martes, 5 de febrero de 2008

La quimérica Juno MacGuff

Al ver a ‘Juno’ la imagen básica que uno concibe tras el visionado del filme de Jason Reitman es la de la imposibilidad hecha personaje, la entelequia personificada de un sueño intelectual inalcanzable. Porque Juno representa el ideal simbólico creado a partir de la culminación femenina como objeto de deseo que se mueve y dialoga como en la fantasía de un sempiterno adolescente freakie, soñador y con ínfulas de conseguir una chica como esta entre discos, cómics, películas y deseos inverosímiles.
Este personaje es la alegoría de una lolita que encandila por su ternura, su perspicacia, sus ingeniosas frases llenas de ironía, su aparente discernimiento sobre la existencia, la música (algo cuestionable), el cine (aunque considerar más sobresaliente a Gordon Lewis que a Argento es indigno)… en definitiva, la autoasumida clarividencia con la que ve las cosas se antoja la onanista visión que se tiene de la vida y del cine.
El rol interpretado con inquietante perfección por Ellen Page es una utopía. Sugerente sí, pero sin dejar de constituir una fábula algo insípida y optimista que ganará con el tiempo por la intrascendencia, honestidad y melancolía con la cual se ha creado este cuento vitalista y romántico.