miércoles, 16 de marzo de 2005

Review THE BIRTHDAY, de Eugenio Mira

Extravagante y radical cine fantástico
Eugenio Mira debuta con una arriesgada propuesta personal que mezcla varios géneros de forma ambigua y oscura sin perder la autenticidad de unos designios intachables.
Lo primero que llama la atención después de haber asistido a este rotundo y temerario primer trabajo de Eugenio Mira es la sensación de extrema heterogeneidad, riesgo y libertad con la que se ha llevado a cabo una producción totalmente alejada de los cánones que aniquilan cualquier intención de cambio del actual cine español. Lejos de doblegarse a una corriente definida, ‘The Birthday’ se sitúa en una quebradiza línea de contingencia genérica, buscando un provocado efecto de ambigüedad en una historia totalmente frenética y delirante bajo la cual se esconden muchos de los designios cinematográficos que la apartan de un cine pretendidamente comercial, pero que a su vez, ofrecen un tiovivo de sensaciones a diversos niveles artísticos y estéticos. Un logro que sitúa a este extraño producto en el polo opuesto al cine que estamos acostumbrados a ver en España.
La independencia o la autoría en el mundo del cine siempre ha sido un tema bastante difícil de definir. Muchos se han adelantado a calificar esta ‘opera prima’ como una futura obra de culto e incluso como “película maldita”, pero lo cierto es que aunque ‘The Birhtday’ esté concebida fuera de los parámetros industriales, erigida desde una mirada conceptual al cine de los 80 más comerciales, referenciando los tópicos y singularidades de la nostalgia de determinados ‘blockbusters’, este primer paso en el mundo del largometraje de Mira le descubre como un cineasta capaz de aportar una innovadora mirada sobre el género fantástico y sobre el cine en general, desde un punto de vista según el cual pueda crear, intencionadamente, un universo con códigos propios, dignos de un visionario en ciernes, de un autor aislado de cualquier moda.
La historia de ‘The Birthday’ arranca en un pequeño hotel de Baltimore, Estados Unidos situándose en 1987. Con esto, Mira (que coescribe el guión con el gran Mikel Alvariño) gravita en una idea de relegación sobre lo que podemos determinar como territorialidad, obviando de lo preconcebido, lo fácil y recursivo para singularizar un alejamiento en el espacio y el tiempo que resulta enriquecedor para la historia y para la memoria nostálgica del cinéfilo generacional a la que aluden ambos guionistas. En ese minúsculo hotel constituido como claustrofóbico y siniestro entorno, Norman Forrester, un anodino e inseguro joven, pretende caer bien a la familia de su petulante y engreída novia, Allison, durante la fiesta de cumpleaños de su padre.
En el proceso, Norman sufrirá una brutal y apocalíptica experiencia que empieza con el reencuentro de un antiguo compañero de instituto y una fiesta anexa y la irrupción de un grupo de paracientíficos en busca del origen del fin del mundo. Norman, maleable y quebradizo, ofuscado en no perder el amor de su vida, evolucionará hasta superar sus miedos y complejos para convertirse en el pequeño héroe de una trama que transcurre a caballo entre las dos plantas donde se ubican las fiestas, un siniestro sótano, el recibidor, el ático y, sobre todo, en el recurrente ascensor.
‘The birthday’ empieza como una oscura ‘screwball comedy’ en la que el joven Norman pretende recuperar el amor de su déspota chica, con un voluntario acercamiento al humor ‘teenager’ que en seguida abandona para avanzar evolutivamente hacia una seriedad genérica de comedido efectismo, pasando a un inquietante terreno que camina entre el ‘thriller’, el terror y el cine fantástico. Toda una empresa a priori inabarcable, pero en la que se demuestra nada es casual y todos los elementos, por aparentemente insignificantes que parezcan, son necesarios para crear la experiencia que supone para el espectador seguir en tiempo real a un personaje, el gran reto de Eugenio Mira en su primera película. Esta constante proximidad a Norman, que está en todos y cada uno de los planos de la película, supone un ejercicio de equilibrio que, en algunos de sus momentos (sobre todo aquellos en los que se indaga en la relación de pareja) parece descompensarse a tenor de la duración final que se ha visto hasta ahora de la cinta.
La única asimetría perceptible en esta versión de ‘The Birthday’ es el acometimiento asfixiante de esta trama de ‘real time’ que Mira prolonga con alguna aparición intencional de tiempos muertos y dilatación en secuencias de encuentros y desencuentros amorosos entre Norman y Alison (en su consecuente subtrama), concibiendo el ansia del espectador porque suceda algo, en una extraña sensación de descenso de interés sólo mantenido por los envidiables recursos de un guión en el que los diálogos son más que sobresalientes.
Pero es sólo un trance pasajero, ya que en el momento en el que la historia devela su verdadera naturaleza maléfica y de corte ‘fantastique’, ‘The Birthday’ adquiere una dimensión de engrandecida potencia visual y narrativa, arrolladora, que recurre a la destreza cinematográfica para condensar la insólita emoción de una cinta decididamente radical, en ideología y pragmatismo. La obra debut de Mira es un extravagante filme surgido del subconsciente y de las obsesiones de un autor fascinado por la deformación de la realidad, por un cine perdido y nostálgico, una película tal vez demasiado arriesgada, pero valiente y temeraria, que vislumbra desde un punto de vista fantástico aquellos tópicos de un cine que perdura en la nostalgia de una generación que creció al amparo de Spielberg, Landis, Joe Dante, Zemeckis y un largo etcétera, y que, sin embargo, se muestran de forma subrepticia, evidenciando una propensión estética y formal a los preceptos de cineastas como David Cronenberg y David Lynch.
Dos poderosas influencias en la personal mirada fílmica de un Eugenio Mira que sabe desarrollar su película en dos (y hasta tres) tiempos perfectamente definidos, que discurren con ritmo templado, a veces fluctuando demasiado en un género o en otro, pero estabilizando su propuesta en la suicida contraposición de sensaciones intensas y desconcertantes que recuperan el ‘feeling’ de una serie tan mítica como la ‘Twilight Zone’.
Cuando esta inclasificable obra avanza, la inquietud y la confusión se terminan adueñando (para bien o para mal) de un público que es llevado al extremo, al enloquecimiento del personaje que se ve inmerso en la propuesta acuñada por Hitchcock “un pobre hombre metido en una gigantesca situación”, desplegando una tremenda astucia y buen pulso que convierten a ‘The Birthday’, más allá de una extravagancia incómoda, en una muestra de manipulación sobre la narración cinematográfica con un rigor estético sobrenatural, algo que, como se ha visto en sus primeros pases, no a todo el mundo ha complacido. Pero lejos de cualquier diatriba, la gran cualidad de esta película no es tanto el argumento en sí mismo como el modo en que se aborda, proponiendo un extraño viaje donde cada situación tiene un grado de artificio que pone en crisis a la misma representación cinematográfica como reflejo de la realidad, en la que, sin embargo, cada diálogo, cada silencio y cada expresión tienen su dosis de verosimilitud que responde, en definitiva, a un audaz discurso personal ajeno a cualquier maniqueísmo, definiendo un estilo propio identificable con la autenticidad de unas intenciones intachables.
Estamos ante un insólito material aparentemente amable que va acrecentando su visión sórdida, angosta, cuya visualización la convierte en una viscosa fábula sin sentimentalismo, de una estoicidad abrumante, apoyada en la atmósfera malsana que adquiere la película gracias a la fantástica fotografía de Unax Mendía, que ha logrado un tenue claroscuro que se asemeja a la dualidad de la historia, a esa pugna entre la realidad y lo aparentemente ficticio, entre la frágil consistencia de Norman y su falta intrepidez inicial enfrentada al arrojo y decisión con la que va acometiendo su surrealista experiencia rodeado de un creciente Mal, reflejado en instintos apenas controlados, inscritos en una sociedad de tentaciones y amenazas. Una textura cinematográfica mostrada como una geografía abstracta donde los decorados construidos de forma impecable por Javier Alvariño y Daniel Izar sitúan a Norman en una tragedia construida a través de la profusión de detalles y situaciones que van desagranándose desde esa inicial comedia hasta llegar a su asfixiante tono de terror que tiene su apoteosis en su éxtasis final. Y es que nunca antes la utilización del sonido ayudó tanto a crear un ambiente tan sórdido y claustrofóbico como el vivido (porque es toda una experiencia) en el desenlace de ‘The Birthday’. Un tono asfixiante y recurrente gracias también a la incursión de la música incidental con tintes de ofrenda a Jerry Goldsmith compuesta por el propio e inspirado Mira.
En el terreno de la interpretación, la rehabilitación de la otrora estrella adolescente Corey Feldman aporta el grado de evocación que requiere la historia y su ubicación temporal, que se relega con la progresiva estratificación de un personaje que se enfrenta a un contexto extraordinario y acaba por conocerse a sí mismo. Así, el deliberadamente histriónico Feldman del inicio va tomando un tono grave que aumenta paulatinamente, coyuntura que brinda al actor la fortuna de acreditar que su interpretación está mucho más allá de lo convencionalidad.
Corey Feldman está sencillamente fantástico. Un adjetivo que alcanza y pondera el talento de una actriz como Erica Prior, capaz de abastecer con infinidad de registros a su antipático personaje, llegando a resultar dulce, asustadiza, brusca o desagradable en pequeños gestos según convenga, capacidad que ya hiciera de ella una promesa de futuro en ‘Second Name’, de Paco Plaza. También cabe destacar la presencia de Jack Taylor, un clásico del género que nunca defrauda. Es de recibo destacar las interpretaciones de éstos y de todos y cada uno de los secundarios (Rick Merrill, Dale Douman, <Ana Lucia Billate, Craig Stevenson…), ya que sin ellos, ‘The Birthday’ no tendría la contundencia dramática que alcanza en cada fotograma.
Con una insana vocación de radicalidad, ‘The Birthday’ ha nacido como un filme que, perentoriamente, no es para todos los gustos, pero que ostenta una extraña poesía de la oscuridad donde, a partir de la cuál, el término ‘bizarro’ (en el sentido de contingencia) adquiere nuevo significado. Una película difícil de asimilar que posee un persuasivo trasfondo simbólico que le otorga un fascinante halo de complejidad, de profundidad, incluso de belleza apenas vista en el cine patrio.
Puede que la ‘opera prima’ de Eugenio Mira tenga algunos titubeos, que contenga los defectos y descompensaciones de una primera película, puede que ciertas partes de la película se alarguen en exceso viendo enturbiado su ritmo (teniendo en cuenta que hemos visto un anticipado ‘Director’s cut’ -recortado este metraje para su distribución final-), pero en todo momento siguiendo una lógica con la que el espectador no sólo no puede anticipar o prever lo que va a venir, sino que termina por dejarse llevar por el viaje propuesto por Mira, que se aleja de la sumisión a cualquier norma para adoptar una actitud mucho más ecléctica, dándole la espalda a toda concesión o sinapismo, llevando su ideal hasta sus últimas consecuencias. Un filme más que necesario, obligatorio.
Miguel Á. Refoyo © 2005