miércoles, agosto 30, 2006

EXTRA VERANO (X): Review 'La habitación del niño'

Terror cotidiano y bidimensional
De la Iglesia ofrece con su telefilme de encargo un cambio radical en su temática con un viaje de ambivalente pesadilla ubicada en la normalidad de una familia feliz.
Álex de la Iglesia (y por extensión, su imprescindible guionista y acólito Jorge Guerricaechevarría) abordan el complejo reto que necesitaba el tándem a la hora de afrontar su siguiente título tras la notable (pero bastante damnificada por la crítica) ‘Crimen Ferpecto’. ‘La Habitación del Niño’ es un cambio radical, la esperada actualización de sus cánones y distintivos dentro de una carrera marcada por la cohesión del humor negro agresivamente perverso con la mejor tradición del cine. Era necesario una variación que reemplazara la desmitificación constante hacia los conceptos genéricos que habían manejado y subvertido hasta el momento para ofrecer un filme de encargo ubicado dentro de los márgenes del género de terror desde una posición nostálgica y clásica respecto a las tendencias actuales, pero a la vez con un respeto hacia el material que se traen entre manos. El resultado es una película que fortalece la dimensión artística y diestra del dúo ‘De la Iglesia – Guerricaechevarría’ con una cinta que consigue, en muchos momentos, la auténtica relevancia estilística que poco se aprecia dentro del cine español de nuestros días.
Lo que a simple vista es la historia de un joven matrimonio con un bebé que descubre, mediante un sistema de escucha y vídeo, cómo en la habitación del pequeño hay alguien que vigila junto a la cuna, no es más que un camino periférico para ahondar en otro terror más real si cabe, el de la pérdida de la unión familiar y del nexo racional que separa el equilibrio mental ante una situación paranormal, aquél que traiciona al raciocinio abriendo la angosta posibilidad de la locura. Rehusando a ceñir la historia a los más arcanos manierismos del género, De la Iglesia reaviva con su telefilme una sugerente fantasía y alucinación clásica por los entes de lo oculto, aquellos que perviven en otra dimensión alternativa, bien sea en el pasado o, simplemente, en la perturbada insania de lo desconocido.
Los elementos estilísticos del cine de Álex de la Iglesia se armonizan en ‘La Habitación del Niño’ en un rigor procedente de su madurez como cineasta. Una madurez que, en el conjunto de su obra, había sido profetizada y cristalizada hace bastante tiempo. Así, es posible que en la dilatada imaginería del artista se capte la anteposición de lo filmado a quien lo filma (exceptuando esos intachables ‘gags’ que dejan atisbar el humor cruel y la violencia extrema que han caracterizado su cine a lo largo de su filmografía), optando por el abandono de la búsqueda del simple efectismo potenciador de sobresaltos y acentuar así la diferencia entre lo visual y lo intrínseco de la historia, atendiendo, de esta manera, a la cadencia y la progresión sensorial del relato con un ritmo de innegable vigor.
‘La Habitación del Niño’ es un oscuro viaje que va desde el sosiego de una vida familiar feliz y tranquila, sin más sobresalto que la inesperada visita de esos cuñados pesados y perfeccionistas de todo hijo de vecino, hasta esa grotesca alucinación habitada por seres malvados de otro tiempo o espacio, capaces de los peores actos que se transmutan a nuestro mundo para ejercer el Mal en estado puro. Es el descenso a los infiernos de las sombras a través de un guión que invita a descubrir al espectador ese juego del ‘yo’ más siniestro que todos llevamos dentro por medio del realismo perceptivo de sus imágenes, rutinarias e identificables.
Es un estimulante encuentro con un cine cuyo sentido de lo fantástico y el terror se desprende de la subversiva mirada que, otra vez, De la Iglesia impone sobre la supuesta ‘normalidad’ y sobre la familia, la película persigue en todo momento un signo clásico del género, en su vena más sobria, con una ficción donde no existen coartadas situacionales como explicación psicológica, ya que se recurre a la utilización de un terreno psíquico deformado en un espacio terrenal, de modo que el terror alternativo, aquel que provoca los fantasmas interiores devenidos en puertas inexistentes, grietas temporales y asesinatos inconcretos no son más que la representación de una personalidad aturdida en un mundo inestable que se presagia en constante metamorfosis. Sin rehusar a los conceptos y efectismos más tradicionales, ‘La habitación del niño’ incluye una perspectiva visual en el que la imagen tiene una importancia trascendental, en un acto de fina ironía frente a la tecnología, a la que demoniza con un guiño en contra de la creciente obsesión por la seguridad que tanto predomina en nuestro días.
Gracias a esa tecnología, la del ‘baby control’, en la cual se descubre un elemento clave en el constante manejo de la imagen de vídeo para evocar fantasmas del pasado, Álex de la Iglesia consigue un enérgico pulso terrorífico a la hora de mostrar lo que se ve y lo que se muestra, en una diferenciación portentosa de la realidad y la ensoñación onírica (o no), entre lo concreto y lo intuido, entre el pasado (o futuro) y el presente. Un hecho que sirve para jugar con las dobles miradas, tiempos y disposiciones de dos realidades y ofrecer, entre líneas formales, la inquietud necesaria para enriquecer esta historia de maldiciones, creencias y fantasmas (interiores y externos). A buen seguro que, como padre inexperto, De la Iglesia aportó su particular ejercicio confesional sobre la paternidad, ahondando en obsesiones personales exclusivas que exorcizaran, en cierta manera, una asignatura pendiente que tenía el director con un género tan adulterado como es el terror y aprovechar la coyuntura para narrar, de un modo infectado y siniestro, los miedos a los que conlleva ser padre y ejercer como educador, transformado aquí en una pesadilla sin límites.
Esa traslación, ésa finalidad narrativa de una perspectiva más interiorizada en el personaje principal es la que ayuda a la desasosegante evolución hacia la locura, distintiva de la vena más ‘polanskiana’ del cineasta vasco en su habitual fusión genérica de la cotidianidad y la anormalidad, esta vez encauzada hacia una faceta sobrenatural. Además, ‘La Habitación del Niño’, encubre sus pequeñas carencias (la falta de más presupuesto -visible en la ligereza de la dirección artística-, alguna licencia de guión –precisamente los mencionados momentos de humor a cargo de los personajes de Dechent y Tallafé- o la impronta del ámbito telefílmico -ante la que claudica el filme en algunos instantes-) con la destreza con la que De la Iglesia sabe ir más allá de las premisas puramente sobrenaturales y desarrolla aspectos ocultos hermanados al relato clásico de terror, haciendo alarde de una capacidad para crear tensión abrumante, sin escatimar en la exhibición de lo misterioso o en la crueldad de lo salvaje. Terreno en el que una pelea marital denota también la inextinguible preponderancia del director a lo excesivo.
‘La Habitación del Niño’ es una sorpresa en toda regla, capaz de hechizar con esa tensión poética y melancólica de las imágenes en dos tiempos, desde dos perspectivas y combinando la sutil cadencia de los encuadres que rememoran cierta fuerza del espíritu cinematográfico del maestro Chicho Ibáñez Serrador, homenaje manifiesto al título de la serie de telefilmes que componen esta gran idea desperdiciada por Filmax ‘Películas para no dormir’. De esta ofrenda, proviene que en todo momento De la Iglesia sepa sortear el artificioso susto efectista para erigir, mediante la cámara o la magistral partitura de Roque Baños, la revelación advertida por el sigiloso movimiento de cámara que revela lo que el público espera, sin ninguna pretensión estética o sonora por subrayar lo tenebroso.
A ese fondo asfixiante de la trama contribuyen los dos intérpretes de la historia; un Javier Gutiérrez que consigue tomar el pulso a un personaje complejo y dual con gran convicción (aunque a veces el personaje le venga grande) y una esplendorosa Leonor Watling, que demuestra su versatilidad en cualquier género. Algo que no producen las constantes presencias habituales en el cine de De la Iglesia, que van apareciendo en pequeñas secuencias del filme en plan ‘cameo’; Terele Pávez, Ramón Barea, María Asquerino, Enrique Martínez o Gracia Olaya, ya que el reconocimiento de estos, empañe en cierta medida la certidumbre de la lobreguez narrativa y descoloque un poco al espectador. Una traba que no afecta al gran Sancho Gracia, cuyo fundamental rol aporta las necesarias respuestas a muchas incógnitas planteadas a lo largo de la película, que que avanza en su construcción argumental a través de pequeños detalles que conducen a la participación emocional de un espectador obligado a entrar en la trágica coyuntura de la dualidad, otro de los anagramas con los que De la Iglesia maneja su historia dentro de la bidimensionalidad.
La ambivalencia, esa indefinición que mantiene la intriga de la historia por medio de los espejos e instiga a adentrarse en la realidad oculta de la película, invoca en todo momento a la transformación del Mal, pero en un trance velado e incorpóreo, dejando entrever el desdoblamiento que abraza inesperadamente una sorpresa final contenida en un epílogo sorprendente y brutal. ‘La Habitación del Niño’ es, en último término, la contribución por parte de Álex de la Iglesia al género, con una pesadilla que invoca su libérrima voluntad de estilo, envolviendo consigo una atmósfera neutra, sin identificar el relato a la esfera oscura y malsana, y que consigue, en definitiva, transmitir la recreación de ese universo en el que se confunde realidad y alucinación (tal vez ilusoria), así como en la ubicación del aparentemente y apacible entorno en el que se desarrolla la acción que oculta, bajo su apariencia, una perversa trama de horror y asesinato. ‘La Habitación del Niño’ es el trabajo destinado a acreditar que De la Iglesia está preparado para acometer cualquier género con la misma destreza que ha demostrado hasta el momento.

EXTRA VERANO (IX): Spot seleccionado

Gracias a todos por vuestro apoyo incondicional.

martes, agosto 22, 2006

EXTRA VERANO (VIII): Spot ESCORTO '06, por "REFO"

(Antes de nada, por favor, HAY QUE VER EL SPOT)
Ya lo anunciaba el pasado martes en este espacio abismal. El spot rodado para el I Festival del Escorial (Escorto '06) era una promesa que había que formalizar cuanto antes.
El pequeño anuncio, fraguado gracias a la ayuda de mi luz existencial, Myrian, junto a Eli Martín, David Rodríguez, Patricia López Parada o el imprescindible Álex Zuñiga entre otros, fue una de esas íntimas reuniones de amigos que dejan su particular impronta en la apatía estival de un verano algo anodino como está siendo esta 2006. Ellos se encargaron de llevar la carga espiritual y física durante el rodaje de un spot donde, a los resultados me atengo, se ha destapado como genial actor de comedia Jorge L. Casanueva (conocido por estos lares por ser el creador del grupo Psycho Loosers y del fanzine digital –antes en papel- ‘Mondo Puto’).
El trabajo viene a ser la nueva composición tras cuatro años de retiro creada por un servidor desde que se rodara ‘El límite’, prolongando la estela de aquél a modo de autoparodia, en una distensión cómica de su oscurantismo demoníaco, de las sombras que proceden de la oscuridad. Una oscuridad, la del alma, que trata de descubrir nuestros instintos. En un giro radical, en este spot nos hemos saltado a la torera las consignas intencionales expuestas por Robert Wiene, pero sin perder la oportunidad de acoger sus intenciones estéticas, en una reconocible similitud cohesionada al cortometraje que tantas satisfacciones nos ha dado. La creación para Escorto es una cariñosa broma hiperbólica de ‘El Límite’, en clave de comedia. Un acercamiento a ese género tan difícil de trasladar a imagen. Por eso, si con ello, conseguimos arrancar aunque sea una sola sonrisa, el spot habrá sido un logro impagable.
Lamentablemente, el efecto estético se ve mermado en un entorno visual tan poco adecuado como el que se percibe a través de instrumentos como Youtube o GoogleVideo, ya que oscurecen en exceso esa impresión sensorial que se disfruta plenamente en una pantalla adecuada, con gran calidad de imagen.
Por eso, os he dejado un enlace extraoficial con algo más de calidad, para aquellos que quieran disfrutarlo en condiciones y un E-Link para descargarlo.
Eso sí, nunca mejor que el visionado que tendrá lugar a mediados de septiembre, cuando se pase en el esperado Escorto, donde este spot se podrá ver con toda su dimensionalidad de esta pequeña labor publicitaria de la que estamos tan orgullosos.

miércoles, agosto 16, 2006

EXTRA VERANO 2006 (VII): Dossier Piratas en el Cine

¡Al abordaje!
Estos ‘Piratas del Caribe’ de Gore Verbinski tan de moda, ha devuelto el olvidado cine de piratas, uno de los subgéneros más representativos del cine de aventuras.
Desde que Exquemelin o Defoe retrataran las proezas y grandes escamoteos navales de los piratas más célebres de la historia, tanto la literatura como el cine han sabido encontrar un filón en las aventuras de los diversos corsarios apátridas sin ley como reclamo comercial e imaginativo. Autores como Robert L. Stevenson y su obra maestra ‘La isla del tesoro’, Emilio Salgari y sus 'Tigres de Mompracen’ o Julio Verne con ‘Los hijos del capitán Grant’ y ‘Los piratas de Halifax’ sentaron las bases de lo que el Séptimo Arte tomaría como un referente imprescindible a la hora de llevar las fabulescas hazañas de los filibusteros marinos a la ficción visual.
Los piratas, bucaneros sin escrúpulos que siguen la ley del más fuerte viajando en grandes galeones en cuya bandera flamea con su inconfundible Jolly Roger, la bandera negra grabada con una calavera y dos fémures cruzados, tuvieron como propósito vital el de abordar cualquier embarcación llenas de tesoros o simplemente con el ímpetu de robar, violar o matar se han utilizado para imaginar una figura romántica de un pirata ensalzado hasta el heroísmo. Pura aventura basada en la busca de erarios, saqueos y venganzas, de extorsiones y míticas gestas marinas que asentaron leyendas imposibles de olvidar.
El pirata, como tal, simboliza la trasgresión llevada al extremo de una libertad por aquella época coartada por las costumbres y posiciones sociales. La piratería era una práctica tan antigua como la navegación misma, donde una embarcación atacaba a otra con el propósito de robar su carga, y muchas veces la nave misma. Sin embargo, los piratas no se limitaban a atacar otros barcos, sino que muy a menudo llegaban a asaltabar incluso ciudades costeras. Si bien es cierto que las leyendas acerca de piratas históricos como Barbanegra, Anne Bonny, Francis Drake, John Hawkins, Piet Hein, Henry Morgan o Jack Rackham sitúan una piratería de técnicas paralelas a la historia de la navegación, la romántica visión de los piratas no deja de ser, como muchos de los mitos de la historia, una mera representación idealista y nostálgica de una utopía, de una ilusoria forma de vida más que una realidad perspicua y perceptible más que de una realidad histórica enfatizada por el paso de los años como hazañas remarcables dentro de los fastos marinos.
Pillaje, violencia, libre albedrío, ron, doblones de oro, islas desiertas, batallas, naufragio, islas, tesoros perdidos…olor a pólvora y libertad, en definitiva, son elementos demasiado atractivos como para que el cine tenga no tenga un arsenal de películas cuyo desarrollo se concentre en este apasionante género convertido en todo un subgénero con una idiosincrasia propia y totalmente determinable. Desde que el cine es cine, los piratas han sido objeto de todo tipo de representaciones. Itinerario cinematográfico que se pretende desglosar, olvidando algún título, rescatando algún otro inombrable, una galería de piratas dentro del Séptimo Arte.
Fue Charles Lamont uno de los primeros en parodiar estas hazañas en la inolvidable ‘Abbott y Costello y el Capitán Kidd’, figura creada por R. Lee y tomada por Rowland V. Lee en ‘El capitán Kidd’, una de las obras maestras de este tipo de cine con el extraordinario Charles Laughton dando vida a William Kidd, un avaro y vengativo que personifica el denuedo argumental de una cinta sombría y directa, casi tenebrosa que concita la versión más canalla de la esencia maquiavélica. Raoul Walsh, un experto todoterreno se consideraba un entusiasta del cine de piratas por lo que dio una lección de acción y aventuras en sendas muestras de maestría con ‘El mundo en sus manos’ o ‘El hidalgo de los mares’, cine colorista y vital donde la aventura está por encima de cualquier concesión a la pretensión cinematográfica.
Pero no sería otro que Michael Curtiz el encargado de simbolizar este género con dos obras que suponen los pilares del cine de piratas. ‘El capitán Blood’ y ‘Los halcones del mar’, ambas protagonizadas por el prototipo de bucanero cordial y poco violento que caracterizó Errol Flynn junto a Olivia de Havilland significaron el ejemplo de diligencia y pulcritud en todas las secciones, tanto técnicas como artísticas. Las películas de Curtiz recogen en sus fotogramas la verdadera esencia del cine de piratas, de principios y consecuencias arrastradas a causa del ímpetu aventurero, de abordajes y romances, de islas perdidas, donde la piratería es una necesidad volcánica de supervivencia, de libertad. En otro enfoque del subgénero, destaca la agresiva feminidad que exuda un filme de la talla de ‘La mujer pirata’, de un Jacques Tourneur en estado de gracia, donde el desaliento y la negatividad rodea a todos los personajes que van apareciendo en pantalla, sostenida toda la obra por la impoluta utilización del color, la composición de sus encuadres, la magnífica dirección artística y una fotografía que se descubren como elementos decisivos en la maestría de la película. Por supuesto, quedará en la inmortalidad el rol de Anne Providence interpretado por Jean Peters.
Por su parte, Robert Siodmak, otro de los estandartes del cine de serie B realizaría ‘El temible Burlón’, para muchos (entre los que me incluyo), la mejor cinta de piratas de la historia, con la pareja Lancaster/Cravat surcando el mar Mediterráneo en busca de la aristocrática Eva Bartok enfrentados a los villanos Torin Thatcher y Christopher Lee. La comicidad casi paródica de la acción y una cadencia acrobática, de ritmo vertiginoso, convierten a este filme de Siodmak en un insurrecto monumento del cine de aventuras, de la subversión anímica a la que conlleva saltarse las normas establecidas y ejercer la piratería como una opción de diversión y vida. ‘El temible burlón’ es puro cine.
Sería Burt Lancaster por su condición de equilibrista circense uno de los mitos inapagables del cine de piratas con sus peligrosas cabriolas en los mástiles y sus descensos vertiginosos rasgando las velas como bien demostró en ‘Su majestad de los mares del sur’, otra obra maestra de Byron Haskin. ‘La isla de los corsarios’, de George Sherman de nuevo con Errol Flynn como narciso bucanero, ‘Piratas del mar caribe’, del ostentoso Cecil B. De Mille, ‘Rebelion a bordo’, con tres versiones de la tripulación de la ‘Bounty’ contra su tiránico capitán puteándoles en el siglo XVIII, ‘The Spanish main’, una joya olvidada de Frank Borzage o la exótica ‘La luz del fin del mundo’, de Kevin Billington con Kirk Douglas y Yul Brynner como antagonistas son algunos de los títulos que han pasado con letras de oro a la galería de filmes que tienen entre sus reclamo barcos por abordar, malos con parche en el ojo (o no) y héroes en busca de la ley oceánica impuesta por su propia anarquía.
Si bien la magistral obra de Stevenson ‘La isla del tesoro’ ha sido llevaba al cine con menor o mayor suerte en ocho ocasiones (entre las que cabe destacar las versiones de Maurice Tourneur, Byron Haskin o Victor Flemming) a la gran pantalla, no hay que olvidar tampoco a directores como Henry King, que sublimó la procedencia literaria de leyenda de Tristán e Isolda para su excelente ‘Captain from Castle’. Películas de menor rango como ‘Al sur de Pago Pago’, de Alfred E. Green, ‘Bandera negra’, de Ralph Murphy inspirado en el original de Sabatini ‘El retorno del capitán Blood’, la producción de la Hammer británica ‘Captain Clegg’, de Peter Graham Scott con sus ‘Marsh Phantoms’ con Peter Cushing al timón o la serie B ‘Los piratas negros’, con Anthony Dexter y Martha Roth como expedicionarios en busca de un tesoro son algunos ejemplos de la proclividad de este subgénero tan desconocido para muchos aficionados a la andanzas marítimas.
Aventuras llevadas a la comedia reuniendo mitos como los Monty Python, Dudley Moore, Marty Feldman o Cheech y Chong en la defenestrada y satírica ‘Los desmadrados piratas de barba amarilla’, de Mel Damski o risibles filmes como ‘El pirata negro’, de Mario Costa. Un largo recorrido naval en el que no pueden faltar los piratas malayos y los plantadores de caucho de Ken Annakin en ‘Malasia’, ‘Los piratas de los 7 mares’, de Sidney Salkow, la añorada producción de Disney ‘Los robinsones de los mares del sur’, de Annakin o las inexploradas aventuras de piratas orientales de ‘Zhong lieh tu (Piratas y guerreros)’, de King Hu, así como los pequeños alemanes de ‘Ukradena uzducholod’, del poco valorado Karel Zeman son cintas que completan este viaje por todos los mares del mundo.
A todo esto hay que añadir una cierta y poco indagada filmografía de aventuras de piratas ‘a la europea’. Si el cine norteamericano siempre fue reacio a adaptar a Salgari, no lo fue el italiano Enrico Guazzoni y Umberto Lenzi al llevar al cine ‘La hija del corsario verde’ o ‘Los piratas de Malasia’, sin olvidar la serie televisiva de Sandokan, protagonizada por Kabil Gibran. Una ‘italianiazación’ a la que no son ajenas ‘Franco, ciccio e il pirata barbanera’, de Mario Amendola o los imprescindibles Terence Hill y Bud Spencer en ‘El corsario negro’, de Vicent Thomas. Lo curioso de este trayecto cinematográfico es que existen varios títulos ‘made in Spain’ que se unen a la tradición bucanera. Con casta, imaginación y mucho ingenio, el producto nacional dentro de los aventureros con pata de palo han sido elaborados de forma intrínseca en la serie B y Z, pero con la dignidad que le dieron a sus productos Carlos Benpar en ‘Capitán Escalabons’, a partir de una historia que combina ‘La isla del tesoro’ y ‘Los contrabandistas de Moonfleet’, José L. Merino en ‘La rebelión de los Bucaneros’, con Charles Quiney y Loretta Tovar o Ramón Barreiro y su ‘El Pirata Bocanegra’ y Antonio Artero con ‘El tesoro del capitán tornado’, con el inefable Antonio Ozores como pirata hispánico. Auténticos filmes de culto a reivindicar.
En los últimos años pocos ha sido los ejemplos que han emprendido el abordaje a las taquillas comerciales con este tipo de cintas. Roman Polanski lo intentó con ‘Piratas’ sin ningún éxito, debido, en cierta parte, a la absorbente afición del cineasta polaco por enfatizar el surrealismo de su obra en una cinta de aventuras. Extraña y apasionante, el ‘Piratas’ de Polanski se sitúa desde punto de vista un humanista, nada conformista con los elementos básicos del cine de piratas. Al contrario que otras posiciones respecto al género, como la portentosa cinta de culto juvenil ‘Los Goonies’, obra melancólica y nostálgica que marcó a varias generaciones sobre las aventuras de tesoros y galeones en un mundo contemporáneo que ha perdido la magia de la hazaña piratesca. La cinta de Richard Donner merece una posición destacada que se ampliará algún día en este Abismo, por su trascendencia de fondo, su forma colorista y su hilo argumental nada acomodaticio en el cine infantil de los 80.
El último tanteo antes del desembarco de los piratas de Gore Verbinski lo acometió un enflaquecido Renny Harlin con la superproducción ‘La Isla de la cabeza cortadas’, también con un escandaloso fracaso comercial, que homenajeaba descaradamente a sus antecesoras con una ingenuidad basada en la deflación de todos los prototipos habidos y por haber dentro de este género nauta. Por supuesto, las dos películas de ‘Piratas del Caribe’ que tienen como génesis una atracción de feria extraída de ‘Disneylandia’, en Orlando, responde al tanteo postmoderno de la vivificación del clasicismo de elocuencia cinematográfica intachable. Su imaginería, intrascendencia argumental, su inspirada cadencia rítmica y su desparpajo a la hora de actualizar los términos de aventura del pasado, sabiendo manejar sus defectos para transformarlos en virtudes.
Los piratas de Gore Verbinski reposan parte de su éxito en el carisma de un personaje que mezcla ramificaciones tradicionales y modernistas, ese Jack Sparrow interpretado con solvencia por Johnny Depp que combina barroquismo, elegancia y ordinariez y ese toque de rebeldía que hacen que este pirata se haya ganado un puesto de privilegio en este recorrido por la inextinguible tradición de bucaneros, abordajes, batallas, cañones, espadas, bellas damas y aventuras bañadas en ron que servirán como alianzas a la hora de buscar tesoros.

martes, agosto 15, 2006

EXTRA VERANO 2006 (VI): Rodaje del spot de Escorto

El pasado sábado día 12 rodamos nuestro spot para ‘Escorto’, festival de cortometrajes de El Escorial en el que, por primera vez, ejerceré de jurado el próximo mes de septiembre.
Desde hace cuatro años, cuando un grupo de aguerridos jóvenes abordamos con ímpetu e ilusión la titánica experiencia de ‘El Límite’, no me había enfrentado de nuevo a la cámara, a ese objeto de sueños irreales transformados en ficción por arte de magia. Cuatro años sin dirigir nada en absoluto. Sin iniciativas por cumplir en este difícil ámbito. Sin esa vertiginosa sensación que simboliza narrar visualmente, trasladar a imágenes ideas absurdas, escenificar, poner en escena una ilustración mental, obtener como logro el aprendizaje y la comunicación de una idea...
Cuatro años que han abierto de nuevo la herida de una adicción ingobernable, que no tiene cura ni tratamiento. Había olvidado esa emoción perceptiva que supone dirigir, tener una trivial fe en uno mismo, creer en lo que se hace, abordar la reconocida responsabilidad artística de todo aquel que dirige. Es algo que había perdido.
Por supuesto que un spot (de unos 40 segundos que durará) sólo sirve como método de familiarización con los componentes mecánicos del proceso. Un anuncio es básicamente la visualización de un ‘story-board’. No hay submundos narrativos, ni intenciones argumentales, ni una dificultad excesiva a la hora de dirigir actores. Sólo hace falta que el concepto funcione. Una acción supeditada a una sola idea. El sábado pasado recobré la voluntad y las ganas de acometer futuras e inminentes incursiones en el campo de batalla cinematográfico.
El próximo lunes, día 21, el Abismo mostrará en este espacio el spot protagonizado por Jorge Casanueva “Mondo Puto” en exclusiva, homenaje confeso a todo aquello que se rodó durante cinco días en septiembre de 2002.