miércoles, 13 de septiembre de 2006

Ferias, fiestas y mierdas de Salamanca

Hace menos de un año, los alumnos de la Facultad de Educación de la Universidad de Salamanca propusieron celebrar sus fiestas sin la coacción de la Asociación de Hosteleros de Salamanca (auténtica mafia respaldada por el Ayuntamiento). Decidieron festejar su conmemoración estudiantil anual con el más característico de los homenajes etílicos que se puedan hacer. Es decir, un botellón multitudinario que convocó a cientos de estudiantes de otras facultades. Pero los estudiantes se encontraron de frente con un descomunal despliegue policial, con multitud de coches patrulla, furgonetas grilleras y otras cuantas motos. La policía, en lógica reacción ante un reducido grupo de jóvenes energúmenos que les provocaron, emprendieron golpes a diestro y siniestro contra la masa, sin pararse a comprobar a quién repartían su somanta de hostias.
Hace dos años, en este mismo blog, se contaba que el bar en el que esto suscribe pierde sus horas de ocio y eventuales momentos de embriaguez, el gran bohío para la diversión llamado Paniagua, permaneció cerrado tres meses por orden del Ayuntamiento, condenado a su cierre por la citada corporación comercial de tintes mafiosos, un grupúsculo de frustrados politiquillos de tercera que vieron su particular yacimiento de dinero fácil, las fiestas universitarias, usurpando y extorsionando con la máxima de impedir botellones y fiestas en lugares que ellos no acuerden con los estudiantes.
En estos días vivimos las fiestas patronales de la ciudad del Tormes. Además de matanzas de animales en foros públicos jaleadas por obtusos espectadores amantes del sinsentido cruel y sanguinario que supone la absurda ‘Fiesta Nacional’, sus típicas ferias en decadencia o sus pobres actuaciones de grupos de moda, se ha puesto de moda construir grotescas y rudimentarias casetas feriales. Infectos lugares donde hay cerveza, vino, alcohol y pinchos que representan a los bares de toda la ciudad, en pleno casco histórico, mal repartidos y peor ubicados. Han proliferado como setas, como caracoles tras un día de lluvia, invadiendo la ciudad con su ruido mareante, convirtiendo la estampa de la bella ciudad en un coliseo de basura en la vía pública, que acaba llena de vasos de plástico, restos de comida, grasa, cigarros e infinidad de porquería.
Es la deleznable hipocresía que se establece cuando la falsedad se alía con los intereses económicos, cuando los patronos del poder giran la cabeza ante las injusticias siempre y cuando les beneficien. Eso son las Ferias y Fiestas de Salamanca.