miércoles, 5 de septiembre de 2007

Dossier Quentin Tarantino (I)

El salvaje y explosivo cóctel de Tarantino
El director de la recién estrenada ‘Death Proof’ de ha convertido en uno de los cineastas más importantes del cine contemporáneo gracias una breve pero intensa filmografía cargada de talento, reformulación y brillantez.
Después de tener que esperar casi siete años transcurridos desde ‘Jackie Brown’, en 1997, hasta su cuarto filme dividido en dos volúmenes ‘Kill Bill’, en 2004, el estreno de un nuevo filme de Quentin Tarantino ‘Death Proof’ (dentro del díptico ‘Grindhouse’ junto a ‘Planet Terror’, de Robert Rodríguez, que ha llegado a nuestro país escindido por motivos de distribución) ha sido destacable como una noticia significativa no sólo en términos cinematográficos, sino como merecido y preeminente apunte de actualidad, puesto que Tarantino se ha ido configurando como uno de los realizadores más importantes dentro del cine contemporáneo.
Cineasta insurgente y díscolo, amado y odiado por crítica y público, dejó de ser un realizador de moda para convertirse en un fenómeno de masas, en una atracción capaz de escalonar películas de culto dentro de una breve pero contundente filmografía que responde a un plausible capricho de un director que se otorga a sí mismo un cine entregado a los amantes de los géneros, a los que reverencia como repuesta a sus propios deseos como espectador. Tarantino, desde que en 1992 dejara para los fastos de cine independiente su obra cumbre, ‘Reservoir Dogs’, se ha establecido como un icono de identidad personal mil veces imitada, que aúna el poder quimérico de los grandes clásicos de los que bebe con una actitud del dinamitador del cine moderno que es, en su realización sin concesiones a las reglas, donde se enfatiza su incorruptible cine libre, en estado puro.
A lo largo de estos años, Tarantino ha pasado a ser un sello de garantía, en un denominativo cuyo epígrafe es sinónimo de éxito, pero también de controversia, polémicas, disputas, violencia y tantos otros términos que han definido sus personales cócteles de referencias temáticas sobre las que el cineasta es un experto conocedor de una precisión y contundencia que singularizan su figura dentro de sus obras y de la cinematografía actual. Así, los clásicos de siempre, las obras de culto de serie B, los subproductos de serie Z, los credos populares, las cintas orientales de artes marciales, los ‘westerns’, el cine negro, la literatura ‘pulp’ o la iconografía ‘pop’ más estandarizada junto a sus expresiones genéricas han desfilado por su carrera en un inverosímil combinado donde la fuerza del impacto y las analogías temáticas no sólo evocan simplemente el exceso y los aspectos más determinantes del multigénero, sino que, tras su primera apariencia, encubre el vigor de la rebelión subversiva, que confiere a sus películas posteriores; ‘Pulp Fiction’, ‘Jackie Brown’ o el citado duplo ‘Kill Bill’, un ímpetu emocional y un poder de hipnotismo absoluto. La consecuencia del éxito de Tarantino no es, por tanto, una concepción del cine autocomplaciente, sino un vehemente ritual, resultado de la convicción con la que construye sus ejercicios de nostalgia, cimiento raquídeo de toda una obra que pervive por y para una sublime fusión armónica entre cine y vida.
Tarantino ha logrado ejercer una transformación cultural y visual dentro del Séptimo Arte, ya que en el largo camino hacia la postmodernidad, ha evolucionado hacia una corrección dialógica y cinéfila. Sin embargo, Tarantino sabe diferenciar ésas dos vertientes, en las que cumple un papel esencial la avenencia de subgéneros provenidos de los clásicos y donde es fundamental el procedimiento modernista de la intertextualidad genérica, cuyo objetivo es releer y reinterpretar. Por eso, esa absorción de la grandeza de célebres títulos de los que bebe, representa el argumento que expone que el cineasta también sabe reconocer la necesidad de un modelo hermenéutico que atribuya a su carrera el poder mediador de la imagen y la palabra en el proceso de construcción de sentido fílmico de sus películas. Donde reside el verdadero potencial de su cine.
Los cánones de su cine se asientan, por supuesto, en un desmedido talento por la recuperación de clichés para la metamorfosis innovadora, donde Tarantino encuentra el eclecticismo y los códigos cinéfilos que singularizan sus sugestivas estructuras temporales, en las que predominan una destacada hegemonía del espacio cinematográfico y un amplio conocimiento de la cultura fílmica para insubordinarse con sus sagaces textos y diálogos, en los que caben disertaciones existenciales salpicadas de jerga popular (a veces ordinaria), como nimias tribulaciones sobre angostas series y personajes televisivos, códigos de honor de la mafia, conversaciones transversales sobre masajes, canciones populares, violencia, sexo, drogas, comida rápida, automóviles… atribuidos a sus películas desde sus propias alusiones formativas, en rutilantes instantes de brillantez jalonados por esa violencia extrema con la que se identifica el aspecto más agresivo de este polémico autor, utilizándola como medio de expresión, de acción y no como una simplista comparsa de sus perspicaces frases.
La violencia para Tarantino es una conducta, un concepto narrativo y un valor, como también lo fue para Howard Hawks, Phil Karlson, Sergio Leone, Samuel Fuller, Sam Peckinpah, Martin Scorsese, Brian de Palma o los grandes maestros del ‘giallo’ a los que tanto elogia y ofrenda dentro de sus creaciones. Este matiz del cine de Tarantino se exhibe extremo, salvaje y magnificado, que encuentra su gran virtud en la parvedad de su discurso moral, despojado de cualquier teoría especulativa que acerca sin prejuicios al salvajismo sangriento de sus potentes imágenes. Como en ‘Reservoir Dogs’ y ‘Pulp Fiction’ o ‘Kill Bill’, la sangre es mostrada como elemento necesario, sin caer en la trivialidad y asentando todo el interés de su agresiva ceremonia sanguinolenta en la diversión y sentido del humor. Por eso, la imagen de sadismo, el desmedido exceso y la exageración de los combates desde la perspectiva de Tarantino es necesaria mostrarla detenidamente en cada golpe, en cada patada, en cada disparo, en cada sablazo de katana y en cada muerte, para reflejar siempre un sutil sarcasmo.
Si por otro elemento se ha determinado su noción narrativa ha sido por la alteración nomotética del orden cronológico, amparada en una técnica de desestructuración que no responde a un antojo excéntrico y modernista, sino a la subjetividad de la narración afásica para jugar con los tiempos como procedimiento de impregnar a la acción el ritmo necesario que requieren sus historias, donde la anacronía temporal reside en la acción definida y separada de bloques argumentales. Lo realmente importante, sin embargo, es el fondo estructural basado en el diálogo, la base que orquesta todos los demás recursos del director. Por eso, Tarantino, con su disciplinada metodología del guión, se ha convertido en uno de los mejores y más privilegiados creadores americanos del momento, con sus personajes definidos en su exposición, rematados por la perfecta coalición entre sinceridad y sensacionalismo, rudeza y humanismo que suele conferir el cineasta y guionista a sus criaturas.
El director, en su abrumadora hosquedad, de impecable estilo verbal y visual, propone con su breve carrera auténticas elegías al cine en sus conceptos más amplios, reinventando con su espléndido ‘background’ cultural una nueva forma de ver este apasionante arte. Sorprendente, elocuente, e hipnotizante, el autor de esta última ‘Death Proof’ ha alcanzado un reconocible éxito que reposa en demostrar que el talento y la brillantez no están reñidos con la recreación fetichista de una serie de influencias con las que reinventar el cine, lejos de los especulativos ejercicios de sincretismo que muchos críticos le achacan, más pendiente de compaginar sus historias con una ruptura de las formas tradicionales del cine, en una clara actitud de descarada irreverencia. Así es Tarantino.
Hasta aquí, una sucinta introducción al universo 'tarantiniano'. Mañana, la segunda parte del dossier, mucho más amplia y extensa sobre su vida y obra.
Pasado, la ‘review’ de ‘Death Proof’.
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