jueves, 1 de septiembre de 2005

Extra Verano (y IX): Review 'American Splendor'

Crónica urbana de un derrotismo aceptado
Bajo su melancólica comicidad, ‘American Splendor’ no deja de ser un milagroso drama humano dotado con la ingeniosidad del talento estructural de sus creadores.
Con cierta perplejidad y habiéndome dejado caer a estas alturas por la languidez de una bochornosa pérdida cinematográfica en pantalla grande, la semana pasada estrenaron en Salamanca con varios (muchos) meses de retraso ‘American Splendor’, la 'película-documental' de culto dirigida por la pareja de documentalistas Shari Springer Berman y Robert Pulcini que se centra, de forma muy diferente a las monótonas adaptaciones de cómics surgidas actualmente en un Hollywood creativamente decadente, en la vida y obra de Harvey Pekar y su creación 'American Splendor' (por favor, no dejéis de visitar su weblog). Pekar era (y es) un empleado de un hospital local de Cleveland (Ohio) que tras conocer al mito del cómic ‘underground’ Robert Crumb decidió guionizar para las viñetas sus propias vivencias, reflejando de un modo satírico el estilo de vida de la clase obrera americana con todas sus imperfecciones y defectos. Con ello Pekar se convirtió en un autor de culto durante los años 80.
Lo primero que llama la atención de este sugestivo título es la experimental estructura de su historia para divulgar la profundizada dependencia entre autor y obra, realidad y ficción, cómic y cine, en una sinergia entre estos dos artes tan desiguales y complejas que fundamentan ejemplarmente su trascendencia en la vida, en el modo de percibir la existencia desde su particular prosapia. De este modo, coexisten en ‘American Splendor’ dos películas diferentes, dos modos de ver la misma historia, la de Harvey Pekar, el lacónico y pesimista creador del cómic original que da nombre a la película en su visión documental, y otra, en la trama de ficción, adaptando la vida del guionista de cómics bajo la impronta de un actor en estado de gracia como es el entrañable Paul Giamatti (paradigma de la caracterización del ‘loser’ sin futuro del cine moderno). Con este efecto de metalenguaje se establece una correlación entre la película de ficción y el formato de historieta (marcado por el cómic y la vida real de su creador –que aparece en varios momentos del filme-) dando como consecuencia que cada uno de ellos sirva como soporte y reflejo del otro. En este sentido, es espléndido observar cómo Spinger Berman y Pulcini han traducido la fragmentación de las viñetas del cómic y el cine a esa verdad tangible que es la vida del propio autor.
Autorreflexiva, inteligente, espectadora de lo cotidiano, que por momentos recuerda, inevitablemente al ‘Crumb’ de Terry Zwigoff, ‘American Splendor’ se presenta como un sencillo relato que, sin recurrir a la deconstructividad de sus elementos lingüísticos y cinéticos, trasciende cualquier atisbo de gravedad, sin mensaje explícito o fábula moral de superación (ni de ningún tipo), para mostrar dentro del filme al Pekar tal y como es, como él mismo se define ante la cámara o como quiere presentarse (lo mismo da), retratándole sin embozos deliberados, ofreciendo la posibilidad de comparar el grado de verosimilitud de la adaptación de lo que Pekar ha venido reflejando en las viñetas y su extravagante personalidad. Shari Springer Berman y Robert Pulcini lo único que han hecho es capturar en imágenes los recuerdos, anécdotas y digresiones de un personaje anónimo que antes que reconocido en pequeños círculos subculturales simboliza un pequeño milagro ‘underground’ que la cultura americana ha concedido al mundo. Un estatus que ni el propio protagonista alcanza a comprender, sin darle ningún tipo de trascendencia a su trabajo, sus logros y su peculiar actitud ante la vida. Pekar es un audaz antihéroe que no necesita de un villano para enfrentarse a sus propios problemas interiores y sociales. Un pequeño hombre que supera como bien puede su difícil existencia y su inclasificable posición en el mundo, con sarcástico pesimismo, derrotista pesadumbre y ácido desabrimiento con los que trata muchos de los temas que desfilan por esta obra de culto, de verdadera independencia ante cualquier fórmula preestablecida en el cine actual.
Por lo tanto, ‘American Splendor’ es además de la vital reflexión que Pekar hace de sí mismo respecto a su obra, trasladándose ésta inmejorablemente al cine, una crónica urbana sobre la vida misma, donde lo absurdo y lo patético se dan la mano en una imposible unión para abordar la trascendencia existencial de algunos momentos del filme (como el cáncer que Pekar define como “el final”). Situada en un nivel transgresor sin entorpecimientos cogitabundos, la cinta, a medio camino entre el documental y ficción, cautiva por la comicidad con la que se asume la vida de un fulano marginal, contestatario y crítico con la sociedad que mira con sorna los valores de la sociedad norteamericana y que admite con un insolente conformismo su ostracismo diario, sus esperas en la cola del supermercado, sus desafectivos compañeros de trabajo y su extraña relación de pareja con Joyce Brabner (también interpretada solemnemente por Hope Davis). Sobre el cansancio que le produce la sociedad, en definitiva. Algo que afecta al propio Pekar, que queda en su biográfica adaptación cinematográfica como un ‘outsider’ que encuentra sus valores en la honestidad consigo mismo, en el cinismo de saberse un perdedor (en el fondo ganador) que autoasume su lugar en un mundo empañado por la aburrida rutina, todavía trabajando como empleado del hospital, pero conocedor también de que posee la autoridad de contribuir con su satírica mirada en forma de cómic contagiado de mala hostia a una vía de escape para los que, como él, se sienten recluidos en la normalidad y el hastío, la monotonía y decepción.
Por cierto, no voy a pasar por alto ese ‘freak’ demencial que es Toby Radloff, el abanderado y adalid de los ‘nerds’ que llegó a popularizar y personificar la máxima imbecilidad televisada por la MTV, cadena que más grandezas y miserias ha destapado en la modernidad audiovisual que asola las modas de medio mundo.
Miguel Á. Refoyo © 2005