jueves, 9 de septiembre de 2004

Recorrido por la vida y obra del Rey Midas

La apasionante historia del ‘Rey Midas’ de Hollywood
Durante más de dos décadas ha sido el ‘Rey Midas’ de Hollywood. Ha marcado una época tan profunda en el mundo de cine que es imposible imaginar el Séptimo Arte sin una figura tan carismática y sólida como lo es Steven Spielberg. Vituperado y estigmatizado en sus primeros años por los críticos más intransigentes, este mito natural de Cincinnati (Ohio) se ha consolidado como el director y productor más poderoso de todos los tiempos gracias a su percepción del arte y la taquilla como uno sólo. Algo que muy pocos directores hasta su llegada habían conseguido. Y no sólo como director, ya que como productor puso bajo su advocación películas de otros cineastas que tuvieron su impronta, su sello, su característico modo de ver el cine como espectáculo, pero también como vida y arte en sus conceptos más profundos.
Al igual que Hitchcock o Kubrick y tantos otros a lo largo de la historia, Spielberg supo reinventar el cine en una postura más afín a la magia de Walt Disney que a los preceptores más venerados de la historia. Y es que, desde sus comienzos, este cineasta de barba perenne, gorra de béisbol y gafas anchas (y últimamente bastante alopécico) ha sabido aportar a sus historias la fantasía del cine fantástico más clásico, sabiéndose adaptar a cualquier género, dotando de un estilo clásico que muchas veces ha sido comparado a la titánica y épica visión de David Lean.
Desde su trono, ajeno a los fracasos comerciales, Spielberg ha marcado la historia con un cine afable e imaginativo, lleno de ensueño y de planificación perfecta, donde la familia y el comercio siempre han estado en un fondo intencional que no le ha esclavizado a la hora de conseguir un estilo de cariz legendario. Perfectamente comparable a los grandes clásicos de la época dorada de Hollywood, Spielberg parece haber estado acompañado de una áurea de magia sobre todos y cada uno de los trabajos que ha dirigido y producido. Un sortilegio que en muchas ocasiones atrapó al espectador de tal manera que los sueños de muchos se hicieron realidad a través de la fascinación de este proverbial visionario con mirada de niño imaginativo y grandioso. Este genio de nuestro tiempo rodó su primera película con doce años. Con trece ganó un premio con un mediometraje de 40 minutos y a los diecisiete ingresó en el California State College rodando su magistral cortometraje en 35mm. 'Amblin'.
Criado al amparo de la época dorada de la televisión americana, donde realizó episodios para series como ‘Galeria nocturna’, ‘Marcus Welby’ o ‘Colombo’. Y esto cuando acababa de cumplir la veintena. Imaginaros lo frustrados que nos podemos llegar a sentir los que algún día queremos dirigir cine. Spielberg deja claro en 1971 su portentoso talento con su primer telefilm ‘El diablo sobre ruedas’, toda una lección de cine basada en una soberbia planificación y novedosos movimientos de cámara que supusieron la revelación internacional con una película que, para muchos, sigue siendo su mejor trabajo. Un filme concebido originalmente para TV a partir de una historia diabólicamente sencilla: la persecución a muerte que un enorme camión cisterna somete a un infeliz automovilista.
Tras ‘Loca evasión', sobre la persecución que fuerzas de la policía realizan en la persona del automóvil de la pareja protagonista, Spielberg deja ver en sus dos primeros trabajos una contaminación de la "filosofía de la carretera", de ‘road-movie’ que, lejos de dejar ver lo que auguraría su carrera, fue un fracaso comercial. Pero con la esplendidez de una percepción inaudita en el lenguaje cinematográfico y 24 años el cineasta rueda ‘Tiburón’, una de las películas más poderosas del cine contemporáneo. El auténtico peldaño que separó a los directores aspirantes a incluirse entre os grandes y el Olimpo histórico del cine. Una obra maestra hábil, que ocultó su relativa modestia en una dirección prodigiosa y en la utilización de los recursos de postproducción (por ejemplo, el sonido y la banda sonora del maestro John Williams). A partir del terrorífico escualo diseñado por Joe Alves, Spielberg comienza a deleitar al espectador con el cine que ha hecho de él un Dios sagrado dentro de la industria cinematográfica. Maestro divinizado para las generaciones de nuevos directores que sueñan con su forma de ver el cine, el director adopta un estilo hechizador y fantástico que hace mella en el cine de los 80.
Con su siguiente cinta, ‘Encuentros en la tercera fase’, el realizador de moda en Hollywood por aquel entonces comienza a arriesgar con una nueva perspectiva en las relaciones entre el cine de Ciencia-Ficción y el fenómeno Ovni, trasngrediendo cualquier filme de género y planteando un argumento existencial a partir de la conexión de terrícolas con los nuevos visitantes. El perspicuo testimonio de que su intención fílmica iba más allá de la taquilla. Una taquilla que le dio la espalda con la siempre denostada ‘1941’, uno de los mayores fracasos financieros de la historia del cine, superproducción cómica acerca del ataque nipón a Pearl Harbor cuyo presupuesto fue tan cuantioso que exigió la reunión entre Universal y Columbia que, a pesar de su fragilidad, responde a un cine personal e irreverente que Spielberg pocas veces revisitó en su futura carrera. La materialización reverencial de que Spielberg estaba destinado a ser, posiblemente, el cineasta más trascendental del cine contemporáneo, llega con su unión a su amigo George Lucas como productor de ‘En busca del Arca Perdida’, la gran referencia del cine de aventuras, el legendario Indiana Jones, un héroe inspirado en 'Secret service in the darkest Africa’, composición más que efectiva de erudición, frío cálculo aventurero y el enfático sentido del ritmo. Desde que Indy llegara a la gran pantalla el universo Spielberg ha estado unido al hecho de que las salas de todo el mundo se inunden para ver sus películas.
La clarividencia quimérica empezó a caracterizar al cine de masas que propuso Spielberg durante los 80, mucho más sentimentalizado, tierno y aderezado con épicas aventuras sobrenaturales. La fantasía de Steven Spielberg llega a su pináculo con ‘E.T , el extraterrestre’, una de las obras maestras más gloriosas de todos los tiempos y un auténtico fenómeno sociológico. La historia de amistad entre Elliot y E.T. ha dejado de ser una película para convertirse en un sentimiento. Una de las mejores que se han hecho nunca en la Historia del Cine, como bien apunta el ínclito José Luis Garci.
Con la creación en 1984 de su propia productora Amblin, convalida su faceta de director comercial con ‘En los límites de la realidad’, un espléndida loa a la literatura de Richard Matheson y al universo de James M. Barrie, las dos secuelas de Indiana Jones o ‘El color púrpura’, un portentoso melodramón rural enaltecida con su exquisita utilización narrativa de composición perfecta acompañada por una visualidad enternecdora donde los sentimientos personales estaban por encima de todo, con la producción de inolvidables ‘taquillazos’ como ‘Poltergeist’, ‘Gremlins’, ‘Regreso al futuro’, ‘Los Goonies’ y ‘Cuentos asombrosos’. Películas todas ellas de una trascendencia en las generaciones de aquellos que vivieron ‘in situ’ la progresión de Steven Spielberg. Unas generaciones que han visto en la capacidad hipnotizadora de Spielberg un camino a seguir, intuyendo, nunca superando, la estela del maestro. Creadores como James Cameron, Paul Verhoeven o en la actualidad David Fincher son algunos de sus pupilos confesos.
Después de unos años 90 salpicados por el éxito multimillonario de la revolucionaria y entretenida ‘Jurassic Park’, el fracaso de crítica y público con cintas como ‘Hook’ o ‘Amistad’ o las obras maestras imponderables que supusieron para el cine moderno ‘La lista de Schindler’ y ‘Salvar al soldado Ryan’ Spielberg ha vuelto por la puerta grande a la nueva década dejando constancia que su maestría sigue inescrutable con su excelente ‘Inteligencia Artificial’, proyecto soñado por Kubrick, ‘Minority Report’, adaptación impecable del mundo ‘ciberpunk’ de Philip K. Dick y su clásica visión de los 60 con la asombrosa ‘Atrápame si puedes’. Con este amplio catálogo de diversidad Steven Spielberg no sólo sigue corroborando su indiscutible calidad como gran visionario y mejor director, sino que su diversidad genérica hace esperar aún los mejores trabajos de un cineasta irrepetible. Esta semana llega ‘The terminal’, la historia de Viktor Navorski (Tom Hanks en su tercera participación con Spielberg), un hombre que viaja a USA cuando se produce un violento golpe de estado en su país natal del este de Europa. Sin visado ni poder entrar en América, Navorski tendrá que encontrar la forma para habituarse en el que será su nuevo hogar. ‘The Terminal’ está basado en la historia real del refugiado iraní Merhan Karimi Nasseri lleva atrapado en el aeropuerto Charles de Gaulle de París desde el año 1988, en un limbo jurídico que le impide entrar en Francia o viajar al extranjero. Acompañan a Hanks Catherine Zeta-Jones, Stanley Tucci, el mexicano Diego Luna y la afroamericana Zoë Saldana vista (y deseada, ya que está muy buenecilla) en 'Piratas del Caribe'.
Miguel Á. Refoyo © 2005