sábado, 13 de mayo de 2006

Review 'Bienvenido a Casa'

Conformismo autocomplaciente
David Trueba rebaja su listón con un filme a medio camino entre el drama romántico y la comedia que acaba por perder su interés con su indolencia ombliguista.
Hace poco menos de una semana padecí y sufrí ese cosmos ombliguista en forma de presuntuoso manifiesto vital que ha rodado David Trueba bajo el título ‘Bienvenido a casa’. Un engreimiento de petulante perorata existencial, sobre el concepto de responsabilidad, de amor, de respeto y de reciprocidad que encierra la historia de una joven pareja en sus difíciles años de juventud y principio de un compromiso con embarazo de por medio. Una película que, revestida por un falseado empaque de sencillez, explora con tufo de gravedad la búsqueda analítica del pesimismo que genera el paso de la infancia a la madurez. El argumento se centra en la relación de Samuel y Eva, novios desde hace ocho años, alejados por la distancia, que han tomado la complicada decisión de vivir juntos en la capital. Samuel encuentra trabajo en una revista de corte generalista, en cuya redacción encontrará un circo mediático de insólitos personajes encargados de adoctrinar al chico con sus peculiares consejos. Por su parte, Eva, aburrida y excesivamente formal, tiene suficiente con la gestación del primer hijo de la pareja y sufre con abnegación la nueva vida de aprendizaje del futuro padre. Eso sí, con Madrid como recalcado escenario de fondo en una fábula de experiencia de vida en común, que no se olvide.
‘Bienvenido a casa’ podría haber sido el reencuentro de Trueba con su mejor cine, con uno de esos cuentos urbanos donde lo amargo y lo dulce se confabulasen. Pero todo es tópico, nada en este filme encuentra un ritmo en su inverosímil miscelánea de melodrama y comedia, faltando coherencia en su estructural disposición de escenas, perpetuada en sucesivos ‘set-pieces’ con los compañeros de redacción que van instruyendo vitalmente al joven protagonista. En conjunto, parece que Trueba ha pretendido articular su película en un lirismo cotidiano que epatara con el espectador, pero las ínfulas del director por evidenciar ese toque cómico detrás de su trascendente discurso hacen que las situaciones caigan (en la mayoría de los casos) en el absurdo.
De esta manera sólo es posible que el protagonista sea un fotógrafo que sabe ver la vida a través del objetivo y no la perciba en la realidad, aturdido por la inexperiencia y el vínculo de una madre sobreprotectora y que la chica, Eva, sea un alma cándida que, a pesar de su inocencia, sepa perfectamente qué sucede alrededor de su relación o que sus compañeros representen el antagónico rol de su ejercicio profesional (un crítico de cine ciego, un analista económico antiglobalización, un crítico musical tartamudo que canta horrorosamente, una reportera de sucesos escéptica y pesimista…). Todo se solapa en función del tono irónico que Trueba había demostrado con gran tino en dos sus dos mejores obras hasta la fecha; el guión del magnífico filme ‘Los peores años de nuestra vida’ y la novela ‘Abierto toda la noche’. Dos muestras de genial apostura cómica y amenidad que al parecer el hermano de Fernando ha perdido con este fláccido filme, ñoño y plagado de apogtemas sobre la vida, la paternidad, la pareja y la familia.
Lo exagerado de algunos comentarios críticos que, con máximo beneplácito y loas desemesuradas, calificaban a David Trueba como un digno sucesor de Jardiel Poncela, Edgar Neville y sobre todo del maestro Rafael Azcona, queda reducido a una retrospectiva que ya entonces denotaba una desproporción de euforia ante la figura de un cineasta en constante declive. Si ‘La buena vida’ fue una hermosa fábula de sabor agridulce con aquel difícil periplo de un huérfano interpretado por Fernando Ramallo, fue apagando su llama de interés con ‘Obra maestra’, defectuoso homenaje al cine dentro del cine con elementos musicales para terminar dando paso a la aburrida ‘Soldados de Salamina’, adaptación de la novela de Javier Cercas sobre el fusilamiento en los últimos días de la Guerra Civil del escritor Rafael Sánchez Mazas, donde Trueba acabó por acomodar su retórica divagante y autocomplacencia a un deseo de madurez, emotividad y sincerad que tanto arrastra esta ‘Bienvenido a casa’.
Muchos son los elementos que se sublevan y desencajan la intencionalidad del cineasta en esa historia a medio camino entre el drama romántico y la soflama del mundo periodístico, como la interpretación de algunos de sus intérpretes (una Ariadna Gil de detestable tendencia a la sobreactuación, la insuficiencia de un esforzado Alejo Sauras o Pilar López de Ayala, desubicada por completo de su personaje), sus objetivos finales, sus móviles narrativos, ciertas partes argumentalmente enflaquecidas por el tópico de secuencias caducas y porfiadas (el ‘speech’ exégeta de Don Vincente, esa continúa guerra de sexos, la separación y reconciliación o los cameos amiguetiles -Cercas meando en la Gran Vía y Luis Alegre como periodista del corazón-) y disparatadas (la bailarina de ‘peep-show’ que proviene de la infancia de Samuel, las forzadas secuencias deportivas o de prensa rosa e incluso esa venta infantil ilegal que aspiran a funcionar como ‘sketchs’ o recursos dramáticos, según sea el caso).
El resultado es, en definitiva, bastante decepcionante, evidenciándose un constante conformismo que no consigue establecer un interés a la altura, por lo menos, de lo que se esperaba de su autor. Como bien se podía leer en su citada novela “las relaciones sentimentales son, en realidad, una afirmación del egocentrismo”. Un poco como le ha pasado a David Trueba en su última película, que peca de ombliguista en su visión de las relaciones y parece olvidarse, en todo momento, del público.
Miguel Á. Refoyo "Refo" © 2006