jueves, 20 de junio de 2013

El repentino adiós de James Gandolfini

Cuando Bobby Baccalieri (Steve R. Schirripa) habla con Tony Soprano sobre lo inesperado de la muerte en un contexto de mafia y desconfianza le advierte con algo así como “probablemente no oirás nada cuando suceda”. Este era uno de los puntos concretos que marcaban las múltiples teorías del capítulo final de ‘Los Soprano’. Y muy probablemente esa misma concepción de la muerte silente e inesperada siempre presente dentro de la serie puede ser categórica a la hora de asumir la prematura muerte de James Gandolfini. Apenas superada la cincuentena, el intérprete ha fallecido de un ataque al corazón en Roma, cuando se había desplazado a la capital italiana para asistir como invitado al Festival de Cine de Taormina. Su identificable fisonomía de rudeza casi insultante, su oronda figura y ese eterno gesto de antihéroe pícaro le convirtieron en seguida en un rostro reconocible dentro de Hollywood, donde comenzó a escalar con secundarios inapreciables hasta ir fraguando una carrera comercial gracias a títulos como ‘Amor a quemarropa’ (inolvidable el violento cara a cara con Patricia Arquette), ‘Marea a roja’, ‘Cómo conquistar Hollywood’, ‘Coacción a un jurado’ o bajo las órdenes de Álex de la Iglesia en su aventura mexicana ‘Perdita Durango’.
Antes de actor, ejerció de camarero, guardia de seguridad y gerente de un ‘night club’. Sin embargo, su fama, el rol que confirió a Gandolfini su estrella incandescente recayó en el citado Tony Soprano, el mafioso padre de familia infiel asolado por incógnitas y traumas psicológicos que iban más allá de la aceptación inmoral de su figura entre toda la fauna de gángsteres italoamericanos que le rodeaban, ganándose el corazón de la audiencia y el aplauso unánime de la crítica a lo largo de seis temporadas que se erigieron durante una década como un clásico sin oposición. La serie creada por David Chase supuso no sólo la revolución de calidad televisiva que continúa su proceso en la actualidad gracias a ella, sino que pasó a convertirse en una obra imprescindible dentro la cultura americana. Un clásico que pervivirá por siempre jamás como una de las mejores series de la televisión norteamericana.
A partir de entonces, con tres premios Emmy y un Globo de Oro al mejor actor gracias a ‘Los Soprano’, Gandolfini pasó a otra división en la que siguió fomentando esa apariencia bruta, con método eficaz y natural cuando se trataba de incorporar nuevos retos interpretativos en los que su astucia y carácter imprimieron un sello de identidad incuestionable. ‘Asesinato en 8mm.’, ‘The Mexican’, ‘Corazones solitarios’, ‘Romance & Cigarettes’, ‘In the Loop’, ‘Asalto al tren Pelham 1 2 3’, la voz del monstruo Carol en ‘Donde viven los monstruos’, ‘Welcome to the Rileys’ o más recientemente ‘Mátalos suavemente’ y ‘La noche más oscura’ han dejado el legado de ese imponente contorno grueso de un actor que nunca perdió la radiación de humanidad y sentido del humor que transmitía, aunque fuera conocida su aversión a las entrevistas y sus ocasionales encontronazos con admiradores que dejaron ver su faceta menos amable. Su regreso a la pequeña pantalla se producía hace poco menos de un año, también en los márgenes de la HBO, que produjo ‘Criminal Justice’, adaptación del drama homónimo para la BBC británica. En ella, daba vida a un abogado penalista que defendía a un joven acusado de asesinato tras levantarse con una mujer salvajemente apuñalada tras una noche de juerga.
La imagen de Gandolfini siempre quedará como la de un tipo tosco y duro, que atisbaba en su mirada cierto grado de vulnerabilidad y tristeza, cultivado en la compleja capacidad de transformar a cualquier cabrón sin alma en un hombre cercano y cómplice con el espectador, simplemente con esa secuaz sonrisa y un gesto afable. Ése era Gandolfini. Uno de los nuestros. Un hombre al que le gustaba vivir la vida. Un gran actor al que le quedaban grandes retos y personajes por llevar a cabo. Tras conocer la noticia su muerte, hemos sentido un desapacible ‘smash up’, como la sensación de ese repentino y prorrogado fundido a negro del magistral capítulo final de ‘Los Soprano’ que dejó paso a un lapso de confusión y sensación de injusticia a medio mundo. Muy similar al impacto de la muerte del hombre que personificó a uno de los iconos más inmortales de la historia catódica.

martes, 18 de junio de 2013

Unión Deportiva Salamanca: Crónica de una muerte anunciada

Ya es oficial. La Unión Deportiva Salamanca, un histórico del fútbol nacional con noventa años a sus espaldas, ha desaparecido. Tras la no comparecencia de ningún representante del Banco Popular en la reunión que debía producirse entre el juez encargado del concurso de acreedores de la entidad deportiva y los administradores concursales ha dado como consecuencia la activación de la liquidación de la UDS y la consiguiente subasta de los bienes del club. Desde hace varios meses, el club charro venía arrastrando una incertidumbre sobre su futuro que hacía prever este fatal desenlace. Juan José Hidalgo, que durante su gestión como presidente ya exhibió su negligencia a favor de sus intereses por encima de los del equipo, llegó como gran accionista con la promesa de salvaguardar la supervivencia de la UDS y solventar el impago a los jugadores. Ni una cosa ni otra. Se ha limitado a esperar su agonía como un buitre, con una idea  refundacionista de una nueva entidad comprando los derechos deportivos del actual club, dilapidando con ello una longeva historia y las ilusiones y esperanzas de una afición traicionada y vendida a un postor que no sólo no se ha hecho cargo de los gastos de esta temporada, si no que se atreve a proferir oprobios como que “Salamanca se merece un buen equipo en el futuro y no un equipo de mierda”, refiriéndose a este equipo de toda la vida. Es su forma de lavarse las manos y dejar destruir un club doliente para poder comprar sin deudas, provocadas en parte, por su mandato hace un par de décadas. Los tiempos de crisis evidencian que muchas gestiones, independientemente referidas al deporte o no, han enriquecido a unos cuantos que se han servido de su posición de poder para absorber como sanguijuelas la entidad moral y física de aquello que han infectado con su corrupción y supercherías infames. El presidente de Globalia, Hidalgo y sus sucesores son buen ejemplo de ello. La deuda de veinte millones de euros engendrada por el club viene de lejos. Y parece que no existen responsables de esta muerte anunciada. Son los principios de un fútbol moderno que no entiende de sentimientos ni valores. Mientras equipos de primera deben cantidades que rozan lo absurdo, a equipos pequeños se les devasta por la haraganería de los de siempre.
Los unionistas, gente muy cercana a los colores y al escudo de esta ciudad, lloran con rabia la disipación de un sueño que permaneció doce temporadas en primera, que logró gestas y decepciones tan míticas que serán imposibles de borrar desde su fundación en 1923, que vivió en el 73 su primer ascenso a la élite y disfrutó en aquélla década sus mejores años. Pocos podrán olvidar otro ascenso a Primera, el que se produjo en la temporada 94/95 de la mano de Juanma Lillo (que había logrado el ascenso a segunda la anterior), cuando en la promoción los charros cayeron en casa por 0-2 ante el Albacete para, en una gesta histórica, lograran en la prórroga aquel 0-5 que devolvió a la máxima competición al equipo y sacó a la gente a miles de personas por las calles de la ciudad a celebrarlo. En las temporadas siguientes fraguaron algunas de las goleadas más recordadas contra equipos grandes como el Barcelona, Valencia o Atlético de Madrid. Sin embargo, con el fin de siglo, la UDS cayó a categorías inferiores, subiendo y bajando de Segunda a Segunda B, donde permanecía. La impotencia de los aficionados refleja perfectamente la actual situación de los tiempos que vivimos, en los que ni siquiera el escapismo del pueblo, el fútbol, permite evadirse de los muchos problemas que asolan esta ciudad y, por extensión, a este país en ruinas.
Cualquier amago de equipo refundado no será representativo del fútbol local. La unanimidad en esto es categórica entre los seguidores. Se acabaron las tardes de la brisa, la emoción en el Helmántico, los corazones no latirán por su equipo si mete gol, porque la Unión Deportiva Salamanca ha muerto y con ella el aliento de una afición que siempre ha sido ejemplar. Es una pena. Es la realidad de este mundo futbolístico cada día más nauseabundo.
Por hoy y por siempre: ¡¡HALA UNIÓN!!

jueves, 13 de junio de 2013

El delirante cine de Minoru Kawasaki

En 2004, surgió en Japón una película que franqueaba todos los límites de la lógica con la intuición de un cineasta que venía asumiendo el rol de director contracorriente dentro del vasto universo fílmico japonés con una carrera trufada por títulos insólitos: Su nombre: Minoru Kawasaki. ‘The Calamari Wrestler (Ika resuraa)’ narraba, como una esperpéntica confluencia entre el ‘kaiju eiga’ y el género deportivo de lucha, la inclasificable historia de de luchador profesional que, tras de desarrollar una enfermedad terminal, se transforma en un calamar, viéndose obligado a recuperar su antigua vida dentro y fuera de los rings. A pesar de lo inaudito de la trama, de su incoherencia dramática, la cinta lograba ser una crítica con toques de humor y cierta profundidad deliberada que apuntaba a la situación de Japón y sus valores tradicionales puestos en tela de juicio debido a la crisis económica y de cómo el individualismo altera de transformación social y cultural de modo peligroso. La fórmula funcionó bastante bien en su país. Tanto, que incluso se exportó de forma internacional, por lo que era inevitable que esta estrambótica argucia se repitiera con alguna que otra variación.
Imaginemos las conversaciones de los ‘brainstormings’ sobre nuevos proyectos. “Oye… ¿y un koala ejecutivo que viste trajes caros cuyo jefe es un conejo y que es sospechoso del asesinato de su novia?” “¡Podemos incluir a un amigo que tiene una tienda y puede ser una rana!”. Por supuesto, ‘Executive koala (Koara kachô)’ es una realidad. “¿Y qué tal una parodia del género policial de los 70 con un trasfondo de terrorismo y uranio seguido por un detective que lanza su propio peluquín como proyectil letal?”. Gran idea. Y más si entre su reparto está la sugerente Nakagawa Shoko. El resultado es otra película de culto llamada ‘Zura Deka (The rug cop)’. Pero aún hay más… “¿Qué tal un cangrejo que juega como portero de fútbol?”, debieron pensar. ‘Kani goalkeeper (Kani gôrukîpâ)’ es la respuesta. Kani es un cangrejo que sufre todo tipo de ‘bulling’ por sus compañeros y gente que le aborrece como un ser despreciable debido a su aspecto. Sin embargo, gracia a Shin’ichi, convertido en valedor y amigo de Kani, aprenderá a hablar y a vivir una vida de fútbol bajo palos y el esfuerzo por salir adelante con la ayuda de su amigo y una novia que aprende a aceptar su naturaleza subacuática. La heterogeneidad como barrera con el objetivo de ser normal en un mundo de dificultades. Para colmo de interés, la cinta cuenta con Aya Koizumi (echadle un ojo en las imágenes del buscador Google), una estrella del porno japonés que le otorga más poder de fascinación a una cinta totalmente enloquecida.
Minoru Kawasaki es un autor de culto que autofinancia parte de sus éxitos con una capacidad para la parodia que cuestiona todo método argumental posible mediante la satirización de las convenciones de los géneros, sin dejar pasar la oportunidad en ninguna de ellas de atizar con humor surrealista los defectos de la sociedad japonesa y salpicar sus trabajos con la presencia de bellas actrices, modelos y estrella del cine sicalíptico y parcialmente pixelado. Entre sus obras también figuran los clásicos del cine bizarro ‘Maboroshi panty vs. Henchin pokoider’, basado en trabajos de Go Nagai, ‘The World Sinks Except Japan’, donde Japón es único país del planeta que ha logrado evitar ser devastada por un desastre natural sin precedentes y que ve cómo se llena de inmigrantes foráneos con la intención de integrarse en la sociedad japonesa o ‘The Monster X Strikes Back: Attack the G8 Summit’, otra paródica réplica a las ‘kaiju eiga’ clásicas. Un cineasta que se antoja imprescindible.

lunes, 10 de junio de 2013

Marcelo Bielsa y su huella en el Athletic

Cuando Marcelo Bielsa aterrizó en Bilbao, venía precedido por un paso exitoso con la selección nacional de Chile y varias ofertas por parte de multitud de clubes con prestigio y renombre, entre ellos, el Inter de Milán. Le sedujo la posibilidad de entrar en un club histórico, evaluado hasta el paroxismo mediante una técnica de trabajo obsesiva e integral. La particular identidad del club zurigorri, también fue otro de los atractivos que proponían una renovación estilística dentro del Athletic de mano de la mano de Bielsa. Además, el club poseía la plantilla que es la más joven de la liga. Cuando el técnico llegó a San Mamés, venía a realizar una labor especial, que no iba a dejar indiferente a nadie. No fue fácil la adaptación del equipo a su metódico sistema. Todo lo contrario. El Athletic de principios de la campaña 2011-2012 comenzó titubeante, sin ganar un partido hasta la octava jornada. De hecho, tardó en asimilar ese concepto de juego romántico y absolutista de Bielsa. Sin embargo, la transformación se fue fraguando gradualmente, hasta que el equipo logró arrogarse la compleja personalidad del entrenador.
De pronto, el Athletic aprendió a exhibir un juego de presión, de posesión, de combinación, donde la propiedad del esférico sobre el campo y su rápida circulación fueron los objetivos exhaustivos. El resultado: dos finales históricas que la afición no olvidará en mucho tiempo. Tristemente, no se ganó ninguna. De hecho, el juego demostrado en aquellos partidos y en el tramo final de la temporada abandonaron las altas expectativas establecidas a lo largo del año. La continuidad de Marcelo Bielsa respondió al reto, al compromiso con una afición que, pese a los resultados, se ha mantenido junto al “loco” en todo momento. No arrancó bien el idilio en la siguiente temporada, en la que se especula que la Junta Directiva confió en él a petición popular, únicamente por esas dos finales. El verano pasado, Bielsa, notablemente enojado, salió a la palestra para desvelar la polémica suscitada por la nefasta ejecución de las obras en la ciudad deportiva de Lezama, que fue el punto concreto que habilitó la renovación del técnico rosarino. En vez de salvaguardar sus argumentos, el club le tildó de “empleado” y desdijo toda la protesta del entrenador, posicionándose a favor se la empresa que realizó la obra. Fue el divorcio definitivo entre el entrenador y los círculos de poder del club. Con la marcha y el desplante de jugadores importantes el año pasado que forman parte del pasado rojiblanco, la temporada, con un visible bajón de forma y mentalidad en otros jugadores clave, tampoco ha sido la ideal para abanderar la defensa deportiva del rosarino.
Sin embargo, la afición del Athletic ha articulado a lo largo de este tiempo un vínculo especial con su entrenador, con sus métodos y propuestas futbolísticas que no renuncian jamás a los principios identificados con el escudo. Bielsa quería esa última opción para demostrar que su determinada y obsesiva fórmula tenía aún una página por escribir. La ilusión por seguir adelante seguía siendo el mejor aliado para una tercera oportunidad al frente del equipo. Durante los dos últimos partidos que han servido como despedida al ya centenario San Mamés, el oficial y el de homenaje, la casi totalidad de la afición, vislumbrando las voluntades de un presidente con carencia de discurso y una Junta Directiva por debajo de lo que merece este club, hizo evidente su dictamen irrevocable con gritos a favor del técnico argentino. “Bielsa, quédate” “A lo loco se vive mejor” o el más contundente “Si Bielsa no se queda… Urrutia kanpora (fuera, en castellano)” escindieron la posición soberana de la afición y la impositora del presidente. Y así ha sido. Haciendo caso omiso a la preeminencia popular, el pasado viernes, Josu Urrutia vino a hacer lo de siempre. Monopolizar la atención de los medios locales y deportivos a última hora para no decir absolutamente nada. Salvo que Marcelo Bielsa no seguía siendo el técnico del Athletic.
A lo largo de esta temporada, cuando este presidente sin carisma ha salido a la palestra ha sido para emitir comunicados vacíos de sentido, sin argumentar sus palabras, con cierto tono de desconsideración. “Cuestiones tanto deportivas como institucionales” han sido los argumentos esgrimidos para no seguir contando con Bielsa. Tampoco se molestó el lekeitiarra en desvelar la alternativa para salvaguardar el futuro del club, aunque Ernesto Valverde siempre fue su opción para el banquillo, incluso antes que Bielsa. El “Gure estiloa”, el mismo que define la forma de ser y actuar del Athletic a lo largo de su historia, con el que se presentó a las elecciones el ex jugador y se le llenaba la boca en sus discursos antes de ser elegido, ha sido infamado una y otra vez por su parte. La no renovación de Bielsa genera una doble vertiente, la ruptura total entre un sector de la afición y la necesidad del cambio técnico por el bien del club.
Desde su elección, para estos mandamases del Athletic, con Urrutia a la cabeza, su posición cobarde siempre ha venido definida por la mediocridad que genera otro tipo de intereses extradeportivos más allá que tener que lidiar con uno de los técnicos más difíciles y honestos que existen en el mundo del fútbol. Mejor estar tranquilos que escuchar a la afición, deben pensar. Sin tener en cuenta, por otra parte, que este presidente ganó las elecciones por tener como as en la manga al técnico argentino, no por su programa de promesas y responsabilidades. Bielsa se va asumiendo que la flexibilidad para adaptarse a unas circunstancias especiales no han sido correspondidas desde las altas tribunas del Athletic. A partir de ahora y como siempre, hay que confiar en la persona que entre a dirigir al equipo, sea Valverde u otro entrenador, para valorar los cauces por los que discurrirá la siguiente campaña. Lo importante es dejar atrás el circo que se produjo en el inicio de la anterior temporada y centrarse en hacer que el nuevo estadio comience con el reto de hacer bien las cosas, desde la coherencia y el sosiego. Respecto a Marcelo Bielsa, el público ya ha dictado un cariño inextinguible y una devoción por su persona que será difícil de olvidar en los foros athleticzales. Y eso, nunca se olvidará en el Athletic.

domingo, 9 de junio de 2013

Rafa Nadal, la leyenda sin límites

Ya viene siendo habitual, casi rutinario, que cuando llega la final del mítico torneo tenístico de Roland Garros se escriba en la prensa deportiva con fruición de un nombre propio: Rafael Nadal. Un clásico, un fuera de serie que aviva la conjunción de evasión de un espectador español malacostumbrado a verle triunfar sobre la tierra batida. Su octavo Roland Garros ha sido, posiblemente, el más satisfactorio para este ejemplar jugador. Los problemas con su rodilla izquierda, diagnosticada con una enfermedad crónica conocida como síndrome de Hoffa, le han mantenido fuera de los campos más de siete meses, generando todo tipo de especulaciones y dudas sobre su regreso y la vuelta a la élite del tenis mundial. Pero 2013 ha sido un año clave en la carrera de Nadal. Ha regresado con el juego de siempre, con la característica resistencia y despliegue físico que le permite remontar cualquier tipo de desastre y conservar su motivación y el afán de superación por encima de cualquier obstáculo, por muy doloroso que éste sea.
Tras un año en el que ha disputado nueve finales consecutivas, llegaba a esta final tras una semifinal que dejó claro de qué forma llegaba. Nadal estaba dispuesto, una vez más, a hacer historia. La antológica semifinal contra Novak Djokovic del pasado viernes fue fiel reflejo del punto de voluntad de mejora, de la evidencia del destructor de juego cuando se trata de tierra batida. Y en esta final, ni siquiera un jugador como el tenaz David Ferrer, que no había cedido un solo set en todo el campeonato, ha podido con el vendaval de un tenista legendario capaz de expresar como nadie la contención en cuanto a su estado físico y mental dentro de otra de gestas homéricas ligadas a la épica. El 6-3, 6-2 y 6-3 ha supuesto la entrega de un juego concluyente y demostrativo por parte del de Manacor, pero también de la adjudicación por parte de Ferrer de una extraña sensación de impotencia, tras disputar cuarenta y dos Grand Slams que le habían colocado en el olimpo de la gloria parisina. Ha sido una verdadera lástima. Sin embargo, como se viene escribiendo en este blog desde hace muchos años ya, el reino de Nadal no es de este mundo, haciendo que Ferrer empezará a desesperarse tras romper su servicio en el séptimo juego, un golpe psicológico que mermó las posibilidades del alicantino a favor de un Nadal imparable. La lógica está escrita. Y en ocasiones no se puede vulnerar ni luchar contra ella.
Desde muy pronto, esta final tenía un nombre propio, el mismo que escribe récords tan trascendentes con la humildad de un chaval honesto y luchador, como los cincuenta y nueve partidos que ha ganado en esta arcilla francesa y que deja abierta la esperanza de ese paréntesis cerrado, convidando al público a concurrir absorto a su resurrección, a la envidiable crónica de la progresión, con el espectáculo de siempre, en una exhibición de fuerza y tesón al máximo nivel. Rafa Nadal sigue conservando esa excelencia deportiva inalcanzable, contra viento y marea. Quedan, por tanto, muchos años para seguir disfrutando de este tótem del tenis mundial. Como se dijo aquí el pasado año, en el que también ganó este prestigioso torneo, Nadal es un mito. Pero no cualquier clase de leyenda. Es un mito cercano y único, con una capacidad de superación limítrofe en el superheroísmo. Rafa Nadal es el mejor.

Elías Querejeta, el gran productor

1934-2013
La figura de Elías Querejeta quedará grabada con letras de oro en la historia de la cinematografía española. No sólo por haber aportado algunos de los títulos más sobresalientes de nuestro cine, si no por aportar una valentía inaudita y una pugna incansable por la renovación y el coraje a la hora de acometer cada producción. Su fuerte personalidad fue unida siempre al riesgo de la creencia laboral por descubrir nuevos talentos y aportar su huella bajo películas que responden a la verdadera esencia de la profesión de transformar guiones en películas. Sus orígenes se fundamentaron en dos conceptos que dieron sentido a su vida, la raigambre guipuzcoana y de Euskadi y el mundo del fútbol, su gran pasión. En los albores de su carrera cinematográfica, los cortometrajes ‘A través del fútbol’ y ‘A través de San Sebastián’, ambos llevados a cabo junto a su socio Antxon Eceiza, tienen esa huella personal temática que fundamentaron sus inicios. Jugó en la Real Sociedad en primera división durante seis temporadas (entre 1952 y 1958), en las que disputó cuarenta partidos oficiales con el primer equipo, hasta que abandonó su carrera deportiva sustituyendo el esférico de cuero por el celuloide.
La producción independiente y la convicción del albedrío como método creativo impusieron, siempre desde una visión de respeto y acatamiento de las disposiciones de las diversas épocas en las que ha trabajado, un compromiso total con sus obras. Desde ‘Noches de verano’, de Jorge Grau, Querejeta fue aportando una continuidad valedora de la admiración del cine internacional. Era un tipo particular, muy suyo, que levantaba recelos y admiración a partes iguales, que percibía el cine como una apuesta por la modernidad y la calidad, apostando por gente como Carlos Saura, con el que, a partir de al obra maestra ‘La caza’, en 1965, mostró su mecenazgo más longevo y productivo, Víctor Erice (‘El espíritu de la colmena’), Manuel Gutiérrez Aragón(‘Habla, mudita’), Jaime Chávarri (El desencanto), Ricardo Franco (‘Pascual Duarte’), Emilio Martínez-Lázaro (‘Las palabras de Max’), Montxo Armendáriz (‘Tasio’), Fernando León de Aranoa (‘Familia’) o su hija Gracia (‘Una estación de paso’). En su filmografía destacan títulos sin los que el Cine Español no sería lo que es; ‘Peppermint Frappé’, ‘La prima Angélica’, ‘Cría cuervos’, ‘Las palabras de Max’, ‘Mamá cumple cien años’, ‘Deprisa, deprisa’, ‘Habla mudita’ ‘27 horas’, ‘Feroz’… entre muchos otros.
En su vida, nombres como Luis Cuadrado, Teodoro Escamilla, Luis de Pablo, Primitivo Álvaro y Pablo G. del Amo son claves para entender la fidelidad por una tipología de cine que, incluso cuando el riesgo era mayor y las ínfulas de apuestas internacionales le dieron la espalda (‘La letra escarlata’, de Wim Wenders o ‘La ciudad de los niños perdidos’, de Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro), persistió en su empeño de no traicionarse a sí mismo jamás. Un propósito que, sin duda alguna, logró con creces, puesto que Elías Querejeta siempre será recordado como un luchador incansable que acercó la mirada de la cámara a unas historias que forman parte del mejor cine que se ha hecho nunca en este país.

jueves, 6 de junio de 2013

La autosimilaridad de lo fractal

El matemático Benoît Mandelbrot reconoció que la elevada composición de la fracturación y la forma en la cual el ámbito trigonométrico fractal encuentra un cierto orden dentro de sus complejas estructuras, van más allá de la comprensión humana. Se trata de esas bsorbentes formas que reiteran su morfología organizada en una misma estructura que se repite a diferentes escalas. Desde el mismo Mandelbrot, el Sierpinski, Newton-Raphson, sistemas L., atractor de Lorenz, el romanescu… Formas de autosimilaridad que exponen la belleza compleja de un producto generado por esa sugerente miscelánea de fragmentos continuos de órbita demarcada bajo una conversión iterativa no lineal que traiciona la geometría de Euclides, donde las dimensiones pertenecían únicamente a números enteros.
Un cruce imposible entre estos sistemas dinámicos de índole caótica y el huevo de Fabergé es la obsesión artística de Tom Beddard, que asume esa peculiaridad somática que favorece su reconocimiento, derivada en autosemejanza, lo que deviene en un motivo que se repite a sí mismo dentro de cualquier escala desde la que se observe.

martes, 4 de junio de 2013

El cementerio de sueños

Vivimos tiempos de pánico. Dentro de un terror que deriva hacia un asomo de ideologías constitutivas basadas en la venganza y la ambición que parecen haber extinguido cualquier tipo de esperanza de salvación o bienestar en esta gangrenada sociedad sin destino ni futuro. Nos roban la ilusión, la casa, la sanidad, los servicios básicos… Han hecho que el trabajo sea un bien de lujo. La independencia y la bonanza es un oasis en el que viven unos cuantos que se descojonan desencajados en la cara de sus súbditos, que se suicidan porque no aguantan la presión y el dolor, que emigran por no vivir la vergüenza que supone observar cómo el nuevo tipo de terrorismo implantado desde arriba impera profundamente en una España en plena involución, en un declive cadavérico con tantas exigencias y sin límites. Y por si fuera poco, la autonomía de la cultura y su funcionalidad son un estorbo instrumental que provoca disconformidades y hace alzar voces discordantes y molestas. Es el momento de analizar hasta qué punto se está instaurando la cultura del miedo, aboliendo derechos necesarios para la emancipación integral del ciudadano libre y ayudando a reforzar los factores de poder para mantener su hegemonía sobre cualquier otro elemento catalizador de opinión.
La solución es amedrentar con recortes salvajes en salud, educación o servicios sociales, ayudando al despido gratuito, a invalidar el derecho laboral o amenazando con una jubilación mísera que alargue la edad de descanso del trabajador que se ha partido la espalda toda su vida ¿Acaso no es una buena estrategia la de suprimir cualquier tipo de ayuda a los más necesitados, fustigar al inmigrante para su exclusión dejándole morir si enferma o prohibir a la mujer ejercer su albedrío cuando decide abortar? La jugada maestra es haber convertido la sanidad y la docencia en un negocio, de conformar una legislación laboral en la que trabajo deja de ser un derecho, instaurar el miedo reflejado en siete millones de parados, jubilados angustiados o emigrantes arrinconados. Cuando la democracia ha dejado de serlo y la Constitución es una parodia bastarda de su idea originaria, los derechos humanos pasan a convertirse en una herramienta para jugar con el ciudadano, al que recortar, ya puestos, la libertad de expresión, de socavar su estado de ciudadanía, sin servicios o bienes comunes y donde la cultura y el ocio son pecados capitales. Una amenaza ¿Por qué no excusar en la crisis el hachazo de gravamen al cine, al teatro, a la música, a los libros, al material educativo? Las artes molestan. La educación es un obstáculo. La cultura es irrelevante para la vida de los ciudadanos ¿Por qué no cerrar bibliotecas o instituciones dedicadas a la ayuda del desarrollo pedagógico? ¿Por qué no matar la cultura y evitar que los españoles accedan a ella como expresión máxima del desarrollo de la sociedad? Para acallar las voces en contra se deben desgarrar de raíz los cimientos de la educación provenientes de la formación iniciática. Lo ideal, desde los estamentos terroríficos que cuentan billetes y visten lujosos trajes, es promover la idea de un pueblo sin resistencia, subordinado y silencioso. Puede parecer dramatizado, pero no está muy lejos de la pretensión global que anida en los infectos despachos de las acomodadas mentes corruptas que hacen y deshacen a su antojo. El miedo y la incultura son sus mejores armas. Siempre ha sido así.
Cuando se dinamite ese complejo entramado de conocimientos, de artes o de costumbres, de cultura, en definitiva, se elimina el factor litigioso que conlleva consigo la libertad. El resultado, no puede ser más satisfactorio: la anulación de la voluntad, convirtiendo el juicio disconforme en un dócil prosélito de básicos principios. Un prototipo ideal para el sometimiento, un ciudadano sin voz y circunscrita a la imposición y servicio de unos pocos. Están inoculando ese cáncer metodológico y subyacente que consiste en imponer a las clases sociales menos pudientes la obligación de ser un dispositivo más en el engranaje de su propio usufructo. Se trata, por ejemplo, de modificar un sistema educativo antidemocrático que acomode al rebaño. Son los nuevos tiempos socioeconómicos de un país en pleno declive hacia el subdesarrollo, guiado por la represión que promueve el segregacionismo, la discriminación, la imposición de una religión católica caduca como modelo moral y que favorece las necesidades de los mercados a cualquier formación integral desde su base.
Los valores culturales, las decisiones y la prosperidad van camino de ser ámbitos marginales e infrecuentes de un modelo de sociedad regido por sápatras que llevan décadas desmontando progresivamente la identidad nacional y sus valores de progreso. El imaginario fuertemente estructurado sobre el poder del dinero y la corrupción se afana por someter y destruir distintos tipos de cultura que conllevan al discernimiento y al reproche. El objetivo es una sociedad incapaz de pensar, que tenga un nulo derecho a réplica, donde esté prohibido reunirse con fines de protesta o emitir juicios sumarísimos que susciten cualquier grado de independencia. Este modelo de sociedad debe regirse por los intereses, el dinero, los mercados, la Zona Euro, el déficit, la prima de riesgo o la bolsa, convirtiendo a su vez a un país entero en un ridículo chiste de humor negro entregado a Bruselas, al imperialismo alemán y a los designios económicos de la Unión Europea. No hay marcha atrás para evitar vivir en una próxima distopía tan real como inminente. Las manifestaciones en la calle, los gritos y las lágrimas han dejado de ser suficientes. Están bien mitigadas por las fuerzas de orden público bien adiestrados como hordas de dobermans, con orden de ejercer la violencia ante cualquier alzamiento de voces y actitudes contrarias. Desde arriba, observan con irrisión tanto revuelo y malestar. Permanecen seguros y protegidos en todo momento. El monstruo del poder ha fagocitado cualquier atisbo de optimismo. Nuestra herencia recibida, la real y no la que llevan repitiendo tras muchas elecciones unos cuantos malnacidos, es el fin de nuestros anhelos y una lápida sin nombre dentro de un vasto cementerio de sueños aniquilados.
Ilustración superior: Joshua Heinsz/SCAD.

jueves, 30 de mayo de 2013

¡Agur San Mamés!, en primera persona

Uno de esos deseos tangibles que había rondado mi cabeza en este 2013 era asistir al último partido oficial en San Mamés, templo sagrado para el aficionado a este deporte de contrasentidos que es el fútbol. Como aficionado del Athletic, tenía un compromiso pendiente debido a mi lejanía con respecto a la capital del Botxo y quería saldarla en forma de pleitesía acudiendo a un evento marcado por la extraña sensación de una despedida agria y emotiva como era el adiós a un campo eterno como La Catedral. Mi gran amigo Joseba Gorordo hizo factible la adquisición de un par de localidades en preferencia norte, lugar donde los partidos se viven con especial pasión y exultación ante la adversidad de cualquier resultado. La memoria del centenario del estadio se dejó sentir en todo el campo desde los prolegómenos en sus aledaños. Pocas veces había visto San Mamés tan lleno. Allí no cabía ni un alma. Nadie se quería perder la despedida. En el ambiente se percibía ese sentimiento de congoja y palpitación común. Era una tarde más especial que cualquier otra por un hecho tan trascendente como la enésima demostración de comunión de una afición ejemplar, unida por una sensibilidad y adhesión hacia unos colores que van mucho más allá de lo que es el deporte.
Durante el partido, miré hacia las gradas más que con los ojos, con los recuerdos de todo lo que había visto a través de la televisión o de las puntuales veces que he tenido el privilegio de asistir a un encuentro ‘in situ’. Me emocioné al ver como las casi cuarenta mil personas compartían un instante colectivo tan íntimo como especial. El resultado fue lo de menos. Un partido bastante demostrativo de una temporada muy irregular. Hubiera sido bonita una victoria para cerrar esos cien años de vida del campo. Si el gran Rafael Moreno “Pichichi” marcó el primer gol en San Mamés día 21 de agosto de 1913, era de débito que un jugador de casa marcara el último hiciera el último. No fue así. El jugador del Levante Juanlu puso esa guinda y dejó una derrota agridulce. Lo importante, más allá del partido, era ese triste adiós. Durante el choque, clamaron la continuidad de Marcelo Bielsa (“¡Si Bielsa no se queda, Urrutia kanpora (fuera)!”, se escucharon todo tipo de cábalas sobre una posible clasificación en la Europa League que era más un sortilegio imposible que algo factible, se increpó a Muniain por exhibir sus hábitos de jugador malcriado al ser expulsado correctamente, hubo sonoras ovaciones a Susaeta y Aduriz cuando salieron del campo y una atronadora pitada a Fernando Llorente cuando entró en él. Pero por encima de todo eso, los cánticos de apoyo fueron los de siempre, más prolongados y enardecidos tal vez, por esa sensación de partida hacia la Historia. Nunca un estadio, ni siquiera San Mamés Barria, en pleno proceso de construcción, reemplazará la grandeza de las gestas vividas en el viejo estadio. Y eso se hizo notar.
Cuando acabó el encuentro, absolutamente nadie se movió de su localidad. Todos los jugadores del Athletic, incluido el cuerpo técnico, esperaron a que otros compañeros de otras categorías del club dibujaran una metafórica portería que ocupó el terreno de juego. Los capitanes de ambos equipos, Gurpegui e Iborra, junto al futbolista más joven de la cantera y el colegiado, avanzaron hacia el centro del campo depositando un ramo de flores y un balón en la divisoria para rendir homenaje a la Historia del estadio. Por megafonía solicitaron cien aplausos por cada año de vida de San Mamés, mientras en los videomarcadores emergían recuerdos del pasado que se van con la destrucción de este icónico campo, célebres instantes que se han escrito en un contexto tan especial. Y fue entonces cuando a todos los que allí asistimos se nos encogió el corazón y visualizamos todas las alegrías y las tristezas, las lágrimas y las celebraciones, los goles y los grandes mitos que han gestado su persistencia en los fastos de San Mamés. La unión, ese ente colectivo tan característico del Athletic, se transformó en un estremecimiento de nostalgia prematura, de despedida amarga. Por mi parte, no pude reprimir alguna que otra lágrima, como miles de aficionados que agitaban sus banderas y bufandas al viento. De esta forma pasaron más que esos cien segundos de aplausos. Hubo muchos más. Y todos juntos cantamos por última vez el “Altza gaztiak” con más fuerza que nunca, despidiendo al estadio que tanto nos ha dado.
La esperanza de la modernidad en un impresionante campo nuevo que nace anexo a este estadio, espera nuevas gestas del Athletic, esperando impetuoso esos gritos ensordecedores de la afición que, a buen seguro, volverá a sentir la emoción observando cómo el equipo recupera su historia. Al fin y al cabo, el corazón del athleticzale debe hacer de su nueva casa el mismo santuario que ha representado un estadio que llevaremos en el corazón toda nuestra vida. San Mamés vivirá en nosotros, porque ha representado la simbiosis entre equipo y afición como una casa que jamás podrá olvidarse. La próxima vez que vuelva a Bilbao, San Mamés ya no estará allí. Nunca es fácil despedirte de algo que forma parte de tu vida. Todo será extraño y enrarecido. Sin embargo, renovará la ilusión por asistir al nuevo estadio. Porque, al fin y al cabo, como escribí hace tiempo en este blog, el Athletic Club seguirá siendo para el aficionado como una forma de ver la vida, un aliciente confeccionado con el tejido sueños y traducido en la devoción de una afición modélica. El fútbol sólo es una excusa. No se trata del deporte, ni de un balón, ni de los goles… se trata sentimiento de alianza, como se dice de “una prolongación de nuestra vida”. Y esto volverá a suceder en el moderno San Mamés Barria.

lunes, 27 de mayo de 2013

Terry Gilliam y el "Factor Hámster"

Hay dos momentos bastantes destacables en el documental ‘The Hamster Factory and other Tales’, que se incluye en una de las ediciones en DVD de la película de Terry Gilliam ‘12 monos’. Un espléndido documento que recoge y define el proceso creativo de un proyecto alejado de las expectativas de Hollywood, pero que, sin embargo, está amparado por un fiero sistema de distribución donde el arte y ensayo sólo es valorado si se entra por el aro de lo comercial.
El primero, corresponde a la explicación de porqué el título de este trabajo. Ése “factor Hamster” al que se alude proviene de un plano de este filme protagonizado por Bruce Willis, Madeleine Stowe y Brad Pitt. En él, Willis debe inyectarse un antídoto con una aguja hipodérmica futurista amparado bajo un enorme decorado en el que, apenas apreciable, se distingue a contraluz un minúsculo hámster corriendo en una rueda. Gilliam, obsesionado por ver al roedor en acción, repite una y otra vez la toma hasta que consigue que ese pequeño detalle cuadre dentro de la secuencia, así como en relación a la historia. A priori, parece no tener importancia, sin que efectúe ningún sentido en la acción. Sin embargo, para Gilliam era un símbolo de la energía del lugar proporcionada por este pequeño animal. Su detallismo enfermo, su ira desatada cuando las cosas no se rigen por la lógica que sigue su imaginación son algunas que se sugieren dentro de este documental. Es por eso, que Willis no dejó que en ‘The Hamster Factory and other Tales’ apareciera Gilliam gritándole violentamente porque había vulnerado una lista de ‘tics’ de sus películas de acción y que tenía prohibidos. El director de ‘Brazil’ llegó a decirle a la estrella de ‘La Jungla’: “Aquí no quiero al Bruce Willis que todos conocemos, quiero al gran actor que todos desconocen”.
El segundo presenta a Gilliam en una reunión de ejecutivos después de un temido ‘screen test’ con público, en el que él es el único que confía en un montaje que a los asistentes les parece confuso. ‘12 monos’ fue concebida como una vía de escape en el género de ciencia ficción, que se asentaba en una mirada muy personal, la de Gilliam, que se aleja de los establecido con un discurso antidogmático, en el que realidad y alucinación, entono muy “a la europea”, muestra un presente y un futuro que tiene una desdibujada historia que escapa tanto del cine comercial como a lo que se esperaba del ex Monty Python. En un alarde de honestidad con el guión de Janet y David Peoples, de juegos metalingüísticos con los viajes temporales y el ‘Déjà vu’ como motor del drama, se mezclan, sin reparo, el cine de Hitchcock (las referencias a ‘Vértigo’ aparecen incluso en la película) con la historia de Chris Marker ‘La Jetèe’, en juego de espejos y de tiempos. Por supuesto, a Gilliam tanta osadía de cara a la ‘major’ que se escondía detrás del proyecto le viene grande.
En un momento del documental, dibuja con destreza un niño triste al que le han obligado a ponerse en el rostro una careta de una sonrisa mientras sujeta otras dos sonrisas. Es la forma que tiene Gilliam de entender la manipulación de Hollywood sobre los artistas. ‘12 monos’ es un rompecabezas argumental de arquitectura deconstructivista, donde los diferentes niveles de realidad y su articulación de tiempos imponen una lectura múltiple que interpela directamente al razonamiento del espectador. Fue considerada demasiado críptica y compleja. Por ello, Gilliam insinúa que al final la firmaría como Alan Smithee. Finalmente, el poder y el sentido común, hicieron de este estupenda película un éxito y dieron la razón a los locos como Gilliam.
.- Dossier TERRY GILLIAM.