lunes, 10 de enero de 2005

Esta noche en La Primera... 'South Park, Bigger, Longer & Uncut'

¡¡¡Patada en los cojones a la hipocresía!!!
Matt Stone y Trey Parker reinciden de forma magistral en la idea de libertad crítica que ha hecho de su obra maestra catódica un fenómeno de masas.
La serie norteamericana ‘South Park’ nació en 1997 como comprometido e inverosímil envite a la innovación más radical en el siempre condescendiente género de la animación. Sus creadores, Matt Stone y Trey Parker, concibieron entonces la gran serie catódica de culto para un público adulto y juvenil abierto a la inteligencia y a la especulación. Para ello, nada mejor que adoptar la célebre Cut Out animation de Terry Gilliam y darle forma europea Koniec personificada por cinco entrañables críos con los el público pudiera disfrutar. Los monstruitos Stan, Cartman, Kyle y Kenny son los pequeños maldicientes analistas sociales precoces que, involuntariamente, escarban, de forma brutal e insensible, en las más despreciables hipocresías contemporáneas pasando con letras de oro al pináculo de la televisión más sarcástica vista hasta la fecha. ‘South Park: más largo, más grande, sin cortes’, inevitable adaptación de la polémica serie a la gran pantalla, es la mejor aportación que estos dos genios de nuestro tiempo podían aportar al celuloide, la obra necesaria para alimentar el cada vez más suculento universo del culto y la serie B.
La creación de Stone y Parker es, simplemente, una dilatación de lo más inherente de una serie magistral y corrosiva, es decir; violencia, tacos, contenidos groseros, sexo bizarro, situaciones imposibles y, sobre todo, una profunda autoparodia de la sociedad estadounidense (en realidad de la civilización moderna universal) y de los valores tramoyistas camuflados en la moralidad y en la disciplina, en último término, en la corrección política. Muy cerca del espíritu ‘gore’ y vehemente de Bill Plympton, ‘South Park’ es la más clarividente autorreflexión diatriba de nuestro cine contemporáneo, en la que los furibundos excesos de salvajismo, racismo, escatología e insolencia sirven como asepsia de la hipocresía y el credo arteramente conservador. Saltándose todas las normas de la compostura moral, los creadores de ‘South Park’ dinamitan la animación para formular una honesta declaración de principios que se transforma en axioma de la libertad de expresión y verdad ecuménica, haciendo de su objetivo, paradójicamente, un categórico aleccionamiento sobre nuestro entorno social.
Utilizando el lenguaje que ‘supuestamente’ molesta tanto al espectador doctamente erudito, nos encontramos ante la mayor patada en los cojones de aquellos ignorantes que promueven el odio, la estupidez y la intolerancia escudándose en las normas yendo en contra de la libertad y la heterogeneidad, términos aplicables a esta obra maestra sardónica y cínica. Por medio de la habitual tónica de la serie televisiva, siguiendo su estilo soez y admirablemente directo, ‘South Park: más largo...’ impone mediante sus estridentes ‘gags’ y sus ofensivas canciones un escrutinio de los estamentos oficiales, de la familia, la amistad, la política, del mundo del espectáculo (cebándose con personajes como Sadam Husseim, Bill Gates, los hermanos Baldwin o Winona Ryder), imposibles de superar en el cine actual. Walt Disney moriría de una hernia inguinal (o dolor de huevos, mejor dicho) si viera la salvajada más desternillante y espectacular de los últimos tiempos.
Si bien el doblaje español no está a la altura de las circunstancias, ‘South Park’, el largometraje, expone, sincera y abiertamente, un nuevo concepto de animación a reivindicar, basada en el ingenio y en la fuerza de unos chistes capaces de guillotinar las conciencias más catequistas y autocráticas. Como bien enuncian en el filme: "Viva la Resistènce". Ya tenemos nuestro propio enema para evitar la falsaria circunspección.