viernes, 10 de junio de 2005

La adicción televisiva del verano se llama... 'LOST'

Coherentemente pienso, como muchos otros ya han manifestado, que TVE ha errado con su gran baza de la temporada al colocar el horario de emisión de una de las series más exitosas del mundo en una franja terrible como es el domingo por la tarde. ‘Lost’, la portentosa nueva afición de la hueste teleadicta, era una serie para triunfar en ‘prime time’. Pero ya sabemos cómo se las gastan los de la tele pública.
Más allá de todo esto, por fin tuve el placer de ver esos dos episodios de introducción a una serie que, de entrada, causa unas vibraciones extraordinarias. De ese accidente aéreo del vuelo 815 de la Oceanic con rumbo a Los Ángeles desde Sydney que deja a varios pasajeros en una isla desierta sin posibilidad de conexión con la civilización se expele calidad e inteligencia, la que propugnan J.J. Abrahams, creador de la más que correcta ‘Alias’ (una serie también bastante maltratada por Telecinco) y Damon Lindelof. Acción, suspense, drama, aventuras y una tensión progresiva dosificada en perfecta cantidad son los elementos con los que cuenta una serie que podría definirse como un gatuperio a medio camino entre la tragedia en los Andes del 1972, ‘Robinson Crusoe’, de Daniel Defoe, ‘Cast away’, de Zemeckis y, por los dos primeros episodios (en realidad uno), con ecos del ‘Jurassic Park’ de Spielberg.
Lo que llama la atención de ‘Lost’ es el engranaje metódico con el que se logra que la idea de la isla desierta, que en principio puede parecer algo coartada por las situaciones que se pueden extraer de su fondo argumental y geográfico, se active con una innegable fuerza desde su prólogo, manteniendo el interés del espectador por medio de la continua presencia de ‘flashbacks’ que formulan una transitoria visión al pasado de los personajes principales, para dar como resultado meditadas treguas al limitado ambiente de la isla. Y eso, a pesar de la prototípica construcción de sus personajes, a los que ya hemos visto en multitud de ocasiones y conocemos de memoria gracias a un formulismo que funciona como implicador y no como rémora.
La habilidad para sorprender es otro de sus puntos claves. Además de esa ejecución en la combinación de intriga y aventuras, los ‘tiempos muertos’, en esta presentación al menos, hacen que la serie avance y se convierta en adictiva por medio de la sugerencia. Sin mostrar nada. Todo está encubierto; el monstruo que asola la isla, la drogadicción de uno de sus personajes al resto, la condición de delincuente de la aparente heroína, la suspicacia levantada hacia un iraquí, los coreanos que no saben hablar el idioma de los demás, el perro que se pierde... Desde el principio, ‘Lost’ ha jugado muy bien sus cartas haciendo partícipe y cómplice al espectador, reservándole casi toda la información y aportando conjuntamente algunos guiños específicos del género de aventuras y del ‘thriller’, urdidos conscientemente en una compleja disposición de futuras tramas. Y ahí reside el éxito.
De momento, a ‘Lost’ (serie a la que nunca llamaré ‘Perdidos’) le restan 23 capítulos más para seguir demostrando esa capacidad de sugestión que la han convertido en la hegemónica serie de culto del mundo entero. El fenómeno ‘Lost’ ha llegado a Televisión Española de una forma casi tan accidentada como en la ficción, pero esperemos un buen procedimiento y ajuste catódico para que los enigmas trazados sean disipados prósperamente.