lunes, 8 de diciembre de 2008

'La carretera'

La densa y gris capa de ceniza va cayendo sin remisión en forma de enferma lluvia. El mundo, tal y como lo concebimos, no existe. Los vastos parajes que antes albergaban árboles y vegetación han dejado la desoladora lobreguez de un paisaje sin vida. En un futuro post-apocalíptico, escenario de radical pesimismo, Cormac McCarthy omite cualquier acotación o referencia explícita para esclarecer el envolvente contexto que empapa cada acción, cada palabra y cada hoja de esta novela irrepetible titulada ‘La carretera’. Un entorno donde la violencia amenaza silenciosa a ese padre y a su pequeño hijo encaminados hacia un rumbo desconocido, que avanzan muertos de hambre y de frío por una carretera acompañados de un carrito de supermercado con bártulos y poca comida, hacia el sur, buscando el mar, sumidos en el miedo, la incertidumbre y la desesperanza. Es una eficaz narración de supervivencia, de iniciación, de búsqueda y, por último, una hermosa historia de amor paternofilial que reflexiona sobre nuestro mundo, sobre la proximidad de una sociedad descompuesta sumergida en el caos.
McCarthy propone así una parábola contundente y sobria, que encuentra en la desnudez de sus elementos sus mejores valores literarios, logrando además anular la recreación épica, haciendo que incluso la frialdad y el detallismo resulten inquietantes e incómodos para el sobrecogido lector. Se trata de un viaje a un mundo sin futuro, parabólico, que esgrime un lenguaje incisivo y minimalista en las descripciones, alejado del boato decorativo, pero que se sostiene con un perfecto grado de un lirismo sombrío que define ese infecundo paisaje cubierto de ceniza por el que el padre y el hijo encaminan sus pasos en un indefinido éxodo hacia la nada.
El frío, la oscuridad y el miedo componen la esencia de una fábula en el que realismo que desprende cada palabra de McCarthy ahonda en el sentido vital de la necesidad de creer en una esperanza que se desvanece con el razonable desánimo a la hora de encontrar una salvación, pero que se contrapone a la actitud del niño, único personaje capaz de creer en la bondad, en la compasión y en la libertad.