jueves, 20 de marzo de 2008

Review 'En el punto de mira (Vantage Point)'

El alumno desaventajado
Pete Travis triunfó hace años con el largometraje ‘Omagh’, película premiada en el festival de San Sebastián de 2004 con el Premio del Jurado al Mejor Guión. Detrás del guión se escondía el emergente Paul Greengrass, que antes de triunfar en Hollywood con la 'Saga de Bourne' y ser nominado al Oscar por ‘United 93’, ya había levantado ampollas, al igual que el filme de Travis, con su visión pesimista y cruda sobre la situación histórica de Irlanda y su relación trágica con el grupo terrorista IRA. El caso es que parece que Travis haya querido, voluntaria o involuntariamente, emular a su tutor y preceptor con ‘En el punto de mira’, película protagonizada por sólidas estrellas de renombre (Matthew Fox, Forest Whitaker, Sigourney Weaver, Dennis Quaid, John Hurt…) y un presupuesto a la altura de los grandes eventos de Hollywood es un claro ejemplo de ello.
Greengrass ha puesto de moda un renovado nervio rítmico de montaje sincopado, sustentado en la eficaz heterogeneidad narrativa con la se ha desplegado impetuosamente la acción en la pantalla a través de las aventuras de Bourne. Su estilo supone un modélico cine de enérgico ritmo que recurre a un deliberado realismo y verosimilitud. ‘En el punto de mira’, Davis quiere igualar esas cotas de maestría en su reiterativa acción, pero lo hace sin llegar al ritmo y talento del primero. Por eso, aunque haya puntos de unión entre la intencionalidad de ambos directores, en esta ocasión, el ritmo visual y la puesta en escena del filme son intencionadamente anexas a ese tono incisivo y mareante, utilizando la cámara al hombro y el imperfecto (pero cuidado) aspecto que le otorga a las escenas de acción la rabiosa y fugaz impronta de un docudrama.
Pero no es suficiente. La dramaturgia está alejada de cualquier credibilidad, el argumento, centrado en el atentado del Presidente de los Estados Unidos sumido en el caos conspiratorio, se multiplica y repite en varias ocasiones, desde siete puntos de vista distintos con retrocesos hasta el inicio de los acontecimientos. Una táctica que llega al aburrimiento, sin satisfacer si siquiera ninguno de los objetivos hiperrealistas, cayendo en una lamentable artificiosidad. Puede parecer eficaz, pero todo es artificial (no voy a entrar en la impresentable negligencia con la que se ha representado la ciudad de Salamanca).
Como su desestructura argumental, esos desvaríos temporales, donde lo que podría haber sido una reflexión sobre temas tan cinematográficos como el de la apariencia y el juego con el espectador sobre las perspectivas, tampoco está provista de enjundia. Ni siquiera como una escéptica meditación acerca de los borrosos límites que separan la verdad de la mentira y la relatividad que aqueja a todos los testimonios que se van dando en la acción. Todo se pierden por la ansiedad de ofrecer un espectáculo sin ningún tipo de contenido que merezca la pena. ‘En el punto de mira’ es una película totalmente insolvente y lo que es peor, con pretensiones.