jueves, 30 de junio de 2005

El inolvidable rodaje de 'Corrientes Circulares', de Mikel Alvariño

Todos los rodajes son duros. Cualquiera que haya tenido la suerte de participar en un cortometraje o una película sabe que tal aserción es cierta. El pasado fin de semana se rodó, como estaba previsto, ‘Corrientes circulares’, el cortometraje bautismal en formato cinematográfico del entrañable y genial Mikel Alvariño, un joven guionista dotado con el asombroso proceder de reconciliar sus historias fantásticas con la realidad que nos rodea, hábil fabulador de emociones y sorpresas, versado conocedor de los mecanismos narrativos capaz para fusionar sin problema, con efectividad y magia, cualquier género.
David Acereto, gran tipo y uno de los mejores operadores de cámara y fotógrafos de cine de este país, definió este trabajo concluida la inexorable pero satisfactoria filmación como “un pequeño milagro”, primorosa conclusión que determina cómo se ha llevado a cabo este cortometraje. Y lo cierto es que tiene razón, porque aunque todos los rodajes son distintos, en el mundo del cine existen eventualidades y analogías indelebles que los equiparan; tiesuras, contrariedades, buenos momentos, risas, tensión, inclemencias y, si todo va bien (como ha sido el caso) las ganas de todo un equipo volcado en el proyecto para el producto final salga bien. Era complicado que todo saliera como ha salido. Pero se ha logrado. Y de qué manera.
Viendo el combo una y otra vez, la disposición de los personajes en las estéticas escaleras del edificio de la Calle Madrazos, 24 (punto frecuente de rodajes), ‘Corrientes Circulares’ parece una suerte de exvoto visual, exquisitez narrativa, de pequeño y esperanzador prodigio cortometrajístico. La historia de unos personajes accesibles e identificables, unidos por el destino de un momento mágico inaprovechado, lo tiene todo para alcanzar unas cumbres que ni siquiera Mikel Alvariño se ha planteado. No es el típico cortometraje con cierta pretensión camuflada en la calidad de sus propuestas. La gran virtud de esta pieza de admirable espíritu de sencillez inscrito en el costumbrismo accidental, es el mágico viaje de los pequeños instantes en los que no se dice aquello que puede cambiar una vida.
Os aseguro que me he sentido embelesado en muchos momentos del rodaje por un proceso de articulación maestra. Sobre todo en el progreso que se deriva del ensayo con los actores hasta verlos en cámara, rodando y brindando todo su talento a un proyecto considerado muy especial por todos los componentes del equipo. Los intérpretes están fabulosos (Carlos Álvarez -Goya al actor revelación por ‘Solas’-, Ana Gracia, Moncho Sánchez, Mikel Losada,Cristina Pons,Olga Rodríguez, Erik Probanza, Sharay Escobar, Luz Valdenebro, Silvia Casanova y los niños Carmela Quijano (acojonante su capacidad profesional con tan corta edad) y David Orejuela. Una envidia de reparto (gracias a Tonucha Vidal), pero, sobre todo, una envidia de de rodaje.
Sin duda, el resultado de esta expeditiva destreza ha reposado sobre el trabajo de un equipo impresionante, fundamentado en el duro trabajo colectivo, procurando el buen ambiente que ha reinado a lo largo de dos días inolvidables. A excepción de algún que otro imprevisto, lógico si tenemos en cuenta el apremio con que se rueda un corto en cine, el funcionamiento ha sido absorbente, poco menos que portentoso.
Un complicado plano de gran angular con ‘steady’, algún que otro lógico enfado, la desorientación del niño vestido de Jedi que (por alguna extraña razón) confundía la marcha nupcial con la sintonía de ‘Star Wars’, el esperpéntico cabreo de algún ofendido vecino bastante ‘freak’ (habrá que reproducirlo en videopost porque es muy mítico), la premura de los horarios y cómo no podía faltar en un rodaje los temidos retrasos (que fueron muy pocos) han sido los únicos y habituales problemas del rodaje de ‘Corriente Circulares’.
Lo más positivo desde el punto de vista personal ha sido conocer a unos formidables seres humanos con la sempiterna ilusión del trabajo como única y meritoria recompensa a la confianza de un Mikel Alvariño que puede estar más que orgulloso con esta fascinante experiencia que está siendo ‘Corrientes Circulares’. Desde el hiperactivo equipo de fotografía (hay que destacar a esa bestia humana que es Álvaro Carla con su 'steady cam') comandado por el deslumbrador Acereto, la gran labor de David Montoya, Mónica Romera, Israel González y la eminente A.D. siempre al lado del director, Jorge Alvariño, con su cámara que reproduce fotos automasturbatorias, el gran Fco. Javier Ortiz Fulton en sonido (trascendentales sus digresiones sobre ‘Episodio III’), las entrañables Helen Vilabrille y Ainize Arrieta y sus chicas de vestuario y maquillaje respectivamente,Javi Alvariño y ese ‘crack’ de la vida y el humor que es Joaquín Pérez hasta llegar Miguel Anaya, Alberto, Néstor y demás equipo de producción. Todo ello puede sonar linsojero y encomiástico (bonita palabra), de amiguismo barato y adulador, pero es que es cierto, han sido dos días para enmarcar.
Yo, por mi parte, he empleado mi tiempo en lo que suelo hacer durante mi vida entera: observar curioso, con cautela para no perderme nada, vigilando de forma enfática todos y cada uno de los movimientos que he recogido con mi Mini-DV; las miradas, los gestos, las conversaciones, escuchando cualquier interlocución, analizando personalidades, inquiriendo en la profundidad del rodaje, con la ventaja de no tener una obligación más que la de grabar todo aquello que sucediera. Y, en el transcurso de ello, poder congeniar con muchos de los miembros del rodaje a los que ahora considero amigos y parte de mi vida.
Dos imperecederos días que acrecentarán su importancia cuando el cortometraje se estrene, cuando todos podáis ver una pieza consignada a alcanzar cotas muy grandes. Os lo aseguro. Sólo espero volver a repetir una experiencia tan gratificante como la que ha sido poder llevar a cabo el ‘making of’ de un trabajo mitológico.
Por último, no quiero olvidarme de saludar a "Los Mindundis" (grandes seguidores del Abismo) y en especial a esa quimera femenina que es Adela Gutiérrez, más conocida por todos como A.D. Y desde este resquicio de locura cinéfila desearle la mejor de las suertes a Juanma Pachón, que empieza mañana su ambicioso y espectacular cortometraje en 35 mm. 'McGuffin', una pieza que dejará con la boca abierta a aquellos que crean que los cortos españoles no pueden ser pirotecnia a lo grande, en estado puro, con dos cojones.