viernes, 24 de junio de 2005

Review 'Batman Begins'

El génesis del superhéroe
Christopher Nolan reformula el mito de Batman relegando cualquier influencia antecedente para indagar desde su inicio en el germen y nacimiento del mito.
Posiblemente sea Batman el superhéroe que más se ha transformado a la lo largo de casi siete décadas en todas y cada una de las versiones que ha visto en las páginas de cómic. Desde que en mayo de 1939 naciera de la pluma de Bob Kane en la revista de historietas Detective Comics, el hombre quiróptero ha pasado por muchas y distintas fases que han ido desde el colorismo ‘kistch’ que se apoderó tras la proclive etapa de Kane en sus primeros números (incluyendo la ridiculización de su reciclaje televisivo) hasta el paso de Denny O’Neil y Neal Adams restableciendo la divinidad del héroe, pasando por una nueva decadencia en la era de Steve Englehart y Marshall Rogers hasta llegar el oscurantismo que vivificó la leyenda con el dúo Frank Miller y David Mazzuchelli e incluso Alan Moore que acentuaron el lado más oscuro del personaje y que fue, sin duda alguna, el germen utilizado por Tim Burton para su dos primeras películas sobre Batman adulterado después por Joel Schumacher y sus melindrosas y acuarelistas versiones de trasfondo ‘filogay’ que pese a su fulgor de colores y espectáculo no llegaron a convencer al devoto seguidor del héroe.
‘Batman Begins’ congrega una parte de esos variaciones acaecidos a lo largo de su ya extensa vida tebeística para empezar de cero, desde el rudimento del personaje y sus planteamientos, trazando un héroe que surge desde con un nuevo prólogo iniciático en un viaje a través de los desequilibrios interiores de un Bruce Wayne que acomete su tormentosa metamorfosis en el superhéroe alado vadeando su sentimiento de culpa, sus pesadillas infantiles y adultas para llegar al conocimiento de sí mismo y poder enfrentarse a todos sus demonios. Por tanto, ‘Batman Begins’ no es otra secuela más o una precuela, sino que, como bien deja claro el título, se alude a un nuevo comienzo del mito. Lo que importa aquí es reedificar la historia, retomando sus peanas narrativas para conseguir mediante su buscado revisionismo de tono reverencial llegar a un nuevo Batman que alcance la personalidad suficiente como para olvidar a sus predecesores. Un propósito que Nolan obtiene a las primeras de cambio.
La historia de ‘Batman Begins’ es una compilación de muchos cómics, acoplando diversas subtramas de sus páginas, pero envolviendo en su espíritu la esencia de ‘Batman: Año Uno’, de Miller y Mazzuchelli. Así encontramos a un joven Wayne en una cárcel perdida tratando de comprender cómo y de qué manera funciona la mente criminal con la utópica idea de impartir justicia entre los delincuentes. La aparición de Ducard y de su prelado Ra’s al Ghul será fundamental para el autoconocimiento de Wayne, que acabará por templar su ira y ansias de venganza obteniendo en el camino un dominio de las disciplinas físicas y mentales que le otorgarán el poder para combatir el mal que ha jurado destruir. En su regreso a Gotham City, Wayne creará el mito, la oscura figura justiciera necesaria para frenar la delincuencia y corrupción envilecida; el nacimiento de Batman. Es la trama utilizada para una efectiva edificación emocional en torno a Batman, a sus motivaciones por medio de secuencias retrospectivas a modo de ‘flash backs’ que determinan esos traumas, su especial relación con los murciélagos y su sentimiento de culpa por la muerte de sus padres.
Una historia consabida por todos, pero que se aleja de la infantilización del personaje para ajustarse, pausadamente, sin prisas, en la fabricación psicológica de un rol cuya concepción especial de la sombría y desconocida naturaleza del ser humano supone en ‘Batman Begins’ el soporte sobre la que narrar la evolución del Señor de la Noche. De ahí que hasta pasada una hora, Batman como héroe físico permanece oculto, moviéndose los condicionamientos del drama en el engaño y la teatralidad, armas muy poderosas (como bien afirma el personaje de Neeson), poco heroicas, pero necesarias para llevar a cabo la historia que Nolan y David S. Goyer quieren contar en un tono discursivo inquisidor de los fantasmas que persiguen a Bruce Wayne para revelar el nacimiento del superhéroe.
No anda muy lejos este Bruce Wayne/Batman del amnésico Leonard Shelby de ‘Memento’ o del desvelado Detective Will Dormer de ‘Insomnio’, personajes a los que al igual que a Batman se les confirió un más que interesante tratamiento psicológico por encima de la acción, en especial en lo que respecta a la ubicación e identidad del protagonista. Nolan logra la imposible consecución de que un drama funcione además como entretenimiento tiznado de ‘mainstream’ con conceptos tan arriesgados en este tipo de filmes como puedan serlos el fatalismo y el sufrimiento, asumiendo el artificio para indagar la parte más oscura de sus personajes.
En ‘Batman begins’, por tanto, prima más la elaboración del mito que la visualización de su combativa actitud contra unos villanos que se presentan como amenazantes, peligrosos, debido al tratamiento realista con que se exponen sus intenciones destructivas. El naturalismo con el que Nolan ha dibujado Gotham City, que olvida el goticismo para enclavar su estética a un entorno más barroco y expresionista, reflejo de la intención de cambio iconográfico hacia algo más gélido y menos esteticista, aporta a la película un firme compromiso con el realismo, con la verosimilitud que relega los efectismos, el ‘Bat-móvil’ y demás artefactos en beneficio de la oscura y turbulenta personalidad de la leyenda. Incluso la 'Bat-Cueva' está definida como una caverna acuosa e indefinida, sin alarde ornamental.
A pesar de su convencionalismo y algún que otro problema en determinadas secuencias de acción (como la que origina la persecución con el ‘Bat-móvil’), destaca la vivacidad en el tratamiento de los personajes secundarios, capaces de ser definidos con apenas un par de diálogos y apariciones, algo equivalente a lo que sucedía en ‘Batman:Año Uno’. Si bien es cierto que los oscuros rasgos del personaje de Ra’s Al Ghul se enfatizaban de forma más compleja en el cómic (dibujado como un ser inmortal de varios siglos de edad), el trabajo de integración de la iconografía de Batman parte de una labor más que plausible. No falta nada; ni el Arkham Asylum, ni psiquiatra psicópata Jonathan Crane “Espantapájaros”, ni la relación que se establece entre el Teniente Gordon y Batman, ni ese trasfondo de corrupción política que impregna la ciudad. Todo inmerso en una trama donde sus historias adventicias terminan por resultar completas e integradas en el total de una función sorprendente y antropológica en la genealogía del quiróptero humano.
Técnicamente, ‘Batman Begins’ es un acopio de virtudes en su búsqueda del necesario éter ambiental y moral de siniestro calado, de confusa austeridad, subrayándose el hegemónico trabajo de diseño de Nathan Crowley sobre todo en su dirección artística, la oscuridad panorámica impuesta por un inspirado Wally Pfister en la fotografía y la prodigiosa partitura al alimón de dos los prestigiosos James Newton Howard y Hans Zimmer. Mención a parte merece un elenco de estrellas encabezadas por un Christian Bale que aporta al personaje la fuerza necesaria para acreditar la tortura interior ensamblada a la capacidad física de un actor camaleónico. El resto del impresionante reparto es un desfile de estrellas de primer orden que responden a lo que se puede esperar de ellos; Michael Caine, Morgan Freeman, Tom Wilkinson, Cillian Murphy, Ken Watanabe, Rutger Hauer, Liam Nelson (encasillado en sabio instructor) e incluso un convincente Gary Oldman (que evita su histrionismo perfectamente) y una Katie Holmes que se deshace de su personaje búcaro para darle una mayor intensidad a su rol en cuanto tiene oportunidad.
Los posibles reproches que se puedan imputar a ‘Batman Begins’ tal vez provengan del exceso de metraje derivado muchas veces de los momentos de alivio de la acción y sus infructuosos toques de humor, alguna que otra secuencia de acción y una indolente relación de amor que formula parte de estructura formal en el duelo que se revela de la identidad secreta y la del superhéroe, en esta parte de relación amorosa que encuentra la imposibilidad de concretarse.
También es reprensible la excesiva frialdad que domina sobre el fondo narrativo, un elemento que viene siendo habitual en el cine de Nolan y que aquí se ajusta bien a determinadas partes de la historia (aquellas en las que se forja el mito), pero que en otras acaba forzando algunos momentos dramáticos. Pero Nolan sabe manejar la función con un dominio total sobre sus actos, envenenando la atmósfera con ese lánguido pulso que hacen de ‘Batman Begins’ una magnífica película. Nolan obtiene con su talento la oscurísima consecución de observar al héroe vencer a los demonios propios y de ser capaz de ponerlos contra los demás. Una gran película que bien podría definirse como la mejor adaptación de Batman. Eso sí, sin desmerecer la gran creación del mito que reflejó en sus dos películas un insuperable Tim Burton.
Miguel Á. Refoyo © 2005