viernes, 1 de abril de 2005

El Paniagua, el templo salmantino de la diversión

Ayer regresé al mítico bar ‘Paniagua’ y reabierto desde el martes después de más de 100 días clausurado. Ayer fue el reencuentro con esos fulanos a los sólo conoces por empinar el codo junto a ellos y acabas creando un vínculo común, a los que contarles tus penalidades y recurrir a ellos como oyentes y colegas cuando te quedas sólo. Hablo, por supuesto, de los “amigos de la barra”. 'El Paniagua' es obligado punto de encuentro de freaks salmantinos, de intelectuales, creativos, beodos, niñas monas, hembras de escándalo, rockeros malogrados, fotógrafos, artistas, insólitos ideólogos, personas normales y, sobre todo, lugar en el que destilo mis neuronas a base de cervezas Mahou y la bebida nacional más burda y reconfortante del país, el DYC. El ‘Pani’, mi Sancta Santorum individual, la enloquecia esfera a la que recurrir si se me quiere encontrar, sabiendo con certeza dónde está mi territorio. Mi segundo hogar, mi nirvana de dipsomanía sin fin.
Este bar, un bohío para la diversión, ha permanecido tres meses condenado al cierre por parte de una corporación comercial de tintes mafiosos llamada ‘Asociación de Hosteleros Salmantinos’, un grupúsculo de frustrados politiquillos de tercera que han visto su particular yacimiento de dinero fácil: las fiestas universitarias. Sí amigos, su aspiración es usurpar el peculio procedente de los viajes de fin de curso de los estudiantes salmantinos. Para ello, extorsionan a las facultades e imponen a los chavalines a practicar sus festejos donde ellos dicten. Pues bien, la Fiesta de Medicina, gran celebración por antonomasia (no os imagináis hasta qué punto), se sublevó contra este despótico sistema y alquiló los cinco bares que han clausurado durante estos largos meses. Por supuesto, con el silenciado respaldo del Ayuntamiento (liderado por el alcalde, baldío hombre jurisperito del Archivo Histórico), que de forma hipócrita gira la cabeza cuando las grescas y altercados, escándalo público, provienen de las fiestas pactadas.
Ejemplo 1: Sacas un vaso de plástico al exterior del local en una multitudinaria fiesta donde no cabe un alma, disfrutando sin molestar a nadie y compartiendo una tarde de celebración en comuna de futuros matasanos y al dueño del bar le cierran el garito tres meses.
Ejemplo 2: Montas una fiesta de barra libre auspiciada por el consistorio charro en plan ‘botellón’ (de ‘alto standing’, claro, porque todo cuesta el doble), destruyes lo que encuentras a tu alrededor y dejas la Plaza Mayor llena de vidrios, regurgitaciones o devastación y no pasa nada, porque lo ha organizado la asociación de hosteleros.
¿Para qué os he soltado esta proclama apóloga hacia un bar tan cochambroso como el Paniagua? Fácil. Para preveniros. En caso de que algún día visitéis Salamanca y se os antoje pasáoslo en grande, beber alguna copa barata (e incluso emborracharos), disfrutar del verdadero ambiente universitario, de esa gente que vale la pena conocer, evitad y prescindid de célebres nombres de discotecas como ‘Camelot’, ‘Morgana’, ‘Cum Laude’, ‘Irish Rover’... ¡Bullshits!
Os recomiendo que si os acercáis a esta hermosa ciudad preguntéis por la Plaza de San Justo y os divirtáis vilmente en tradicionales fondas como ‘El Paniagua’, ‘La Imprenta’, ‘El Ciao’, ‘Zona Centro’, ‘El Lado Oscuro’, 'Rivendel', ‘Piper’, ‘Esperpento’ y acabéis la noche saboreando un tremendo bocadillo merecedor del mejor olimpo culinario que es ‘El Yunque’.
No os arrepentiréis. Fiesta y diversión garantizada. Hacedme caso, que si el Neng conoce cada rincón del Castelfa, yo hago lo propio con Salamanca.