viernes, 15 de julio de 2005

Lo nuevo de Tomás Hijo, otra obra portentosa

Lombroso*, el significado de la maravilla
Uno de mis mejores amigos salmantinos es Tomás Hijo, aún desconocido en los círculos cortometrajísticos, pero una de las promesas con más talento del apático mundo del cine español. Tomás es uno de esos encantadores cineastas enloquecidos de la estepa charra capaz de crear una obra maestra de la talla de ‘El Mojaruelo’, pieza única, a mi entender obra maestra del corto. Un trabajo presentado a modo de falso documental sobre un supuesto monstruo temible que reside en el lago de Sanabria, provincia de Zamora. A medio camino entre el folclore, el cachondeo y las ganas de innovar, TOX (el chavalón también es conocido por este simpático apodo) renovó hace años el cortometraje independiente, el arte puramente ‘underground’ con esta cinta fresca, llena de gracia y buen hacer.
‘El Mojaruelo’ tiene ese encanto humilde de villa perdida en la monotonía, a la cual refleja con tino y exactitud en un corto de proporciones intencionales bastas, pero a su vez con una estética y planificación desarrolladas a partir de la fabulación, de la leyenda urbana. Con un reparto excepcional y un primoroso narrador (Fernando Saldaña) que realza las muchísimas virtudes del corto al relatar las frases compuestas por ese gran poeta que es Raúl Vacas, ‘El Mojaruelo’ eleva su finalidad a una inesperada índole de documental inexplorado, donde la comedia, la mito y la superstición hacen de su acabado una de las experiencias más gratas de mi vida desde cortos como el de Pablo Berger con ‘Mama’, el ‘Mirindas Asesinas’, de Álex de la Iglesia o el de Santiago Lorenzo ‘Manualidades’. Impresionante.
Un corto acojonante que desborda la idea de hacer un gran corto con una simple Handycam. Una muestra de que el talento no está reñido con los medios. ‘El Mojaruelo’, esa especie de pájaro feo y cabezón, casi desplumado que, como análogo de Nessie y su célebre lago, compone una leyenda creada para ridiculizar las creencias aldeanas provenientes de Escocia, de los miedos regionales sobre mitos inexistentes. Siempre me he declarado fan rendido de este corto. ‘El Mojaruelo’, es una párvula epopeya desconocida, pero grande y homérica en su interior.
Hace un par de semanas asistí al nuevo trabajo de Tomás Hijo. Estaba esperando con ansia el momento. Y no me defraudó. Su nuevo y sorprendente cortometraje, ‘La mosca que mordió a Dios’, a priori otra obra de culto extraña e inextricable, supone un recorrido experimental pero intencional al fondo del surrealismo, una suerte de exégesis cuya transformación a lo largo del relato convoca el espíritu de aquellos que fundamentaron el automatismo psíquico puro a través del cual nos proponemos expresar, ya sea oralmente o en forma de manifiesto el funcionamiento del pensamiento humano. ‘La mosca que mordió a Dios’ podría haber salido del ímpetu revolucionario de gente como Benjamin Pèret, Bretón, Giorgio de Chirico, Dalí, Paul Delvaux,Max Ernst, René Magritte, André Masson y, en último término, de Buñuel, cuya presencia incorpórea está presente dentro de los designios del cortometraje. Provocador, temerario pero en todo momento introspectivo, Tomás Hijo expone ofrendas visuales a técnicas como el frottage, la decalcomanía, el grattage, el cadáver exquisito simbolizado en la paloma (símbolo de la libertad) y el ‘stop-motion’.
‘La mosca que mordió a Dios’ es un opúsculo de inestimable calidad (tanto formal como visual) centrado en el célebre Fantômas, el rey del crimen, un ladrón y asesino de múltiples identidades creado en 1911 por Marcel Allain y Pierre Souvestre. Tomás Hijo no adapta, sino que reinventa, acomoda la figura de la siniestra figura para contar su historia que tiene un marcado poso de cultura neoliberal, de transgresión que define la calidad quebrantando ciertas reglas del relato para jugar con el concepto global del cine. Y es que este magnífico corto tiene mucho de escritura espontánea trasladada al cine, como en la forma en que se ha rodado esta pieza de magnetismo envolvente. Si bien es cierto que no en el relato no aparece el policía Juve, también lo es que la reinterpretación del mito por parte de Tomás Hijo mantiene el espíritu de ese ente aterrador y fascinante que la sociedad asociaba a un mito urbano que tomaba la carga de distintos criminales.
‘La mosca que mordió a Dios’ no olvida el componente político y vital además de estético; todas las esferas del acontecer humano (la actividad económica, la política, las relaciones sociales, las diversas actividades de la vida diaria, tanto pública como íntima. Pero a pesar de ello todo es relativo, todo se basa en apariencias, como bien se señala en un fragmento de la obra. La mosca, en la mitología grecorromana aludía a que Zeus se tragó a Metis, convertida en mosca. Aquí, la simbología es bien diferente. La mosca sirve como concepto social, sobre el animal que escruta la transformación social en un entorno de deposición constante y permanente. ‘La mosca que mordió a Dios’ olvida el ‘tempus fugit’, la referencia al paso irremisible del tiempo, para sugerir, como no podía ser de otra manera en Tomás Hijo, un mito inmortal personificado en una simple mosca, en la inconsciencia animal, en el secreto de la añosa leyenda indescifrable.
‘La mosca que mordió a Dios’ habla, en definitiva, de un personaje de casi un siglo que sigue fascinando a las audiencias e instigando en las mentes de creadores como Tox como un estigma del que no se puede renegar, la amenaza de Fantômas continúa hoy más viva que nunca. Y este fantástico corto es un claro ejemplo de ello.
Si queréis (por curiosidad o recomendación mía –es que es muy bueno-) podéis acceder al DVD aquí. Eso sí, si especificáis en el mail de compra que vais de parte del Abismo, Tomás os hará un fabuloso descuento del 50 %, por lo que el DVD, con los dos cortos del post (acojonantes, insisto), os costará tan sólo 6 míseros euros.
Yo que vosotros no me lo pensaba, amigos.