martes, 30 de mayo de 2006

'Palindromes', el último exceso de Solondz

Todd Solondz, extravagante cineasta de oscuro fondo que se ha caracterizado por basar sus argucias argumentales en una brusca mordacidad, a veces de repelente crudeza sarcástica junto a un pesimismo más agrio que dulce, deja atrás la grandeza de sus primeras películas y se centra para su último trabajo en las bases de la irregular ‘Storytelling’; es decir, en un exacerbado hipnotismo por la deformación moral impregnada de la literatura de gente como Philip Roth o Allegra Goodman, visualizados a través de Solondz como una dialéctica iconoclasta de irritante perversidad.
‘Palindromes’ es un exceso brutal, pasado de vueltas, que subyuga y provoca (como no podía ser de otro modo) al espectador con su extraña historia fragmentada y episódica que utiliza distintas actrices para un mismo personaje (según sea su destino), la poco virginal Aviva, enfrentada a la pérdida de la inocencia infantil, a las ganas de procrear en un mundo envilecido por la incomprensión de los que piensan de forma distinta, donde no falta el fanatismo religioso, el freakismo llevado al extremo, abortos irreversibles, grandes dosis de psicología enfermiza e incluso pedofilia descontrolada (y anal).
Solondz ya había metido el dedo en la llaga con sus dos perversas primeras obras de polémica infecta, de supuración irónica hiriente en su incorrección política. Si con ‘Bienvenidos a la casa de muñecas’ y ‘Happiness’ había conseguido hostigar los fantasmas de la hipocresía bienquista, con su anterior filme, ‘Storytelling’, este ex catedrático de psiquiatría reventó los cánones de la incontinencia irónica y derrumbó con su original y despiadada mala hostia lo poco que le quedaba de digno a la peligrosa ignorancia del ‘happy way of life’ americano, explorando con profusión la falsedad de la decencia social de ciertos sectores acomodados en Estados Unidos.
El habitual humor de Solondz (que en varios instantes no tiene ni puta gracia) alcanza cotas de una maldad catastróficamente diletante, inhumana, sin concesiones a cualquier atisbo de moralina o normas de fábula típicamente yanqui. Un universo lleno de ‘freaks’ que constatan su propia estupidez por medio de la autoaceptación. 'Palindromes' divide, molesta, defrauda, transgrede o entusiama, según quien la vea. Es una película que no puede dejar indiferente a nadie.
Sin embargo, lo que sí es evidente es que el producto se le va de las manos, superándose a sí mismo en su mórbida enfermedad disfuncional y fílmica con este particular descenso a los infiernos del cine más enrarecido, demencial e incluso desagradable que se ha tenido la oportunidad de ver últimamente. Solondz es el verdadero y genuino heredero de John Waters. Para bien y para mal. Lo que no se entiende es cómo y dónde encuentra financiación este heterogéneo contador de historias.