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lunes, enero 31, 2005
 Exigua, antiestética, aburrida, sin emoción ni gracia, deslucida, cutre, mal realizada, sin ideas, sin empaque, incoherente, paradigma del antiglamour, deteriorada por su indolencia… Así fue la gala de los Goya 2004. Ni más, ni menos. Puede parecer algo rudo, pero era también predecible. Durante los últimos años la fiesta de los premios de la Academia se ha convertido en la derivación de la decadencia de nuestro cine, de la crisis que muchos pretenden desmentir con impudor. Lo lógico era suponer que la entrega de los Goya de ayer se fructificara en lo que todos vimos a través de la pequeña pantalla: unos premios sin encanto, políticamente correctos (se les ha acabado las ofensivas políticas) e insustanciales, de una simpleza insultante. Más allá de la luctuosa y alarmante situación del séptimo arte nacional, la gala se convirtió en todo menos en una fiesta en honor a los mejores profesionales en cada una de las distintas especialidades del sector cinematográfico nacionales. También puede que sea cierta la previsibilidad de las estatuillas para la película de Alejandro Amenábar ‘Mar Adentro’ (algo que se sabía desde el día en que se estrenó la cinta allá por septiembre), que se llevó todas sus nominaciones menos una, en total 14 premios. Pero eso no es excusa suficiente para justificar un espectáculo tan pobre como el que tuvimos la suerte de soportar ayer noche. Lo primero, la execrable e inicial intención de que todo fuera ágil y con ritmo, para lo que se contribuyó al ridículo más degradante con unos micrófonos (debajo de los cuales yo imaginé en todo momento a operarios bajándolos y subiéndolos) que descendían a los 29 segundos de que el emocionado agraciado empezara a dar las gracias. Y pasó lo que tenía que pasar. El primer premiado de la noche Tamar Novas, ganador del premio al mejor actor revelación tan sólo había comenzado a mostrar su emoción cuando el aparato descendió sin que éste pudiera seguir, protestando y pidiendo (lógicamente) poder agradecer su premio. Fue y volvió de un extremo al otro lado del escenario, causando una imagen divertida, pero en el fondo triste. A lo mejor, dentro del guión, estaba la posibilidad de jugar con una funcional hilaridad microfónica, pero lo cierto es que fue deplorable, sin ninguna gracia. Tras dos Goyas, el micro se quedó en su sitio. Grandes ideas, sí señor. Impresionante la capacidad de novedad de nuestro cine, reproduciendo las mismas argucias que en los Oscars. Lo que no llegan a entender es que en Estados Unidos, durante la entrega la publicidad dura unos 5 minutos y se reparten más premios, hay más vídeos, más espectáculos en directo, más ‘sketchs’, clips de las películas nominadas, recordatorios al cine clásico, homenajes… y realizado en el mismo tiempo. La idea era que los premiados no se extendieran en sus discursos de agradecimientos, pero en sus cálculos no entraba la viabilidad de que el paupérrimo guión y los chistes sin gracia de los presentadores se quedaran reducidos a sus meras presencias, ni que los intervalos publicitarios se alargaran más allá de los 15 minutos también degradó más si cabe el bochornoso evento.  Emprendió la velada de una forma calamitosa, concediéndose el primer galardón cuando aún había gente sentándose en la platea. Un arranque que iría a peor, por supuesto. Entre las miradas de los invitados y las risas forzadísimas ante los alardes cómicos de un Antonio Resines mimetizado por completo por su personaje de ‘Los Serrano’ (faltaron Bonilla y Molero a su lado), una insulsa y casi imperceptible Maribel Verdú y una desplazada y perdida Montserrat Caballé (emitiendo esa risa que recuerda nostálgicamente a Patán -Muttley- de ‘Los Autos Locos’), disipando cualquier atisbo de interés que pudiera haber. La realización de Juan Luis Iborra fue lamentable. No hubo recuadros que mostraran las caras de los nominados en las categorías más importantes, ni videos de ningún tipo, descoordinación entre cámaras, personajes que entraban a destiempo, repetición de rostros en la hermosa canción de Amaral durante el homenaje a los desparecidos… Un estrepitoso fracaso. Digno de la imagen que da nuestro cine a esa mitad de los espectadores españoles que no acuden a ver un filme español sólo por el hecho de serlo.  Los premiados dieron una imagen del todo lastimera, mendigando a los ministros y al presidente Zapatero que, como gran ‘bienqueda’, se acercó para salir en la foto. Que si el ‘top manta’ por aquí, que si los de efectos especiales necesitan ayudas allá, que si la piratería hace mucho daño, que gracias a los que han comprado el DVD y no lo han comprado en otros sitios… En fin. Todos sabemos el gran drama que supone el ‘top manta’ y la piratería, pero en el discurso de Mercedes Sampietro ya quedó bien claro. No hacía falta de dar esa imagen de usuras y miserias. Los vídeos de ‘Juego de niños’, con pequeños infantes desarrollando sus propias teorías sobre lo que es el mundo del cine no estuvo mal, pero original… original… no es, la verdad. Hubiera sido más divertido hacerles las mismas preguntas a los ministros o al público español que sólo acude al cine americano. Conocer qué es lo que quieren o por qué eligen una ‘peli’ yanqui a la hora de ir al cine. O, por lo menos, más instructivos. Qué sé yo. Porque si lo que se quiere es llenar las salas donde proyectan cine hecho aquí ilustrando su imagen con la gala de ayer… Por otra parte, si, como destaca ‘El Mundo’, lo más divertido es la imitación que el actor Paco León -de 'Homo Zapping'- hizo de la presentadora de televisión Raquel Revuelta o la aparición de los ‘Guiñoles’ de los ministros Solves y Carmen Calvo, vamos mal.  Dos ejemplos de bochorno visual; Florentino Fernández sale con un caballo llamado Malagueño. A lomos del equino está Bibí Andersen (Bibiana Fernández) y ambos dan un premio o… ¡y esto es lo incomprensible!... Victoria Abril promocionando sus polémicas canciones de ‘bossa nova’ en francés, cantando antes de dar a conocer el Goya al mejor guión original. Me imagino la estampa. .- Victoria Abril: Para dar sortilegio al asunto, ya que soy una reconocida estrella del cine español sin la que la gala no sería lo mismo, puedo salir y cantar una canción. .- Iborra: Ah, pues sí. Gran idea. Simplemente patético. Tal vez lo único que salvo el ridículo más espantoso fue la elegancia y el porte de ese gran hombre que es Antonio Gala que otorgó el Goya al mejor guión adaptado a José Rivera por ‘Diario de una motocicleta’ y esperó, como es lógico, a que éste bajara. Nadie lo hizo. Y en este violento lapso de tiempo hasta que alguien salió a advertirle de la ausencia del premiado, el poeta salió al paso con dos frases de cosecha propia que supusieron la nota más divertida a la aburrida fiesta. Un sobresaliente para Gala, otro suspenso para la Academia e Iborra. También resultó curioso que Celso Bugallo en vez de dedicarle su Goya como secundario a Alejandro Amenábar lo hiciera ofreciéndoselo a Fernando León de Aranoa al que le dio las gracias por su papel en ‘Los lunes al sol’. Irónico y sorprendente. La locuaz frase de José Luis López Vázquez “mira, un Goya” dio paso a un largo monólogo de agradecimiento ajustado a un pequeño guión que el gran genio había escrito para la ocasión. Un hecho que si bien restó frescura al emotivo instante de gloria del intérprete, se le perdona por todo lo que ha hecho por nuestro cine. Un apena, porque se le percibe muy mayor y achacoso. En conclusión: que confrontando la entrega de ayer noche con cualquiera de otras anteriores ediciones mucho más criticadas. Hoy, por tanto, Antonio, perdón, Antonia San Juan puede dormir mucho más a gusto. LO PEOR .- Saber quién iba a ganar cada Goya (no sólo por ‘Mar adentro’, sino en absolutamente TODAS las categorías, incluidas las de cortometrajes, documentales…) .- La indecente tendencia a la heterogeneidad más ‘freak’ y desconcertante de las parejas que daban premios (Alaska –luciendo un ridículo vestido de burbuja de Freakxenet- y Raphael, Resines y la Caballé, Fernando Tejero y ‘Mo’ Cruz, Santi Millán y Pastora Vega, Concha Velasco y Luis Tosar… .- La realización de Iborra. .- El 98% de la noche. Insufrible. LO (poco) MEJOR .- La voz de Amaral. .- La improvisación de Antonio Gala. .- Los aplausos y la platea en pie ante el gran José Luis López Vázquez. .- Javier Bardem dedicando el premio a "Luis Tosar por habérselo entregado". .- Que terminara en las tres largas y agónicas horas anunciadas y no se alargara más.
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El terrorífico lobo feroz El debut de Lionel Delplanque oculta su pobre argumento tras una lograda estética visual que recuerda en todo momento a los grandes genios del ‘giallo’ italiano. Premiada en festivales como los de Deauville o Sitges y acogida con la venia de crítica y público, la obra debut de uno de esos directores llamados a ser el enésimo ‘enfànt terrible’ del cine galo, el joven Lionel Delplanque, fue una de las películas más destacadas de hace ya algunos años. Un director con gran sentido del espectáculo visual enquistado como nueva esperanza del cine europeo de terror. El argumento de ‘En lo profundo del bosque’ es la ofrenda al famoso cuento anónimo ‘Caperucita Roja’, tomado aquí para inquirir en las diversas y tenebrosas sublecturas que tiene la célebre fábula infantil (sobre todo en lo que se refiere al lobo feroz) y de paso desmembrarla y fusionarla a elementos psicoanalíticos y enfermizos, al horror, la aberración y una constante inquietud que sostiene, con agilidad irregular, una trama tan pobre como previsible, pero a su vez dotada con un infrecuente atractivo sombrío y turbio. Las imágenes, a medio camino entre la espectacularidad y el sortilegio, llenas de fuerza y visualidad, impregnan su espíritu de los grandes logros de los maestros del ‘giallo’ italiano. Delplanque hace un descarado facsímil intencional de muy cuidada especulación cinematográfica, bebiendo de los manantiales referenciales de Dario Argento, Mario Bava, Ricardo Freda y, en más de una ocasión, de Michele Soavi, con el que encuentra varios puntos paralelos. ‘En lo profundo del bosque’, carente de trasgresión en cualquiera de sus conceptos fílmicos, potencia su escaso interés en un esplendor visual asentado en la potencia del sentido narrativo que Delplanque recarga hasta el refinamiento más excesivo. Virtud y vicio de una exigua cinta ‘gore’ que, por algún extraño motivo, está destinada a ser, con consecuencia, una obra de culto de futuras generaciones. Tal vez, el guión de Annabelle Perrichon y el propio director, encubra, tras una necedad absoluta y carente de sentido, previsible y tediosa, una sólida proposición de la expresión más definitoria acerca de la obsesión y la demencia, vinculando ambos conceptos con una perturbación basada en el sexo y la muerte.  ‘En lo profundo del bosque’ recuerda, en casi todo su desarrollo en interiores, a una obra de similares características que se ha perdido en la memoria de la cinematografía gala como es ‘Game Over: se acabó el juego’, de René Manzor, filme con el que el debut de Delplanque tiene infinitas conexiones formales y argumentales, sobre todo en la intencionalidad neogótica y oscurantista de sus imágenes. Pero con una gran diferencia entre ambas, ya que el nuevo realizador francés se toma tan en serio su labor de narrador visual, su condición de nuevo talento prometedor, engrandeciendo tanto su figura, que termina por convertirse en el dómine de la función, haciendo que su labor esté por encima de cualquier otro aspecto del filme. Desprovista del habitual humor cínico e irónico de los últimos productos norteamericanos, ‘En lo profundo del bosque’ plantea una inquietante subversión en la reiteración del género, en su siniestro ambiente, en las cuidadas imágenes que buscan constantemente el decoro y la belleza sensual, el ornamento de un escenario realzado por la luz y la fotografía de Denis Rouden, que llegan a recordar a algún grabado de Mondadori.  El lóbrego castillo, todos sus personajes dotados de una antipatía insoportable y una sexualidad ambigua y sediciosa (factores vitales para mantener esta mediocre cinta), el efectismo sutil de los asesinatos y algunos retazos de brillantez trasgresora son los elementos destacables de un guión disforme y empobrecido, pero con ciertos momentos de gracia inesperada (como la aparición surreal y estúpida de un policía extraño, el fabuloso prólogo gótico o algunas secuencias del ‘body count’ argumental) que otorgan al filme de Delplanque el beneficio de la duda. ‘En lo profundo del bosque’ denota, como conclusión, varios puntos de interés hallados, fundamentalmente, en su definida puesta en escena y en su bellísima tonalidad visual. No obstante, esta ópera prima malgasta ése potencial con una carencia absoluta de originalidad u ofrenda clasicista, disipada y empobrecida por un planteamiento genérico insustancial y soporífero que escuda su calidad en la atmósfera fantástica y malsana, casi surreal, que acaba por transformarse aquí en la gran cualidad que hará de esta pequeña cinta de terror una obra de culto.
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domingo, enero 30, 2005
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La siguiente historia era de esperar. Pero... ¡no tan pronto! Lo cierto es que sabemos que los ‘fanfreaks’ aguardan contra viento y marea cualquier cosa por destacar como preponderantes seguidores de cualquier movimiento englobado en movimiento freakie, enfervorecido, incluso fanático de alguna corriente cinematográfica, musical, tebeística y de cualquier otra índole. Todos estamos al corriente, avizores diría yo, por el desenlace de la nueva trilogía ‘Star Wars’ de George Lucas, el lóbrego y oscuro colofón que se presume como mejor de esta saga tan seguida por millones de prosélitos del mito galáctico. Tendremos que esperar hasta el 19 de mayo de este mismo año. Cinco largos meses en los que aguardaremos la transformación del joven Anakin en Darth Vader y toda la genealogía que ello provocó. Seremos testigos del fanatismo que prodiga la saga de Lucas, con rumores, nuevos trailers, spoilers varios y una expectación casi desmedida, pero convencional, si tenemos en cuenta el fanatismo y los fans que se ha prorrogado a lo largo de muchas generaciones. Lo que ya no es tan normal es cómo se adelantan los ‘freakies’ más reivindicativos al evento que supondrá su estreno mundial. Y es que en Seattle ya hay un enloquecido fulano seguidor galáctico que ya está haciendo cola para convertirse en el primer hombre en la tierra que hace cola para ver en primera línea de fuero la tercera parte de esta segunda trilogía. Su nombre es Jeff Tweiten, autodenominado "Superfan 1138" (por aquello de hacer un homenaje a la primera película de Lucas). Un tío algo anormal, febril obsesivo de la Saga de las Galaxias que escribe su propia weblog plasmando el día a día de una espera que se me antoja terroríficamente interminable. Sé que para él será su particular vía crucis, en la que el esfuerzo y sufrimiento (nada menos en Seattle, una de las ciudades donde más llueve de USA) se verá recompensado cuando vea esta película destinada a ser uno de los grandes taquillazos del año. Tenéis la weblog de semejante descerebrado con ínfulas de freak mediático aquí, donde nos cuenta y contará con todo lujo de detalles (si que os interesa) la desventuras del primer anormal que pasará más de cuatro meses a la intemperie para ver ‘Star Wars: Episode III - Revenge of the Sith’.
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sábado, enero 29, 2005
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Frunobulax, uno de los amigos 'blogueros' más aguerridos y perspicaces de este absurdo mundo que se ha dado en llamar la 'blogesfera' ha parido, con su sapiencia y estilo inconfudible, uno de los mejores y más trabajados post de los últimos tiempos. Reconozco que cuando lo he visto me he sentido imbudio por un sentimiento de aprensión y sana envidia, ya que mi intención era escribir un evocativo espacio para una serie de culto que, con el tiempo, ha pasado a ser imprescindible en la memoria catódica colectiva. Como bien dice Fruno, "es la mejor telecomedia de todos los tiempos". Me refiero, como no podía ser de otro modo, a la magistral 'Búscate la vida (Get a Life)', esa serie de proporciones antológicas, de humor irrepetible que ha extendido su magnificencia hasta pasar a ser una de las series más invocadas de todos los tiempos. Los que me conocéis bien, sabéis lo adicto, incondicional y sectario que llego a ser con esta serie protagonizada por esa deidad del humor que es Chris Elliot. Por eso, antes de seguir enhebrando adjetivos ponderativos hacia esta serie de culto, es mejor que os quedéis con la inmejorable versión que se concede en Frunobuland. Disfrutadla, porque me merece la pena y agradezcámosle a su autor el tremendo esfuerzo por su gran trabajo de calidad. Y eso que aún nos queda lo mejor.
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Tres años después de su desaparición, ayer regresó, sin hacer mucho ruido, ‘Caiga quien Caiga 2’ a la parrilla de los viernes, el día que comenzara su predecesora. Se había hablado mucho de la vuelta del carismático programa que Wyoming y su ‘truope’ se encargaran de transformar en un fenómeno de culto basado en el espíritu crítico y cínico, en una nueva forma de reporterismo callejero. La sombra del genuino formato (creado en argentina) pesó como una losa en el estreno del Nuevo CQC. Ya no existe el cochino jabalín, ahora el fetiche visual que han querido avanzar como efigie distintiva de los objetivos intencionales del espacio es una mosca cojonera, lo que pretende sugerir la ideología cabrona y sarcástica que aspira fomentar esta nueva etapa. Pero vamos al grano, al dictamen subjetivo. Los nuevos presentadores son los que salen peor parados del primer ‘CQC’ de la nueva temporada; Manel Fuentes, Arturo Valls y Eduardo Aldán despiertan una excesiva evocación de Guayo, Juanjo de la Iglesia y Javi Martín. Y es de recibo, ya que Manel Fuentes (un tipo al que, personalmente, detesto) es un tipo sin gracia que se cree divertido, un presentador ceñido al guión, donde sus desaboridos chistes están estudiados al milímetro, sin espacio para la improvisación. Y esto, en la dimensión de acrimonia a la que aspira ‘CQC’ no funciona ni de coña. Valls no encuentra su ubicación en la mesa, siempre fue (y será) mejor reportero de calle, donde ofrece sin duda alguna sus mejores momentos, su desvergüenza procaz e irredenta. El tercer vértice del trángulo, Eduardo Aldán, pasó inadvertido, falto de cualquier atisbo de personalidad, descafeinado y aburrido como nadie. La mesa, por tanto, está a años luz de la predecesora, de sus improvisados ‘gags’, de su limpieza cínica y, sobre todo, del carisma que desprendían aquellos hombres de negro. Aquí, el diseño y la estudiada imagen no ofrecen nada inédito. Me hizo gracia, no obstante, esa tendencia al ‘look’ de 'peinados cuidadosamente despeinados' que lucen todos. En fin.  Todos suponíamos que sorprenderían o arriesgarían en sus nuevas secciones. Por eso no entiendo ese ‘zapping’ transformado en un reiterativo ‘Resumen semanal de noticias’ como esfera ineluctable de cualquier programa. No le vi sentido, ni gracia, ni fuerza, lo que supone otro motivo más para echar de menos la crítica despiadada y la sátira mordaz de su antecesor (qué buenos recuerdos despierta aquella mítica sección 'Actualidad en un minuto'). Otro de los monumentales errores en el que todos coinciden es en la desacertada intervención del vallisoletano Javier Díaz, ese travestido que todos conocemos como Deborah Ombres y que, paradójicamente, tiene su gracia (tan transgresora y 'fashion') en ‘MTV Hot’, pero que ayer resultó execrable con su desproporcionado discurso semiterrorista contra el cine español. Si a eso le sumamos un ritmo en ocasiones excesivamente acucioso, una plétora de postproducción visual que, en principio resulta muy impactante y divertida (con puñetazos, peloteos, enfurecimientos y rayos lanzados por los ojos), pero que acabó por saturar o la evidente falta de estabilidad en su guión ofrece como conclusión que, como es lógico en cualquier primer programa, es necesario tomar nota y mejorar. Pero no todo iba a ser malo. Desde un punto de vista personal, ‘CQC 2’ me gustó por varias razones. Como digo, relegando la memoria de sus precursores, los nuevos reporteros de calle, los ‘hombres de negro’ de micrófono en mano, Christian Gálvez, Fernando González y Juan Ramón Bonet estuvieron a la altura de las circunstancias, mostrándose seguros y resolutivos a la hora de tocar los cojones a los entrevistados mejor que nadie, haciendo olvidar por momentos (cosa que no era difícil) a Tonino y Sergio Pazos y acercándose siempre más a los estratos sardónicos de Pablo Carbonell que a la refinamiento disciplinado de Juanjo de la Iglesia. Y ahí es donde residió lo mejor de la noche. Ver la cara de mala hostia del matrimonio Aznar; primero de Ana Botella y después a su maridito Jose Mari, descolocados de nuevo ante su eterno virus mediático (el reportero argentino estuvo inmenso a la hora de encrespar al despreciable –sí, lo sé, soy muy subjetivo- ex presidente), no tuvo precio. El progresivo desazón reflejado en el rostro de Urdaci, al gran Arturo Valls en su sección íntima entrevistando a los famosos televisivos en un urinario y la cobertura de la ‘Fiesta de San Canuto’ hicieron de sus reportajes lo mejor de la noche. Eso sí, muy politizados a la hora de ser complacientes con el presidente Zapatero, algo que va mucho con su presentador principal (Fuentes siempre ha sido un servil pelota) y que supone una tremenda desorientación en los propósitos del programa.  El caso es que, a pesar de lo malo, lo positivo prevaleció en su primer paso hacia ese largo camino que les queda para alcanzar el difícil grado de acidez y provocación de los viejos tiempos. Una mordacidad y aticismo que precisamos en un momento en que la televisión está necesitada de aquel programa que algunos recordamos como el atenuante más eficaz contra las espantosas resacas de aquellas inolvidables tardes de domingo.
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 El otro día charlando con el afable Ángel Sala, al que tuve la oportunidad de conocer en la Muestra de Cine Fantástico y Ciencia Ficción de Calle 13 organizada por el aguerrido Adrián Guerra, me comentaba en plena Gran Vía el director del Festival de Sitges su simpatía cinematográfica por un director tan controvertido como Ridley Scott, incluido por supuesto su faceta de director comercial actual con sus títulos 'Gladiator', 'Black Hawk Derribado' y 'Hannibal', aportando sus respetables argumentos sobre un director al que le tengo que conceder mi aplauso ante una película tan despreciada como es su última cinta hasta el momento, 'Los impostores (Matchstick Men)'. Yo, desde que tengo uso de razón cinéfila dejé de creer en Ridley cuando abandonó su creación de obras maestras para realizar penosos 'blufs' como 'G.I. Jane', creo que mis preferencias se apegaron más a Tony Scott, un cineasta menos pretencioso y más honesto con su estilo el publicitario y estilizado que su hermano ni siquiera sabe fomentar, perdido en un cine sin personalidad y comercialoide. Eso sí, coincido con el señor Sala en que 'Kingdom of Heaven' tiene muy buena pinta. Aprovechando que hace un par de semanas pasaron por Antena 3 la segunda parte de 'El silencio de los corderos', os dejo la crítica que entonces publiqué de 'Hannibal' en un añorado medio de la red como era el desaparecido y galardonado 'Elbardelauni'.
Lecter en libertad, mucho peor que encarcelado Con una atmósfera oscura y lograda, la decepcionante ‘Hannibal’ intenta ocultar una trama fallida y comercial bajo un multidimensional Anthony Hopkins. Levantadas las expectativas más favorables de esta esperada continuación de la obra maestra del thriller moderno ‘El silencio de los corderos’, lo mínimo que se podía esperar de ‘Hannibal’ era que el consumido talento de Ridley Scott recogiera las más destacadas partes de la irregular novela de Thomas Harris destinada a su adaptación para la gran pantalla y lograr el milagro. Pero no ha sido así. El hilo argumental se equipara pues, al espíritu de la obra literaria, es decir, a una evidente falta de progresión, astucia imaginativa y oscura psicología subvertida que nos ofrecieran hace más de una década tanto el propio Harris como Jonathan Demme. La multimillonaria ‘Hannibal’ basa su fórmula en una interesante dicotomía entre el bien y el mal escindida por la ambigüedad de las relaciones que mueven a sus personajes, animales adoradores y aprensivos de la inmensa figura que hace mínimamente sugestiva la novela y el filme: la efigie omnipresente, rozando la deidad iconográfica, de un Doctor Hannibal Lecter a campo abierto, libre, pero en el fondo encerrado en una intriga insuficiente. Sin embargo, y a pesar de algunas notas de calidad, mínimas en esta nueva entrega del psiquiatra antropófago, Ridley Scott acentúa su falta de recursos adaptando el impreciso guión (emulsión de dos estilos tan dispares como el del clásico de la literatura americana David Mamet y el ‘productivo’ Steven Zaillian) a las prescripciones comerciales del thriller actual, abiertas en cierta medida por la antecesora de ésta, sustituyendo la eficacia y el talento de fondo de ‘El silencio...’ por los suntuosos aciertos visuales de impacto de un Scott más malabarista y estético que nunca. El director de ‘Blade Runner’ juega con su habitual y conseguida doctrina visual, elegante y enérgica, muchas veces brillante, llena de tonalidades obscuras y siniestras, cálidas y yertas al mismo tiempo, para ofrecer un ‘tempo’ narrativo ascendente que, si bien se muestra exacto y minucioso, acaba por agotar su esencia en un soporte lacio, en una trama demasiado voluble que no da más de sí. El veterano cineasta, pese a recuperar para la ocasión grandes momentos de su pasado genio visual, certifica su exigüidad creativa recurriendo a un autoplagio que envuelve la atmósfera, el elemento más puro del filme. Con una lograda fotografía de John Mathieson, ‘Hannibal’ juega con las sombras, los intencionados claroscuros, con un frágil aroma neogótico que no es suficiente para evadir la responsabilidad que tenía el filme con respecto a su precursora.  Si bien sostiene un pulso final correcto, minado a lo largo de la cinta con pequeñas dosis de violencia psicológica que lleva al espectador a un epílogo harto previsible, ‘Hannibal’ no deja de ser, al fin y al cabo, un artefacto comercial, falsa creación con vocación de transgresión (final de ‘impacto’ inolvidable) que se evapora en su propio desarrollo, en los nudos que sus prestigiosos guionistas no han sabido atar por culpa del ente mercantil impuesto, adoptando los cánones que se derivan de la taquilla. Sin embargo, lo mejor de la función recae en el verdadero protagonista de todo el artilugio, en Lecter, en un Anthony Hopkins multidimensional, ampliando el enfermo universo de su creación a través de límites interpretativos que sólo él sabe reflejar con una simple mirada, con gestos microscópicos y llevar la figura del caníbal a un extremo que se sale del total de la película. Por su parte, Julianne Moore se encarga de dar profundidad a la agente Clarice Starling y deja claro que su enorme talento está por encima de los personajes en que se convierte. ‘Hannibal’ es, en definitiva, un potente golpe de efecto, planificado escrupulosamente por un megalómano Scott poseído por la carestía de la fuerza interna, de la magia cinematográfica. El ritmo apagado, pero convulso, vivo en el fondo, falto de la esencia que Jonathan Demme demostrara en ‘El silencio de los corderos’ hace que la comercialidad haya sustituido a la inquietud, al terror, a la perturbación y al escalofrío para dejar una evidente y alargada sombra de una primera parte que perdurará a lo largo de los tiempos fílmicos.
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viernes, enero 28, 2005
Esta tarde, después de desgustar una de esas tremendas paellas tan inmejorables y solemnes que cocina mi madre, me ha apetecido, no sé aún porqué razón, ir a ver ‘Elektra’, sólo por comprobar el buen estado de forma de esa sensual valquiria en que se ha transformado nuestra querida ‘Alias’ Jennifer Garner. Esos labios pulposos, su esbelta figura de intensa sutileza, esos hoyuelos cuando sonríe. En fin, qué os voy a contar: Jennifer Garner. Y en qué momento se me habrá ocurrido. Luchando contra el sueño de una casi inexcusable siesta, ‘Elektra’, me ha producido un penetrante tedio, aburrimiento en estado puro. Tras un prólogo de unos cinco minutos que genera buenas expectativas, con brío y pundonor genérico, la cinta empieza a ser soporífera en su plano posterior, donde vemos a la heroína fregar el suelo eliminando su ADN (sic). En la butaca, removiéndome indolente, he asistido a uno de los pestiños hollywoodienses más infectos de la última temporada. La película, dirigida sin ningún tipo de percusión ni energía por el descafeinado Rob Bowman, es una insustancial monserga, horrorosa adaptación de los cómics de la Marvel, que pretende hacernos engullir un producto realmente infumable. Todos los tópicos habidos y por haber, cualquier sinapismo del mal cine de acción, del llamado ‘matrixismo’ endeble y unas inapetentes, lentas y exiguas escenas de lucha son los inconsistentes mecanismos de una película que se hunde a las primeras de cambio.  Para colmo, no podía faltar ese ‘flashback’ en ralentí evocando la tragedia infantil que ha traumatizado a la heroína, ni su expiación redentora a la hora de matar a una niña de trece años (que, al fin y al cabo, es su trabajo) para protegerla después, ni siquiera dos de las más ridículas escenas de ósculo fílmico visto en una pantalla. No es normal, por ejemplo, que hasta pasada una hora los guionistas guarden celosamente un secreto llevado al paroxismo del ridículo, información intrascendente una vez conocida, ocultando una simplista clave al espectador para despertar algo de interés, pero que acaba por dejar a la platea bostezando, mirando el reloj o, en mi caso, al borde del colapso apático, especulando sobre qué debía estar pensando el tal Bowman este cuando dirigía o imaginándome a Raven Metzner, Zak Penn y Stu Zicherman fumando toda clase de hierbas psicotrópicas mientras escribían semejante guión. También, por supuesto, qué hace un veterano y genial actor como Terence Stamp en un subproducto de este calibre. Poderoso caballero… Inerme, insípida, aburrida y definitivamente nefasta, ‘Elektra’ no es sólo un subversivo agravio a los amantes del cómic de la Marvel (hay que ver lo deteriorados que salen todos los secundarios: Piedra, Tatuaje, Stick, María Tifoidea…), sino a cualquiera que pique como yo y se acerque a ver esta desabrida muestra del mal hacer cinematográfico. En palabras agrestes: “Mala de cojones”.
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jueves, enero 27, 2005
Sí, amigos... Andreu Buenafuente logró anoche por primera vez en años algo que hasta hace poco parecía imposible. Y es que superó en audiencia a Xavier Sardá. Buenafuente recibió en su programa a Miguel Bosé, al que acompañó la estrella de su último y polémico videoclip, la superestrella del cine porno Nacho Vidal (al que envidio en exceso y con rencor por haber protagonizado escenas sexuales con Tera Patrick). El gran Andreu también entrevistó a Carmen Maura que departió brevemente de su próximo filme a estranar: 'Entre vivir y soñar', última de Alfonso Albacete y David Menkes. La nota musical corrió a cargo de Bryan Adams, con el que surgieron los mejores y más divertidos momentos del programa, ya que por poco se les olvida que el canadiense cantara su canción. 'Buenafuente' volvió a batir ayer su récord de cuota de pantalla al alcanzar un 30,8% (2.311.000), superando en 3,5 puntos la cifra lograda el martes. Hace una semana registró 2.179.000 seguidores (26,8%). Tras 'Buenafuente', la serie 'Sexo en Nueva York' (serie a la que llevo meses enganchado -de hecho estoy preparando algo de esta producción para el Abismo- y que ayer, erróneamente, se empezó a repetir desde el cápítulo 13, espero que no se repita) sumó un 22,4% de share (476.000). A partir de medianoche, 'Crónicas marcianas' ocupó el segundo puesto por detrás de 'Buenafuente'. El programa de Sardá registró un share de 28,7 puntos con 1.731.000 telespectadores cuando hace sólo siete días obtuvo un 34,4% (1.920.000) de modo que pierde en tan sólo una semana 5,7 puntos de media. Esta misma noche acabo de recordar las palabras de Sardá el día posterior de que Buenafuente estrenara su show aludió a que 'Crónicas Marcianas' había superado en bastantes puntos al humorista de El Terrat. Lo hizo de un modo cínico, con recochineo. Hoy mismo, Buenafuente, dando otra lección de elegancia y saber estar, lo primero que ha dicho ha sido "Muchas gracias. Gracias, ya saben por qué" y ha efectuado su brillante monólogo de inicio. Ahí, sin hacer sangre ni darle excesiva importancia. Sé que muchos han esperado este momento, han intentado enfrentar a los dos comunicadores posicionándose con uno u otro. Y entre ellos, yo. Lo reconozco y sé que está feo. Pero también tengo que reconocer que la audiencia me está soprendiendo. Era hora de un cambio o por lo menos, como ha sucedido, de una alternativa digna. Cada uno a lo suyo y que todos vean lo que les venga en gana. Bueno, amigos, voy a dedicarle una hora y media al gran Andreu. Ah, se me ha olvidado apuntar que hasta 'La azotea de Wyoming' recuperó 4 puntitos y se fue a unos decentes 17,7% de share.
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 He de reconocer que se me han vuelto a poner los pelos de punta, que no he podido tragar saliva mientras observaba (por enésima vez) las atroces imágenes del campo de concentración nazi de Auschwitz y al superviviente del Holocausto Wladslaw Bartoszewski decir emocionado que “los judíos eran tratados como bichos que había que exterminar”. Es vergonzoso para el ser humano concebir algo como lo que tuvo lugar en Auschwitz, uno de los muchos campos de exterminio creados en Wannsee a partir de 1941 por Himmler y los ejércitos de Hitler para llevar a cabo la ‘solución final’, que consistía matar a los más de diez millones de judíos que habitaban en los territorios ocupados por los ejércitos del Führer. También que reacción popular a las leyes de Nuremberg y las matanzas contra los judíos. Auschwitz, Mathausen, Treblinka, Dachau y demás campos en Alemania y Polonia atribuyeron el apogeo del intolerable régimen nazi y de monstruos asesinos como Streicher y Rosenberg, que trazaron el plan más depravado del anticristo que fue Hitler con el apoyo de Goebbels y los grandes mandatarios nazis. Aún no comprendo cómo hace tan sólo seis décadas pudo suceder algo así. No me gusta escribir en el Abismo de política, ya lo sabéis, pero es que ahora que se cumplen 60 años del mayor genocidio de la Historia, hay que reflexionar sobre estos hechos, sobre ideologías que no se han extinguido, que perviven en grupúsculos en forma de antisemitismo oculto, como el acoso y creciente discriminación de los musulmanes en Holanda o, paradójicamente, lo que están haciendo los judíos con el pueblo palestino. Hay que tratar por ello de evitar que el mundo reflexione. No sólo por rememorar el aterrador recuerdo de Auschwitz hoy estamos en paz. Ni mucho menos. Cierto es que sirve como memoria histórica y despolitizada para que las generaciones venideras sean conscientes de la historia y sus errores, pero también hay que tratar de combatir el origen del odio, las causas que hicieron posible aquella y otras aberraciones colectivas. Tampoco hoy se ha recordado que la Iglesia Católica (más preocupada por el uso del preservativo que de su propia memoria) fue cómplice de estos sucesos por el pacto que hicieron los nazis con el partido católico alemán de Von Papen, consiguiendo así llevar a cabo el exterminio judío.  Seis millones de personas murieron durante aquel sinsentido. Hoy es un día para pensar en aquello, el mayor crimen contra la Humanidad de todos los tiempos. Pero lo importante de todo es que nunca olvidemos aquella incomprensible atrocidad.
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Como un parado más, sin trabajo, sin oficio ni beneficio en una sociedad en la que no encuentro mi sitio, como un Santa de la vida; como el personaje creado por Fernando León de Aranoa en ‘Los lunes al sol’, recibí una carta del INEM hace menos de un mes. Con poco interés, abrí el sobre para leer lo que comunicaba la misiva. En ella se me informaba acerca de un convenio entre la Universidad de Salamanca y el Servicio Público de Empleo con objeto de unas sesiones orientativas que tienen como objetivo asesorar a los desempleados sobre las mejores salidas a las perspectivas de trabajo del individuo. Unas entrevistas denominadas ‘Tutorías individualizadas’, adaptadas al usuario para planificar una improbable inserción. Según el programa, además de esta entrevista profesional por un tutor asignado para definir el perfil profesional, se te da la elaboración de un plan personal de inserción laboral con otro supuesto método de determinación de un calendario y actividades a desarrollar. Bien, me acerqué al sitio indicado y allí me recibió Rosa, una afable mujer con la que tuve una larga conversación en la que, tras contarle un poco a qué dedicaba mi patética vida de periodista puteado y mis trágicas experiencias como guionista profesional en Madrid, la mujer me lanzó una aparente pregunta que sonó totalmente extemporánea y perniciosa en mis oídos, de una forma lamentable, como si algo dentro de mí me dijera constantemente que yo mismo era imbécil por haber indicado mis preferencias básicas en el mundo laboral. Me dijo “así que quieres encontrar trabajo como guionista ¿no?”. En ese momento pensé que de la puerta que se ubicaba tras ella, iba a salir un tipo con gafas, trajeado y portando un micrófono y tras él, otro individuo con una cámara acompañado de varias azafatas que iban a confirmarme que se trataba de una broma de cámara oculta o que una mascota tipo Nutria gigante iba a saltar sobre mí a darme una colleja. Pero no, la pregunta estaba hecha con buena intención. Tras volver a incidir en mi trayectoria personal y profesional y de confesar mis aspiraciones vitales y laborales, del desprecio con el que me tratan los medios en los que colaboro y, sobre todo, en el paupérrimo periódico en el que escribo semanalmente donde me ultrajan pagándome una puta mierda, seguí otros tres cuartos de hora explicando mi postura ante lo que yo aspiraba en este injusto mundo que nos ha tocado vivir y lo que sentía ante la proximidad de tomar decisiones trascendentales, la mujer confió tanto en mis valores profesionales que no supo orientarme.  Consciente de que mi situación es algo inusual, debido, en gran parte, a que no paso ni un solo día del año sin realizar algo productivo, no quiso desviarme de mi camino, de esta sinuosa travesía de expectativa de un destino que se resiste, que puede que jamás llegue. Es más, me animó a que no abandonara la escritura de guiones, que no dejara de escribir y que procurara buscar trabajos de mala muerte que no me restaran mucho tiempo en mi actividad creativa. Una desconocida que en menos de una hora confiaba en mi talento, aturdida porque alguien le había confiado una orientación laboral hacia una profesión que, según ella, era la primera vez en seis años que le revelaban. “¿Cómo voy a orientarte en tu camino laboral si ya lo tienes tan claro?”, me espetó. “Yo no puedo ayudarte, eres tú el que tiene perfectamente claro qué hacer”. Salí con la sensación de haber asistido a una sesión con un psicólogo y haberle soltado una soflama vital, de inquietudes, planeamientos existenciales de carácter profesional, vital y personal. Y sin pagar un euro. Algo reconfortante que alguien te escuche cuando estás lleno de indecisiones ¿Por qué alguien del medio guionístico o periodístico no confía en mí y sí una desconocida cuya labor es encaminarme hacia el universo de empleo? Pero las dudas seguían ahí, dando vueltas, desorganizadas: “¿Ha llegado la hora de enfrentarse al mundo y tirar la toalla?” “¿Merece la pena seguir persistiendo si nadie me paga por lo que hago cada día ni me da una oportunidad?” “¿Tengo que dejar de escribir guiones, críticas, reportajes y demás, olvidando este mínimo talento que poseo para dedicarme a la vida real, a un trabajo que me permita independizarme y ahogue mis aspiraciones en una vida gris?”. Aún sigo dándole vueltas al asunto y no he encontrado respuestas. Sólo sé que 2005 tiene que suponer un punto de inflexión en mi vida. En fin, que yo también, al igual que vosotros al leerlo, he soltado tras escribir esto un “qué coñazo de texto” tras escribir este post. Además, planteando miles de preguntas como si esto se tratara de un episodio chungo y aburrido de ‘Sexo en Nueva York’, donde la protagonista Carrie Bradshow no sabe escribir una puta línea en su portátil sin hacerse una pregunta sin respuesta. Y después de estas absurdas experiencias, sigamos con el tono habitual del weblog.
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Esta tarde, con un frío siberiano que hiela los huesos y el alma, el frío que a mí, particularmente me gusta y disfruto, he ido a ver 'Closer', la última de Mike Nichols y tengo que reconocer que me ha gustado. Tanto, como para empezar a preparar mi siguiente crítica sobre esta película de encuentros y desencuentros que mira de cerca un brutal desencuentro con la infelicidad, el adulterio, las segundas oportunidades y un tortuoso proceso de conflictos sentimentales donde el deseo y la lujuria son el nexo de unión de dos parejas que se entrecruzan en sus vidas, desde una perspectiva muy adulta, pero que es, en realidad, una crónica de misantropía, cínica y acerba sobre el eogísmo en las relaciones de pareja. Lo cierto es que hoy he recuperado mi amor (un tanto apagado) por ese ángel de rostro etéreo que es Natalie Portman. Muy pronto, mi review de ‘Closer’ en el Abismo. De hecho, no sé por qué destaco esto como post, aunque creo que tiene que ver por la oportunidad de observar a nuestra Marty de 'Beautiful Girls' , más sexual, crecidita y mejor actriz que nunca.
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miércoles, enero 26, 2005
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Howard Hughes: sueños y pesadillas Scorsese contiene su megalomanía fílmica para abordar de forma solemne una historia sobre los infiernos personales de una seductora figura tan importante en el Hollywood clásico como lo fue Howard Hughes. Magnate, productor, cineasta, pionero de la ingeniería aeronáutica, coleccionista de amantes, Howard Hughes pertenece a esa estirpe de personalidades del Hollywood Clásico que se han ganado (para bien o para mal) un puesto de honor en la Historia, mucho más allá del Séptimo Arte. Sobrino del escritor y cineasta Rupert Hughes, Howard fue de los hombres jóvenes más ricos del mundo al heredar la Hughes Tool Company, que administraba la mayor parte del petróleo de Texas. Apasionado por la aviación, llegó a plantarle cara al monopolio aéreo de la Panam al adquirir la TWA, siendo fue uno de los grandes de la RKO antes de llevarla a la quiebra. Descubrió ‘starlettes’ como Jean Harlow, Jane Creer, Jane Russell o Terry Moore, Hughes fue un vividor, un mecenas extravagante y uno de los modelos que no apareció en los títulos de crédito de ‘Ciudadano Kane’, de Orson Welles. Precisamente con esta figura, la película de Scorsese evidencia tener algún vínculo desde su prólogo, cuando en la infancia de Hughes se observa un elemento que le perseguirá a lo largo de su vida. Pero ahí se acaba cualquier comparación entre ambas películas (sería ilícito equipáralas), a pesar de narrar la odisea de dos hombres tan parecidos como Charles F. Kane y Howard Hughes, dos complejas personalidades; megalomanos, excéntricos, ambiciosos, soñadores y visionarios. ‘The aviator’ es el vehículo idóneo para que Martin Scorsese haya podido componer eso que tanto tiempo llevaba buscando: una entusiasta oda de amor al cine clásico, al viejo Hollywood de la Época Dorada, con una cuidada reconstrucción estética y argumental. Rebelde y kamikaze no sólo en el aire, sino también en el cine, en la vida y en el amor, la figura de Hughes es englobada en esta película en un próspero lapso de tiempo para el rico heredero, ubicándose tan sólo en sus dos décadas más gloriosas, ya que si bien podría haber recogido numerosos capítulos de su abrumadora biografía, Scorsese ha preferido destinar el metraje a sus logros, parte de su enajenación creciente y al taxativo viaje al tormento de un personaje problemático, de esos que tanto fascinan al director. No estamos, por tanto, ante un ‘biopic’, ni mucho menos ante una hagiografía, ni siquiera se ocupa ‘The Aviator’ en desglosar los episodios más importantes de su vida como poderoso magnate, amante o aviador, sino que Scorsese y su guionista John Logan sitúan este periodo fraccionándolo a lo largo de un viaje interno, de la lucha de un hombre contra sus infiernos. Un viaje a la cima del mundo que tiene como regreso un amargo tránsito a una habitación solitaria y mugrienta. Como su propia vida, inmersa en un concepto enfermizo, a modo de virus que coartaba su colérica propensión al aislamiento, Hughes se enfrentó a todo aquello que pudiese romper sus ambiciones y deseos, con un apego a la transgresión de los cánones de su época, de un modo obsesivo, como todo en Hughes.  En ese sentido, el filme muestra un personaje atormentado e inadaptado por su forma de ser, aislado debido a una sociedad que no le comprende, por lo que Hughes no está muy lejos de los representados en Travis Blickle, Henry Hill, Rupert Pupkin, Jake La Motta o Jack Pierce, pues todos ellos 'outsiders' que unen sus caminos en un sendero de perdición, entre la paranoia y la desalentada lucidez de una confusión gradual. Posiblemente si Howard Hughes hubiera muerto en uno de sus aparatosos accidentes de avión, habría sido recordado como un mito, como aquellos que viven intensamente y dejan un bonito cadáver. Al no ser así, Scorsese disecciona un recorrido que transcurre del mito a la caricatura, del héroe mediático a un personaje grotesco víctima de sí mismo, recluido en un apartamento, torturado por sus propios delirios de grandeza. No muy lejos de los terrenos explorados por el cineasta italoamericano, donde la vida acaba como una pesadilla que es necesaria vivir para expiar los errores e imprudencias y redimirlos con una (aunque sea pasajera) ascensión al equilibrio, a la armonía perdida. ‘The aviator’ se presenta como una lección de cine que resulta posible, en definitiva, porque a su director le interesa mucho más el declive ‘paranoico-compulsivo’ de Hughes y su lucha contra los ataques de la gran industria que por la reconstrucción del Hollywood vivido por el personaje, su vertiente de mujeriego o su esencia aventurera y suicida. Una estructura que no abandona Scorsese con esa insurrección de Hughes en el juicio final, mostrando su mayor brillantez y saliendo airoso de sus acusaciones cuando parecía que su locura y manías habían acabado por devorarle. Y lo hace centrado en una historia de dobles sentidos y perspectivas, bajo las que subyace la enérgica imaginería de uno de los grandes clásicos, tal vez el último, de la Historia del cine.  Scorsese contiene para ello su megalomanía fílmica, pero no su propensión a cierta mitomanía que llega a someter a la historia hasta un cierto punto de convencionalismo, justificando, a pesar de ello, su pericia narrativa, llena de épica en esta maravillosa crónica simultánea de una victoria ocasional y de un fracaso personal. Por eso, tras observar la caída en los infiernos de la locura, Hughes encara al Comité Judicial que lo acusa de quedarse dinero del ejército con una conquista momentánea, consiguiendo pilotar el ‘Hércules’ en su primer y único vuelo, para dejarlo sumido nuevamente en los lóbregos pozos de su perturbación, delante de un espejo, repitiendo una frase (“el camino hacia el futuro”), como fatal letanía que le llevaría a acabar sus días recluido y totalmente desequilibrado. Desde un punto de vista biográfico, tal vez se haya dado demasiada importancia a la parte romántica de la vida de Hughes, ya que no fueron los triunfos en cualquiera de los campos en los que probó suerte donde reside su leyenda, sino en su final, en la paradójica locura de un hombre que pudo reinar. Sin embargo, aunque se contenga y la película sea menos turbulenta y amarga de lo que cabía esperarse, no deja de estar presente ese punto característico de corrupción y decadencia fatalista que tan bien despliega Scorsese. No obstante, se echa de menos su relación con Al Capone, su desastrosa gestión al frente de la RKO y su colaboracionismo anticomunista (aunque se manifieste en la breve secuencia protagonizada por Willem Dafoe).  Virtuosa reconstrucción de un hombre y su época, ‘The Aviator’ va trazando ese poema de ampulosidad operística de esplendor aventurero a través de la mirada de un personaje caótico y revolucionario, próvido amante con agitada vida sentimental. Pero, ante todo, deteniéndose en sus litigios personales contra un periodo de absolutismo político, social y en el mundo del cine. Tres apartados que sirven a Scorsese para exponer su dominio de la narrativa en secuencias que tienen como protagonistas a un L.B. Mayer que menosprecia a un ambicioso Hughes, cuando éste pide dos cámaras más para incorporarlas a las 24 que ya tiene para ‘Ángeles del Infierno’, el enfrentamiento en los despachos de la MPAA contra Breen, que dirigió el sistema de censura de Hollywood y, en su final, el brillante planteamiento del juicio en el Owen Brewster pretende hundir al magnate en beneficio de Juan Trippe, dueño de la todopoderosa PanAm. Todo ello evidencia una personalidad inabarcable, movida de forma desbordante por la pasión de la ambición y el talento. Scorsese tampoco obvia su ardua y excesiva vida sentimental que ilustra multitud de romances; a veces manifiestos (como con Jean Harlow, Ava Gardner o Faith Domergue) o insinuados (el caso de Jean Russell o Bette Davis). Pero el cineasta y su guionista han preferido concentrar este aspecto en la relación más importante de la vida de Hughes; la que estuvo a punto de acabar en boda con Katharine Hepburn, ilustrado en uno de los momentos más románticos del cine de Scorsese, mientras Hughes observa pilotar a Hepburn y, consciente de su escrupulosidad, mira la botella de leche de la que acaba de beber la genial actriz para, sin miedo, sorber con la seguridad de haber encontrado un alma gemela, una inconformista como él que comprende sus paranoicas manías, aunque, como reconoce el personaje de Hepburn poco después, “Howard Hughes es demasiado Howard Hughes”.  Martin Scorsese ejerce en ‘The Aviator’ de exegeta fílmico, de metódico estudioso del cine de la Época Dorada, donde no falta cierta dosis de manierismo y virtuosa reconstrucción de la época, explícita y deliberadamente enfática y grandilocuente, a veces excesiva, pero siempre delimitada a una línea narrativa de perfecta sutileza, de puro cine clásico. Este laborioso trabajo visual es ejemplar debido al conjunto de exquisiteces que componen la cinta. Así, Robert Richardson propone un juego cromático intencional, ya que en la primera hora no existen los verdes y todo es aséptico e higienizado (con gamas de azulados diáfanos), para avanzar con un progresivo aumento del colorido ocre y terrosos y acabar la película en un escabroso verde intenso, afectado ya por toda la sociedad y el mundo que rodea a Hughes. Sólo hay color en el cielo (metáfora de la libertad del magnate) o en el ramo de flores que invoca sus mejores recuerdos. ‘The Aviator’ es un filme de intensidad creciente, argumentalmente eficaz y de un ritmo lúcido e intachable (hay que recordar los 166 minutos de duración), una consecución procedente, como en toda obra de Scorsese, de la edición de la gran maestra montadora Thelma Schoonmaker. Si a esto, añadimos el trabajo que Ferretti, LoSchiavo y Powell en el diseño de producción, los decorados y el vestuario, respectivamente, en conjunto, el filme sólo admite adjetivos superlativos.  Para Leonardo DiCaprio el reto de interpretar a Hughes le podría, a priori, haber quedado muy grande, debido, en gran parte, a la invitación al histrionismo que conlleva dar vida a un personaje en constante declive que cae en las redes de la locura. Pero el resultado es un espléndido trabajo de contención encomiable. Tanto en la interpretación de los arrogantes éxitos de Hughes, como en su degeneración psíquica, su sordera y los problemas de identidad del ambicioso millonario. DiCaprio deja emerger el lento intimismo de un hombre enfermo, atrapado por sus fobias, sus malsanas obsesiones y ese miedo que le conduce de forma inevitable a locura y la soledad. Del resto del reparto sobresale la exactitud y el riesgo con la que la gran y luminosa Cate Blanchett aborda un papel tan difícil como es el de dar vida en una interpretación conmovedora, con los amaneramientos y sofisticación de la gran impulsiva e indócil Katharine Hepburn. John C Reilly, el sobresaliente Alan Alda y un cada vez mejor Alec Baldwin componen minuciosamente los apoyos del gran DiCaprio. No se puede decir lo mismo de la pobre Kate Beckinsale, que sale un tanto desafortunada en su recreación de Ava Gardner. Mejor suerte corren Gwen Stefani, Jude Law y Kelli Garner al realizar prácticamente un cameo. Scorsese, al que se ha intentado equiparar en minuciosidad y arrojo al mismísimo Howard Hughes, observa a lo largo del filme a su personaje con la perspicacia, la compasión y, hasta cierto punto, la admiración necesaria para concebir una película que, más allá de su grado de ‘encargo’, es una cinta donde cada rasgo, cada plano y la disposición narrativa con la que lo aborda se identifica con la obra de uno de los clásicos modernos más imprescindibles de la historia del cine. Estamos, por tanto, ante la primera gran película de este 2005 que acaba de empezar. Miguel Á. Refoyo © 2004
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Pues si ayer había que dedicar un post a las nominaciones de los Oscars, hoy no queda más remedio que hacerse eco de los Razzies, esos premios antagónicos, antitéticos al glamour que reconocen, con gran juicio y acierto, las peores películas del año. Aquéllas que nos han hecho bostezar, dejándonos un residuo visual de mortificación y hastío que se merecen todos los oprobios vertidos sobre ellas. Y, como no podía ser de otra manera en esta edición, la película que mayor número de candidaturas ha obtenido ha sido ese ímprobo producto de bostezo fílmico que es el desperdicio histórico de ‘Alexander’, de Oliver Stone. Una obscenidad doble si tenemos que esta superproducción ha costado 155 millones de dólares y sus responsables (a los que se les tenía que caer la cara de vergüenza) pretendían, ilusos de ellos, que este infraproducto pudiera haber sido una de las grandes nominadas a los Oscars de este año. La gran sorpresa, definiendo la línea cínica y sarcástica de estos anti-premios se ha producido en las nominaciones de George W. Bush y Condeeleza Rice por sus patéticas personalidades demostradas en el documental del incendiario Michael Moore ‘Fahrenheit 9/11'. Será la primera y única vez en que tantas nominaciones a peores actores hayan satisfecho tanto a público como a su propio director, ya que son un total elogio a su trabajo. Bueno, aquí os dejo las candidaturas de este año que son bastante justas, parece ser. PEOR PELÍCULA ‘Alejandro Magno’ (Warner Bros.) ‘Catwoman’ (Warner Bros.) ‘Los Superbabies (Superbabies: Baby geniuses 2)’ (Triumph Films) ‘Sobreviviendo a la Navidad’ (DreamWorks) ‘Dos rubias de pelo en pecho’ (Columbia/Revolution) PEOR ACTOR Ben Affleck por ‘Jersey girl’ & ‘Sobreviviendo a la Navidad’ George W. Bush por ‘Fahrenheit 9/11’ Vin Diesel por ‘Crónicas de Riddick’ Colin Farrell por ‘Alejandro Magno’ Ben Stiller por ‘Y entonces llegó ella (Along came Polly)’, ‘Anchorman’, ‘Dodgeball’, y ‘Envidia’‘Starsky & Hutch’ PEOR ACTRIZ Halle Berry por ‘Catwoman’ Hilary Duff por ‘Cinderella Story’ y ‘Raise your voice’ Angelina Jolie por ‘Alejandro Magno’ y ‘Vidas ajenas’ Mary-Kate & Ashley Olsen por ‘New York Minute’ Shawn & Marlon (The Wayans Sisters) ‘Dos rubias de pelo en pecho’ PEOR PAREJA EN PANTALLA Ben Affleck junto a Jennifer Lopez o Liv Tyler en ‘Jersey Girl’ Halle Berry junto a Benjamin Bratt o Sharon Stone en ‘Catwoman’ George W. Bush junto a Condoleeza Rice o su puta mascota Barney en ‘Fahrenheit 9/11’ Mary-Kate junto a su gemela Ashley Olsen por ‘New York Minute’ Los hermanos Wayans travestidos o no en ‘Dos rubias de pelo en pecho’ PEOR ACTRIZ SECUNDARIA Carmen Electra en ‘Starsky & Hutch’ Jennifer Lopez en ‘Jersey Girl’ Condoleeza Rice en ‘Fahrenheit 9/11’ Britney Spears en ‘Fahrenheit 9/11’ Sharon Stone en ‘Catwoman’ PEOR ACTOR SECUNDARIO Val Kilmer por ‘Alejandro Magno’ Ah-Nuld Schwarzenegger por ‘La vuelta al mundo en 80 días’ Donald Rumsfeld por ‘Fahrenheit 9/11’ Jon Voight por ‘Los Superbabies (Superbabies: Baby geniuses 2)’ Lambert Wilson por ‘Catwoman’ PEOR DIRECTOR Bob Clark por ‘Los Superbabies (Superbabies: Baby geniuses 2)’ Renny Harlin y/o Paul Schrader por ‘El Exorcista 4: El comienzo’ “Pitof” por ‘Catwoman’ Oliver Stone por ‘Alejandro Magno’ Keenan Ivory Wayans por 'Dos rubias de pelo en pecho' PEOR REMAKE O SECUELA ‘Alien v Predator’ (20th Century-Fox) ‘Anacondas’ (Screen Gems) ‘La vuelta al mundo en 80 días’ (Disney) ‘El Exorcista 4: El comienzo’ (Warner Bros.) ‘Scooby Doo 2’ (Warner Bros.) PEOR GUIÓN ‘Alejandro Magno’, escrito por Oliver Stone, Christopher Kyle y Laeta Kalogridis. ‘Catwoman’, escrito por Theresa Rebeck y John Brancato & Michael Ferris y John Rogers. ‘Los Superbabies (Superbabies: Baby geniuses 2)’, escrito por Steven Paul y Gregory Poppen. ‘Sobreviviendo a la Navidad’, escrito por Deborah Kaplan y Harry Elfont & Jeffrey Ventimilia y Joshua Sternin. ‘Dos rubias de pelo en pecho’, escrito por Keenan & Shawn & Marlon Wayans and Andy McElfresh, Michael Anthony Snowden and Xavier Cook.
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La leyenda del héroe azteca El Santo Enmascarado de Plata es uno de los héroes más importantes del cine y un icono cultural y fenómeno sociológico en México. Bien es sabido por los conocedores y amantes de los cómics y las leyendas que los superhéroes han encontrado sus raíces en la antigua mitología. Las grandes figuras legendarias, aquellos defensores de la masa popular que velan por la paz y la justicia han pasado a través del noveno arte, la literatura e incluso en la tradición oral a formar parte de la mal llamada cultura de masas, iconos sociales que se han acabado integrando en la erudición más inveterada. Es cierto que son sólo unos pocos son los que pasan con letras de oro a la profusa antología de héroes, mitos, celebridades que se aúnan en la memoria colectiva para traspasar así cualquier papel (ya sea de cómic como de literatura) para consolidarse como iconos en la vida de los que saben justipreciar el noveno arte; léanse los grandes clásicos como Batman, Superman, Iron Man, Spiderman... Seres de apariencia humana, algunos de ellos más humanos que el vecino que compra el periódico cada mañana y lleva una aburrida vida cotidiana, que ejercen una meritoria vocación de protección y defensa de la Humanidad vista eternamente desde una perspectiva idealista, adquiriendo poderes en circunstancias accidentales (cuando una explosión o la ingestión de una droga provocaron extrañas mutaciones en su estructura) o provenían de planetas lejanos. También es indefectible que hayan sido productos basados en el mensaje subversivo (para bien o para mal) en la viñeta triunfalista instituida en un patriotismo exacerbado (generalmente de los yanquis) para deleite de las inquietas mentes sedientas de aventuras y sergas. Maravilloso, pero escasamente relevante. Por eso, más de cincuenta años después de su nacimiento, hay que reivindicar a uno de los héroes más desconocidos en estas lindes españolas, pero que ha marcado con su sencillez una leyenda en un país tan excepcionalmente atrayente (por su cultura, su gente y su entorno nigromántico) como es México. Un superhéroe que rompe los cánones, que ha sido capaz de delimitar su propio territorio ante la tiranía viñetística americana. Por supuesto, el mítico y poco valorado Santo Enmascarado de Plata, una de las efigies más fundamentales en la idiosincrasia azteca que debería ser conocido como un héroe ecuménico y significativo en cualquier parte del planeta. Nacido de la inspiración de ‘El fantasma’, personaje creado en 1955 por Lee Falk, Santo Enmascarado se ha consolidado como una figura imprescindible, símbolo de una tradición que ha llevado consigo la admiración y furor no sólo de los propios mexicanos, sino de aquellos que saben descubrir hipnóticos emblemas reveladores de otras culturas exóticas, fascinantes, mágicas.  Santo no se parece a los superhéroes a los que estamos acostumbrados a leer, a aquellos dibujos de contornos perfectos surgidos de la pluma de Stan Lee, Jack Kirby o Simon Bisley, sino que (salvando las distancias) está más cerca de los trazos violentos y decididamente bizarros de C.C. Beck e Infantino. Este héroe mexicano encuentra la grandeza que le rodea y le hace más extraordinario que otros ídolos en su nacimiento del pueblo, en la realidad social de la que surge. Santo es original, fundamentalmente, por su procedencia: un campeón de lucha libre que se enfrenta a sus regios enemigos cimentado exclusivamente en sus grandes facultades físicas, en unos poderosos y diestros puños preparados para la lucha y en esa peculiar e incomparable máscara que todo el mundo conoce, aún sin haberle visto nunca. Su mitología se acrecentó (eso sí, con escasa repercusión fuera de sus fronteras) al convertirse en el protagonista de un genial y desagraviado género cinematográfico que se sale de todos los referentes habidos y por haber. Un cine basado en los luchadores mexicanos. Algo que aquí puede sonar indiferente pero que en su tierra asigna una impronta bastante cardinal. Entre 1952 y 1983 Santo ha agrandado su figura a lo largo de medio mundo gracias a más de 150 películas centradas en esta enseña sudamericana. Antes de que el luchador Rodolfo Guzmán Huerta encarnara al hombre que se ocultaba tras la máscara plateada y diera vida a ese ser fantástico combativo y aguerrido durante más cuarenta y cuatro años consecutivos, los cómics auspiciados por Jesús Lomelín y dibujados por José G. Cruz habían llenado de ocio y mitología una figura de gran envergadura tanto cultural como social, que alcanzó su máximo esplendor en los años 60, sin duda alguna donde residen las mejores películas de este icono mexicano. La primera aparición de Santo tuvo lugar en 1952, cuando René Cardona adaptó uno de los cómics de G. Cruz y se llevó a cabo ‘El Santo Enmascarado de Plata’, una película de serie B que, a medio camino entre el experimentalismo y la viñeta más zafia, ofrecía la mejor perspectiva del luchador que nunca se plasmó en pantalla, un héroe (casi semidiós) protector de los menos favorecidos económicamente, un superhéroe atómico e invencible, lo más parecido al cómic visto en la gran pantalla que se ha creado en México (y en el fondo extensible a los fastos cinematográficos). El productor Alberto López vislumbró el potencial de aquella efigie de éxito fulminante y firmó un contrató exclusivo con un producto que se convertiría en el más rentable de la historia de México.  Desde su primer filme oficial, bajo el inconfundible sello de la productora de López llegaría ‘Santo contra el cerebro del Mal’, la inolvidable cinta de Joselito Rodríguez, que abrió un auténtico filón engrandeciéndose a continuación con numerosos filmes, entre los que destaca ‘Santo contra los hombres infernales’, autentico génesis de una filmografía que acompañaría a Guzmán Huerta hasta su muerte en 1984. Tras siete filmes (sobresaliendo particularmente ‘Santo contra los zombies’) el luchador del antifaz dejó el cine para dedicarse a su verdadera vocación: la lucha libre. Pero ante el clamor de una enorme nación como es la chicana, volvería en 1962 con ‘Santo contra las mujeres vampiro’, bajo las órdenes del carismático Alfonso Corona Blake, una de las cintas con mejor acabado y guión sobre este personaje. El cine del Santo Enmascarado de Plata es un cine sin pretensiones, divertido, optimista, en la que la cultura mexicana se refleja a modo de radiografía social y convierte al Santo en la representación de una esperanza, de una quimera del México más pobre, del ideal de los estratos sociales más necesitados de héroes como Santo.  Por eso en películas como ‘Profanadores de tumbas’, ‘El hacha diabólica’ o ‘El tesoro de Moctezuma’ Santo siempre es derrotado temporalmente, como signo evidente de afinidad con el pueblo, pero que, en finales apoteósicos de lucha y violencia, el héroe logra vencer de forma indiscutible, con victorias a favor del bien y de los grandes valores occidentales y religiosos. Lo que es, en realidad, el anhelo del vulgo a quien iban dirigidas este tipo de filmes. Además, Santo siempre estuvo rodeado de bellas y exuberantes mujeres, algunas representadas también en inexorables adversarias, como las misteriosas Lorena Velázquez y Ofelia Montesco en ‘Santo vs. las mujeres vampiro’ o las turbadoras Maura Monti y Eva Norvind de ‘Santo contra la invasión de los marcianos’; otras, como las esculturales Elizabeth Campbell o Amedée Chabot fueron subyugadas por el donaire del hombre de la máscara plateada. Pero a todos los que hemos seguido desde nuestra infancia las aventuras de este peculiar héroe quedará en la retina el cuerpazo desnudo de Meche Carreño en los episodios de ‘El barón Brákola’.  Todo un género con su propia tradición. Lucha sin límite de tiempo y sin tregua, en constante actitud beligerante contra el mal, ante su impasible máscara de plata han desfilando los villanos más insospechados de la literatura o el cine: un estrangulador que opera en un teatro de variedades (‘Santo contra el estrangulador’), marcianos invasores (en estética muy hermanada a la de Edward D. Wood Jr.), villanos del ring, cazadores de recompensas, mafiosos terroríficos, momias vengativas (‘Santo contra las momias de Guacajanato’), Frankenstein, Drácula (‘Santo en el tesoro de Drácula’), monstruos, muertos vivientes, asesinos de otros mundos, secuestradores y el ‘asesino de la televisión’ (figura mítica en la cultura catódica mexicana), algunos de los muchos enemigos de este mítico superhéroe que vería su fuerza duplicada con otro mito del cómic mexicano como lo es ‘Blue Demon’ en filmes como ‘Santo y Blue Demon en el mundo de los muertos’ y ‘La Atlántida’. Muchos fueron los grandes cineastas que compartieron filmografía con Santo, cineastas que con su desparpajo y gran visión de la aventura cinematográfica crearon uno de los géneros dentro del fantástico que muy pocos conocen de verdad y en toda su extensión: el cine ‘psicotrónico’ mexicano. Películas de serie B y Z centradas en los mitos alquímicos provenientes de la religión y creencia azteca que otorgaron creadores de la talla de Gilberto Martínez Solares, René Cardona, Alfredo B. Crevenna, José Díaz Morales o el mencionado Alfonso Corona Blake. Directores de culto que representan el ideal del auténtico sentimiento de lo que es el fantaterrorífico más genuino y valedero.
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Ha vuelto a ser noticia. Maria Sharapova está empezando a ejercer de gran musa en muchos dominios dentro del mundo del tenis femenino. Su escultural belleza de elegancia rusa, su tersa piel blanquecina, su mirada felina y su potencial como excelente jugadora en el circuito tenístico la han convertido en la nueva reina, en la chica de moda. Lo tiene todo; es guapa (muchos le han otorgado el reinado de 'la jugadora más sexy' que desde hace años ha tenido Kournikova), alta (1,83), potencialmente progresiva en un juego encandilador y, sobre todo, un elemento privativo que la hace destacar entre sus rivales: sus furiosos y exagerados gritos que resuenan en los campeonatos como auténticos huracanes. Si habéis visto los telediarios de hoy sabréis a qué me refiero. Esos alaridos surgidos de la potente garganta de Maria Sharapova en un deporte donde el silencio forma parte del juego la han convertido en la emperatriz de los gemidos, en la czarina de unos gritos que, con los ojos cerrados (por lo menos a mí), a uno le da por imaginar con el flanco más lascivo del cerebro y en vez de con una raqueta en la mano, inconscientemente se fantasea con otros menesteres que poco tienen que ver con el deporte del tenis. Ella, tumbada, semidesnuda y expedita a nuevas sensaciones, asiendo fuertemente la sábana mientras… Bueno, dejémoslo ahí. Escuchándola, la imagen que me viene a la cabeza recuerda, en analogía pura por el sentido auditivo, es Devon, la actriz del cine porno de Vivid también poseedora de un agudísimo baladro cuando aúlla de placer en esas películas deshonestas de las que soy tan seguidor. Sharapova no sé (supongo que sí) si es consciente del morbo sensorial y sonoro que despierta. Ni siquiera las multas que paga por lo escandaloso del asunto la detienen. Simplemente, tengo que reconocer que cuando grita con fuerza en cada golpe, a mí me pone, amigos.
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martes, enero 25, 2005
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O… Candidaturas. Cuando estudiaba Periodismo, uno de los muchos gañanes que tuve como profesores de redacción insistía persistentemente en no utilizar el verbo ‘nominar’ cuando, hipotéticamente, tuviéramos que escribir sobre los Oscars. Yo, por supuesto, saliéndome de la norma, jamás utilicé la palabra candidatura (como era la preferencia del catedrático), sino que perseveré en las familiares nominaciones (ya aceptadas por la Real Academia) y cuando había que utilizar sinónimos empleaba ‘proposiciones’ que, al fin y al cabo, es lo mismo. En cualquier caso, las nominaciones de este año no han dejado ninguna sorpresa que destacar. Al igual que en los Goya del próximo domingo (donde persisto en decir que la peli e Amenábar ganará, al menos, 12 premios) parece que todo está muy claro en las principales categorías. Empezando por las 11 candidaturas (mira tú por dónde) de ‘The aviator’, de Scorsese a la que siguen ‘Finding neverland’ y ‘Million dollar baby’ con siete cada una y las sendas cinco propuestas de ‘Ray’ y ‘Sideways’. Si, como todo parece indicar (olvidando que no ha ganado el Globo de Oro), Marty gana el Oscar como mejor director y su cinta sobre Howard Hughes se lleva los premios más importantes, será esta 77 edición de los Oscar la que marcará la reconciliación de Hollywood con Scorsese, a quien la crítica asegura se le debe una estatuilla desde ‘Taxi driver’. Algunas sorpresas agradables: Catalina Sandino Moreno por ‘María eres llena de gracia’, Jaime Foxx como secundario por ‘Collateral’, que ‘Diario de motocicletas’ sí esté en alguna candidatura importante (mejor guión adaptado), la nominación amejor guión apartado de para Richard Linklater, Kim Krizan, Julie Delpy y Ethan Hawke por ‘Before Sunset’ y que una cinta como ‘Hotel Rwanda’ haya tenido varias nominaciones lo que hace albergar la esperanza de verla por estos lares. Algunas sorpresas desagradables: que no esté Jim Carrey por ‘Eternal Sunshine of the Spotless Mind’. Que ‘La casa de los puñales voladores’ no esté entre las mejores cintas de habla no inglesa y sí en fotografía, por ejemplo. Lo que todos sabíamos: que ‘Mar adentro’ estaría nominada y que va a ganar el Oscar. Aunque si la alemana de Oliver Hirschbiegel ‘Contra el muro’ gana el premio no seré yo quien lo lamente. También era previsible, aunque en este país no se quiera reconocer, que Javier Bardem no iba a estar nominado entre los cinco elegidos al Oscar. Para mí es algo de sentido común, no porque no se lo mereciera.  La sorpresa española: No es la absurda nominación de Jo Allen y Manolo García por crear la calva de Bardem en ‘Mar adentro’ (ya se lo dieron hace dos años por crear una nariz a Nicole Kidman en 'Las horas'), sino esa cojonuda noticia de que Nacho Vigalondo esté nominado por su cortometraje ‘7:35 de la mañana’. Es curiosa la trayectoria que tienen los escasos trabajos de corta duración españoles que participan en esta fiesta de boato e intrascendencia. Os explico, el corto de Vigalondo no está nominado a los Goya, a todas luces, de un modo bastante injusto, pero paradójicamente sí está en los Oscar. Ahora la Academia estará apoyando a Vigilando y su corto que ellos verán como un triunfo español. Pero lo curioso es que ‘Esposados’, de Juan Carlos Frenadillo, posiblemente el mejor corto que se haya hecho en este país, no ganó ese merecido Goya (y no recuerdo si estaba nominado o no) el año que estuvo a puntito de llevarse al tío Oscar a casa. Lo que es cierto es que este cántabro puede estar satisfecho porque si no había tenido suficiente repercusión su trabajo (es uno de los cortos más premiados del año), la selección para participar en estos Oscars le abrirá muchas puertas.
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lunes, enero 24, 2005
 Coincidiendo con la muerte de la compositora mexicana Consuelo Velázquez, a todo el mundo se les ha despertado su vena romántica y ha recordado esa hermosa canción que es ‘Bésame mucho’. Unas estrofas que suenan en varias versiones a lo largo de ‘Grandes esperanzas’, para el que esto suscribe la mejor película de Alfonso Cuarón. ‘Grandes Esperanzas’, fue una nueva versión del clásico de David Lean ‘Cadenas Rotas’, ambas basadas en la gran obra del maestro del realismo inglés que es Charles Dickens. La historia de Pip, el niño huérfano que vive de puta pena con su hermana y su marido siempre ha sido una constante referencia en aquellos que pensamos que aún se puede recurrir sin ñoñerías a un título digno cuando se trata de esto tan complejo y turbulento del amor. Es una novela maestra que trata el sentimiento de la pasión de la forma más impresionante y proverbial que podamos llegar a imaginar. El pequeño desgraciado (en realidad la representación ideal de cualquier gilipollas que esté o haya estado enamorado) se embelesa con la bella niña Estela, la protegida de Madame Havisham. En el comienzo de la trama hemos sabido que Pip ayuda a un reo a escapar de la prisión, el rudo Magwitch, que, sin embargo, es atrapado en su huida. No obstante, el reo ha visto cómo por una vez en la vida una única persona que ha hecho algo bueno por él. La vieja Havisham es uno de los personajes más asombrosos que se hayan creado jamás. Es el Mal, con mayúsculas, el rencor desproporcionado que acojonaría al mísmisimo Darth Vader. La ira y la venganza representadas en una mujer que odia profusamente a los hombres porque su prometido la dejó plantada en el altar horas antes de casarse. Para su siniestro plan, educa a la pequeña Estela en función de un solo objetivo: hacer sufrir a todo aquel que se enamore de ella. Estela putea todo lo que quiere y más a Pip, que a pesar de haberse convertido en un noble gracias a un misterioso benefactor, no puede querer nada más que a la chica. Estela, deshonrada por su marido, se refugia junto a Pip cuando el misterioso del bienhechor que le ha hecho rico resulta ser Magwitch, el presidiario que había ayudado el niño cuando este se había fugado y que es, además, el padre de Estela. Suena a mediocre culebrón. Pero os aseguro que no lo es.  Es una de las novelas que más me marcó cuando la leí en aquella infancia absurda en la que se cree una serie de conceptos vitales que luego, en la edad adulta, se disipan en un brutal escepticismo llegado en forma de hostias existenciales, de mentiras que un día parecieron evidencias esperanzadoras. Como esa representación del amor en estado puro, del condicionamiento al que te lleva estar enamorado sabiendo lo mucho que puedes sufrir con todo eso. La versión de Lean está considerada un clásico del cine. Pero no es mi predilecta. no obstante, la de Alfonso Cuarón es mucho más eficaz, emotiva, tierna y dinámica que la del director de ‘La hija de Ryan’. Pip pasa a ser en esta nueva odisea ‘dickensiana’ Finegan Bell (Ethan Hawke), que también se enamora de una hermosa (y no menos inicua) Estela, convertida en mujer orgullosa y desdeñosa que encarna Gwyneth Paltrow. Anne Bancroft es, en este caso, la Señora Dinsmoor, la vieja Havisham en las anteriores Dickens y Robert de Niro es Lustik, que hace las veces de Abel Magwitch. Cuarón imbuyó a este clásico moderno de un sentimiento inhabitual, adaptando el Londres de la obra al Nueva York más cosmopolita, de la aristocracia adquirida por Pip a la fama como pintor de Fin y la venganza de la señora Dinsmoor en un ahondamiento de su pesar mucho más sincero que el de Lean. Cuando Fin, roto por el dolor y en la cima del mundo llega a la mansión de Dinsmoor para decirle a Estela que ya está allí, que es rico, que está en la cima del mundo y que todo lo que ha hecho lo ha hecho por ella, el personaje de Bancroft le deja subir y Fin descubre que Estela se ha casado y le ha abandonado, a pesar de quererle. Una gran putada consolidada en el plan más macabro llevado a cabo por un personaje a favor de un objetivo de maldad emocional. Siniestramente oscuro y descorazonador. En la peli de Cuarón, Fin coloca la mano de Dinsmoor en su pecho y recita las mismas frases que la vieja amargada le susurró al principio de la película, cuando era un inocente niño asustado: “¿qué es lo que hay aquí?”, le dice con la mano en su torso, “un corazón roto”. Puede parecer una mariconada de escándalo. Tal vez lo sea y me esté convirtiendo sin saberlo en un Ernesto Sábato de tercera. Pero lo cierto es que 'Grandes Esperanzas', tanto en su faceta literaria como en sus dos adaptaciones cinematográficas, representa muy bien a ese diabólico ser tan complejo que es la mujer y el mundo del corazón en su faceta más trágica y romántica.  Si tenéis oportunidad de verla, hacedlo. Es una de las obras del cine moderno que hará que creáis todavía en las historias de amor bien contadas y que sirve, en cierto modo, como homenaje a la muerte de Consuelo Velázquez, la cual, por cierto, además de escuchar cómo en varias ocasiones y en diferentes versiones se escucha su canción más conocida en este filme, tiene canciones involvidables en películas memorables. Algo que podéis comprobar en su ficha de IMBD.
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De lo primero que me he enterado nada más encender esta máquina del Demonio que es Internet es que Johnny Carson, el legendario comediante y presentador de la televisión estadounidense, ha fallecido a los 79 años de edad. Nos hemos quedado, por tanto, sin 'Carnac el magnífico' y tantos otros personajes. Aquella sintonía del ‘Tonight Show’ que daba lugar al posterior grito de Ed McMahon que formulara con su voz inconfundible aquella frase inolvidable: “Heeeeere’s Johnny!” y que se extendió a lo largo de varias décadas en la cadena NBC. Un tipo que sabía qué era una televisión digna, sí señor. Un maestro del que podrían aprender algunos gañanes autodenominados líderes de audiencias aquí, en este circo mediático que es España. Una pena. Pero como bien establecí hace pocos días, no quiero que este espacio multitemático se convierta en un velatorio de celebridades. Por otra parte, he leído la siguiente noticia en varios medios de la red: “ Los hombres jóvenes e inteligentes tienen menos tendencia a suicidarse”. Elucidaría algo sarcástico sobre este impresionante y sorprendente develamiento científico (hay que ver qué prodigiosos hallazgos, oiga), pero estoy tan cansado que mis dedos ya no pueden teclear ni una sola palabra más. Hasta mañana, amigos del Abismo.
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Ya estoy aquí de nuevo, listo para recuperar la frenética actividad del Abismo. Ahora mismo estoy exhausto, rendido de cansancio. Ha sido un fin de semana totalmente gratificante en muchos aspectos. El viaje a Madrid ha sido uno de los más fructuosos de los últimos años. Por la numerosísima gente maravillosa a la que he conocido -contactos profesionales incluidos-, por esperados reencuentros múltiples, porque al fin he visto ‘The Birthday’ (por cierto, con página web recién estrenada –hablaré largo y tendido de la película del gran Eugenio Mira) y porque nuestro siguiente cortometraje ‘The Encounter’, en 35 mm., ya empieza a dar sus primeras patadas, con una sensación de asistir entusiasmado a una ecografía donde un pequeño microser empieza a tener vida. Hablando de la película de Eugenio, sí, seré uno de los pocos defensores a ultranza de esta extraña y casi suicida producción. Pero daré razones coherentes para declarar mi amor por esta cinta que me ha parecido una de las películas más jodidamente fascinantes que he visto en mucho tiempo. Mañana me extenderé en todos estos temas y seguiré recuperando la dimensión cinematográfica, de actualidad, cultural y, por supuesto, la esfera personal a la que os estoy malacostumbrando. Como digo, ahora estoy extenuado, sin energías para seguir tecleando ni una sola línea más. Me alegro de haber vuelto. ¡Show must go on!
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viernes, enero 21, 2005
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El misterio de los talentos insurrectos Donatien Alphonso François, el célebre Marqués de Sade ha representado, a lo largo de dos siglos, la personificación del espíritu revolucionario en estado puro, de la grandeza infernal que puede encerrar la mente humana, la filosofía más incorrupta y directa desde Descartes. ‘Quills’, obra depurada y transgresora, delimita y propone un delicioso y amargo viaje a un posible epílogo, posiblemente ficticio, de los últimos días de este controvertido y brutal genio literario del pensamiento humano, a sus últimas lecciones magistrales bajo su reclusión en el asilo Chareston. De sus postreras doctrinas llenas de ira y maldad sobre los frágiles y pueriles límites que imponen la moral falsamente hipócrita de los conservadores espurios. El filme de Philip Kaufman está destinado pues, a mitigar las falsarias conciencias que inspiran la hipocresía camuflada, muchas veces, en la ética aparente. El cosmos sadiano (que no sádico) impregna la cinta de Kaufman reconstruido a través de la frialdad de unas imágenes coléricas, que solazan mediante las constantes y progresivas situaciones perversas la mente oscura e intencional del genio filosófico, de la rebeldía llevaba al paroxismo de Sade.  Su análisis propone el excelente guión de Doug Wright para desarrollar una pieza cargada de nihilismo, de mala hostia, de violencia oculta, recreando con majestuosidad la figura del intratable Sade, de la época más gloriosa de Francia, crítica manifiesta a la burguesía, a la nobleza, a la medicina y sus métodos pero, sobre todo, levantando las llagas de la religión católica, logrando además que todo ello se extrapole a muchos de los conceptos falsarios que rigen la moral actual. A su vez, 'Quills' exhibe a un escritor humano, capaz de enamorarse y de contener sus instintos destructivos con la fuerza del destino humano. Geoffrey Rush, inmenso y colosal, hace de Sade una extensión de su carácter interpretativo, en estado de gracia, una metamorfosis compleja y titánica del sabio, del monstruo y del hombre que fue este arquetipo del odio benéfico, transformando al prodigio literario en una figura hipnótica. No es ajena a la excepcional calidad actoral del filme la fuerza de una ‘carnal’ Kate Winslet incandescente o las contenidas sobreactuaciones de unos inmejorables Michael Caine y Joaquin Phoenix.  Si ‘Quills’ propone un viaje a los infiernos del mundo sadiano y su contenido filosofal, Kaufman y Wright reinventan la catarsis humana con un fondo consecuentemente distorsionado por una ambigüedad que va más allá de sus intenciones, escondiendo los defectos del relato bajo un guión fascinante que escapa a cualquier tipo de sumisión y énfasis para impregnar, con ironía, dobles sentidos y goticismo, una narración de imponderables dimensiones artísticas. Kaufman aplaca el exceso fácil anteponiendo la sugerencia a la evidencia, haciendo de la perversión sexual y el sadismo una apología conceptual de la personalidad del Marqués de Sade, como ya lo hiciera con polémicos creadores como Henry Miller, Joyce, Kundera o Anaïs Nin. ‘Quills’ es, por tanto, una oda fabulesca que pondera la libertad, la rebeldía y el arte, dilatando su discurso final hasta una actualidad necesitada de personalidades comprometidas con el libertinaje y la sodomía intelectual pervertida por la hipocresía, poniendo de manifiesto estos términos con una elegancia y una puesta en escena encomiables. Puro vicio de grandeza fílmica.
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Pues sí, 'Un mundo desde el abismo' cierra sus puertas durante este fin de semana debido a que me voy a disfrutar de unos días madrileños y del Festival de Cine Fantástico y Ciencia Ficción de Calle 13. El domingo por la noche adelantaré algo de todo lo que allí suceda y vea. Entre ayer y hoy he dejado algo de material para que no os aburráis ni me echéis de menos. De todos modos, para eso tenéis El fondo del abismo, ese viaje al pasado de esta joven e ilusionante bitácora. La weblog recuperará su frenética normalidad el próximo lunes. Intentaré disfrutar todo lo que sea posible. Hasta entonces, sed felices y muy malos. Un saludo. REFO
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El gran maestro Stan Lee, co-creador de personajes como 'Spider-Man', 'Los Cuatro Fantásticos', 'Hulk' o los 'X-Men', está muy quemado porque desde que sus adaptaciones se han adaptado en aluvión a la gran pantalla, el genio del cómic moderno no está viendo un dólar de toda la maquinaria que mueven las grandes productoras. Así, se ha hecho pública una sentencia en la que Lee podría recibir un 10% de los beneficios de las producciones para cine y televisión con personajes de la compañía desde noviembre de 1998, así como de los juguetes fabricados y vendidos por la compañía. El dictamen destaca que un jurado determinará si Lee debe recibir una parte de las muy lucrativas asociaciones con Sony Pictures y Universal Studios para la producción de productos derivados de los films de 'Spider-Man' y de 'Hulk'. La dimensión económica de esta decisión podría ser colosal, teniendo en cuenta el enorme éxito económico de muchas de las películas basadas en personajes de Marvel y de todos los productos relacionados. Ya iba siendo hora. Al César lo que es del César.
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jueves, enero 20, 2005
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David Fincher parece que volverá a ponerse destrás de las cámaras tras ‘Panic Room’, de la que han pasado ya tres años. Mucho se ha hablado del nuevo proyecto del director de ‘Fight club’. Sin ir más lejos en el Abismo se comentó la posibilidad de que el cineasta pudiera llevar a cabo 'Benjamin Button', basado en un relato del genial Scott Fitzgerald. Pero no será así. Empire ya ha adelantado su nuevo proyecto. Se trata de ‘El asesino del Zodiaco’, un thriller basado en hechos reales sobre un ‘psycho killer’ que mantuvo en jaque durante doce años a la policía de San Francisco y al que se le atribuyeron 37 asesinatos. La producción correrá a cargo de la Warner Bros y Paramount, de nuevo en coproducción. Jamie Vanderbilt, guionista de la injustamente vilipendiada ‘Basic’ está trabajando sobre dos libros centrados en este peligroso asesino escritos por Robert Graysmith, un experto en el tema y un multiventas con e. Todos temen que Fincher caiga en el facilismo que puede producir rodar una película tan paralela a ‘Seven’. la trama se alejará de la ficticia adpatación que llevó a cabo Don Siegel al tomar un personaje similar como 'Harry, el sucio'. Es una buena noticia, en cualquier caso, que el gran visionario del cine moderno vuelva a rodar una película.
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Me ha llamado la atención ese gesto que ha hecho Jenna, la hija más golfilla de esa dinastía extraña y oscura que siempre han sido los Bush durante la nueva ‘coronación’ de su padre como presidente, la segunda toma de posesión de George W. que consolida a su familia como una de las estirpes políticas más exitosas en la historia de EE.UU. El polémico signo gestual ha sido tomado por muchos como el saludo de todos los satanistas de la Iglesia que un día fundó Antón S. LaVey. Otras fuentes desdicen esta apasionante y totalmente creíble teoría afirmando que Jenna está haciendo el "Longhorn", uno de los gestos rituales de la Universidad de Texas. Pero lo cierto es que esta familia es muy satánica.
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No sé qué extraña razón me ha movido a escribir esto. Pero hoy, llevado tal vez por la alegría de la vida, el esplendor de los buenos instintos y mi añoranza al campo y las ovejas, me voy a centrar en una de las series de animación japonesas más emblemáticas e inextinguibles del último lustro. Una serie que pasará de generación en generación con una particular y sana afabilidad, con un sentimiento y una bondad casta y pura que, a veces, se hace necesario en un anime lleno de violencia y sadismo. Como contrapunto de la animación actual, ‘Heidi’ fue una serie que ha marcado a cada generación que la ha podido disfrutar, a cada niño que ha sentido las peripecias de un personaje imprescindible dentro de la iconografía nipona. La historia de la inimitable niña huérfana, triste y lánguida, a la cual envían a vivir con su abuelo, un ermitaño hosco, haragán y con mal humor llamado Alm (sí, tenía nombre) que vive en los Alpes suizos es una de las historias más conmovedoras que han pasado por la televisión española en su ya larga existencia. Aquella fábula, en realidad otro viaje iniciático de niña que aprende a sobrevivir en un mundo que le contraviene, partía en un principio con el abuelo de Heidi (un cabrón asocial, de rostro enjuto de bastante hijo de puta y mal bicho que, aparentemente, iba a hacerle la vida imposible a la candorosa pequeña), que no acepta su residencia en el lugar. A través de los episodios, el anciano, poco hablador y ceñudo va tomando por la niña un cariño muy especial, dada la inocencia y la bondad de Heidi. Hay que recordar, por supuesto, que lo que más le gustaba a Heidi era dormir sobre su colchón de heno, fabricar y comer queso, ordeñar ovejas (éstas dos últimas cosas por imposición del abuelo) y deslizarse en trineo en los duros y aburridos meses de invierno. En las montañas, encontrará la amistad de Pedro, un chavalote bastante inculto que se dedica a cuidar cabras y a hacer el vago (también), al que le une una relación muy especial de altruismo y cariño. En la mitad de la serie, cuando la cordialidad y la amistad alcanzan un momento en el que ya no es posible aportar más que conocimiento sobre la naturaleza y el amor y la vagancia de las montañas, la niña es reclamada por una tía para que se eduque en Viena. Allí trabaja como asistente de Clara, una chavala paralítica que está más blanca que Copito de nieve, dada su reclusión en una lujosa mansión bajo las estrictas normas de uno de los personajes más morbosos y enigmáticos de la historia de la televisión, la siniestra Señorita Rottenmeyer, una bruja que, a pesar de querer lo mejor para las dos chicas, resulta coñazo para las dos nuevas amigas, ansiosas de jugar y divertirse jugando a los juegos que le enseña Heidi a Clara. La nostalgia de la niña por el abuelito, por Pedro, por volver a hacer el vago y los Alpes hace que Heidi esté a punto de sufrir una terrible enfermedad. Lógico, si tenemos que cuenta que hasta entonces ha vivido la ociosidad inculcada del abuelo y el recreo constante con su mejor amigo cabrero. En su reencuentro con su hábitat en la montaña, le acompañará Clara y su supervisora. Allí, y después de vivir mil y una aventuras, la joven e impedida Clara (con las feromonas despertando su sexualidad y enamorada de Pedro y del ambiente campestre y sano que descubre por primera vez en su vida –tal vez fumen drogas tras las cámaras-) realiza la mayor proeza que jamás un humano vio. Un buen día, y sin proponérselo, Clara mira al horizonte, de un modo existencial y, como Lázaro, se levanta y se anda... hasta llegar a correr con Pedro, Heidi, Niebla, Copito de Nieve (el abuelo no, porque era un poco reumático) y con la sonrisa de la Señorita Rottenmeyer (que no sabemos muy bien qué le dio el abuelo, pero su carácter pasa a ser afable y extrovertido, casi de locaza felonzuela) satisfecha por los logros conseguidos por su pupila. Y como para no estarlo. Una inválida que, de repente, anda.  El anime consta de 52 episodios y fue una de las series de dibujos animados más recordados de la historia. La verdad es que, analizándola bien, ‘Heidi’ es una muestra de la intencionalidad subversiva (esta vez muy positiva) de aleccionamiento vital para las generaciones de niños que se identificaron y se identificarán durante toda la historia con este entrañable pequeña que ha sido uno de los paladines para que el Anime haya sido un éxito en nuestro país. O, tal vez, un panegírico insubordinado y turbulento que aboga por la desocupación, la diversión sin freno y la alergia a trabajar, como fondo de una sociedad en proceso de evolución. Las drogas, el nudismo, el hábitat natural y montañero y las relaciones sexuales entre niños también podrían ser un efecto maliciosamente camuflado en los buenos propósitos del anime. Aunque vamos a pensar que todo era precioso, perfecto y encomiable a favor de la amistad y la naturaleza bien entendida. Johanna Spyri, la creadora Todos hemos visto las aventuras de Heidi, pero pocos conocen su procedencia. ‘Heidi’, es una obra escrita e ideada por la escritora Suiza Johanna Spyri que, con su estilo y pericia, cautivó la literatura infantil. Sus obras se caracterizaron por escribir la vida de los niños en las aldeas de los Alpes, destacándose por la sensibilidad y la amenidad de sus relatos. Uno de sus más destacados libros es ‘Heidi’, por la cual miles y millones de niños aprendieron el proceso de la vida desde un vértice sensible y hermoso, para que relevara cuál había sido el destino de la niñita, el abuelo, de Pedro, de Clara, y de todos los personajes de una obra de dimensiones colosales. La autora (con más de 80 libros a sus espaldas) murió en Zürich en 1901. Como en estas ocasiones, y desgraciadamente, el público internacional comenzó a conocerla varios años después de su fallecimiento. Lo grande de la obra de Spyri es lo accesibles que le resulta a los niños lectores de otros países, alejados de las montañas, los valles, los lagos, donde la autora siempre vivió. Con el tiempo estas historias, surgidas de los inagotables y maravillosos recuerdos de la infancia de la propia Frau Spyri, por una razón u otra fueron de dominio público y el personaje de Heidi, como el de Alicia, D´Artagnan y el de Jim Hawkins, se constituyeron en propiedad de nuevas generaciones de niños en el mundo entero.
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miércoles, enero 19, 2005
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Esta mañana después de comerme unas tostadas, un zumo de naranja y un café (sé que esto huelga en este post, pero es para hacerme el sofisticado), terminando de leer (no sin bastante retraso) el penúltimo número de esa prestigiosa revista de calidad que es 'Dirigido’, cuando un dato me ha saltado a la vista (supongo que como a todos los que le hayan echado un vistazo): la gran película que copa la portada de la publicación, es decir, esa delicia paladín de la ‘nouvelle vague’ que es ‘À bout de souffle’ de Jean Luc Godard, carece de análisis. Me explico. Todo parece normal, propio de la calidad que atesoran estos ‘dossieres’ de la revista presidida por Ángel Fabregat, con estructura adecuada al texto, fotos de gran calidad, más o menos recreación en las palabras… El artículo debería estar, pero… lo curioso es que ¡no hay estudio de la peli de Godard! En su lugar han repetido la misma disertación del mismo autor sobre ‘La bella y la bestia’, de Jean Cocteau y Renè Clement incluida algunas páginas atrás. Un ‘corta-pega’ en toda regla, con puntos y comas. Igualito. Menos mal que en el número de enero que he adquirido esta misma mañana tras el susto, el reportaje está incluido en el especial dedicado a 100 obras maestras del cine europeo (de un modo subjetivo, claro está). La 'Fe de Erratas' explicaba que el estudio de la película de Godard pertenece a Jordi Bernal y las disculpas pertinentes. Por cierto, que Etore Scola ha quedado excluido y no han colocado ningún filme suyo entre los mejores. No es que no me apasione la obra maestra de Cocteau inspirada en la célebre fábula homónima de Madame de Beaumont que, como todos sabemos, versa acerca de un monstruo que sólo recuperará su primigenia configuración humana al ser amado sinceramente por una muchacha de buen corazón y que sirvió al cineasta francés para magnificar su excelente labor artística irradiando su mágico mundo de exquisito poeta y cineasta. Una película que todos los críticos consideran su filme más inteligible, tal vez el más delicado, que esconde bajo esa su falsa apariencia de cuentos de hadas, una extravagante imaginería que aúna los componentes básicos de la obra de Cocteau, cargados de resonancias freudianas y claves homoeróticas. A lo que voy. Leyendo la revista, he sentido unas inmensas e irrefrenables ganas de revisitar ‘Al final de la escapada’, de esas ganas mórbidas, necesarias, adictivas. Y he recurrido a mi videoteca para disfrutar, como hace mucho tiempo, de esta revolucionaria cinta. Una filia de la que siempre he sido consciente ha sido el eterno influjo hechizador que ha tenido sobre mí Jean Seberg. Desde pequeño, procedente del embrujo de esta actriz, me gustan las mujeres con el pelo muy corto y, atribuido a ello, encuentro la parte más erótica femenina en el cuello. La perfección de una fémina, subjetivamente hablando, se encuentra en esa pequeña y sensual hendidura que se forma en la cerviz femenina. Si no tienen un determinado tipo de cuello, ya puede ser una belleza modélica que no colmará mis fantasías. Más allá de esta absurda filia fetichista, ‘Á bout de souffle’ sigue perdurando como una obra de desvergüenza inextinguible e imperecedera. Observando el nacimiento y la evolución de esa nueva ola que constituyó la Nouvelle Vague, la película de Godard ha perdurado, además de la más accesible del movimiento, la que realmente rompió formalmente con las reglas de la gramática cinematográfica, abogando por una estética libre, saltándose a la torera cualquier pauta del cine convencional. Antinaturalista, con saltos de raccord intencionados, ruptura de montaje funcional, saltos de eje, miradas a cámara para recibir órdenes visuales, improvisación sin tiempos y un grado de afectación disoluta son los elementos que Godard impuso a unos espectadores que asistieron a nuevas formas de lectura fílmica  La relación que se entabla entre Michel Poiccard, también conocido por Laszlo Kovacs, un ladrón de coches que acaba de asesinar a un policía y Patricia Franchini, una joven norteamericana que quiere ser periodista es un bello relato de tono ‘semi-documental’, filmado con la cámara al hombro, con quiebres narrativos y diálogos improvisados que rendía un sentido tributo al cine negro americano. Si bien sus referencia de tono pedante y literario que alude a Faulkner o Dylan Thomas, axiomas existencialistas (ilustradas en Parvulecso, cineasta al que da vida el maestro Jean Pierre Melville) y cierta grandilocuencia, la ‘opera prima’ del director francés es una declaración de principios del movimiento transformado en un sublime canto a la libertad tan espontáneo como necesario. Ese final con los neones avanzando su desenlace, las miradas entre los dos protagonistas, ese proceso de nihilismo en contraposición con la dulzura, el conflicto interna entre el sentimiento y la prudencia, la razón y el corazón… Perfecta. De visión obligada. Uno de los filmes que más influencia ejercieran sobre todo el cine realizado con posterioridad, es hoy un clásico imprescindible en la historia del cine. La historia de amor entre Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg en pantalla, bajo la pegadiza partitura de Martial Solal, despierta una amoralidad crispada de pudor, de franqueza y de sensibilidad. ‘Á bout de souffle’ es, consecuentemente, una de las mayores obras maestras que se han realizado jamás
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martes, enero 18, 2005
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Pésimo circunloquio histórico Oliver Stone desperdicia su oportunidad de brindar lo mejor del cine épico para formular un file artificioso, exagerado, paupérrimo y rácano. ‘Alejandro Magno’ podría haber supuesto el regreso de un controvertido cineasta como Oliver Stone a los mejores designios de una filmografía en visible decadencia desde hace más de una década. El descomedido presupuesto dispuesto para llevar a cabo la biografía del gran conquistador macedonio era la oportunidad idónea para el reencuentro de Stone con el cine de calidad, épico y comercial que le permitiera salir de su particular crepúsculo creativo. Pero no ha sido así. Oliver Stone lleva mucho tiempo perdido en su ombliguismo, en su megalomanía, en el personaje que ha creado más allá de su condición de director de cine. Su pretensión de reconvertir esta onerosa superproducción en una película histórica, fiel y emocionante le ha salido francamente mal, frustrada por la poca solidez que ha mostrado a la hora de desplegar una producción que le ha venido grande después de haber concedido a Fidel Castro dos documentales sobre la figura demagógica, elocuente y dictatorial del líder comunista. Alejandro nació en Macedonia en la ciudad de Pella (actual Grecia). Era hijo de Filipo II, rey de Macedonia y de Olimpia, hija del rey de Epiro Neoptolomeo. Educado por Leónidas y Aristóteles, ferviente lector de Homero, desde muy temprana edad mostró gran interés por el Imperio Persa e invadió Macedonia, sumando a ella todo el mundo conocido en aquella época. Magno es considerado la mayor figura política de la Antigüedad, un gran estratega militar y creador del mundo helenístico, donde la cultura clásica se vio enriquecida con las aportaciones orientales. Una carrera frustrada por la prematura muerte del imperialista.  Con estos conceptos históricos, Stone lo tenía todo para hacer la película más personal y trascendente de su vida, pero la colosal maniobra se le ha escapado de las manos a un cineasta que sigue empeñándose en mostrar su signatura y personalidad en cada plano, jugando con gamas cromáticas cuando le viene en gana, disponiendo la narración de forma torpe y desvinculada de cualquier equilibrio y perdido en sus delirios de grandeza. Algo que le equipara a su personaje, pero que sigue dejando claro su absoluta incapacidad. Más si es para retratar con coherencia la excepcionalidad de un personaje como Alejandro Magno. Presentada como una insulsa soflama heroica, siempre obsesiva, sobre los pilares que sustentan el poder y los riesgos que éste supone, la cinta empieza en un pasado que administra a modo de ‘flashbacks’ la historia del conquistador por medio de Ptolomeo, narrador personificado por Anthony Hopkins, cronista de gran obviedad y mediocre redundancia en lo que se quiere detallar. Es el primero de los errores en los caerá Stone a lo largo de un filme al que le sobra didactismo, excesos de todo tipo, en los cuales la licenciosa grandilocuencia marca el estilo infantil y engorroso de todo el metraje. ‘Alejandro’ se sitúa para ello en un cine rácano en batallas, escaso de inteligencia y espectacularidad, como la que se espera de una historia centrada en el mayor conquistador de la historia.  Stone prefiere centrarse en la visión enfática del personaje, circunscrito a una pátina de declamación, de tesis visual erigida como supuesta historia en manos de un realizador petulante, megalómano, como casi todos los personajes de su filmografía. Al mismo tiempo, el filme se hace eterno, indefinible, sobre todo por su imposibilidad de condensar el metraje. Por ejemplo, en los lapsos de la infancia traumática de Alejandro con sus padres, las ridículas lecciones del gran Aristóteles a sus ya amanerados pupilos, el recorrido histórico a la mitología que hacen Filipo y su hijo, la doma de su fiel caballo Bucéfalo, su ilimitada ambición por conquistar, la muerte de Filipo que viene dada en un regreso atemporal que no viene a cuento. Y así, hasta llegar a la monotonía. Todo está trabado y resulta soporífero, a lo que se adiciona la rimbombante música de Vangelis. Stone tiene como finalidad mostrar al hombre que había detrás del conquistador, al individuo atormentado desde su infancia, con la importante presión psicológica que ejercieron sus progenitores sobre él, a los que odia y ama a partes iguales, sin prestar mucha atención al ámbito bélico (sólo a las necesarias, obligado por el género en que se inscribe y el dineral que ha costado), cediendo el protagonismo al cosmos filogay que escondía el mundo heleno pretérito, dilatándose en las pasiones exacerbadas, en el débil carácter de un líder fortificado con el tiempo. Es ahí el lugar de mayor desacierto, en la relación entre Alejandro y Hefestión, siempre patente y redundante, pero nunca definida en su totalidad, posicionándose de forma subvertida en la bisexualidad del macedonio, pero sin el valor suficiente para explicitar lo que sugiere. La relación entre ambos podía haber quedado definida por algún retazo explícito, y así poder ajustarse más en la vida y milagros del conquistador, pero termina redundando absurdamente en breves abrazos de colegas y frases ambiguas. Algo lamentable.  ‘Troya’, de Wolfgang Petersen hizo bien en dejar a un lado el vínculo sexual entre Aquiles y Pátroclo si tenemos en cuenta el resultado de todo ello en esta patraña de Stone, pertinaz en la predisposición a un cierto exhibicionismo de la doble orientación de Alejandro, que concluye en un tratamiento superficial del asunto. Si tanto le interesaba esta pasión recíproca entre el macedonio y su general, poco se ha notado en el filme a la hora de representar la muerte de Hefestión en Ecbatana, cuando el imperialista, atormentado, derribó el templo de Esculapio, mandó apagar los fuegos sagrados de toda Asia e inmoló sobre su tumba a los coseos, que se habían sublevado por aquellos momentos. A Oliver Stone eso no parece importarle porque lo ha obviado. De hecho ‘Alejandro’ es un deplorable curso avanzado de historia antigua para niños, ya que se toma licencias de toda índole, escarneciendo las batallas de Gaugamela, donde 50.000 griegos se enfrentaron a los 250.000 persas de Darío y la que acontece contra el rey Poros y sus elefantes, los macedonios tenían mapas en latín y Alejandro escribe las cartas a su madre en inglés. Al director le sobra con mostrar y alargar la muerte de Clito en manos de Alejandro, pero excluye los asesinatos de Parmenio o Calístenes, reincidiendo sin embargo más de una vez en el día en que Filipo fue asesinado por Pausanias, pero hace desaparecer la sublevación de Grecia llevada por Demóstenes. Tampoco hay rastro de los tribalos, getas e ilirios que también quisieron la invasión de Macedonia antes que Alejandro.  La película podría haber encontrado sus mayores virtudes en la progresiva identificación de Alejandro con los elementos persas que se señalaron no sólo en el origen oriental de las tropas reclutadas y en el nombramiento de sátrapas para el gobierno de las regiones conquistadas, sino también en su propia vida personal, cosa que a Stone interesa, que ambiciona mostrar, pero le vale con meter con calzador el matrimonio con Roxana según el rito iranio y exigir a los macedonios que le saludaran postrándose ante él según el gesto de adoración que los persas realizaban ante sus reyes. En ese terreno es donde se comprueba el insustancial tratamiento de los personajes, de una futilidad exagerada, que desluce cualquier personaje secundario, todos de ellos mal dibujados, convirtiendo las conquistas del protagonista en banales, muy lejos de los sueños de grandeza que iluminaron los días del héroe macedonio, ilustrados en la pobre imagen de los hoplitas griegos atravesando la selva india, que resulta de lo más ridículo visto en el cine bélico e histórico moderno (y sin entrar en detalles sobre la planificación de la batalla y los elefantes). Ni siquiera una estupenda Angelina Jolie, muy por encima de un histriónico Colin Farrell y del resto de secundarios mal aprovechados ( Val Kilmer, Christopher Plummer, Jared Leto, Jonathan Rhys Meyer y Rosario Dawson (¡¡qué tetas, madre mía!!), hace que el espectáculo sea un tanto digno.  Si a eso le añadimos la habitual e insistente capacidad de Stone para promover lo que él cree que son nuevas y lúcidas formas narrativas, ya sean argumentales o visuales, con un abuso de la estética convulsa y policromática, tenemos un filme rácano en interés y épica histórica, pretencioso en su encopetamiento formal con su plétora de lentes y ópticas (el filtro enrojecido y lisérgico de la batalla final es vergonzante), la carencia de ideas a la hora de poner en práctica la dinámica de las escasas y mal llevadas batallas y su exigua coherencia en la digitalización de las masas o la creación pixelada de los fondos de Babilonia perfilan a ‘Alejandro’ como un filme pobre y errático, que adopta un extraño y antitético trasfondo de deslustrado y marchito cine rancio, de serie B. Algo que no entraba en los planes de este arrogante cineasta que ha desperdiciado una millonada para confeccionar una cinta artificiosa y exagerada. Una teatralización hiperbólica de la Historia demasiado cara y aburrida. Miguel Á. Refoyo © 2005
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 1920-2005Se han ido, así de repente, la princesa Margaret, Marie Derry, Rosalind van Hoorn, Colorado Carson, Verna Jarrett, Carla North y, sobre todo, Anne, la musa del pirata Dardo Bartoli y de mi infancia... Todas ellas en el irrepetible y dulce rostro de Virginia Mayo. 1915-2005También echaremos de menos, aunque no tanto (hay preferencias) a Emily Norton, la esposa de Charles F. Kane en 'Ciudadano Kane'. Es decir, a Ruth Warrick, intérprete que debutara junto Orson Welles en su 'opera prima'. Warrick no fue una estrella de renombre como Mayo, pero sí tuvo su momento de gloria dando vida a Phoebe Tyler Wallingford en la telenovela de éxito en USA 'All My Children' (una serie que hace un mes cumplía 35 años de emisión). Qué mal hemos empezado este 2005, de verdad. PD: Tengo que abandonar este tipo de posts, porque esto en vez de un weblog va a parecer un obituario. Pronto, pediré una oración por sus almas o cosas por el estilo.
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Hace poco tiempo las Bratz, unas muñecas con piercings, tatoos, plataformas, pinta de putillas y un aire a lo ‘bad girl’, destronaron a la eterna Barbie tras más de cuatro décadas siendo la más vendida. Lo último supera cualquier logro en el mundo del ocio infantil; ahora las niñas (y, dentro de poco, por qué no, los niños) pueden tener como muñecas de comparsa un clon exacto de ellas mismas. Es, indudablemente, la novedad más ‘guay’ y aclamada de los últimos tiempos. Las Twin Dolls, de la empresa Littleton, recrean a imagen y semejanza el clon en miniatura de la foto que reciban, reproduciendo al milímetro cualquier rasgo (pelo, ojos y gestos) de la niña indicada. En su página web, se puede ‘custumizar’ (palabra ya aceptada en nuestro vocabulario –que viene a ser lo mismo que ‘tunear’ en el ámbito automovilístico-) seleccionando una amplia gama de características; se puede elegir entre 5 tonalidades distintas de piel, 8 colores diferentes de ojos y pelo, 11 peinados, 15 contexturas corporales y varias formas de lunares. Y esta idea ¿de quién proviene? Pues un gilipollas, flipado de la vida, que en este caso es un médico pediatra (como el que acaba de decir que un supositorio puede generar dudas sexuales en un niño cuando sea mayor) que cree que esta identificación puede ser muy positiva para los infantes. Por 119 dólares una niña puede tener una ‘Twin’ igualita que ella, como una inquietante Tiffany (la novia de Chucky) exacta a ella. Lo que yo me he preguntado es ¿qué hubiera sido de nuestra infancia con un Madelman análogo a nosotros, un clon exacto? ¿Nos habría subido la autoestima? Lógicamente, en los supuestos enfrentamientos con otros muñecos habríamos salido invictos, como titanes, pequeños héroes en un mundo de muñecos. A lo mejor hubiera cambiado alguna que otra contrita forma de ver la vida. Pensándolo mejor, creo que no. Aunque no me desagradaría verme ahora, ya con barba, gordo, medio calvo y adulto, reproducido en una especie de marioneta freakie de mí mismo. Prefiero no imaginarlo. Lo cierto es que estas muñecas causan furor entre las chavalitas estadounidenses. ¿Y si se rompe o quieres hacerle algún cambio de pelo, incluso si la niña crece y el rostro cambia? No pasa nada ¿Que a la niña le crecen unas voluminosas ubres? Tampoco. Se manda al ‘My Twin Doll Hospital’ y, previo pago, te devuelven la muñeca optimizada, retocada y actualizada para que siga siendo igual que ella… el resto de su vida… Acojona.
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Esta tarde, haciendo limpieza de VHS’s y mirando el contenido de muchas de mis cintas apiladas en descolocados bloques, he descubierto una joya que creía borrada, extraviada, perdida en la memoria de mi dilatada compilación de cintas en soporte videográfico destinada a extinguirse, pero aún aguantando el tirón del DVD, inmune a la nueva era. Se trata nada más y nada menos que ‘La casa de bambú’, de mi gran tótem, de Samuel Fuller, el pequeño gran Sam, ese Dios cinematográfico al que tanto admiro e idolatro. En un pequeño retazo memorístico he recopilado mentalmente la historia del sargento Kenner, de cómo en su comienzo intenta amenazar a un pobre japonés para que le pillen y así infiltrarse en la banda de Dawson, un soldado estadounidense desmovilizado en Tokio que dedica a la delincuencia organizada. He sentido con sólo tocar la cinta, la forma en que Fuller contenía una violencia que parece que está a punto de saltar por todos lados. Una violencia seca, sin ningún efectismo, de esa violencia que acojona. Me ha venido a la cabeza la secuencia final en el parque de atracciones (no sólo Hitchcock sabía finalizar sus películas en sitios de altura que pasaran a se legendarios), en la que Dawson muere de un disparo certero. Pero lo que más me gusta de esta película es la relación que se establece entre Keener y Mariko, ella creyendo que es Eddie Spanier, un amigo de su marido. Ese acercamiento entre los dos, esa fidelidad y amor latente es lo mejor de la película. Como la utilización de ese eterno nombre que fluye en toda la filmografía de Fuller: Griff.  Creo que Fuller llegó a decir varias veces de la secuencia de máximo apogeo de violencia entre Kenner y Dawson que se trataba de “una secuencia de violencia y erotismo entre dos hombres”. Y así es. La he puesto como pendiente para verla esta semana y empezar a escribir en este blog del hombre por el que un día decidí dedicarme a escribir historias, aquel por el que quiero llegar algún día a hacer cine, el cineasta que, más allá del célebre autor al que todos empiezan a reconocer, se ha transformado en un mito sin el que el cine no tendría la grandeza que tiene. Sam Fuller ha sido y será para mí el realizador a rezar. Seguro que esta noche acabo soñando con la II Guerra Mundial, con del periodismo de Park Row, con racismo soterrado de un chucho callejero, con la locura, con el cine, la vida y, por supuesto, con Balzac. Quedaos con esa cita que religiosamente me viene a la cabeza nada más empezar un guión y que proviene de la sabiduría eterna de Fuller “cuando no notes que con la primera página de tu guión se te pone dura, tíralo inmediatamente a la basura”. Amén.
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lunes, enero 17, 2005
 Parece que la actualidad me ompone el tema: Alejandro Amenábar ha ganado el Globo de Oro. Enhorabuena a Bovaira y a Ami. Pero esto, no es noticia. No ha tenido la más mínima emoción ¿Acaso alguien dudaba que no iba a ganar? Lo extraño era esa absurda sensación de euforia desmedida que daba a Javier Bardem el galardón también al mejor actor. Siendo extranjero y con una película en otro idioma qué se esperaba. Sólo Benigni y su lacrimógena ‘La vida es bella’ (extrañamente ‘Mar adentro’ tiene mucho de la sobrevalorada cinta italiana) hicieron ver una extraña confabulación de Hollywood con aquella comedia dramática a lo más puro ‘tear jerker’. Por eso, es incomprensible que los medios se sigan obstinando unánimemente en utilizar frases tan prosaicas como “Leonardo Di Caprio le ha arrebatado el premio a Bardem” o “La injusticia llegó cuando Di Caprio se llevó la estatuilla que pertenecía al español”. Creedme, lo he oído ¿Tenía Javier el premio en propiedad y se lo han sustraído en un descuido mientras se ha ido a mear? ¡Venga ya! A veces (cada vez más) entiendo menos esta profesión en la cual me licencié para malvivir sin cobrar un euro. Dato curioso (e intrascendente): Es la segunda ocasión en que Scarlett Johansson entrega un premio a la película española. El primero, la Copa Volpi a Bardem como mejor actor en Venecia. No volveré a insistir en la inmensidad de esta actriz, pero podría. Otro tema que no puedo dejar pasar por alto es la gran pregunta: ¿Por qué el productor tiene que subir al escenario con el director? ¿Qué sentido tiene ver a Bovaira ahí detrás, haciendo bulto, de vela, estando de más…? Me ha recordado al instante en que Andrés Vicente Gómez agarró a Fernando Trueba del brazo y subió hasta donde se ubicaba Anthony Hopkins para recoger su Oscar en el 93. Siempre me dio la sensación de que, de cara al espectador extranjero que viera la gala, Trueba era un ciego que necesitaba el brazo lazarillo de alguien para poder acceder a su merecido premio.  Estaba muy claro que Ami y su filme sobre Ramón Sampedro iba a llevarse el premio de la crítica extranjera en Los Ángeles. Tanto, como que ganará esos 12-13 Goyas y el Oscar a la mejor película extranjera. Es 'box populi'. Lo que ya no entiendo muy bien es qué coño habrá hecho el pobre Martin Scorsese para que le traten como le tratan. Vale, sí. Alguien me dirá que su ‘The aviator’ se ha llevado tres estauillas esta pasada madrugada, que ya ganó el suyo con la excelente ‘Gangs of New York’, pero este desplante al entregarle el premio a Clint Eastwood (ojo, que no hemos visto ‘Million dolars baby’) ya empieza a anticipar que este año tampoco le van a conceder el Oscar que el maestro italoamericano se merece desde hace tiempo. Y desde esa ecuanimidad, reconocerle como uno de los grandes de la historia del cine, ya que los Oscar son premios tan caprichosos e inconsecuentes, por lo que esta vez podrían hacer justicia histórica y darle uno. Confieso que me ha dado pena observar al pequeño maestro de su rostro cercano, amable, prodigando bondad con sus sonrisas, aplaudiendo a Eastwood recoger su premio de manos de un Ron Howard al que le debe dar vergüenza mirar su Oscar por esa desfachatez que fue ‘Una mente maravillosa’. Por supuesto, no quiero, como he escrito antes, restarle méritos a Eastwood, pero es que uno va envejeciendo y termina encariñándose de unos más que de otros. A pesar de ello Marty puede darse por satisfecho gracias a la película que ha parido. Tengo que confesar que estos premios cada vez me aburren más. Tanto boato, expectativas compradas, decoro incongruente, sonrisas estudiadas, televisión custodiada al milímetro, con férreos guiones que desvirtúan las inexistentes sorpresas improvisadas que se puedan dar. No me extraña que Billy Cristal esté agobiado de tanta presentación de Oscars. En definitiva, que el sopor y el tedio terminan por ser dos invitados más a este tipo de galas. Resulta mucho más curioso lo irrelevante e impopular que rodea a tanto ornamento, frivolizando en los pequeños destalles que desconocemos, como que este año a los presentadores, la Asociación de la Prensa les ha dispensado unas bolsas de regalos ‘de luxe’, valoradas en 38.390 dólares (ni uno más ni uno menos) que incluían un brazalete, un reloj Chopard, un ineludible MP3, copas de Martini con coctelera a juego y bombones Godiva ¡That's entertaiment, dear friend! Aunque hay alguna que otra pregunta interesante de cara a los Oscar (gala que, aún clamando a los cuatro vientos su futilidad y bagatela, veré como cada año): ¿Scorsese ganará por fin? ¿Di Caprio habrá olvidado que fue el único pardillo que no fue nominado por ‘Titanic’? ¿La frágil Natalie Portman se llevará uno? ¿Se olvidarán (como han hecho en los GG) de Tom Cruise por su estupendo trabajo en ‘Collateral’? ¿Jaime Foxx (que bien pordría estar nominada como secundario por la cinta de Mann) volverá a entonar gorgoritos a lo ‘Ray’? ¿Habrá sorpresas o Anette celebrará su Oscar? ¿Ganará Howard Shore dos Oscars seguidos? ¿Alguien enseñará un pezón sin aros en forma de sol?  Por cierto, lo mejor de la gala de estos Globos de Oro no han sido los premios, ni siquiera la efervescencia del júbilo por parte de los ganadores. Lo mejor de la noche ha estado en ver a una exuberante, apoteósica, magnánima diría yo, Charlize Theron, todavía con el look de ‘Aeon Flux’, teñida de morena y exultante, entregar el premio a Di Caprio. Si Dios existe es porque imperan mujeres como esta diosa de la belleza. Y lo puedo decir con total y juicioso discernimiento, ya que he tenido a la Theron muy cerca. Y es sencillamente perfecta, absoluta, toda ella.
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domingo, enero 16, 2005
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Gracias al siempre resolutivo Rafa Gil y su imprescindible weblog Nopodemosmas (es una lástima que no escriba a diario, ya que es un auténtico 'crack') he podido acceder a una weblog que desconocía hasta hoy. He leído esta recomendación y os aseguro que cuando he terminado se ha producido el primer gran momento de carcajada de 2005. Esta bitacorilla lleva por título 'Fuckowski, memorias de un programador'. Desconozco quién es el autor, pero lo cierto es que el humor en forma de literatura se hace un hueco con el genial talento de este chavalón. Sencilla y llanamente: me he descojonado de risa. Mítico. Gracias Rafa, por estos momentos de hilaridad absurda.
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Pues un nuevo divorcio acaba de materializarse en Hollywood. Y no me refiero a uno del tipo Brad Pitt y Jennifer Aniston. Qué va. Revisando la sección profesional de IMDB (lo sé, es sólo para alardear), me ha llamado la atención la desunión que asociaba a dos potencias productivas como la Miramax de los hermanos Weinstein ( Bob y Harvey como todos sabéis) y la Walt Disney Co. En Los Ángeles Times del viernes se informó de que la Disney había aceptado pagar los más de 100 millones de dólares de indemnización que han pedido los hermanos que más nominaciones atesoran de los últimos años por sus películas. Lo que no se sabe aún es cuánto pagarán los hermanos más ricos de Hollywood por los derechos de los proyectos que tienen en común ambas compañías. Disney se queda con el nombre de Miramax, aunque permiten que los Weinsteins se queden con Dimension, la que será a partir de ahora la fuente de la que se originen las películas de estos dos productores. Primero, la Pixar de John Lasseter y ahora los Weinstein ¿Quiere decir esto que estamos asistiendo al principio del fin de la factoría del tío Walt?
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1930-2005 Si me gustara la ópera le dedicaría unas líneas a la muerte de Victoria de los Ángeles, una de las sopranos más importantes del mundo del cante lírico. Pero como en mi vida el cine ocupa una desproporcionada parte, prefiero consagrárselas al gran Agustín González, un actor con un talento para la comedia y el drama que pocos intérpretes han sabido ofrecer de un modo tan honesto y profesional. 'Plácido', 'Atraco a las tres', ‘Tamaño natural’, ‘La regenta’, ‘El nido’, ‘Volver a empezar’, ‘La colmena’, ‘Las bicicletas son para el verano’ y la trilogía nacional de Berlanga fueron algunos de sus trabajos más recordados. Así mismo, Forqué, Saura, Berlanga, Gonzalo Suárez, Prosper, Eceiza, Martínez-Lázaro, Fernando Fernán Gómez, Camus y, sobre todo, José Luis Garci tuvieron la suerte de trabajar con él. Y él de ser una pieza clave en la historia de nuestro cine al participar en cintas firmadas por los más grandes. De las más de 160 películas en las que intervino me quedo con tres papeles que sempiternamente quedarán grabadas en mi memoria por lo antológico y entrañable de sus imágenes, de la capacidad actoral vertidas en cada uno de sus trabajos. Don Luis, ese cura blasfemo y putero de 'Belle Epoque', de Fernando Trueba, que sólo él podía crear de forma tan irreprochable, el padre de Gabino Diego y Jorge Sanz en ese clásico moderno en que ha terminado por convertirse la excelente ‘Los peores años de nuestra vida’ y, sobre todo, su rostro desencajado, confinado en ‘La cabina’, de Mercero, cruzándose con la mirada de ese otro genio de la interpretación que es José Luis López Vázquez. Siceramente, me siento mal, porque uno de mis deseos culturales para este año intención era ver en Madrid, en el Teatro Reina Victoria la obra 'Tres hombres y un destino', junto a José Luis López Vázquez y Manuel Alexandre. Su último trabajo. Se ha ido un maestro. D.E.P.
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Esta mañana me he levantado, además de con la habitual resaca dominguera, con el sentido del deber en este cuerpo serrano que tengo, percibiendo que debía leer 'El tratado por el que se establece una Constitución Europea' que han entregado gratuitamente con los tres periódicos que se compra aquí en mi casa. Y así ponerme al corriente del contenido de este tratado que tanto ha dado que hablar. Tres constituciones, ahí, encima de la mesa, tan azules y editadas con el esfuerzo de unos trabajadores a los que por poco se les jode la Navidad porque estuvieran esta mañana en nuestras casas esperando ser abiertas y leídas. La he mirado y he echado una ojeada al preámbulo, el que habla del rey de los belgas y todos los mandatarios de Europa. Y, de repente, se me han quitado las ganas de seguir, sin ningún motivo aparente. Supongo que esto mismo que me ha pasado a mí, le habrá pasado a muchos de los españoles que votarán el próximo 20 de febrero. España, país de contradicciones, sí señor. Desde el gobierno se quejan de los españoles están pasivos ante el tema, que deben comprender la importancia que tiene el tratado. Pero a mí me da que mucho votarán que sí por inercia. Mientras, he preferido leer las gilipolleces de la ministra Carmen Calvo el suplemento regional de 'El Mundo' respecto al polémico Archivo Histórico y la inminente devolución de los eternos legajos catalanes. Eso sí que ha tenido gracia. Y mucha. A ver si se los llevan de una vez y se acaba, de paso, con este ridículo circo en que se está transformando el tema.
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sábado, enero 15, 2005
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El nunca bien ponderado Chiquito de la Calzada hizo famosa (amén de un lenguaje privativo que arropó a varias generaciones de gente con ganas de divertirse) la frase “Tienes más tonterías que el salpicadero del Coche fantástico”. Vale. Todos recordamos con nostalgia (unos más que menos) aquella serie que empezaba con la leyenda “ El Coche fantástico es una trepidante aventura de un hombre que no existe en un mundo lleno de peligros… Michael Knight, un hombre solitario embarcado en una cruzada para salvar la causa de los inocentes, lo débiles y los indefensos, dentro de un mundo de criminales que operan al margen de la ley…”.  Seguro que la sintonía de la famosa serie de sobremesa suena en vuestras cabezas. Seguro que otros (entre los que yo mismo estaría) están pensando en Bonnie, en Patrica McPherson y un buen revolcón en aquel camión de la ‘Fundación para la Ley y el Orden’ donde hacía la puesta a punto de K.I.T.T. El caso es que esta gran serie protagonizada por un David Hasselhoff adicto al ‘mullet’ y a las chupas de cuero nos ha dado muy buenos momentos televisivos y una iconografía que todos recordamos con añoranza. Por cierto, que ahora que he hablado de Bonnie, me viene a la memoria Rebecca Holden, la rubia actriz de cardados imposibles que daba vida a April Curtis. Umm... Bueno, a lo que iba. Que lo importante de la serie era el coche, el mítico Pontiac Trans Am de tecnología punta y parlanchín donde los hubiera, con aquélla inmortal luz pendular en el morro, fuente indudable de inspiración para adeptos a ese mal estético disfuncional del motor llamado 'tunnig'. Volviendo a la frase de Chiquito, podéis ver y seguir un recorrido por el interior del coche que tantas tardes no amenizó cuando éramos jóvenes o niños. Sólo tenéis que ampliarlo y ver dónde estaba cada botón que accionaba las sorprendentes funciones de este singular vehículo. Es algo inédito que he escaneado esta misma tarde procedente de mi base de recortes y demás recuerdos infantiles. Es una chorrada, pero espero que os guste.
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viernes, enero 14, 2005
 La más audaz crónica histórica de Spike Lee Este filme, posiblemente uno de los mejores (si no el que más) del antaño valedor y paladín de los afroamericanos en el cine contemporáneo, Spike Lee se desprendió con ‘Summer of Sam’ de cualquier alegato o embate para ofrecer un aséptico y sobrio ‘thriller’ a modo de arriesgada crónica social en la que las relaciones humanas, las felonías y la lealtad se fusionan en un ambiente de terror claustrofóbico, con los asesinatos del célebre ‘psycho-killer’ David Berkowitz como telón de fondo, para narrar un verano de calor sofocante en una comunidad italoamericana. Muy cerca en este aspecto de la visión brusca y magistral de Scorsese y su cine ‘de mafia’ en cuanto a un nivel estético y la dificultad de su ritmo narrativo, el director de ‘Malcolm X’ (a modo personal, mi película predilecta de Lee) expuso un escrutinio histórico lleno de matices y referencias que tuvieron lugar en aquel verano del 77 en el barrio neoyorquino del Bronx, intercalando unos personajes creados con la realidad que conmocionó a un país, germen de los propios psicópatas como líderes de los ‘mass-media’. Como una suntuosa miscelánea de los temas ya expuestos por el cineasta a lo largo de su excelente obra, ‘Summer of Sam’ impone un ritmo descriptivo fascinante y diligente, que subsana los fallos de un guión abundante y exagerado con una vitalidad desbordante, llena de virtudes. Algo así como si Lee hubiera querido contar demasiadas cosas en poco tiempo, pero finalmente resuelto con un insólito equilibrio que hacen de este filme un excelente florilegio de la trayectoria de un cineasta afroamericano que no duda en insertar (de modo un tanto subversivo esta vez) alguna puntilla en contra del hombre blanco y de la sociedad que compone, ejemplificado en ese forzoso autocameo que siempre se impone Lee en casi todas sus películas.  La fuerza de esta excelente obra reside en su narración descriptiva, en la fuerza de cada plano, en el vigor de una percepción privilegiada, en saber cómo y cuando situar la cámara, en reflejar cada anécdota real y en definitiva, recrear una historia ficticia en un ámbito histórico real. Dinámicas y expeditas, todas las subtramas que se entremezclan imponen sus propias fronteras, caminando de forma adyacente hacia un magnífico final donde todo lo que compone el grupo de protagonistas y sus relaciones personales (amistades traicionadas al fin y al cabo) se desmoronan en el mismo instante en que ‘El hijo de Sam’ es arrestado y todo parece volver a su cauce. Todo, menos los propios personajes del guión de un profesional y flemático Michael Imperioly que expuso sus mejores roles de ‘losers’ en toda regla, con una cierta distancia, pero valedores para que el espectador vaya conociendo todos sus matices, sin dejar abandonado a ninguno de ellos. En esta revisión histórica de la crónica negra de los Estados Unidos, destacó, con particular lustre, un Adrien Brody por entonces desconocido, en perfecta sintonía con la dinámica del filme. Al futuro ganador del Oscar, se le unían intérpretes que realizaron sus mejores trabajos hasta la fecha, en especial el siempre efectivo John Leguizamo y la exuberante Mira Sorvino, así como el descubrimiento de una actriz de carácter como es la excepcional Jennifer Esposito. ‘Summer of Sam’ tal vez carezca de un enérgico sentido unitario (como la languidez de alguna de sus historias), pero lo que sí obtiene esta última película de Lee, vista con la distancia de los años, es la solidez y la sutileza que engloban el total de una película que supone unos de los mejores filmes que haya rodado hasta la fecha Spike Lee.
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El Lado Oscuro de la Fuerza pervive incluso en las patatas, una maldad tubércula al alcance de los coleccionistas más 'freakies' de la famosa saga creada por George Lucas. Y es que el Lado Oscuro de los Sith es tan atractivo que hasta Mr. Potato ha optado por pasar a ser Darth Tater, mucho más amenazante, seducido también por la tentación del emperador Palpatine. Playskool ha lanzado este muñeco actualizado en versión galáctica con todo tipo de complementos, inlucida la espada láser.
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Mandarín, hsiang, kan, hakka, wu, fukienés y cantonés. Posiblemente os suene a chino. Y sí, así es. Son los dialectos chinos que están provocando una auténtica guerra en el costado más oriental del mundo, como cuando vemos en congreso chinos a pequeños señores de ojos rasgados golpeándose incesantemente, con gafas saltando por los aires, papeles volando y policías que parecen sonreír sempiternamente procurando separar la tangana. La filosofía taoísta no sirve de nada cuando a un chino se le enciende la mala hostia. El enfrentamiento esta vez ha llegado procedente de un asunto que a los occidentales nos deja un poco perpelejos. Han prohibido emitir por televisión los dibujos animados de Tom y Jerry por el conflicto de dialectos en los que hablan. El gobierno chino quiere imponer el mandarín como lengua nacional (el 70% de China lo habla), pero los reductos de otras lenguas milenarias se oponen y niegan a esta normativa nacional. Si os habéis parado a pensar, esto es absurdo ¿Por qué? Porque Tom y Jerry ¡¡no hablan en los dibujos originales!! Aunque esto no es óbice para sí que lo hagan en China. Doblados a los dialectos regionales, los dibujos animados del gato y el ratón han sido grandes éxitos televisivos. Pero el gobierno central, que por décadas promovió el mandarín, ha ordenado poner fin a toda transmisión en dialectos, por considerar que los chinos deben ser criados en un “ambiente lingüístico favorable”. El debate acerca de cómo mantener la cohesión nacional en medio de un mar lingüístico de acentos regionales, dialectos y grupos idiomáticos totalmente separados es el tema de actualidad en China, donde hay partes divididas y mucho enfado entre unos y otros. El gobierno dice que la política sobre el mandarín es vital para promover una identidad nacional en una nación de 1.300 millones de habitantes, 56 grupos étnicos y 7 dialectos principales. De lo que no se han dado cuenta es que si esto les ha pasado es por andar tocando los originales poniéndoles vocecitas chillonas. Como diría alguien de cualquier barrio en algún lugar de España: “es que estos chinos…”.
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jueves, enero 13, 2005
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Esperado fue el resultado del estreno de Guayo en la televisión público. Repitió la fórmula de ‘El peor programa de la semana’, pero sin concebir sorpresas negativas ni positivas. El Gran Wyoming dio lo que se esperaba en el nuevo programa de TVE ‘La azotea de Wyoming’, un programa dirigido por Rafael Galán lanzando como un ‘late night’ diferente, comprometido, que acude a la actualidad con un humor intelectual, astuto, ácido y sarcástico a la vez, con un sedimento social y una buscada fascinación por la contravención substancial de sus contenidos. No fue una sorpresa para los que conocen la forma de trabajar de Wyoming, que ha hecho lo que se aguardaba: un programa creado en una esfera de libertad. Aunque si bien es cierto que empezó su inauguración con cierta rigidez humorística y donde todas las secciones parecieron un producto de pruebas y no de algo sólido como se le exige al mejor comunicador que tenemos en España, ‘La azotea de Wyoming’ no faltó al humor inteligente, a la imagen de iconoclasta y protagónica que presuponíamos, con críticas mordaces respaldadas en el compromiso para con sus seguidores. Pero faltó algo, lucimiento, tal vez, tersura catódica de esa que sólo dar al público el Gran Wyoming. La poca garra, la falta de magia de algunos de sus apartados fueron un error enmendable que, como gran veterano, Guayo procurará mejorar en las siguientes ediciones de este nuevo programa que, ante todo y eso sí, es una alternativa diferente a cualquier otra propuesta, que no elude su etiqueta de ‘show de riesgo’. Algo que va unido a la figura mediática que representa Wyoming. La respuesta por parte del público fue, como era de esperar también, bastante carente de interés por debajo de Sardá (qué miedo tiene el Rey de la televisión actual) y un Buenafuente que sigue su progresión ajeno a derrocamientos y absurdas pugnas nocturnas por la audiencia. Sin embargo, Wyoming demostró estar en plena forma, siendo como es él, como ha sido siempre, fiel a sus principios. Y esa es la sobresaliente y gran fortaleza de un programa que dará algunos de los mejores momentos de la tele moderna.  Para no seguir un sesudo análisis del nuevo espacio de la cadena pública, haré un breve recorrido por sus secciones desplegando una pequeña opinión sobre ella. Si os gusta, bien. Si no, bien también que soy yo el que escribe. Guayo empezó dando caña al PSOE, prescindiendo de la frase de ‘no muerdas la mano del que te da de comer’. Crítico e irónico, Wyoming no tiene límites, ni amos a los que someterse, y esa declaración de libertad le honra, aunque es un riesgo que puede considerarse innecesaria. Y sí, el gran presentador parecía algo contraído, bastante nervioso, pero fue soltándose como es habitual en él. Los ‘sketchs’ recordaron lo mejor de ‘El peor programa…’. El de la boda cristiana ajustada a los ideales de un concurso televisivo como el ‘Un, dos, tres…’ fue sencillamente maravilloso, lo mejor de la noche. O el de 'El mundo inalcanzable' o el 'Fuck the president'. También ese residuo de gamberrismo díscolo, perpetuado en el eslogan ‘Cuando todo da lo mismo, dedícate al onanismo’. Perfecto. Puro humor bizarro que se echaba de menos. Si por algo se esperaba (por lo menos yo) este programa era por esa personal conducta que posee Wyoming para hacer entrevistas, restando peso en las preguntas comprometidas y dándole trascendencia a lo trivial, encontrando un equilibrio perfecto entre circunspección y espectáculo. Imanol Arias asistió a la biografía más surreal que le han hecho en televisión y departió siempre politizando sus palabras para dejar que Carlinhos Brown (actuación en directo incluida) con su altruismo musical y vital y, sobre todo, el escritor Gervasio Sánchez cedieran lo mejor en este apartado de preguntas y respuestas. Sobre todo, aplaudo los cojones de Guayo por sacar a este hombre y sus experiencias con ‘los niños soldados’ sin ningún morbo, siempre desde la curiosidad de un magnífico entrevistador. Buenos momentos de comedia como ese sarcástico ‘Rincón de la cultura’ con Wyoming enseñando a abrir y disfrutar un libro, un hecho que, a estas alturas, parece que requiere este tipo de instrucciones o el nostálgico reencuentro con un Pedro Reyes que evoca aquellos maravillosos 80 catódicos (más que por la calidad de sus chistes).  Donde claudicó al aburrimiento esta azotea fue en las secciones delimitadas a tratar la actualidad. El personaje de Notizia Ortiz (una actriz de muy buen ver, por cierto) junto al presentador leyendo una serie de crónicas resultó de los más estático y prototípico. Al igual que esa insoportable rata con la voz de un Moncho Alpuente que sobresale con más efectividad crítica cuando da la cara y no está tan ceñido a un guión. Las apariciones de la rata Ramón fueron lo más negativo y deprimente de esta nueva aventura televisiva de Wyoming. Velilla Valbuena, pésima actriz y peor cómica, también entra en el saco de lo execrable, por muy buena que esté la muchacha de pelo rizado, sugerentes curvas y lozano rostro. En cuanto a la banda de música, dirigida por el indispensable Reverendo, estuvo en todo momento incorpórea, sin más protagonismo que el de los intervalos entre espacio y espacio y los momentos precedentes a la publicidad. Sin mucho que comentar al respecto. Tampoco de lo zafio de la iluminación y el decorado, bastante pobre y anodino. Pero en este tipo de programas no importa el boato, sino el contenido. Este primer ‘La azotea de Wyoming’ fue desigual, no se puede negar. Pero aún así, dentro de esta nueva televisión de alternativas con la que ha empezado 2005 supone un paliativo a tanta basura que nos han hecho tragar a lo largo de los años. Y lo más importante, el Gran Wyoming no decepcionó. Simplemente fue él mismo, una lealtad inconfundible que provocará cambios en aquello que no funcione y hará de este nuevo espacio lo que muchos esperan, sino lo que en realidad tiene que ser: una puerta abierta al tratamiento de la actualidad desde la siempre acertada perspectiva de un Wyoming que sigue demostrando ser el número uno de los ‘showmen’ de este país.
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¿Que te aburres jugando a tu deporte favorito? ¿Quieres nuevas sensaciones a la hora de lanzar a canasta? ¿Necesitas motivación para que tus triples vayan directos a aro? No te preocupes, ya está aquí este curioso tablero de baloncesto con el que tus obsesiones sicalípticas con 'piercings' y el deporte se aunan en una extraña fusión tan jaranera como eficaz. A esto sí que se le puede llamar 'pasárselo teta'.
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Cuando he visto al príncipe Harry de Inglaterra vestido con el uniforme nazi a lo Rommel me he quedado a cuadros y he pensado lo mismo que Arthur Edwards, prestigioso periodista inglés: "Este chaval es un soplapollas y un estúpido". Vale que sea un díscolo, que le dé vida a la prensa rosa dando hostias a los reporteros de la prensa gráfica, que fume marihuana, que beba en ingentes cantidades hasta caer redondo, pero disfrazarse de nazi en una fiesta amiguetil… El diario londinense 'The Sun' publica en su edición de hoy una fotografía suya disfrazado de nazi. El tabloide británico lleva en su primera página la foto del hijo menor de Carlos de Inglaterra, príncipe de Gales y tercer heredero del trono del Reino Unido, con un uniforme en cuyo brazo lleva una cruz esvástica, símbolo del régimen nacionalsocialista. Menudo hijo de la gran puta (y nunca mejor dicho) que tienen como príncipe en Inglaterra. Ha pedido disculpas, evidentemente, pero muchos están seguros de que ha sido algo estudiado, un desafío premeditado en memoria de sus antepasados vinculados al movimiento y la cercanía del 60 aniversario del fin de Auschwitz. El diputado laborista Doug Henderson le ha puesto a parir, como era de esperar.  Lo que ya no es tan normal es esta nueva ola de neonazis famosetes, ya que el otro día, sin ir más lejos, el capitán del Lazio, Paolo Di Canio tuvo la feliz idea de festejar un gol alzando el brazo derecho imitando lo que fue el saludo nazi. Él, como es su deber, lo ha negado, pero sus tatuajes de tendencias ultraderechistas, como el que lleva brazo derecho, con la palabra “Dux”, “Duce” en latín, el apelativo con que se conocía a Mussolini, le van a hacer pagar una multa sin precedentes por hacer apología del nazismo. La pregunta es ¿qué coño está pasando aquí?
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miércoles, enero 12, 2005
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La verdad es que se veía venir. Yo, al menos, lo aguardaba. Y es que anoche Andreu Buenafuente estuvo a la altura, dignificó eso que Sardá llamó un día ‘late show’ y que ha terminado reduciéndolo a un gatuperio de despropósitos, de gente insultándose en la misma mesa, encumbrando gentuza deplorable y suministrando al espectador lo más ignominioso del ser humano irradiado en esa fauna funesta, sin fondo, de una vulgaridad vejatoria para la inteligencia. Pero la tormenta ha llegado a su fin, o por lo menos, hay claros en los nubarrones que se han cernido a lo largo de los años en el ocio catódico nocturno. El salto de Andreu Buenafuente a la televisión nacional concedió a Antena 3 el 26% de cuota de pantalla de la franja nocturna. No es mucho, pero es un triunfo para el presentador catalán. Por primera vez en muchos, un ‘late show’ hizo sombra a Sardá. Por primera vez en mucho tiempo me reí viendo un programa de estas características, disfruté de su humor fresco e ingenioso, de sus ‘gags’, de la estructura simple y directa, de ‘La casa de tu prima’, su ‘sketch’ socarrón sobre los ‘realities’, que llegó a sintetizar de tal forma lo que ha venido siendo la historia de este género que más que una situación cómica, pareció una lección de condensación, de simplificación con cuatro frases estúpidas, tres personalidades y una inventiva lúcida digna de alabar. No sé si os dio por ‘zappear’, por comparar qué ofrecía Telecinco. Y fue absolutamente impresionante, dantesco. Mientras el humor, el buen rollo, la agilidad y el ritmo florecían en Antena 3 de la mano de Buenafuente, la reiteración, el insulto y la desfachatez volvían a ser la tónica arraigada a ‘Crónicas Marcianas'.  Por un lado, el periodista de Reus entrevistaba a Antonio Gala, que habló de fraternidad, de alegría, de vida, de literatura con ese estilo aristocrático y refinado tan habitual en él, concediendo rupturas simpáticas con la aparición de los Estopa y Santi Millán. Por el otro, Boris disfrazado de ridículo y patético Alejandro Magno se entrecruzaba en una mesa donde Natacha, la argentina liberal de 'GH' increpaba a una Silvia Fominaya que no dejaba de ultrajarla, cebándose en su supuesta prostitución y malos tratos por parte de su orejudo primo allí presente, riendo la increíble caricaturización de un Carlos Latre que poco puede hacer ya por el show. Inteligencia y luminiscencia humorística contra la zafiedad y el oprobio ¿Es tan difícil elegir? Pero más allá de la audiencia está la calidad, que es algo que habíamos empezado a olvidar en la franja horaria nocturna. Se trata de confeccionar un producto que convenza a los más exigentes, a aquellos que no sólo viven de narcolepsia televisiva, de vida, de humor, de un poquito de calidad, por favor. El humor necesita reírse de algo tangible, necesita un elemento de referencia y ‘Buenafuente’ ayer dio una lección de humor cínico, de monólogos autoparódicos, de buen gusto, de originalidad. Un elemento tan insoluble en la caja tonta que nos asola actualmente. Y hoy, ‘La azotea de Wyoming’, sin duda alguna, el lenitivo que todos llevábamos años pidiendo. Guayo, no nos falles. ¿Está la televisión cambiando? La respuesta, de momento, es sí. Y que siga así.
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Bueno, como muchos de vosotros sabéis (y a los que no, os lo cuento), del 20 al 22 de enero, en el madrileño cine Palafox acogerá la Muestra de Cine Fantástico y Ciencia Ficción organizada por Calle 13, el canal de suspense y acción producido por Universal Studios. Ya iba siendo hora de que gente con inquietudes se lanzara a la aventura de promover este tipo de fines de semana que, a buen seguro, será una cita ineludible con películas que, por lo menos, despertarán el interés entre el público aficionado al género: ‘Blade Trinity’, ‘Code 46’, ‘Atomik Circus’, ‘Primer’, ‘Robot Stories’, ‘Steamboy’, ‘Elektra’, ‘Equilibrium’, ‘Dreamship surprise – Periode 1’, el montaje del director de ‘Donnie Darko’ (posiblemente esté en persona) serán las películas que compongan una atractiva muestra que harán del fin de semana algo especial. Me he dejado una de las películas destacadas de la selección para dedicarle un espacio exclusivo. Se trata de ese gran amigo y mejor cineasta que es Eugenio Mira y su ‘truope’, que también estarán presentes en esta muestra de cine fantástico con ‘The birthday’, un filme especial, como bien sabéis, en este blog y que, por fin, y por primera vez en España hasta que se cierre su distribución y tenga fecha de estreno, podrá disfrutarse después de su estreno internacional en el Festival de Sitges (donde ganó el premio a la mejor dirección artística). Mis ganas son tan inmensas por ver esta película como las de reencontrarme con Eugenio y su gente. Es una oportunidad de lujo para poder ver la comentada 'opera prima' de este precoz visionario de nuestro cine. Sé con certeza (porque estaré en Madrid el fin de semana entero para disfrutar de este breve festival de cine de género) que la cinta de Mira se proyectará el próximo día 22 de enero, sábado, a las 20:30 en el cine Palafox. Todo la muestra tendrá lugar en el cine Palafox, C/ Luchana nº 15 (metro Bilbao, líneas 1 y 4). El tema entradas (a 4 eurines cada peli) está de la siguiente manera. Hay dos opciones; una, directamente en taquilla o bien en la páginas www.entradas.com. Durante los tres días que dura la muestra, las sesiones irán desde las cinco de la tarde hasta la madrugada y todas las películas se proyectarán en versión original subtitulada. ¿Qué más podemos pedir los aficionados? Ya os digo que yo me dejaré caer por algunos de los pases, por lo que esos tres días colgaré el cartel de ‘Cerrado’ en la weblog. Así que si vais por allí, nos vemos en Madrid.
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Uno de los eventos más importantes del año de un género predilecto de aquellos que veneramos el noble arte del descarrío sicalíptico manual tuvo lugar en la noche del 8 de enero en el lujoso hotel The Venetian Hotel & Casino Ballroomsde, en Las Vegas, como cada año. Me refiero a la entrega de los premios AVN 2004, es decir, como si habláramos de los Oscars del cine para adultos. Mi gran diosa onírica junto a Tera Patrick, Jenna Jameson, ambas situadas por la naturaleza en esa categoría de mujeres diseñadas para que un hombre babee en su presencia, fue con todo el merecimiento la gran triunfadora de la gala, esta vez reconvertida la espectacular rubia en una preciosa morenaza con el pelo recogido en una enorme flor. Tres premios individuales: mejor actriz del año en una película de cine, mejor actriz en una escena hetero y mejor actriz en una escena lésbica. Es la mejor en todos los terrenos. Sus películas ‘The Masseuse’ y ‘Bella Loves Jenna’ fueron igualmente las grandes ganadoras de la noche. Las películas de Jenna se alzaron hasta con 15 galardones de estos Oscars del cine porno (en todos sus ámbitos, pero donde prevalece el subgénero ‘chic’).  Hubo buenas noticias para el cine X español, ya que Narcís Bosch obtuvo el mejor premio al director extranjero con su primer lanzamiento internacional. Otras jaquetonas que se llevaron premios en esta gala llena de glamour, tacones altos, grandes pechos siliconados y explicitud corporal fueron la Katsumi, una estrella pornoeuropea poseedora de una extraña belleza mezcla de sus raíces francesas y vietnamitas, así como la pizpireta Cytherea, que se llevó el de mejor novata del año y la gran Lauren Phoenix. Entre los maromos de ‘tres piernas’, destacaron los siempre aguerridos Manuel Ferrara y el marido de la Jamesson, Justin Sterling que se llevaron sendos galardones a los mejores actores genéricos en distintas categorías. El momento emotivo vino dado cuando Paul Fishbein, fundador de los AVN dedicó un sentido homenaje a dos grandes hombres del medio que nos dejaron en 2004: el gran Russ Meyer, creador de películas ‘sexploitation’ y dinamitadoras de la moral falsaria yanqui ( "Sus defensas legales prepararon el terreno para los cineastas de cine porno contemporáneos") y Jim Holliday, el fenomenal historiador del cine X y director de grandes gestas pornofilas. El humor, cómo no, procedió de ese genio de cuerpo fondón y carisma ciclópea que es Ron Jeremy, al que incluyeron en el ‘Hall of fame’ (algo así como concederle a una personalidad de Hollywood el Oscar Honorífico) cuando dijo al agradecer su premio: "He tenido relaciones sexuales con más de 4.000 mujeres pero solamente 9 lo admitirán". Os dejo algunas instantáneas de la 'red carpet' aquí. Por supuesto, una noticia como esta no podía faltar en el Abismo.
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¿Qué no tenemos suficientes adaptaciones de cómics? Pues venga, otra más. El tema es que cada día surge un nuevo rumor en las diversas páginas dedicadas al cine y al cómic sobre la enésima traslación de algún superhéroe de las páginas tebeísticas al celuloide. Y lo peor, es que el 90% de ellos se materializa. Y suelen hacerlo en filmes que, en muy pocas de las ocasiones, satisfacen las ilusiones de los seguidores del cómic adaptado. Sin enumerar los proyectos que llegarán este año, los que se están ultimando y los futuros que atienden a intereses meramente comerciales, la última de estas adquisiciones por parte de Hollywood para inflar sus arcas manifestando con la masiva sustracción de ideas del noveno arte una peligrosa carencia de ideas es, nada más y nada menos, que ‘Luke Cage’, el nuevo cómic que será llevado a la gran pantalla por el afroamericano John Singleton (que no tuvo suficiente con mancillar a ‘Shaft’), que es lo debido cuando un producto tan específico como este está dedicado al enaltecimiento de un lector o público definido. ¿Qué quién es ‘Luke Cage? Pues un superhéroe de los años 70, que nació bajo el yugo de la rememorada ‘blaxplotation’, prorrumpiendo como señuelo de los editores de Marvel para cautivar a los lectores de color y granjearse así su buen dinero con cómics destinados para afroamericanos, cansados de que los denodados héroes del papel siempre fueran blancos y guapos. La serie de cómics protagonizada por Cage se destinó, además, a un público más adulto, por lo que a priori parecía un valor de transformación.  El hombre llamado Carl Lucas más tarde acabaría llamándose Luke Cage, un titánico fulano curtido a hostias en el guettos afroamericanos de Harlem, donde las bandas callejeras, las mafias, la corrupción y el dinero imponían su propia ley. Allí creció cometiendo todo tipo de delitos junto a su inseparable Willis Stryker. Pero un día su gran amigo Stryker le traiciona y Lucas acaba en la cárcel, jurando venganza por la muerte de la mujer que ambos amaban, Reva Connors. En la cárcel un alcaide cabrón le promete la libertad condicional si aceptaba ser el sujeto del experimento. En vez de acabar con la vida de Lucas con un buen baño de productos químicos, produciendo una mutación en sus tejidos corporales que le dieron una fuerza sobrehumana. Así nace Luke Cage, un pedazo de toro rabioso que logra escapar de la prisión para impartir justicia y consumar su punición. Más o menos, ésa es la historia. Tradicionalmente, Luke Cage ha sido considerado uno de los personajes de ‘segunda división’ tanto por el mundo del cómic como por la editorial Marvel. Pero Cage tiene sus específicas y excepcionales peculiaridades que le desvían del héroe al uso, ya que en vez de luchar por el bien social, como un filántropo en pos de la humanidad, es un individuo que se vende al mejor postor siempre y cuando sus acciones sean justas y no atenten contra su conciencia. Cuando la serie se agotó, se intentó revivir a Cage junto a un compañero llamado Puño de Hierro fundando una asociación llamada ‘Héroes de Alquiler’ con base en Chicago, primero con Puño de Hierro y después se unieron otros héroes como el Caballero Negro IV o el Tigre de Plata. Sin embargo, este ‘Power Man’ nunca tuvo éxito en la editorial y pasó desapercibido para los lectores. Pero no para todos, ya que es un cómic considerado de culto para muchos eruditos de los tebeos.
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martes, enero 11, 2005
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Imaginaos que un buen día quedáis con una de esas amiguitas que soléis conocer un sábado por la noche. Empezáis a salir con ella y la relación se consolida paulatinamente. Que si un cine por aquí, que si una cenita por allí, que si un poco de sexo por acá. Total, que os hacéis novios. Felicidad a corto plazo. Pero no todo es bueno cuando se sale en serio con una chica. Una de las cosas a las que estáis obligados casi por decreto femenino es a acompañarla a las rebajas. Tienda arriba, tienda abajo. Hartos y cansados de esta fatigosa labor, la invitáis a un café, por variar y detener su furor consumista. Se acerca el camarero y ella se pide un café cortado y tú… ¡una rallita de coca! Lo sé, esto es imposible, ilógico, pero me sirve de perfecta excusa para introducir la noticia que a continuación os narro. No es que se haya radicalizado la expansión de ‘Coffe Shops’ a lo grande con todo tipo de alucinógenos por toda Europa, ni que se vayan a legalizar las drogas duras (no atienden a las blandas… como para imaginar esta posibilidad). Resulta que en el Reino unido, como en los demás países con la ropa de moda y demás tiendas, para superar la complicada cuesta de enero, la cosa de las drogas está de rebajas. Los ‘camellos’, como buenos mercaderes que tutelan su negocio, quieren ampliar su cuota de mercado y han rebajado el precio de los estupefacientes. Como suena, amigos. La oferta y la demanda se ha trasladado al mundo del hampa psicotrópica; de las rallas, de las pirulas, de los porros, de los bonguis… Así, ahora mismo, una raya de cocaína en Inglaterra cuesta mucho menos que un café ‘cappuccino’ ¡A precio de ganga, oiga!  Según un estudio elaborado por la Unidad Independiente de Observación de las Drogas, una dosis de 50 mg. de esta sustancia estupefaciente suele costar 2,25 libras (unos 3 € de aquí), menos que un café en muchos bares de la carísima capital británica. En 1995, un gramo de cocaína suficiente para 20 pequeñas dosis (vamos, las papelinas de toda la vida) costaba 56,66 libras, mientras que ahora puede adquirirse la misma cantidad por apenas 45 libras. El estudio denuncia que todas las drogas alcanzaron el año pasado su precio más barato en décadas, en algunos casos con unas «rebajas» que alcanzan el 70 %. Es el caso, por ejemplo, de la heroína: hace una década, había que pagar 83,33 libras por un gramo que ahora apenas vale 26 libras. Mientras, una pastilla de éxtasis por la que un consumidor habría pagado 11,65 libras en 1995 cuesta ahora sólo 3,5 libras. Los descensos en los precios de otras drogas son menos acusados, pero también significativos: en los diez últimos años, el precio de una roca de «crack» se ha desplomado en las calles británicas de 21,5 a 7,55 libras, mientras que el cannabis (ojo a esto) cuesta un 50 % menos. Veamos, para hacerme un poco el Quentin Tarantino con el sistema métrico, si hace una década un octavo de onza de hachís (venga, vale, es lo que equivalente a unos 3,5 gr.) costaba más de 20 libras, ahora a precio de calle te sale tirado, por unas 9,85 libras. De todos los modos, desde el Abismo quiero advertíos de que la droga es mala… en grandes cantidades. Bueno, os dejo que voy a ver si meriendo unas pastillas de crack, un poco de maría o un pelotazo de clorhidrato de coca.
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Parece ser que la semana que hemos comenzado es mucho más importante en nuestra apática vida catódica dominada por la mugre y el ostracismo de la ‘tele-realidad’ (en sus diversas variantes), la basura mediática de un Xavier Sardá que está en las últimas. Sabiendo que sus esperpénticas raciones de lo más intrascendente y pueril de la actualidad, liquidando cualquier opción a una década que empezó en la decadencia del ‘Mississippi’ y ‘El Pelícano’ del gran Pepe Navarro y que ha acabado con un rosario de míseros programas del corazón, de despreciables personajes de moda que han degradado hasta decir basta una actualidad catódica que ha tampoco ha buscado, es hora de un cambio en nuestra malas costumbres. Es por tanto tiempo para acometer a esa tele indigna en que se ha transformado la ‘caja tonta’. 365 líneas llenas de procacidad moral, de neurastenia negociable, de vulgaridad ofensiva y porfiada con ínfulas de espectáculo. A pesar de que Julia Otero no está teniendo los resultados esperados con sus ‘Cerezas’, que desde su primer programa han ido cayendo en una espiral de politiqueo aburrido, de cambios de secciones y vaivenes de guión, esta semana ya se está viendo un movimiento de transformación en las cadenas rivales del ‘sardanismo’ y el ‘tomatismo’, en realidad estrategias a modo de edicto en contra del monopolio de lo zafio. Sin ir más lejos, esta rivalidad de cadenas, ejemplificada esta mañana con el estreno del programa de Ana Rosa Quintana como contraposición matinal de María Teresa Campos, ha empezado una guerra silenciosa que necesita del espectador para vencer a lo vulgar, a lo absurdo de la normalidad televisiva. 2005 empieza beligerante.  Esta noche hemos disfrutado de ‘Splunge’, esa intraducible palabra concebida por los incomparables Monty Phyton que, siguiendo los pasos de los maestros británicos, ha dejado una sensación apacible, exponiendo que el humor con formato de ‘sketchs’ también es posible en la tele actual. Recordando en todo momento a aquella perdida fórmula que Milikito Aragón trajo importada del extranjero en ‘Ni en vivo ni en directo’, el nuevo programa de humor de La Primera es un plausible ejercicio de dinamismo, de frenética construcción caracterizada por el diligencia y limpieza donde los ocurrentes momentos cómicos se suceden sin pausa (aunque con convencionales desequilibrios), arduo trabajo que además se subraya con la indudable chispa y ‘vis cómica’ de sus protagonistas; los geniales Florentino Fernández, Miki Nadal (se les echaba de menos a ambos), Patricia Conde y el ex equipo de ‘Fuentes & Cía.’ (mucho mejor aquí) compuesto por Agustín Jiménez, Quequé y Eva Hache. De momento, han creado buenas expectativas, lo difícil es mejorar y mantenerse en los 15 programas que les restan.  Mañana se estrena Andreu Buenafuente, el hombre destinado a quitarle la supremacía a Sardá, como ya pudieron hacerlo y no les dejaron Máximo Pradera y ese ‘show’ irrepetible que era ‘UHF’, ambos en Antena 3, que fracasaron por la incompetencia de sus programadores (que no de sus responsables). Siempre se ha oído que Buenafuente era el único capaz de arrebatarle al Capo de la Basura y su trouppe (Boris, Latre la petarda de Rocío Madrid y despojos varios). También es cierto que los espectadores catalanes no dudan en acusar al nuevo fichaje de Antena 3 de haber agotado su potencial y haberse quemado demasiado. Veremos. Pero si por algo es importante es esta semana, concretamente la noche del miércoles, no es por la guerra de series de éxito que se han planteado Telecinco y Antena 3 con la mediocre ‘Los Serrano’ y la intermitente ‘Aquí no hay quien viva’. Lo importante se centra en ese talento inacabable que es el poliédrico Chechu Monzón, "El Gran Wyoming" con su ‘Azotea’, potencialmente el tipo con mayor amplitud de horizontes dentro del mundo de ‘showbusiness’ nacional. Un dinamitador, un Mesías Catódico que, visto lo visto, recuperará el formato de lo mejor que ha parido este país en su historia moderna: el añorado ‘El peor programa de la semana’. Una panacea de inteligencia y frescura que precisa de una oportunidad para encontrar el respaldo que suele dar la televisión pública a sus productos. Confíamos en Guayo y su universo lúdico.  Quedaros con estas sabias frases fusiladas del genial e hiriente Carlos Boyero en una columna que versa el mismo tema que este humilde post ante las palabras del maestro. Boyero asegura, con mucho juicio, que estos programas lo tienen muy difícil para arrebatarle el cetro a lo que, incomprensiblemente, triunfa: “Dudo que estos programas tengan un esplendoroso porvenir, pero qué grato sería para la higiene mental no volver a ver el careto ni a escuchar la voz de Sardá, de Mercedes Milá, de la Campos y de su pija niña, de los reyes de un negocio tan feo, tan embrutecedor, tan idiota”. Amén.
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lunes, enero 10, 2005
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Ana Rosa Quintana, diva por excelencia de esa extraña mezcla de televisión limítrofe en la basura y el interés general, ha entrado con fuerza en las mañanas de Telecinco, estrenando su nuevo programa tras su maternidad al borde de la menopausia. Un primer programa enfrentándose a la Campos siempre tiene que tener un golpe de efecto. Y lo ha encontrado. Vaya que si lo ha encontrado, nada más y nada menos en tener como invitada a Ramona Maneiro, "Moncha", saliendo a la palestra para despejar todas las incógnitas al admitir finalmente que fue ella quien le dio el vaso con una solución de agua y cianuro a Ramón Sampedro "para que dejen de especular". Como si alguien hubiera dudado alguna vez de quién fue. Lo curioso de todo no han sido las conmovedoras palabras de Moncha, ni su sinceridad al explicar todo el proceso de la muerte de Ramón, incluso de su certeza del sufrimiento de éste cuando bebió el cianuro y toda la historia a la que bien nos referían los numerosos documentales utilizados como recreación para ‘Mar adentro’. Lo curioso de todo ha sido entre las noticias de hoy se ha podido comprobar lo bien que le va a Amenábar en Palm Springs presentando 'The Sea Inside' (hay que llamarla así para cuando le den el Globo de Oro, los 12 Goyas y el Oscar) junto a Nicole Kidman (a la que ha entregado un premio con ese saber estar y ese depurado inglés que tiene el cineasta español) y el aspirante a todos los premios del año por su portentosa interpretación Javier Bardem. Y es que hay que ver cómo una campaña tan grandiosa y jamás vista en nuestro cine ha dado unos frutos que nadie hubiera imaginado (ni siquiera José Luis Cuerda que se ha quedado sin su merecida ración). Un mes antes de estrenarse la película el pasado septiembre, cada día, casi todos los telediarios nacionales recapitularon el trágico y polémico suceso de Sampedro para, seguidamente, crear aún más expectativas y otorgarle una impagable promoción gratuita a la película de Amenábar. Bien, tras el exitazo posterior de la cinta, lapso no mejor aprovechado para sacar a colación en cualquier momento de la semana el caso de Sampedro, se alargó narrando, por ejemplo, cómo en su día Sampedro repartió 11 llaves entre sus amigos y a cada uno le encomendó una tarea para evitar que nadie fuera condenado por ayudarle, como en la película de Amenábar. Varios fueron los documentos visuales del pasado, los debates acerca de la eutanasia y demás menesteres surgidos de polémicas y defensas con el filme siempre presente.
 Hoy, con la proximidad de los Globos de Oro (el próximo domingo) y en plena promoción para lograr la candidatura al Oscar, me sorprende esta pequeña coincidencia (no sé si buscada o no). Habrá que ver cuándo la cinta de Amenábar se haga con el Globito a la mejor película extranjera, arrase en los Goya y, si todo sale como lo tienen calculado, gane el Oscar el próximo febrero qué medios utilizarán para que se siga hablando, cinco o seis meses después, de su película. Hay que reconocer que la maquinaria que rodea a Alejandro es impresionante. Imaginaos por un momento que el cine español manufacturara y vendiera películas en la forma en la que lo está haciendo esta buena gente. Imaginad si los americanos, tan dados a los ‘remakes’, siguen las mismas pautas con la vida y muerte de Diane Pretty. Al final, la cinta de Amenábar está consiguiendo logros que ni siquiera imaginaron Alejandrito y Mati Gil cuando se les ocurrió la gran idea de llevar la vida de Sampedro a la gran pantalla. PD: Quien crea que estas líneas son un ataque o crítica cínica al pequeño Amenábar y su filme que eche un vistazo a esto.
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¡¡¡Patada en los cojones a la hipocresía!!! Matt Stone y Trey Parker reinciden de forma magistral en la idea de libertad crítica que ha hecho de su obra maestra catódica un fenómeno de masas. La serie norteamericana ‘South Park’ nació en 1997 como comprometido e inverosímil envite a la innovación más radical en el siempre condescendiente género de la animación. Sus creadores, Matt Stone y Trey Parker, concibieron entonces la gran serie catódica de culto para un público adulto y juvenil abierto a la inteligencia y a la especulación. Para ello, nada mejor que adoptar la célebre Cut Out animation de Terry Gilliam y darle forma europea Koniec personificada por cinco entrañables críos con los el público pudiera disfrutar. Los monstruitos Stan, Cartman, Kyle y Kenny son los pequeños maldicientes analistas sociales precoces que, involuntariamente, escarban, de forma brutal e insensible, en las más despreciables hipocresías contemporáneas pasando con letras de oro al pináculo de la televisión más sarcástica vista hasta la fecha. ‘South Park: más largo, más grande, sin cortes’, inevitable adaptación de la polémica serie a la gran pantalla, es la mejor aportación que estos dos genios de nuestro tiempo podían aportar al celuloide, la obra necesaria para alimentar el cada vez más suculento universo del culto y la serie B.  La creación de Stone y Parker es, simplemente, una dilatación de lo más inherente de una serie magistral y corrosiva, es decir; violencia, tacos, contenidos groseros, sexo bizarro, situaciones imposibles y, sobre todo, una profunda autoparodia de la sociedad estadounidense (en realidad de la civilización moderna universal) y de los valores tramoyistas camuflados en la moralidad y en la disciplina, en último término, en la corrección política. Muy cerca del espíritu ‘gore’ y vehemente de Bill Plympton, ‘South Park’ es la más clarividente autorreflexión diatriba de nuestro cine contemporáneo, en la que los furibundos excesos de salvajismo, racismo, escatología e insolencia sirven como asepsia de la hipocresía y el credo arteramente conservador. Saltándose todas las normas de la compostura moral, los creadores de ‘South Park’ dinamitan la animación para formular una honesta declaración de principios que se transforma en axioma de la libertad de expresión y verdad ecuménica, haciendo de su objetivo, paradójicamente, un categórico aleccionamiento sobre nuestro entorno social.  Utilizando el lenguaje que ‘supuestamente’ molesta tanto al espectador doctamente erudito, nos encontramos ante la mayor patada en los cojones de aquellos ignorantes que promueven el odio, la estupidez y la intolerancia escudándose en las normas yendo en contra de la libertad y la heterogeneidad, términos aplicables a esta obra maestra sardónica y cínica. Por medio de la habitual tónica de la serie televisiva, siguiendo su estilo soez y admirablemente directo, ‘South Park: más largo...’ impone mediante sus estridentes ‘gags’ y sus ofensivas canciones un escrutinio de los estamentos oficiales, de la familia, la amistad, la política, del mundo del espectáculo (cebándose con personajes como Sadam Husseim, Bill Gates, los hermanos Baldwin o Winona Ryder), imposibles de superar en el cine actual. Walt Disney moriría de una hernia inguinal (o dolor de huevos, mejor dicho) si viera la salvajada más desternillante y espectacular de los últimos tiempos. Si bien el doblaje español no está a la altura de las circunstancias, ‘South Park’, el largometraje, expone, sincera y abiertamente, un nuevo concepto de animación a reivindicar, basada en el ingenio y en la fuerza de unos chistes capaces de guillotinar las conciencias más catequistas y autocráticas. Como bien enuncian en el filme: "Viva la Resistènce". Ya tenemos nuestro propio enema para evitar la falsaria circunspección.
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domingo, enero 09, 2005
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Bueno, amigos del Abismo. He estado algún tiempo creando, de forma provisional (hasta que tenga más conocimientos de diseño de webs y demás) una útil seccion que intenta recoger absolutamente todo lo que pasa por esta weblog. Lo he hecho debido a que la estructura de Blogspot(es decir, del Blogger) hace que muchos textos queden recogidos en archivos mensuales que casi nadie suele visitar. En 'El fondo del Abismo' podréis encontrar todos los articulos y reportajes ordenados por categorias y acceder a ellos de una manera facil y comoda. He colocado un banner en la columna de la derecha, en la parte inferior.
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Después de cinco minutos extra de una prórroga, el equipo de baloncesto de Salamanca Perfumerías Avenida se ha hecho con la Copa de la Reina tras vencer en una disputadísima final al Mann Filter por 74-68 con una excepcional Nuria Martínez como protagonista, que ha acabado llevándose el MVP del campeonato. Ha habido un momento en que el partido parecía perdido, cuando el árbitro ha organizado una absurda sangría contra el conjunto salmantino, pitando dos técnicas y una descalificante para la acojonante Tamika Whitmore y otra técnica para el técnico José Ignacio Hernández. Pero el equipo charrito se ha repuesto y al final ha logrado la gesta que tanto había buscado años atrás. Qué gran partido. ¡Enhorabuena chicas!
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A veces el ridículo mundo de Hollywood muestra su rostro más cutre y cetrino cuando para lanzar una nueva película (si es superproducción, mucho mejor) se utilizan las estrategias más chabacanas y obvias que uno pueda llegar a imaginar. En Estados Unidos, acostumbrados a vivir en una burbuja de hipocresía y falsedad, el tema homosexual es algo tan extravagante en los tiempos que corren, que su inocua utilización en una película será una de las atracciones del presente año. Pues bien, un simple beso entre dos mujeres ha destapado la caja de los truenos en el país donde puedes comenzar una guerra ilegal, pero en el que la tolerancia sexual es nula en cualquiera de sus aristas artísticas. Bien, al tema. ‘Elektra’, la película en la que Jennifer Garner repitiendo el papel que ya interpretara en la deslucida ‘Daredevil’, acaba de provocar la primera polémica del año al lanzar un vídeo en el que la heroína es atacada por la actriz y modelo Natassia Malthe, que da vida a Typhoid Mary. No hay peleas, ni luchas cuerpo a cuerpo en el barro marcando formas, ni ‘dildos’ introduciéndose en ningún orificio. El escándalo se produce porque Typhoid besa a Elektra en la en la boca para quitarle la vida. Ya ves tú. Eso, en USA es considerado como una licencia hacia el libertinaje más insolente y provocador. Evidentemente, la Garner le resta importancia al asunto asegurando que no es para tanto. Y no lo es, pero lo cierto es que como táctica para que se hable de la película mucho antes de su estreno está dando sus frutos. Juzgad vosotros mismos.
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sábado, enero 08, 2005
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Visual, genuino y hermoso cuento Consolidado como uno de los autores más personales y fieles a sí mismos del cine moderno (a pesar de algunos traspies por todos conocidos), el genuino Tim Burton volvió a su mundo de lóbrega fantasía con un cuento clásico en la naciente literatura norteamericana del genial y visionario Washington Irving. ‘Sleepy Hollow’ nos sumerge de lleno en la oscura y lóbrega idiosincrasia burtoniana, dotada con la fuerza de unas imágenes que sólo pueden emerger de la imaginería de este genio del Séptimo Arte. La historia del misterioso jinete sin cabeza que comienza a decapitar a los habitantes de un pequeño pueblo rural y la llegada del detective Ichabod Crane (Johnny Deep) para su resolución, va a marcar el comienzo de una pesadilla en la que los sueños, la alquimia, el terror y el amor se entremezclan en un ambiente enrarecido por un paraje insólito e inquietante. De nuevo, Burton nos presenta a un personaje sombrío, Ichabob Crane, angustiado, incomprendido y confundido en un mundo de tintes épicos y lejanos. Esta fábula fantástica (con más romanticismo que terror) en el que ambiente agónico y tétrico de un pueblo tenebroso, le sirve como referente al director de ‘Batman’ para desarrollar una historia que, pese a algunas aportaciones innecesarias del guión de Andrew K. Walker (‘Seven’), solventa cualquier mínimo defecto con un vigor visual y estético insuperable envidiable devolviéndonos al Burton más visionario y representativo tras la colorista ‘Mars Attacks’.  Remedo testimonial y magistral de los ambientes góticos de las películas del genial (y olvidado) Mario Bava y las películas de corte terrorífico de la Hammer, Burton aporta una obra estéticamente exquisita, definiendo una personalidad incomparable, asignando al filme una tenebrosidad cromática suntuosa, gótica, a la vez melancólica, que se desliza entre el género de terror y el ‘thriller’ con la comedia más tradicional, uniéndose ambos géneros en un cuento de fantasía en momentos surreal... Pero no sólo tributa una oscura narración épica, Burton vuelve a ironizar de forma malsana con la condición humana, con la naturaleza pusilánime del ser humano, con los ‘freaks’ que habitan en la extraña urbe que totaliza el pueblo réprobo. Ante ellos, el insólito Ichabod, va descubriendo la maldad y el caos, la traición y el miedo de unos habitantes que terminan por resultar entrañables.  La fotografía de Emanuel Lubezki y la orquestación nigromántica y enigmática de su inseparable Danny Elfman no hacen sino dignificar aún más un trabajo que eleva a Burton a una posición privilegiada dentro del cine actual. Una de las mejores aportaciones al cine de Burton que se revelaron aquí fue la presencia de una Christina Ricci fascinante, capaz de expresar con una mirada lo que otras actrices de su generación van a obtener con toda su carrera. La soberbia atmósfera con la que Burton reflejó este cuento terrorífico y preciosista conviertieron a ‘Sleepy Hollow’ en una ufanía visual, en un placer para el espectador entusiasmado ante esta película personal, dinámica, que no requiere de técnicas digitales para conseguir un ambiente que desde hacía tiempo nadie conseguía y que, de algún modo, reivindica la validez de un estilo de cine postergado.
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El agente de Brad Pitt ha difundido la siguiente nota de prensa: “We would like to announce that after seven years together we have decided to formally separate. For those who follow these sorts of things, we would like to explain that our separation is not the result of any speculation reported by the tabloid media. This decision is the result of much thoughtful consideration”. ¿Qué quiere decir esto? Que el matrimonio mejor avenido de Hollywood formado por Pitt y Jennifer Aniston ha dejado de serlo después de siete años de felicidad aparente. Y yo aquí, escribiendo esta necedad, en pijama y con resaca.
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Acabo de leer que los murciélagos y los humanos descendemos del mismo ser vivo. Como todos los mamíferos. La revista 'Genome Research' de diciembre publica un notable rastreo matemático de los genes de los principales mamíferos para concluir en la descripción genética de ese "Adán" jurásico del cual todos descendemos. Compartimos genes entre las especies. Y los humanos hemos perdido un 25% de los genes que una vez compartimos con ese ser inicial. Las mutaciones han hecho su trabajo. Curiosamente, la rata, el ratón y el puerco espín han perdido más genes del primigenio animal que nosotros, los humanos. Por eso es comprensible que todos viviamos en un 'Myotis myotis' gigantesco, donde los institnos primiegnios y ancestrales se destapan a lo largo de la noche. Yo siempre he pensado que el ser humano es un animal nocturno por naturaleza, readaptado al día como castigo por sus pecados. Imaginaos por tanto la nada descabellada idea de pensar en un 'hombre-murciélago' real, sin capa, pero con dientes de rata y medio ciegos (de ahí la nocturnidad) que intuyen sus movimientos. De hecho, ser humano y murciélago somos primos. Los humanos estamos más cerca de las ratas que de las aves. Todos somos congéneres del Huichilobos o del Chupacabras. Y no es coña. Científicos diseñaron un software para que, a partir de la información genética de los seres de hoy, se pudiera configurar la del "Adán" mamífero. Dicen que lo lograron con 98% de certeza.
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viernes, enero 07, 2005
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Un ex torero iletrado, el ex novio de Estefanía de Mónaco, Brito Arceo (un ex árbitro venido a menos), una ex miss, la nieta de Plácido Domingo, el hermano de Maradona, el cantante King África, Martín Pareja Obregón, Kiko Matamoros y su antagonista televisiva Lara Rodríguez... Cuando puse ayer la tele para ver qué desgracias nos deparaba la segunda edición de 'Gran Hermano Vip', no podía creerlo. Todos pequeños freakies desconocidos, sin glamour, ni ímpetu de casposidad ni de dar espectáculo vergonzante, del acostumbrado por la mugre social reconvertida en carnaza de feria televisiva. Y eso que Telecinco es la cadena líder de audiencia. Lo de ayer fue totalmente funesto. La mecha de este tipo de realities se está consumiendo. El intervalo de tiempo entre un GH de payasos normales y cotidianos y el nuevo GH de payasos famosillos ha sido de una semana, saturando la pantalla con una convivencia en sus inicios de carácrter sociológico que al espectador empieza a aburrir, dado su grado de inmundicia. Ni siquiera el siempre inspirado Jesús Vázquez, acostumbrado a ser la salvación de este tipo de programas, pudo estar a la altura. Aburrido, sin interés, paupérrimo, sofocante... Son muchos los adjetivos que se le pueden achacar al enésimo intento de conquista de liderazgo una televisión que es la reina de las audiencias y que sigue ofreciendo una programación adornada con un sedimento digno de una letrina llena de mierda. Realmente patético.
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Durante años he buscado la forma de que alguien se acordara. Alguien que compartiera conmigo la sensación de un recuerdo memorable. Me refiero a una de esas series que te marcan. Recuerdo cuando iba al colegio y tenía 9 años. Cuando llegaba el viernes no quería que llegara por ver el 'Un, dos, tres...', sí lo hice durante la semana con 'Misterio en Salem’s Lot’ u otras series que mi memoria casi no alcanza a recordar, como aquellas míticas noches con ‘Historias para no dormir’, del genial Chicho Ibañez Serrador, persona humana a la considero como una especie de padre adoptivo debido a su maestría televisiva y cinematográfica. Como un niño extraño y raro que empezaba a tener curiosidad por temas de lectura ajenos a las tareas que le mandaban a uno en el cole, empezaba a tontear con autores que, posteriormente , marcarían mi desarrollo intelectual (para bien o para mal); era la época de mis primeros Theodore Sturgeon, James Francis Dwyer, Alter Besant, Edgar Allan Poe, Forrest Bice, Norman MacLeod, Duane Decker o Juan José Plans (no puedo evitar emocionarme cuando recuerdo el regalo de un familiar que supuso la primera vez que leí ‘Babel Dos’). En fin, como iba contando, la cosa era que los viernes eran especiales. Después de comer la merienda consistente en un bocadillo de mantequilla con salchichón con un buen zumo de naranja, me sentaba en la salita yo sólo me tapaba con las faldillas al calor de un brasero que denotaba una sutil menesterosa situación familiar, esperando a que empezara. Salían aquellas letras que todos recordábamos por la rememorada ‘Benny Hill’ y aquella musiquilla viendo el Tower Bridge desdoblándose por el reflejo del río Tamesis... ¡Qué recuerdos! Pues bien, la serie se llamaba ‘Chocky’.  Durante años pensé que, una de dos; o yo me había vuelto totalmente gilipollas y me había inventado esta serie o la gente no tenía memoria catódica. Años y años preguntando a todo aquel que conocía y tenía gustos y fobias afines a las mías. Por mucho que me empeñara, a ninguna persona le sonaba esta seria británica ¿Cómo era posible que nadie se acordara de la serie más cojonuda de mi infancia? ‘Chocky’ fue para mí una fuente de inspiración, una necesidad televisiva que me hacía vivir más feliz, que se convirtió en uno de mis mitos infantiles, que me ofrecía la posibilidad de ver una serie de calidad para un público juvenil. Una serie sensata y austera, con claros vislumbres de un especial ‘fantastique’, extraño, insólito. Algo que, por supuesto, no era muy habitual en la pequeña pantalla. Ciencia Ficción sin efectos especiales que acumuló horas delante de la caja tonta y de hojas de dibujo intentando imitar todo aquello que iba viendo cada tarde de los viernes. Era una liturgia, simple magia alucinarotia y alucinante.
 ‘Chocky' resulta ser una adaptación de un serial radiofónico de los 60 que se basaba en la obra de John Wyndham, uno de los mejores creadores de literatura fantástica que haya dado el Reino Unido. Y allí estaba yo, con mis pequeñas piernas colgando en la silla, nervioso, expectante por saber qué iba a pasar. Y sin pestañear, comenzaba a ver LA SERIE. Aparecían los créditos, con aquellas letras que se han grabado al fuego en mi memoria, con aquella sintonía de breves notas tan estimulantes y tristes... ¿Qué de qué iba? Eso es más fácil de contar. La serie se centraba en la historia de Matthew Gore (un 'niño-actor' de inquietante presencia Andrew Ellams), un muchacho superinteligente que vivía en uno de esos condados caseros de Inglaterra, en las afueras de una pequeña orbe inglesa. Un día el chavalote es escogido por un extraterrestre para conectar su universo a la tierra. El alien no era físico, sino mental y se llamaba Chocky. Había venido a nuestro mundo para obtener información sobre la vida en la tierra. El drama psicológico y el suspense se acrecentaban mientras que la historia nos ponía en el punto de vista de los padres, que atestiguaban un cambio extraño en el comportamiento de Matthew, hasta hacernos meter en la relación de extraterrestre y el niño. Por supuesto, la cosa no acababa ahí. Chocky, que al principio era repudidado por el niño, le otorgó unos extraordinarios poderes; podía leer el pensamiento de los que le rodeaban, veía el futuro y, por medio de una capacidad adquirida para el dibujo, Andrew iba resolviendo la difícil personalidad del alien por medio de impresionantes dibujos. Con la ayuda de su nuevo amigo, Matthew se convertía en una especie de pequeño genio con una destreza para los juegos inconcebible en un chaval de su edad (por supuesto, el cubo de Rubick no se le resistía).  En un esfuerzo de entender qué le estaba sucediendo a su hijo, los padres de Matthew lo llevaban a un psiquiatra. Y es entonces cuando acontecía lo mejor de la serie ¿Qué hacía el doctor? Nada más y nada menos que sugerir a los padres que el infante fuera a un centro de niños superdotados para estudiar su caso. Allí, el niño sigue desarrollando sus poderes hasta límites insospechados (incluso salva a una niña de morir ahogada porque previamente ha visto el accidente). El chaval (convertido casi en un fenómeno mediático) quiere irse de allí, a pesar de todo porque le reconocen valores que no tiene, sino que pertenecen a Chocky, como una medalla que le conceden por su acto heroico. Recuerdo que un buen día Chocky se iba de su vida y Matthew escapaba de casa abatido por la ausencia de su mejor amigo alienígena o lo secuestraban para hacerle pruebas en un extraño hospital, no recuerdo bien. Tampoco de si esto, dentro de la trama, duraba mucho o poco, pero lo que sí es cierto es que me encantaba ese 'climax final' sin resolver, finalizando cada episodio con el recurso de secuencia en alto, lo que provocaba unas irrefrenables ansias de saber qué pasaba en el capítulo siguiente. Infancia, extraterrestres, aventuras... Todo ello mostrado en un género televisivo de corte fantástico.  Lo más fascinante de todo es que Chocky era un holograma, amigos, una visión en el espacio compuesta por un cosmos invertido que se curvaba y daba vueltas, que se disolvía sobre la imagen y se alargaba. Creo recordar que en uno de los últimos episodios el niño termina su particular dibujo del mundo del extraterrestre, sobre una pirámide invertida (que ha formado parte de mi vida en mis ratos de ocio) había miles de personas que formaban la palabra CHOCKY, entonces aparecía en forma de ‘O’ el rostro del extraterrestre. De esto no estoy muy seguro, pero de lo que sí lo estoy es que fue sensacional vivir las dos partes de la serie. La primera en 1984, la que se me ha quedado grabada en mi particular disco duro. La segunda, en 1986, con el papel protagónico compartido con una niña que vivía cerca de un molino o algo así y era una genio de las matemáticas. A poco más llegan mis recuerdos sobre la serie, sólo que lloré en el último episodio cuando Chocky ya no estaba junto a Matthew cuando su padre le regala una medalla con el nombre del alien etéreo, sabiendo que ya le ha ayudado y que no puede hacer más por él, que necesita ayudar a otros niños para entender la vida humana. Más niños que necesitan su ayuda. Era el final de un sueño, el epílogo de una serie que marcaría para siempre a aquel Refo de 9 años que empezaba a concebir su propia cultura y que empezaba a escribir sus primeros cuentos. 'Chocky' debería haber sido de obligada visión por todos nosotros. Tendría que haberse quedado en la memoria de todos y cada uno de nosotros. Lamentablemente, por lo que sé, no ha sido así. Supongo que ahora tampoco sería lo mismo, que habrá perdido su potencial y que vista con los ojos de un adulto podría ser un auténtico bluf de sentina catódica. Lo importante de todo, es que lo que Wyndham contó o intentaba narrar con sus escritos fue una nueva visión del mundo subconsciente, una de las descripciones más potentes del inconsciente colectivo que la ciencia ficción haya acometido en toda su historia. Y eso, llevado al alcance de un niño que cayera cautivado por tales incógnitas merece la pena. Por eso, tengo la suerte de haberlo vivido, de haber sido partícipe de aquella generación que aún se pregunta porqué 'Chocky' no fue un fenómeno de masas, porqué somos tan pocos los que añoramos la historia de Matthew y Chocky.
 Llegados a este punto, la pregunta es bien sencilla... ¿quién se acuerda realmente de Chocky? Os invito a participar.
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jueves, enero 06, 2005
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Como cada año, el terror de Hollywood, ese tipo inconfundible que es el mítico freakie Harry Knowles ha dado su lista de las 10 películas de 2004 a través de su página 'Ain't it cool new'. Aquí están sus 10 del año.
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Los Reyes Magos me han regalado este año una estupendísima resaca que ha hecho que mis malogradas neuronas se convulsionen en busca de ideas o de temas que trasladar a este Abismo que cada vez lo es más. Pero creo que no ha habido manera. Siempre me ha resultado harto difícil escribir bien después de una noche de excesos y plétoras jaraneras. Y ayer, poco a poco, paulatinamente, el par de cervezas que íbamos a tomar se multiplicaron como Gremlins en el agua. Algo inadmisible, por otra parte, pero nadie se niega a caer víctima del regocijo. Mal negocio para mis aptitudes neuronales, para mi descolocado funcionamiento mental. Había pedido la trilogía extendida de ‘El señor de los anillos’, pero como sus majestades lo han dejado todo para último día, como los buenos estudiantes ante los grandes exámenes, me he tenido que contentar con el dinero que me han dejado en una cartera nueva y tendré que ir a MediaMark, ubicado a varios kilómetros de mi casa, esperando que repongan la saga de Peter Jackson lo más pronto posible. En fin, algo es algo. Espero que a vosotros os hayan traido muchas buenas cosas en forma de regalo o de promesa de intenciones.
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miércoles, enero 05, 2005
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Una fábula de niños perdidos Excelente alternativa a ‘Harry Potter’, estamos ante una extrañeza de creación visual estilizada y su entendimiento del sentido de espectáculo cinematográfico para consumo de todos los públicos. Es casi inevitable no citar al fenómeno de masas ‘Harry Potter’ al comenzar a hablar de una película tan extraña e insólita, oscura y fascinante, como es ‘Una serie de catastróficas desdichas’. Dos propuestas muy dispares, casi análogas sobre la ficción de aventuras infantiles asentadas en un niño mago de J.K. Rowling y en los tristes y sombríos huérfanos de Daniel Handler (o más conocido por su pseudónimo Lemony Snicket, dos variantes de un didactismo pedagógico afincado en obras literarias que han sido un fenómeno de masas antes de ser llevados a la gran pantalla. Y es que, después de tres entregas con dispar suerte de las aventuras del mago de Hogwarths, ya iba siendo hora de una disyuntiva, un necesario cambio que tuviera la calidad suficiente para arrebatarle la hegemonía al mago Potter. Alternativas para críos con imaginación que, más allá de los píxeles de las consolas y la gilipollez de la televisión actual, encuentran el placer de la lectura como esparcimiento y no como exigencia. Y eso, en los tiempos que corren, es todo un logro. El filme de Brad Silverling ha condensado los tres primeros libros de la serie (‘Un mal principio’, ‘La habitación de los reptiles’ y ‘El Ventanal’) para narrar la funesta historia de Violet, Klaus y Sunny, los desdichados hermanos Baudelaire. La fábula, con claros indicios artísticos de un mundo de aristas ojivales y oscuridad tenebrosa, comienza con la noticia de la muerte de sus padres, pasando su cautela al malvado Conde Olaf, un excéntrico aficionado a los disfraces que buscará por todos los medios la manera de hacerse con la cuantiosa herencia que les ha quedado a los huérfanos. Silverbing, partiendo de un atenuada adaptación de Robert Gordon, presenta la acción en un ‘Off’ particular, hablando directamente al público, por medio de un narrador de cuentos (en la versión original con la voz Jude Law) que imbuye al público en una umbrosa crónica llena de infortunios, de enfrentamientos con el tenebroso Olaf con un tétrico modo de ver la vida de unos personajes que viven su colosal aventura atribulados ante sus penosas circunstancias.  Así, los dos hermanos mayores, Claus y Violet, destilan con evidente circunspección y melancolía una extraña precocidad, la ruptura de una niñez afligida, aquella que ni el bebé ha encontrado perceptible en su lenguaje intencional, cuando intenta pronunciar ininteligibles palabras. Las situaciones que se plantean no son amables ni edulcoradas, sino realmente terribles, como en los cuentos de corte psíquico de los Hermanos Grimm, las fábulas victorianas de Dickens o las historias de Roald Dahl. Por lo tanto, estamos ante una cinta de propósitos que van más allá de ofrendar un producto diferente, consecuencia del respeto por parte de los autores para con la obra de Snicket. En su principio se habla de que si se espera un elfo feliz, ya podemos abandonar la sala, pues en vez de esto, comprobamos, de entrada, que la familia queda destruida con la muerte de los padres y el brutal viaje iniciático de los tres Baudelaire en su confrontación con la realidad. Cierto es que no son niños normales, ya que su capacidad intelectual está por encima de lo que un infante suele mostrar, pero el vestigio premeditado que reside en su finalidad fabulesca sigue siendo tan clásica como macabra. Y no es otra que el enfrentamiento a una infancia lacrada por la orfandad en un mundo de adultos, cruel y despiadado, algo que recuerda por momentos a la línea argumental de ‘La Noche del Cazador’, la obra maestra de Charles Laughton en insólita mezcla con una cosmología de magia oscura procedente del mejor Terry Gilliam.  En el terreno de lo sutil y de los dobles sentidos, ‘Una serie…’ podría percibirse como una excelente alegoría de todas aquellas películas infantiles (y de adultos) que se inclinan hacia la excesiva condescendencia respecto al espectador, gravitando su eficacia en un despego deliberado de cualquier atisbo almibarado del cine infantil actual, sustituyéndolo por un humor negro y bilioso que, a veces, no tiene ninguna gracia debido a la excesiva crueldad con que se muestran algunas acciones. Tal vez ahí resida la única barrera que impide que la película de Silverling se pueda convertir en un clásico del cuento gótico, en la excesiva frialdad y atrocidad de muchos de sus pasajes y porque quizás porque no se llega a empalizar lo suficiente con los niños como para meterse de lleno en sus desventuras con el conde Olaf. Es en este personaje donde reside también otro sutil inconveniente debido a la interpretación de un Jim Carrey que, como es habitual en algunas de sus películas, no se adapta al personaje, sino que acaba dándole vida haciendo eso que tanto se le reprocha, es decir, caer en el histrionismo más desacertado con sus habituales aspavientos y contorsiones físicas y faciales. Un error, porque el conde Olaf acaba siendo un referente cómico, nunca terrorífico y amenazante. Lastre que no se percibe en los tres intérpretes infantiles Emily Browning (perturbador nuevo rostro), Liam Aiken y las gemelas Kara y Shelby Hoffman que, ayudados con sus exóticas facciones y pese al distanciamiento de sus personajes, recrean con éxito y ternura la triste historia de los Baudelaire.  ‘Una serie de desdichas…’ es un cuento de hadas triste y oscuro, un formato narrativo ideal para explorar una realidad alternativa no necesariamente realista, como en los cuentos de Edward Gorey, donde el espíritu misceláneo está atmosféricamente más cerca del expresionismo lúgubre que de cualquier fábula colorista. Un aspecto cuidado hasta el milímetro, cuajado de opulenta imaginería, de gradación nebulosa, con un impresionante diseño de producción de Rick Heinrichs (los decorados, el vestuario, el atrezzo, esa mezcla entre ambiente victoriano) y de la esplendorosa fotografía de Emmanuel Lubezki (que da una lección abrumadora de una excelente sobriedad en el uso de las ópticas y contraluces), ambos habituales del cine de Tim Burton, con el que tanto tiene que ver un universo de Snicket donde existe un extraño tono lóbrego y onírico, donde la belleza anida en todo aquello que hace volver la mirada del alma a las formas oscuras de la realidad. Donde la muerte, empezando por los padres Baudelerie y tutores posteriores, va dando forma y sentido a la vida de unos niños abocados a sufrir, pero paradójicamente, eso es lo que les mantiene unidos ante cualquier adversidad. Los niños pueden estar esclavizados en una casa sórdida, privados de afecto y bienestar, pero aún así encuentran refugio entre sí mismos. Resulta curioso, citando a Tim Burton, las coincidencias que tiene ‘Una serie…’ con ‘Bitelchús’, cuyo parecido entre el surreal personaje de Burton y el conde Olaf se extrema no sólo al antedicho excentricismo histriónico, sino al vestuario, la capacidad de caracterización de ambos, una boda con una menor, su humor negro, serpientes gigantes… Y es que, como sucedía en aquella, y en toda la obra del director de ‘Sleepy Hollow’, la mezcla de dosis de aventura, fantasía fabulesca y comedia negra, se mantiene gracias a un perfecto equilibrio de todas sus disposiciones narrativas y estéticas. Por eso, el manejo del ritmo narrativo de Silverling para la creación visual estilizada y su entendimiento del sentido de espectáculo cinematográfico para consumo de todos los públicos le otorgan un territorio propio y de gran brillantez.  Un cuento no moralista de personajes en busca de su destino inmersos en una niñez terrorífica, con paisajes agrios y umbrosos, desde el abismo emocional de la pérdida de los padres hasta la nostalgia de la lejanía perdida del hogar, que convoca lo mejor de la palabra escrita en una entidad cinematográfica de personalidad y factura impresionante, reflejada, ejemplarmente, en unos créditos finales que son una pequeña joya. Una cinta destinada a ávidos lectores, futuros creativos, mentas inquietas e incluso enajenados amantes de las delicias visuales. ‘Una serie de catastróficas desdichas’ es, ante todo, una pequeña gran sorpresa. Miguel Á. Refoyo © 2004 Tentaciones de un Humbert Humbert de tercera Un tema aparte que tengo que destacar de esta película, no sé por qué razón, ya que percibo que no es un hecho que pudiéramos considerar habitual, legítimo y mucho menos moral, son las fuertes sensaciones que despertó en mí la jovencísima Emily Browning, la mayor de los Baudelaire, Violet. Me sentí por momentos como un Humbert Humbert de tercera, mirando con ojos lascivos a Dolores Haze, la eterna Lolita, con una irremediable atracción ‘perversa’ por las nínfulas menores de edad. En este caso, embelesado con la belleza de una chavalita como es la Browning. En mi vida cotidiana jamás se me ocurriría mirar a una menor de esta sucia manera, pero es que me dejó encandilado la belleza, la profundidad de sus ojos, de su rostro exótico, esa boca de pulposos labios, de sus inquietantes y enigmáticas facciones. Qué impropia beldad en una cría de 16 años, de verdad. Y no es la primera vez que me pasa. Sí, amigos, me recuerda a las mismas miradas ignominiosas que lancé hace años cuando Natalie Portman hizo ‘León’, que prolongaron su efecto en películas como ‘Beautiful girls’ o ‘Heat’. Ahora, afortunadamente Portman ha crecido y no hay ningún problema en proclamar mi admiración a su hermosura y candor. Aunque recuerdo un rostro mucho más mítico por lo desconocido de la nínfula: Judith Vittet, la pequeña Miente de ‘La ciudad de los niños perdidos’ de Jeunet & Caro. Lo mismo que con Scarlett Johansson en su época de ‘El hombre que susurraba a los caballos’... Tal vez en las teorías freudianas esté esta infrecuente afinidad por la juventud, aunque reconozco que es más utópico y platónico que carnal. Tal vez forme parte de alguna de las presunciones de Dan Kiley. No sé. El caso es que es un placer observar el potencial de esta nueva nínfula que dará mucho que hablar: Emily Browning.
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martes, enero 04, 2005
Primero Artie Shaw, después Frank Kelly Freas y hoy toca hacer homenaje póstumo en este extraño obituario artístico en que se está convirtiendo 2005 al gran Will Eisner, un maestro de maestros, un clásico reverencial que dominaba el dibujo, la atmósfera del cómic imposible de superar, la narración y el lenguaje narrativo a unos niveles realmente increíbles e inalcanzables. La leyenda viva del cómic mundial murió ayer a los 87 años dejando tras de sí un áurea mitológica a la altura de los grandes creadores del cómic de la historia. Un hombre que, dentro de su trabajo, se ha convertido en un mito, al igual que Winsor McCay, Breccia, Bourgeon, Moebius, Tezuka o el dúo Stan Lee y Jack Kirby. Comenzó en la DeWitt Clinton High School, donde colaboró con Bob Kane (el padre de ‘Batman’) en la publicación de la escuela, tras lo cual realizaría las series de ‘Captain Scott Dalton’, una de piratas titulada ‘The Flame’ o las hazañas del agente secreto ‘Harry Karry’. Junto a Jerry Iger produjo algunos de los mejores cómics distribuidos en el extranjero, como ‘Hawks of the Seas’. Debutaría con el segundo número de ‘Features Funnies’, a lo que seguiría ‘Sheena’, la aguerrida tarzánida dibujada por Mort Meskin que todos conocemos de la pequeña pantalla gracias a Sam Raimi. Series como ‘K-51’, ‘Muss' Em Up Donovan’, un justiciero, 'The Brothers Three’, el western 'Wild Tex Martin’ serían algunos trabajos destacables.  En los años 40 creó para la prensa el que es su cómic más célebre ‘The Spirit’, un personaje con el que ya empezó a experimentar e introducir innovaciones narrativas y a hacer de su progresión evolutiva un ejemplo paradigmático de maestría absoluta. Con el justiciero enmascarado de índole humana, Eisner incluiría constantes descubrimientos de lenguaje del cómic, con un acertado y sutil retrato crítico de la sociedad de su tiempo y sus bucólicas fantasías. ‘The Spirit’ se convirtió en una de las obras maestras de la historia por narrar, con una disposición novedosa en su narración tradicional, historias cercanas, donde los seres humanos y sus sentimientos trascendían las páginas del cómic y sus propias aventuras, adentrándose en lo más profundo de la esperanza, del prisma positivo con el que mirar la vida. Tiene razón el gran Paco Cavero cuando afirma que tal vez gente como Alan Moore y Frank Miller estén excesivamente sobrevalorados ante la figura (inexplicablemente desconocida para muchos) de un tótem como Eisner. Y es que este genio lo es en todos los sentidos, empezando por sus composiciones de página rayano en el más puro arte pictórico y inspirándose muchas veces en el cine negro de aquella época. Como gran maestrol, Eisner ha dedicado gran parte de su vida a ejercer como preceptor en las finalidades educativas, campo en el que estaba interesado desarrollar el potencial del cómic y que progresivamente iba siendo evidente en ‘The Spirit Section’.  La revista P.S. Magazine, su paso por la School of Visual Arts de Nueva York (ejerciendo su labor docente) y su apogeo con ‘Contrato con Dios’, una obra ésta que es considerada como la primera en acuñase como lo que hoy conocemos como ‘novel gráfica’, le convirtieron en paladín del cómic ‘de autor’, rebasando el entretenimiento infantil o juvenil de diversión vacua para incluir en las páginas de sus cómics aspectos (del cine y la literatura –a los que influiría con sus cómics-) hasta entonces inexplorados por ningún autor del Noveno Arte. Obras como ‘Crepúsculo en Sunshine City’, la historia de corte autobiográfico ‘El soñador’, ‘El edificio’, la soberbia autobiografía ‘El Corazón de la tormenta’ extendida en un compendio de historias cortas y anécdotas basadas en historias reales vividas por Eisner bajo el título de ‘El último día en Vietnam’ y sus últimos trabajos ‘Pequeños Milagros’ y ‘Las reglas del juego’ que apuntalaron su extraordinaria obra con las recopilaciones 'Will Eisner's Shop Talk’ y ‘El cómic y el arte secuencial’ y su continuación ‘La narración gráfica’, dos libros teóricos imprescindibles para cualquier amante del mundo del cómic.  Eisner, inspiración y maestro de muchos guionistas y dibujantes de cómics ha dejado un hueco muy grande en un universo que hoy llora su muerte.
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Una breve recomendación para empezar bien el año, amigos de la blogsfera: 'Whisky’, de Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, uno de esos largometrajes destinados a permanecer en la memoria colectiva del público y hacerse un pequeño hueco en la historiografía cinematográfica uruguaya vista en nuestro país (que, no nos engañemos, aquí es difícil ver) con su pequeña historia contenida sobre la incomunicación en la que sus tres personajes viven en sí mismos, cerrados en la cotidianidad aburrida y aplastante que les devora. Historias íntimas cargadas de pesimismo, que se abren a lo imprevisible con un mínimo viaje a un hotel cerca de la playa. Esta magnífica película mira con angustia y desespero la vida, consecuente con la lentitud con que ésta avanza, aportando sorpresas inesperadas. A través de los ojos de unos personajes lacónicos e hieráticos, Stoll y Rebella indagan en una farsa que se destapa cómicamente brillante, que se encamina, paradójicamente, a detallar la vida de unos caracteres que se consumen complacidos al aburrimiento y a lo ordinario. ‘Whisky’ posee un lustroso sentido cinematográfico, de sosegada e introspectiva narrativa cinematográfica, con una planificación aquietada que profundiza perfectamente en los sentimientos y personalidad del trío protagonista, donde los pequeños detalles, aparentemente insignificantes, se magnifican al excavar con sutileza en la exposición psicológica, aprovechando sus escasos espacios, valiéndose de la iteración expositiva como reflejo de la rutina cotidiana de sus protagonistas, a los que dan vida con inmensa grandeza Andrés Pazos, Jorge Bolani y, sobre todo, la lacónica Mirella Pascual. Todos efectúan unas interpretaciones excelentes. Se trata de un drama melancólico, humilde y tierno, que contiene en su fondo pequeños trazos de triste humor. Una mezcla genérica que aporta, con una simpleza desarmante, la realidad de una historia honesta, sin mayor complejidad que la que se deriva de una situación tan patética como la vida misma, la que vivimos todos nosotros cada día del año.
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A lo que llega la gente asumiendo que está exprimida por la onda expansiva del furor informático. Acabo de leer que informático chino totalmente viciado a navegar en Internet ha solicitado en el registro civil que su hijo reciba el nombre de “.com”. El padre, programador de oficio y apellidado Zhao, indicó que había decidido que el apelativo completo de su hijo fuera zhao.com (en China, el apellido va delante del nombre), similar al de una página web. Para colmo, no es la primera vez que un chino intenta poner un nombre relacionado con Internet a su vástago, ya que el pasado octubre otro registro civil del país rechazó la solicitud de un padre de llamar a su hijo con el símbolo informático "@" (arroba). El creador del software informático libre Linux, el finlandés Linus Torvalds, puso en el nombre oficial de su hija Patricia el sufijo "v2.0" (segunda versión), como si la chavalita fuera un robot. En todo este desmadre, cada uno tiene sus razones ¿Por qué un jardinero puede ponerle Rosa a su hija o Jacinto a su hijo? ¿Por qué una depresiva crónica no tiene el derecho de que su hija se llame Angustias? ¿Por qué Fernando Trueba tiene un primogénito llamado Groucho? Yo respeto las decisiones. A mí, cuya mayor afición es comer en ingentes cantidades ¿me dejarían ponerle a mi hija ‘Panceta’ o a mi hijo ‘Pincho Moruno’? El nombre que antecede al patronímico es importante, pero nunca hemos pensado hasta qué punto es importante. Por eso ahora Madonna se llama Esther, Prince ya no tiene ni apelativo, Jennifer López reniega del apellido y se quiere llamar sólo Jennifer, a secas. Nunca me he parado a pensar cuál sería el nombre que elegiría si pudiera cambiarme el que tengo. En otro orden de cosas, y volviendo a la locura colectiva por la red de redes, a veces me pregunto si tengo verdaderamente una imperiosa necesidad de conectarme a Internet, de compartir la red con otros empanados como yo, delante de la pantalla, leyendo blogs, cliqueando el ratón como una cobaya ansiosa, yendo de página a página, escrutando cada rincón de Internet mientras varios libros reposan iniciados con un separador encima de mi mesilla de noche, tristes, reclamando algo de atención. Kavalier y Clay están definitivamente enfadados conmigo. El problema no creo que sea ningún tipo de adicción (lo curioso del tema es que la adicción a Internet no figura en el DSM, el manual más utilizado para el diagnóstico de desórdenes mentales), sino que la cuestión reside en si no estaré restando tiempo necesario a otros aspectos de su vida que también son importantes. La solución: tengo que aprender a distribuir mejor mi tiempo si no quiero acabar teniendo un hijo que se llame Abismo o cosas peores.
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lunes, enero 03, 2005
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Cine 2005: Un año muy bélico y galáctico ‘Star War. Episodio III’, de George Lucas y ‘La Guerra de los Mundos’, de Steven Spielberg las propuestas más atractivas de un 2005 que traerá muchos grandes títulos. Como cada año, además de promover las listas con lo mejor y lo peor del pasado año, suele afrontarse la nueva temporada esperando algún que otro título que marque las expectativas de títulos que, por diversas razones, atraigan la atención de los medios y del público, esperanzado por ver grandes superproducciones apoyadas en impresionantes campañas de publicidad y marketing que empiezan varios meses antes de que el celuloide vea la luz. Películas que esperan su lugar en una nueva temporada que repartirá su posición con ecuanimidad (o no) en lotes de películas llegadas de Hollywood y del resto del mundo en este avance en el que destacamos algunas de estas películas que se aguardan con atención. Como constatación del último reclamo de Hollywood, este 2005 será un año marcado por dos modas que consolidan la estrepitosa carencia de ideas que existe en un entorno infectado por la falta de originalidad en sus grandes productos. Así, el grado de renovación a golpe de cheque de antiguas cintas, más conocido por todos como ‘remake’, proporcionará un nuevo torrente ‘nuevas versiones’: Comenzando por las dos modernas visiones de los clásicos de John Carpenter ‘Asalto a la comisaría del distrito 13’ y ‘La Niebla’, ‘Embrujada’, dirigida por Nora Ephron adaptación del éxito de la televisión de los 60 con Nicole Kidman y Will Ferrell, ‘Oliver Twist’, recomposición del clásico literario llevado al cine por, nada más y nada menos, que Roman Polanski, ‘The cincerella man’, de Ron Howard con Russell Crowe o la innecesaria revisitación al icono del Inspector Closseau en ‘The Pink Panter’, de Shawn Levy con Steve Martin haciendo las veces del inigualable Peter Sellers.  Por otra parte y, como viene siendo habitual, la adaptación de todo tipo de cómics se está transformando en un ejercicio de inversión segura por parte de las grandes productoras que, poco a poco, está fagocitando todo el universo del Noveno Arte y destrozando, en casi todos sus casos, las viñetas tan adoradas por los seguidores del cómic de turno. De los muchísimos venideros, algunos de ellos son ‘Los 4 fantásticos’, el legendario cómic de Stan Lee es llevado a personajes de carne y hueso por Tim Store, ‘Constantine’, de Francis Lawrence desmenuzando el gran cómic creado por Garth Ennis y protagonizado por Keanu Reeves, ‘Elektra', recuperando a Jennifer Garner en su papel de ‘Daredevil’ y, sobre todo, el esperadísimo ‘Sin City’, dirigido por Robert Rodríguez y por el genio, padre de la criatura tebeística, Frank Miller, que aportarán una estética innovadora y revolucionaria. Entre la ceremonia celebrada a finales de febrero en el Kodak Theather, más allá del Oscar que se pueda llevar Amenábar con ‘Mar Adentro’ a la mejor película extranjera, lo interesante suele ser la aportación de un buen puñado de títulos que se destacarán como lo mejor del año. Algunas cintas suenan fuerte apoyadas en la gran acogida de la crítica especializada y los premios orientativos que preceden a las nominaciones. ‘Ray’, de Taylor Hackford tiene casi asegurada varias nominaciones, entre las que es casi segura la de Jaime Foxx como actor principal por su recreación de Ray Charles. Otra, podría ser ‘Closer’, del veterano Mike Nichols que cuenta con cuarteto de lujo como Jude Law, Julia Roberts, Clive Owen y Natalie Portman y, finalmente, ‘Million Dollar Baby’ o la última gran apuesta de Clint Eastwood con Hillary Swank y el reencuentro de Eastwood y Morgan Freeman después de ‘Sin perdón’ hace doce años.  Pero hay otras muchas películas pendientes de estreno que saben que desde su estreno pueden llevarse a sus arcas cifras millonarias. Cintas históricas, como ‘El mercader de Venecia’, de Michael Radford con Al Pacino y Jeremy Irons o ‘Kingdom of Heaven’, filme con Orlando Bloom rodada en España por Ridley Scott. Comedias de todo tipo, desde la gamberrada parida por los creadores de ‘South Park’, Trey Parker y Matt Stone, ‘Team America: World Police’ protagonizada por marionetas, la secuela de ‘Los padres de ella’, ‘Meet the Fockers’, de Jay Roach con Ben Stiller, Robert De Niro y Dustin Hoffmann o la más políticamente correcta y romántica ‘Spanglish’, de James L. Brooks con Paz Vega, Tea Leoni y Adam Sandler. Acción y espectáculo en la adaptación del violento juego ‘Doom’, que propondrá Andrezj Bartkowiak, ‘Mr. and Mrs. Smith’, la imposible reunión por parte de Doug Liman de una comercial pareja compuesta por Brad Pitt y Angelina Jolie y ‘La leyenda del Zorro’, segunda parte de las aventuras de Antonio Banderas y Catherine Zeta Jones dirigidos de nuevo por Martin Campbell o 'The Island', el nuevo mastodonte cinematográfico de Michael Bay. También otras películas que se esperan con bastantes ganas son ‘Alfie’, de Charles Shyer y la ratificación como actor de moda y ‘sex symbol’ de Jude Law o la fastuosa ‘Memorias de una geisha’, de Rob Marshall. ‘El Código Da Vinci’, de Ron Howard con Tom Hanks y la tercera parte de ‘Misión Imposible’ serán proyectos que condensarán las noticias sobre rodajes con vistas a estrenarse a finales de año o en 2006. En cuanto al cine español, la cuota de pantalla verá su filón en una sola película que competirá sin ningún tipo de problema con cualquier superproducción que se ponga por delante. Esta proeza sólo puede tener un nombre dentro de la apagada y ridícula situación de cine español: Santiago Segura. ‘Torrente 3’, será (tristemente) la opción que juega sobre seguro en la taquilla nacional. Un panorama nefastamente oscuro que, intentará emprender la primera superproducción nacional en años con la esperada ‘El capitán Alatriste’, de Agustín Díaz Yanes en su carísima adaptación de los ‘best sellers’ de Pérez Reverte. Pero si por algo este 2005 está llamado a dar grandes títulos son, como avance, por estos diez títulos que destacamos a continuación. Todas ellas, películas que están dando que hablar desde hace mucho tiempo y que las he situado al azar, sin ningún orden concreto. 'Alexander', de Oliver Stone. Primera gran superproducción que se estrena pasado mañana y que tiene como gran atractivo un reparto encabezado por Colin Farrell, Angelina Jolie, Anthony Hopkins y Rosario Dawnson. En Estados Unidos ha sido un fracaso estrepitoso. Oliver Stone sigue apostando por su particular estilo arriesgado y combativo y parece ser que la historia épica que se narra no ha convecido mucho a nadie. Habrá que ver cómo funciona en nuestro país. En cualquier caso, es la primera gran película de 2005. 'The Aviator', de Martin Scorsese. Uno de los proyectos más esperados que, si hacemos caso a las quinielas, será una de las grandes nominadas a los Oscar. Scorsese, ajeno al oropel, brinda su maestría clásica en una historia sobre la vida de Howard Hughes que tiene como señuelo comercial al siempre carismático Leonardo Di Caprio en la que, como ha dicho el gran maestro Scorsese, será la última gran superproducción de este clásico de la Historia del Cine. 'The Birthday', de Eugenio Mira. La gran apuesta de nuestro maltrecho cine español. Una producción nacional rodada al más puro estilo norteamericano. Filme arriesgado y oscuro que mezcla géneros en un tributo que el alicantino (acompañado en el guión por Mikel Alvariño) ha otorgado al cine de los 80. A la cabeza del reparto está Corey Feldman, actor de culto protagonista de filmes como ‘Los Goonies’, ‘Cuenta Conmigo’ y ‘Papá Cadillac’. 'Star Wars: Episode III - Revenge of the Sith', de George Lucas. Sin duda alguna 2005 tiene en la finalización de la segunda saga galáctica de Lucas su filón comercial. La transformación de Anakin en Darth Vader y la curiosidad de todo el público mundial por saber cómo acaba esta fantasía de ciencia ficción le concede el primer puesto en la lista de películas para ver en la nueva temporada. Es posible que sea la película más taquillera de este año que acaba de empezar. Aunque también es posible que no lo sea. ‘La Guerra de los Mundos’, de Steven Spielberg. Será el único en hacerle sombra a su amigo Lucas. Una superproducción de 200 millones de dólares para adaptar la obra maestra de H.G. Welles y el protagonismo de Tom Cruise parecen ser suficiente para que la nueva odisea de efectos especiales del ‘Rey Midas’ acaparen la atención del público. Otra apuesta segura que cualquier aficionado al cine está esperando ver. ‘Finding Neverland’, de Marc Forster. A priori es un título que no ha sonado mucho como gran película comercial, pero la pareja formada por Johnny Depp y Kate Winslet en la nueva película del director de ‘Monster’s Ball’ en una película de fantasía que recrea la vida de J.M. Barrie, el creador de ‘Peter Pan’, parece suficientemente atractivo como para apostar por ella. ‘Sideways’, de Alexander Payne. Paladín de la nueva comedia independiente americana, la nueva cinta de Payne, autor de ‘Election’ y ‘About Scmichtd’, es una de las que más suena para llevarse algún Oscar en la próxima edición. La historia de dos hombres de mediana edad sin trabajo interpretados por Paul Giamatti y Thomas Haden Church en un viaje a lo largo de California puede estar entre o más selecto del año. ‘La vida acuática con Steve Zissou’, de Wes Anderson. Tras ‘Academia Rushmore’ y ‘Los Tenenbauns’, la última cinta de Wes Anderson tiene cualquier tipo de preferencia ante los restantes títulos. Su humor negro y brillante se une esta vez a unos destacados efectos especiales bajo el agua. El reparto es la gran atracción de uno de los mejores directores del cine contemporáneo: Bill Murray, Owen Wilson, Cate Blanchett, Anjelica Huston y Willem Dafoe. 'King Kong', de Peter Jackson. Tras la trilogía de ‘El Señor Anillos’, el director neozelandés Peter Jackson acomete un arriesgado ‘remake’ dirigido en los años 30 por Ernest B. Schoedsack y Merian C. Cooper en otra superproducción de esas que no necesitan mucha campaña para arrasar en taquilla. Las incógnitas: saber si estará a la altura de las circunstancias y qué aspecto tendrá en enorme simio. 'Batman Begins', de Christopher Nolan. Mucho se está hablando de esta cuarta entrega de ‘Batman’ en la era moderna. Alejado del ‘kistch’ de Joel Schumacher, el superhéroe alado recupera su decencia y oscuridad encarnado en el rostro de Christian Bale. El director de ‘Memento’ promete una reactualización a mejor con otro plantel envidiable de intrérpretes: Michael Caine, Liam Neeson, Morgan Freeman, Gary Oldman y Katie Holmes. ‘Charlie y la fábrica de chocolate’, de Tim Burton. Johnny Deep vuelve a trabajar con Burton, esta vez en una adaptación de Roal Dahl. La fantástica historia de Willy Wonka, propietario de una gran fábrica de chocolates que organiza un concurso escondiendo cinco papeles dorados en cinco chocolatinas y los ganadores podrán visitar su fábrica. De todos ellos sólo uno conseguirá un suministro de chocolate para toda su vida. Muy Burton.
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1922-2005"Con el más profundo pesar informamos que Kelly dejó este mundo mientras dormía tranquilamente a las 4: 46 a.m. el 2 de enero de 2005. Para aquellos que vivan cerca de Los Angeles y deseen dar su último adiós, el entierro tendrá lugar el lunes, 3 de enero de 2005: A las 14:00 horas en Memorial park de Oakwood (22601 Lassen C/Chatsworth CA818-341-0344)". Con estas escuetas palabras se despiden en la web oficial de Frank Kelly Freas, uno de los ilustradores de ciencia ficción más importantes de la historia. Comenzó su trabajo en las revistas ‘pulp’ ‘Weird Tales’ y ‘Planet Stories’. Posteriormente Kelly Freas empezó su colaboración con John W. Campbell y las revistas ‘Astounding Science Fiction /Analog’ desde 1953 hasta el 2001. Más de 48 años de trabajo para la misma publicación. Destacó, además de por un dominio innato para el dibujo y la creatividad sin límite, por un sentido del humor y la habilidad de dotar a los individuos retratados de una personalidad definida, con un estilo inconfundible y exclusivo. Supo dejar una huella definitoria con ilustraciones admirables y refulgentes, protagonizadas por alienígenas casi siempre afables, desolados robots y sensuales mujeres. Freas es uno de los ilustradores de Ciencia Ficción mas galardonados de todos los tiempos. Ha sido nominado en una veintena de ocasiones al premio Hugo (los Oscar de la Ciencia Ficción Internacional), obteniéndolo en diez ediciones. También ha obtenido numerosos premios de otros géneros como el ‘National Association of Trade and Technical Schools' Hall of Fame’ en 1991. Ha trabajado para portadas de novelas de Isaac Asimov, Robert Heinlein, Arthur C. Clarke, A. E. Van Vogt, Poul Anderson y Frederik Pohl. También trabajó para la famosa revista MAD que utilizó varias de sus portadas desde 1955 a 1962 y para trabajos corporativos de la NASA. Algunos de sus trabajos recopilatorios más importantes son ‘Astounding Fifties’ y, sobre todo, su obra maestra ‘Frank Kelly Freas - The Art of Science Fiction’, un libro imprescindible para cualquier amante del género.
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Mucho se ha comentado el anuncio de Chanel Nº 5 dirigido por Baz Luhrmann y protagonizado por la diva Nicole Kidman en el que se dice que ha sido el 'spot' publicitario más caro de la historia. No está mal el glamour, la visualidad, la fotografía y puesta en escena del anuncio de marras. He de reconocer que el australiano ha facturado un más que curioso cuento de hadas moderno. Una microhistoria que se empeñan en vendernos como una pequeña joya cinematográfica, con una historia de amor romántica, profusos vestidos creados especialmente para esta ocasión por Karl Lagerfeld, el 'Claro de luna' de Debussy como música de fondo y con una actriz divina como ninguna. Pero esta Navidad han emitido uno que, sin tanto boato ni suntuosidad, ha hecho las delicias de estos ojos acostumbrados a ver publicidad en grandes cantidades. Se trata de esa pequeña pieza de 45 segundos de 'J'adore' de Dior, donde esa diosa de la belleza que es Charlize Theron es la protagonista. Tras el embrujo de la inimitable voz de Nina Simone cantando 'Don't Let Me Be Misunderstood', la última ganadora del Oscar se revuelve sensualmente bajo el satén dorado que marca su estilizada figura. Dirigido por Nick Knight y creado por el diseñador gibraltareño John Galliano no es tan pretencioso como el de Luhrmann y es más eficaz. En la sencillez, muchas veces (la mayoría) reside la calidad. Aunque todo sea cuestión de gustos.
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domingo, enero 02, 2005
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Pues definitivamente ‘Joey', el ‘spin-off’ de ‘Friends' con Matt Le Blanc repitiendo su personaje como protagonista está empezando a ser un auténtico fracaso para la NBC. La noche de los jueves no está siguiendo las expectativas que se habían creado alrededor del producto. Es una serie que ha quedado por debajo de cualquier perspectiva positiva, con cifras que se sitúan más de la mitad por debajo de la audiencia de la cadena líder, que en este caso es la CBS. Tres veces menos de gente es el porcentaje de los que veían ‘Friends’, que ahora no están por la labor de seguir las aventuras cotidianas del actor Joey Tribianni . La ‘sitcom’ no llega a las cifras de espectadores de ‘CSI’. Incluso ‘Sin rastro’ y ‘Urgencias’ le arrebatan cualquier posibilidad de alzarse con una pequeña tajada de la audiencia. Su desastrosa experiencia televisiva se está saldando con el ‘share’ más bajo de una telecomedia en horario de ‘prime time’ (y en un día talismán en USA). Los 20 millones de espectadores que siguieron el episodio piloto han perdido el interés de una serie que se esperaba como la gran atracción televisiva de la temporada. Ni que decir tiene que Joey tiene los capítulos contados, aunque la NBC espera recuperar sus buenos resultados para que no se quede en un proyecto maldito. Drea De Matteo, Andrea Anders, Paulo Constanzo y las ocasionales apariciones de Kelly Preston no son suficientes para que el enloquecido Joey sume las cotas catódicas que con sus inolvidables ‘amigos’. Habrá que ver cuándo la estrenan aquí para dar el veredicto.
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Me he levantado conociendo la primera mala noticia de este 2005 recién comenzado. El gran Artie Shaw, clarinetista y director de banda cuya grabación de ‘Begin the Beguine’ simbolizó la era del ‘swing’, ha muerto a los 94 años. Hace ya muchos años recuerdo haber descubierto a Shaw cuando me volví adicto a este género musical profundamente afroamericano, la era de los primeros compases con pie siguiendo el ritmo de las Big Bands, de Benny Goodman, de Count Basie y Duke Ellington, la enfurecida cadencia rítmica de Glenn Miller, mis primeras experiencias auditivas en un mundo en el que pianistas como Art Tatum y Teddy Wilson y los trompetistas Roy Eldrige y Bunny Berigan me enseñaron que había una nueva forma de exhumar estilos alternativos. Y por aquel entonces (yo tendría unos 12 años) descubrí a Artie Shaw, siempre se definió como un perfeccionista, recordado como ‘el rey del swing’, muy por encima de Goodman. Ambos fueron las figuras más populares de la música de finales de la década de los 30, cuando el citado tema 'Begin the Beguine' (José Luis Garci seguro que también ha lamentado profundamente su muerte) se convirtió en la marca de identidad de Shaw o, como él llegó a asegurar, en su estorbo. Shaw también fue un innovador, respetado como uno de los primeros directores de grandes orquestas que contrató artistas negros para tocar juntos. Nació en mayo de 1910 en Nueva York, y aprendió a tocar el saxófono a los 15 años antes de decidirse del todo por el clarinete e iniciar posteriormente una carrera como director de la orquesta de jazz Big Bands. Durante la Segunda Guerra Mundial, con toda su orquesta, se alistó en la Marina estadounidense. La lista de mujeres de este hombre fue envidiable, ya que llegó a casarse con las actrices Ava Gardner, Lana Turner y Evelyn Keyes. La última vez que le vi en televisión fue este año pasado, cuando recibió Grammy por toda su carrera artística. En su apogeo en las décadas del 30 y el 40, Shaw ganaba sueldos de decenas de miles de dólares a la semana y se encontraba en el pedestal con Benny Goodman, Tommy Dorsey y Glenn Miller como los reyes del swing. Pero en los años 50 abandonó la música y dedicó la segunda mitad de su vida a escribir y otras aficiones. Otros éxitos, con su banda o con su quinteto The Gramercy Five fueron: ‘Frenesí’, ‘Dancing in the Dark’, ‘Nightmare’, ‘Back Bay Shuffle’, ‘Accent-tchu-ate the Positive’, ‘Traffic Jam’, ‘They Say’, ‘Moonglow’, ‘Polvo de estrellas’, ‘Thanks for Everything’, ‘Summit Ridge Drive’ y ‘My Little Nest of Heavenly Blue’. Trabajó con leyendas del jazz como Buddy Rich, Mel Torme, Gordon Jenkins y, en una época en que la mayoría de los directores de banda blancos se negaban a contratar a negros, la gran cantante, mi diosa musical, la mejor, la incomparable Billie Holiday. Ha muerto una leyenda paradójicamente inmortal gracias a su música. D.E.P. maestro.
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Bueno, pues ya está. Ya ha pasado 2004 y toca acometer como bien se pueda un 2005 cargado de incógnitas ¿Será este nuestro año de la suerte? Evidentemente si llevamos toda la vida esperando que las cosas se encaucen hacia un merecido bienestar donde podamos disfrutar de un trabajo en el que disfrutemos, encontremos el amor de nuestra vida y haya salud, la respuesta es, lógicamente, que no. 2005 será como los demás años; un cúmulo de aciertos y despropósitos en un entorno de claroscuros, en un mundo diseñado de por Mac Reinhardt. La vida misma. Hay gente que, durante la despedida del año, tiene como ridícula liturgia escribir tres deseos en un papel que posteriormente queman esperando que alguno se cumpla. Y dentro de esta espiral de acuciosa imbecilidad egoísta existen tópicos que aleccionan sobre lo que hay que pedir (1. Ser realista, 2. Si no piensas cumplirlos, no los pidas, 3. Recuerda que los días pueden ser año nuevo… y demás chorradas). Yo, por mi parte, me limito a esperar a ver qué pasa. Así me va. Tras este inútil silogismo, el abismo vuelve a su cauce tras dos noches de alcohol y diversión, de excesos y resacas. Todos gritamos unánimemente la rima sodomita del año que trajo, procuramos condicionar nuestro hígado a un sometimiento de libertinaje y exceso etílico, comemos más de la cuenta, tenemos una vida social más activa y eso que sólo es el principio. Pues sea dicho ¡¡FELIZ 2005 y...!!! Un apunte: ¿Cómo es que una rima tan ancestral y pasada de moda ha tenido tanta repercusión este año? ¿Alguien recuerda un hecho similar en 1995? Por cierto, y a propósito de la imagen: ¿Por qué en las tabernas y bares tienen una especie de concurso inconfeso para ver quién crea el calendario del año más hortera y estúpido? La cultura de los bares, sin duda alguna, sigue siendo una fuente inagotable de historias y tradición decididamente ‘freak’.
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