domingo, 2 de enero de 2005

The greatest player that ever lived had been ARTIE SHAW

Me he levantado conociendo la primera mala noticia de este 2005 recién comenzado. El gran Artie Shaw, clarinetista y director de banda cuya grabación de ‘Begin the Beguine’ simbolizó la era del ‘swing’, ha muerto a los 94 años. Hace ya muchos años recuerdo haber descubierto a Shaw cuando me volví adicto a este género musical profundamente afroamericano, la era de los primeros compases con pie siguiendo el ritmo de las Big Bands, de Benny Goodman, de Count Basie y Duke Ellington, la enfurecida cadencia rítmica de Glenn Miller, mis primeras experiencias auditivas en un mundo en el que pianistas como Art Tatum y Teddy Wilson y los trompetistas Roy Eldrige y Bunny Berigan me enseñaron que había una nueva forma de exhumar estilos alternativos. Y por aquel entonces (yo tendría unos 12 años) descubrí a Artie Shaw, siempre se definió como un perfeccionista, recordado como ‘el rey del swing’, muy por encima de Goodman.
Ambos fueron las figuras más populares de la música de finales de la década de los 30, cuando el citado tema 'Begin the Beguine' (José Luis Garci seguro que también ha lamentado profundamente su muerte) se convirtió en la marca de identidad de Shaw o, como él llegó a asegurar, en su estorbo. Shaw también fue un innovador, respetado como uno de los primeros directores de grandes orquestas que contrató artistas negros para tocar juntos.
Nació en mayo de 1910 en Nueva York, y aprendió a tocar el saxófono a los 15 años antes de decidirse del todo por el clarinete e iniciar posteriormente una carrera como director de la orquesta de jazz Big Bands. Durante la Segunda Guerra Mundial, con toda su orquesta, se alistó en la Marina estadounidense. La lista de mujeres de este hombre fue envidiable, ya que llegó a casarse con las actrices Ava Gardner, Lana Turner y Evelyn Keyes.
La última vez que le vi en televisión fue este año pasado, cuando recibió Grammy por toda su carrera artística. En su apogeo en las décadas del 30 y el 40, Shaw ganaba sueldos de decenas de miles de dólares a la semana y se encontraba en el pedestal con Benny Goodman, Tommy Dorsey y Glenn Miller como los reyes del swing. Pero en los años 50 abandonó la música y dedicó la segunda mitad de su vida a escribir y otras aficiones.
Otros éxitos, con su banda o con su quinteto The Gramercy Five fueron: ‘Frenesí’, ‘Dancing in the Dark’, ‘Nightmare’, ‘Back Bay Shuffle’, ‘Accent-tchu-ate the Positive’, ‘Traffic Jam’, ‘They Say’, ‘Moonglow’, ‘Polvo de estrellas’, ‘Thanks for Everything’, ‘Summit Ridge Drive’ y ‘My Little Nest of Heavenly Blue’. Trabajó con leyendas del jazz como Buddy Rich, Mel Torme, Gordon Jenkins y, en una época en que la mayoría de los directores de banda blancos se negaban a contratar a negros, la gran cantante, mi diosa musical, la mejor, la incomparable Billie Holiday.
Ha muerto una leyenda paradójicamente inmortal gracias a su música.
D.E.P. maestro.