jueves, 31 de enero de 2008

Review 'Expiación (Atonement)'

Autocomplacencia, evocación y lirismo
Con ínfulas de clásico moderno, el nuevo trabajo de Wright es un pretencioso trabajo que va perdiendo paulatinamente su interés en el ostentoso tono melancólico y quejumbroso del drama.
Como prosecución de la corriente de cine de época creada por el sello Marchant y James Ivory, en ésa prosapia de idealismo y romanticismo, diferencia de clases entre aristocracia y clases humildes, historias sobre un tiempo y lugar indelebles al paso del tiempo, contemporáneas a su modo e intención, Joe Wright, tras el éxito cosechado con su adaptación de Jane Austen en ‘Orgullo y prejuicio’, prolonga la directriz afectadamente delicada para reincidir en el raigón literario con ‘Expiación’, esta vez otra adaptación literaria de la obra de Ian McEwan.
Al igual que la comunión que formaron Merchant e Ivory, las mansiones y campiñas inglesas son el espacio contextual perfecto para dar principio una historia de sacrificio y pasión situada en 1935, donde, en el seno de un familia aburguesada, el amor contenido entre la joven Cecilia, la hermana mayor, y Robbie, el modesto jardinero hijo del ama de llaves de la casa desata la llama del amor. Sin embargo, los funestos malentendidos provocados por la hermana pequeña, Briony, hace que el destino cambie y separe a la pareja en un futuro dramático con la guerra mundial del fondo. Por supuesto, en una historia de este calado clásico, Wright confiere un sólido punto de poética, donde prevalece la puesta en escena, el impecable diseño de producción, la estética o el vestuario. En este aspecto, lo más destacable es que todo ello se subordina a los personajes y al ritmo modernizado con el que se narra una epopeya épica, romántica y clásica. Al cineasta británico le interesan, sobre todo, las reacciones discordantes de sus protagonistas, las consecuencias que provocan sus actos y el adverso fatum que les depara un difícil distanciamiento. Y lo hace sin añadir mucho énfasis descriptivo en el detallismo de la época, sin perder de vista el preciosismo algo rancio, atento a los pequeños detalles.
‘Expiación’ busca soterradamente la brillantez y elegancia necesaria para conferir al drama mayor magnitud de la que tiene, ataviándola de cierta cuota de ambición que no se difunde en ningún momento al interés de su historia. La película va desgranando su inicial y arriesgada estructura, en la que se reincide una sugerente multiplicidad perspectivista según el personaje desde la apariencia y la realidad, fragmentando y descontextualizando las escenas para volver a situarlas en la realidad de los hechos. Cuando ése juego temporal se acaba y los espacios se dividen junto a sus personajes, ‘Expiación’ va tejiendo con un estambre narrativo dubitativo y soporífero una historia sustentada en el rosáceo folletín de una tragedia sentimental que no termina de trascender a causa de su acentuación grandilocuente.
El sonido de las teclas de una máquina de escribir, con una (a priori) conexión entre literatura y cine, deja claro, a las primeras de cambio, la subjetividad de lo narrado, desde un único punto de vista. ‘Expiación’ se convierte así en una mirada introspectiva sobre las derivaciones vitales de una mentira, de la falsa imputación de un delito incontrastable por la procedencia de una clase menor. Todo gira en torno a una adolescente falacia que esconde un desagravio emocional típico de un caprichoso y núbil encaprichamiento que provoca un sinuoso viaje de negligencias morales en vidas dedicadas a la enmienda personal a través del sacrificio y ayuda a los demás. En el camino, no se omitirá, obviamente, una historia de pasión, sin oportunidad de esquivar las barreras de un amor imposible marcado por las clases sociales, los celos ajenos y la guerra. El sustrato romántico del filme respira con la lucha de Robbie y Cecilia por no perder la ilusión de un sueño que, según avanza la película, se va haciendo paulatinamente más difícil.
Sobre el papel, la segunda obra de Wright, adaptado con cierto desequilibrio por el veterano Christopher Hampton, parece una de esas obras clásicas de época con ciertas ínfulas de inmortalidad. La pasión y exoneración de la culpa, su relato épico acerca de las apariencias, la búsqueda de contraste entre la realidad y lo alegórico, hasta su estructuración en las tres partes clásicas de la narración se van perdiendo poco a poco y sin mucho esplendor en el tedio y el bostezo, en la indolencia con la que transcurren los acontecimientos. A pesar de que los elementos narrativos se sitúen a favor de una sucinta narración de prometedor arranque, cuando el vaivén temporal se pone en función de una subjetividad tramposa y descolocada, ‘Expiación’ no deja de ser más que un culebrón que no logra evitar que el lógico propósito por conferir una profundidad a unos personajes sin la fuerza ni la fascinación primordiales para que el drama conmueva.
Tampoco ayuda el cambio de cine trágico y sentimental a la ruda e inerme visión del conflicto bélico, que termina por menoscabar el nulo incentivo que van suscitando los dilemas pasionales y delatores. ‘Expiación’ va perdiendo su fuerza emotiva, impulsada por el distanciamiento entre sus protagonistas, recreándose en esa mano que no quiere ser tocada por temor al rechazo, en el recuerdo de una espera, de una postal que tiene en su grafía el futuro que la pareja merecía para su amor, separados por el estigma de una mentira imperdonable. Wright y Hampton acentúan en exceso el tono melancólico y quejumbroso, con una pomposidad desatinadamente manierista; en la descripción de la guerra y unos niños fusilados en medio del campo, en oscilación de misivas entre todos, en la dramática compañía de Briony a un soldado francés poco antes de morir, en el recuerdo materno de Robbie cuando todo está perdido…
Ni siquiera las esforzadas interpretaciones de un correcto elenco compuesto por Keira Knightley, James McAvoy, Romola Garai y Saoirse Ronan o la maravillosa partitura de Dario Marianelli son óbices para el descalabro. Inmerso en la autocomplacencia de evocación y lirismo de esta historia sobre la maldad infantil y el infortunio del destino incorregible, Joe Wright, que parece en todo momento muy comedido y clásico en el plano técnico, tal vez contagiado por el sopor de lo narrado, parece empalagarse de tal manera que, en un determinado instante de representación bélica, del dolor y el aturdimiento del conflicto, el cineasta británico regala al personal un onanista alarde de virtuosidad innecesaria, otorgando un largo plano secuencia que va mostrando la locura colectiva de un batallón que espera ser trasladado a su país en la playa de Dunkerque.
‘Expiación’, en su búsqueda de enmendar la culpabilidad y recomponer la idea romántica de un amor fragmentado, sólo podía terminar de perder su brújula en un sonrojante epílogo para recalcar esa expiación y confesión final con inerme apoteosis dramática protagonizada por Vanessa Redgrave, donde la mentira acaba dejando paso a la verdad y la ficción a la realidad.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2008