miércoles, 30 de agosto de 2006

EXTRA VERANO (X): Review 'La habitación del niño'

Terror cotidiano y bidimensional
De la Iglesia ofrece con su telefilme de encargo un cambio radical en su temática con un viaje de ambivalente pesadilla ubicada en la normalidad de una familia feliz.
Álex de la Iglesia (y por extensión, su imprescindible guionista y acólito Jorge Guerricaechevarría) abordan el complejo reto que necesitaba el tándem a la hora de afrontar su siguiente título tras la notable (pero bastante damnificada por la crítica) ‘Crimen Ferpecto’. ‘La Habitación del Niño’ es un cambio radical, la esperada actualización de sus cánones y distintivos dentro de una carrera marcada por la cohesión del humor negro agresivamente perverso con la mejor tradición del cine. Era necesario una variación que reemplazara la desmitificación constante hacia los conceptos genéricos que habían manejado y subvertido hasta el momento para ofrecer un filme de encargo ubicado dentro de los márgenes del género de terror desde una posición nostálgica y clásica respecto a las tendencias actuales, pero a la vez con un respeto hacia el material que se traen entre manos. El resultado es una película que fortalece la dimensión artística y diestra del dúo ‘De la Iglesia – Guerricaechevarría’ con una cinta que consigue, en muchos momentos, la auténtica relevancia estilística que poco se aprecia dentro del cine español de nuestros días.
Lo que a simple vista es la historia de un joven matrimonio con un bebé que descubre, mediante un sistema de escucha y vídeo, cómo en la habitación del pequeño hay alguien que vigila junto a la cuna, no es más que un camino periférico para ahondar en otro terror más real si cabe, el de la pérdida de la unión familiar y del nexo racional que separa el equilibrio mental ante una situación paranormal, aquél que traiciona al raciocinio abriendo la angosta posibilidad de la locura. Rehusando a ceñir la historia a los más arcanos manierismos del género, De la Iglesia reaviva con su telefilme una sugerente fantasía y alucinación clásica por los entes de lo oculto, aquellos que perviven en otra dimensión alternativa, bien sea en el pasado o, simplemente, en la perturbada insania de lo desconocido.
Los elementos estilísticos del cine de Álex de la Iglesia se armonizan en ‘La Habitación del Niño’ en un rigor procedente de su madurez como cineasta. Una madurez que, en el conjunto de su obra, había sido profetizada y cristalizada hace bastante tiempo. Así, es posible que en la dilatada imaginería del artista se capte la anteposición de lo filmado a quien lo filma (exceptuando esos intachables ‘gags’ que dejan atisbar el humor cruel y la violencia extrema que han caracterizado su cine a lo largo de su filmografía), optando por el abandono de la búsqueda del simple efectismo potenciador de sobresaltos y acentuar así la diferencia entre lo visual y lo intrínseco de la historia, atendiendo, de esta manera, a la cadencia y la progresión sensorial del relato con un ritmo de innegable vigor.
‘La Habitación del Niño’ es un oscuro viaje que va desde el sosiego de una vida familiar feliz y tranquila, sin más sobresalto que la inesperada visita de esos cuñados pesados y perfeccionistas de todo hijo de vecino, hasta esa grotesca alucinación habitada por seres malvados de otro tiempo o espacio, capaces de los peores actos que se transmutan a nuestro mundo para ejercer el Mal en estado puro. Es el descenso a los infiernos de las sombras a través de un guión que invita a descubrir al espectador ese juego del ‘yo’ más siniestro que todos llevamos dentro por medio del realismo perceptivo de sus imágenes, rutinarias e identificables.
Es un estimulante encuentro con un cine cuyo sentido de lo fantástico y el terror se desprende de la subversiva mirada que, otra vez, De la Iglesia impone sobre la supuesta ‘normalidad’ y sobre la familia, la película persigue en todo momento un signo clásico del género, en su vena más sobria, con una ficción donde no existen coartadas situacionales como explicación psicológica, ya que se recurre a la utilización de un terreno psíquico deformado en un espacio terrenal, de modo que el terror alternativo, aquel que provoca los fantasmas interiores devenidos en puertas inexistentes, grietas temporales y asesinatos inconcretos no son más que la representación de una personalidad aturdida en un mundo inestable que se presagia en constante metamorfosis. Sin rehusar a los conceptos y efectismos más tradicionales, ‘La habitación del niño’ incluye una perspectiva visual en el que la imagen tiene una importancia trascendental, en un acto de fina ironía frente a la tecnología, a la que demoniza con un guiño en contra de la creciente obsesión por la seguridad que tanto predomina en nuestro días.
Gracias a esa tecnología, la del ‘baby control’, en la cual se descubre un elemento clave en el constante manejo de la imagen de vídeo para evocar fantasmas del pasado, Álex de la Iglesia consigue un enérgico pulso terrorífico a la hora de mostrar lo que se ve y lo que se muestra, en una diferenciación portentosa de la realidad y la ensoñación onírica (o no), entre lo concreto y lo intuido, entre el pasado (o futuro) y el presente. Un hecho que sirve para jugar con las dobles miradas, tiempos y disposiciones de dos realidades y ofrecer, entre líneas formales, la inquietud necesaria para enriquecer esta historia de maldiciones, creencias y fantasmas (interiores y externos). A buen seguro que, como padre inexperto, De la Iglesia aportó su particular ejercicio confesional sobre la paternidad, ahondando en obsesiones personales exclusivas que exorcizaran, en cierta manera, una asignatura pendiente que tenía el director con un género tan adulterado como es el terror y aprovechar la coyuntura para narrar, de un modo infectado y siniestro, los miedos a los que conlleva ser padre y ejercer como educador, transformado aquí en una pesadilla sin límites.
Esa traslación, ésa finalidad narrativa de una perspectiva más interiorizada en el personaje principal es la que ayuda a la desasosegante evolución hacia la locura, distintiva de la vena más ‘polanskiana’ del cineasta vasco en su habitual fusión genérica de la cotidianidad y la anormalidad, esta vez encauzada hacia una faceta sobrenatural. Además, ‘La Habitación del Niño’, encubre sus pequeñas carencias (la falta de más presupuesto -visible en la ligereza de la dirección artística-, alguna licencia de guión –precisamente los mencionados momentos de humor a cargo de los personajes de Dechent y Tallafé- o la impronta del ámbito telefílmico -ante la que claudica el filme en algunos instantes-) con la destreza con la que De la Iglesia sabe ir más allá de las premisas puramente sobrenaturales y desarrolla aspectos ocultos hermanados al relato clásico de terror, haciendo alarde de una capacidad para crear tensión abrumante, sin escatimar en la exhibición de lo misterioso o en la crueldad de lo salvaje. Terreno en el que una pelea marital denota también la inextinguible preponderancia del director a lo excesivo.
‘La Habitación del Niño’ es una sorpresa en toda regla, capaz de hechizar con esa tensión poética y melancólica de las imágenes en dos tiempos, desde dos perspectivas y combinando la sutil cadencia de los encuadres que rememoran cierta fuerza del espíritu cinematográfico del maestro Chicho Ibáñez Serrador, homenaje manifiesto al título de la serie de telefilmes que componen esta gran idea desperdiciada por Filmax ‘Películas para no dormir’. De esta ofrenda, proviene que en todo momento De la Iglesia sepa sortear el artificioso susto efectista para erigir, mediante la cámara o la magistral partitura de Roque Baños, la revelación advertida por el sigiloso movimiento de cámara que revela lo que el público espera, sin ninguna pretensión estética o sonora por subrayar lo tenebroso.
A ese fondo asfixiante de la trama contribuyen los dos intérpretes de la historia; un Javier Gutiérrez que consigue tomar el pulso a un personaje complejo y dual con gran convicción (aunque a veces el personaje le venga grande) y una esplendorosa Leonor Watling, que demuestra su versatilidad en cualquier género. Algo que no producen las constantes presencias habituales en el cine de De la Iglesia, que van apareciendo en pequeñas secuencias del filme en plan ‘cameo’; Terele Pávez, Ramón Barea, María Asquerino, Enrique Martínez o Gracia Olaya, ya que el reconocimiento de estos, empañe en cierta medida la certidumbre de la lobreguez narrativa y descoloque un poco al espectador. Una traba que no afecta al gran Sancho Gracia, cuyo fundamental rol aporta las necesarias respuestas a muchas incógnitas planteadas a lo largo de la película, que que avanza en su construcción argumental a través de pequeños detalles que conducen a la participación emocional de un espectador obligado a entrar en la trágica coyuntura de la dualidad, otro de los anagramas con los que De la Iglesia maneja su historia dentro de la bidimensionalidad.
La ambivalencia, esa indefinición que mantiene la intriga de la historia por medio de los espejos e instiga a adentrarse en la realidad oculta de la película, invoca en todo momento a la transformación del Mal, pero en un trance velado e incorpóreo, dejando entrever el desdoblamiento que abraza inesperadamente una sorpresa final contenida en un epílogo sorprendente y brutal. ‘La Habitación del Niño’ es, en último término, la contribución por parte de Álex de la Iglesia al género, con una pesadilla que invoca su libérrima voluntad de estilo, envolviendo consigo una atmósfera neutra, sin identificar el relato a la esfera oscura y malsana, y que consigue, en definitiva, transmitir la recreación de ese universo en el que se confunde realidad y alucinación (tal vez ilusoria), así como en la ubicación del aparentemente y apacible entorno en el que se desarrolla la acción que oculta, bajo su apariencia, una perversa trama de horror y asesinato. ‘La Habitación del Niño’ es el trabajo destinado a acreditar que De la Iglesia está preparado para acometer cualquier género con la misma destreza que ha demostrado hasta el momento.