perdedores de desquiciada disfuncionalidad que sirven como canalización explícita de una sociedad que no sabe reconocer sus falencias y errores, lo que hace que se incapacite la opción de aceptar realmente qué es lo que hay y cómo funcionan las cosas.
El contenido, macabro, tosco y tremendamente pesimista, juega con un humor que al espectador le será difícil aceptar y que confundirá, lejos del verdadero sentido de esta imposible ‘mezcla-fusión’ de animación de humor cabrón y serial de terror que representa el mundo postadolescente. La primera sensación con la que se percibe la sordidez del universo enfermo de Riera será desacertada. No hay que dejarse engañar, puesto que en su microcosmos abunda una humanidad entrañable fácilmente expuesta al malentendido debido a su corte oscuro, un tanto incómodo, que escarba en la miseria y el lado más oscuro que anida en todos nosotros. ‘Putkrio’ ejerce así un extraño hipnotismo por la deformación moral, que busca la polémica, cierto es, pero como apertura a la reflexión irónica que, mediante su mala hostia hiriente, lo único que pretende es hostigar los fantasmas de la hipocresía bienquista.
‘Putokrio’ se distancia de la noción que tenemos hoy en día por ‘animación adulta’, aquélla en la para hacer reír y quedar bien, se nutre de la asepsia. Lo tópico no tiene cabida en todo esto. Aquí el espíritu es análogo al humor mínimamente desobediente y gamberro que estamos acostumbrados cuando vemos cualquier célebre serie de animación. Estamos ante un acontecimiento obsceno y apasionado, que encuentra además un incentivo en la narrativa incomparable y personal creada por Riera a base de fotomontajes de un lirismo estético abrumador, acertando en su ascético blanco y negro para lograr definir el humor descrito con la misma hostilidad con la que juega con los tabúes. Riera retoza con la misantropía y se aleja del narcisismo de lo alegre, de lo colorista y del optimismo que se viene utilizando para otorgar el humor adulto de cierto empaque (en el fondo falsedad) que tanto parece gustar a todo tipo de público.
‘Putokrio’ camina por otro lado. Viene de cara, directo con sus intenciones de asumir su propia naturaleza, sabiendo enardecer a quienes seguro juzgarán con una superioridad simulada e hipócrita y aplaudida por aquellos que sepan ver la grandeza de este ‘freak show’ irrepetible. Andrés Gertrudix pone el ‘OFF’ de Putokrio, acompañado por las voces de los genuinos e inimitables Venga Monjas y con la inserción de la música de Miguel Ruiz, pionero del ‘techno’ experimental español y conocido como Orfeón Gagarin. ‘Putokrio’ llega para levantar ampollas, para hacer reír a su manera y para demostrar que en España también hay humoristas radicales que saben jugar a dejar en ridículo a aquellos que se consideran adalides del desacato a los buenos modos y hacer algo temerario, con dos cojones.
Una serie que poco tiene que ver con la ideología de la cadena en la que se emite, que encuentra en series como ‘Aqua Teen Hunger Force’, ‘Robot Chicken’ o ‘Harvey Birdman’ el modelo de ese humor transgresor que no es tal. ‘Putkrio’ va más allá. Sigan su pista porque no dejará impasible a ni uno de sus espectadores.