jueves, 7 de octubre de 2004

El límite entre el arte y el mal gusto

Con el deterioro temporal de mi ordenador (que todo sea dicho parece que funciona a las mil maravillas), casi se me olvida comentar una de las noticias más curiosas acaecidas en el mundo del arte.
Y es que en la I Bienal de Sevilla se ha armado la gorda (y no es que haya ido Sara Montiel ni nada parecido) sino por la impactante imagen de tres chavalines ahorcados en lo alto de un árbol. Lo cierto es que se trata en realidad de muñecos que representan el montaje escultórico de la última obra de Maurizio Cattelan.
Según Cattelan, su obra tiene como objetivo "contar la tensión que existe en la realidad. Una especie de reflexión sobre la violencia que podemos encontrar en cualquier lado y una señal para respetar la infancia".
Al igual que el pasado abril, en la Plaza 24 de Mayo de Milán, Cattelan expuso esta misma obra e hizo que varios hombres y mujeres de edad avanzada se sientieran tanincómodos que algunos sufrieron ataques de pánico (o igual no, esto me lo invento para darle amarillismo a la noticia) en Sevilla no ha sentado nada bien.
No es la primera vez que este rocambolesco artista irrita al mundo. Todos recuerdan como en la Bienal del Arte de Venecia en 2001 causó el estupor general con una una obra todavía más jocosa y, para mí, mucho más descojonante que los críos colgados: la del Papa Juan Pablo II derribado (como el Black Hawk) por un enorme meteorito. Una obra llamada 'La novena hora'. Lo cojonudo de todo es que a alguien le gustó, pues fue vendida por un millón de dólares.
El artista se pregunta en esa obra "cómo puede ser la sociedad tan hipócrita que se sorprende por un muñeco colgado de un palo" cuando "nos encontramos a diario imágenes fantasmagóricas" de niños que mueren o que son víctimas de guerras o de otras situaciones.
Las palabras de Cattelan ante su posición de arte que fulmica todos los cánones éticos dejan muy claro que la intención del hombrito es transgredir. Y encima piensa lo siguiente:
P: ¿Cuál es para usted el objetivo del arte?
R: La palabra “objetivo” me hace pensar en disparar. Los blancos no me interesan. Prefiero los errores.
P: ¿En qué pensaba cuando clavó las manos de aquel chico (otra escandalosa obra suya, "Charlie no surfea", de 1997) a su pupitre escolar?
R: Me preguntaba qué dolería más: un lápiz ensartado en una mano o repetir primer grado.
Para los que se lo pregunten. Sí, los bomberos bajaron los muñecos de esta sofisticada y extraña obra de arte. Pero para vuestra sorpresa, cuenta con el apoyo consistorial para exhibir parte de esta polémica escultura por lo que han dejado a un chaval colgado en un poste.